
Mi viaje por Canadá
CANADA ESTE Y OESTE | 0 comentarios.
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del 15 de julio al 2 agosto 2005.
Para empezar, decir que este ha sido un viaje inesperado, pues mis pasos iban encaminados al sudeste asiático, pero por vueltas que da la vida me embarqué junto a dos amigos más en este viaje donde todo tiene algo en común y es su “grandiosidad”.
Os haré una reflexión de todos los sitios que visité intentando ser lo más explicito y concreto posible para asi tengáis las ideas claras.
EL ESTE
Toronto: Es con diferencia la ciudad más cosmopolita de Canadá, ves por sus avenidas todas las razas inimaginables, pero con una diferencia, y es que están todas mezcladas, no hay guetos, ni separaciones, ciudad muy agradable para pasear, y dentro de sus virtudes la que más destaca es la seguridad, puedes pasear por sus calles a cualquier hora sin ningún peligro, lo mejor de la ciudad en esta época del año es eso, pasear, recomiendo el ayuntamiento, el Puerto y la CN Tower, tomar una estupenda cerveza en algún pub irlandés (canadian beer) y comer en el barrio chino, concretamente en el King Noddle restaurant (en la calle continua a Sant Patrick), muy buena relación calidad precio y eso en Canadá hay que tenerlo en cuenta pues la gastronomía es el doble de cara que en España.
Cataratas del Niagara: Situadas a unos 90 km de Toronto nos encontramos a las más famosas cataratas que ha dado el cine americano, en todos los foros existe la controversia de que decepcionan a mucha gente, yo no entraré en ese capítulo, más si diré que las cataratas de Iguazú en Brasil son mucho más espectaculares, no obstante para poder disfrutar realmente de la emoción del lugar es ineludible montarse en el barco Mind of de Mist, (cuesta 13 dólares canadienses) ya que de esta forma, la catarata te ofrece la excitación que buscabas del lugar.
Ottawa: Capital del pais, nunca conoceréis una capital como esta, os sorprenderá todo, sus canales, sus jardines, sus gentes, absolutamente todo, es todo verde, olvidaros de los grandes rascacielos como en Toronto, sus edificios de época son espectaculares, y siguen conservando ese aire de paz y tranquilidad, el 90% de sus gentes hacen deporte en sus inmensos jardines, (correr, bicicleta, patinar,), cualquier excusa es buena para echarte a la calle, por otro lado no se observa para nada esa sociedad multirracial que observé en Toronto, aquí la gente es prácticamente anglosajona. Recomiendo veáis el espectáculo de luz y sonido que se hace en los jardines del parlamento todas las noches de julio y agosto a las 21.00 y las 22.00 horas, simplemente magnífico, también podéis ver en el mismo lugar pero a las 10.00 de la mañana el cambio de guardia, tipo Buckkingan Palace, aunque en mi opinión es más bien austero. Para tomar una buena cerveza y comer bien, cualquier lugar cerca de las calles céntricas del mercadillo es bueno. Por cierto no olvidéis tener una vista de la ciudad desde la parte opuesta del parlamento, en la otra orilla del rio, vale mucho la pena.
Québec City: Estas en Canadá, pero como si estuvieras en “La France”, el contraste es enorme, radical y agradable, es con diferencia la ciudad más turística del pais, pero eso no le hace perder el encanto, todas las plazas y rincones de la ciudad vieja están atestadas de círculos de turistas embelesados observando la atracción del malabarista, cantante o pintor de turno. Hay dos zonas bien diferenciadas, la ciudad vieja amurallada, y el exterior, de este recomendaría la calle “Grande Allee Est, pues está llena de cervecerías y restaurantes, típicos, y algunos pub y terrazas al aire libre para tomar copas. En cambio dentro de la ciudad vieja, tienes que entrar por Rue Saint Louis, te parecerá que estás en el Paris de principios de siglo, pero con turistas de hoy, al final de la calle desembocas en la Place Marche-Champlain junto al imponente Château Frontenac, legendario hotel y buque insignia de la cuidad, para luego pasear por el Boulevard Champlain un mirador frente al imponente rio San Lorenzo. Os recomiendo comer en el D´Orsay en la Rue Burde (muy cerca del Château Frontenac, pues se agradece la buena cocina francesa después de las típicas comidas basuras anglosajonas. Por la noche en su terraza tiene cantantes en directo y no es caro. No dejéis de visitar la parte baja de la ciudad siguiendo las escaleras desde la plaza del Château, están llenos de casas típicas de época con muchos rincones con encanto, y sentarse en sus terrazas a tomar algo. Por último la callecita de los pintores también es destacable.
Tadousac: Este pueblo es típico por partir desde allí los ferrys y demás embarcaciones que te llevan a ver las ballenas que entran por el rio San Lorenzo, en época de procrear, lo de las ballenas es algo muy particular, y depende del día el que puedas ver alguna, muchas o nada, por lo que si vas a desplazarte para esto y dispones de poco tiempo en el pais, es algo que yo prescindiría, pues lo más lógico es que veas sólo la cola de alguna ballena a más de 200 metros de distancia, entre cientos de demás turistas con cámaras, asi que cada cual.
En cambio el pueblo si me pareció algo digno de visitar, pues son todas casas victorianas del siglo pasado que le dan un aire nostálgico al lugar.
Thausand Island: Mencionaré que también estuve haciendo un crucero por las allí famosas mil islas, dentro de uno de los 2 millones de lagos que tiene el pais, si vais justos de tiempo os aconsejo no lo realicéis pues no es nada especial, son sólo grandes casas o incluso palacios, de recreo en minúsculas islas, nada especial para visitar, a no ser que vayas a descansar una temporada en el lugar.
Montreal: Capital financiera venida a menos, por culpa de Toronto, no guarda la misma sensación de ciudad limpia y ordenada como las demás, más bien encuentras lo más parecido a las ciudades yanquis, con sus callejones desangelados entre rascacielos, pero ha sido una ciudad olímpica y eso se nota, Recomiendo visitar sobre todo la zona universitaria, ya que se encuentra incrustada sobre una colina repleta de casas señoriales del siglo pasado, muy pintoresco, por supuesto la famosa iglesia situada entre rascacielos en la calle San Catherine que a su vez es la más populosa y comercial de la ciudad, os llamara la atención que toda la ciudad está comunicada por pasadizos subterráneos llenos de centros comerciales, los cuales son la vida de la ciudad en el largo invierno canadiense. Si disponéis de más tiempo no está de más visitar la zona olímpica y el mirador de San Jose. Y para los amantes de la vida nocturna Montreal es la ciudad con más ambiente en todo Canadá, encuentras locales de todo tipo, y la gente es bastante sociable.
Continuará.
EL OESTE
Hablar del Oeste de Canadá es hablar de las Rocky Montain, más hay mucho más, como todo en la vida es cuestión de tiempo y dinero.
Nuestro traslado al Oeste comenzó desde Montreal, en un vuelo de 7 horas, por hacer escala en Toronto, (sin escalas son 5 horas), y llegada a Vancouver, a la orilla del Pacífico.
Vancouver: Es una ciudad con muchas particularidades, en primer lugar es famosa por su cálido clima, a diferencia del resto de ciudades canadienses, ya que las Rocosas la protegen de los gélidos vientos de Alaska, su clima en invierno tiene unas mínimas de 5º grados, vamos, es el paraiso frente a los -30º que se llegan a alcanzar en el resto del pais. La ciudad está edificada sobre la isla de Vancouver, y lo primero que resalta es la inmensa cantidad de personas orientales que viven en ella, he estado en varios países de Asia y por un momento creí estar en las calles de Hong Kong, la ciudad es bonita y agradable pero eso si, a partir de las 10 de la noche apenas ves un alma por las calles, la calle más famosa y comercial es la calle Robson, donde podrás encontrar todo tipo de firmas, más si queréis comprar barato trasladaros a Gastown tres o cuatro calles más abajo en dirección al mar, las diferencias de precio son importantes, además es la zona más bonita de la ciudad con sus calles peatonales de piedras rojizas y flores, con su famoso reloj a vapor deleitándote con su melodía cada 15 minutos. Muy cerca de alli tienes Chinatown aunque si has estado en oriente te decepcionara bastante. La ciudad es tan segura como cualquiera del país pero en esta si que se detecta un gran número de mendigos inofensivos, seguramente atraídos por el cálido clima. La zona más visitada por los habitantes de la ciudad es el Stanley Park, muy recomendable, este parque es inmenso, y tiene zonas caminando las cuales crees que estás en el centro de un bosque sin retorno, más también encuentras un acuario y muchas zonas de recreo, podéis ver alli, gran cantidad de totems indios, pues es en esa parte de la isla donde vivían los primeros habitantes del lugar. Lo que no os podéis perder bajo ningun concepto es pasear por el parque a orillas del mar justo cuando va ha anochecer, pues la vista de la ciudad es sublime, no sabes si estás en Manhatan, Singapur o Kuala Lumpur. Por último mencionaros la playa de Kitsilano (en verano dan espectáculos de fuegos artificiales impresionantes) y el Canada Place como uno de los edificios más representativos, junto a la vista desde el museo de las ciencias frente al estadio de los Vancouver Lions. Como anécdota comentaros que es una de las ciudades preferidas de Hollywood para rodar películas y es raro el dia que no te encuentras algun rodaje, nosotros nos encontramos con el rodaje de la última película de Morgan Freeman (No sé el título, pues no está estrenada), y cual fue mi sorpresa que tenía un papelito nuestra paisana Elsa Pataky! Casualidades de la vida.
Nuestra ruta por el oeste comenzó desde Vancouver que es la salida natural para entrar en las Montañas Rocosas, a través de la Columbia Británica, para luego pasar a la provincia de Alberta, recorriendo dos de los parques nacionales más importantes del mundo, el de Jasper y el de Banff para acabar en la ciudad de Calgary.
Ruta hasta Whistler: El recorrido de Vancouver a Whistler es en sí una aventura espectacular. De preferencia traten de evitar conducir el vehículo. Esto solamente porque el que o la que conduce debe concentrarse en conducir y no podrá disfrutar mucho de las vistas impresionantes durante las horas de camino. Esta ruta es conocida en Vancouver y British Columbia como la ruta Sea to Sky, es decir "del mar al cielo."
La duración del recorrido viene a ser de unas dos horas ya que son unos 120 km hasta Whistler pero debido a las múltiples paradas el tiempo vuela, debéis hacer un alto en las cataratas Shannon, de las más altas de Norteamérica y sobre todo aseguraros de parar en las Brandywine Falls, a unos 10 kilómetros antes de llegar Whistler, por un estrecho camino atravesando una vía del tren entre abetos, es el auténtico lejano oeste, llegaréis a esta impresionante cascada que os hará deteneros en el tiempo. Una verdadera gozada.
Llegamos a Whistler, famosa estación de esquí donde se celebrarán los juegos olímpicos de invierno de 2010, aparte de esto, es famosa por ser hoy en dia el referente mundial de Mountain Bike, desde donde han salido los últimos campeones mundiales. La estación está muy animada, con cantidad de bares y restaurantes, está situada en un valle entre dos montañas, Monte Whistler y el Blackcomb, os recomiendo el primero ya que tiene las mejores vistas del valle, se sube por un funicular, cuesta unos 29 dólares y su horario es hasta las 17.30 horas, la vista es majestuosa, pues se ve toda la cordillera de las Rocosas, y los diferentes lagos que fluyen por el valle. Para pasar la noche, Whistler está bien pues es el último bastión donde puedes encontrar animación nocturna antes de adentrarte en las Rocosas y pasar la tarde en la piscina y jacuzzi del hotel divisando las montañas no tiene precio.
Salimos temprano para adentrarnos en el parque nacional, más hasta Jasper nos queda bastante camino, aproximadamente unos 550 km desde Whistler, por lo que nos lo tomamos con calma disfrutando de la cantidad de lagos y sobre todo salvajes ríos que nos encontramos por esta carretera, entre ellos podéis parar en el lago Duffy, ya que aparte de bonito, al final del lago está compuesto por cientos de maderos hechos en su mayoría por castores que habitan esas aguas. Seguimos por el valle del río Fraser y cruzamos las montañas Coquihalla hasta llegar a Kamloops, población de los tiempos de la fiebre del oro, donde el paisaje es totalmente diferente al que hemos dejado atrás pues parece que te adentras en Arizona, y los lugareños te contarán la historia de un famoso trampero tipo Jesse James, que robaba a los ricos, para…quedárselo el.
Pasada esta localidad, continuamos, bordeando el rio Thompson por la carretera Yellow Head, y el paisaje vuelve a tomar sus tonalidades verdes, hasta llegar a la localidad de Blue River, que es un complejo hotelero construido por un esquiador alemán que se quedó a vivir por el lugar, el sitio es de cuento pues son cabañas de madera que bordean un bonito lago, decidimos pasar la noche alli, el único punto negativo del lugar son los mosquitos, sus picaduras son brutales, asi que como no lleves un buen repelente lo pasas realmente mal, asi que nada de pantalones cortos o polos, y aunque parezca lo contrario, sus efectos no los notas hasta el dia siguiente, cuidado.
Parque Nacional de Jasper:
Partimos por la mañana temprano y nos adentramos en el parque nacional, nos dirigimos al monte Robson, que nos resulta imponente, brutal y majestuoso, es la primera sensación real de que estas en las rocosas, además de ser la cima más alta con casi 4.000 metros, de su cara central sale una ruta que en primer lugar llega a un lago a la falda de la montaña, para continuar hasta bordear por completo la montaña y llegar hasta el glacial Berg del cual emana un lago con el mismo nombre y cuya belleza es máxima, la ruta vienen a ser como unas siete horas. Ni que decir tiene que la fauna de cualquiera de los parques es imponente, incluido este, asi que puedes ver todo tipo de animales, nos topamos con un oso negro, a distancia claro está y estábamos dentro del vehículo gracias a dios, había también multitud de osos Grizzly más no vimos ninguno, pero si Alces, Cariboo, zorros y ardillas con regularidad. Continuamos nuestra ruta hasta Jasper pasando por el lago Moose, el rio Fraser y el lago Yellowhead, Jasper es una ciudad que da nombre al parque nacional, como imaginaréis es pequeña pero muy turística, y llena de hoteles, restaurantes y tiendas de souvenir, por lo que si tenéis la oportunidad de alojaros fuera de todo eso, no la desaprovechéis.
Desde Jasper (pueblo), partimos hacia el lago Malisse (Maligno), de los más bonitos del lugar, antes de llegar a la cima, os recomiendo veáis el cañón Malisse a pocos kilómetros de Jasper, y a mitad de camino os encontrareis el lago Medicine, que tiene un mirador cuyas vistas dañan la vista. Al final de la carretera llegamos al lago Malisse que como imaginaréis es el más famoso y turístico del parque, (Yo me quedo con el Medicine), para verlo plenamente debéis tomar un barco que salen cada hora (hasta las 17.30), el coste creo recordar era de 35 dólares, pero si pilláis un dia soleado, no tiene precio.
Luego hay que deshacer el camino andado hasta volver a Jasper y continuar hacia el parque nacional de Banff por la carretera 93 hacia la ciudad de Banff, a unos 290 km.
Siguiendo esa carretera a unos 40 kilómetros os encontráis las cataratas de Athabasca que son pequeñitas pero muy espectaculares, no podéis dejar de verlas, también son interesantes un poco más adelante las cataratas Sunwapta para llegar a la salida del parque nacional junto al Glacial Athabasca, es un gran bloque de hielo del periodo glacial y que une los dos parques nacionales de Jasper y de Banff, las vistas son muy bonitas como siempre, y se puede subir al centro del glaciar con unos autobuses adaptados al hielo llamados “snowcoach”. Salen cada hora desde el albergue de carretera.
Parque Nacional de Banff:
A partir de aquí empieza el parque nacional de Banff y tengo que reconoces que me equivoqué cuando dije que nada podía impresionarme tanto como Jasper, ¡que iluso fui!
Fue una borrachera constante de belleza rondando lo etílico, por la carretera Icefields Parkway, acompañando al río Bow hasta Banff, nunca dejas de ver lagos, ríos y montañas, animales de todas las clases, valles descomunales, y el coche lo ibas parando en cualquier sitio, foto, por aquí, por allá, no sé ni cuantas fotos llegué a hacer. Parada obligada es el lago Bow, más si aún a estas alturas no habéis descubierto el paraíso, cuando encontréis más adelante el lago Peyto, sabréis que no os miento. Allí si que se detiene el tiempo.
Y para terminar la ruta, llegada al lago Louise, si donde todas las postales de Canadá reflejan el lugar, es el símbolo del pais, (más estaréis de acuerdo conmigo de quedaros con el Peyto Lake). El Louise está masificado de gente, es como una atracción de feria, pendientes del viejecito que toca el cuerno al borde del lago, más si buscáis algo diferente, sólo tenéis que seguir el camino de la orilla derecha del lago desde el hotel, y nada más empezar existe una desviación en el camino hacia arriba en la montaña, no os lo perdáis es una ruta de una hora de subida, pero las vistas son majestuosas, y además tendréis la sorpresa de descubrir otro pequeño lago en la cumbre, sin apenas nadie que os moleste.
Para dormir, bajando la carretera del lago a unos dos km, hay como un conjunto de cabañas de madera con tejados rojizos a la orilla de un rio, si encontráis plaza no lo dudéis. Como anécdota del lugar contaré que esa noche que pasamos allí, la policía tuvo que acordonar las salidas del pueblo pues esa madrugada a un oso Grizzly le dio por pasearse por sus calles.
A la mañana siguiente a pocos Kilómetros de allí encontráis el lago Moraine, que es el segundo de mis preferidos pues lo mires por donde lo mires, te parece irreal.
Y asi llegamos a la ciudad de Banff, masificada de turistas hasta la saciedad, de todas formas tiene cierto interés el castillo hotel “Chateou” (No recuerdo el nombre completo), situado en lo alto de la colina frente al rio y sobre un campo de golf, con magníficas vistas, y a su vez balneario famoso en el siglo pasado.
A partir de ahí, salimos del parque nacional, para coger la transcanadiense en dirección a Calgary, conocida por sus olimpiadas de invierno del 88 y por las ferias de ganado celebradas en la segunda semana de julio, con sus rodeos y demás, (aquí el ganado es lo que el aceite y el vino para España) pero la ciudad en si, es más tranquila que pasar una noche en el vaticano, con lo que ya está dicho todo, la recorres en una tarde. Os llamará mucho la atención que todos los edificios están comunicados por puentes aéreos cubiertos, para que en el crudo invierno la gente no tenga que salir a las calles. Por cierto si en algo merece la pena la noche de Calgary es por encontrar algún pub con música country en directo, en mi opinión mucho más pura que la estadounidense.
Pues nada más, espero no os haya aburrido mucho y que os sirva de algo mi experiencia.
Saludos, foreros.
Taipam |
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