
Día nefasto por la Quebrada de Humauhaca (tramo final)
Jujuy: Purmamarca | 0 comentarios.
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Lleno de la pureza y sencillez de Yavi fuimos a La Quiaca pensando en bajar hasta Salta para encontrarnos con unos amigos allí, pero el camino tenía otros planes para Diana y quien les cuenta este viaje...
Conseguimos pasaje enseguida hasta San Salvador, subimos a un bus con toda la pinta de nuevo, pero... una vez dentro descubrimos que el baño no tenía agua y lo peor, estabamos a una distancia de 1 metro de él...
La primer media hora de viaje fue bien hasta que bajó una chica al baño, yallí comenzó el infierno. El olor se hizo insoportable, y fue increscendo a través del viaje, ya que la gente seguía entrando al baño sin importarle el olor. Intentamos leer, pero no podíamos concentrarnos ni para eso. Felizmente -porque no todo es tan malo- descubrí una ventanita mínima arriba nuestro, que abrimos al máximo y esa fue la salvación, el aire tardó un rato en cambiar, pero gracias a eso llegamos sanos a San Salvador. Claro que eso no fue todo...
Apenas salimos de LQ entramos a Gendarmería, donde paramos y nos hicieron bajar a todos para controlarnos. A nosotros nos hicieron las preguntas de rigor: de dónde viene, adónde va, con quién, etc. (Como a la mayoría, estas intromisiones y molestias "por su seguridad" como ellos dicen, me irritan mucho.) Y a otras personas, especialmente las que tenían documentos bolivianos y cargaban con "portación de rostro", como dice la policía, les revisaron y revolvieron todo. Luego de una hora perdida, reiniciamos el viaje, pero en cada puesto de Gendarmería que cruzamos nos pararon -y hay unos 4 o 5 puestos- e incluso llegando al último puesto nos volvieron a hacer bajar y a revisar todo de vuelta. Así que lo que estaba estipulado para llegar a las 4 de la tarde terminó llegando a las 18 horas. Increíble.
Cansados, pero aún con esperanzas de remontar el día buscamos viaje para ir a las termas de reyes... pero el taxi estaba 20 pesos -el pasaje de LQ a San Salvador nos había salido 18- y el bus que iva hasta allí pasaba uno por hora. Decidimos pasar la noche en S.S. y volvimos al hospedaje donde comenzamos las vacaciones. Nos bañamos, y enseguida se larga una tormenta enorme. Contemplando cada enorme gota que caía desde nuestra habitación, al segundo trueno se corta la luz... felizmente había una luz de emergencia... que a los 15 minutos también se apagó. Ya totalmente seguros de que ese no era nuestro día, salimos a comer. En el centro había luz, por lo que pudimos comer bien. Ya agotadísimos fuimos derecho a dormir, y al día siguiente a las termas.
Esperamos una hora y por fin llegó, metiéndose entre valles y selvas que rebalsaban con cascadas de árboles de todos los tamaños y formas, llegamos en el bus hasta las termas. Preguntamos en dos hostales, pero estaban completos, ya que la gente del lugar va allí y hace las reservas. Fuimos a un tercero, pero también estaba todo lleno... Viendo que no había otra alternativa, hicimos una caminata por la selva y enseguida volvimos al centro, donde decidimos ir al pueblito que nos faltaba recorrer, y que felizmente decidimos pasar de largo al comienzo: Purmamarca. Salta quedaba demasiado lejos, y luego de la experiencia de San Salvador, no queríamos saber nada con meternos en otra ciudad.
Llegados a Purmamarca el clima, el paisaje y la onda mejoró muchísimo. Pudimos retomar el camino de la Quebrada que veníamos haciendo y disfrutar mucho con los trekkings que se pueden hacer en el pueblito. En la plaza del pueblo hay un mercado de artesanías bueno, pero de precios un poco más caros que en Tilcara o Iruya. Conseguimos justo una habitación por 20 pesos -acá tambien estaba todo completo- y los días se nos pasaron entre caminatas, malabares y lecturas. También fuimos a una obra de títeres para adultos en un barcito muy lindo donde también hacían muestras de arte, y una noche nos quedamos escuchando al comienzo, y cantando todos juntos después, todo el repertorio de esos temas que sabemos todos con picada y cerveza de por medio.
Purmamarca, con aire cálido y sus caminos diversos y amplios nos llenó de paisajes casi extraterrestres -imperdible el camino del colorado- y nos abrió el camino a otro destino inesperado: Las salinas grandes.
Las salinas están de camino al corredor biocéanico, una ruta bien mantenida y segura que cruza todo Chile y Argentina, y que en este tramo sube la cuesta más abrupta del país: La Cuesta de Lipán.
Mañana sigo |
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