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Addis Ababa Etiopía  

Viaje a la antigua Abisinia

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Addis Ababa, Etiopía

Viaje a la antigua Abisinia

Addis ababa - Gondar - Aksum . Lalibela | 0 comentarios.

Addis Ababa, Etiopía
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calimadeafrica
13/03/2006


Yo tenia desde hacia tiempo deseos de conocer Etiopía y encontrar desde mi perspectiva de estudioso de la historia, rastros de las Orden del Templo de Jerusalén en este País. Así, el viaje que organizamos unos cuantos amigos, me vino al pelo. Fueron once días llenos de novedades y experiencias, en una tierra diferente, en cuya capital conviven los lujosos hoteles como el Hilton o el Sheraton, con la más alta cantidad de pobreza y miseria que hay en el mundo. Un País, en que la devota y sumisa religiosidad de sus habitantes, ortodoxos en su mayoría, contribuye a hacer posible la permanencia de las estructuras injustas, causa de su pobreza. Me parecieron los etíopes una buena raza, bella, de figura alta y delgada propios del único país de África que nunca ha sido colonizado. Me cautivaron sus atenciones y servicialidad, con excepción de la etnia tigrí, más adustos y que puebla la zona de Aksum, Fue una experiencia volar por el interior en avioneta de 15 plazas, por anulación del vuelo regular; el retraso del equipaje de todos, durante dos días que nos obligó a vivir con lo puesto. Me pareció mito, la creencia del clero y el pueblo etiope, de poseer la verdadera Arca de la Alianza, de la que solo pudimos ver el templo (en Santa Maria de Sión, en Aksum ), Me gustaron mucho los monasterios en plena floresta de las orillas del Lago Tana, cuajados de pinturas de los siglos XIV al XVII, con un arte ingenuo y policromo con escenas diversas del antiguo, nuevo testamento y de los apócrifos. El viaje en motora con el grupo por el Lago Tana, en un día soleado, como casi todos los que allí estuvimos; cruzándonos con los cayucos de sus pescadores, hechos de papiros. Me extrañó, tenerme que descalzar para poder entrar en cualquier iglesia o monasterio y me impresionó la oración, que desde mi cama oía a las 5 de la mañana del pope, en voz alta, desde la iglesia cercana, así como las inclinaciones que hacen las personas ante las puertas de las iglesias y el velo que cubre la cabeza de muchas de sus mujeres, los entierros concurridos de una enorme muchedumbre, vestida toda ella de blanco. Todo esto me hizo pensar que este cristianismo tiene un parecido externo con el Islam. Fue sorpresivo, el vistoso y chillón colorido de las vestimentas de sus popes, sus policromos paraguas abiertos, más de folklóricos que para resguardarse del sol, sus grandes cruces ceremoniales, de oro puro, que coronan su báculo o bastón; una diferente por cada iglesia. Así como el uso de gafas, innecesarias para ver y si para impresionar y darse un aire especial frente a los curiosos visitantes. Admiré la construcción de sus monasterios, realizados de excremento de vaca, barro y paja que por un milagro de la química vulgar, forman sólidas paredes que han resistido el paso de varios siglos; con techos altos redondeados de madera y bambú, suelos totalmente cubiertos por esteras y alfombras para recibir los pies desnudos de los fieles. Admiré en el soberbio paisaje del nacimiento del Nilo Azul sus cataratas. No extrañé la comida en los hoteles, casi siempre con primero de sopa o lentejas y segundo de carne de vaca o pescado de sus lagos, salsas y picantes. Recuerdo la comida nacional, una especie de pañuelo o royo comestible llamado inyera. Ellos parten un pedazo con su mano derecha y pinzan con el trozo la comida situada en un mantel de la misma inyera, en el que hay salsas diversas de tomate, picantes, requesón, carnes troceadas, alguna costilla, arroz y más alimentos que no conocía. El vino tinto embotellado de Godha, barato y de buena calidad, que ellos no beben y sustituyen en sus celebraciones, por bebida obtenida de una mezcla fermentada de lúpulo y cebada con hidromiel, que me supo muy buena y que alcanza los 20 grados de alcohol. Excitaron mi curiosidad los castillos que pueblan las estribaciones rocosas de Gondar, ciudad del Imperio Abisinio en los siglos XVII y XVIII, semejantes a los europeos. Pero tengo que detenerme en Lalibela. Es algo grandioso, único, que habla de la grandeza de la piedra como camino para llegar a Dios. Sobre todo, me maravillaron sus famosas doce iglesias monolíticas construidas en la misma roca, de una sola pieza talladas, en techo, paredes, ventanas y puertas, incluso con estatuas esculpidas de la misma pared, como en la del Gólgota, donde está la oscura y misteriosa tumba del Rey Lalíbela y la de la Trinidad, con el último nivel de ventanas de aire oriental que recuerda las de Jerusalén. Iglesias del siglo XII, que se citan con admiración, en una crónica de una expedición portuguesa del siglo XVI que allí llegó para encontrar el mítico reino del Preste Juan. No me incomodaron las pulgas, que dicen pueblan los monasterios e iglesias, porque yo no las sufrí, ni mucho menos los mosquitos, pero si me impresionó la suciedad de sus mercados, tremendamente grandes, como la muchedumbre del pueblo que los concurre, y que como en un hormiguero gigantesco, se mueven rozándose y empujándose para pasar entre los puestos, comprando y vendiendo lo más insólito: sal traída del vecino país de Djibuti, gallinas, granos, objetos hechos con la hojalata de los envases vacíos, zapatillas a la medida y al momento hechas de llantas desechadas de automóvil, caña de azúcar, paños, rebaños conjuntos de burros, cabras, vacas...Todas las mercancías vertidas sobre paños, en un suelo áspero y oscuro, por las muchas pisadas y entre los que hay un espacio, imposible para poder caminar. En esa inmensidad de gente de color, tu tez blanca atrae la atención continuamente. Los mercados dan un tono de la vitalidad de este pueblo. A sus orillas, algunos locales que se anuncian como carnicerías, colgando en el exterior los pedazos descuartizados de las vacas y más cercano al hotel, tiendas para los turista, como las de los aeropuertos, con cruces y más cruces, sobresaliendo entre todas las de Lalibela; plumeros hechos de crin de caballo para espantar moscas y mosquitos, reproducciones de las pinturas de los monasterios en piel de cabra, adornos, brazaletes y colgantes de plata y en ocasiones de oro, camisas y vestidos, con los dibujos tradicionales etíopes. Los turistas compran primero algo con temor, para luego hacerlo desmesuradamente, como si existiese una competición o la mercancía la fuesen a arrebatar.
Y como no sobrecogerse, de ver esparcidos por los suelos, en la misma superficie, al aire, los huesos blanqueados de los peregrinos que llegaron de lejanas tierras al Monasterio de Yimrehana Chrestus y dejaron de dar alimento al cuerpo, para acrecentar su espíritu hasta su muerte por inanición, en el apartado y poco accesible Monasterio del siglo X., cuyo nombre traducido es “enseñanos el camino”.
Sentir algo el peligro y la preocupación, ante los muertos silenciados por el gobierno, en las revueltas y manifestaciones que se sucedian próximas y que en algún momento nos hicieron deterner y desviar nuestra ruta para refugiarnos en un local, o viajar con la luz interior apagada.
Los precios en Etiopía son razonablemente bajos para nuestra divisa europea. El birr cambia a 10,5 por cada euro y cunden bastante en las compras.
Los niños nos asedian, tratando de darnos información y apoyo, a veces intentando una venta de algo preciado, monedas antiguas, libros, algún mineral curioso, un camaleón, etc. Los niños son muchedumbres, en este país con una población de 47 años de esperanza de vida. Son tantos, que no parece sino que es un país de niños. Salen de todos los sitios, siguen a los turistas y corren al lado de su autobús, golpean insistente y suavemente las ventanas en cualquier parada para llamar su atención y pedir una moneda o un bolígrafo, están en todas partes, siguen sus rutas y no cejan en su empeño por venderles algo o darles alguna información, acompañarlos y auxiliarlos en lugares difíciles a cambio de algunos birs. Si miras sus ojos quedas seducido por su petición. Luego, mas al norte a 25 kilómetros de Eritrea, Aksum, el mítico territorio, que fue el reino de Makeda, legendaria Reina de Saba, que engendró del Rey judío Salomón y con su hijo Menelik dio origen a la dinastía de emperadores salomónicos de Etiopia. Esto lo narra su libro sagrado, el Kebra Negras, escrito en ger, idioma antiguo que solo conocen sus popes. Sentir la guerra inmediata con Eritrea, al presenciar y oír el ensordecedor ruido de los aviones militares aterrizando, o ver la instrucción de sus reclutas preparándose para el combate, cuando nos para el control militar al entrar en el aeropuerto. Así como el excesivo y detallado control de seguridad en personas y pertenencias que nos obligaba cada vez que entrábamos en un aeropuerto. O como no maravillarse, de los restos de palacios derruidos, tumbas antiquísimas y estelas funerarias de Aksum, recordando al mítico Rey
Ezana del siglo IV cuya estela de 24 metros y 160 toneladas fue hurtada por los italianos durante la segunda guerra mundial y devuelta recientemente. Aquí en Aksum como antes en Lalibela, encontré los rastros que buscaba de las cruces paté, enseña de la Orden del Temple, que supongo acompaño a Lalibela, desterrado en Jerusalén y que cuando cayo esta Ciudad Santa en poder de Saladino, los templarios le acompañaron a Etiopía y dirigieron la construcción de sus maravillosas doce iglesias de piedra. Aquí en Aksum, se pueden ver las grandes caravanas de cientos de camellos que llegan con el atardecer. Pero Etiopía, siempre nos llama a la conciencia de nuestro bienestar europeo, en contraposición con su miseria y todo el grupo fuimos a visitar a un español, dedicado en cuerpo y alma a su ONG “Global Infantil”, donde recoge los niños abandonados de la calle y les da alojamiento, vestido, alimento y formación primaria. Escurrimos allí nuestros bolsillos para irnos algo mas conformes con nosotros mismos. Y como no, relatar el obsequio de nuestro guía etiope, siempre preocupado por nosotros, velando por nuestra seguridad y confort, que nos invitó en Addis Abeba, a una cena tradicional de inyera, en el bonito local de decoración etiope, “Abissinya”, con, hidromiel, música y danzantes en una noche descontraida y jubilosa en que hasta nuestra mas veterana compañera, se movió con la música tradicional y todos obsequiamos con un regalo al guia, como agradecimiento por lo bien que nos había conducido en este fantástico País legendario, lleno de mitos, religión y pobreza.

Jaime Navas Castellón
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Ultimos comentarios:

SHIRELEY1 dijo:

Excelente diario en todos los sentidos.

domingo, 8 de abril de 2007, a las 22.31

SofiaRJaca dijo:

Que fantastico lugar!!!! excelente diario!!

domingo, 8 de abril de 2007, a las 23.34

pakiu dijo:

Hola Jaime, completisimo y magnifico, enhorabuena por el diario! Me gustaría que te pusieses en contacto conmigo si es posible, quiero ir este verano, para ver como contratar los guias, coches, etc. paquiespin@yahoo.es gracias!!

viernes, 25 de enero de 2008, a las 04.06

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