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Impresiones de Senegal

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lachunga
15/02/2006


IMPRESIONES DE SENEGAL

Día 1.
Senegal se convirtió en nuestra primera experiencia en África casi por casualidad, cuando apenas nos habíamos planteado la posibilidad de visitar dicho continente. El viaje, denominado “Circuito Aventura Senegalesa 4X4”, lo ofertaba Travelplan, y hemos de decir que todo salió a la perfección sobre todo porque en ningún momento tuvimos la sensación de formar parte de un viaje organizado ya que el grupo lo constituíamos solamente seis personas, el guía, Ansú, todo un personaje que apenas prestaba atención al reloj, y el conductor, un hombre tan correcto como silencioso.
Llegamos a Dakar, la capital, de noche. Lo primero que notamos nada más descender del avión fue el intenso y húmedo calor. Salvados los trámites aduaneros salimos en busca de la persona que tenía que trasladarnos al hotel, que resultó ser un tipo muy simpático que hablaba un español bastante decente. Por el camino nos llamó la atención la ausencia de señales de tráfico y de semáforos, las coloridas y abarrotadas camionetas que transportaban decenas de personas apiñadas, la falta de alumbrado en las calles, el caos latente. Llegamos al hotel agotados por las casi cinco horas de viaje y la emoción que sentíamos. La habitación era sencilla y aseada. Nos despertamos en mitad de la noche por la llamada a la oración ( Senegal es un país de mayoría musulmana) que atravesaba la ciudad gracias a unos potentes altavoces. Salimos a la terraza y desde allí observamos cómo las personas que en ese momento estaban en la calle se arrodillaban en dirección a La Meca e iniciaban sus oraciones. Fue una sensación muy extraña debido al calor, la oscuridad de la noche, los rezos y la peculiar fisonomía de una ciudad que parece estar a medio construir.

Día 2.
Ansú nos estaba esperando tras el desayuno. Es un hombre delgado, de ojos pequeños, labios finos y piel muy negra. Habla español con desparpajo y utilizando expresiones coloquiales con mucha gracia.
Nuestro medio de transporte será una pick-up en cuya parte trasera se han instalado dos largos bancos que se dan la espalda, lo que garantiza que cada viajero tendrá un vista completa del paisaje. Fuimos al hotel donde se alojaban nuestros compañeros de viaje para recogerlos y comenzamos nuestra visita a Dakar. Vimos el Palacio Presidencial y la catedral; paramos en un vistoso mercado de artesanía, donde aprendimos a regatear, habilidad que tendríamos que utilizar a lo largo del viaje y que a veces resultaba tremendamente pesada. También visitamos un mercado de alimentos donde había un gran contraste entre el colorido de frutas y verduras y el aspecto del pescado y el marisco, asediados por unas desagradables moscas. Muy interesante resultó la visita a una galería de arte donde se realizan cuadros con arena de diferentes tonalidades (Galeria Guis-Guis). La amabilidad del senegalés se iba perfilando como algo sincero, sin artificios. Al final de la mañana tomamos un ferry que nos trasladaría a la Isla de Goreé, que es Patrimonio Histórico de la Humanidad, donde se encuentra uno de los pocos testimonios materiales de la esclavitud, actividad en la que Senegal, y más concretamente esta diminuta isla, representó un papel esencial, siendo aquí donde permanecían hacinadas cientos de personas en condiciones inhumanas esperando que alguien decidiera su destino. El colorido de sus edificios (de influencia francesa; no olvidemos que Senegal fue colonia de Francia hasta mediados del siglo XX), de sus alegres puestos callejeros, de las ropas de sus gentes que no paran de sonreír, hace difícil que uno se imagine los dramas que allí se vivieron. Comimos arroz y pescado en una terraza frente al mar. Visitamos la casa de los esclavos, con sus angostas habitaciones donde padecieron miles de personas y la espeluznante exposición de los artilugios que se utilizaron para retener, amordazar y torturar durante siglos; a pesar de que esta casa no fue de las más importantes de la época, es la única que queda en pie. El señor Joseph N´Diaye es el conservador de la casa; presume de mal genio y demanda la atención del visitante con una voz temible repleta de rabia contenida. Nos gustó mucho el Sr. N´Diaye. Seguimos recorriendo la isla bajo un sol demasiado cruel y llegamos a la iglesia de San Carlos Borromeo, uno de los primeros ejemplos de templos cristianos del país. Arquitectónicamente no posee demasiado valor pero es el lugar donde Juan Pablo II celebró misa durante el viaje en el que pediría perdón a los senegaleses por el apoyo de la Iglesia al tráfico de esclavos durante siglos. Abandonamos la isla tomando de nuevo el ferry donde una mujer que había conocido en el trayecto de ida me buscaba a voces para que le comprara unos collares que, por supuesto, no me quedó más remedio que comprar.
Un campamento cercano al Lago Rosa, escenario del final del rally más famoso del mundo, sería el lugar donde pasaríamos la noche. Dormimos en una sencilla cabaña que afortunadamente estaba equipada con aire acondicionado. Yo no cené; el calor que habíamos soportado durante la jornada me había dejado exhausta y sin apetito.

Día 3.
El día siguiente, tras el desayuno, lo iniciamos con una visita al Lago Rosa, que, siendo fieles a la verdad, no se mostraba muy rosa. El lago es una explotación salina de la que malviven un puñado de familias. En sus orillas han construido un campamento miserable que constituye nuestro primer contacto con la verdadera miseria ya que, hasta entonces, si bien se ve que tienen grandes carencias, que viven con muy poco, apenas habíamos visto rostros famélicos o vencidos.
De vuelta en la camioneta nos adentramos en un paisaje totalmente nuevo, dejando atrás la destartalada fisonomía de Dakar y sus alrededores, a través de arcillosos caminos que dejarán nuestra piel, nuestras ropas y el pelo en un estado lamentable, sin contar la cantidad de tierra que llegamos tragar. Hacemos una parada en una especie de puerto donde decenas de comerciantes esperan la llegada de las piraguas a motor repletas de capturas. El poblado que hay en las inmediaciones es extremadamente miserable y maloliente debido al secadero de pescado que allí se encuentra. Está siendo una mañana con un regusto a tristeza que tendremos que analizar.
Tras la comida (más arroz y pescado), visitamos Fadiout, una isla de mayoría cristiana, algo que se percibe en cuanto pones los pies en su suelo cubierto de conchas, ya que una talla de Jesús te recibe con los brazos abiertos. Sus calles son tranquilas; hay muchachas peinándose unas a otras, niños jugando y riendo, gallinas, cerdos y algún que otro burro campando a sus anchas; los hombres se reúnen en unos porches que hacen las veces de clubes sociales donde se toman las decisiones que solucionarán los conflictos que puedan tener lugar en la isla. Hay un par de mezquitas y una gran iglesia católica de aspecto peculiar debido a su moderna arquitectura y al estrafalario corazón que corona su torre. El interior es muy moderno y está muy limpio. Cruzamos el largo puente que nos lleva al cementerio, donde musulmanes y cristianos comparten en paz la eternidad. Damos un paseo por él escuchando las historias que nos cuenta el guía del lugar. Abandonamos la isla con muy buen sabor de boca y nos dirigimos a Palmarin, a donde llegaremos completamente cubiertos de polvo rojo. El campamento en el que vamos a pasar la noche está compuesto por unas curiosas cabañas de adobe cuyas puertas carecen de cerradura; se cierran por un rudimentario sistema de palos nada seguro. Como todavía no disponemos de agua ni de luz, damos todos un tranquilo paseo por la playa desierta bajo un cielo cubierto de nubes, algo que realmente agradecemos. Cuando regresamos todavía no hay agua ni luz por lo que nos sentamos delante de una de las cabañas a escuchar las interesantes y divertidas historias de Ansú. Somos los únicos huéspedes del campamento, lo que refuerza la idea de estar en mitad de la nada. Son momentos mágicos. Ya es de noche y por fin podemos ducharnos y vernos las caras. Dejamos las toallas completamente marrones. Sospechamos que tardaremos mucho tiempo en deshacernos de la arcilla que embadurna nuestros cuerpos. Cenamos pescado, arroz y toneladas de patatas fritas. Pasamos la noche en una cama bastante dura, bajo las mosquiteras y acompañados de ranas, que se cuelan por cualquier rendija.

Día 4.
Nos levantamos con la sensación de llevar en Senegal una eternidad; aquí el tiempo transcurre de manera diferente. Hoy recorreremos en piragua el delta del río Saloum. La furgoneta nos deja a sus orillas, muy cerca de un poblado y del lugar donde unos niños juegan al fútbol hasta que deciden que nosotros somos una atracción mejor: nos piden regalos, se ríen, cuchichean, imitan lo que decimos, dejan que les hagamos fotos. Nos dicen adiós cuando partimos en la piragua a motor. No sabemos muy bien dónde acabará esta excursión, pero no nos importa demasiado. Nos protegemos del sol, que en esos momentos está siendo implacable. Atravesamos manglares infinitos, donde habitan diferentes tipo de aves, hasta que llegamos a una especie de islote desierto y plano donde apenas hay tres cabañas. Tras comer debajo de un rústico porche hecho de cañas (esta vez el menú incluye carne de un pájaro sin identificar además del consabido arroz y unos plátanos) damos un paseo y un lugareño nos invita a tomar el té a su choza; lamentablemente ha llegado la hora de partir. Es en piragua como llegamos al campamento donde pasaremos la noche: Gite Africain de Simal, sin duda alguna el mejor de todos. Refugiadas entre palmeras y frondosos árboles, a orillas del inmenso río, se encuentran las cabañas, hechas con finísimas cañas. El suelo es de cemento con conchas incrustadas en él, algo un poco incómodo bajo los pies desnudos. El baño está en la parte trasera de la cabaña; ningún techo lo cubre. Está delimitado por un semicírculo de cañas unido a la propia cabaña. La cama es bastante grande y cuenta con las omnipresentes mosquiteras. Descansamos a la orilla del río bebiendo cerveza mientras observamos el constante trasiego de los niños pescadores que van y vienen con sus redes y sus capturas. Al otro lado del ancho río observamos atónitos una tormenta que se acerca sin remedio. Ansú nos advierte de ello así que decidimos ducharnos antes de que sea demasiado tarde. La tormenta nos sorprende en la ducha que, ante la ausencia de tejado, se convierte en toda una experiencia. Si el espectáculo paisajístico previo a la tormenta era espectacular, el resultante de la misma nos dejó sin palabras: el cielo se había teñido de un hipnótico color amarillo que nunca antes habíamos visto. Cenamos en el interior de una cabaña: gambas picantes y cebú, todo ello sin dejar de sudar. Después de una agradable tertulia casi en la oscuridad ante la práctica ausencia de luz eléctrica nos fuimos a descansar sorteando todo tipo de lagartos en el breve camino que nos separaba de la cabaña.

Día 5-8
Tras el desayuno hicimos una pequeña ruta a caballo por los alrededores del campamento atravesando algunos poblados. Como casi todos éramos novatos en materia ecuestre el paseo fue lento aunque bastante divertido. Una vez concluido, nos despedimos de la gente del campamento y, antes de llegar a Saly, fuimos a visitar el baobab más grande de Senegal, que tiene 35 metros de diámetro y que es verdaderamente espectacular. Por un orificio que tiene en el tronco nos introdujimos en su interior, los siete. El baobab, además de las propiedades curativas de su fruto, llamado pan de mono, desempeñó un papel fundamental en las guerras tribales del pasado, ya que su tronco hueco era utilizado como escondite y refugio. Alrededor del baobab se concentran decenas de vendedores que te ofrecen todo tipo de artesanía local que, después de regatear, puedes adquirir a muy buen precio.
A media tarde llegamos a Saly, la zona más turística de Senegal, donde se puede observar el empeño que están poniendo para convertir esa parte de la costa en un centro de turismo respetable. Por el momento no pasa de ser un conjunto de complejos no muy lujosos y sin personalidad. Agradecemos, en cualquier caso, poder disfrutar de aire acondicionado y de una larga y relajante ducha que eliminará los restos de arena arcillosa de nuestro cuerpo. De los tres días que allí pasamos destacaría la visita a la reserva de animales de Bandia, donde nos persiguió una hembra de rinoceronte, nos observó atentamente un avestruz y pudimos disfrutar de la presencia de cocodrilos, tortugas gigantes, y jirafas, entre otros muchos animales. También hay un baobab funerario, cuyo tronco hueco está lleno de huesos humanos.

Destacar también la impunidad con la que diferentes especies de lagartos se paseaban por el complejo, especialmente un elegante varano, de tamaño considerable y aires de grandeza. Las playas no pasaban de ser corrientes y el sol, insoportable, nos hizo preferir la piscina del hotel, por la cercanía del bar (donde hicimos un gran descubrimiento: la cerveza Gazelle, de más de medio litro) y sus estupendas hamacas cobijadas bajo sombrillas de mijo.

El camino hacia el aeropuerto fue largo porque tuvimos que atravesar parte de Dakar, con su caos circulatorio agravado por las balsas de agua formadas tras las lluvias. El calor en el aeropuerto era insoportable, lo que hizo más larga la espera del avión que nos llevaría de vuelta a Madrid.



Recomendaciones para visitar Senegal:

Beber agua en abundancia, siempre embotellada.
Llevar ropa de algodón o lino de manga larga para usar especialmente por las noches, que es cuando hay más riesgo de que piquen los mosquitos. Por el día se puede ir de corto.
Utilizar un repelente de mosquitos potente.
Llevar gafas de sol y gorro para protegerse del sol.
Utilizar cremas solares con un alto índice de protección.
El dinero se puede cambiar en los hoteles y en algunos restaurantes. En algunos sitios aceptan euros. La moneda oficial de Senegal es el CFA (1€ equivale a unos 650 CFA).
No olvidar la cartilla de vacunación de la fiebre amarilla.
Preparar un pequeño botiquín con antidiarreico, antibiótico, ibuprofeno y colirio.
No olvidar un chubasquero si se visita el país en época de lluvias.
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Ultimos comentarios:

Tetor dijo:

Hola "Lachunga", Buenos Días en la Ciudad de México. Me hiciste reir con la identificación de "que triste", cuando indicas tu ocupación de contable. Fué simpático. Me gustó la única foto que pones en viajeros, ojalá y te animes a poner otras, Senegal es atractivo. Saludos. Mario Alberto.

domingo, 11 de marzo de 2007, a las 12.31

longobardus dijo:

hola, desearia saber si visitar Senegal en navidades y año nuevo es buena epoca, y tambien si con 2 semanas seria suficiente para ver lo mas pintoresco.Gracias por los consejos finales sobre indumentaria y vacunas

miércoles, 22 de agosto de 2007, a las 05.49

lachunga dijo:

Hola. Lo problemático a la hora de visitar Senegal sería hacerlo en la época de lluvias, pero como Navidad y Año Nuevo están dentro de la época seca, por esa parte no hay inconveniente. Dos semanas no están mal, puesto que es un país muy pequeño. Yo estuve menos tiempo, pero no me importaría volver para visitar otras zonas a las que no pude ir. Si al final te decides y vas, espero que te guste tanto como a mí, porque es un país precioso y sus gentes son increíbles. Merece la pena, de verdad. Un saludo.

sábado, 25 de agosto de 2007, a las 10.10

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