Jordania es uno de los países del próximo medio oriente más seguros, tranquilos y hermosos del mundo. Es además, barato para la economía española y no conoce, salvo en temporada muy alta, la masificación.
Aunque ha conocido el azote del terrorismo, jamás perderá la magia que envuelve este pequeño paraíso. Por mi parte, sé que volveré muchas veces más.
Hay dos razones importantes para mi viaje. Mi amiga Irene Carmen celebraba su cumpleaños en Petra y más 40 personas tomamos el vuelo Madrid a Amman para acompañarla, y la segunda es que me han hecho un escanner cerebral y a mi regreso conoceré el resultado de varias pruebas más. Así que este viaje, a pesar de las limitaciones por la medicación, se convierte en algo muy especial. Por eso recé junto al olivo que plantó devotamente en el Monte Nebo Juan Pablo II, o compré agua del río Jordán, para bautizar al bebé que va a tener mis amigos Maite Catalán y Juancho, Y quería volver a disfrutar las puestas de sol en el mar Rojo, donde el agua parece arder. Por eso compré una pequeña reproducción en oro del Tesoro de Petra que llevo al cuello para recordarme cada día al despertar que tengo que aprovecharlo como si fuera el último de mi vida.
Adelanto que las pruebas, días más tarde, verificaron que mi mal había desaparecido y que me encuentro con una salud excelente.
Ammán, que se llamó Filadelfia, fue construida sobre siete colinas pero ahora se asienta sobre más de 17. La extensión es muy grande y los iraquíes acomodados han construído auténticos palacios en la zona residencia. Sor Pilar, de las Misioneras Combonianas, es de Zaragoza y nos cuenta cómo pasaban en la guerra con bolsas de basura llenas de dólares. Ella trabaja en un hospital y nos pone al día de la realidad del país. Han subido los impuestos pero sigue siendo el lugar más maravilloso que conozco para los viajeros.
Tomamos rumbo hacia Jerash, a 50 km de Amman. Allí se rodó la famosa carrera de Ben Hur y está el arco de Adriano, el templo de Afrodita, la avenida de las Columnas, y el teatro. Un grupo de ex militares, vestidos de la época, nos da un pequeño concierto.
Como experiencia curiosa, la de flotar en el mar Muerto, el punto más bajo de la tierra. Es la tercera vez que lo visito y la primera que voy a meterme en ese cúmulo de agua salada. O de sal aguada, no lo tengo muy claro. El mar Muerto esta a casi 400 m por debajo del nivel del mar, el nivel de agua baja continuamente y nos cambiamos en el Movenpick.
Hay bandera roja, pero ¿qué le vamos a hacer una vez allí? Meternos, claro. Tras los primeros pasos me caigo de rodillas sobre un lodo marronáceo cuajado de piedrecillas de sal, de aristas cortantes. Menos mal que no hay vida animal, porque a todos los que allí entramos nos ocurre alguna avería. Intento flotar, pero mi trasero siempre da en el fondo. Es que entre que no cubre nada y que es gordo... Me digo si tendré que irme hasta Israel – que queda enfrente- para quedarme contenta. Veo a Iñaki que me amenaza con tirarme un puñado de lodo. No tira a dar, lo que es de agradecer, porque será o no curativo, pero da mucho asco.
Carmen Beguer ha perdido sus zapatillas en el lodo e Irene Carmen se mete al agua con un bañador de La Perla. “Bah, si es viejo”, dice tan tranquila, antes de entrar en semejante locura, que quede claro que sólo ocurre porque está picado el mar. Normalmente, doy fe de que hay calma chicha. Mientras me ducho e intento quitarne el lodo negro de encima, un japonés se cambia frente a mi y compruebo que no es cierto sobre lo que dicen de las medidas de la virilidad de los orientales. O es el Nacho Vidal de los japoneses, claro.
Salimos en bus camino al monte Nebo (a 47 km de Amman) donde se cree que Moises divisó la tierra prometida y donde murió aunque nunca se han encontrado sus restos. Daniel Carmen hace una reflexión que le sale del alma al mirar los secarrales: “si los hizo cruzar el desierto y el Mar Rojo, para mi que se cargaron ellos mismos a Moisés al llegar aquí y ver dónde les había traído”.
En la basílica hay una gran cantidad de mosaicos y María López (de López Soriano, que a partir de ahora será María-Lo) y yo compramos tierra para nuestras respectivas familias y para Pilar Yarza. Tras Madaba visitamos la iglesia cristiana ortodoxa de San Jorge, dónde se encuentra el mapa mosaico más antiguo de Palestina. Salimos de Madaba con el tiempo justo de llegar a Kerak y comer en un restaurante junto a la fortaleza, construìda Balduino I de Jerusalem en 1132 dentro de la linea defensiva de los cruzados. La película de El reino de los Cielos se rodó en el castillo de Loarre, pero pretendía ser Kerak.
Y llegamos a Petra. Tardísimo, porque hay que vestirse de etiqueta. En una habitación esperan 5 peluqueras locales a las señoras. Yo tengo la suerte de llevar el cabello corto y me lo arreglo sola. Luego, Isabel que comentaría el asombro de Iñaki al verme en Ammán, porque me había conocido hace años con mi melena larga y rubia, en lugar del pelito corto y castaño que llevo ahora. Y que me queda estupendamente, qué narices.
En media hora aparecemos todos y todas en el hall ante el asombro de los turistas, que imagino que piensan que estámos rodando una película. Es de noche y nos suben a un bus.
Nos dejan a a la entrada del desfiladero. Mis tacones se clavan en las alfombras que cubren el camino no sé hacia dónde. A lo lejos se escucha una flauta y caminamos hacia la música, sólo alumbrados por pequeñas velas. Se ilumina un templo y se nos ponen los pelos como escarpias: tocan dos lugareños música mientras hay unas jaimas de lujo montadas de hotel de cinco estrellas. Es increible.
Estar dentro de Petra... cenando, vestida de fiesta, sobre alfombras, con el templo iluminado a mi derecha y un cielo impresionante cuajado de estrellas. El padre de Irene, Juan Carmen, tiene los ojos cuajados de lágrimas por la emoción del momento. Hasta los organizadores, Javier Lozano, de viajes Orienta, y Ahmad de la agencia Ugarit (pedid viajar con esta agencia de viajes jordana a vuestro minorista, porque es una pasada), están noqueados, como todos nosotros. La experiencia es impresionante. Hay comida típica y también europea y el vino de Viñas del Vero Blanco va a ser un referente ya en este viaje, ya que ha viajado en valija diplomática y no nos abandonará hasta nuestro regreso a España.
Es emocionante: uvas de Barbastro allí en Petra, corriendo por nuestras gargantas. Termina tarde la fiesta, cantamos el cumpleaños feliz y hay un castillo de fuegos artificiales. Nos enteramos de que ese mismo día ha nacido en España la infanta Doña Leonor.
Día completo en Petra, ya con nuestros pantalones vaqueros, sin maquillaje y con deportivas. Llegamos a la entrada del Sik (Bab as Sik), la vía principal de acceso a Petra paralela al cauce del rio Wadi Muza, a menudo seco. El Sik con su 1,5 km de longitud, estrecho y sus altísimas paredes hace que el recorrido sea majestuoso. Cerramos los ojos para recorrer así los últimos metros y ver de repente el Tesoro de Petra, el templo de la película de Indiana Jones. Me quedo sin habla. La primera vez que estuve no me conmovió, porque lo vi poco a poco, pero ésta me quedo con la boca abierta por el asombro. Admiramos sus 40 m de alto y 28 de ancho, las tierras rosáceas, las vetas rojizas, otras tumbas, un teatro con sus 33 hileras de asientos con gradería en forma semicircular excavado en la roca.
Algunos hacen la subida al Templo (800 escalones), pero servidora no está para esfuerzos. Prefiero curiosear el museo y saborear una cerveza – sin alcohol - . La tarde es bellísima y nos proponen ir a conocer los baños públicos de la ciudad. Algunas valientes decimos que bien. Al entrar, Pilar Ibáñez, propietaria del Gimmasio Residencial Paraíso sale por pies, y yo me quedo pensativa. Nos desnudamos en lo que parece un puticlub de las películas de los años 60 de José Frade y una lugareña, pañuelo negro en la cabeza, cejas unidas como la gaviota del PP y botas de goma hasta las rodillas, nos hace pasar al hamman.
María Lo, no pierde los nervios y decido quedarme, pero la docena de españolas que estamos en bañador miramos de forma rara a las inglesas que están en el hamman, con cara de besugo a la parrilla, escuálidas y apenas cubiertas por un trapillo de rayas, similar a los que aparecen en las películas de las cárceles. Nos sentamos sobre el mármol blanco, para ir adquiriendo el color de salmonetes, mientras las más valientes se colocan en los reservados donde el vapor llega a los 50 grados. Alguien del grupo descubre que usan las mismas manoplas para exfoliar la piel en todas y tres del grupo se visten y huyen al hotel.
Maria José, de Jóvenes Empresarios de Burgos, me dice que eso no es lo peor, que ha descubierto que luego te lavan con un esparto y jabón lagarto de cuando los Nabateos, y que aprovechan el agua para aclarar a varias. Nos da el telele a todas. El bullicio es enorme, entre las risas de histeria y la necesidad de negociación, que se impone.
Me convencen para ir a negociar con las lugareñas, dadas mis nociones (pésimas) de árabe, un esparto nuevo y un guante exfoliante, pagando un plus, además de agua limpia en el aclarado y me acompaña María José.
Apenas hemos recorrido diez metros fuera del Hamman, cuando aparece la lugareña que tiene una sóla ceja , me apunta con una manguera sin mediar palabra, me la enchufa y con ella me reconduce al hamman. Una vez que he superado el estupor, y viendo que las artes diplomáticas no tienen éxito alguno, corro en cueros bajo el chorro de agua helada, me entra un ataque de risa, que se contagia al resto de chicas, que no pueden creer la escena que están viendo, y que se hinchan de a carcajadas mientras también sufren el agua fría de la manguera para parar la insurrección. Reimos hasta llorar, contagiando de paso a la jordana, dispuestas ya a coger la infección que haga falta. Que no cogimos ninguna, conste.
Paso tras la valiente María López Palacín. Me digo que como hay confianza, me da menos palo ver los pellejos de ella que hay en el guante de exfoliar que están a punto de usar conmigo. No sé si Pitita, que es médico en el Departamento de Sanidad del Gobierno de Aragón, va a heredar los míos. Tras insistir la jordana en mis sobacos y detrás de las orejas, me quedo reluciente y lista para trepar a la mesa de mármol, modelo sala de disección de cadáveres CSI.
Allí me fregotea bien la que antes me reducía con la manguera - son simpatiquísimas - con el esparto de color indefinido, el jabón lagarto y usan el agua de la anterior. (Merche). Pitita aseguraría después que le quitaron hasta lo negro de las uñas de los pies que se le quedó del mar Muerto.
Masaje amplio luego, y me hacen ponerme de pie toda enjabonada. Para no abusar del agua, me aclaran con el mismo agua con la que han aclarado a Merche y a María José – está vez voy antes que María Lo – con un rudimentario cuenco.
Me envuelven con toallas verdes cuerpo y cabeza y salgo a la zona que parece un puticlub de película de Fraden donde me reuno con el resto de chicas, todo terciopelo rojo y nosotras con nuestras toallas fashion, a la vez que degustamos un té a la menta y un vaso de agua. El "regente" me ofrece un Winston que acepto. Es como una escena de las de Landa y los Ozores.
Las carcajadas no paran. Hay tres médicos en el grupo de chicas y Beatriz me augura, muerta de risa, unos hongos como souvenir – que no los hubo - . Esperanza sale sin lavar del hamman aprovechando un descuido de la señora de la manguera porque ha escapado al exfoliante y al jabón lagarto, aprovechando un descuido.
Tras vestirnos con nuestra ropa nos quedamos de compras por un pasaje próximo. Hace frío en el desierto y nos enamoramos de algunas piezas. María se compra un collar precioso y yo una pulsera de tortugas de plata. Después aparece Iñaki y nos vamos a mirar alfombras y a callejear. Hay que vestirse para cenar y tomar antes una copita de Viñas del Vero en la habitación de Irene. Al vernos aparecer, las carcajadas son tan fuertes que imaginamos que ya conocen la experiencia en los baños públicos. Desde ese momento soy nombrada "embajadora oficial" del grupo, dado el éxito que tuvo mi misión.
Bus destino Wadi Run, que me recuerda a aquel actor que se pintaba los ojos, Peter O´Toole, intepretando a Laurence de Arabia. Tenía manía a este desierto pero lo veo con otros ojos, Nos acompaña desde ayer un policía dentro del bus y vamos en 4 X 4. El nuestro lo conduce un chaval de 13 años. El desierto es rojo, con grandes dunas y petroglifos. Mágico y especial. Me sumí en una meditación larga. Después, fuimos a un campamento a comer, que yo conocía de hace un año y medío y lo vi muy, muy cambiado. Me alegré porque esta gente reciba turismo y dé mejores servicios.
Y llegamos al hotel de mi ciudad favorita en todo el mundo: Aqaba. Es de noche y paseo con Iñaki en silencio por la playa privada del hotel. Miro a Iñaki con cariño, porque siempre se puede contar con él como un cómplice y no son precisas las palabras. Ante nosotros tenemos las luces de la ciudad judía de Eilat. El hotel es de lujo superior y nos unimos a otro grupo.
Termina el Ramadán y hay alegría en las calles. Tomamos un buen grupo varias botellas de Enate blanco de nuevo en la habitación de Irene, esta vez en Aqaba.
Por la mañana un grupo vamos con Kepa, el cuñado de Irene, a Coral Bay – a 8 kilómetros de Arabia- a ver los bancos de corales y de peces. Lo del snorkel no me convence pero Ana, la sobrina de Irene, me da unas clases de respiración. Kepa me llevá unos metros de la mano y me meto en harina y veo... a Nemo nadando a mi lado. Es... como estar dentro de un acuario. A Pilar Ibáñez, unos peces negros le dan besitos en los brillantes de su anillo. La mujer de Jesús Sesé lo convence para que se sumerja en el mar Rojo. No está por la labor pero, poco después, bucea como un profesional entre los corales. En Aqaba compro un pequeño colgante de puerta en oro del Tesoro de los Nabateos.
Regresamos a Ammán en autobús. El aeropuerto tiene muchas medidas de seguridad que yo no recordaba. Regresamos a España. Un día más tarde se producen los atentados en los hoteles. Sentimos el dolor como nuestro. Es un hermoso país. Recojo los resultados en la Clínica Montpelllier. Casi abrazo al radiólogo Yarza. Celebramos los análisis en familia.
Acaricio mi colgante de Petra. Cojo el teléfono y llamo a Irene para contárselo. Nunca podré agradecerle a ella y al resto de viajeros (Nico, Isabel, Mercedes, Angel, Carmina, José Angel, José Ignacio, Lidia, Ainhoa, Inma, etc...), las vivencias de esta semana en el Paraíso... regada con vino del Somontano. PILAR BARRANCO |
Publicar en
|
¿Qué te pareció este diario? |
|
|