Durante el año 2003 hice un viaje de un año por el Sur Este de Asia, donde tuve la oportunidad de viajar por Tailandia, Laos, Camboya, Vietnam, Malasia y luego India y Nepal.
Esta vez me sentare para contarles mi viaje que tuvo lugar en India. Llegue proveniente de Tailandia, la verdad es que no estaba dentro mis planes viajar por India pero conocí a una chica japonesa que me convenció, me dijo que u odiaba India o se me metería por la venas, así que decidí probar y tuvo razón.
En 1 semana arregle todo para que mi visa estuviera lista y compre mi boleto aéreo, entre tanto indagaba un poco mas acerca de este enigmático país. Volé desde Nueva Delhi donde conocí a Rachel, una amiga australiana pero inglesa de nacimiento. Llegamos a Kolkata (antigua Calcuta, la que fuera un día la capital de India). Al momento de salir del aeropuerto, que fue una verdadera proeza, fue un doble choque fuerte e impactante. Uno el calor insufrible que se vivía en esos días y el segundo porque ver la ciudad fue como regresar 50 años o estar viviendo una película netamente inglesa, de los tiempos en que India era la colonia inglesa por excelencia. No sé exactamente que era, no se si eran los autos, el ambiente o... en realidad es difícil de explicar. Pero los nervios del viaje, los inconvenientes que tuve en el aeropuerto y la prisa por llegar a un lugar fresco donde poder tomar una ducha y descansar interrumpió ese primer shock. Tomamos entre 4 un taxi que nos llevaría al centro de la ciudad, éramos todos viajeros que sin conocernos concertamos en dividir los gastos del taxi, por lo que llegamos al centro... un lugar muy frecuentado por los mochileros... no había tiempo para buscar demasiado, había que encontrar algo y pronto si no moriríamos asados bajo el sol de justicia de Calcuta.
Decidimos con Rachel compartir una pieza que era la que teníamos a la disposición y durante los próximos 4 días iríamos descubriendo en la medida de lo posible los rincones de esta excitante ciudad. Durante estos días hacíamos un esfuerzo extra-humano recorriendo sus calles a pie, teniendo los ojos muy abiertos para no tropezar con... los recuerdos que dejan las vacas, animal sagrado en India, y que se pasean en medio de la multitud de autos de esta ciudad. Porque Kolkata es una ciudad inmensa y por lo tanto caótica en extremo, hay autos que no reparan en nada ni nadie... hay bicicletas en millares que también, el único cuidado que tienen es no ser arrollados por los coches y hay rickshaws que en su afán de terminar la carrera no terminan de ver lo que tienen al lado, en frente o por detrás... a todo ello hay que sumarle el peligro del metro que atraviesa la ciudad.
Decir que son solo las vacas quienes dejan recuerdos en las calles sería una mentira piadosa, ver a humanos hacer sus necesidades fisiológicas en plena calle transcurrida no es una exageración a la verdad.
Fueron 4 días de lucha perenne contra la ansiedad que da el calor al no poder disfrutar de una cómoda noche de descanso, como llegamos antes del monzón, las temperaturas pueden alcanzar sin miedo a equivocarme entre los 45 y 50 grados centígrados mas la humedad que hay que sumarle.
Luego de considerar seriamente cual seria nuestros próximos pasos decidimos movernos hacia el norte, a una ciudad que únicamente me recordaba a algunos anuncios de televisión... El té de Darjeeling.
Nos indagamos, leímos acerca de esta ciudad y nos dimos cuenta que esta ciudad fue un remanso de tranquilidad y era un paraíso donde los altos mandos ingleses durante la colonia se trasladaban a este lugar para disfrutar de su inmejorable clima. Para llegar a Darjeling había que hacer un ultimo esfuerzo, había antes que todo vencer la burocracia India, ya que en transporte común para ciudadanos indios es limitada la plaza que se dan a diario para que los turistas puedan viajar ya que es increíble la cantidad de gente en India... están por aproximarse a un billón de habitantes y dentro de muy pocos años sobrepasaran a la población de China, convirtiéndose así en el país mas poblado del Planeta Tierra. Llegamos a las oficinas de tren en Calcuta, llenamos los formularios y nos dieron fecha para viajar, así que solo nos quedaba mas que esperar lo mejor que pudiéramos para escapar del infierno. Llegó el día que viajábamos hacia Siliguri tras trece horas de viaje por tren, allí es la estación donde podíamos tomar el tren hacia Darjeeling, es un tren que ha sido calificado como de interés nacional, pero lamentablemente no teníamos plaza así que decidimos hacer uso de unos jeeps quienes nos subirían a las escarpadas montañas de Darjeeling sobre una altura de 2,400 metros sobre el nivel del mar. Poco a poco vimos como el panorama iba cambiando drásticamente, las montañas iniciaban a cobrar un verde especial, estaban llenas de plantaciones de té, era inimaginable esas escenas.
Finalmente llegamos, era un alivio, se respiraba y no se transpiraba, había un movimiento inusual porque llegamos en tiempo de vacaciones en India y como la mayoría de las familias que pueden pagar el lujo, al igual que nosotros huían del calor de Kolkata y venían a refugiarse en Darjeeling, lo cual le daba un colorido especial a esta ciudad. Encontrar lugar donde dormir no fue tarea fácil y a eso hay que agregarle que donde quiera que íbamos por información había que subir montes y picos.
Darjeeling es un lugar precioso, y la mayoría de su población es de origen nepalí, y convive con una comunidad en exilio tibetana también, ese fue mi primer encuentro real con el Budismo Tibetano. Allí tuve la oportunidad de ir a conocer diferentes templos budistas, también fábricas de te, y sobre todo de ver como las mujeres se ganan el pan diario trabajando en las extensisisimas plantaciones de Té Darjeeling.
Conocí mucha gente durante mi viaje, ya que debo decir que estaba haciendo un viaje con mi "backpack" de mochilero, así que me hice de infinidad de amigos con quien hasta la fecha tengo una fuerte amistad, y alguno quienes cambiaron el rumbo de mi vida también.
En la tranquilidad parcial que nos ofrecia esta ciudad nos dedicamos con Rachel y otros nuevos amigos a realizar excursiones hacia lugares preciosos, visitando templos, llamados “Gompas”, y asistiendo a rituales budistas llamados “Pujas”
Aunque el lugar era maravilloso teníamos que continuar nuestro viaje y con Rachel decidimos irnos a Sikkim, aun mas al norte de India, es un lugar que aun se considera sensible, militarmente hablando porque esta ubicado en el extremo norte entre Nepal, Bhután y China, el eterno rival de India, así que con rigurosos permisos y un poco de burocracia logramos nuestra autorización para continuar nuestro viaje, allí es aun mucho mas alto, mas verde y para mi, el lugar de las mil y una cascada de agua, hay tantas cascadas que me maraville, verde en todo su esplendor.
Disfrutando del buen tiempo en Sikkim y tras las celebraciones conocí a un chico alemán, llamado Dominik quien me conversó a cerca del propósito por el cual estaba en Sikkim. Había estado trabajando anteriormente en una ONG en el sur de India y con el propósito de iniciar una nueva etapa había viajado a Sikkim. Le acompañe a las oficinas de la ONG, allí nos explicaron con detenimiento las tareas que un voluntario debía de realizar, por lo que Rachel viendo mi entusiasmo me termino de convencer que allí iniciaría una nueva etapa en mi vida. Iniciaría a trabajar en esta ONG para luego continuar mi trabajo en otras siempre rozando el cielo de los Himalayas.
Con Dominik viajamos a una población muy retirado de la ciudad y por tanto de la civilización, los próximos 45 días que era el máximo que teníamos de autorización por parte del ejército indio de permanecer en estos lugares tendríamos contacto directo con la población llamada ”PASTANGA”. En este pueblo nuestra misión sería hacer un trabajo de sensibilización acerca de lo que es el Eco turismo, porque dentro de pocos años sería un lugar abierto para el turismo, por lo que nuestra meta era concienciarlos acerca de cómo cuidar el medio ambiente, ya que poseen riquezas incalculables en cuanto a recursos naturales, pero sobre todo poseían la riqueza de no estar contaminados con el mundo occidental, y su afán por el consumismo. En 45 días debíamos prepararlos para la globalización de la cual serían sujetos.
No sé en realidad que ha sido de ellos, tengo muy pocas noticias pero lo que si puedo decir es que parte de mi corazón y buenos recuerdos han quedado entre su maravillosa gente, entre los senderos verdes y caídas de aguas cristalinas, pero sobre todo en la inocencia de su población que aun no ha perdido el don de sonreír. |
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