Página personal de > Diario de viajes

Crónica de mi viaje al Festival de Caracol Xilitla

Escribe: thenardier
CRÓNICA DE UN VIAJE INESPERADO.31 DE OCTUBRESalimos de la oficina como a eso de las dos de la tarde, queríamos aprovechar el puente que se avecinaba, era jueves 31 de octubre, los juzgados no...

 
Capítulo actual 1 de 1
 

Crónica de mi viaje al Festival de Caracol Xilitla

Xilitla, México — jueves, 23 de marzo de 2006

CRÓNICA DE UN VIAJE INESPERADO.

31 DE OCTUBRE
Salimos de la oficina como a eso de las dos de la tarde, queríamos aprovechar el puente que se avecinaba, era jueves 31 de octubre, los juzgados no trabajaban el viernes por ser día 1 de noviembre y obviamente no nos presentaríamos a trabajar el sábado.

Sin embargo, y para no variar nuestra situación, nuestra última esperanza de que nos cubrieran todos los pagos del mes, se desvaneció, se cancelaba el viaje a Veracruz; nos resignamos a irnos a la obligatoria botana a un conocido y frecuentado bar de la ciudad., sin novedades toda la tarde, bueno, una, nuestra compañera de trabajo y viajes, decidió irse a su casa, si no había viaje, ella quería descansar todo el fin de semana.

Entre cascaritas de cacahuates comenzamos mi jefe y un servidor a planear si salíamos de viaje o no, el insistía en irnos a Veracruz a un partido de fútbol, bueno, de menos a Toluca al otro partido, cuentas y más cuentas y no, no ajustábamos, y menos por que bebíamos como cosacos, la cuenta del bar aumentaba y nuestro presupuesto diminuía proporcionalmente.

Por fin lo decidimos, vámonos a un festival de música a Xilitla, dije, hicimos cuentas, y si no nos ajusta pues nos quedamos a acampar, comenzamos a realizar las consabidas llamadas, a un lado, a otro, consiguiendo números de hoteles en Xilitla, préstame tu casa de campaña, siempre si salimos prepárate.

Ahí comenzó el problema, la distinguida Licenciada dijo que ella no iba, que ya eran las once de la noche, que esas no eran horas, que no, que de seguro ya andan bien borrachos, yo así no voy con ustedes a ningún lado, que no, ya déjenme dormir, y las llamadas continuaron hasta las dos de la mañana, cuando llegamos a su casa.

01 DE NOVIEMBRE
Después de una hora de hacerse del rogar, salió con la ropa en mano, y una mala cara que no saben, dejé mi carro en la oficina, sin ropa para el viaje, así como había salido de mi casa el jueves mismo, nos fuimos a la aventura.

Agarramos carretera como a eso de las tres de la mañana, obviamente la Licenciada manejo, por aquello de que mi ceguera nocturna- que meses después nos dimos cuenta que no era mi ceguera sino los lentes- no me deja manejar, y el inmundo de mi jefe, que se duerme todo el camino.

Llegamos por fin a Tamasopo, ya conducía yo, la conductora oficial se habia rendido a los primeros 150 kilómetros, creo que fue ese fue el último destino que planeamos cuando discutíamos entre botana y cervezas, el balneario vacío, lógico, eran las siete de la mañana, solo una cosa, una persona que me puso lo nervios de punta y la piel de gallina, han de creer que era una persona con un arma en la mano o algo así, pero no, de entre las cortinas de un cuarto del balneario, se asomó una mano, apartó las cortinas y de entre las sombras salió una horripilante cabeza llena de cabellos despeinados, era una niña de unos cuatro años, feísima, con una cara de muñeca diabólica novia de chuky, que no se la creen, en eso que truena el cielo y comienza a llover, y yo que arrancó la camioneta y que piso el acelerador a fondo antes de la niña sacara un cuchillo de entre sus ropas o se atara al chasis de la camioneta en que íbamos para matarnos más tarde.

Entre el "arranca" de la distinguida licenciada de cuyo nombre no me olvido pero no creo que quieran saberlo, además ya hay muchos que se saben esta historia y saben quienes somos, pues bien, entre el arrancon y las risas de la licenciada, despertó mi jefe, con una cara de crudo, y muy molestó preguntó que donde estábamos, que lo habíamos secuestrado que ... bueno un montón de quejas, le recordé los planes hechos entre cacahuates y soleras con coca, muy molestó agregó que el quería ir a Veracruz que lo lleváramos para allá, y yo, al borde de la histeria, de por sí ya soy esquizofrénico, le dije "yo llegó hasta Cd. Valles, de ahí me regreso a San Luis y cada quien se va para donde quiera" y lo que es tener la conciencia tan cínica, que me contesta, "bueno, denle a donde quieran, de todos modos ya me secuestraron" y que se vuelve a dormir.

Luego lo que es viajar con gente inculta, pasamos entre un buen de sembradíos y me dice la licenciada, si, la misma que todos conocen y que algunos no, "mira todo ese maíz, es rete arto" y de nuevo, que se levanta mi jefe del sillón en que iba acostado y dice "son cañas" lo que era cierto, y se volvió a dormir. Ahí me di cuenta que a la gente le hace falta cultivar-se, si sembrara de vez en cuando, hubiera distinguido las cañas de los maíces. En fin, yo con mi cruda lo que buscaba era un expendio carretero de jugo de naranja, de esos que venden a diez pesos el litro, con un juguito, un soplido del licenciado a mi jugo y listo! Desarmador instantáneo, por que traía un aliento vodkero que no tienen una idea.

Bueno pues, llegamos a Cd. Valles y la distinguida dama que me acompaña y un servidor nos fuimos a almorzar, dejando al latoso de mi jefe en la camioneta, igual e iba dormido, no creo que le molestara, además el almuerzo estuvo fatal, y cuando digo fatal es que no saben, unas gorditas bulímicas e insípidas, un café frío y todo servido en una hora, de veras que fue fatal.

Regresamos a la camioneta y ya se estaba despertando mi jefe, afortunadamente no quiso almorzar, y le dije: "ahora si, maneje a donde quiera, yo me voy a dormir, y cuando lleguemos a donde haya escogido me despierta" decidió que fuéramos al Festival del Caracol a Xilitla, yo nada mas di instrucciones para la salida a Xilitla y me dispuse a dormir, pero sólo me dispuse por que empezó mi martirio.

"Ya te dormiste, deja te platico algo" y yo le decía a mi jefe que me quería dormir, pero ese hombre no entiende de razones hasta que me hice el dormido, lo mismo que hizo la licenciada que nos acompañaba, sin embargo eso no fue impedimento para que mi jefe le importara una pepita nuestro sueño y siguió platicando, y cuando se dio cuenta que de veras ya íbamos dormidos, paso un tope, de esos que señalan diciendo "TOPES AQUÍ", a toda velocidad, del brinco despertamos y con su voz de disculpa mal fingida dijo "perdón si los desperté, pero si no rebasaba a aquí no lo hacía en otro lado" puro cuento por que eso fue en el pueblo de Huichihuayán, los que hayan manejado esa carretera me entenderán, los que no, bueno, manéjenla un día.

En fin, ya no me pude dormir, me tuve que ir platicando con el licenciado y la licenciada también, por que tampoco se pudo dormir ya, además casi llegábamos a Xilitla.

Llegamos, eso parecía la plaza del Carmen en semana santa, una procesión incesante de personas que caminaban por todos lados, "que no, no hay habitaciones, váyanse al pueblo haber si encuentran" y de ahí no movimos al de las cabañas a las que íbamos, "y rapidito por que les ganan las últimas que queden" de modo tal que una señora que quería que la lleváramos al pueblo, tuvo que irse caminando por que "que tal si nos gana la última habitación"

Ya en el pueblo pudimos conseguir dos habitaciones, y si, la verdad es que la señora que nos había pedido que la lleváramos al pueblo, se quedó sin habitación, de menos en ese hotel, nos fuimos a comer a un restaurancito que de veras se los recomiendo se llama "Casa Vieja" y cocinan sabroso ahí. Después de tan opípara comida, pasta al burro, creo, carne a la pimienta, tarta de manzana y una buena botella de vino tinto, nos regresamos a las pozas y al castillo, pero era imposible caminar, así que dormimos un rato.

Y volvemos a la gente y sus gracias, ya dispuestos a caminar dijo la licenciada, "nada más me cambio esta blusa y le caminamos, pero... en donde me cambio," y yo bien inocente, "cámbiate en la camioneta, ni se ve con los vidrios polarizados" "claro que si se ve" "que no" "que si" y en eso que dice un muchachillo lugareño "no se ve, cámbiese," y diciendo esto que se hace sombra con las manos y que pega su carilla a la ventana de la camioneta.

Soltamos la carcajada y le dio penilla, por cierto fue el mismo niño que quedó impactado con los tenis de mi jefe, para uno no dejan de ser unos tenis comunes y corrientes, pero para el niño eran lo máximo, así que mi jefe se tomó un buen de minutos en platicarle al niño los beneficios de tener unos zapatos como esos, que si para todo terreno, anti-humedad, auto ajustables, y el niño cada vez más emocionado pensando que se los iba a dar, por que le insistía "que padres están, yo nunca he tenido unos así" "¿no niño? ¿De veras? "Si señor, de veras, como quisiera tener yo unos así" ¿de veras quieres unos así? Y el niño pensando que mi compadecido jefe se los iba a regalar, y ya cuando lo tenía al borde de la emoción que le dice "esta bien niño... adiós" y dándose la media vuelta, que se va y deja al pobre chiquillo pueblerino en plena catarsis de pobreza.

Pues bien, caminamos y recorrimos todo el castillo de Sir Edwards, quienes no lo conozcan, vayan a conocerlo, vale la pena, aún y cuando pasen las desventuras de un servidor, luego por fin dio inicio el tan esperado Festival del Caracol, pagadas las entradas nos dirigimos hacia donde se encontraba la concurrencia, que era bajar por una pendiente resbaladiza y demasiado inclinada para después llegar a una explanada entre la selva, realmente valió la pena, el contexto era de lo mejor, música de regee, pantallas gigantes, cerveza, bueno lo de la cerveza ni tanto por que había que subir la pendiente aquella para poder comprarla y la verdad daba hueva, por lo demás excelente, y entonces, cuando no crees que puedes estar mejor, que comienza una pequeña llovizna y nos refresco del calor que hacía.
Cansados pero bien divertidos nos regresamos al pueblo, cenamos en...si, en casa vieja, divertidísimo el lugarcito, por que estaba una chamaca muy joven, con una blusa muy escotada enseñando la pechuga, bueno, no la estaba enseñando, lo que pasa es que usaba una de esas blusas campiranas, con escote de resorte y en una de esas que se le sale una bubi, valió la pena.

El menú para la cena era muy sencillo, en su mayoría sándwiches, pero muy llamativos, con acelgas, jamón serrano y gouda, o espinacas, salmón y manchego, sin embargo, tardaron más de media en traerlos, yo como siempre me quejé y les dije "fueron a hacer el pan o que les pasa" y que me contesta "pues si, señor, aquí hacemos el pan y se nos había terminado, le ofrecemos una disculpa" de veras que yo debo de aprender a quedarme cayado por que el pan estaba optimo, era un pan negro integral recién sacado del horno que no se la creen.


Estacionamos la camioneta frente a la comandancia municipal, por aquello de que estuviera segura, y lejos del hotel por que la que atendía dijo que afuera se ponía el mercado sobre ruedas y luego no nos dejaban mover hasta muy tarde.

02 DE NOVIEMBRE
Todo fue inútil, por la mañana la camioneta esta rodeada por el mercado sobre ruedas, no, no rodeada, debajo de un puesto de venta de semillas y chiles secos, servía de base para que la marchante pusiera sus palos bien atorados en el cofre de la camioneta, más inútil fue razonar con ella para que quitara los palos de sobre la camioneta.

No nos quedó mayor remedio que esperar a que se quitara el mercado, apenas era las diez de la mañana y se quitaba hasta las seis de la tarde, de modo tal que la licenciada preguntó que había de interesante por los alrededores que no fuera necesario ir en carro o que no fuera el castillo o las pozas, ya le dijeron que unos fósiles que estaban como a media hora de camino en una camioneta que salía cada diez minutos.
Y ahí vamos, trepados en una camioneta tipo Van, con tablas a los lados en lugar de asientos, con un calor que te derretía, y unas curvas que obligaban al conductor a llevar un royo de bolsas por aquello de no te me enfermes. Yo para variar me fui dormido, si, como lo leen, dormido, me balanceaba al compás de las curvas de la camioneta de un lado a otro amenazando con caerme en cada vuelta que daba nuestro transporte campirano.

Como todo viaje, llegamos a nuestro destino, nos dijeron, ·"aquí son los fósiles" y nos bajaron, como una vez que fuimos a México, fastidiamos tanto a la taxista con nuestras simplezas que nos bajos como a diez cuadras de la Nueva Sala Chopin, pero eso es otro viaje, y nos bajamos, nos dejaron en medio de la nada, si, de la nada, no había nadie en ese lugar, ni si quiera un letrero que dijera AQUÍ SON LOS FÓSILES" bien si había uno que decía "NO SE LLEVE LOS FÓSILES" pero nos dimos cuenta de que alguien ya se los había llevado todos, por que no HABÍA NADA! Si NADA! Ni una sola persona, nada, parecía un comercial de la DIMENSIÓN DESCONOCIDA,

Comenzamos a caminar haber que encontrábamos, y no encontramos nada que no fuera tierra roja húmeda que hizo una costra gigantesca de lodo en los tenis, pero no nos bastó con eso, por que cuando por fin encontramos los fósiles, que resultaron ser hojas petrificadas en las piedras, nos persiguió una jauría de perros que "nos hecho en carrera" hasta que por fin llegamos a la carretera, afortunadamente el camión que nos llevó de regreso a Xilitla no tardó ni diez minutos.

Ya de regreso nos dimos cuenta que todavía faltaban muchas horas para poder sacar la camioneta del mercado, así nos dedicamos a caminar entre las calles mientras escuchábamos la espantosa voz del vendedor de periódico a través de un altavoz de patio de escuela primaria que gritaba "entérese de la conosidisisisima que pudo ser violada por degenerado loco sujeto mientras regresaba de su centro de trabajo" "Entérese, entérese, del degenerado loco sujeto que con guadaña en mano, intento violar a conosidisisisima maestra" bueno la verdad es que a la fecha la contamos distinta "entérese de la degenerada loca maestra que intentó ser violada por conosidisisisimo sujeto" ya estábamos al borde de la locura, los gritos, el mercado sobre ruedas, la camioneta bajo un puesto, de veras para locos.

Para no alargarles mas el cuento, si ya se que es demasiado tarde, por fin hubo un huequito entre los puestos así que la camioneta comenzó a avanzar entre ellos y yo a mover tablas, botes y mercancía para que pasara, hasta que nos topamos con pared de piedra, no de plástico, un puesto de discos piratas cuya mercancía fue al suelo mientras avanzaba la camioneta, lo que fue inútil por que el mugroso puesto le hizo el primer rayón de muchos, en la carrocería.

En fin, creo que el regreso a San Luis estuvo sin mayor complicaciones, o eso creo por que yo la verdad me eche, una ligera y discreta pestañita desde que salimos de haya hasta que llegamos acá, de modo tal que cuando decidan salir, tengan en cuenta el sin fin de visicitudes que les pueden acontecer durante un viaje, pero no se preocupen, les prometo, por experiencia propia, que al otro día de su regreso, se van a reír de ellas, y después de unos años, las escribirán para que otras personas duren unos minutos burlándose de ustedes.

Calificación

3,30 estrellas de 5
  •  

3,30 puntos (1 votos)

publicado el 23/mar/2006, 23.47
leído 0 veces

Imprimir     Enviar a un amigo

Capítulo actual 1 de 1
 
 


Últimos comentarios

Para publicar un comentario, regístrate GRATIS o inicia sesión aquí

Capítulos de este diario

  • 1

    Crónica de mi viaje al Festival de Caracol Xilitla

    Xilitla, México | 23 de marzo de 2006