
Viaje a la costa atlantica en bicicleta | Dia III (ultimo)
Santa Teresita | 0 comentarios.
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La ultima parte de la travesía en bicicleta a Santa Teresita – Costa Atlántica. El día más difícil y sufrido sin duda… pero el día de la gloria.
Las ventanas de la confortable casa dejaban pasar unos poderosos rayos de luz que indicaban que ya era hora de empezar a moverse. Las piernas estaban algo resentidas y mi quemazón no daba tregua.
Salimos al patio a revisar las bicicletas y descubrimos a un sol rabioso que se convertiría en un formidable enemigo, el más fuerte de los 3 días. Vimos que la bicicleta de mi compañero Checho tenía una rueda baja, producto de una leve pinchadura.
Esta vez, cansados de las pinchaduras fuimos a una bicicletería local y compramos un inflador y cámaras de las mejores. El día iba a tener demasiadas complicaciones como para tolerar pinchaduras.
Nuestro amigo y anfitrión Marce nos acompaño hasta la salida de la ruta “63” que empalma con la ruta “11”. El sol era tan fuerte que tuve que ponerme los anteojos de sol, que hasta ahora ni había usado.
La primera complicación del día fue el cambio de ruta. Íbamos a pasar de una amplia ruta “2” a una angostísima ruta “11”, donde la banquina es de pasto y hay que andar por la línea de cal.
Comenzamos la marcha de los 119 Km. a una velocidad increíble, el viento estaba a favor y "Dolores" quedaba atrás muy rápidamente. Después de unos 29 KM sin parar llegamos a la “Esquina de Crotto” donde comienza la ruta “11”. Hicimos un breve descanso y nos refrescamos.
La ruta “11” hizo un giro violento hacia la derecha (el sur) y todo se complico. Psicológicamente destruidos uno tenia que ir atrás de otro y no había posibilidad de dialogo. El que iba atrás se sentía exigido por el de adelante, y el que iba adelante se sentía perseguido por el de atrás. Al rato empezó a soplar una brisa en contra que poco a poco fue transformándose en un vientito molesto. Los ómnibus pasaban tan cerca que nos empujaban al pasto a causa del fuerte viento que arrastraban; esto nos obligaba a bajar los cambios y volver a tomar impulso.
Esta ruta resulto ser un verdadero desierto. No había pueblos y por ende estaciones de servicio donde hacer pausas. El sol seguía azotando y se nos acabo el gatorade. El viento empezó a soplar fuertemente en contra y literalmente no podíamos avanzar.
Nos tiramos al pasto a descansar y esperar que calme un poco, pero la sed aumentaba y el viento no cesaba. En frente había una casa de campo y fuimos a pedir agua. Salieron unos perros a ladrar como siempre y empezamos a aplaudir, pero parecía que no había nadie. Después de esperar un rato íbamos a cruzar otra vez la ruta pero un perro se me abalanzó y me mordió la pierna. Solté un grito y el perro se mostraba dispuesto a repetir su hazaña con placer. Rengueando trate de cruzar la ruta pero venían autos, por lo que intente patear al perro para ahuyentarlo, pero mi poca movilidad no era suficiente. Vi que no venían autos y cruce, dejando en frente mi celular tirado…
Esperamos un rato en frente hasta que el perro se vaya y en un pique corto recupere mi celular a la vez que el perro se venia al trote, al volver a cruzar la ruta el perro se vio obligado a frenar por el paso de nuevos autos.
Agarramos las cosas y seguimos el viaje, con una sed que nos acompañaba fielmente. Luego de fuertes esfuerzo llegamos a "General Conessa", donde la tarde ya estaba cayendo y el cielo se tornaba rojizo.
A partir de General Conesa la ruta giraba hacia el este, lo que implicaba mas viento. Teníamos un largo trayecto hasta General Lavalle y ya recompuestos mochilas al hombro y comenzamos la marcha.
Ya no solo que teníamos que ir sobre la línea de cal y el viento estaba en contra… sino que ahora también el relieve era en subida. Andábamos a intervalos y poco a poco avanzábamos. Entramos nuevamente a una casa de campo y con éxito un campesino nos dio agua de poso, que nos cayó como una bomba.
Sacamos los largavistas y vimos a lo lejos la estación de servicio de General Lavalle, a la que llegamos después de unos intensos 20 minutos.
Decidimos hacer un buen descanso y comer algo leve. Ya eran las 7:30 PM aproximadamente y el paisaje se convertía en algo muy lindo de ver.
Vimos por la tele las imágenes de la tragedia de “Cromagnon” y sin entender mucho volvimos a salir.
Comenzamos a andar apaciblemente en lo que mi amigo Checho llama “la hora de los brujos” un horario en donde supuestamente uno recobra energía y los chamanes brujos hacen sus hechizos y demases…
El viento había desaparecido y andar era un placer, ya que el sol era un recuerdo y una leve brisa nos refrescaba…
La ruta se convirtió en un hermoso lugar boscoso, apareció una cómoda banquina y las estrellas eran un espectáculo único.
Al rato llegamos a “San Clemente” donde hicimos otro descanso pequeño y luego “Las Toninas” y al fin “Santa Teresita”. Exactamente eran las 11:30 PM de un 31/12/2004. Estaba a punto de explotar el año nuevo y tuvimos que esquivar algunos cohetes que tiraban en la calle…
Nos imaginamos que el festejo de fin de año, con sus mil explosiones y luces de colores, era dedicado a nosotros y a la victoria de la empresa, y pasamos al 2005 con la felicidad de haber convertido una locura criticada por mucha gente en una realidad digna de recordar por siempre… Ese fue sin duda... nuestro regalo de fin de año. |
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