Existe un restaurante mexicano en Madrid llamado "Entre suspiro y suspiro" porque sus dueños, residentes a caballo entre Madrid y México, supiran por Madrid cuando están en México, y lo hacen por México cuando están en Madrid. Esto me lo contó mi vecino de asiento en el avión que me traía de vuelta a Madrid. Yo pensé que a mi me pasa algo parecido. Casi acababa de volver de mi periplo veraniego por México, cuando ya estaba haciendo de nuevo las maletas. Esta vez el destino sería Mérida.
La península de Yucatán está situada en el sureste mexicano, entre el golfo de México y el mar Caribe. Está dividida en tres estados: Campeche, Quintana Roo y Yucatán.
Cuentan que cuando los españoles llegaron a esas costas preguntaron a los indígenas cómo se llamaba el lugar, a lo que los mayas respondieron: "Yuc - ah - tan", o sea, "no entiendo", y los españoles pensaron que ése era su nombre (algo parecido a lo que les ocurrió a los ingleses con los canguros en Australia).
El 6 de enero de 1542, Francisco de Montejo fundó la ciudad de Mérida. Actualmente capital del estado de Yucatán, es conocida en todo México como la "ciudad blanca", por su luz y el color de sus edificios de piedra.
La ciudad fue amurallada para protegerse de los ataques de los mayas, y aún hoy siguen en pie varias de sus puertas.
A pesar de pertenecer a la república mexicana, las comunicaciones con el resto del país no fueron buenas hasta bien entrado el SXX, en cambio sí lo eran con Europa por vía marítima. De ahí que Mérida aparezca como una ciudad impactante, y que el viajero que llegue por primera vez se impresione de ver tanta influencia francesa en sus edificios, hasta el punto de que su avenida principal, el Paseo Montejo, parezca una versión reducida de los Campos Elíseos de París, con palacetes de estilo neoclásico francés.
Mérida, la T´ho maya, la ciudad blanca. Afirmar esto es quedarse corto. Es multicolor en cualquier época del año. Ciudad ajardinada, sus avenidas están flanqueadas por flamboyanes, buganvillas y acacias. De hoja perenne y con dos floraciones al año.
Diseñada de forma lineal, la ciudad gira en torno a su eje central, la calle 60 que la atraviesa de norte a sur.
En Mérida todo es original, es un cóctel perfecto de lo mexicano, lo europeo y lo maya. Pasearse por el zócalo es pasear por el corazón de México, pero sólo tienes que caminar un poco, hasta la Plaza de la Madre para pensar que estás enñ cualquier plazuela de una capital de porvincia española. Se te sigues hasta la Plaza de Santa Lucia, y tienes la suerte de que sea jueves en la noche, te introducirás dento del mundo indígena. Podrás admirar a los mestizos, con sus huipiles ellas y sus trajes blancos ellos, bailar la jarana o cantar serenatas.
Mérida es una ciudad deliciosa, tan mexicana pero tan diferente. Los yucatecos se autotitulan medio en broma, medio en serio, "hijos de la hermana república de Yucatán", y es que tantos años de aislamiento con respecto al resto del país les ha conferido una idiosincrasia muy especial que no sólo se nota en la arquitectura, sino también en la gastronomía y el idioma.
El plato más típico es, junto con el frijol con puerco, el queso relleno, un queso de bola holandés vaciado y relleno de carne picada y cocinado con khol (especie de bechamel) y salsa de tomate. Yo personalmente lo recomiendo. La cochinita pibil, el mucbilpollo (típico de la fiesta de todos los santos), panuchos y dzalbutes, y así hasta los 1.500 platos que se dice sólo se cocinan en Yucatán.
En cuanto al idioma, yo pienso que los yucatecos hablan "yucateco", con ésto quiero decir que no sólo el acento y el ritmo son diferentes al resto de mexicanos, sino que también su vocabulario es una mezcla "sui géneris" de castellano antiguo, contemporáneo e idioma maya. Por ejemplo, los yucatecos no cosen, "costuran", el hierro es "fierro". Si te dicen que "no buscan algo" es que no lo encuentran. Si se "pasan a caer", es que casi se caen. Si se te ve el "tuch", es que se ve el ombligo, y si te huele el "xich" es que te huele el sobaquillo. Pero las palabras yucatecas por antonomasia son "maare" y "huay". Son dos expresiones que todos los yucatecos utilizan, y si no lo hacen es porque no son yucatecos.
A 40 kms. del golfo de Mexico y 300 kms. de Cancún, goza de un clima tropical todo el año que yo añoro (sobre todo ahora que cae agua nieve en Madrid). A poca distancia se encuentran las ruinas de Chichén-Itzá y Uxmal, joyas del mundo maya.
En definitiva, Mérida es sinónimo de luz, color, alegría, fiesta. Los yucatecos son absolutamente encantadores. Como diría una yucateco: "Maare, qué lindo es Mérida. Huay, ya me quiero regresar", |
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