SAN FRANCISCO, CA.
Ya estoy en tierra del tío Sam, en primera escala hacia el sureste asiatico y después de un vuelo tranquilo de cuatro horas desde la ciudad de México a San Francisco, bella ciudad californiana, me agrada el venir a esta ciudad, su arquitectura, tan diferente al de otras ciudades del mismo estado, ciudades inclusive relativamente cercanas como Los Ángeles. Esta ciudad de San Francisco se fundo como ciudad en 1850 cuatro años después de que se le arrebatara a México, gran parte de nuestro territorio nacional, en el año 1846, anteriormente se llamaba Hierbabuena, pero, aquí esta el pero, en 1848 se descubrió o se dio a conocer sus insospechadas minas de oro, lo que produjo una gran cantidad de buscadores de oro, lo que a la postre provoco la fundación de la ciudad.
Esta cuenta con dos puentes principales para el desarrollo de su economía, uno es el famosísimo puente Golden Gate y el otro es el San Francisco-Oakland. Sus calles con grandes pendientes que me han recordado a mi añorado Xalapa, ciudad en la que nací, pero ahí no hay un romántico y antiguo tranvía, como aquí, en San Francisco, este tranvía, es conducido por un fornido tranviario, alto, mas de 2 metros, quizá dos metros 10 centímetros blanco y de gran bigote con un peso que calculo en mas de 140 kilos, pero se ve ágil, maneja con destreza una serie de palancas y los emocionados paseantes nos podemos subir o bajar por todos lados, ya que este tranvía es abierto totalmente, tal y como lo hemos visto en películas o comerciales, o como alguna vez, tuvimos en la ciudad de Veracruz, y sus habitantes se sentian orgullosos de su medio de transporte, pero una mala decisión, de sus autoridades los mando desaparecer, sin embargo aquí en San Francisco, aun funcionan y seguiran funcionando, por muchos años, pues son una parte del atrativo de esta ciudad.
El barrio chino Chinatown es interesantísimo, cuenta con la mayor colonia de chinos fuera de ese país, El paseo por los muelles es también grato, pasillos con piso de madera en los que se encuentran negocios diversos, venden de todo lo que compra el paseante americano, gorras, llaveros, playeras, algodones, palominas, hot dogs, hamburguesas, coca-cola, alquiler de cuadrimotor, bicicletas, dulces, etc., tantas cosas que ver y disfrutar.
También al final de la avenida Embarcadero hay un lugar interesantísimo, donde están los leones marinos ahí echados en unas tarimas puestas a propósito a fin de que descansen estos animales, no los conté pero fácilmente hay mas de 100 de ellos, hacen un ruido ensordecedor con sus aullidos o sonidos guturales, lo mas increíble es que no están encerrados, son libres de irse, pero ahí están y parece muy contentos y felices sobre todo cuando les dan de comer por parte de la municipalidad, bueno hasta yo seria feliz así, sin necesidad de visa y que me sirvieran la comida, otro lugar interesante es el zoológico de la ciudad.
A la hora del almuerzo la gente local, sale a almorzar y por ahí se puede encontrar buena comida, por el Financial District, cerca de los embarcaderos, existen unos negocios callejeros, eso si limpios y formales que venden lo que come el estadounidense en su hora del almuerzo, (hamburguesas, hot dogs, ensaladas de verduras frescas, etc., esto es como a las 11 de la mañana, también venden comida hindú en una especie de pan, como si fuera una torta, tal como la conocemos aquí en México, con un sabor bastante agradable, también hay fruta muy variada y con una presentación que se antoja, aquí nos podemos dar cuenta que toda la fruta es exquisitamente seleccionada en su presentación, no es lo mismo ver duraznos, fresas o manzanas, aquí en San Francisco, que verlas en México, su tamaño, su empaque y su color, nos muestra en que país estamos. Por allí nos encontramos también riquísimos helados.
El venir de compras a San Francisco, es reconfortante y eleva tu autoestima. Pienso que esto mismo me sucede solo en tres ciudades del mundo, San Francisco, New York y Paris. Y no importa que no compre nada o casi nada, con solo venir de tiendas a comprar solo una camisa o unos jeans, se que los voy a portar con orgullo o bien, solo un reloj de 100 o 200 dólares, pero el mismo me hace sentir orgulloso de portarlo, como el ultimo reloj que me compre recientemente, lo adquirí en Paris en un barrio hermoso, a un costado del Museo de Orsay, sobre los la Av. Campos Elíseos, no costo demasiado pero el mismo tiene un grabado de una pintura de Èdouard Manet y para mi es un reloj muy valioso.
Aquí, en San Francisco empecé mi gran aventura, llegar a visitar algún lugar que no conozco es emocionante y esto lo he disfrutado grandemente por toda la vida, así sea un viaje en mi ciudad o sus alrededores, o en mi país, México, el cual es casi imposible conocerlo en su totalidad ya que cuenta con lugares maravillosos, pero muy distantes unos de otros o bien en viaje internacional.
En cualquier viaje me gusta observar todo, sentarme por ahí y recorrer con la vista alrededor tal y como si fuera a hacer una pintura, verlo tranquilamente y tratar de poder recordarlo mentalmente por toda la vida, quizá las fotografías que llegue a sacar, solo sean para reafirmar lo que tengo aquí en mente, así lo he hecho de por vida, algunas veces me pongo a pensar, como vería un pintor, cualquiera, es lo mismo, en el párrafo anterior recordé a Edouard Manet, el, como empezaría una pintura, de que se yo, de los campos Elíseos en Paris, por ejemplo, se pararía por ahí observaría, caminaría unos pasos volvería a observar, dar de vueltas para allá o para acá, y después ya con todo visto se pondría a trabajar, bueno pues así soy, yo no pinto, ni soy famoso, pero cuando salgo de viaje, así observo y así me grabo mi viaje y me da resultado y cuando quiero recordar, mi memoria me envía, no fotos sino toda una película de recuerdos.
Asia para nosotros los latinoamericanos, es casi imposible, el hacer siquiera por una sola vez un viaje tan lejano, nuestros gobiernos nos han acabado por muchos lustros, uno puede estar dando lo mejor de su vida en el trabajo y resulta lo inesperado, ya sea una devaluación o desequilibrio económico y tu trabajo y el dinero que hayas ganado y ahorrado se fue a la basura, desapareció y de que sirvió tanto esfuerzo, por eso hoy si tengo dinero, mejor me lo gasto en viajes, en vez de ahorrarlo, no sea que mañana haya otra devaluación y otra vez sin nada.
Nuestro presidente Vicente Fox, si viera esto que esta escrito aquí, diría, que mal mexicano eres Roberto, pero los palos que nos han dado los últimos gobiernos, nos han hecho desconfiados de toda palabra que sale de un político. El dinero que se gana no rinde, el esfuerzo que hacemos para tener unas buenas vacaciones nunca lo vemos amasado, siempre lo vamos a necesitar para otras cosas necesarias en nuestro diario vivir, esto nos impide que se tenga el dinero suficiente para hacer un viaje tan interesante a otro continente, así que solo pueden hacerlo algunos, solo algunos exitosos o bien políticos que ganan lo que ningún mexicano común, ellos se aprueban su sueldo a costa de los impuestos y hay veces son tan altos sobre todo los de senadores y diputados que simplemente no podemos igualarles y normalmente ellos viajan con cargo al gobierno mexicano, pero se que mi esfuerzo me cuesta y aquí estoy realizando mi viaje.
Estamos ya en el aeropuerto de San Francisco, pasamos migración y aduanas sin contratiempos y después de haber caminado por pasillos amplios llegamos a una sección central, en el que se muestran diferentes aviones antiguos ahí se distribuye hacia las diferentes secciones del aeropuerto.
Lo primero que hicimos fue ir de tiendas dentro del mismo aeropuerto, no hacia frío, como lo esperaba, así es que lo primero que hice fue deshacerme de mi orgullosa campera argentina, fue a parar a un bote de basura, no sin antes haberla revisado que no trajera nada en sus bolsos exteriores e interiores, alguien por ahí me vio con recelo, no podía creer que estuviera tirando mi chamarra, lo que no pudo ver aquella persona es el estado de la misma, solamente vio la parte no destruida, pues el daño lo escondí discretamente, aunque después tuve una preocupación mas. En los aeropuertos de Estados Unidos, constantemente están avisando a los pasajeros que si ven algo extraño, avisen a la policía, pensé y me dije para mis interiores, y si esta persona que me vio piensa que lo que hice es extraño, ya me estará persiguiendo la policía en los próximos minutos, pero afortunadamente no paso nada, lo que no les he contado es que en la ciudad de Mexico, al pasar los controles de seguridad, no habia charolas para poner las chamarras en la maquina de rayos X, asi que me vi obligado a ponerla directamente sobre los rodillos de la maquina y los mismos han destrozado mi chamarra a tal grado que se atasco el mecanismo y tuvieron que parar la maquina y desarmar los rodillos, ya te imaginaras como a quedado mi prenda de vestir, lista para el bote de basura, no la tire en Mexico, ganas no me quedaron, pero pensando que en San Francisco hacia frio según habia visto en Internet, pense que cuando menos para cuando baje del avion, en la rampa movil, ya en el interior del edificio del aeropuerto es mas calido, asi que me la lleve y por esto la he tirado en el aeropuerto californiano.
Nos dirigimos a la sala de vuelos internacionales, encontramos la sala que nos corresponde y nos hemos registrado para abordar el avión que nos llevará a Narita, Japón, observo todo a mi alrededor y me doy cuenta que la gran mayoría de los viajeros con aspecto de japoneses son adultos mayores, gente con mas de 70 años, una de tantas sorpresas que me llevaría en este paseo.
Por ahí llega un grupo de asiáticos 50 o 60 de ellos, se están despidiendo de uno, que supongo es el que va a viajar, parece muy conocido pues todos se despiden de tan venerable anciano, a cada uno le va haciendo una caravana y juntando las manos al frente en señal de respeto, así a todos en este grupo, yo no hubiera hecho esto, simplemente hubiera levantado la mano y en forma general diría, hasta luego, que la pasen bien o algo similar, pero esto de estar haciéndole caravana a todos, que monserga. Pero en fin, son costumbres que no las conocía y que estos viajes, para mi son como un maestro, o un buen libro, me han enseñado tantas cosas y que procurare poco a poco, ir contándolas.
La espera para mi es de aquellas que te provoca un vació en el estomago y no por el vuelo, sino por ir a algo desconocido, ya estamos en la sala de salida de nuestro vuelo, me asomo por los grandes ventanales del aeropuerto y admiro la grandeza de casi todos los aviones que se encuentran en esta área, son verdaderos gigantes aeronáuticos, algunos son Boeing 747 y 777 o Airbus A320 o A330 y otros semejantes, para cerca de 400 pasajeros, esto varia en cada línea aérea, de acuerdo a como sean acomodados los asientos, para dar mayor o menor amplitud a las tres comunes categorías, la primera clase, la business class y la clase Turista, y que van del continente americano al asiático. También me pongo a pensar como va ha ser el mundo de la aeronáutica, una vez que este en uso el nuevo Airbus A380, un verdadero monstruo de la aviación, con cabida para más de 600 pasajeros.
En las salas de espera se ve gente diferente, para nosotros los americanos, casi todos son asiáticos con su inconfundible característica, sus ojos rasgados, aunque hay veces me pregunto como nos verán o dirán ellos, de nosotros los occidentales.
Al fin nos han dado en el control del vuelo nuestros pases de abordar y nos dan las indicaciones de hacerlo, pasamos el control de abordaje y afortunadamente no fuimos elegidos para que nos cheque nuevamente seguridad, nos dan paso directo al avión, a la puerta del mismo mostramos a la azafata nuestro pase y nos indica los lugares a ocupar.
Estamos en primera clase, hasta lo más enfrente del avión, la atención es inmediata, nos ayudan a acomodar nuestras maletas de mano en los compartimientos respectivos, hemos entregado nuestros abrigos, uno de los cuales tuve que verme obligado a comprar en las áreas libres de impuesto aquí en San Francisco, por el ya comentado incidente en el aeropuerto de la ciudad de México, que me obligo a tirar mi chamarra y hoy estoy estrenando un abrigo que me he comprado en una de las tiendas que están dentro del aeropuerto, no hubo mucho de donde escoger, sin embargo creo haber hecho una buena compra ya que me ha gustado mucho y a Víctor también, por lo que no dude en la compra, estos los han acomodado en compartimientos especiales que se encuentran en la punta del avión, ahí donde se juntan y hacen pico los extremos de la nave, también nos entregan un contenedor de plástico transparente con todo lo que podemos necesitar en el viaje, cepillo de dientes, pasta, pañuelos desechables, tapones para los oídos, antifaz para los ojos, crema, audífonos especiales para pasajeros de primera clase, nos han entregado también el menú, que van a servir en este vuelo, muy diferente en su variedad de comida que sirven en clase turista. Al momento nos empiezan a servir champagne, nos ofrecen diarios en español, ingles o japonés aunque vio otro por ahí, que parece es en coreano, es un buen servicio, nuestro transportador es United Air Lines.
Viaje largo, de muchas millas según veo en la pantalla individual, el vuelo no será una línea recta de San Francisco a Narita en Japón, sino que sube por Alaska y se viene costeando Rusia y China, hasta llegar a la isla de Japón. Como la noche anterior solo dormí unas horas, me acomodo en el asiento que literalmente se hace una confortable cama y duermo plácidamente, eso hace que el viaje me parezca corto, no he probado ni siquiera la rica comida que sirvieron y que entre sueños me llego el olor de la misma, pero la azafata siguió mis instrucciones de no molestar y se lo agradecí infinitamente.
Mas sin embargo, no dormí todo el camino, me he parado un sin numero de veces, para caminar un poco, he recorrido el avión, desde la punta hasta la cola, voy al sanitario mas lejano, todo esto para caminar un poco, parece ilógico pero así es, caminar para descansar, aunque no tiene mayor problema, hacer un poco de ejercicio, quitarse el tedio de estar en una posición, o descansar de tener la vista fija en la pantalla que tenemos siempre encendido, ya sea viendo una película, noticias o programas pre-definidos o bien seguir la ruta que lleva el avión y ver el mapa de la localización exacta del mismo. En algunas líneas aéreas, como Thai, tienen una cámara de video en el frente del avión, por lo que puede uno ir viendo el despegue o aterrizaje. (continuare este relato) |
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