
Santiago-Chiloé: entre lagos, volcanes y montañas
Santiago-Chiloé | 0 comentarios.
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Noche, nieve y arena hacen la forma
de mi delgada patria,
todo el silencio esta en su delgada línea,
toda la espuma sale de su barba marina,
todo el carbón la llena de miseriosos besos.
Pablo Neruda
Aterrizamos en la capital de esta hermosa tierra de poetas, el 27 de diciembre. A pesar del cansancio, decidimos dejar nuestras pesadas mochilas y visitar el tristemente famoso Palacio de la Moneda, queríamos ver con nuestros propios ojos lo que ya habíamos visto a través de los ojos de cronistas e historiadores. Aquí fue donde un fatídico 11 de septiembre de 1973, el primer presidente socialista elegido democráticamente, fue derrocado por los militares (apoyados por la CIA) para instaurar una terrible dictadura militar al mando del general Pinochet que duró casi 17 años y acabó con la vida de miles de chilenos. (Articulo interesante: http://html.rincondelvago.com/golpe-militar-en-chile.html )
En principio pensábamos quedarnos solo unos días pero a medida que conocíamos la ciudad nos íbamos encontrando más a gusto. Recorrimos los diferentes barrios de la ciudad: el decadente pero encantador Brasil, que empieza a renacer después de años de olvido; el animado y cosmopolita Bellavista, donde está la Chascona (casa santiaguina de Neruda), el tranquilo y comercial Providencia con el cerro de San Cristóbal desde donde se obtiene una preciosa vista de la ciudad….
Gracias a nuestros amigos Javi y Agata, tuvimos la suerte de conocer a un matrimonio encantador: David y Chrisitine. Él trabaja para la ONU en Santiago desde hace casi año y medio y ella está acabando su tesis doctoral en Estados Unidos.
Juntos pasamos los últimos días del año entre risas y paseos, fuimos al cerro San Cristobal a disfrutar del atardecer en Santiago y probamos el famoso "mote con huesillo". Lo pasamos muy bien, esperamos volver a verles pronto.
Partimos rumbo al sur, a Temuco, donde disfrutamos en su ajetreado mercado donde los indigenas mapuches vendes sus productos.Continuamos hacia el interior hacia la zona de los lagos, llegamos a Pucón, un hermoso pueblo a los pies del volcán Villarrica y a orillas de un tranquilo lago. El clima era perfecto y el paisaje tambien así que decidimos pasar unos dias allí.
Nuestro siguiente destino fue Valdivia, una animada e histórica ciudad universitaria que está rodeada por varios ríos que le dan un encanto muy especial. En la estación de autobuses nos asaltó Juan Pablo, un divertidísimo personaje que nos ofreció su preciosa casa a orillas del río para pasar la noche. Junto a él y su encantadora familia nos sentimos realmente como en casa y disfrutamos de una animadísima velada regada con abundante vino chileno, que nos hizo ir del salón a la cama agarrándonos donde podíamos entre risas y tambaleos.
Durante el tercer día de lluvia consecutivo, cruzamos a la isla de Chiloé, donde todavía nos esperaban varios días más de lluvias ininterrumpidas. A pesar de la lluvia, enseguida nos contagiamos del ambiente rural de la isla, disfrutando de sus pequeños pueblos de pescadores y sus fascinantes palafitos, unas casitas levantadas sobre pilares para evitar que la subida de las mareas inunde las viviendas.
Los chilotes son gentes orgullosas y amables, que montan fiestas (ferias costumbristas como lo llaman ellos) en todos los pueblos para reunirse y pasarlo en grande. Nosotros estuvimos en una de ellas, en una pequeña vecindad de apenas 80 habitantes, donde degustamos exquisitos guisos caseros y participamos de la fiesta como un vecino más. El tiempo nos regaló, además, una preciosa tarde soleada, aunque sólo la tarde...
Paseando por las calles de Castro, nos asaltó una simpática gitana ecuatoriana de hermosos ojos negros. Confiados, estuvimos conversando con ella un buen rato y nos hechizó con su penetrante mirada y sus rituales santeros para traernos buena suerte. Menos mal que el hechizo no duró lo suficiente y despertamos justo cuando se estaba metiendo nuestro dinero en su bolsillo en medio de una especie de trance que ahora, al recordarlo, era verdaderamente ridículo. Después de una buena discusión con malos modos, amenazas de mal de ojo y malos augurios, conseguimos recuperar todo nuestro dinero o eso queremos pensar. Con el amargo convencimiento de haber hecho el gilipollas, nos miramos, nos sonreímos avergonzados y prometimos no contar a nadie lo ocurrido.
Dejamos Chiloé para llegar a Puerto Montt, desde donde cogeríamos un ferry de carga que nos llevaría a través de la patagonia a nuestro siguiente destino: Puerto Natales. |
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