Esto no es un diario propiamente dicho, sino un pequeño extracto de mi diario personal sacado de mi viaje en el 2004 por varias zonas de Asia, por lo que pido entendáis el lenguaje coloquial del mismo. La esencia es el lugar y las sensaciones que nos produjeron.
CAMBOYA – DEL 21 AL 23 DE JULIO – SIEM REAP – ANGKOR WAPT
Al dia siguiente nos levantamos relativamente temprano, desayunamos en el hotel y tomamos dos taxis para ir al aeropuerto, Javi también venía con nosotros ya que intentaría conseguir un vuelo para Phuket hoy mismo, tardamos cerca de una hora en llegar al aeropuerto y nos despedimos del mister, asi que solamente quedábamos cinco para afrontar algo totalmente diferente, y…volamos a Camboya.
A nuestra llegada al aeropuerto de Siem Reap la impresión fue la que en realidad es, estar en mitad de la selva, de la nada y de todo, no hay ruidos, apenas gente y enseguida te das cuenta de que una aventura distinta estás apunto de empezar. Pasamos la aduana pagando allí mismo 20 dólares del visado, (ojo, le dan el mismo valor al euro que al dólar, por lo que si no llevas dólares pierdes dinero), salimos de la terminal, y nos encontramos algunos nativos ofreciéndonos sus vehículos, no tenemos muy claro lo que queremos porque entre otras cosas no sabes si estas cerca o lejos de los templos y de la ciudad, al final nos decidimos por un chaval con una furgoneta en la que hay espacio para los cinco, y le pedimos que nos lleve a algún hotel bueno, que esté cerca de la entrada a los templos. El primer sitio que paramos nos gusta bastante, huele a nuevo y el personal es muy amable, a decir verdad, personalmente quedé embelesado con la recepcionista, todavía recuerdo la dulzura, exotismo y belleza de su rostro. Por lo demás negociamos con ella el precio de la habitación ya que al ser temporada baja y no tener muchos visitantes podías apretar un poco, eso si, siempre sin pasarte ya que en el fondo esa gente lo necesita más que uno, la habitación nos salió por unos 21 euros día incluido el desayuno. Dejamos las maletas y decidimos salir para ver algo los templos ya que eran las 15.00 horas, el guía nos comentó que no valía la pena pagar 20 dólares para entrar en el parque, ya que a partir de las 17.00 horas la entrada era gratuita, asi que nos propuso una excursión por el lago que hay cerca del pueblo Siem Reap, cosa que nos parece razonable y aceptamos con la idea de que era un mal menor (pronto nos dimos cuenta de lo equivocados que estábamos), Recordar también que el acuerdo que llegamos con el guía fue de 50 euros por los dos dias con nosotros.
Nos pusimos en marcha en dirección al lago pasando por las afueras del pueblo, y algunos de nosotros íbamos dando cabezadas por el viaje de la mañana, aunque poco a poco el sueño físico pasó a ser sueño de incredulidad, si amigos, no sé vosotros como recordáis aquellos momentos, pero para mi, fue como sin darte cuenta entras en un agujero negro del cosmos y te trasladas mil años atrás, el tiempo se paró, y no quería avanzar, y allí estábamos, como seres bajados del espacio, rodeados por decenas de críos, que te piden les des algún presente con el que iluminar sus rostros llenos de vida.
Entre nuestro estupor, el guía nos deja en el poblado y cada uno vamos saliendo del coche como si fueras un futbolista famoso que trata de llegar a las puertas del hotel sin que te intercepten los tifosi, conseguimos llegar a la orilla del río que desembocaba en el lago, y un par de críos nos hacen señales para que nos montemos en su pequeña y rudimentaria embarcación, asi lo hacemos, aunque todavía no me explico como no perdimos el equilibrio y caímos en las negras y fangosas aguas. Una vez instalados los cinco, la embarcación comenzó su viaje hacia la desembocadura del río en el famoso lago, decir que se hizo el silencio, es faltar a la verdad, pues el pequeño motor de la embarcación rugía como el que más, pero para nosotros, aquello era silencio, no se si alguna vez habéis tenido la sensación de estar en un lugar en el que la gente está interpretando su propia obra de teatro, me viene a la memoria aquella famosa película de Jim Carrey “El show de Truman” donde todo el mundo aparentaba que el protagonista no existía.
Pues algo asi pudimos disfrutar, las cientos de chabolas al borde del rio, con la gente haciendo su vida cotidiana, lavando ropa, limpiando comida, transportando utensilios, comerciando entre ellos, Críos bañándose en esas aguas infestadas de manglares, serpientes e incluso cocodrilos, con la tranquilidad de los padres, que en nuestro mundo resultaría imposible de comprender.
Vimos algo parecido a una iglesia, una cabaña que sólo supimos que era el hospital por la cruz que tenía en el dorsal de uno de los maderos. Y así podría seguir horas y horas de relato, hasta que desembocamos en el lago.
Poco a poco fuimos despertando del sueño, y recordamos que teníamos cámaras de fotos y de video, por lo que empezamos a utilizarlas, la inmensidad del lago salta a la vista, no tiene fin y algunos lugareños nos dicen que tiene quinientos kilómetros de extensión, sólo sé que cuando observé el mapa ya me parecía extraordinariamente grande.
Decidimos regresar no sin antes hacer una parada en una pequeña cabaña entre los manglares donde vendían souvenir dos muchachas que no tendrían ni nueve añitos, les compramos alguna cosilla, y decidimos tomarnos un refresco con ellas para hacerles algún gasto, vimos cocodrilos que tenían en cautividad, y subimos a una torre donde se podía divisar la magnitud del lugar.
Ya de vuelta, más de lo mismo, pero recuerdo con toda nitidez a una cría de unos 3 añitos dentro de una palangana ella sola navegando por el río, y pensé “esto tiene que ser lo más parecido a la libertad que tanto se nos llena la boca de expresar en occidente”.
Desembarcamos y les damos una propina de diez dólares a los dos niños de la embarcación, que corren raudos en su bicicleta, sabe dios hacia donde para gastárselos.
Nos montamos en la furgoneta de nuevo y nos dirigimos a los templos de Angkor Watp ya que son las 17.30 de la tarde, y como dije, el pase es gratuito, está anocheciendo y empieza a caer una fina lluvia, por lo que empezamos a agradecer, el haber alquilado este tipo de transporte.
De repente, al torcer una curva dentro de la inmensidad del bosque y la vegetación se nos aparece Angkor Watp, sencillamente majestuoso, se encuentra rodeado por un pequeño lago, y sus bloques de piedra ennegrecida nos recuerdan el paso de los siglos y de los millones de ojos que en este tiempo lo contemplaron. Nos bajamos del vehículo a toda prisa ya que sólo tenemos el tiempo justo para hacer las fotos de rigor que en este caso vienen acompañadas de un muchachito del lugar, al que no le importa posar con nosotros.
Seguimos avanzando entre la selva para llegar al templo de Bayon, el momento es mágico, pues no encontramos ningún turista, y observamos cómo la poca claridad del día se nos aleja poco a poco, sólo escuchamos los cánticos de no sé que pájaros, y la mezcla del sonido y el anochecer frente al templo nos inmoviliza los rostros, que se niegan a mirar hacia otro lado.
La estatua del buda de la pagoda al lado del templo sólo es posible divisarla gracias a los lazos rojos que la cubren, pues la noche ya es cerrada en esta tierra de paz.
Y volvemos, regresamos poco a poco, ya que nos hemos ido separando durante el trayecto, para volver a reencontrarnos en la furgoneta e iniciar el regreso al hotel.
En el trayecto, acordamos con el guía que nos lleve a algún sitio típico de comida camboyana, algún lugar de su confianza, y después de pasar por el hotel y buscar una casa de cambio, llegamos al restaurante bajo un tremendo aguacero típico de esta época monzónica.
En realidad la cena no fue nada del otro mundo, apenas nos gustó, ¡Cómo nos acordamos de la deliciosa comida china en aquel lúgubre restaurante chino de Bangkok! Así que al final de la cena, todo el cansancio acumulado durante la inolvidable jornada vivida se nos presentó de repente.
Decidimos irnos al hotel a dormir, no sin antes quedar con el guía a eso de las nueve de la mañana para ver en su plenitud todos los templos de este sagrado lugar.
Eso si, antes de acostarnos algunos decidieron darse un baño en la piscina del hotel mientras otros nos conectamos a internet en el hotel para tratar de describir las vivencias de estos días a los amigos dejados en nuestro pais.
A la mañana siguiente nos despertamos temprano cerca de las 8 de la mañana para poder desayunar tranquilos antes de que llegara nuestro guía, que por cierto nunca he comentado su nombre, el es Mr. Virak, nacido en Camboya pero formado en Moscú donde cursó sus estudios, por lo que nos comentó hablaba perfectamente ingles y ruso, aparte del camboyano, claro está.
Otro comentario que quiero hacer es que recuerdo que allí todo el mundo tenía muy presente la dictadura sufrida por el régimen comunista de Pol Pot unos años antes, donde se asesinaron cerca de dos millones de personas, y es que en este confín del mundo los genocidios estaban a la orden del día.
En fin, la cuestión es que partimos en la furgoneta hacia el templo principal, Angkor Watp, que ya habíamos visto la tarde anterior, pero sin llegar a cruzar el puente. El tiempo amenazaba lluvia, como todos los días, pero decidimos seguir para adelante, puedes pasarte horas recorriendo el templo y sus alrededores, pasando por el puente principal, y llegando hasta el templo propiamente dicho, el cual para acceder hay que escalar peligrosamente hasta la cúspide, para llegar a su entrada, todos ellos tienen el mismo diseño que las pirámides aztecas en México.
Cuando llegamos a lo alto, después de tomar todas las fotos posibles, observamos con calma los alrededores y la inmensidad de la jungla que teníamos delante, y que desde luego, no tenía fin, íbamos de un lado para otro, separados solo por unos pocos metros, comentando con excitación donde poder hacer la foto ideal, hasta el globo aerostático que asomaba por la jungla tenia su encanto.
Lo cierto es que antes de dejar el interior del templo empezó a llover más fuerte de lo normal, y claro, pasamos una odisea para bajar los gigantescos bloques de piedra que componen el templo, sobre todo mí amigo Juan.
De repente, la lluvia arreció, y se convirtió en una tormenta tropical, los cielos oscurecieron, y la claridad se disipó, corrimos hacia la salida cual si nos persiguiera un tigre de aquellos lares, pero cuando encontramos refugio ya era demasiado tarde, no quedaba un trozo de tela de nuestra ropa que estuviera seco, y todo en cuestión de minutos, pese a todo, el ánimo lo teníamos intacto y seguimos tomándonos fotos de nosotros mismos bajo la lluvia, a sabiendas de que aquella era una situación especial. Recuerdo que nos refugiamos los cuatro (Jose Antonio estaba a su aire) en una especie de parada de bus, a donde para sorpresa nuestra acudieron varios crios pequeños intentando vendernos alguna postal del lugar, joder!!! Pero si estaba lloviendo a mares y no les importaba!!!, entre todos ellos, había una pequeña niña que tenía algo especial, puede que fueran sus ojos, o su sonrisa, o puede que el gorro que le cubría media cabeza, la cuestión era que se nos caía el alma al suelo cuando te hablaba en perfecto ingles, las cuatro frases que suelen aprender para la ocasión, la realidad fue que nos hizo mas felices a nosotros que nosotros a ella.
También recuerdo que no encontrábamos a Mr. Virak por lo que tuvimos que echarlo a suertes para ver quien era el guapo que bajo ese torrente de agua salía a buscarlo, y la verdad tuvimos mucha suerte, pues el destino quiso que le tocara a la persona más preparada físicamente para ese tipo de carreras, y corrió entre la lluvia, y no se le cayó el paquete de ducados, y encontró la furgoneta. Que arte señor!!! ¡Si lo hubiera visto su profesor de gimnasia del instituto!
La cuestión es que ya estábamos en la furgoneta y Jose Antonio no apareció hasta media hora después, eso si, como un señor, sin una gota de agua, pues hábilmente le compró a un niño su paraguas, para dejar al pobre crío a la intemperie contra viento y marea.
Y seguimos adelante hacia el templo de Ta Prohm , el cual nos resultó fascinante contemplar la mutua interrelación entre los árboles y las piedras, tal cual tuvieran vida ambos.
La lluvia seguía cayendo y fuimos cogiendo algunos paraguas que les sobraban al guía, aunque Antonio quiso hacer lo mismo que Jose A, un rato antes y le compró el paraguas a una niña…..¿comprar? bueno, si mi amigo hubiera tenido la mínima noción lingüística del idioma de Shakespeare, se habría dado cuenta de que la pícara niña le estaba alquilando el paraguas.
Y así seguimos contemplando templos cada cual con algo distinto que descubrir, pasamos por la puerta de la victoria, que es una de las cinco puertas de entrada a los templos de Angkor Thom.
Continuamos por el Prasat Kravan en cuyas alturas escuchamos los silencios del lugar. Para más adelante llegar a las doce torres de Prasat Suor Pral, que viene a ser como una gran explanada bordeada por esas doce torres color rojizo. Allí pasamos un buen rato recorriendo el templo de Baphuon que estaba en restauración, lugar donde unos chiquillos nos seguían a todas partes intentando hacernos de guía, aunque no entendíamos nada el camboyano mezclado con el ingles, de todas formas, cuando nos internamos por los alrededores del templo, bordeando un poco la jungla, dejaron de seguirnos, en ese momento no llegamos a pensar nada, pero más tarde pude leer que en algunas partes de Angkor todavía resultan peligrosas debido a las minas antipersonas.
A esa hora ya lucía el sol en la jungla, y el hambre apretaba, así que decidimos comer en ese mismo lugar, tratar de describir el sitio es difícil para un occidental, no sabemos que tipo de carne comimos allí, (mejor omito lo que todos imaginamos), Pero para que Antoñín se deje la comida en la mesa ya es grave la situación, eso si, lo que nunca nos faltaba era la compañía de la chiquillería durante toda la comida. Por narices Jose A. tuvo que comprarle un collar a su novia, bajo la atenta sonrisa de aprobación de aquella pequeña furia oriental que le tenía secuestrado.
Por la tarde continuamos viendo varios templos más, pero el cansancio empezaba a dejar huella, además en todos los sitios nunca faltaban los chiquillos, que ya resultaban ser agotadores.
Volvimos a pasar por Bayon, como el día anterior, tengo que decir que de lejos y con la claridad del día parece un caos de piedras, pero visto de cerca es sencillamente impresionante, con sus torres y los cerca de doscientos rostros sonrientes representando a Avalokiteshvara. Se mire donde se mire, siempre son visibles una gran cantidad de ellos. Nunca olvidaremos a los crios desnudos bañándose en la charca de delante del templo, pues la imagen como tantas otras era imborrable.
Ya son casi las cinco de la tarde y el guía nos dice que la puesta de sol es espectacular desde el Phnom Backeng que es un templo-montaña que hay en la terraza de los Elefantes, y al cual acuden cientos de personas al atardecer, allí nos dirigimos subiendo el terreno empinado de la ladera hasta llegar a la terraza donde está el templo, de inmediato comprendemos que se llame de los elefantes, ya que hay una gran cantidad de ellos para pasear a los turistas. Cuando subimos a lo alto del templo no cabe un alfiler, y nos vamos dispersando cada uno por su lado buscando la mejor foto del lugar, Los paisajes son dignos de los mejores cuentos orientales, con las interminables extensiones de arrozales, y la majestuosidad de Angkor Watp emergiendo entre la jungla.
Son las seis y media y decidimos dar la jornada por terminada, han sido cerca de ocho horas por el parque, pero ha merecido la pena, y más cuando tienes la sensación de que no volverás a pisarlo.
Como el servicio de guía de Mr. Virak termina a las nueve de la noche, le decimos que nos lleve directamente a Siem Reap, a buscar una tienda para descargar las fotos echas, en un cd, ya que las tarjetas estaban a rebosar, la ciudad era pequeña, pero con mucha vida a esas horas, cientos de motos con dos o tres personas, por todos lados, me recuerda las imágenes que nos muestran las calles de Saigon, eso si, nadie te molesta, aunque tengas cara de occidental, ¡es todo tan distinto a Tailandia! Las típicas miradas curiosas, pero en general, todo el mundo sigue con su vida, por lo que siempre he pensado que es aquí donde habita la verdadera cultura oriental.
Después de esto decidimos volver al hotel a reponer fuerzas antes de salir a cenar, te encuentras a gente del servicio por los pasillos y te hacen la típica reverencia de inclinación del cuerpo, no me acabo de acostumbrar a estas gentes, las muestras de respeto son maravillosas en este lugar.
Al día siguiente Mr. Virak nos estaba esperando para llevarnos al aeropuerto, para dirigirnos a Bangkok y a las islas del mar de Amdaman, justo cinco meses antes del tsunami que barrió esta parte de la costa Asiática, pero esto es otra historia….
Bye Cambodia, we never fotgoteen!! |
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