Sentidos y Sensibilidades - 1ª parte
9-26 de agosto 2004
A Mónica, amiga y compañera de viaje
¡Namasté!!! Bienvenidos a la India y Nepal, dos países dónde el viajero se pierde en un mundo de sensibilidad y emociones, y en dónde la razón no encuentra explicaciones a lo que la vida ofrece. No será fácil para el Diario Viajero intentar describir y transmitir lo que allí vivió. Sonrisas, pobreza extrema, religiosidad irracional o, al menos, poco asimilable, un choque cultural que no deja al viajero indiferente, una experiencia personal única e imborrable.
En este viaje, el Diario se ha dejado llevar por las emociones, porque la mente no podía asimilar tantas situaciones surrealistas. Ha sido el viaje de los 5 sentidos; el viaje en el que sacar fotos no tenía mérito, porque cada momento merecía la pena guardarlo en la retina de la cámara. Un viaje muy emotivo y recomendable para todo el mundo.
¿Por dónde empezar a escribir el Diario?¿Por dónde empezar a describir un país como India en el que te despiertas en los mejores hoteles del mundo, antiguos palacios de marajás, y al cruzar la puerta, te encuentras con una pobreza tan dura que parece irreal, con un caos en las calles tan terrible que si el infierno existe puede que se le parezca. Monos, elefantes, pavos reales, cerdos..¡Es la Jungla! y las vacas sagradas son dueñas y señoras de la calle. No será fácil, pero se intentará.
Lunes 9 de Agosto: Vuelo Valencia - Milán - Nueva Delhi
Un viaje a la India y Nepal no podía empezar de otra manera: cogiendo el primer vuelo a las 2:30 de la madrugada. Salimos de Valencia con una humedad ambiental muy alta y llegamos a Nueva Delhi con la boca del infierno a pie de escalera. El viaje empezaba bien, cuando al subir al avión Valencia-Milano, nos encontramos con dos azafatos con pintas de actores de pelis X serie B.
El siguiente vuelo, Milano- Nueva Delhi, tenía una duración de 8 horas y, con el desfase horario, de 3 horas y media más tarde en La India, llegamos a la noche al aeropuerto de la capital hindú. El funcionario de turno, examinaba los visados muy pausadamente y, enseguida nos dimos cuenta de que en la India, al igual que en Marruecos, "el tiempo no existe" . Música de fondo muy étnica, tapizado de los despachos de aduana con florecitas, cacheo exhaustivo y paseíllo final, una vez superados todos los trámites, con cientos de ojos negros mirando a dos "marcianas" blancas. Allí nos esperaba nuestro guía que nos llevaría al Hotel Plaza, en un coche Ambassador blanco, como recién salido de la película "Casablanca"
El coche olía a jazmín, (es muy típico llevar una corona de flores de jazmín colgando del espejo retrovisor) y los bocinazos eran el sonido ambiente. Conducir en la India, es lo más parecido a una "casa de locos". No hay semáforos y si los hay, no se respetan; la lógica de ceder el paso, responde a los bocinazos del que viene detrás, vamos, un "sálvese quien pueda en toda regla". Pero esta bienvenida era sólo un aperitivo de lo que nos esperaba...; Para rematar el día, descanso en el Hotel Plaza de Nueva Delhi y los vídeoclips más frikies del mundo mundial. Contexto: chico machote con bigote y camisa de satén, corteja a chica tan hortera o más que él. El chico tiene un coro de chicos que le acompaña y la chica también. Una de guerra de sexos . Merece la pena, en serio. Después de un día agotador, una sesión frikie de estas, levanta el ánimo a cualquiera.
Martes 10 de agosto: Nueva Delhi -Katmandú (Nepal)
Nuestro siguiente destino era Katmandú, capital de Nepal. Kasta Mandap significa "templo de madera". Este país pequeño de 22 millones de habitantes, de los cuales más de la mitad, viven en la capital, tiene el orgullo de ser el único reino hindú del mundo.El budismo e hinduismo conviven sin problemas, aunque, la guerrilla maoísta que reivindica este territorio hace estragos. (de hecho, unos días más tarde de nuestro paso por Katmandú, entró la guerrilla y la ciudad estuvo sitiada por el ejército Indio).
El vuelo Nueva Delhi - Katmandú en Indian Airlines no podía ser menos Indie: azafatas vestidas con saris, comida picante y poco más de una hora de vuelo. Nepal es un país más pobre que la India , aunque parezca mentira. Desde el avión, el paisaje es muy entrañable: un gran valle verde, y cientos de casas destartaladas, unidas entre sí por caminos de piedra, las carreteras son un bien escaso.
Rodeando el valle, que alberga 7 patrimonios de la humanidad, en un radio de 20 km, se ven a lo lejos las cordilleras con sus cimas nevadas. Aunque sean unas cimas altas, el Himalaya no se percibe desde Katmandú. Según nos comenta el chofer, la cima más famosa y alta del planeta se encuentra a varios cientos de kilómetros de la capital. Pero a pesar de la distancia, las expediciones se pueden contratar desde Katmandú. No se puede dar un paso sin ver ofertas de trekking y alpinismo. El buscado Yeti, aparece en todos los reclamos publicitarios.
Un consejo útil: para entrar en Nepal hace falta visado y se paga en el mismo aeropuerto. El precio varía según dure la estancia y se paga en dólares (unos 20 USD). Pero,¡ ojo al dato! Si conseguís entender el inglés nepalí y vais a permanecer en el país menos de 3 días, no es obligatorio el visado.
Una vez superados todos los trámites y un cacheo, aún más tremendo que en la India, el guía nos conduce al hotel de los hoteles: el Shagri-la. No hay palabras!! El Diario os recomienda ver la web del hotel para haceros una idea de este paraíso: www.hotelshangrila.com
Sus jardines y piscina de terracota son un oasis de calma en medio del caos de la calle. En las terrazas se ven varias parejas de italianos y alemanes con niños nepalíes recién adoptados. Parece ser que en Nepal es más fácil adoptar niños que en la India. Una buena idea es tomarse un "Lassi", la bebida a base de yogurt con frutas, al atardecer, en una de las terrazas del hotel y coger fuerzas antes de salir al exterior.
Katamandú es una ciudad muy bulliciosa y más que la sensación de miedo ante lo desconocido, lo que desconcierta un poco es el tráfico, la polución y el ruido. Conforme fueron pasando los días, nos dimos cuenta que en India y Nepal, muchos hoteles son auténticas "islas de tranquilidad", en dónde cargar pilas antes de salir "al mundo real". La primera salida a la ciudad fue interesante. Perderse por las calles, abarrotadas de tiendas, y palpar el ambiente es toda una experiencia. En Agosto, es tiempo de monzones y al caer la tarde, el cielo oscurece y llueve a caudales. Suele ocurrir todos los días: hace calor durante el día y al atardecer cae el monzón. Con el "monsoon" todo el mundo está contento, porque significa que la tierra recibe agua y la cosecha será buena.
Ante el diluvio momentáneo, lo mejor es montarse en un taxi, previo regateo claro, y volver al hotel. Llega la hora de cenar en el jardín de los jardines, a la luz de las velas y con olor a hierba mojada. Impresionante. En todos los hoteles, suele haber dos opciones culinarias: comida hindú vegetariana y no vegetariana. Para los estómagos más delicados, que no aguanten las especias y la comida picante, siempre queda la posibilidad de elegir un menú continental. En el Shangri-la, el servicio es impecable y su pastel de manzana es de infarto. Para que os hagáis una idea, en las guías recomiendan ir al hotel a probarlo. El primer día del viaje había llegado a su fin y con la mente bien "cargada" nos fuímos a descansar.
Miércoles 11 de agosto: Durbar square y Soyambhu Nath (Templo de los monos)
Con un desayuno de buffet libre muy nutritivo, el Diario estaba listo para otro día de emociones y sensibilidades. Con puntualidad británica, esperaba el chofer en recepción. Este viaje a la carta, con chofer y guía privado en cada lugar, coche ambassador con aire acondicionado y unos hoteles impresionantes, nos convertían en dos "marajás" privilegiadas, en medio de la pobreza. Este aspecto tenía sus ventajas materiales pero también sus desventajas emocionales.
La primera parada obligada en Katmandú es el Hanuman-dhoka Durbar, o Durbar square, declarado Patrimonio de la humanidad. La entrada a este conjunto de templos y pagodas hinduistas y budistas, construido entre los siglos XII y XVIII, cuesta 100 rupias (+/- 1,5 euros). En este recinto histórico se corona a los reyes del Nepal. La dinastía reinante fue protagonista de una historia truculenta hace unos años. Al príncipe heredero Dipendra no le dejaban casarse con su amada y acabó asesinando a la familia real. Culebrones aparte, el Palacio real con ostentación insultante, se encuentra en mitad de Katmandú, "protegido" de la miseria con muros y verjas.
El Durbar square es un auténtico museo al aire libre (foto 2). Hay dos áreas principales. www.kathmandu.gov.np . Nada más entrar en el recinto vemos el Kumari-ghar (1757), construido por el rey Jaya Prakash. Allí vive Kumari, la Diosa viviente que se supone es la reencarnación de la Diosa Tajelu. A veces se asoma a la ventana del tercer piso para deleite de los turistas. Su aparición suele coincidir, sospechosamente, con el previo pago de los curiosos. Hay que seguir el recorrido, contemplando los distintos templos, como el dedicado a Shiva, donde se concentran los creyentes que tocan la campana cada vez que hacen una ofrenda. Es un espectáculo único que afecta a los sentidos: olor a incienso y flores de las ofrendas, canciones y plegarias, color en los saris y una espiritualidad difícil de entender, cuando se ve a la gente pobre dar ofrendas , mientras los "sacerdotes-guardianes" las recogen sin mediar palabra y las van recaudando con cara de "pocos amigos". Es un choque cultural muy fuerte y el Diario recomienda observar el "fenómeno" tranquilamente, desde las escaleras de las pagodas que rodean las entradas de los templos. No perderse la Hanuman Statue (Dedicada al Dios Hanuman, mitad hombre y mitad mono). Ante él, la gente se santigua, entrega ofrendas y, a cambio, el sacerdote-guardián, les señala la frente con una pintura naranja que extrae de la cara de mono. Es muy auténtico.
Otra imagen curiosa la protagonizan los "Sadhus y gurús". Estos personajes que deambulan por los caminos de India y Nepal (Foto 1) con pinta de mendigos un poco estrafalarios, actúan como "predicadores" por su sabiduría espiritual y conducta ejemplar. En el Durbar Square hay algunos, que más que dedicarse al proselitismo, lo que hacen es ganarse unas rupias por dejarse fotografiar.
Además de ver el ambiente y los templos, es un sitio perfecto para comprar collares de sándalo, Mandalas o Tangkas (dibujos hechos a mano en miniatura que describen la vida de Buda, como "la rueda de la vida", marionetas, etc...Hay que regatear y tener paciencia. Hay vendedores muy perseverantes que te persiguen, incluso, cuando ya estás con el coche en marcha...
Para culminar la visita de Katmandú, nada mejor que ir al "templo de los monos" o "Soyambhu Nath". Este templo, conocido por los turistas como el de los monos, (hay muchos y hay que tener cuidado con ellos, porque son expertos "carteristas", está a las afueras de la ciudad. En lo alto de un monte, y desde donde se puede ver todo el valle de Katmandú, el Templo de los monos es un lugar muy auténtico. Se oyen cantos budistas, huele a incienso y las vistas son alucinantes (ver foto ).
Tras la visita de Katmandú llegó el descanso del guerrero. Bañito en la piscina del hotel y cena suculenta y bien picante en los jardines.
Al día siguiente nos esperaba uno destino muy esperado: Varanasi, ciudad sagrada conocida como Benarés.
Jueves 12 de agosto: Vuelo a Varanasi.
Si creíamos que lo habíamos visto todo en cacheos, estábamos equivocadas. A pie de escalera, antes de entrar en el avión, y después de haber pasado ya un primer cacheo en el aeropuerto, nos revisaron los bolsos de mano y casi me quitan ese mechero tan preciado, recuerdo del último viaje a Malta. Por un lado las mujeres y por otro los hombres. La guerrilla maoísta es muy temida por la India y se nota. Antes de embarcar, en el aeropuerto nepalí las escenas eran de traca: rusos bebiéndose la petaca de vodka a tragos, jóvenes nepalíes haciendo cola para volar a los países del Golfo y jugarse la vida en cualquier tipo de trabajo, por sueldos mucho más cuantiosos... Y eso para que luego, como se ha visto en las noticias, los secuestren y los fulminen en Irak sin que el gobierno haga algo por ellos.
El vuelo de Katmandú a Varanasi, apenas dura hora y media. El aeropuerto de la ciudad sagrada deja bastante que desear. Sobre todo, si tenemos en cuenta que es una de las ciudades más visitadas de la India. Además del calor sofocante y de los ventiladores de tiempos del imperio de Isabel II, tuvimos que sufrir delante de nuestras narices cómo funcionaba el soborno más descarado. Llegó la guía espabilada de un grupo de españolitos, y deslizando unas cuantas rupias sin disimulo, conseguía que el funcionario agilizara la entrada de su grupo en India. Mientras los que íbamos por libre, tuvimos que esperar ojo- pláticos a que acabaran con sus "negocios".
Allí, como siempre puntuales, nos esperaban el guía local y el chofer para llevarnos a Varun- Asi (los nombres de los dos ríos que confluyen en el Ganges o Ganga en hindú). Además de ser la "meca" del hinduismo, Varanasi también es conocida por sus sedas, mangos y por ser la ciudad viviente más antigua del mundo. Con sus dos millones y medio de habitantes, la ciudad sagrada de la India nos recibía con sus vacas y toros sagrados por la calle, y un caos circulatorio que nos dejó boquiabiertas hasta la llegada al hotel Clarks. Los toros son sagrados también porque Varanasi es la ciudad sagrada de Shiva y este Dios está representado con un moño, pelo trenzado, danzando entre las llamas y con un toro por montura ( es el tercer ojo, puede destruir todo lo que no refleje la realidad y simboliza el ritmo perpetuo de la destrucción y la recreación).
Los toros y vacas sagradas de La India, no están abandonados, tienen dueño, pero los dejan libres para que pasten solos y no les cueste una rupia alimentarlos. Las vacas simbolizan la maternidad, la caridad y la piedad. Además, según la mitología hindú, las vacas sagradas son las que permiten atravesar el río sagrado a los difuntos y así lograr la eternidad.
Muerte, religión, ruido, pobreza y mucha espiritualidad. Varanasi nos impactó desde el primer momento. Y eso que el espectáculo no había hecho más que empezar. Nos esperaban las abluciones y cremaciones en el Ganges, y vivir, en todos los sentidos, la magia de la ciudad más visitada de la India. Baño de rigor en la piscina, cena en el salón principal del hotel, decorado al más puro estilo británico decimonónico y merecido descanso, con los gurús "on line" en la tele, tipo Aramis fuster, pero con turbante.
Viernes 13: Un día para recordar en el Ganges
A las 4:30 de la mañana, el botones del hotel (como recién salido de un cómic de Tintín) nos daba el toque de queda. Para ver las abluciones en el Ganges es necesario ir antes de que amanezca, porque cuando los primeros rayos de luz atraviesan las nubes por el este, es el mejor momento. El Río Ganges o Ganga en hindi es adorado en tanto que Diosa y madre. Un baño lava los pecados porque el río es la madre protectora de la que todo fluye.
La llegada al río es indescriptible: olor a incienso y flores, cientos de peregrinos vestidos de naranja cantando y con cara de alucinados, los turistas aún dormidos con los ojos como platos y una espiritualidad que no deja indiferente a nadie.
Las abluciones o baños rituales se celebran en los ghâts (los escalones que están en la orilla del río). Desde uno de ellos, el Dasashwamedh, se cogen las barcas para contemplar el espectáculo. Algunos Ghâts tienen siglos de antigüedad y reciben el nombre de sus donadores. Uno de ellos, reconvertido en hostal y con nombre japonés, fue comprado por una turista nipona que se enamoró de un guía hindú y desde el "flechazo" , se instalaron allí. Desde sus habitaciones, muy frecuentadas por turistas japoneses, se ve el Ganges en primera línea.
Los peregrinos que acuden al Ganges tienen que bañarse en 5 sitios diferentes. Además, el hindú religioso tiene que seguir este ritual cada mañana, pronunciar el mantra sagrado, meterse en el agua 3 veces seguidas, tomar agua con la mano y devolverla al río como libación. Normalmente, los peregrinos que vienen de todos los rincones de la India, acuden al Ganges, rezan, se bañan y vuelven a sus lugares de origen con agua del río sagrado en una jarrita, para luego usarla, poco a poco, como agua bendita.
Desde las barcas, sólo se oye a la gente contenta al bañarse, los cánticos y plegarias que entonan mirando al sol. Los colores con la luz del amanecer son fascinantes. Rosados, naranjas y amarillos de los edificios, combinados con los colores vivos de los saris de las mujeres y los distintos tonos anaranjados de los peregrinos. Sencillamente maravilloso. (ver foto) Desconcierta un poco la amabilidad de la gente porque al fin y al cabo el aseo es algo personal, y tampoco tiene que ser cómodo para ellos que un montón de curiosos les miren mientras se bañan. Se ve de todo: barberos, videntes, algunos haciendo yoga, sacerdotes que reciben a la multitud para darles consejo y santiguarles, y otros a la "pata coja" sobre un pié, imitando a Shiva, (parece ser que pasó mucho tiempo de su vida en esa posición).
La marea está alta y se asoman algunos templos enterrados por el agua. Los niños que reman las barcas, lo hacen con cuidado para evitar que los fondos de madera de las barcas se dañen al pasar por encima de los templos, sepultados bajo el agua. Nos dejan en otro Ghât importante, dónde se celebra la mayoría de cremaciones: el Ghât de Manikarnika. El guía nos pregunta si queremos acercarnos pero declinamos la idea... puede más el pudor que el morbo. Está prohibido hacer fotos como era de esperar.
Para quemar un cuerpo se necesitan 350 kgs de madera de sándalo y unas 6 horas. Pero no todo el mundo tiene dinero para pagar tanta madera y, muchas veces se quema sólo la mitad del cuerpo y el resto se tira al río sagrado. Otra opción es incinerar el cuerpo en el lugar de origen y traer las cenizas para arrojarlas al río o bien utilizar los crematorios eléctricos que son mucho más económicos. Como dato curioso, el hombre más rico de Varanasi no es un brahmán de la casta superior, ni siquiera es de la casta vaisya (comerciantes o artesanos), es un intocable o paria, pero eso sí, es dueño del negocio de las maderas de sándalo utilizadas en las cremaciones.
Una vez apeados, el guía nos conduce, por un laberinto de callejuelas al centro comercial de Varanasi. El Diario sufrió uno de los peores momentos del viaje: olor a boñigas de vaca, y peligro de caída al pisarlas, suciedad, claustrofobia, moscas y mucha, mucha mugre. Si a esto se suma, el impacto del paseo en barca y el ayuno desde la noche anterior...¡No comment!
En el centro de la parte vieja de Varanasi, se encuentra el "Templo de oro", custodiado por la policía. Al lado del templo, sin permiso de entrada para los no hinduistas, se erige la mezquita que actualmente está cerrada a cal y canto. Como siempre, el entendimiento entre religiones deja mucho que desear, y el enfrentamiento entre musulmanes e hinduistas hizo el resto. Rodeando los templos, hay cientos de tiendas donde se puede comprar de todo: perfumes, esencias, sedas, saris, etc...Entre sedas e inciensos, nos saludan los mendigos siempre sonrientes y los gurús que por su sabiduría espiritual son considerados como santos. En Benarés, muchos de ellos llegados de todas partes, tienen el cuerpo cubierto de las cenizas sagradas que se arrojan al Ganga.
Saliendo de la parte más antigua de la ciudad, hay varios puntos de interés: el templo de la Madre India, que consiste en un mapa gigante en relieve, hecho en mármol blanco y con el que los niños aprenden geografía. El templo de los monos (nombre dado por los turistas) es el Templo de la Diosa Durga. Todo el edificio es de color rojo y merece la pena visitarlo. Como en todos los templos, hay que descalzarse y dejarse llevar por los sentidos. La mentalidad occidental no puede asimilar tan fácilmente el ver a tanta gente ensimismada rezando y tocando la campana, dando sus ofrendas y dejándose santiguar por los sacerdotes que están en el altar.
Por último, y antes del merecido descanso hasta el atardecer, visitamos la universidad de Varanasi. Es una ciudad dentro de la propia ciudad y ocupa 20 km de extensión. Está considerada como una de las mejores universidades de Asia y fue construida gracias al líder nacionalista Pandit Madan Mohan. Las facultades y colegios universitarios están rodeados de parques inmensos y es una verdadera gozada "aislarse" del caos vivido en la ciudad vieja. Como no podía ser de otra manera, allí también hay otro famoso templo en el que destaca un "Linga", que es un símbolo fálico que representa el principio generativo femenino del Shakti. Por eso a Shiva se le otorgan tanto cualidades femeninas como masculinas. Los estudiantes suelen frecuentar el templo y ruegan por unos buenos resultados en sus exámenes. Ante tanto rezo y plegaria, la pregunta al guía es inevitable: ¿pero cuándo trabaja la gente? Y la respuesta fue de lo más sui géneris: "la religión requiere tanta energía que hay mucha flexibilidad en el trabajo"...
El día culminó como empezó, lleno de emociones. Antes del anochecer, volvimos al río a coger una barca y ver la celebración que se hace en la orilla, de agradecimiento por el día que acaba. Se llama el "Puja" y consiste en que 5 sacerdotes cantan, mientras otros tantos bailan con antorchas en las manos. Impresiona, aunque al cabo de un buen rato oyendo los mantras, se hace un poco repetitivo.
Los niños llevan en bandejas flores con velitas para arrojarlas al río y es un momento muy entrañable. Mientras nos embarcamos hacia los ghâts de la llama eterna, donde se celebran las cremaciones, ofrecemos las flores con velas al Ganges, pidiendo un deseo como manda la tradición. En silencio y a oscuras, vemos a lo lejos los cuerpos enfilados de los difuntos, envueltos en telas de distintos colores: rojo para el hombre, blanco para las viudas, etc. A la ceremonia acuden sólo los varones de la familia. Y en el silencio de la noche, se oye el crujir de las maderas quemándose, las plegarias de los familiares y la respiración contenida de los que nos quedamos completamente mudos ante el espectáculo.
De vuelta a tierra, nos siguen esperando los vendedores ambulantes que nos persiguen por las calles de vuelta al hotel. Tienen un sistema de venta muy peculiar: cuando ven que no quieres comprar nada, no te insisten y te dicen "vale de acuerdo, mañana ok?". Con una seguridad pasmosa, piensan que al día siguiente, o más tarde, vas a comprarles a ellos, precisamente a ellos, cuando los hay a cientos y seguramente mañana ya estarás en otro lugar... Será una nueva estrategia de marketing local.
Un día tan intenso merecía un descanso eterno. Ni gurús on line, ni vídeoclips horteras, el sueño de las sábanas blancas no tardó en llegar. Sin palabras y con la mente conmocionada, el Diario pasaba otra página, una página histórica.
Sábado 14 de agosto: visita a Sarnath
A unos 9 km de Varanasi, se encuentra Sarnath, un lugar muy tranquilo y muy verde, dónde cuenta la leyenda que Buda celebró su primer sermón ante 5 discípulos. El budismo está presente en Nepal y en la India y tiene un por qué: Buda fue un príncipe hindú que lo dejó todo y se fue a predicar a los 16 años. La leyenda cuenta que tuvo 4 encuentros o visiones con un viejo, un enfermo, un mendigo y un muerto que le hicieron reflexionar y tomar conciencia del sufrimiento humano.
Dejó su vida en palacio y empezó una nueva vida con los ascetas brahmanes. En un momento dado tuvo una revelación divina sobre la universalidad del sufrimiento y decidió predicar. Antes de morir y de acceder al nirvana, reunió a sus discípulos y les exhortó a seguir su camino. El Budismo en realidad, desaparece de su lugar de origen hindú porque sus adeptos predicaban la abolición de las castas.
El hinduismo más que una religión es una forma de vida. Dios es un ente supremo y absoluto. Sólo se puede venerar a sus formas manifiestas y por eso hay tantas divinidades con distintos atributos. El número de brazos simboliza la potencia y la soberanía cósmica. Existe la "trinidad" hindú: Brahma sería el creador del mundo, nacido de las aguas primordiales, Vishnou cuya función es proteger al mundo, y sus símbolos son el disco y la rueda del tiempo, se presenta en la tierra en diferentes formas para poner orden. Y por último, Shiva, que es el tercer ojo, y destruye todo lo que no refleje la realidad. Luego están las Diosas como Pavarti, la esposa de Shiva y madre de Skanda y Ganesh, el Dios de la sabiduría y la buena suerte (con cabeza de elefante). Este Dios es muy popular y venerado. En casi todas las entradas de los templos y los hogares está presente ya que trae prosperidad y buena suerte.
Sarnath, es un lugar de culto para los budistas y un lugar muy tranquilo para pasear y refrescarse. El aire es puro y se agradece la lluvia fina que cae de los primeros monzones. En un apartado, está el árbol sagrado, dónde parece ser que Buda dio su sermón. Hay cientos de banderitas de colores colgadas, con mensajes de los visitantes. El templo original fue arrasado por los musulmanes (Dinastía Mogol) y en su lugar, se ha construido una imitación que tiene su encanto, con los monjes budistas paseando entre los fieles.
La visita a Varanasi había llegado a su fin. Por la tarde nos esperaba el viaje nocturno en tren hasta Agra. Nuestro "bautizo" con los trenes en la India no pudo ser más "sui generis": entre barro y gente en la cola, conseguimos llegar al andén y esperar ante el que iba a ser el "vagón de los turistas y gente con posibles". Los trenes siempre están a tope y por eso es mejor reservar con tiempo. Afortunadamente, teníamos todos los billetes de los trenes ya reservados de antemano. Hay vagones de 1ª con Aire acondicionado y literas, de 1ª sin aire acondicionado (no aconsejable si se viaja en verano) , de 2ª, 3ª y hasta de 4ª clase donde se hacina la gente. Viendo el panorama, uno puede entender lo que significa un sistema de castas a primera vista. Los trenes, son herencia del Imperio británico pero sin "plan renove". Son viejos, lentos pero con encanto. Sus cristales tienen un color amarillo muy sospechoso, las cortinas son de color azul pavo, a juego con los asientos de sky , de esos que te arrancan la piel cuando llevas más de media hora sentado. Los baños dejan mucho que desear pero, aún con todo, viajar en tren por la India es una experiencia a no perderse bajo ningún concepto.
Sábado 15 Llegada a Agra : Taj Mahal
La llegada a la estación de Agra al amanecer fue toda una odisea. Los retrasos de una hora no son una excepción y la gente parece estar acostumbrada. Unos bajan a las vías a hacer sus necesidades, otros se limpian los dientes con ramitas que cogen de los árboles y el resto miramos, aún dormidos, las escenas cotidianas de la India. Desde la ventana con los cristales de color amarillo sospechoso, vemos a mucha gente engalanada "de domingo", con banderitas tricolor. Pronto nos enteramos de que el 15 de agosto es el día de la Independencia y se celebra en todo el país con desfiles militares, fuegos artificiales y varios actos civiles, de esos que sirven para ensalzar el orgullo nacional y "tapar" con banderitas los verdaderos problemas.
En el lugar más visitado de la India y, quizás uno de los más visitados del mundo: el Taj Mahal, vimos cientos de indios con sus mejores galas, celebrando el Día "del orgullo indio". Este Mausoleo de mármol y piedras preciosas, dedicado por el Emperador Shah Jahan a su amada esposa, con motivo de su muerte, es la "Joya de la corona" hindú. El único "pero" que tiene es el precio de la entrada (el triple que en el resto de los lugares de interés turístico: 750 rupias, casi 3000 pesetas de las antiguas). En temporada alta, el Taj registra más de 15.000 personas y se aconseja visitarlo temprano por la mañana o al atardecer, cuando los últimos rayos de sol transforman los tonos blancos en rosados y malvas. El cacheo antes de entrar es impresionante, se requisan mecheros, comida, tabaco, móviles, etc...Se recomienda llevar lo imprescindible y dejar el resto en la consigna que está justo a la derecha de la entrada.
El Taj-Mahal aparece al fondo de un jardín muy amplio y largo, flanqueado por dos edificios de arcilla roja: la mezquita y su réplica. Se construyó entre los años 1631 y 1653 y sus rasgos árabes son herencia del Imperio Mogol que reinó durante siglos en la India. Por eso, el edificio principal está decorado con versos del Corán y piedras preciosas (rubíes, jade, ágatas, corales y lapislázuli) engarzadas en el mármol. Toda pareja que se precie en la India se hace la foto con el Taj Mahal al fondo. Es una tradición y los fotógrafos profesionales hacen negocio, sobre todo un día como hoy, que no hay casi turistas y sí muchos visitantes nacionales que han aprovechado el Día nacional para retratarse con el Mausoleo al fondo. El edificio es 100% simétrico respecto a la tumba de la reina. Las tumbas que se ven en el interior están vacías, las verdaderas están en la cripta.
Otro lugar que merece la pena visitar en Agra es el "Fuerte rojo". Se trata de un palacio, edificado a mediados del siglo XVI, en sólo 10 años. También fue obra del imperio Mogol y al igual que el Taj Mahal , se encuentra en las orillas del río Yamuna. Todo el conjunto está construido en arcilla roja y en el interior hay varios palacios de mármol, mezquitas y jardines fabulosos. El fuerte protegía la ciudad imperial. Desde los minaretes del fuerte que asoman al río, a rebosar de parejas de enamorados, las vistas al Taj Mahal son únicas.
En Agra, a diferencia de Varanasi se ven más signos occidentales. Chicas en vaqueros, móviles etc.. No hay tanto agobio de gente como en otras ciudades pero, en general, tienen un carácter más seco. Puede que contar con el Taj Mahal en su territorio se les haya "subido a la cabeza".
Antes de salir de Agra, merece la pena visitar el "Baby Taj", como se conoce al Mausoleo de Itimad - ud - Daulah. Es anterior al Taj, fue construido en 1628, en honor al padre de la poetisa persa Nur Jahan. Se parece mucho al "Hermano mayor", pero en pequeño y con mucho encanto. No hay casi turistas y un paseo por sus jardines vale su peso en oro.
El hotel Clarks de Agra, donde nos esperaba el baño diario en la piscina al atardecer, es un 5 estrellas con la mejor cocina de todo el viaje. Se recomienda degustar el buffet libre y olvidarse de la dieta totalmente. Todo tipo de curris, arroces y tandoris para morirse de gusto. Lo que hay que evitar en los hoteles en general son las llamadas por teléfono. Un consejo muy útil en la India: buscar un locutorio exterior para las llamadas a casa. Aunque sea menos cómodo y te puedas ver rodeado de un montón de niños, mientras llamas, la diferencia de precio es para pensárselo: 35 o 40 rupias (unas cien pesetas por 5 minutos) frente a las 200 rupias (600 pesetas por minuto que cobran en los hoteles). Así se evitan escenas como la que presenció el Diario en la recepción del hotel. Una pareja de españolitos gritando como energúmenos a los 4 vientos porque decían que les habían timado por no avisarles del precio. Aviso a navegantes.
Lunes 16: de Agra a Jaipur en tren
Jaipur, Udaipur, Jodhpur serían nuestros próximos destinos: las ciudades más visitadas del Rajastán. Esta región al noroeste de la India, de unos 55 millones de habitantes, es más seca y árida pero, al mismo tiempo, cuenta con un gran número de puntos de interés turístico. Al norte limita con el Punjab, una región conocida por su música y por ser la cuna del guardián sijh que mató a traición a Indira Gandhi. En el punjab vive una gran mayoría de la población Sijh. Son en total unos 20 millones y predican la honestidad y el servicio a la sociedad. Por eso, suelen dedicarse a los negocios porque son de fiar en las relaciones comerciales. Se les identifica por ser más robustos y altos. Además llevan un turbante que esconde un moño, con el que se sujetan el cabello que no pueden cortar por sus creencias. Su religión es una mezcla entre el Islam monoteísta y el politeísmo hindú.
Al oeste, el Rajastán limita con el desierto del Thar y la frontera con Pakistán. Es probablemente la región más visitada de la India como conjunto. Hoteles-Palacio, tradición histórica, hombres con turbantes de hasta 6 metros de longitud y mucho, mucho color en la tierra de los Rajpures.
El trayecto en tren dura 7 horas y lo hacemos de día. Los cristales son más nítidos y nos permiten ver el paisaje: pavos reales salvajes, vacas bañándose en el río, niños con bolas enormes de paja en la cabeza que saludan al paso del tren, dromedarios, y algún que otro tractor destartalado pero, al menos, motorizado. Una de las escenas que permanecen en la memoria es la de un señor amputado de piernas y, a falta de muletas o silla, se apoya las manos en unas chancletas de plástico. En este viaje de sentidos y sensibilidades, imágenes como ésta son difíciles de olvidar.
Históricamente, el Rajastán ha sido una tierra de guerreros. Entre los siglos XIV y XVI esta zona se cubrió de palacios con la dominación de los musulmanes Mogholes. Reinó Akbar y pronto comprendió que era mejor llevarse bien con los habitantes de la zona. Más tarde Aurangzeb, su nieto, rompió las alianzas y los rajpures buscaron la protección de los británicos. Estos, a su vez, fueron comiendo terreno político y económico y relegando a los príncipes en sus palacios. A pesar de todo, los británicos contaron con su ayuda en las revueltas de los cipayos de 1857.
Llegamos a Jaipur, la ciudad rosa y capital del Rajastán. Con sus más de 2 millones de habitantes, esta ciudad caótica, nos recibe con una pesadilla de bocinazos, ruido y polución. La ciudad, pintada de este color rosa en honor a la visita que hizo el príncipe de Gales, parece interesante pero después de un día entero en el tren, se impone un descanso. Esta vez, el hotel está a las afueras, a unos 9 km, justo en frente del Fuerte de Amber. El lugar es muy tranquilo, verde y con unas vistas impresionantes sobre el Fuerte. Nos acomodamos en la habitación y nos damos cuenta de que el hotel está vacío y sólo falta Jack Nicholson con el hacha por los pasillos, tipo "El Resplandor". Así que, mientras llega la hora de cenar y de ver a otros turistas, decidimos hacer algo de shopping en las tiendas del hotel. Normalmente, estas tiendas suelen tener precios fijos. Son las tiendas llamadas "emporium", o tiendas con precios más o menos oficiales; Aunque, al final, el regateo también funciona.
Antes de cenar, y después de las compras, sucede otra de las experiencias que quedarán para siempre en la memoria del Diario: la salida al exterior del hotel, buscando un locutorio. Como si hubiese aterrizado una nave espacial, nos siguen el rastro cientos de ojos que no dan crédito a lo que ven. Una vez elegido el locutorio, de repente, en cuestión de segundos nos vemos con una mano en el auricular y con la otra repartiendo caramelos a una decena de niños que no dejan de sonreír y agradecer el detalle. Sólo por ver esas sonrisas merece el viaje a la India, de verdad.
A la hora de cenar, nos trasladamos al lejano oriente. Rodeaditas de nipones que se ríen, chillan y comen como sólo ellos saben. Para postre, a ritmo de música autóctona, nos espera un espectáculo muy típico de la zona: las marionetas. Desde siempre, los espectáculos de marionetas en el Rajastán han sido itinerantes y para todos los públicos. Normalmente, suele haber un músico que mientras toca una especie de acordeón, va relatando la historia del cuento. Al otro lado del escenario, está su compañero que mueve las marionetas, a un ritmo trepidante y provoca la carcajada general. Así, con la sonrisa en los labios nos retiramos a descansar.
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