
Salto encantado, la selva misionera
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Llueve. Apenas una lluvia fina y tenaz se filtra entre la cúpula de árboles que me rodean: Alecrines, Araticúes, Ybarayes, Persigueros...especies todas que no había oído nombrar en mi vida y ahora me abrazan húmedas, haciéndome transpirar pese a que la temperatura ha bajado mucho respecto a los últimos días.
Es contradictorio acá en la selva cómo todo parece inamovible y fijo, como parte de un decorado, y sin embargo, si uno se fija bien, cualquier brisa que se levanta, cualquier triste rayo de sol que se desmarca de la maleza originan un sinfín de transformaciones en los sonidos, olores y presencia de la selva. Esta llovizna que sin exagerar, sin grandes torrenteras ha ido calando los árboles ha arrancado también una sinfonía de olores en el entorno... olor a vegetación y tierra revivida, a naturaleza recién lavada.
Nunca había visto tantas mariposas juntas como en este lugar. Se mimetizan con el suelo y las cortezas, y en el momento en el que irrumpes en su territorio aletean tontorronas, cogiendo altura y chocando constantemente contra tu cara y tu cuerpo, sin querer esquivarte, suicidas. Es por eso que la selva obliga a caminar despacio, a detener tu mirada en los detalles para ver lo que no se ve, para poder distinguir a ese tucán que se esconde en la rama, a esa mariposa azul que dormita sobre la flor turquesa. Detalles que te ayudan a no tropezar con las raíces, a no reventar con tu cabeza los cientos de telarañas que cuelgan de las ramas, a escasos centímetros de tu cabeza.
El Salto Encantado domina el espacio, hermoso y virgen, como un enorme grifo solitario en medio de la selva. En la poza que muere a sus pies solo estoy yo con Luciana y Diego, que entretejen pulseras y collares que adornan con piedras preciosas. El lugar invita a la charla, a contar experiencias y peripecias. El tiempo es también más que suficiente para enseñarme a sujetar las piedras en los colgantes mediante nudos, o a trenzar los cueros formando pulseras. Clase magistral en una escuela de selva y agua. Irrepetible.
Fotografío mentalmente cada imagen, cada verde que dibuja la selva: verde esmeralda, verde ceniza, verde quemado, verde oriental y húmedo, agresivo verde, verde manzana... Últimas imágenes naturales de este viaje que terminará como empezó, traqueteando en un tren que me llevará durante más de 24 a través de las provincias de Corrientes y Entrerrios rumbo a Buenos Aires. |
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