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Rajastan India  

La Ruta de la Seda

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ropavieja
01/03/2006


Día 1:
Salimos de Zaragoza sobre la una de la madrugada. Llegamos a Delhi veintitrés horas después, con una diferencia horaria de cuatro. En los exteriores del aeropuerto, nos recibe un calor sofocante, húmedo. Ahora entendemos lo del coche con o sin aire acondicionado. Nos reciben y nos trasladan al hotel. Son la dos de la madrugada y sin ningún tipo de duda nos vamos a dormir. El primer día ha sido duro.

Día 2:
Partimos hacia la ciudad de Mandawa. Visitamos los pueblos: Shekawati, Nawalgarh y Demdlod, así como varios templos y palacios del maharajá de la zona, ya bastante deteriorados. Tenemos por delante doscientos sesenta kilómetros que recorrer, en lo que invertimos siete horas aproximadamente. La vida cotidiana en la India nos impacta fuertemente: la práctica irracional y enfermiza de la religión, “los niños de la calle”... Cientos, miles de personas con todo tipo de carencias, caminan sin rumbo. Al menos eso nos parece. Aunque observamos que existe cierta seguridad ciudadana. Somos objeto de sus miradas (no hay turistas). En gran parte debido al conflicto existente con Pakistán, agravado en los últimos días.
No hemos podido cambiar dinero y el conductor que nos traslada nos tiene que prestar algunas rupias. Dormimos en un palacio, y a juzgar por el decorado de la habitación debió pertenecer al maharajá; hay montones de cojines por todos los rincones, una curiosa mecedora... Nuestra cama casi alcanza los dos metros de ancho.

Día 3:
Llevamos consumida tan sólo una hora de las seis que aproximadamente dura el viaje hasta Bikaner. Arribamos al atardecer. Esta populosa ciudad de 500.000 habitantes mantiene un clima desértico. Visitamos varios templos jainistas. También el fuerte del maharajá compuesto de treinta y siete pabellones, nos sorprende bastante.
El precio del hotel donde nos alojamos es prohibitivo para nuestro presupuesto, pero, a consecuencia de la escasez de clientes (estamos solamente acompañados por los empleados del mismo), conseguimos un buen precio. Esto va a ser una constante durante todo el viaje. Ya vamos cogiendo la medida al país.

Día 4:
Nuestra próxima etapa es Jaisalmer, situado en plena Ruta de la Seda. Atravesamos el desierto rajastaní, unos trescientos treinta y tres kilómetros, con una duración de ocho horas. Las ruedas del nuestro vehículo van levantando la fina arena, descubriendo la pista asfaltada. A pesar de no tenerlo contratado el conductor conecta el aire acondicionado, esto nos da cierto alivio pues el calor en el exterior es asfixiante. Comenzamos a notar las señales del conflicto militar, vemos caravanas transitando por la estrecha carretera, compuestas de camiones, carros de combate y diverso armamento pesado. También hay campamentos militares situados en las cunetas de la misma. Nos encontramos cerca de la línea fronteriza con Pakistán.
Visitamos el templo Bada Bagh, las tumbas y símbolos funerarios son moneda común, se encuentra situado en las afueras de Jaisalmer. El desierto es calcinante. Tomamos un primer contacto con el fuerte de esta ciudad, para algunos es el lugar más impresionante de la India. Parece que nos trasladamos a tiempos feudales, mercadillos ambulantes, mucho bullicio en las calles, algunos ciudadanos las engalanan para recibir al Ministro del Ejercito, que ha anunciado su visita. Estamos en medio del conflicto. La población vive anclada en el pasado.
Cenamos en un pintoresco restaurante desde donde se contempla el fuerte, con nuestro conductor, prestamista, traductor y guía particular. Todo en uno.

Día 5:
Visitamos Jaisalmer, hoy no tenemos viaje por carretera. Nos acompaña en la visita un amigo del chofer, que habla castellano. Recorremos el fuerte, es el único habitado de todos los que vamos a conocer. Van cediéndose las casas de generación en generación. Antiguamente era usado por los comerciantes que realizaban la Ruta de la Seda hacia Asia. En él viven unos cuatro mil habitantes. Entre las murallas existen templos jainistas y Hamelis (palacios del maharajá). Por fin conseguimos cambiar dinero y pagar las deudas. Hacemos las primeras compras.
Nos bañamos en la piscina de un hotel contiguo en pleno desierto, un auténtico baño de lujo, en un entorno sibarita por unas pocas rupias. Para variar, los hoteles siguen vacíos. Estamos solos.

Día 6:
Después de desayunar, también solos, nos dirigimos hacia Jodhpur. El hotel donde recalamos está rodeado de exuberantes zonas verdes, en las que abundan pájaros de colores muy vivos, también ardillas y algunos pavos reales.
A la tarde visitamos el templo, Dhool Mahal dedicado a un amor del maharajá. Más tarde vamos al fuerte Mehragarh, nos fascina esta gran construcción en el alto de una colina. Realizamos algunas fotos pese a estar prohibido. Un guardián se enrolla con nosotros y nos muestra un templo jainista, el cual no está abierto al público por encontrarse en proceso de restauración. Nos ofrece unas bolitas de opio, con las cuales se coloca a la noche, según nos cuenta él mismo. Vemos muchas canteras de las que extraen piedra para la construcción. Comenzamos a abandonar el desierto. También a los militares, que se encuentran en algún lugar del oscuro horizonte que tenemos enfrente. Un polvorín a punto de estallar.

Día 7:
La siguiente ciudad que nos recibe es Udaipur. Visitamos en el camino el templo jainista Ranakpur, todo él es de mármol, algo grandioso. Otras siete horas de viaje. Nos desviamos un poco de nuestra ruta para poder conocer el templo Kamasutra. Atravesamos una zona de montañas y bosques, los únicos del Rajastán. Los habitan tigres, monos, etc. Aquí, como en otros muchos viajes, nos encontramos en la carretera los más diversos animales, vacas, cabras, perros, lagartos, camellos, ovejas, elefantes, toros... Nos tropezamos con un camión totalmente destrozado por un accidente. Por la tarde tomamos una moto-taxi y nos trasladamos al centro de la ciudad con el objetivo de enviar unos correos por Internet. Después cenamos en el restaurante Shambu Vilas, situado en una azotea como todos los de Udaipur.

Día 8:
Callejeamos por la ciudad. Dirigiéndonos más tarde al palacio del Monzón Sajan Garh. Todo un museo dedicado a la vida de los maharajás: salas, galerías, azoteas, jardines, patios..., al fondo se encuentra el lago, aunque algo falto de agua y el hotel Lake Palace, unos de los más lujosos del mundo. Allí se grabó la película Octupusy de James Bond. Nos aconsejan que visitemos un museo de miniaturas en el cual nos hacen una representación de marionetas, ¡sorprendente! ¡Ah!, Se me olvidaba, comenzamos a tener alguna descomposición intestinal.

Día 9:
Partimos hacia Ajmer, camino de Jaipur, la capital del Estado. Nos alojamos en un hotel fascinante. En la puerta hay un “maharajá” que se nos cuadra cada vez que pasamos. Por la tarde visitamos Pushkar, una población cercana dedicada a la peregrinación, repleta de templos y comercios. Dentro del complejo existe un lago en el que realizamos una ofrenda floral, junto a un “gurú”. Éste lugar es de extraordinaria importancia, aquí se realiza una peregrinación anual a la que acuden cientos de miles de personas, en él pasan varios días realizando ofrendas de todo tipo. Hace unos cuantos años era un punto de encuentro para los hippies, entre otros místicos. Por la noche hacemos una incursión en la ciudad de Ajmer. Encontramos bastantes musulmanes y una mezquita donde peregrinan desde todo el país. Cenamos arroz, tortillas y un reparador té. A la noche me derrumbo en la cama aplastado por el cansancio y el calor.

Día 10:
Nuestro siguiente objetivo es Jaipur. No hemos dicho que cada ciudad tiene un color distinto dependiendo de cómo estén pintadas sus casas, por ejemplo Jodhpur es la ciudad azul y Jaisalmer es de color arenisca. Jaipur es la capital del Rajastán con dos millones de habitantes. Lo más característico de ella es su fuerte. En Amber destaca el Mahal con su gran fachada rosa, en ella existen cincuenta y tres ventanas, desde ellas se asomaban las mujeres para ver los desfiles. Luego vamos al observatorio astrónomo y el City Palace contiguo a éste. A la tarde nos dedicamos a hacer compras en un mercado. Cada vez notamos más la falta de turismo. Los vendedores callejeros nos asedian, quieren vendernos todas sus mercancías, a veces nos rodean en un gran tumulto. Esto añadido al denso y bullicioso tráfico, la situación se nos hace insoportable. Nos trasladamos en un ricks-haws, que no es más que una bici-taxi; vamos montados tres personas y sólo una pedalea. La muchedumbre bulle por todo el mercado.
Me siento indispuesto y expulso todo lo que llevo dentro de mi estómago en un pestilente charco. Esto se repetirá en el hall del lujoso hotel donde nos hospedamos. Todo resulta muy fuerte. Me meto en la cama y a dormir. La lenta noche tropical cae de nuevo sobre nosotros.
Por aquí dicen que no merece la pena haber nacido si no se ha visitado Jaipur. Puede que sea verdad.

Día 11:
En ruta visitamos Fatehpur Sikki. Nos vamos acercando a Agra y van aumentando los precios de las cosas. Llegamos al hotel. Vemos como algo natural que en la puerta de éste haya un “maharajá”. Abundan las alfombras rojas, ¿y la piscina...?, sin comentarios.
No estoy acostumbrado a este tipo de lujos. Comemos en el restaurante rodeados de un ambiente exuberante, hay muy pocos comensales y un lujo exótico. Después de la siesta nos dirigimos a cumplir uno de nuestros principales objetivos: el Taj Mahal. La mayor extravagancia erigida al amor. Este mausoleo se construyó a raíz de la muerte en un parto de su segunda mujer. Al lado del río y fácilmente divisable desde el fuerte donde él vivía. Qué podemos decir de este monumento que no sea ya conocido por todos. Construido con mármol blanco; en sus celosías talladas, se aplica por primera vez la técnica de la “petra dura”, que consiste en incrustar en el mármol piedras preciosas de distintos colores; sobretodo gemas. Guarda una perfecta simetría, tanto en su interior como en el exterior. La cúpula bajo la que descansan las tumbas se apoya en una base octogonal. El mausoleo se compone de cuatro torres. Lo rodean amplios jardines así como otros edificios anexos. Tenemos la sensación de que estamos visitando un país que nos desborda, nos estremece.. Alguien dijo alguna vez que la palabra no puede describir lo que el cuerpo y la mente sienten al conocer algo extraordinario. Eso me ocurre a mí en estos momentos.

Día 12:
Amanece una mañana calurosa. Nos ponemos de viaje hacia Delhi, pero antes visitamos el fuerte rojo de Agra, muy similar a los visitados anteriormente. Circulamos por una autopista de peaje muy congestionada. Podemos observar varios camiones accidentados en las cunetas; también nos encontramos algunos coches circulando en dirección contraria. Al pasar de un Estado a otro tenemos que pagar un impuesto. Hace ya unas horas que abandonemos Rajastán y sus poblados con sus chozas de color arenisca. Al fin llegamos a Delhi. Una ciudad ruidosa como ninguna. Rota, desordenada, donde el calor aplasta a todos sin excepción. La primera sensación que tenemos es que la miseria está generalizada. Buscamos un hotel en el centro de la ciudad, bajamos el nivel porque ya empiezan a estar más caros. Hay que decir que numerosos indios nos solicitan para hacerse fotos con nosotros, como si fuésemos algo exótico, suponemos que así será para ellos, lo mismo nos sucede a nosotros. No llegan a cincuenta los extranjeros que nos hemos tropezado en todo el viaje, y hemos recorrido muchas ciudades y pueblos, la mayoría de gran importancia turística. Casi siempre comemos, desayunamos y dormimos en la más absoluta soledad. Casi no me quedan fuerzas al final del día para reflejar las incidencias en mi libreta; debo sacarlas de donde sea. Sino mi memoria me traicionará.
La primera tarde en Delhi la dedicamos a descansar y realizar algunas compras. Diez millones de habitantes pululan por sus calles llenas de basuras y montones de escombros. La suciedad es la protagonista. Pero esta capital, sin ninguna duda tiene su encanto. Mañana la vamos a descubrir.

Día 13:
Contratamos un recorrido por la ciudad. Lo primero que visitamos, pero sin llegar a entrar en su interior es el fuerte rojo, seguimos hacia el Parlamento de la India, el Palacio del presidente y otros edificios del Gobierno, embajadas, etc. Todos los edificios están situados en amplias avenidas con jardines laterales. La Puerta de la India de cuarenta y dos metros de altura domina el lugar, cerca de allí se encuentra la tumba de Gandhi rodeada por un parque de grandes dimensiones a orillas del río Yamuna. Nos aconsejan que visitemos el mausoleo de un importante líder musulmán, Humayun, lo forma un amplio complejo de edificios y jardines. Todo bajo un aplastante sol de más de 40º.
Más tarde nos dirigimos a un templo Sigh. Ésta es una religión minoritaria en la India aunque guarda ciertas similitudes con la religión hindú, es diferente. El edificio desborda color, alegría, luz, música, todo está rodeado de agua, dentro de una simbiosis armónica. Realizamos la visita descalzos y con la cabeza tapada, junto a un grupo de alemanes. Salimos bastante sorprendidos, ha sido algo distinto. Esta religión, nos dicen, también es una filosofía de vida. Uno de sus lemas proclama: “Cuando un asunto no tiene remedio, de veras es licito desenfundar la espada”. Así podemos entender los incidentes violentos que protagonizan, a veces con muertos, contra otras religiones y el ejército indio. Como se acerca el final de nuestro viaje estamos recopilando datos, impresiones, resumiendo, sacando conclusiones. Me vienen a la cabeza dos citas del escritor y viajero chileno Sepúlveda, una de ellas dice: “El viaje no sólo es la meta, sino también lo que hay entremedio”, y la otra: “Cuando viajas también lo haces por tu interior, descubriendo verdaderamente quien eres”.
La extrema pobreza convive junto al lujo de algunos hoteles y comercios. Las calles llenas de basura, sin aceras, “niños de la calle”, mendigos en lo más bajo de la marginalidad. Es el paisaje habitual de esta caótica urbe. Los andamios de los edificios en construcción nos causan autentico pavor, por su debilidad e inseguridad, tan sólo son unos maderos atados con cuerdas entre sí. Ver a las mujeres trabajar en las obras, en las carreteras y en las tareas agrícolas es algo muy habitual; mientras que los hombres se tumban en grupos a la sombra de un árbol a jugar a las cartas o simplemente a dormitar. La población femenina viste saris y pareos multicolores, irradian alegría de vivir.
En Ajmer observamos jabalís correteando entre los montones de basura, chapoteando en los baches de la carretera llenos de aguas corrompidas. Hemos dejado de ver camellos y vacas en Delhi. Las ardillas en los parques y los monos en algunos templos son cosas muy habituales.
Nuestro chofer nos cuenta entre risas que los militares se han ido a hacer turismo a Cachemira. Conseguimos cenar pizza. Los vendedores callejeros, ante la falta de turismo nos agobian, bajando los precios a cotas desconocidas.

Día 14:
Nos trasladamos a Connaught Place en una moto-taxi, hace calor, mucho calor ¿no lo había dicho? Es una plaza enorme en el centro de Delhi. Está todo en obras por la construcción del metro. Delhi no lo tiene todavía. Al ser domingo apenas hay gente en la calle. No hay mucho tráfico, de momento. Existen mercadillos rodeándola. Nos tomamos un refresco en una cafetería de estilo americano, un oasis en medio de la jungla, escuchamos la música de fondo, una canción occidental, la repiten al menos seis veces. ¿No tendrán otra? Por la tarde nos dedicamos a comprar. Cenamos pizza y espaguetis, para variar.
Nos encontramos en medio de la calzada a un hombre tirado, semiinconsciente y expulsando espuma por la boca, nadie lo atiende. Ellos se mueren así, o de hambre, algo más habitual. Nosotros nos morimos de bulimia
Hablando de animales, tenemos que decir que hemos visto un oso, su dueño lo llevaba sujeto de una cuerda, también a algunos encantadores de serpientes.

Día 15:
Nos desplazamos en moto-taxi hasta el Parque Buddka Jayanti , donde se encuentra un monumento a Buda. Hacemos algunas fotos y nos tumbamos en la hierba a la sombra de una hermosa ceiba, árbol sagrado en la India. A la tarde nos acercamos a realizar algunas compras en un monstruoso mercadillo callejero, hay miles de puestos, la muchedumbre bulle por todo el mercado. ¿Pero es que han salido a la calle los diez millones de personas que tiene Delhi? Cenamos otra vez espaguetis y pizza, es lo más sufrido. Por la mañana nos costó lo suyo confirmar el vuelo de vuelta a España, pues no controlamos mucho el inglés, además por teléfono se hace todo mucho más complicado. Negociamos en el hotel la noche que se nos había despistado y repartimos los últimos globos y caramelos entre los niños de la calle, ellos nos regalan una cálida sonrisa, viven al pie de una obra, rodeados de grava, hogueras y suciedad, en esta ocasión se encuentran junto a sus madres. No vemos absolutamente a ningún extranjero en el mercado. ¿Dónde estarán? ¿En Benidorm? A lo largo de nuestro recorrido hemos podido comprobar que en los hoteles y bancos cambian euros por rupias.

Día 16:
Nos desplazamos al hotel Connougth en un taxi, vamos muy cargados. Después de tomar posesión en él, descansamos un buen rato. Vamos ultimando detalles.
Algunas reflexiones: Los vendedores callejeros nos acosan ante la falta de clientes, es una tónica en este viaje. Cada vez soy más reacio a comprar souvenirs. El otro día una persona me comentaba que los recuerdos que compras en otros países deben ser regalados, nunca comprados, para que tengan valor y te proporcionen suerte. Uno me ofrece látigos, me persigue. ¿Qué me habrá visto en la cara? El tráfico es un castigo. Domina la ley del más fuerte, apenas hay señales de tráfico, y si las hay no las respetan. La contaminación acústica es puro terrorismo son muy aficionados a tocar el claxon, pitos, timbres, todo… para hacerse notar.
Algún semáforo que otro, disponen de un “segundero” de los que se utilizan en el baloncesto, marcando el tiempo que falta para ponerse verde, cuanto esto ocurre salen todos como si de una carrera de “fórmula“ se tratara.
Desistimos viajar a Benares (Varanasi), como teníamos pensado en un principio. El cansancio, el calor, nuestro fiel acompañante, y las catorce horas de tren, nos hacen cambiar de idea, en otro viaje será. El río Ganges, las abluciones y la quema en piras de los muertos, lo merece. Cuando llevas un tiempo viajando por países exóticos, lo extraordinario se convierte en cotidiano. Entonces comienzas a restar importancia a lo verdaderamente auténtico.

Día 17:
Después de desayunar opíparamente. Tomamos una moto-taxi hasta el templo Bahai, todo él es de hormigón y cristales, de construcción futurista. Jardines y agua a raudales. Luego nos dirigimos a la estación del tren de Delhi, la verdad que esperábamos otra cosa. Hay mucha gente, se trata de un país viajero. Por la tarde preparamos las maletas, y sobre las diez de la noche volamos de vuelta hacia Madrid.

Día 18:
Nos despedimos de este fascinante país con cierta añoranza y con el pensamiento puesto en el siguiente destino: Zurích, Madrid, Zaragoza.
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