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Escocia Reino Unido  

Escocia; agua de vida, vida de Escocia. (final)

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lwrence
15/10/2005


VIERNES 12 DE AGOSTO….14 DIA….ULLAPOOL-PORTREE

JUEGOS DE LAS HIGHLANDS

Encarna no descansó bien esa noche. Se sentía incomoda, cabreada y a la vez preocupada por que no nos pasara nada parecido en el resto de las casas que teníamos contratadas. Y como ella no durmió todo lo bien que era necesario, yo tampoco tuve mis mejores sueños esa noche. Nos levantamos pronto, muy pronto y aunque la luz del sol nos permitía ver unas vistas al lago, recogimos pronto las cosas y nos preparamos para partir. En teoría debíamos de desayunar con Ronnie, pero al abrir sigilosamente la puerta de la habitación, me lo encontré durmiendo en el sofá, en compañía de su perro.
Había pasado toda la noche en su sofá.

Nos despedimos de él y le dijimos que no desayunaríamos en su casa. Él ni se inmutó, como si no le importara el hecho…cargamos las maletas y le pagué…no las 40 libras que nos había dicho Mrs. Penny, sino tan solo 25….aquella casa en esas condiciones no valía más, y aún creo que le dí demasiado..

Nos fuimos hacia Ullapool a desayunar, pero como todo estaba aún cerrado, tan solo pudimos desayunar en el hotel del pueblo. El desayuno nos costó algo caro: 12 euros cada uno, pero al menos comimos todo lo que quisimos en el buffet del hotel...

Nos marchamos de Ullapool, con un mal recuerdo, pero en fin, la ruta seguía.

Nos paramos en el castillo de Ardvreck, en sus ruinas….ruinas que la tarde anterior tan solo habíamos visto desde la carretera. El castillo de Ardvreck, tiene una historia de fantasmas.

Hay varias versiones sobre una misma leyenda…aunque la más contada es la que explica que una hija de los antiguos dueños del castillo, los Mc Leod, y que ella dió su vida al diablo a cambio de que permitiera a su padre conservar el castillo. Se arrojó de una de las torres del castillo, cayendo sobre las aguas y ahogándose. Dicen que algunas noches, el fantasma de la joven, vaga por el lugar….

El castillo de Ardvreck fué muy grande en la antigüedad, aunque ahora tan solo se conserven los restos de una torre y poco más.
Quizás era la sugestión de las historias fantasmagóricas, o quizás era tan solo que hacía frío, pero un aire gélido recorría el lugar….y las hojas de los árboles permanecían quietas….
Al lado de Ardvreck se encuentra también los restos de una gran casa señorial.
The White House.

Seguimos por la misma carretera, la A-837, hacia el pueblo de Lochinver. Este pequeño pueblo pesquero, con su larga calle principal que lo parte en dos, es un importante puerto pesquero de la costa Oeste de Escocia, pero lo que nos trajo aquí, era que hoy se celebraban los Highland Games…los juegos de las tierras altas.
Los juegos escoceses merecen la pena verse. Nuestro programa indicaba que los juegos comenzaban a las 10 de la mañana, y al llegar a Lochinver vimos que no empezaban hasta las 12 horas. Después nos enteramos que los habían atrasado, por lo cual nos dedicamos a pasear por el pueblo y a curiosear por su centro de visitantes, donde hay un pequeño museo sobre el pueblo y alrededores.

Antes de las 12 horas, nos fuimos hacia el Culag Park, cerca del puerto que era el recinto donde se celebraban los juegos…no íbamos a estar mas de 2 horas, pues nuestro horario no nos aconsejaba el quedarnos más y como se retrasaron dos horas, no vimos todo lo que quisimos. Negociamos el precio de la entrada y como les dijimos que tan solo estaríamos dos horas, nos cobraron la mitad. La entrada valía 6 euros por cabeza pues los juegos duraban hasta pasadas las 6 de la tarde. A nosotros nos costó 3 euros.

El recinto de los juegos, es una gran explanada central, donde se hacen los dichos juegos y que por sus laterales están llenos de puestos ambulantes de comida, bebida o tómbolas.
Si se llega pronto, se puede sentar en una de las decenas de sillas que alineadas a la derecha están para que se siente el publico.

Antes de las 12, una banda de gaiteros, con su música particular, se dirigen al puerto a recoger al “Chieftain”, el presidente de los juegos…al cabo de unos minutos, regresan con él y tras un breve parlamento, declaran inaugurados los juegos.
Carreras de chicos, de chicas, de sacos, de relevos, con los pies atados, lanzamiento de peso, de tronco, y bailes típicos, todos ellos clasificados por edades…los tres primeros de cada competición, reciben un premio en metálico, aunque los premios son de pequeña cuantía.

Lo que más nos gustó de lo poco que vimos, fueron los bailes, y sobre todo el baile de la espada…. el más tradicional de todos.
A los acordes de música celta con gaita, que una chica tocaba en directo, las diferentes bailarinas, tenían que danzar alrededor de dos espadas puestas en cruz, sin tocarlas, y cada vez más rápido….

Los adultos, vestidos con su falda tradicional, empezaban a lanzar bolas de hierro…más al fondo las carreras de sacos, hacían reír a los espectadores y todo ello, en un clima de fiesta, de cerveza y de nubes que amenazaban lluvia….

A las 2 horas, nos fuimos, y nos despedimos del taquillero. Nos reconoció y nos dijo que tuviéramos un buen viaje….

Teníamos un buen trozo por delante, hasta llegar a la isla de Skye, y como que las carreteras eran rompenervios, fuimos poco a poco, deteniéndonos a veces en contemplar los paisajes maravillosos que salían a nuestro paso. Fuimos bordeando toda la costa oeste, pasando por Inverere Gardens, unos jardines espectaculares, llenos de flores tropicales, que estaban abarrotados de autobuses. A los pies de los jardines está el lago Ewe, precioso lago, rodeado de islotes. Después vino el lago Maree… y en el pueblo de Talladale, hay un mirador, con vistas al lago, y a sus lindas y pequeñas casitas blancas.

El paisaje de la costa oeste era algo más abrupto, más salvaje que el de la cosa este, pero tenia un encanto especial….sus innumerables lagos, sus carreteras empinadas, los valles, los innumerables valles que nos íbamos encontrando….conducíamos si, pero el tiempo pasaba muy rápido, los contrastes que nos íbamos encontrando, hacían de la excursión una delicia para nuestros ojos.

Después de varias horas de carreteras estrechas, conectamos con la A-87 que nos llevaba ya hacia Portree y la isla de Skye. La isla de la Neblina.
El puente que une Skye, con Gran Bretaña es espectacular de grande y vistoso. Cruza el lago Alsh y el mar. No se sabe a que lugar dirigir la vista, pues los dos lados en medios del puente son de una belleza increíble….lastima que no pude parar en medio del puente y recrearme con el panorama…

Seguimos bordeando la isla ahora, para llegar cerca de las 7 a Portree. Después de la experiencia de la noche anterior, llamamos a nuestro alojamiento confirmando nuestra hora aproximada de llegada.

En la entrada de Portree, en la Viewfield Road, estaba nuestra casa… y que casa!!!
La casa de Mrs. Barbara Campbel, era preciosa….quizás el calificativo se quede corto, pues aparte de grande, y acogedora, la habitación era de las mas confortables que tuvimos, con una cama grandiosa, un baño pequeño pero super bien aprovechado y un jardín muy bien cuidado, con sabor de lluvia, de la lluvia de minutos antes.

Después de contarle nuestra mala experiencia del día anterior, Barbara nos contó lo que no sabíamos de Visit Scotland, y nos afirmó que la fianza siempre es una comisión para la empresa. Nos hizo rellenar un papel con lo que queríamos desayunar mañana y nos fuimos a pie, hacia el centro del pueblo, buscando un lugar para cenar.

Portree o puerto del Rey, se llama así en conmemoración de la visita que hizo el rey Jacobo V en 1540. Es un pueblo bastante grande, con un vistoso puerto y mucha vida turística. Las calles mas cercanas al puerto están llenas de locales de comida y pubs, aunque lo que nos recomendaron que probáramos sin duda, eran las Fish&Chips.
Teníamos hambre, no de picar patatas, sino de cenar, por lo cual no las probamos en ese día, y cenamos en un café, de nombre “El café de arriba”….quizás porque estaba en un segundo piso, o quizás por que el dueño era español….las camareras no me lo supieron explicar el porqué del nombre en español del local.

No hay carta; los platos están apuntados en una pizarra, y a medida que se van terminando se sustituyen por otros….la comida genial y bien de precio…recomendable.

Después de cenar, un paseo hasta nuestra casa…un día más. Pero también ya más cerca del final…había sido el segundo día con más kilómetros hechos….380…
Mañana queríamos recorrer la isla.

SABADO 13 DE AGOSTO….15º DIA….PORTREE-DORNIE

DESPUES DE LA TORMENTA, EL SOL…

Bajamos a desayunar pronto, pues aparte de la prisa que teníamos por seguir nuestra ruta, había algo de curiosidad en ver como preparaba el desayuno Mrs Barbara.
Y fué mucho mejor de lo esperado. No faltaba de nada en su salón y la amabilidad y delicadeza de nuestra anfitriona nos hicieron sentir mejor que en nuestra propia casa.

El día se levantó con nubes, con un cielo gris que avisaba que hoy el sol sería caro de ver, y antes de las 9 horas partimos en dirección al norte de la isla de Skye.
La isla de Skye es la mayor de las islas Hébridas, y de su turbulenta historia geológica ha surgido uno de los paisajes más variados y espectaculares de todo el país.

Conducimos por la A-855, estrecha carretera, como de costumbre, pero tomada completamente por las ovejas y carneros…si algunas veces su presencia era numerosa pero esporádica, ahora se convertía en constante….me preguntaba quien y como controlaba a los animales…nada me impedía detenerme y llevarme una de ellas….
Hay que imaginarse un paisaje tremendamente verde, con una carretera triste y solitaria que lo cruza, y cientos de carneros caminando por ella…es algo increíble…verlo para creerlo.
Además la oscuridad del día, estaba haciendo que nuestra excursión adquiriera aún más espectacularidad a los paisajes que nos encontrábamos.

A pocos kilómetros de Portree, nos detuvimos en los acantilados de Kilt Rock, la roca de la falda escocesa….el acantilado parece una falda escocesa, cuidadosamente plisada.
De más de 200 metros de altura, es de una belleza impresionante. Una fina cascada de agua se deslizaba por su recta caída, para alcanzar el mar en medio de innumerables rocas. La bruma del mar, mezclada con el vapor del agua de la cascada, le daba aun más belleza al entorno. Y asomarse al acantilado, para buscar la mejor fotografía, era tarea casi imposible, por la cantidad de turistas que estábamos en el mismo sitio.

Era un perfecto momento y lugar, para sentarse frente a las rocas, dejando pasar el tiempo, recreándose en uno de los lugares más bellos de todo el viaje. No se debe ir a Skye, sin visitar la Kilt Rock.
Seguimos hacia el norte de la isla, hasta su punta, para visitar el Duntulm castle, o lo que queda de él. La entrada al castillo es libre.

Duntulm castle, fue una fortaleza que perteneció al clan de los Mc Donalds, y que fue abandonada en el año 1730. Una vez más, comprobamos que el encanto de unas ruinas, no son estas en si, sino el lugar donde están ubicadas. Frente al mar, encima de una pequeña roca, con los acantilados rocosos protegiéndole, salvaguardando el lugar…Duntulm también tiene una leyenda, una leyenda de fantasmas…
Hugh Mc Donald, fue encerrado en la torre del castillo, alimentado solamente por carne de vaca salada, sin agua, sin líquido alguno, oyéndole agonizar, delirar…antes de caer muerto intentó comerse sus propias manos, para aliviar su sed….
Algunas personas afirman que el fantasma de Hugh se oye a veces delirar por entre sus ruinas….otras personas hablan de la presencia de la mujer de Hugh… y de su niñera que accidentalmente mató al hijo de ambos….
Los Mc Donald abandonaron el castillo por la presencia de estos fantasmas.
Seguimos la ruta, alcanzando ya la costa oeste, y deteniéndonos ahora cerca de Kilmuir.
En Kilmuir está el museo de la vida en la isla.
Siete cabañas con techos de paja, encima de una colina, recrean como era la vida en la isla en la antigüedad, con sus objetos, sus costumbres y sus tradiciones. La entrada tan solo cuesta 3 euros. Y no hay nadie que controle la entrada. Este museo, tiene fama en toda la isla, por ser un reflejo fiel de la vida en Skye.

El día se oscurecía por momentos y la lluvia empezaba a caer finamente, sin intensidad de momento. Nos dirigimos ahora hacia el centro de Skye, a su meseta, para contemplar el Old Man of Storr y si el tiempo nos lo permitía hacer una caminata hasta sus pies.
El Old Man, son dos piedras puntiagudas que sobresalen en la meseta de Coire Faoin, donde se ubica el monte Store. Hay un pequeño aparcamiento para dejar el coche, y diferentes caminos para subir hacia el Old Man. Y poco a poco, aunque algo atemorizados por el cielo tan gris, que se estaba tejiendo encima de nosotros empezamos a caminar por el sendero que nos subía hasta los 720 metros. El camino era empedrado, con trozos difíciles de hacer por el barro, la arena y los pequeños charcos que se cruzaban con nosotros.
Un elemento que no aparece en ningún libro de turismo de Escocia y que suele estar en los lugares mas húmedos, son los mosquitos. Diminutos, inapreciables, pero que se meten en cada agujero de la ropa, y pican…desde luego que pican y mucho.

Llevábamos tan solo 15 minutos de camino, cuando un fuerte trueno retumbó en la zona. Y por arte de magia, la lluvia que antes caía finamente, empezó a caer con más intensidad.
Decidimos regresar pues seguir subiendo hubiera significado terminar empapados completamente, aunque las vistas que veíamos desde la pequeña altura ganada, eran preciosa.
Nubes saliendo de los lagos, el verde de las colinas, mezclándose con el gris del diminuto asfalto….estábamos viendo contrastes naturales de una belleza única….

Con los chubasqueros empapados, emprendimos ahora la ruta por la A-850 hacia Dunvegan y sus playas de coral.
Una de las cosas que más me sacaban de quicio, era acostumbrarme a contar la distancia con las millas… a fuerza de años de conducción, nuestro subconsciente casi sabe cuando ha hecho un kilómetro, pero las distancias en Escocia, eran en millas, lógicamente y adivinar mentalmente las distancias era algo que llevaba fatal. Parecía que los kilómetros no se terminaran nunca….

Llegamos a Dunvegan, y buscamos el camino hacia sus playas. Después de dar un pequeño rodeo, llegamos a un pequeño aparcamiento, y emprendimos el camino a pie.
Si no fuera por el frío, el lugar podía pasar perfectamente por una playa caribeña.
Arena blanca, fina y brillante, llena de conchas, limpia, y el agua de un color inclasificablemente transparente.
El mar en calma, en reposo, en silencio y una paz que parecía que estábamos en una isla solitaria en alta mar. Al lado, a escasos metros de la arena teníamos los acantilados en contacto directo con la arena. Subimos por una pequeña elevación, mas alta de lo que a simple vista parecía y nos sentamos en su cima, contemplando la bahía que se abría a nuestros ojos, intentando divisar focas o delfines y sobre todo dejando que nuestros ojos fotografiaran las imágenes que estábamos viendo.
De pronto el estruendo de unos chicos con unas motos de trial, rompió la magia del lugar, y regresamos.
Con el coche, nos detuvimos a unos pocos metros, para contemplar el Dunvegan castle desde el exterior.
El Dunvegan castle se puede visitar, y sus estancias están ambientadas en los siglos pasados.

Desde Dunvegan, proseguimos recorriendo la costa oeste, y llegamos a las ruinas de Dun Beag.
Dun Beag son los restos de una torre circular, un pequeño megalito encima de una colina de 50 metros de altura. Los habitantes que pudieron vivir hace años, han sido cambiados por las decenas de ovejas que pastaban entre los restos de sus paredes.

Antes de dejar la isla de Skye, entramos de nuevo en Portree, para comprar Fish&Chips. Un letrero advierte que no debe darse de comer a las gaviotas, pues estas te robaran la comida. Las gaviotas que sobrevolaban la zona, se detenían en cualquier lugar, encima de los coches, de los postes…y sus amenazantes picos asustaban cuando pasabas por su lado. El pescado y las patatas, estaban realmente deliciosas y la recomendación que me hicieron de que no me fuera sin probarlas, tenía razón de ser.

Dejamos la isla de Skye para dirigirnos hacia Dornie. Este pequeño pueblo, de no más de 20 casas, hubiera pasado inadvertido si no fuera porque en él, está el castillo más fotografiado de toda Escocia. El Eilean Castle.
Dornie esta en el cruce de 3 lagos: el Duich, el Long y al Alsh.
Nuestra habitación estaba en Ardelve, un conjunto de casas a 3 millas de Dornie.
Llegamos a ella, y por fuera tenia el aspecto de un gran bungalow con una caravana al lado. El aspecto exterior, no era demasiado agradable, pero la habitación era correcta. Además teníamos vistas al castillo.

Nuestra anfitriona tampoco era un prodigio de amabilidad, pues tan solo nos llevó hacia la habitación y después se fue sin apenas indicarnos nada.

Volvimos a Dornie y cenamos en el pub del pueblo. Barato, bueno y rápido. Después de cenar, caminamos hasta la entrada del castillo, contemplamos su espectacular fisonomía y comprendimos el porque de ser de los mas fotografiados. Caminamos por el puente de la carretera, hicimos fotos, nos empapamos de imágenes y decidimos volver mañana a primera hora y visitar el castillo por dentro.

En el hotel de Ardelve, el hotel Loch Duich, hacían unas jornadas de música tradicional, y nos fuimos hacia él. La música tradicional era interpretada por dos personas que cantaban mientras tocaban el acordeón y la guitarra. Probamos un nuevo sabor de agua de vida escocesa, mientras nuestros oídos eran regados de notas celtas.

No había mucho ambiente, la verdad. En el salón del hotel no estábamos más de 20 personas, y por ello el lugar transmitía una sensación de familiaridad.

Dejamos la música, los whiskys y a dormir. 250 kilómetros, lluvia, playas, castillos y rocas nos habían traído a los pies del Eilean Donan. La joya del viaje.

DOMINGO 14 DE AGOSTO….16ª DIA….DORNIE-FORT WILLIAM


UN MONTON DE PEQUEÑAS COSAS.

Sin tener una agenda muy llena, hoy nos levantamos bastante pronto, pues queríamos ser de los primeros en visitar el Eilean Donan. El desayuno era regular: no había zumo de naranja, y los huevos con bacon tampoco fueron de los mejores que cominos.

A las 9 y media en punto, ya estábamos en el parking del Eilean Donan, donde los primeros autocares de turistas empezaban a llegar. Y para casualidades de la vida, un autocar de Gerona y otro de Córdoba, esperaban a que se hicieran las 10 en punto para acceder al castillo.

Mientras, nos entretuvimos en hacer infinidad de fotos desde todos los ángulos posibles del castillo y su puente.
El Eilean Donan, es desde el exterior simplemente precioso. Emplazado sobre la pequeña isla de Donan, fue construido alrededor del siglo XIII, y gestionado por el clan McKenzie. Como otros castillos de Escocia, su historia esta llena de batallas, conquistas y reconquistas.
En 1719, un ejército compuesto en parte por soldados españoles, hizo frente con éxito a una flota de barcos de guerra de la marina inglesa. Tan solo la posterior embestida y bombardeo del castillo, terminó por destruir y vencer a los españoles que eran partidarios de la causa Jacobita.

A las 10 en punto, después de pagar los 7 euros por cabeza, y de sortear a una manada de turistas, cruzamos el puente que da acceso al castillo.
Las salas están perfectamente ambientadas y con multitud de objetos antiguos que pertenecieron a personas que tuvieron alguna relación con el castillo.
La primera sala que se visita es una exposición sobre la historia del castillo, para llegar después a un primer salón, con mesas y sillas de roble, góticas ventanas y paredes recargadas de objetos de todo tipo.

Como un objeto de culto, hay un mechón de pelo, que correspondió al príncipe Bonnie Charles. En cada sala hay unos folios en varios idiomas que explican mucho mayor la sala en la que uno se encuentra. Además el personal del castillo se encargaba de aclarar las dudas que iban surgiendo en cada estancia.

Salas inmensas con grandes bibliotecas, chimeneas y cuadros de personajes ilustres van recreando un ambiente que en algunos momentos te sumerge en la vida cotidiana de 4 siglos atrás.

Por unas estrechas escaleras se llega a las habitaciones, algunas más austeras que otras y a pequeñas estancias sin mobiliario alguno. La visita termina en la cocina del castillo, quizás la estancia más graciosa de todas y también ambientada hasta el más mínimo detalle.

Como que los grupos de los dos autocares habían empezado a “conquistar” todas las habitaciones, salimos del edificio principal, para pasear por los caminos y jardines que rodean al castillo. El Loch Duich, baña la orilla del castillo, y la vegetación de los montes adyacentes, vuelve a realzar el lugar.
Al salir del castillo, vimos en la puerta de entrada a una de las dos personas que la noche anterior, nos entretenía en el hotel con su música tradicional.

Terminamos la visita en la tienda de souvenirs del castillo, donde las fotos de la película Los Inmortales, son expuestas como un souvenir más.

Vimos muchos castillos, unos destruidos, otros vacíos, y otros ambientados, pero el de Eilean Donan, fué con total seguridad el mejor de todos. No obstante es el más visitado, el más fotografiado y el más famoso de toda Escocia. Imprescindible visitarlo.

Dejamos atrás Eilean Donan, y a través de la A-87, emprendimos camino hacia Fort William.

A pocos kilómetros de Fort William, está el Commando Monument. Erigido a finales de la segunda guerra mundial, es un monumento en homenaje a los comandos británicos que perdieron la vida en ese conflicto. El área esta dividida en dos sectores. En uno se alza una escultura de 3 soldados, y en otra algo más alejada, hay unas lápidas en el suelo, con los nombres de los comandos que aunque no murieron en la guerra, si pidieron ser enterrados en este lugar, con sus compañeros. En este pequeño mausoleo, las lapidas se alternan con flores y velas.

Fort William es una de las mayores ciudades de la costa oeste, de unos 15.000 habitantes, es famoso por ser un gran centro turístico, por su belleza y por estar a los pies del Ben Nevis, la montaña más famosa de toda Escocia.
Buscamos la Alma Road, para encontrar nuestro hotel, dejar las maletas en él, y así olvidarnos de horarios y reservas.

Nuestra casa en Fort William, era un hotel. El Guisachan House. Un mediano pero acogedor hotel con más de 20 habitaciones, y que estaba en el centro mismo de la ciudad, aunque con un acceso algo complicado.

Después de dejar las maletas, nos dirigimos hasta el otro extremo del canal Caledonian, donde las ocho esclusas del canal en este tramo, reciben el nombre de Neptune´s Starcaise, una proeza de la ingeniería. Al lado de estas esclusas, hay una zona de picnic, y un gran parking que siempre está lleno de coches. Ya habiamos visto en Fort Augustus, el funcionamiento del canal, y como los barcos iban ganando altura para sortear los desniveles, por lo cual no nos entretuvimos demasiado y nos dispusimos a dirigirnos hacia las playas de Mallaig.

Conducimos a través de la A-830, y en pocos minutos llegamos al Glenfinnam Monument. Esta torre de 20 metros de altura, y coronada en su terraza por la estatua de un soldado, se erigió en 1815, para homenajear a todos las personas que en 1745, apoyaron el alzamiento Jacobita del príncipe Bonnie Prince Charlie.

El monumento se puede contemplar gratuitamente, pero si se quiere subir a la torre, entonces hay que pagar. Lo contemplamos desde la base, y proseguimos camino. Cruzamos el viaducto de Glenfinnam, pocos minutos después de que el
tren, lo cruzara. Un tren especial.
El Jacobite Steam Train, es un tren de vapor, que hace el recorrido de Fort William hasta Mallaig, y cuyo encanto recae en hacer este trayecto en un autentico tren de vapor, que además se utilizó en las películas de Harry Potter. Para subirse al tren, hay que comprar los billetes con antelación, y como los horarios no nos iban demasiado bien, lo descartamos.

A pocos metros del Glenfinnam, hay otro pequeño monumento. A los pies del Loch Nam Uamh, está una pequeña construcción, que indica el lugar donde en 1746, el príncipe jacobita huyó a Francia. El lugar no sería ni tan siquiera nombrado, si no fuera por su ubicación, preciosa a los pies del lago, y por el hecho de que se conmemore una huida.

En pocos minutos más llegamos a Mallaig, aunque para llegar nos introdujimos en Morar, pequeño pueblo a los pies del Loch Morar, donde una leyenda también cuenta la presencia de un monstruo en sus aguas. Este lago es el de mayor profundidad de agua dulce en Europa.

Mallaig es pequeño. Muy pequeño. Sus pocas casas se amontonan en las cercanías del puerto, cuya actividad es importante pues sus transbordadores enlazan este pueblo con Armadale, en la isla de Skye.
Diversos carteles avisan de la presencia de las gaviotas y advierten de que no se les de comida.
El corazón de Mallaig es el puerto, y a pesar de ser pequeño, en su puerto se respira algo más de vida.

Las playas de Mallaig, que son famosas por ser blancas, nos desilusionaron un poco. No eran nada del otro mundo, y aunque quizás si que tenían su encanto, habíamos visto ya otras mas hermosas. Además su acceso era algo complicado.

Regresamos hacia Fort William para dirigirnos hacia las cascadas de Steall, a los pies del Ben Nevis. El monte Nevis, es la montaña más alta de Escocia. Sus tan solo 1344 metros de altura, son un aliciente para poder decir que se ha subido a la montaña más alta del país.
Su cima está casi siempre coronada por nubes, y la nieve se forma en cualquier época del año. Antes de empezar la subida, hay un centro de visitantes, donde se informa del tiempo en la cumbre y de los posibles cambios metereológicos que pudiera haber. Decenas de montañeros iban y venían en un trasiego constante de ambiente montañero y juvenil. El camino del Ben Nevis, es de unos 16 kilómetros y suele hacerse entre 6 u 8 horas. Hay que ir bien abrigado y preparado para hacer la excursión.

La carretera que sigue después del centro de visitantes, es una especie de montaña rusa. Los bruscos cambios de rasante, los altos y bajos, subidas y bajadas, hacen del camino una especie de auto loco, donde el estómago se resiente de tanto cambio de rasante.

Llegamos al final del camino, y después de aparcar el coche, emprendimos una suave caminata, cruzamos un espeso bosque repleto de rocas, piedras, escalones y ramas, para después de unos 30 minutos llegar a las cascadas de Steall.

Su belleza es más desde la lejanía. A medida que se va acercando, es cierto que se aprecia más la caída del agua, pero desde lejos es mucho mejor. Las cascadas de Steall están en un prado donde la gente también acampa. Lo mejor de la excursión, son los paisajes que se van encontrando al acercarse a las cascadas….lo único malo, los mosquitos que acechaban.

Regresamos a Fort William, cuya ciudad ofrecía un ambiente super turístico: tiendas abiertas, gente en sus calles, vida….una ciudad llena de turistas que paseábamos por su calle principal.

Después de mirar en varios lugares, cenamos en un restaurante italiano que estaba cerca de donde habíamos aparcado, y al finalizar la cena, nos fuimos por la calle principal para disfrutar un poco de la noche de domingo de Escocia.

Entramos en un pub que ofrecía música en directo, y con algo de dificultad, conseguimos hacernos con un hueco en la barra.

Unos 5 jóvenes tocaban y cantaban música tradicional escocesa. En el pub había una especie de gigante, con algo más de dos copas de más, y que varias veces tuve que vigilar para que no vaciara su tonel de cerveza encima de mi camisa. Era un armario beodo ambulante.

Con el sabor de dos whiskys más nos fuimos a dormir, y a dar por finalizado un nuevo día. Intenso, de aquellos días que sin hacer grandes cosas, se llenan de varias pequeñas experiencias…y de 270 kilómetros más….mañana debíamos de decir adiós a nuestro coche… mañana llegábamos a la capital.

LUNES 15 DE AGOSTO….17º DIA….FORT WILLIAM-EDIMBURGO

INICIO DEL FINAL

Estábamos acostumbrados a desayunar casi siempre solos o como mucho con una o dos parejas más en el salón, pero hoy el desayuno fué bastante más multitudinario. En cada mesa había el número de la habitación que le correspondía, y en el comedor de Fort William había 7 mesas llenas, de las más de 20 que podían ser ocupadas. El desayuno, exquisito y abundante.

El día se levantó con lluvia, con fuerte lluvia. Estábamos regresando al sur, dejando los paisajes soleados y verdes del norte del país.

Teníamos por delante casi 300 kilómetros hasta llegar a Edimburgo, por ello intentamos salir pronto y a través de la A-82, dirigirnos hacia Oban.

La carretera discurría paralela al Loch Linnhe; los paisajes se empeñaban en seguir siendo increíblemente bellos. La lluvia que no dejaba de caer, se mezclaba con la humedad que emergía de las aguas del lago y todo ello causaba una estampa preciosa….
Dejé que la carretera me llevara, sin prisas, como si quisiera que el camino no se terminara nunca, y que tan solo el lento pasar de los minutos me acercara a la preciosa ciudad portuaria de Oban.

Varias veces tuvimos que cruzar por espectaculares puentes que salvaban los diferentes lagos que nos íbamos encontrando. A cinco millas antes de Oban, se encuentra el castillo de Dunstaffnage.

Este castillo es famoso por varios motivos. El primero y que se observa a simple vista, es que está edificado encima de una roca, mimetizándose las paredes del castillo con las de la roca. Fortaleza de aspecto cuadrado, con cuatro torres defensivas cuadradas también. La leyenda dice que la piedra del destino, objeto de culto de la monarquía Escocesa, se escondió durante varios años en este castillo. De esta piedra aprendimos bastante más en Edimburgo, pero eso es otra historia. Dunstaffnage también cuenta con su fantasma… una leyenda cuenta que el fantasma de un antepasado de los McDougall, antiguos propietarios del castillo, se pasea por sus estancias con una túnica verde.

Construido en el siglo XIII, se puede visitar por dentro, con estancias sencillas y austeras, sin ambientación, donde la imaginación de cada uno debía ayudar a decorar las paredes del castillo. Fuera de sus muros, está la capilla, o mejor dicho lo que queda de ella.

Desde el castillo, se puede observar Oban y su puerto. Aunque la lluvia seguía cayendo sin parar.
Seguimos camino hacia Oban, ciudad de 10.000 habitantes, turística, llena de gente. Su importante puerto con subastas de pescado ininterrumpidamente, es el lugar de más ajetreo de la ciudad. Además es un importante lugar de transbordadores a las distintas islas del país. En los alrededores del puerto, se concentra la mayor parte de tiendas de la ciudad. En Oban, hay una excelente imitación del coliseo romano, encima de la colina que domina toda la ciudad.

Pasemos por sus calles, compramos, nos mojamos y nos embriagamos de su ambiente portuario.

Dejamos Oban, por la A-85 y a unas 15 millas, nos detuvimos en la Bonawe Historic Iron Furnace. Una fundición de acero, ya en desuso y que tan solo permanece abierta al turismo como atracción.

La visita a la Iron Furnace, la teníamos gratuita con el Explorer, por lo cual nos detuvimos a visitarla, y aunqué a priori es un lugar que no llama la atención, el visitarla, es como una clase práctica de historia. A través de un itinerario marcado, se observa todo el proceso de fundición del acero, la utilización del carbón como material de quema, su traslado, etc.etc.etc.
El día seguía lluvioso, y como no era una atracción de visita mayoritaria, estábamos prácticamente solos. Solos pero en compañía de la lluvia.

Después de la lección histórica, seguimos hacia Edimburgo. Cruzamos de nuevo el parque nacional de The Trossachs, sus bosques, lagos, la vegetación exuberante del centro de Escocia… A medida que nos íbamos acercando a nuestro destino, el sol empezó a acompañarnos. Y con el sol en su esplendor, divisamos de nuevo Stirling, su castillo, el monumento a William Wallace…
En Stirling tomamos la autopista M9 que nos llevaba directamente a Edimburgo.

La capital de Escocia, cuenta con un cinturón, un City Pass, que bordea toda la ciudad, y que perfectamente indicado te adentra hacia la parte de la ciudad que desees. Nuestro destino era la Mayfield Gardens, una de las calles principales de Edimburgo, pero con un acceso directo desde el City Pass.

Con mas rapidez y facilidad de la que esperábamos, llegamos a Auld Reekie Guest House, nuestro B&B en Edimburgo.
Dejamos las maletas, comprobamos que nuestra anfitriona era un saco de nervios andante y nos fuimos a devolver el coche.
Edimburgo es una ciudad de casi medio millón de habitantes. Pero en agosto esta cifra se multiplica por 2 o por 3, por lo cual circular por ella, aunque sea unos pocos minutos, es complicadísimo. Calles cortadas, infinidad de tráfico y la precaución de circular por primera vez por una gran ciudad.
Pero la fortuna de nuevo nos sonrió y con más facilidad de lo esperado, llegamos a la central de Hertz a devolver nuestro Focus.

Teníamos alguna pequeña rascadilla en el retrovisor y en las ruedas, pero el chico que nos atendió al comprobar el estado del auto, no se dió cuenta. Pagamos y descansamos.
Sinceramente me quité un peso de encima, pues cualquier daño en el coche, hubiera tenido que pagarlo yo. Atrás quedaban 2000 millas, más de 3200 kilómetros de conducción.

Edimburgo estaba pletórica. Creo que pensé que toda la gente que no había encontrado por todo el país, estaba aquí.

Las primeras referencias de la ciudad, se remontan al año 1000 a.c. La capitalidad del país la obtuvo en 1498, con el reinado de Jacobo IV. Edimburgo esta dividida en dos grandes sectores: la Old Town, el barrio antiguo que derivó a un barrio insalubre, y la parte nueva, la New Town, construida en 1700, más al norte de la vieja ciudad y que se convirtió en la zona acaudalada. En Edimburgo se encuentra la sede del nuevo parlamento escocés, es el segundo centro financiero de las islas británicas, está lleno de museos, de atracciones y sobre todo en Agosto lleno de festivales: El festival internacional de teatro, el Fringe (teatro alternativo), el festival de cine de Edimburgo, el festival del libro, el festival de Jazz y Blues y el archifamoso festival Military Tattoo.

Paseamos, descubrimos cosas increíbles, vimos lugares insospechados, y nos adentramos en la magia del espectáculo en sus calles….pero todo lo que vimos en esta nuestra primera tarde en Edimburgo, bien merece ser contada aparte.

Cenamos en un lugar no recomendable, Pizza Paradise, en Nicolson Street, esquina con la Royal Mile. Malas pizzas y mal servicio. Y además no tenían cerveza.

Decidimos volver andando al hostal, hacer los casi dos kilómetros a pie, y pasear, disfrutar de las calles de una ciudad, que en cuanto más nos alejábamos del centro, más tranquilidad y majestuosidad ofrecía.

Mañana descubriríamos la ciudad. Ahora tocaba descansar. O no.


MARTES 16 DE AGOSTO…..18º DIA….EDIMBURGO

VIDA DE ESCOCIA

Edimburgo en Agosto, es el sonido de una gaita. O de cientos. Alguien teje en la calle un jersey de punto, con cintas de cassette. Me adentro en una gótica iglesia y las imágenes cristianas han sido sustituidas por estands de información. No hay creyentes, pero si hay actores. No hay cánticos religiosos, pero si hay sonidos celtas. Me pierdo en su interior. Una chica me ofrece una cerveza desde el bar de una pequeña capilla. Por la calle una estatua humana se detiene en la calle. El viento que azota su traje es fijo e imaginario. Oigo cantar flamenco. Los sonidos de las palmas salen de las manos de un grupo catalán, Sal, mel y vida. La leyenda de Carmen cobra vida en los ojos de su bailarina. Unos policías se acercan. No pasa nada. Tan solo contemplan la negra cabellera de la más clásica estampa española. Alguien me hace señas, me lanza un beso mientras sujeta en sus manos un cartel con las letras de sexo. A sus pies, en plena calle una cama vacía, y decenas de curiosos deseando llenarla.
Me apartan un grupo de bailarinas zingaras, mientras de fondo la música discotequera pide paso salpicada de coreografía de “cheerleader”… oigo interpretar a Mecano, y unos ojos andantes se me quedan mirando….de un cajón de cartón, unos pies me ofrecen un vegetal pegado a una cartulina…”esta noche actuamos en el venue 47”…
Dos colegialas de difícil clasificación se abrazan a un oso….mientras Jaimito hace malabares con 12 cajas de cartón…
En la tarima 3, unos personajes cantan acordes de música country; a su lado, esperando su turno, dos payasos se empeñan en no hacer reír….pasen y vean el show de los horrores, el terror, el infierno….”the Devil´s Show”, anuncia la mismísima novia del diablo….las cartulinas, las cientos, las miles de ellas, cambian de mano en mano. Pero el suelo sigue estando inmaculadamente limpio. Entro en una tienda. El dependiente pakistanés quiere venderme un traje escocés. El show callejero ha invadido las tiendas y los souvenirs sobresalen en las bolsas de dos bellezas nórdicas. Quiero algo de paz. Lo buscaré en otra iglesia, en la que esta más apartada de todo el bullicio…. ¿desea comprar una entrada joven?...El mundo al revés. La calma no es posible. Me siento en un trozo de pared virgen de aspirantes a artistas. Se acerca el Apocalipsis. Unas monjas se abrazan a unos animales de peluche. “Actuamos en el venue 16, tan solo 8 libras”. Un clon de superman sube en calzoncillos por una escalera portátil en medio de la calle. Su propio peso le sirve de apoyo…. ¿no querrá echarse a volar?....sigue la magia en la calle. Intento perderme por las calles más alejadas. Busco algo de tranquilidad. Empieza a llover mientras escucho a un cantante que no canta. Un joven australiano se deshace su coleta. Extiende los brazos mientras grita. Cualquier parecido con un Cristo es algo más que una coincidencia. Lanza sus cuchillos al aire. Caen mezclados de sudor y lluvia. Empiezo a empaparme. Pero me atrae su espectáculo. ¿Podría quedarme eternamente?
Me río sin saber de qué, me levanto porque todo el mundo lo hace…oigo de nuevo palmas y castañuelas. Tengo que abrirme paso entre la gente. Lo flamenco atrae a las masas. Si no hay sitio, siempre me puedo entretener contemplando a dos travestís con tacones de 20 centímetros bailar temas de Abba…. Turistas despistados, mesas repletas de jarras de cerveza vacías, y manos, muchas manos que te ofrecen “flyers”…y la vida sigue, y la fiesta, y el teatro, y el Fringie…
Te quiero pero ahora cambia es el nuevo espectáculo de canto de la tarima 2. Ella me guiña un ojo, mientras unos piratas me entregan su tesoro. La bailarina de la caja de música ejecuta su baile encima de un banco…lleva la cara pintada de blanco y un cartel que dice que la siga. La seguiría hasta que el día dejara de ser día. El fuego del fakir sigue quemando el aire….aún no se que espectáculo veré… ¿Ver?...estoy dentro de un espectáculo…estoy dentro de Edimburgo. Me siento parte de la magia, me siento artista…pero mi arte es tan sólo ser feliz en medio de todo este mundo….

Intentamos alejarnos unos pocos metros de los aires de fiesta, y enfilamos la Royal Mile arriba, hasta llegar a las puertas del castillo de Edimburgo. El patio exterior está falto de espacio por las gradas azules que se han colocado para el Military Tattoo. No hay entradas desde hace días. Es pronto, son poco más de las 10 de la mañana, cuando accedemos al interior del castillo, después de padecer un registro completísimo. Me abrieron hasta el monedero para ver que llevaba en él. Quizás fué el lugar en toda Escocia, donde nos registraron más.

El castillo de Edimburgo es impresionante. Está erigido sobre un volcán apagado, y consta de un conjunto de edificios de los siglos XII al XX. A través de ellos, se puede observar el papel cambiante de esta fortaleza que domina toda la ciudad. Los primeros indicios cuentan que el castillo se construyó en el siglo VI. Fué la residencia de los monarcas escoceses, hasta la reunificación coronaria con Inglaterra en 1603.
Las joyas de la corona escocesa, se quedaron en el castillo, excepto la piedra del destino que fué robada por los ingleses y devuelta tan sólo en el 1996.

El castillo estaba lleno, llenísimo de turistas. Buscar un hueco para tomar buenas fotos, era algo complicado. Pero había que intentarlo. Después de cruzar la entrada se accede a la explanada de la batería de la media luna. Una plataforma artillera perfectamente preparada para defender el ala este del castillo. Seguimos recorriendo la explanada para auparnos a través de unas escaleras a la Argle Battery. Esta muralla fortificada, llena de cañones, ofrece unas vistas preciosas de toda la ciudad. De fondo, mientras nuestros ojos se empeñaban en buscar el horizonte, unas notas de música militar se adentraban por los oídos. No procedían del castillo, si no del pequeño Military Tattoo que se celebra en los jardines de la Princes Street.

Un cañón sobresalía por encima de todos. El Mons Meg.
Un gran cañón, enorme en dimensiones, se exhibe rodeado de balas de cañón, en un lateral del castillo. A pesar de la espectacularidad de su tamaño, es famoso por que durante unas salvas en honor al duque de York en 1682, esta bombarda explotó y fué escondida en los sótanos de la torre de Londres, hasta que en 1829 fue llevada de nuevo a su emplazamiento actual. Pero ya no volvió a usarse más. Por si acaso.

Intentando evadirnos de las masivas embestidas de turistas, entramos en el palacio, del siglo XV, donde está la exposición de las joyas de la corona. Para acceder a ella hay dos caminos: el largo, donde hay una explicación muy bien ambientada de lo que son los símbolos escoceses, sus reyes y sus leyendas, y la corta, donde únicamente se ven las joyas sin más.
Primero, por error, hicimos la corta, para después volver a entrar por otra entrada y hacer la visita completa.

Los primeros reyes de Escocia eran coronados en una ceremonia al aire libre, en la que el Rey se sentaba en una piedra, La Piedra del Destino, que simbolizaba la unión del monarca con la tierra y el pueblo. La Piedra, era, es y seguirá siendo el símbolo más valioso para toda la gente de Escocia.
Esta piedra, parecida a un trozo de mármol de unos 80 centímetros de largo y 40 de ancho, esta “decorada” en dos de sus extremos por una cuerda de hierro, que la sujetan con dos anillas. Protegida por un cristal, se puede ver en la misma estancia donde están la corona, la espada, la vaina y el cinto. Las insignias de Escocia.
La famosa piedra fué robada en 1296 por el rey Eduardo I, y escondida en la Abadía de Westminster, hasta su retorno a finales del siglo XX.

Las joyas de la corona Escocesa, son preciosas, sin duda. La corona está hecha con oro de las minas de Escocia y decorada con piedras preciosas, como diamantes y amatistas. El cetro es de plata dorada, con incrustaciones de cristal. La espada, la vaina y el cinto están decorados con elementos cristianos y piedras preciosas resplandecientes… quizás las joyas de la corona inglesa son más espectaculares y abundantes, pero las de Escocia, tienen un simbolismo y belleza especial.

Con la cantidad de guerras e intentos de conquista que ha sufrido Edimburgo, las joyas fueron escondidas, desaparecidas, saqueadas, vueltas a recuperar, hasta que en 1707, con la unión de Escocia e Inglaterra, fueron guardadas en un cofre de la sala de la corona y sellado a continuación.
Tan solo 111 años después, y a través del escritor Walter Scott, se consiguió abrir la sala de la corona, el cofre y exponer las joyas al público de forma permanente, en la misma sala por donde estábamos caminando ahora. El cofre, se podía observar en un lateral previo a la sala de las joyas.
La historia de la simbología escocesa es más larga y extensa, pero nuestra visita al castillo debía seguir.

Saliendo del palacio, nos fuimos a la Capilla. La capilla de St. Margaret. La capilla es la edificación más antigua del castillo, y sus vidrieras le dan mucha luz y color. Es preciosa.

Seguimos nuestra visita por el Gran Salón, con un techo restaurado de madera vista, y que fué la sede del parlamento escocés hasta el 1639. En el interior del amplísimo salón, un actor vestido con traje de época, contaba las historias del castillo durante 20 minutos, en ingles, claro está.
Durante los meses de Julio y Agosto, el castillo de Edimburgo, igual que otros castillos de Escocia, tenían programas de entretenimiento, de actuaciones, de ambientación…y hoy tocaba esta.

Una de las estancia mas impresionantes de ver, son las mazmorras del castillo. Ubicadas en los sótanos, están ambientadas con objetos reales de hace más de 3 siglos: grilletes, cadenas, literas, sábanas sucias….poca luz y de fondo una grabación de voces, toses y ronquidos, imitando las condiciones de vida en ese lugar. Por las paredes se pueden ver, grabados en la arcilla, los nombres y fechas de algunos de los que ocuparon las celdas.

En la exposición, aparte de contar algunas historias de los huéspedes de las celdas, hay una muestra de los objetos que hacían los presos. Con huesos de comida, hacían troqueles de estampados para falsificar billetes o permisos. Maquetas de barcos, joyeros, sombreros de paja, juegos…y todo ello con materiales reciclables.
Al salir, se muestra cual era la ración diaria de comida que recibían, depende de la categoría u origen del preso. Prisioneros de guerra, de la guerra de la independencia americana mayormente.

A pesar de ser un recinto inmenso, no se cansa uno de recorrerlo. Algunas dependencias están cerradas, como la casa del gobernador, que a día de hoy aún sirve como hogar y comedor de oficiales del ejército.

Llevábamos más de 3 horas visitando el castillo, cuando dimos por concluida la visita. Al salir de él, la cola para entrar era infinitamente más larga que cuando entramos nosotros.

Cerca del castillo, siguiendo la Royal Mile, esta el Heritage Scotch Whisky Centre.
Jamás en mi vida había visto tantas marcas distintas del agua de vida escocesa.
En los carteles anunciaban más de 400 clases distintas, y no sé si hay tantas o no, pero lo cierto es que descubrí bastantes tipos de whisky de marcas conocidas y desconocidas. Un detalle. Las marcas de más popularidad en España, apenas se veían en la tienda. E incluso encontré a faltar nombres que aquí son super comerciales.
Lo mejor de todo, es que en la tienda, había una degustación de un malta que no conocía y que acabe por conocer bastante…en el mismo centro, si se quiere, hay una visita en la que se muestras como es el proceso de elaboración, pero como ya lo habíamos visto antes, tan solo compramos alguna botella, y seguimos la ruta de la Royal Mile. De sus tiendas.

Cansancio y peso, no eran buenas compañías, por lo cual, cogimos el autobús y nos fuimos a descansar un rato a nuestra habitación, y dejar las compras en las maletas.
Aun teníamos toda la tarde por delante, y queríamos seguir explorando Edimburgo.

Después de un rato de descanso, nos dirigimos hacia la New Town. La parte nueva.
La diferencia de la New Town, con la Old Town, quizás fué más apreciable en la antigüedad, porque ahora los mismos edificios oscuros están en los dos lados.

Intentamos cruzar por los jardines de Charlotte Square, pero una feria de libros, se había apoderado del espacio de paso, y para cruzar los jardines, se tenía que dar toda la vuelta a la manzana. Numerosos edificios de oficinas, tráfico y sobre todo la imagen, o la sensación de que Edimburgo es una ciudad con algo de lúgubre, pero mucho de señorial.

La mayoría de edificios, presentan este aspecto de la piedra sin pintar, que se va oscureciendo con los siglos y la humedad. De aspecto georgiano, la New Town, tiene un aire distinto al resto de la ciudad. Y sobre todo más tranquilo.
Caminamos por la plaza Moray, llena de apartamentos, de bajos habitables y de escaleras sucias a ninguna parte. Vimos casas georgianas abiertas al público (previo pago de entrada), en la que se muestra como eran las casas en los siglos XVII y XVIII. El paseo fue relajante. Pero el bullicio venía de nuevo a nuestro encuentro.

Dejamos la New Town, para desembocar en la Princess Street, y en sus jardines, donde las ardillas correteaban asustadas por los chiquillos que las perseguían.
Desde los jardines, la imagen del castillo, en las alturas, es magnifica, y sentarse, o tumbarse en el césped contemplándolo, es una delicia, sobre todo para nuestros pies que empezaban a pedir algo de descanso.

Andamos un poco más por los jardines, buscando el monumento a Walter Scott. Y lo encontramos.

Sir Walter Scott, es una de las figuras más importantes de la historia y de la literatura escocesa. Aparte de sus novelas de aventuras y de caballería, Walter era una persona muy influyente en la sociedad de su época, y sus opiniones eran buscadas y tenidas siempre en cuenta.
En 1832, tras su muerte, se construyó el Scott Monument, como tributo a su vida y su obra.
La gran torre gótica del monumento, alcanza los 61 metros de altura, y en su interior a través de 287 escalones se llega a una plataforma superior con excelentes vistas de la ciudad. Por el exterior, el aspecto era el mismo que la mayoría de edificios históricos de la ciudad. Oscuro.

Decidimos caminar por las callejuelas limítrofes de Princess Street y la New Town, para buscar un lugar para cenar, y encontramos en la Rose Street, una delicia de local.
Una muscleria, o una Musell Inn…la posada del mejillón.

El plato principal son unas enormes ollas llenas de mejillones al vapor, y cocinadas con diferentes salsas: de queso, de bacon, picantes, etc.
Y todo ello con un vino blanco de Uruguay. Exquisita cena, sin ser nada del otro mundo, de las mejores.
Para terminar, le pedí un whisky a nuestra camarera, y ella me aconsejó uno distinto y más barato al que yo había pedido. Nos contó que estaba en Edimburgo por el festival, pero que trabajaba aquí, para pagarse la estancia.

Después de cenar, dimos un pequeño paseo, y regresamos al hostal. El día había sido más que aprovechado. Pero Edimburgo aún nos reservaba más cosas. Pero eso sería mañana. Nuestro último día en Escocia.

MIERCOLES 17 DE AGOSTO….19º DIA…EDIMBURGO

TODO TIENE UN PRINCIPIO, TODO TIENE UN FINAL.


Edimburgo: patrimonio de la humanidad según la UNESCO, se disponía a darnos acogida por último día….y como últimas horas aún teníamos cosas pendientes que hacer…

Después de desayunar, acordamos con nuestra anfitriona Rhona, el desayuno para mañana, la reserva de un taxi y el pago de la habitación, pues como nos íbamos antes de las 7 de la mañana, a esas horas nadie nos atendería…si pagábamos con tarjeta, la habitación era un 3% más cara….

Queríamos visitar el castillo de Craigmillar, que nos entraba en el Explorer, y para ello teníamos que hacer una pequeña excursión en autobús por Edimburgo. El castillo estaba cerca del llamado hospital de enfermería, en el sureste de la ciudad.

Con la ayuda de Rhona, supimos que autobús nos llevaba al castillo, y después de unos 15 minutos por los barrios más alejados del centro, llegamos al hospital. Ahora nos tocaba descubrir donde estaba el castillo, pues no había ninguna indicación de él.
Dejándonos llevar un poco por la intuición, descubrimos la cuesta por donde subir y en unos 15 minutos más llegamos a su entrada.

El castillo de Craigmillar, es un elegante monumento de los siglos XV y XVI. Sus dependencias, algunas de ellas en ruinas, forman un laberíntico escenario. Se entra por una habitación y como si todas las estancias se comunicasen entre si, se van cruzando puertas y más puertas, para acabar sin saber como en lo alto de las torres. La visita y el no perderse, es un ejercicio divertido….

Las habitaciones del castillo están vacías, algunas algo ruinosas y quizás lo mejor de todo ello, es la esplendida vista que se divisa desde lo alto de la torre. Edimburgo en el horizonte, con su castillo enfrente nuestro y la ciudad a nuestros pies…el día claro y despejado nos brindaba una sensacional imagen de la ciudad, y un perfecto epitafio a las visitas de monumentos históricos de Escocia.

Volvimos por otro camino, algo más corto que el de subida y esperamos a que el autobús nos regresara a la gran urbe.

Quisimos recorrer la Royal Mile entera, de norte a sur, deteniéndonos en todos los edificios interesantes que las andanadas de artistas no nos dejaban ver.

La Royal Mile, es la calle que formaba la arteria principal de la Edimburgo medieval. De la Royal Mile, o High Street, parten 66 callejuelas que se adentran en el antiguo barrio de la Old Town.
Casi a mitad de la calle, está la St. Giles Cathedral, famosa por que entre otras cosas, fué desde aquí donde el reverendo John Knox, empezó y dirigió la reforma escocesa protestante.
Lo mejor de la catedral, es la capilla del Cardo, con un elaborado techo de bóveda, y con tallas heráldicas donde se honra a los caballeros vivos y muertos de la muy noble y antigua orden del Cardo.

La capilla es espectacular…dejar por unos instantes el bullicio del Fringie, y sentarse en un banco de la catedral, contemplando la laboriosidad de la bóveda, es un placer para los ojos….y los placeres hay que disfrutarlos intensamente.
Casi al lado de la catedral, está la cruz de Mercat, que señala el centro de la ciudad. Fué aquí donde se proclamó rey a Bonnie Prince Charlie.

Llegando casi al final de la Royal Mile, está la Morocco´s Land. Es una reproducción de una casa del siglo XVII, y cuyo nombre se debe a la estatua del moro que adorna su entrada.

Antes de llegar al final de la calle, entramos en una iglesia, de las pocas que vimos abiertas, y que estaba erigida en honor a los militares que cayeron en la segunda guerra mundial. Sin demasiados símbolos religiosos, estos, habían sido sustituidos por banderas, estandartes, y galas de los ejércitos escoceses. En la iglesia destacaba un enorme órgano, que juntamente con la excepcional luz interior, le daba al lugar el ambiente más de un museo que de una iglesia.

En la parte final de la Royal Mile, no abundan tanto las tiendas de souvenirs, y si que hay muchas de moda y sobre todo varias de adornos de navidad. Unos establecimientos con la navidad perpetúa en su interior.

Llegamos al final de la Royal Mile, donde el Holyrood Palace nos frenaba el paso. Este palacio es la residencia oficial de la reina Isabel en Escocia. Sus salones reales y el salón del trono, se utilizan aún hoy en día, para las recepciones oficiales que realiza la reina cuando visita la ciudad. Entrada de pago.
A su lado, hay un tienda donde venden toda clase de objetos de la familia real: desde fotos de Carlos, de los hijos de este, de Camila, y muchos objetos de Diana….platos, tazas, vasos…etc…etc… y se vendían…
Cerca del palacio está la sede del parlamento escocés, inaugurado a finales del 2001.

Volvimos de nuevo al centro para realizar las últimas compras del día y de las vacaciones. Nos entretuvimos en los múltiples escaparates, y con las compras perfectamente pensadas, quemamos una etapa más del día.

El resto de la tarde lo dedicamos a sentarnos en la calle, contemplando los espectáculos que ahí se celebraban….shows de todo tipo, algunos con más gracia que otros, pero casi todos con una originalidad aplastante….y entre magos y malabaristas, showmans y sonrisas, nos fuimos a cenar.

Bella Italia, es un restaurante italiano, como su nombre indica, en el que ya habiamos cenado en Inverness, y como estaba en la misma Royal Mile, y además no nos teníamos que esperar demasiado, pues fué el escogido para cenar por última vez por las tierras escocesas.

Regresamos al hotel con una mezcla de tristeza y de satisfacción.
Ahora si, que todo se acababa.

JUEVES 18 DE AGOSTO…20ª DIA….EDIMBURGO-BARCELONA

EL REGRESO

Con las maletas ya preparadas en su totalidad, con todo el trabajo hecho, con las vacaciones llegadas a su fin…nos despertamos por última vez en Escocia. A las 6 de la mañana, la alarma del móvil nos despertó del sueño escocés. Tal como habíamos quedado con nuestra anfitriona, teníamos el desayuno preparado en el salón, no en su totalidad, pero si que teníamos zumo de naranja en una nevera portátil, pastas y cereales para tomar libremente.

Y a las 6 y 45 minutos, el taxi ya nos estaba esperando en la puerta.
Por primera vez, utilizamos los famosos y negros taxis británicos, de gran amplitud, y donde las maletas iban delante, al lado del conductor, y nosotros detrás, bien anchos.

Cruzamos Edimburgo por un montón de calles. Vimos zonas de la ciudad que no conocíamos aunque fuese a través de la ventanilla del auto. La ciudad empezaba a despertarse y en unos 20 minutos llegamos al aeropuerto de Edimburgo.

El vuelo de la compañía Flyglobespan, con destino a Barcelona, tenía su hora de salida a las 9 horas. El aeropuerto no es muy grande, da la impresión de ser un aeropuerto familiar. Lo que más nos sorprendió, es que en la cola de facturación, hubiese más turistas escoceses que iban de vacaciones a Barcelona, que no de turistas de regreso a su casa.

Facturamos rápido y sin problemas y nos fuimos de paseo por las tiendas del aeropuerto. Quisimos comprar unas botellas de whisky en miniatura, y no pudimos. Estaba prohibido vender alcohol antes de las 8 de la mañana. Ni siquiera las botellas de souvenir.

La espera de regreso de unas vacaciones, siempre es la más triste de todas. Ya no hay la ilusión de principio del viaje, y tan solo queda el deseo de llegar a casa, contar las anécdotas del mismo y contemplar las más de 500 fotos que habíamos hecho.

Embarcamos puntuales en un avión que iba lleno de turistas a Barcelona. A mi lado se sentó un señor que me comentó que iba a Sitges, por cuarta vez. Durante el trayecto, él y sus amigos, se bebieron dos cubatas….y eso que el alcohol en los aviones no suele ser barato.

Salimos puntuales, y puntuales llegamos. Las dos horas y media de viaje, se hicieron cortas.

Barcelona nos recibió con el calor y la humedad que hacía tiempo que habíamos olvidado. Las maletas llegaron en buen estado, y nuestro transporte particular, también estaba esperándonos en la terminal.

Todo tiene un final, al menos un final físico, porque sin lugar a dudas, Escocia ya formaba parte de nuestra vida, de nuestros lugares mágicos visitados. Escocia nos dejó la tarea de volver algún día. Quizás para ver lo que no vimos, o para volver a visitar los lugares que más nos gustaron….Escocia nos dejó imágenes, momentos y paisajes, únicos. No se puede contar. Hay que verlo.

Escocia tiene vida. Escocia es vida. Escocia enamora….Aunqué para mi, mi vida… mi amor, está a mi lado todas las mañanas cuando dejo de soñar….
Encarna es mi vida.





Llorenç Estella.

Barcelona Octubre-2005
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Ultimos comentarios:

edithlopezs dijo:

hola, me ha gustado mucho tu diario, es una lástima que no incluyas fotos de tu viaje ya que todo lo he tenido que imaginar, sobre todo cuando tuvieron que quedarse en ese hostal de mala muerte, por mi parte me hubiera horrorizado tener que quedarme en un lugar asi, y tengo dos preguntas primero.- es necesario tener un gran conocimiento del ingles para poder moverse en escocia? segundo.- tienen pensado volver? te comento que tengo planeado ir de vacaciones a escocia, probablemente en mayo de 2008, mis planes eran ir este año, pero para las fechas que queria, ya no había boletos de avión, aunque no quito el dedo del renglón por último gracias por el tiempo que le dedicaste a compartir tus experiencias

viernes, 1 de junio de 2007, a las 21.56

lwrence dijo:

hola. Edit. Primero de todo decirte que hoy me acabo de dar cuenta de que tenia un comentario en este viaje. Antes me llegaban los avisos de comentarios y los respondia de inmediato, ahora no se porque no. Bueno sobre regresar, de momento no, pues el mundo es tan grande que hay mucho que ver. El ingles es BASTANTE NECESARIO. aunque puedes encontrar gente que hable español, es muy poca la que lo habla. Si deseas mas informacion o cualquier duda, e incluso alguna foto, te dejo mi email personal que creo que sera mas rapido. Gracias.. lwrence80@hotmail.com

lunes, 23 de julio de 2007, a las 09.55

Pedro160497 dijo:

Mil gracias por tu relato, me ha resultado totalmente incrible imaginar todos y cada uno de los lugares y monumentos, paisajes, lagos...q describes y estoy como loco por ir a visitarlo. Sin haber estado allí aun, estoy totalmente de acuerdo contigo, Escocia enamora!!!!! Un saludo

jueves, 15 de mayo de 2008, a las 02.16

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