
Por las cumbres de los Pirineos
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Se acercaba el verano (2005) y con él la travesía de montaña que Carlos y yo, César, teníamos pensado hacer. Ya en octubre del año anterior habíamos aprovechado un fin de semana para subir al pico más alto de la Península Ibérica, el Mulhacén (3478 m.), en Sierra Nevada, y la experiencia nos había dejado con ganas de realizar una ruta más exigente. Dado que para entonces me habría acabado de mudar de Madrid a Barcelona, y que Carlos estaría de vacaciones en Castellón, nos pusimos a planear una ruta por los Pirineos.
Yo sabía que un sendero, el GR11, recorría los Pirineos en toda su longitud, desde el océano Atlántico hasta el mar Mediterráneo, pero informándome en Internet averigüé que existía otro recorrido paralelo, de mayor dificultad, que avanzaba coronando los picos que encontraba a su paso. Aficionado como soy las rutas poco transitadas, le propuse a Carlos realizar una parte de este recorrido. La ruta, conocida como Alto Recorrido Pirenaico, requería tener experiencia en senderismo de alta montaña y una buena forma física. Yo llevaba ya unos años haciendo senderismo, y Carlos ciclismo y atletismo (había participado incluso en una maratón), así que no tuvimos dudas de poder lograr nuestro objetivo.
Repartimos las tareas previas al viaje y a mi me tocó hacerme con una guía o mapa que detallara el recorrido. Encontré una librería de montaña en Barcelona donde se podía consultar mapas y guías y planificar una ruta con tranquilidad mientras te tomabas un café. El propietario, al preguntarle sobre la travesía, me sacó de un estante un libro de color naranja escrito por un tal Georges Véron. Lo hojeé y observé que detallaba todas las etapas de la travesía y que incluía además un mapa para cada una de ellas. Decidí comprarlo, a pesar de estar escrito en francés y de parecerme algo caro (24 euros). Más adelante descubrí que había valido su precio.
En la guía, Véron detallaba el Haute Randonnée Pyrenéenne (HRP) como una travesía de 45 días desde Hendaye, a orillas de Atlántico, hasta Banyuls-sur-Mer, en la costa mediterránea. Decidimos realizar un tramo de los Pirineos Orientales, más cercanos a Barcelona. Dado que las primeras etapas (últimas según la guía) eran prácticamente llanas, optamos por entrar directamente en situación y comenzar en el refugio de Ull de Ter, a 2600 m. de altitud. Desde allí progresaríamos hacia el oeste, en sentido contrario al indicado en la guía, unos 8 o 9 días durante los cuales primero seguiríamos la frontera hispano-francesa y luego atravesaríamos Andorra. Antes de partir, reservamos plaza por teléfono en el refugio de Ull de Ter y también para la noche siguiente en una gîte en Eyne, un pequeño pueblo en el lado francés.
Alto Recorrido Pirenáico
Día 1: Martes 12 de Julio, Ribes de Fresser – Ull de Ter
Recién pertrechados, viajamos en tren desde Barcelona hasta Ribes de Fresser, al pie de los Pirineos. Allí compramos provisiones para dos días y preguntamos por el sendero que lleva a Ull de Ter. Cuando comenzamos a caminar es mediodía, y hace bastante calor. Nos detenemos a descansar unos kilómetros más arriba, en el pueblo de Queralbs, para luego continuar ascendiendo hasta llegar al refugio de Coma de Vaca, ya en un valle de alta montaña. Allí tenemos una mala experiencia: entramos, saludamos y preguntamos dónde podemos coger agua, y al sentamos en una mesa a descansar se nos acerca el guardián para decirnos, no con muy buenos modos, si no hemos visto el letrero de la puerta, y nos suelta que tenemos que consumir algo. Pues vaya un refugio de montaña, pienso. Que lo cambien de nombre y lo llamen bar, o motel, o lo que sea...
Desde Coma de Vaca seguimos ascendiendo remontando el curso de un río. La subida es dura y las piernas me han empezado a pesar. A 2600 metros de altitud damos con el HRP (balizado como GR11 en ese tramo) y lo seguimos hacia el este en dirección a un collado. Por el camino vemos un número considerable de rebecos, que huyen de nosotros ladera arriba apenas nos acercamos. El descenso hasta el refugio de Ull de Ter nos lleva media hora más. Llegamos cuando ya ha comenzado a anochecer. En el refugio hay algunos senderistas, menos de los que esperábamos. Todos son franceses. Tras hacernos la cena en el camping gas, hablamos un rato con una pareja. Ella nos comenta que le gustaría que en Francia la gente supiera divertirse como hacemos los españoles, y yo le comento que en España quizás debiera haber menos bares y más gente caminando por aquí (aunque esto último a mí no me haría demasiada gracia). Somos los últimos en subir al dormitorio, bastante cansados debido a la caminata.
Día 2: Miércoles 13 de Julio, Ull de Ter – Eyne
Se hace duro levantarse y tener que ponerse otra vez la mochila sin haber tenido apenas velada la noche anterior. La jornada de hoy es ya propiamente del HRP. Durante la mañana recorremos la cuerda que hace las veces de frontera, coronando varios picos de casi 3000 metros, entre ellos el Noufonts (2861 m.) A ambos lados disfrutamos de vistas magníficas, con el valle de Nuria a nuestra derecha y pequeños lagos en los valles franceses a nuestra izquierda. Luego iniciamos el descenso hasta Eyne. En total la etapa nos lleva ocho horas de caminata, contando los descansos. Llego a la gîte muy cansado y quemado por el sol, pero la ducha me acaba dejando como nuevo. La gîte no es sino la casa parroquial del pueblo, y la dueña una mujer mayor que según nos explica vivía antes en Toulouse.
Aún contando con una estación invernal, Eyne es un pueblo pequeño. Tras preguntar por un lugar donde poder cenar, acabamos tomándonos una cerveza en el Art-Art Café, donde precisamente esta noche se celebra una soireé (velada), con parrillada y todo (es la víspera del 14 de Julio, fiesta nacional francesa). Por desgracia se ha apuntado más gente de la esperada y no hay carne para todos, pero nos invitan a volver más tarde para tomarnos otra cerveza con ellos. Finalmente cenamos en la misma gîte, tras rogarle a la dueña que nos prepare lo que sea. La improvisación acaba consistiendo en arroz blanco y en una fantástica tortilla de queso. Antes de acostarnos nos acercamos al café, donde tenemos la ocasión de ver la manera que esta gente de divertirse, con actuaciones y cantos, y vino, por supuesto, como no podía ser de otra manera en estas tierras francesas. Estuvo muy bien como experiencia, pero nadie se acercó ni siquiera a preguntarnos de dónde éramos.
Día 3: Jueves 14 de Julio, Eyne – Lacs du Carlit
Tras las etapas de las dos jornadas anteriores se agradece que la de hoy sea más tranquila y no tenga apenas desniveles que superar. Como nos sobra tiempo, nos desviamos hacia el pueblo de Font Romeu, que resulta ser un hervidero de turistas. Allí compramos provisiones para los dos días siguientes y llamamos por teléfono para reservar plaza en dos de los refugios por los que pasaremos los próximos días. Luego continuamos avanzando por un sendero bastante transitado hacia el Coll del Pam y el Estany de la Pradella, donde encontramos un refugio no guardado que habíamos visto en el mapa y en el que habíamos pensado pasar la noche. Pero al estar un poco descuidado y esperarnos al día siguiente una dura jornada con la ascensión al pico Carlit (el más alto del Pirineo Oriental), decidimos hacer noche más adelante. Bordeamos el lago de Les Bouilloses y llegamos a una zona de lagunas en las faldas del macizo granítico del Carlit. La noche se nos presenta despejada así que acabamos acampando al raso, encendiendo un fuego en el que asamos un poco de carne que habíamos comprado en Font Romeu. Resulta siempre un momento único ver arder la leña teniendo el cielo estrellado sobre la cabeza...
Día 4: Viernes 15 de Julio, Lacs du Carlit – Bésines
Me he levantado notándome ya cansado, y por si fuera poco la vista del Carlit (2921 metros) no augura sino una durísima jornada. Carlos parece mucho más fresco. Antes de comenzar a caminar, una manada de caballos se nos echa encima y nos obliga a subir a unas rocas próximas (para evitar una posible coz). Carlos, “el hombre que susurra a los caballos”, consigue tranquilizarlos y hacer que sigan adelante. Con el camino libre, nos ponemos en marcha. La ascensión resulta exigente y rompepiernas, sin apenas sendero en el último tramo, y también el descenso, en largo zigzag por una ladera casi vertical. Descansamos abajo, junto a un arroyo, sin poder dejar de contemplar el pico que hemos dejado atrás. Luego bordeamos un enorme lago. Hace mucho calor y voy justo de fuerzas, y por si fuera poco por el camino nos encontramos con tramos de nieve y hasta con un río que saltar. Al otro lado del lago el sendero asciende hasta el Coll de Coma d’Anyell para descender a continuación hasta el refugio de Bésines, final de nuestra jornada. El refugio está abarrotado de senderistas franceses, menos mal que habíamos reservado plaza. Tras la cena, uno de los guardas nos indica sobre el mapa el camino hasta el próximo refugio, Juclá, una casa sin guardar a orillas de un lago, ya en territorio andorrano. Me acuesto pronto, para recuperarme del duro esfuerzo realizado hoy.
Día 5: Sábado 16 de Julio, Bésines – Juclá
Desde el refugio de Bésines descendemos por un sendero hasta l’Hospitalet-près-l’Andorre. Nos tomamos el inicio de jornada con tranquilidad, pues según el mapa más adelante nos espera un fuerte tramo de subida. Como durante los próximos tres días no pasaremos por ningún pueblo, nos detenemos en Hospitalet para comprar provisiones: embutido, queso, fruta, galletas, frutos secos y pasta para cocinar en el camping gas.
Ahora la mochila sí que pesa, y el ascenso desde Hospitalet hasta el Coll de l’Albe, frontera con Andorra, se me hace durísimo, más que ningún otro de los que ya llevamos. El camino es de todas maneras espectacular: remonta entre pequeños lagos mientras el valle se va encajonando hasta presentar la cresta fronteriza, un último tramo que me obliga a detenerme a recuperar el aliento varias veces mientras Carlos espera ya arriba. Pero acaba valiendo la pena, porque desde la cresta el panorama es único y me hace olvidar el cansancio de golpe: se divisan las cimas del País de los Pirineos, desde donde supongo que poca gente llega a verlo, picos y picos que se extienden bajo el cielo hasta perderse de vista. Y ni un solo ruido. Se cumple una vez más: cuanto más cuesta llegar, cuanto más se sube, mejor es el lugar, mejor es la vista.
Descendemos durante una hora hasta llegar al lago de Juclá y al refugio. Es una habitación amplia, con literas, chimenea, dos mesas enormes, leña, botiquín... Mientras descansamos, aparece un grupo de españoles y dos chicos franceses. Todos han subido desde Incles. Los franceses han encendido fuego para asar carne en las parrillas que hay fuera. Nosotros hacemos spaghetti. Compartimos la cena. Pasamos una buena velada, hablando a la luz de la luna, mientras los españoles cenan dentro. Durante la noche dormimos bien y recuperamos fuerzas, a pesar de los tremendos ronquidos de uno de los españoles. Nos llegaron a despertar a todos ¿Seguro que no fue un oso que se metió de noche en el refugio?
Día 6: Domingo 17 de Julio, Juclá – Sorteny
Tras la dura etapa de ayer y todas las que ya llevamos desde que salimos de Ribes de Fresser, las fuerzas comienzan a ir muy justas, por lo menos en mi caso. Hoy de nuevo tenemos una etapa con fuertes desniveles, y más larga aún que las anteriores. Un punto a favor es que la mochila pesa algo menos que ayer.
Siguiendo el trazado de la etapa descendemos hasta Incles, pero luego el camino no viene muy bien indicado y nos vemos obligados a ascender ladera a través hasta llegar al Estany del Querol, donde paramos a comer. Tras el descanso, continuamos el ascenso hasta llegar a un collado desde donde se divisa el enorme valle al otro lado, con el Coll des Meners, flanqueado por dos picos, a lo lejos. Tardamos casi cuatro horas en bordear el valle, a ratos por camino, a ratos entre las rocas. Desde el Coll des Meners la vista es de nuevo magnífica. Anochece cuando llegamos al refugio de Sorteny. Es parecido al de Juclá. En su interior nos encontramos con un francés solitario, que nos explica que está recorriendo la ruta completa, de mar a mar, desde Hendaya hasta Banyuls. Lleva veinte y pico días caminando. Hoy ha llegado hasta aquí desde Mounicou, donde nosotros llegaremos, si todo va bien, pasado mañana. Por lo que cuenta, lleva un ritmo de casi dos etapas de la guía de Véron por día. Su aspecto físico, delgado, fibrado y demacrado, da fe de ello. Por un momento pensé que se trataba del mismísimo Véron. Se acuesta pronto. Nosotros nos ponemos a cocinar los spaghetti que nos quedan, a la luz de las velas, sin hacer mucho ruido, para no molestarle.
Día 7: Lunes 18 de Julio, Sorteny – Estany Fourcat
Cuando nos despertamos, el francés ya ha salido. Me levanto más descansado que otros días. Hoy nos espera una etapa algo más tranquila, con menos desnivel de subida que las tres anteriores. Y de nuevo la mochila se ha aligerado.
Hace buen día cuando comenzamos a caminar. Seguimos la carretera durante una hora en dirección a la estación de esquí de Ordino-Alcalís. Carlos no va hoy tan bien, parece estar acusando el esfuerzo de las últimas etapas. Bromeo con él, diciéndole que voy a demarrar y dejarle clavado. Atajamos por sendero hasta llegar a los tres Estanys de Tristaina. En el último, el más grande, paramos a comer y a recobrar fuerzas. Es un lago espectacular, con las aguas de color azul oscuro y rodeado por enormes muros de roca. Parece el escenario de una película de fantasía.
Reanudamos la marcha en dirección al Coll de l’Albeille, frontera con Francia. El cielo ha comenzado a nublarse. Pasamos a caminar sobre nieve. Al mismo tiempo, la niebla acaba por echarse encima nuestro. Seguimos ascendiendo con dificultad, ayudándonos con las manos y tratando de no perder de vista las piedras apiladas que marcan el sendero. Echo en falta no haber traído unos guantes. Finalmente llegamos a la cresta fronteriza. Apenas se divisa más allá de veinte metros, pero el camino parece descender tendido y estar bien indicado, con marcas amarillas pintadas cada poco metros.
La cosa se nos complica un poco más abajo. Han vuelto a aparecer zonas de nieve, no vemos marcas en estas zonas, y la niebla se ha cerrado más. Acabamos perdiendo el camino. Nos ayudamos de la brújula y del mapa para seguir avanzando en la dirección que creemos correcta, aunque con tanta niebla resulta difícil saber si avanzamos por donde debemos o no. Además ha comenzado a lloviznar. Llegamos a pasar un momento de apuro, al darnos cuenta de que hemos perdido la brújula. Retrocedemos sobre nuestros pasos. Afortunadamente la encontramos cincuenta metros más atrás, caída en el suelo, en un punto donde tuvimos que ayudarnos con las manos.
Más adelante volvemos a encontrar las marcas. El camino pasa a ascender por una ladera rocosa. Ahora llueve más, y ha comenzado a hacer frío y viento. Llegamos a un pequeño paso entre las rocas, donde nos protegemos del viento durante un par de minutos para consultar el mapa, pues no sabemos si hemos llegado o no a la altura del refugio. Resultaría peligroso pasárselo de largo. Calculamos que no debe estar lejos, y decidimos seguir avanzando. Como en mitad de una noche de insomnio, entre la niebla aparece una oveja, luego otra, luego otra más... Las seguimos por el sendero. Cruzamos un pequeño barranco, y mientras nos detenemos a preguntarnos dónde demonios estará el refugio, lo vemos aparecer de repente, fantasmagórico, entre la niebla, a apenas diez metros de nosotros.
Nos acogen los guardas del refugio. Dejamos la ropa mojada y las botas en un cuarto y nos tumbamos a descansar en el dormitorio que nos han dado, en el piso superior. Ha comenzado a granizar, y resulta un espectáculo verlo a través de la ventana abierta.
En la sala común, antes de cenar, hablamos con una pareja catalana. Aparte, hay una familia belga. Al sentarnos en la mesa aparecen dos pescadores franceses, que acaban amenizándonos la velada con sus historias y chistes e invitándonos a ir con ellos a la mañana siguiente para verles pescar truchas.
Día 8: Martes 19 de Julio, Estany Fourcat – Mounicou
Ni la ropa ni las botas se nos han secado del todo, y decidimos que hoy será nuestro último día de ruta. Desayunamos, cogemos nuestras mochilas y acompañamos a los pescadores al lago que hay junto al refugio. Ya han estado pescando antes de que amaneciera. Sin la niebla, los alrededores del refugio no parecen tan inhóspitos. Estamos con ellos un buen rato, pero no les vemos pescar ninguna trucha. Nos explican que es más difícil que las truchas piquen cuando ya ha salido el sol. Tras despedirnos de ellos, nos ponemos en camino.
La jornada, exceptuando el primer tramo, es un continuo descenso. Pasamos por una zona de cadenas. Luego dejamos atrás dos lagos. Más adelante las rodillas comienzan a fallarme, y me veo obligado a avanzar más despacio. Tras descansar y comer algo a la sombra de un pequeño refugio, y descender durante una hora más, llegamos a Mounicou. Son apenas cuatro casas junto a una carretera de montaña. Vemos un pequeño café con una mesa fuera y nos sentamos en ella a beber algo. Le preguntamos a la dueña, una mujer mayor, si cree que nos cogerá alguien si hacemos auto-stop, y nos dice que sí con la cabeza.
Pasan cuatro o cinco vehículos pero no para ninguno. Finalmente nos coge una mujer que viaja con su hija. Está de vacaciones, recorriendo en coche el sur de Francia. Nos lleva 30 kilómetros hasta Tarascón, donde llegamos a tiempo de coger el último tren a España. En el vagón, durante el trayecto, pasamos bastante calor. Entre túnel y túnel reconocemos algunos de los lugares por los que hemos pasado estos días. En la frontera nos hacen cambiar de tren. El resto del viaje lo pasamos conversando con una pareja de estudiantes bolivianos. Al bajar del tren en Barcelona, en la estación de Plaza Catalunya, el bochorno de la ciudad nos golpea de lleno. Hogar, dulce hogar... o no... Con la mochila otra vez a la espalda, y sorteando a la gente que abarrota el andén, nos encaminamos hacia las taquillas del Metro. |
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