
Tailandia por libre 2005 (Parte 2)
Khao Yai, | 0 comentarios.
|
El Parque nacional de Khao Yai, en el centro de Tailandia, es una espesura forestal donde conviven una asombrosa variedad de animales. Aunque los senderos están marcados es tan fácil perderse que tuvimos que ir con un guía. La mayoría de los caminos son antiguos senderos de elefantes por lo que su dificultad no es alta. En este bosque lluvioso semiperemnifóleo tropical pudimos disfrutar de espectaculares ejemplares de Dipterocartus y algún que otro siniestro Ficus estrangulador, y como no, de su fauna y paisajes.
1º día:
Camino a Pak Chong
La reseaca fue de escándalo. Con más voluntad que ganas conseguimos ducharnos y recoger las maletas y arrastrándonos hasta el comedor, arramplamos con todo lo que pudimos en el desayuno buffet a pesar de nuestros maltrechos estómagos.
Salimos vagabundeando por las calles de Bkk hasta la estación de tren Hualamphong para coger la línea Noreste dirección Ubon Ratchathani y bajarnos en Pak Chong. Desgraciadamente, y por falta de previsión, no había asientos para el primer tren y debimos coger el siguiente que partía 3 horas después. Así que dejamos las mochilas en la consigna de la estación, y nos fuimos a visitar los alrededores. Así llegamos al Wat Traimit donde se encuentra un espectacular Buda de oro macizo de 3m de altura y 5Tn de peso. Abre todos los días pero siempre encontrarás algún taxista en la puerta que te diga que está cerrado, que es festivo en la ciudad y que él te lleva a recorrer los templos abiertos de la ciudad por poco dinero. Pasa de él y entra. La entrada son 20bth aunque cuando entramos no había nadie cobrando (¿?), de todas formas no debemos olvidar que muchos templos no cobran entrada y que sólo se mantienen de las limosnas, así que no está de más dar algo para poder mantenerlos. Aquí nos cobran hasta por mear.
Esta vez el viaje prometía ser largo así que cogimos un segunda clase con ventilador (200bth). No merece la pena coger con aire acondicionado pues con las ventanas abiertas es más que suficiente. Desde luego para nosotros el tren fue el mejor medio de transporte y sobretodo muy barato.
Cuatro horas y media de viaje en los que nos fundimos con la tapicería de "escay" de los asientos, afortunadamente en cada parada se subian los lugareños vendiendo todo tipo de comida. Así que entre plato y plato el viaje se nos hizo más corto. Por cierto 24 días comiendo casi cualquier cosa y en casi cualquier lugar y ni una triste diarrea :-)
Ya de noche llegamos a Pak Chong, los únicos "guiris" que nos bajamos y tras escuchar las 2 ofertas que nos ofrecían (Wildlife Safari y Green Leaf Tour) nos decidimos por la primera. Es cierto que ambas ofertan exactamente lo mismo, sin embargo hemos de decir que en las pocas veces que coincidimos, durante los dos días que estuvimos, nos dió la sensación que en la segunda el quipamiento era más nuevo, que no mejor, pero estaba más masificada, posiblemente porque la recomienda la Lonely Planet.
2º día:
Toma de contacto
El caso es que eran 1.230bth por persona los dos días y 250bth la noche en habitación doble con baño dentro y ventilador (350bth si a.c. que no era necesario). Nos sentaron en la parte trasera de la ranchera y nos llevaron hasta las habitaciones. Un barracón de nueva construcción con 8 habitaciones al lado de su casa al más puro estilo thai, dos plantas la baja totalmente abierta donde hacen la vida y la superior para las habitaciones.
Nos llevaron al pueblo donde cenamos en el mercado nocturno, como siempre una delicia, y a eso de las 22h vuelta a casa y a dormir.
El Parque Natural
La primera noche fue bastante mala, no sé si por el colchón, el aire acondicionado o el cansancio pero la cuestión es que nos levantamos a las 7 como si un camión nos hubiese pasado por encima, no, aún peor como si un tren de mercancias nos hubiese arrollado no una sino dos veces. Tras la pertinente ducha y desayuno continental ( 2huevos + 3salchichas + 4rebanadas de pan + 1zumo), nos montamos en la camioneta junto con otros tres ingleses que resultaron ser muy "guiris", porque sino no se entiende que vayan a hacer un treking por la selva con tanacas y zapatillas de deporte, en plena época de lluvias. Tras dos paraditas, una para recoger a una pareja de milaneses y otra para aprovisionarnos de agua, llegamos a las oficinas centrales de parque. Dimos nuestros nombre y nos fuimos en busca de gibones.
A pesar de ser esta la época más propicia para ver a estos monos, durante un largo rato fue bastante desilusionante, pues no solo no los veíamos sino que tampoco los oíamos, y eso que su llamada es la segunda más imponente tras la de los monos aulladores de sudamérica. Afortunadamente tras hora y media de caminata Mr. A, nuetro guía, creyó ver algo en la copa de un árbol algo alejado, nos acercamos y ... sí ciertamente era la madre con una cría de aproximadamente 1 año eseñándole a ir de rama en rama. Este tipo de monos tienen una cría cada 3 años, los dos primeros años de vida lo pasan con la madre, el primero siempre agarrada a ella y el segundo aprendiendo a moverse. Verlos saltar entre el follaje a más de 40m de altura no resulta nada fácil y aún menos fotografiarlos. Tras media hora tras ellos volvimos a la camioneta. De camino conocimos el árbol de la canela, del incienso, un enorme termitero, luciérnagas, gran cantidad de mariposas y plantas con las más caprichosas y espectaculares formas.
Camino al restaurante para comer la furgoneta da un frenazo que nos empotra literamente a todos contra la cabina. Los dos conductores de bajan y nos dicen que silencio y que no nos movamos. No sabemos que ocurre, hasta por un momento creí que la guerrilla nos tenía en sus manos, ràpidamente me dí cuenta que aquello no era Nicaragua, ni yo estaba en una película. Total que nos abren la parte trasera de la ranchera y sigilosamnte nos dirigimos hacia el frontal del vehículo. Y allí lo vemos, indiferente y ajeno a todo cuanto ocurría a su alrededor el animalito andaba tras el rastro de alguna hembra. Un enorme puercoespín movía insinuantemente sus caderas por el asfalto, mostrándonos sin pudor su pelada y espinosa espalda. Según Mr.A era excepcionalmente raro ver a este tipo de animal ya que era muy receloso.
Tras comer nos dirigimos a las cataratas Nam Tok Hew Suwat donde se rodó parte de la pelicula "La Paya". Y a modo de Leonardo Di Caprio nos sumergimos en sus refrescantes aguas. Imposible acercarse a las caida del agua, pues era tal la cantidad, que generaba una fuerte corriente que te arrastraba río abajo. Allí estuvimos nadando tranquilamente entre unas rocas. Yo que empezaba a tener frío me adelante a los demás y salí del agua. Una vez fuera se me acercó la milanesa que no había querido bañarse y me puso al día del pequeño peligro que habiamos estado apunto de sufrir. Y es que mientras estábamos nadando vieron como algo largo y verde nadaba entre nosotros y lograba encaramarse a una roca. Se trataba de una serpiente verde arbórea mortal de necesidad, que posiblemente debido a una tromba de agua, caida hacía unos minutos, había ido a parar a la cascada y rápidamente se había acercado hasta la primera roca, para ponerse al sol y no quedar paralizada por el frío, ya que son muy sensibles a los cambios de temperatura. Afortunadamente la serpiente estaba más preocupada en ponerse a salvo que en nosotros, sino hubieramos podido sufrir una desgracia. Avisamos a un guarda que rondaba por allí, que se acercó y la recogió para que el resto de grupos, que de seguro se acercarían a lo largo del día, no sufrieran ningún percance.
Camino a la camioneta tuvimos la suerte de ver a un diminuto dragón, de cuyo nombre no nos acordamos, porner sus huevos al pie del camino. Ya en la camioneta y buscando elefantes salvajes, de nuevo frenazo y todos abajo. Esta vez era un precioso escorpión del tamaño de una mano. Fotografías de rigor y de nuevo a la camioneta dirección al pueblo pues ya estaba anocheciendo.
El banquete
Caida la noche de nuevo nos dirigimos al mercado nocturno a vivir una experiencia gastrónomica que solo allí puede vivirse, degustar insectos. Con más miedo que vergüenza nos hicimos con una bolsa repleta de grillos, escarabajos, saltamontes y orugas fritas y aderezadas con jengibre. Decididos a hacerlo nos fuimos a un lugar un poco menos concurrido con el fin de disfrutar del momento. Abrimos la bolsa para ver tan suculento manjar, tragamos saliva y nada, que no nos atrevíamos. Nos miramos y nos reafirmanos en nuestra intención, metimos la mano y comimos. ¡Dios que aceitoso estaba! La verdad es que el sabor no era malo, aunque si estaba un poco fuerte. Tras la degustación ambos llegamos a las mismas conclusiones: 1º-No nos gustaban, aunque el que mejor sabía era el grillo y el peor con diferencia la oruga. 2º-No eran para comerlos como pipas sino con algo de arroz que mitigaran el sabor. 3º-Al saltamontes es mejor quitarle las patas porque pinchan. 4º-Sabemos que podríamos sobrevivir comiendo insectos, y 5º-Desde luego la comida tailandesa tiene suficientes manjares como para andar comiendo insectos.
3º día:
El mercado diurno
Nos levantamos sin prisa pues la excursión no comenzaba hasta las 3 de la tarde. Así que aprovechamos la mañana para ir al mercado diurno, que cómo no, era todo un espectáculo, aunque hemos de reconocer que un poco duro. Y es que nuestros ojos occidentales no están acostumbrados a tanta crudeza con animales vivos. Era duro ver las palanganas con decenas de peces o anfibios hacinados y boqueando por la falta de oxigeno en el agua, a la espera de ser consumidos. No menos desagradable ver las ranas despellejadas sobre los mostradores aún vivas para conservar el mayor tiempo posible su frescura. Entiendes que es cultural, que es parte de un tipo de vida que nosotros abandonamos hace tiempo, que no es peor sino distinto, que nosotros también lo hicimos en su momento, que es sencillamente la subsistencia, pero aún así no deja de ser una experiencia que marca. Aún recordamos cómo una de esas ranas despellejadas comenzó a dar zancadas, no sabemos si para huir o en su agonia, y cómo la mujer sin apenas mirarla, y sin la más mínima expresión, lanzó su mano fugazmente, y armada con un cuchillo, y de un golpe certero acabó con el sufrimiento del anfibio. La ley de la naturaleza: come para no ser comido.
Si eres capaz de sustraerte de esos sentimientos te das cuenta de la riqueza de la zona. Todo aquello provenía de las tierras y rios circundantes. Esas "aldeanas" se levantaban al alba y solas o acompañadas por sus hijos y redes en mano, se acercaban a las zonas pantanosas y rios, y como auténticas redes pelájicas humanas arrastraban y cogían todo animal susceptible de ser comido. En unas sencillas motocicletas cargadas hasta alturas increibles, y en un equilibrio precario, acercaban hasta el mercado todo tipo de frutas y hortalizas de colores puros y de una frescura sinigual.
Tras pasar la mañana deambulando entre puesto y puesto llegó la hora de comenzar la excursión.
La excursión
Comenzamos por una visita a una charca de aguas sulfurosas muy adecuadas para problemas dermatológicos, en teoría eran también termales, pero en realidad estaban más bien frías. Tras pasar el rato y nadar un poquito, de nuevo y entre los matorrales, nos quitamos el bañador y nos pusimos ropa seca. En realidad no es que seamos vergonzosos, pero la sociedad thai es muy puritana y el nudismo no está bien visto. Es más, puedes provocar alguna situación violenta y comprometida si te muestras excesivamente, en su concepto de excesivo. cariñoso con ellos. Por ejemplo despedirse con dos besos, algo muy común aquí, es totalmente inconcebible en ese país.
Posteriormente y esperando a que la tarde avanzara un poco más, fuimos a un templo budista con una imagen de Buda en el interior de una cueva. No es que el sitio fuera muy interasante pero las explicaciones de la guía sobre la religión budista hicieron de esa miniexcursión algo atrayente e instructivo.
Llegaba el atradecer y nos dirigimos a las faldas de un monte, allí se habían reunido más excursiones, así que algo interesante debia estar a punto de ocurrir. Debía ser aún pronto pues la gente se mostraba relajada y tranquila. Para hacer la espera más amena la guía nos sacó un piscolabis para pasar el rato, mientras sentados en el suelo disfrutábamos de las vistas y la temperatura que era muy agradable a la puesta de sol.
Súbitamente la guía nos ordenó subirnos a la vanete y a toda marcha nos dirigimos hacia lo que parecía ser la entrada de una cueva. Y fue entonces cuando comenzaron a salir algún que otro pequeño ejemplar.
Eran las 17:40 y ya bajados de la furgoneta nos dispusimos a disfrutar del espectáculo. Lo que al principio era algún que otro espontáneo, se transformó rápidamente en una millarada de ejemplares de murciélagos.
Miles y miles de murciélagos salian como escupidos de las fauces de la tierra através de esa pequeña cueva. Era un espectáculo alucinante, decenas de miles de murciélagos salian en hilada y volando como un único serm, se dirigían diligentemente hacia la selva para alimentarse. Durante más de media hora, más de un millón de ejemplares salieron de aquella cueva dispuestos a engullir aquella noche, y como todas las noches, más de 5 toneladas de insectos. Es increible verles volar en masa oscureciendo el cielo y alejarse hacia el horizonte.
Trimestralmente una empresa se dedica a entrar en la cueva, de difícil acceso, para retirar todo el guano acumulado y comercializarlo como un excelente fertilizante. Y es que una colonia de más de 1 millón de ejemplares puede generar mucha mierda.
De nuevo en la furgoneta no parábamos de comentar entre nosotros la experiencia que había sido terriblemente gratificante.
CONTINÚA.... y no olvides visitar http://dosrcompany.iespana.es |
Publicar en
|
¿Qué te pareció este diario? |
|
|