SABADO 6 DE AGOSTO……8º DIA…..KELSO-STIRLING
EN BUSCA DE WILLIAM WALLACE
En el desayuno, compartimos mesa con 3 pescadores de Newcastle, que estaban alojados en la misma casa. Venían a pescar salmón, mientras sus mujeres estaban en Inglaterra. Charlamos con ellos, y sobre todo uno de ellos, nos comentó que todos los veranos, pasaba una semana en Menorca…. Aunque de hablar castellano, nada de nada.
El desayuno fué muy agradable, de los mejores, tanto por la comida, como por la conversación.
Saliendo de Kelso, nos dirigimos casi a las afueras de Edimburgo. A Roslin, y a su famosa capilla. Roslin se encuentra a unos 10 kilómetros de Edimburgo.
Seguramente de no ser por la popularidad del Codigo Da Vinci, no hubiésemos parado en esta capilla…ni nosotros ni todos los turistas que la abarrotan.
Construida por los caballeros templarios en 1446, una leyenda cuenta que fué construida como una copia arquitectónica exacta del Templo de Salomón, en Jerusalén.
La entrada a la capilla, que cuesta 9 euros, se realiza por la tienda de souvenirs, plagada de libros del Codigo Da Vinci, aunque el colarse es bastante fácil, pues dos personas atienden la tienda y la entrada y en momentos de masificación, es fácil entrar sin pagar.
La capilla está en fase de restauración por el exterior, cubierta de andamios, hierros y demás, pero su interior, pequeño, es sencillamente increíble.
Aparte del auge del libro, la capilla está repleta por todas partes de símbolos masónicos, templarios y de unas columnas de piedra increíblemente trabajadas.
Una leyenda cuenta, que el aprendiz del maestro cantero, realizó una columna más hermosa que la de su maestro y éste, motivado por los celos mató a su discípulo.
La bóveda de piedra labrada es preciosa. Entretenerse en mirarla, en buscar los símbolos templarios, intentar descubrir las escenas bíblicas en sus piedras….y todo ello con una cantidad de gente que te impedían hacer el recorrido con calma.
No nos empeñamos en buscar el Santo Grial, según cuenta el Codigo Da Vinci, pero si que intentamos encontrar y descifrar algunos de los numerosos símbolos que están labrados en sus paredes.
Demonios, ángeles, gárgolas, símbolos judíos y cristianos, expresiones en hebreo, latín, griego y otros lenguajes, escenas bíblicas, cruces, lapidas… mucha imaginería adorna esta capilla del siglo XV. Recomendable sin duda.
Para hacerlo aún más complicado, y mientras intentábamos descubrir mas símbolos, una visita guiada acabó de masificar la capilla, dificultando el moverse por ella. Una pena.
Bordeamos Edimburgo y a través de la autopista M9, nos fuimos hacia Stirling.
Al fin pude probar la 5º marcha del coche, y pasar de los 100 por hora…ya era hora.
Stirling es una bellísima ciudad de casi 30.000 habitantes, al pie del monumento a William Wallace y con un castillo que hay que ver. Lo primero que hicimos, fue localizar nuestra casa para poder dejar las maletas. Y con más facilidad de lo que nos hubiésemos pensado, llegamos a Argyll House, en la Causewayhead Road. Esta casa también lo contratamos directamente por email, con su dueña, la Sra. Joan Reid.
Nuestra habitación era una monada. Bastante más pequeña que la de Kelso, pero confortable, con multitud de objetos de decoración que parecían recién salidos de un todo a cien.
Joan, nos dio un mapa de Stirling y algunos consejos sobre las visitas que queríamos realizar. En todas las casas en las que estuvimos, tenían un estante con folletos propagandísticos de la zona, que visitar, planos, etc. En este sentido, la información siempre era abundante.
Primero nos dirigimos al National Wallace Monument. Entrada 8 euros. Para llegar al monumento se accede por una carretera zigzagueante, que te deja a los pies de la taquilla, y con una caminata de unos 10 minutos, a través de una cuesta muy empinada se llega a la entrada del monumento. Hay un autobús lanzadera que gratuitamente te lleva de la taquilla, a los pies del monumento.
Al lado de la taquilla, hay una estatua de piedra, con la imagen de Mel Gibson, y con un escudo en el que pone Braveheart. A sus pies esta escrito FREEDOM.
Al llegar a los pies del monumento, lo primero que se tiene, es una extensa vista de toda la ciudad de Stirling, con sus blancas casas, ausencia de pisos y el río Forth cruzándola como un lazo.
El monumento a Wallace, es una gran torre de 67 metros de alto, inaugurada en 1869, en la que a través de diferentes pisos, se va reflejando la vida y la lucha de Wallace por la independencia de Escocia. Al entrar, si lo deseas te dejan unos audioguias gratis.
En el primer piso, está la espada que perteneció a Wallace. Es grandiosa y como cuentan las informaciones que hay al lado, se cree que era muy alto, cerca de los dos metros, todo un gigante para la época…. En varios paneles se cuenta la historia de Wallace, la de Escocia, los que le traicionaron…en esta sala, una proyección en video, resalta aspectos de la lucha que mantuvo su “sucesor”, Robert the Bruce, contra los ingleses.
A través de paneles en las paredes, se recrea la batalla de Stirling, realizada en el mismo lugar donde nos encontrábamos, un 11 de septiembre de 1297. Aquí había en ese tiempo, un puente… puente que sirvió estratégicamente a Wallace.
Wallace, tal como también recrea la película Braveheart, tenía a su mando un ejército de 16000 hombres, la mayoría sin armas ni armaduras, y con tan solo cuchillos y largas lanzas. Enfrente 50.000 hombres del rey Eduardo I.
La victoria de Wallace, le sirvió para ganarse el apoyo de los nobles y para ser nombrado guardián de Escocia.
También se recrea su derrota, su encarcelación y sobre todo su tortura y muerte.
En el Segundo piso, esta la sala de los héroes. Personajes elevados a esta categoría, bien por sus luchas, o también por ser personajes escoceses celebres por sus inventos o descubrimientos.
En el tercer piso, se cuenta la historia de la construcción del monumento…
Finalmente en la azotea, hay unas vistas espectaculares de todo Stirling, con su castillo al fondo, su río, sus paisajes…no se alcanza a ver el prado de Bannockburn, lugar donde Robert the Bruce, en 1314, consiguió la victoria definitiva contra los ingleses.
En Bannockburn, al sur de Stirling, una placa en el antiguo campo de batalla reza así:
“Por Dios y San Andrews
Robert the Bruce
Rey de los escoceses
Plantó su estandarte en este lugar
Cuando los patriotas escoceses bajo su comandancia vencieron
a la armada de Edward II de Inglaterra en la batalla de Bannockburn el 24
de Junio de 1314.”
“Lucharemos no por la gloria, ni por la salud, ni por honor, sino solo
y únicamente luchamos por la libertad, lo que ningún hombre debe rendir
jamás sin entregar su vida”
Si algo me empezaba a quedar claro, en todo lo que veía, es que los escoceses no estuvieron nunca del todo unidos, y las luchas entre los diferentes clanes, las alianzas de unos contra otros, y los pactos con los ingleses, fueron los que retrasaron y más tarde posibilitaron que las victorias de Wallace o de Bruce, nunca fueran definitivas para Escocia.
Para la construcción del monumento, también hubo sus disputas, y costó alcanzar un acuerdo sobre el lugar en que debía ubicarse.
Nos recreamos con el paisaje que se veía desde lo alto de la torre, y después de hacer infinidad de fotos, descendimos para dirigirnos hacia el castillo de Stirling.
Enfrente de nuestra casa, había una gasolinera, y aprovechamos para rellenar el depósito. En todo el Reino Unido, el diesel es más caro que la gasolina. Un litro de super 95, valía entre 0.92 libras a 0.96 libras… (1.40 euros el litro).
El castillo de Stirling me decepcionó un poco. Quizás porque me esperaba más de lo que realmente es. El castillo es como una inmensa fortaleza militar, donde la mayoría de estancias estaban en fase de restauración, o vacías. La imaginación de cada uno, debía de funcionar a pleno rendimiento, para imaginarse las habitaciones tal como debían de ser.
Esta ubicado encima de un pequeño peñasco, el Abbey Craig. Hay un parking de pago, pero nosotros dejamos el coche, al pie de la colina, donde el aparcamiento era gratis.
Una leyenda dice que este castillo fue conquistado por el Rey Arturo, pero es solo una leyenda… Sin embargo la historia del castillo empieza en 1124.
En el exterior del castillo, hay una estatua de Robert the Bruce. Al entrar se accede a una plaza que funciona a modo de distribuidor. Se puede visitar el antiguo edificio del rey, la capilla real reconstruida en 1594, y en la que había una orquesta de música medieval, y unos actores vestidos con trajes de época, que representaban unos bailes. Continuamos por el gran salón, y por muchas estancias con las paredes lisas. En el castillo, se estaba celebrando una boda, donde el novio vestía el traje típico escocés.
Lo más característico de los trajes escoceses es su falda, su “kilt”. Casi siempre hecha de cuadros, es el símbolo más conocido de toda Escocia, y en la mayoría de tiendas que vimos a lo largo de todo el viaje, las vendían bien sueltas o con todo el traje completo. Un buen traje escocés debe complementarse con la escarcela, que es una bolsa hecha de piel de tejón, aunque las imitaciones son de cualquier tipo de piel.
Recorrimos todas las estancias abiertas, y antes de salir, nos asomamos a los muros del castillo, para contemplar a nuestros pies, las lápidas del cementerio, encajonado entre el castillo, el río, y las casas de Stirling. El contraste de imágenes era brutal.
Empezamos a abandonar el castillo, pasando por sus baterías de cañones, perfectamente conservados y entrando en las cocinas. Lo mejor del castillo. Totalmente ambientadas, decoradas con estilo y con gracia, fue un epílogo genial a la visita del castillo.
Después nos dirigimos hacia el Loch Lomond, el mayor lago de agua dulce de Gran Bretaña. El lago esta ubicado dentro de la zona de The Trossachs. Esta región de grandes lagos y montañas abruptas, marca el límite de las Lowlands y las Highlands. Estábamos dentro de un parque nacional, y las carreteras empezaban a no gustarme. Se llamaban Single road track with passing places….carreteras de sentido único, con lugares de paso… o sea carreteras estrechas, en las que solo cabe un coche y cada ciertos metros, hay unos pequeños salientes, señalizados, para que los coches se aparten y dejen pasar al otro…. Pero en la práctica, eran unas malditas carreteras que rompían los nervios a cada instante.
Nos detuvimos en el pueblo de Balmaha, donde terminaba la carretera, y nos fuimos hacia el embarcadero. Bajando por unas rocas se puede acceder a una especie de playa, ocupada por decenas de pájaros y tocar el agua, el agua dulce…
Después seguimos por la West Highland Way, y montaña a través, llegamos a una pequeña cima, donde se veían unas imágenes preciosas del lago, de sus islitas en el centro, de la vegetación…y mosquitos…muchos mosquitos….
Nos dirigimos después hacia Aberfoyle, para ir a buscar el Loch Katrine. Pasamos por un castillo, que era un hostal, y en el que las habitaciones debían de ser carísimas, porque además de la majestuosidad del castillo, las vistas al pequeño lago Drunkie, eran preciosas.
Llegamos al Katrine, sorteando una pequeña tormenta, el cual es famoso por que este lago se puede navegar con un velero victoriano a vapor. En este lago Walter Scott, situó su novela “la dama del lago”.
Pero claro, eran las 19 horas, y el vapor, las tiendas y todo el complejo estaba desierto y cerrado.
Volvimos por otra ruta, para llegar cerca de las 20 horas a Stirling. Buscamos un sitio para cenar, y después paseamos por la ciudad, hasta llegar a los pies del castillo, para poder contemplarlo iluminado.
Subimos por la cuesta oscura, silenciosa, con una iglesia cerrada…. tenebrosa cuesta en la que tan solo las lejanas luces de los pubs, rivalizaban con las luces del castillo…
Cogimos el coche, para poner punto final a otro día en Escocia… a pesar de la cercanía de todo lo que vimos, los 270 kilómetros, no nos los quitó nadie…
Y mañana más.
DOMINGO 7 DE AGOSTO….9º DIA….STIRLING-DUNDEE
LA CUNA DEL GOLF, LA CUNA DE ESCOCIA
Joan, nuestra anfitriona era un encanto de mujer. A la hora del desayuno, nos fué presentando a los demás huéspedes de la casa: un matrimonio de Milan, dos mujeres de Canadá, unos chicos de Atlanta, y nosotros. El desayuno tardó un poco, pues hoy domingo, la ayudante de Mrs. Joan, venía más tarde y casualmente hoy, todos nos habíamos levantado más pronto.
Con el estómago bien lleno, salimos de Stirling, para dirigirnos hacía Dunferline, la antigua capital de Escocia hasta 1603. La cuna del país.
Era domingo, y en el centro de la ciudad, estaba instalándose un mercadillo de productos franceses, básicamente de alimentos.
Nos dirigimos hacia su abadía, la Abbey Church que también está semidestruida. La abadía tiene una preciosa nave normanda, con escaleras que suben y bajan por los torreones, y con un cementerio aprisionado entre la abadía y la iglesia. Cada vez que nos encontrábamos a cualquier lugareño, siempre nos saludaba con un sonoro “God Morning”…en la iglesia de Dunferline, hay 22 tumbas de reyes escoceses, entre ellos la de Robert the Bruce. Se estaba celebrando una misa, y una mujer nos invitaba constantemente a entrar… muchas personas pero sobretodo mujeres muy engalanadas, acudían a la homilía.
Era domingo, y las calles respiraban ese ambiente que ya nos acostumbrábamos a ver…desierto…y la oficina de turismo abría sus puertas a las 11 de la mañana.
Dejamos la cuna de Escocia, para dirigirnos a otra cuna…la del Golf…Una leyenda cuenta que 18 son los agujeros de un campo de golf, porque 18 son los vasos que se pueden llenar con una botella de whisky.
Y para que no tuviéramos ninguna duda de hacia donde nos dirigíamos, una pelota de golf, voló literalmente por delante de nuestro coche, botó en el suelo, para perderse por el césped de nuestra derecha. Estábamos atravesando un campo de golf, partido en dos por la carretera.
Para los amantes de este deporte, decir golf en Escocia, es decir St. Andrews, y nada más llegar a este pequeño pueblo, se pueden observar la cantidad de tiendas relacionadas con el golf. El open británico de golf, se celebra aquí.
En St. Andrews una feria tenía la calle principal cortada, y tuvimos que aparcar el coche algo lejos de los lugares que deseábamos visitar. St. Andrews es pequeña, de poco más de 16000 habitantes, aunque su bulliciosa vida no de la impresión de ser mayor. Turística, con horarios de cierre de tiendas, algo más tardíos, y sobre todo el encanto de que se puede recorrer todo el pueblo a pie.
Primero nos dirigimos hacía la catedral, mejor dicho hacia sus ruinas. Construida en el sigo XII, llegó a ser la mayor de toda Escocia. La localidad llegó a ser la capital eclesiástica de Escocia. Se conservan pocas cosas de la catedral, parte de la fachada, de sus muros y una torre, en la que desde la cima de la misma, se divisa toda la ciudad.
Para subir a la torre, hay que pedir una moneda que te dan en la taquilla de la entrada. En esta taquilla, hay un pequeño museo de restos de piedras de la catedral y del castillo.
La vista desde la torre de la catedral, es impresionante. Todo St. Andrews a mis pies, el castillo, el mar, los inmensos campos de golf en la lejanía, y el aire gélido que se mezclaba con los sonidos de las decenas de gaviotas que me sobrevolaban. Salté la valla de protección para poder realizar mejores fotos, intentando que nadie me viera.
Después de la Catedral, nos dirigimos paseando al lado del mar, hacía el castillo, construido en el 1200, como residencia particular de un obispo. Su ubicación, rodeado por el mar y acantilados, hicieron que en la antigüedad fuera un lugar estratégico.
Antes de acceder a las ruinas del castillo, en la oficina de la entrada, hay una exposición con carteles, plafones y figuras, sobre la vida de St. Andrews, y sobre su relación con la ciudad.
En el castillo, aún se conservan las mazmorras en las que fueron encarcelados muchos reformistas religiosos. Una de las cosas más graciosas del castillo, es su mina y el túnel de la misma.
En una de las explanadas interiores del castillo, hay una entrada a un túnel, que sirvió en tiempos como túnel de una mina bajo el castillo y posteriormente fue utilizado como acceso para conquistar el castillo. Se puede entrar en él, de cuclillas, evitando golpearse la cabeza con las rocas del techo… el túnel debe tener una longitud de 100 metros, con subidas y bajadas. Además a mitad del túnel, hay una escalera para acceder a un nivel inferior, y para bajar por ella es bastante complicado. Humedad y oscuridad dentro de las entrañas del castillo.
Abandonamos el castillo y nos fuimos a caminar por las calles de St. Andrews, repletas de gente y de tiendas abiertas.
En un supermercado compramos unas bandejas de fruta limpia y cortada, preparadas para comer al instante.
Abandonamos el golf, y la primera ciudad universitaria de Escocia, para dirigirnos hacía Arbroath.
Arbroath es un pequeño pueblo costero es famoso por su vieja abadía fundada en 1178, por sus piedras rojas y su abadejo ahumado. Nos dirigimos hacía la Abbey Arbroath, preciosa también, y en la que se conserva una copia de la declaración de Arbroath, testimonio de la declaración de independencia de Escocia.
La declaración de Arbroath es una carta que fué enviada al Papa Juan XXII, en nombre de Robert the Bruce en 1320, y en la que se le pedía al Papa, que presionara al rey Eduardo II, y que reconociera la independencia de Escocia y el reinado de Robert the Bruce.
También era una especie de derechos de los escoceses, por encima de su rey.
La fama de la declaración también se debe a esta frase:
“Mientras cien de nosotros estén con vida, nunca y bajo ninguna condición, aceptaremos la supremacía inglesa. No es por la gloria ni riqueza, ni por el honor que peleamos, sino por la libertad, solo por ella, a la cual ningún nombre honesto renuncia, excepto con su propia vida.”
El Papa intervino para que las dos naciones firmaran la paz, pero no resultó.
La abadía sufrió bastantes asedios, luchas y al final se convirtió en una especie de mercancía, que era intercambiada entre los poderosos de la zona.
Visitando la abadía éramos muy pocas personas, y como siempre que visitábamos unas ruinas, debíamos de imaginarnos como eran las estancias antes de que se destruyeran,
Caminamos por el pueblo de Arbroath, donde de nuevo la sensación de soledad nos volvía a inundar. Quisimos buscar un lugar abierto para probar los ahumados de la zona, pero fue misión imposible. Todos cerrados.
Por el paseo de la playa, accedimos a la zona de los “cliffs”. Enormes acantilados, que se podían recorrer por un camino de arena que los bordeaba. El sol era de justicia, y el aire de mar, del mar del norte… te llenaba los pulmones. Las gaviotas volaban sobre nuestras cabezas, y los bancos que estaban en el paseo, invitaban a sentarse, descansar y dejar que la vista se extasiara con el paisaje.
El tiempo pasaba rápido, y debíamos ir hacia Dundee.
Dundee es la 4º ciudad de Escocia, con más de 150.000 habitantes. En tiempos fue un importante astillero, y contó con una gran cantidad de industrias. La ciudad tiene subidas y bajadas, pues Dundee tiene una pequeña colina con parte de sus viviendas en ella.
Como no sabíamos llegar a nuestra casa, preguntamos en una parada de taxis, y uno de ellos, nos pidió que le siguiéramos, pues iba hacia la misma zona. Lo hicimos y con una indicación suya, nos desviamos y enseguida llegamos a Cullaig Guest House, en el 1 de Rosemount Terrace.
Nos atendió Chris, un señor de unos 40 años, que nos enseñó la habitación, y nos dió una lista para que le seleccionáramos el desayuno para mañana.
Sobre las 20 horas, volvimos hacía el centro de Dundee, para buscar un lugar para cenar.
Y lo más increíble en una ciudad de 150000 habitantes, nos ocurrió.
No encontramos nada abierto. Y los sitios que si lo estaban, ya no hacían cenas… ¿pero donde se mete la gente en esta ciudad?....
Después de dar vueltas y vueltas por unas calles que eran el centro del pueblo, centro vació lógicamente, tomamos como única opción un Take Away. Compramos unas pizzas para llevar, en un local atendido por dos argelinos, y nos fuimos con las pizzas y unas latas de coca cola, a nuestra habitación.
Cenamos, vimos la tele, planeamos la jornada para mañana, y…fin….
Hoy había sido uno de los días en los que hicimos menos kilómetros. 192.
LUNES 8 DE AGOSTO….10º DIA….DUNDEE-INVERNESS
WHISKY CAMINO DE LAS HIGHLANDS
El desayuno en Dundee, fue igual que todos los días, más que aceptable. Chris, el dueño de la casa, nos deleitó con una conversación sobre la problemática del alcohol en toda Gran Bretaña. Se bebe mucho en todo el país, y los intentos de erradicar o aminorar esta práctica, chocan con los intereses de los Pubs. Según Chris, los bares abren muy pocas horas, y por eso se bebe mucho y sobre todo muy rápido. Según el gobierno, si los bares abrieran más horas, no habría tanta prisa por beber, por lo cual disminuiría el consumo rápido de alcohol….Era su teoría, aunque yo creo, que a más horas abiertos, más consumo. Hablábamos de alcohol, el día que queríamos visitar una destilería de Whisky….apropiado.
Nos indicó como salir de Dundee, y minutos después de las 8.30 ya estábamos de nuevo en la carretera. Poco a poco, iba dominando ya el coche, y el conducir completamente al revés que en Barcelona, ya no me iba pareciendo tan raro. Claro que sin la ayuda de Encarna y de sus mapas, me habría sido todo más difícil.
Siguiendo por la A-90, llegamos a Stonehaven….la piedra del cielo…y allí como caído del cielo, como un castillo en medio de un lugar imposible, se ubica el Dunnottar Castle….nombre que deriva de la palabra escocesa Dun, que significa fuerte.
No era por el castillo, ni por sus ruinas…era por su situación, por su emplazamiento….este castillo era una delicia para los ojos.
Emplazado en lo alto de un acantilado, el Dunnottar castle era de difícil acceso. Hay que caminar por un camino, de piedra, bajar un montón de escaleras, que van cruzando los acantilados, y subir otras empinadas escaleras que dan acceso a las murallas del castillo…por el otro lado, el mar. Quizás por el hecho de ser de difícil acceso, el castillo tuvo grandes asedios y también grandes defensas. La película de Hamlet, se rodó en este castillo. Entrada 6 euros.
Aparte de innumerables asedios, este castillo es famoso también, porque en el se guardaron las joyas de la corona escocesa, para evitar que cayeran bajo los ejércitos de Crownwell
Entrar dentro del castillo, de sus ruinosas paredes…oír el mar chocar violentamente contra las rocas…sentarse a contemplar los acantilados…notar que los antiguos soldados han sido sustituidos por gaviotas…. Recorrer la prisión, lugar donde en tiempos de la reforma, en 1685, 122 hombres y 45 mujeres fueron encerrados en la prisión durante dos meses del verano…encerrados sin apenas comida ni bebida, en una estancia de no más de 80 metros cuadrados, torturados…y todo por oponerse a la reforma anglicana del rey de Londres….
El castillo fue destruido definitivamente en 1716 por el Duque de Argyll…hoy tan solo es un bello, un precioso emplazamiento calentado por el sol y vigilado por los cientos de pájaros que lo sobrevuelan, y que con sus voces, hacen que el ambiente sea mitad historia, mitad fantasía….visita imprescindible….
Al abandonar el castillo, después de volver la vista atrás decenas de veces, se tiene la sensación de que una piedra cayó del cielo, y se depositó encima de un acantilado.
Stonehaven.
Con carreteras más estrechas, con un paisaje verde, incansablemente verde, de mil tonalidades distintas…muchos cuervos cruzando el cielo, y ovejas…decenas, cientos, de ovejas sueltas, campando, pastando libremente por los campos que bordean el camino…con este paisaje, nos dirigimos hacia el pueblo de Kildrummy, para visitar su castillo. Nos costó encontrar la entrada, pues esta se solapa con la entrada a los jardines…
El castillo de Kildrummy, del siglo XIII, en ruinas también, fue residencia de los condes de Mar en 1715, después de la revuelta Jacobita. Anteriormente, en el 1306, los escoceses que los defendían, fueron traicionados y los ingleses lo conquistaron.
Las ruinas del castillo, se visitan rápidamente, pues permanece en pie muy poca cosa. Tan solo su pared este, de un color arena brillante, el impecable césped rodeando la fortaleza, y los árboles cercanos a las ruinas, invitaban a sentarse en unos bancos a tomar el sol, mirando una más de las ruinas que en tiempos, también pertenecieron a Robert The Bruce.
Regresamos de nuevo a la carretera, para regresar a la A-96, en Huntly.
En Huntly, teníamos un nuevo castillo que podíamos visitar con el Explorer, el Huntly castle.
El castillo, quedaba semi oculto por una espesa arboleda, y fué uno de los más pequeños castillos enteros que vimos y también de los más bonitos. Del siglo XII, perteneció al omnipresente Robert the Bruce. Pasear por dentro de sus salas, subir por sus torres, y aparecer en la cocina…como un pequeño laberinto, los pasillos podían conducir a diferentes salas, depende de la orientación que se tomaba. En el exterior, esta grabado en la piedra, encima de una de las puertas, el escudo de armas de sus últimos dueños, los Gordons, que resalta por lo bien conservado y realizado que está.
Al salir del castillo, nos dimos cuenta de que habíamos perdido el Explorer, y al volver a entrar al castillo, para ver si lo recuperábamos, un niño de unos 10 años, nos lo traía…
Aún hay gente buena en el mundo.
Nuestra siguiente parada debía ser el pueblo de Keith, donde estaba la destilería más antigua de las tierras altas de Escocia. Desde 1786, esta destilería ha estado siempre en funcionamiento. El pueblo de Keith estaba en fiestas, y la Strathisla distillery, estaba situada al salir del pueblo, en un desvío de la carretera.
Esta destilería, realiza decenas de tipos de Whisky, y desde hace unos cuantos años, la ha adquirido la casa Chivas. Pero aparte del mundialmente conocido Chivas, Strathisla, embotella su propio Whisky y otros para diferentes casas.
La entrada, con tour guiado vale 6 euros. Primera desilusión: la destilería estaba en funcionamiento, pero justamente hoy, estaba parada por limpieza. Pero ya estábamos ahí. Mientras nos esperábamos para entrar, nos obsequiaron con una degustación gratuita de Chivas por persona. Éramos muchos, y el grupo se partió por riguroso orden de llegada.
Es curioso, que de la bebida alcohólica que más me gusta, me di cuenta de que apenas sabía nada.
Nos enseñaron como era la cebada, como se maltea y como se extrae su cascarilla. Nos enseñaron donde se tritura y se convierte en harina: la molienda.
Esta molienda se va mezclando con el agua caliente…el secreto del whisky de la zona, es el agua…el agua del río Spyde…el agua de vida.
Las destilerías de los whiskys más famosos, se encuentran en esta zona, cerca del río Spyde. Además en la carretera, varios carteles te indican que estás en la ruta del malta, y te invitan a visitar cualquier destilería.
Después de mezclarlo todo y dejarlo macerar durante 6 horas, se obtiene un liquido azucarado llamado mosto… cuando se enfría se fermenta para producir alcohol.
Pero los toneles de fermentación deben ser de pino de Oregón, pues las características de la madera, son especiales. Por ultimo se añade la levadura, y el mosto anterior se convierte en alcohol..
El alcohol producido se destila dos veces en alambiques de cobre caldeados con vapor. El licor que se obtiene, tiene un 68% de alcohol.
Nos hablaron del trabajo importante del destilador, pues es él, el que decide la destilación, el corte, que observa por unas ventanillas de un arcón cerrado, llamado la caja fuerte del licor. La caja fuerte, o la ventanilla, está cerrada con cerrojos, pues en este momento el licor, ya paga impuestos. No se puede comprar, ni vender, ni beber sin previo pago.
Lo que más me sorprendió de todo, es que este primer whisky es de color blanco y el color oscuro, lo obtiene en las barricas…
Por ley, debe de estar un mínimo de 3 años en barricas, para ser considerado Whisky escocés.
Nos enseñaron las bodegas, con barriles de varios años, y todos ellos de malta pura.
Aprendí más del whisky en 1 hora que en mis 39 años de vida.
Volvimos a la sala de entrada, y esta vez, nos llevaron a una especie de biblioteca, donde nos dieron a probar un Chivas de 18 años….y aún que no se sea un entendido en la materia, menuda diferencia con el primero, de 12 años.
Sentados en la biblioteca, con su chimenea al fondo, y un buen whisky en la mano, parecíamos unos perfectos lords ingleses…
No todo el mundo bebió, por lo cual quedaron vasos en la bandeja…y un tercer whisky recorrió mi garganta….la medida de los vasos, era como un chupito, muy poco, pero claro, 3, ya eran como un whisky entero.
Compramos una botella de puro malta, y nos fuimos a seguir la ruta….con algo más de calor en el cuerpo.
Cerca de Keith, está Elgin. Ciudad de 25.000 habitantes, de calles medievales. En Elgin, están las ruinas de la catedral del siglo XIII. Esta catedral, fué conocida en su día como la linterna del norte, y fué casi destruida en el 1390. Su destrucción definitiva no vendría hasta 1576. En la torre central, hay unas estatuas sin cabeza, en la que la mayoría de turistas, se hacen la foto con las estatuas.
Seguimos hasta el pueblo de Forres, donde esta la destilería Dallas Dhu.
Teníamos la entrada gratis, por lo cual, nos dispusimos a visitarla. Esta destilería, si que permanece cerrada, y la visita se hace con un audio guía, mientras vas visitando todos los rincones de la casa y nos volvían a explicar el proceso de elaboración del malta.
En Dallas Dhu, se vende un whisky, único…único por que ya no se fabrica y único por su precio…una botella de 50 cl. valía 50 euros….
También nos dieron a probar un poquito de whisky de otra clase que aún se seguía embotellando, en otra destilería de la misma marca.
Vaya ración de alcohol que llevábamos en el día de hoy…y aun no se había terminado el día.
Saliendo de Forres, nos dirigimos hacia el pueblo de Nairn, y hacia sus extensas playas de aire frió. Caminamos por la arena llena de pájaros, de cientos de pájaros y nos asomamos al rompeolas del puerto, donde varias personas intentaban pescar.
En este pueblo se pueden ver delfines, y nosotros también nos esforzamos en intentar distinguir las olas, de los saltos de los delfines…
Catedrales, castillos, paisajes increíbles, whisky, playas…el día estaba siendo completo, y como la noche se acercaba, nos dirigimos ya hacia Inverness, capital de las Highlands.
Inverness tiene 60.000 habitantes, y no hay ruta por las tierras altas de Escocia que no pase por aquí. Es quizás la más turística de todas las ciudades que vimos, a excepción de la capital, claro, y lo primero que hicimos fue encontrar nuestra casa, la Bluebell House, en el 31 de Kenneth Street.
Más fácil de lo que esperábamos, llegamos a nuestra casa, y nos atendió una adolescente de pocos años, que era la sobrina de la dueña, pues esta no estaba. Nos enseñó nuestra habitación, con una cama victoriana inmensa, y después nos facilito un plano de la ciudad y algún consejo sobre por donde dirigirnos...
Estábamos a menos de 10 minutos del centro, por lo cual andando y después de cruzar el puente del río Ness, estábamos en pleno y bullicioso centro. Río y lago se confunden, se juntan, se solapan….la fama del Ness da para un río y un lago.
En la cuesta del castillo, cenamos en un lugar llamado el restaurante del castillo, lugar que no recomiendo. A las 8 en punto, cerraron, no te puede tomar una cerveza, pues no venden nada de alcohol y la comida no era nada del otro mundo…cualquier cosa que pedías, venia acompañada con un montón de patatas….
Cerca de donde comimos, un restaurante español, “la tortilla asesina”, con carta y productos españoles.
Paseamos por las calles de Inverness, y aunqué eran más de las 9 y medía, algunas tiendas aún permanecían abiertas…
De regreso a la habitación, nos detuvimos en un pub, para probar otro whisky diferente….le estábamos cogiendo gusto a ello…supongo que era el agua de vida que necesitaba nuestro cuerpo después de los 320 kilómetros que hicimos….
En la televisión de la habitación, el momento final del Gran Hermano Inglés….pero siempre hay mejores cosas que hacer que ver la televisión….
Mañana el mítico lago Ness.
MARTES 9 DE AGOSTO….11º DIA….INVERNESS
THE LOCH NESS….EL LAGO.
Bajamos a desayunar pronto, pero nuestra anfitriona, que estaba corta de recursos, nos hizo esperar más de la cuenta. El truco estaba en ser de los primeros, pues iba atendiendo mesa por mesa, y los últimos en llegar, se tuvieron que esperar más de media hora en que les hiciera los huevos, el Bacón y las tostadas.
Hoy a priori, la ruta iba a ser corta, pues íbamos a dedicar casi un día entero al lago Ness y alrededores….el lago Ness…
Es quizás el nombre mas ocurrente cuando se piensa en Escocia, en su “monstruo”, o en su leyenda…. ¿íbamos a entender el porque de tanta fascinación?
Cogimos la carretera A-82, y a pocos kilómetros de Inverness, ya divisamos el lago. O mejor dicho, empezamos a ver la parte que deja de ser río en Inverness y se convierte en lago y en canal después.
En cada mirador al lado de la estrecha carretera, siempre había varios coches aparcados y decenas de personas, contemplando el lago, probando la temperatura de sus aguas, o simplemente haciendo fotos de las estampas preciosas, casi de postal, que la vegetación nos iba mostrando.
Al cabo de pocos minutos, llegamos a una especie de aparcamiento, donde hay un hotel y un montón de tiendas de souvenirs, con el artículo estrella por todas partes: muñecos de peluche del dragoncito.
Vaya negocio tienen montado con el bicho!!!!!. El centro de visitantes del lago está en Drumnadrochit, unos metros más adelante.
Pero como también éramos turistas, ¿Porque no ejercer como tal? Y compramos los tickets para un mini crucero de una hora por el lago. 15 euros por cabeza para navegar en busca del monstruo….je!!!!
De todas formas, hay cosas curiosas en este lago.
Nuestra embarcación, la Deepscan, pertenece a un “proyecto”, llamado Operation Deepscan, creado en 1987.
Cada embarcación está dotada con un scanner, y a la vez que surca las aguas, va filmando el fondo marino. Obviamente no busca al famoso monstruo, pues de su existencia nadie cree, aunque otra cosa sea el marketing alrededor de él, pero si busca o intenta averiguar las particularidades de este lago.
Empezando por sus aguas profundas que en algunos lugares alcanzan los 300 metros de profundidad….contactos a través de ultrasonido con objetos de gran tamaño en el lago en 1987…grietas y túneles que comunican el lago con el mar…y un aura de misterio que invade todo lo relacionado con el lago. Con sus 37 kilómetros de lago…
El lago Ness esta situado dentro de una falla geológica, el Great Glen. Esta falla se creó hace más de 400 millones de años, partiendo todo Escocia, en dos, aunque los lagos y un canal le dan el aspecto de unión. Si se contempla detenidamente el mapa de Escocia, se aprecia perfectamente esta partición.
En el centro de exposición del lago, al cual no entramos, pero si que nos hicimos con las hojas de información sobre el lago que dan a los turistas, se duda muy seriamente de existencia de monstruos en el lago…pero de lo que no se duda ya tanto, es de que hace años, pocos años, algún tipo de anfibio de gran tamaño nadara por estas profundas aguas…todo ello adornado con fotos, algunas totalmente fraudulentas.
Pero bueno, navegar por el lago, era algo que nos apetecía. Y en nuestro crucero coincidimos con dos parejas de Ibiza. El capitán de la embarcación, nos iba enseñando los bancos de peces que el sonar captaba y también una cámara de video que iba filmando todo lo que ocurría bajo el agua.
Lo mejor del crucero, fue pasar por delante del Urquhart Castle. Visto desde el mar, es aun más precioso que desde la carretera o el interior. Y las imágenes del castillo en alguna película vienen inmediatamente a la cabeza…una curiosidad…la película Lago Ness, tiene escenas de este castillo, pero no está filmada en el lago…. Curioso.
El lago estaba tranquilo, sus aguas respiraban paz…y la temperatura no era excesivamente fría…
Después de una hora de navegación, nos dejó en tierra y curioseamos las tiendas de souvenirs…un dato….era todo bastante más caro que en otros lugares.
Seguimos por la carretera y a pocos metros llegamos al Urquhart Castle. Una cola inmensa para entrar en el aparcamiento, y unos guardias que a medida que otros salen, te van dejando entrar. La entrada al castillo es cara, pero como la teníamos pagada con el Explorer….
De nuevo comprobamos que en muchos castillos, lo mejor no es el edificio en si, sino su ubicación. Este, al estar rodeado del lago, y aprisionado por las montañas, era de una belleza extraordinaria. Urquhart fué moneda de cambio entre los diferentes clanes escoceses de la zona. Luchas y más luchas en sus 500 años de historia, para terminar siendo conquistado y destruido por los ingleses.
La vista desde el lago era preciosa, pero la vista desde la entrada, con el castillo a nuestros pies, era también especial. De fondo una música de gaita le añadía algo más de magia al momento.
Pasear por sus ruinas, contemplar las colinas frente al lago, el reflejo del castillo en sus cristalinas aguas, dejar recrear la imaginación de lo que antaño fue una fortaleza, subir a sus torres, sus restos de murallas….el lugar es especial, e intentar relatarlo con palabras es difícil, hay que verlo….y todo ello mientas un chico ataviado con el traje escocés, iba interpretando sonidos escoceses.
Dejamos atrás el castillo y seguimos bordeando el lago, hasta llegar a Fort Augustus. El agua que no probamos en el lago, ahora nos caía a modo de fina lluvia. En Fort Augustus, está el principio del canal Caledonian. Caledodian es el nombre de Escocia en Gaelico, la otra lengua escocesa.
Literalmente el canal empieza en Inverness, con el río, empalma con el lago Ness, y en Fort Augustus están las primeras esclusas, que sirven para superar los niveles entre los dos lagos.
Las embarcaciones van entrando en el canal, por tramos, y con un sistema de esclusas, cascadas y niveles, van ganando altura, hasta llegar al nivel del canal, mas alto que el lago y a través de él, alcanzar el Loch Lochy, seguir hasta las esclusas de Fort William y desde alli el mar…río, un canal y lagos para cruzar toda Escocia por su interior.
Nos quedamos un buen rato, viendo el vaciado y posterior llenado de las diferentes “piscinas” y como los barcos iban ganando altura y pasaban a otro nivel. Todo el proceso estaba controlado por unos operarios que decidían la cantidad de agua a trasvasar y su intensidad. Cruzar todo el canal, podía durar más de 2 horas.
Al final de las esclusas, cuando ya se gana el siguiente lago, hay un camino que se adentra al pie de la montaña y que empezamos a caminar.
Granjas con yeguas que se acercan buscando comida, alguna embarcación de recreo que pasa por nuestro lado y sobre todo, mosquitos…
La lluvia nos iba empapando poco a poco, y antes de lo que hubiéramos querido, dimos por finalizado el paseo.
En Fort Augustus, hay una abadía benedictina en restauración cuyo acceso está cerrado para las visitas.
Quisimos regresar a Inverness, bordeando el lago por el otro lado, por el Este. La carretera era de las estrechas, de las Single Road. Las extensas arboledas, en algunos momentos daban la impresión de que invadían la calzada y aunque el sol brillaba en algunos momentos, la luz, por la espesura del paisaje, transmitía la sensación de oscuridad. Verde y más verde, árboles y más árboles, y la carretera se enfilaba por las pequeñas laderas de las colinas del Glen Kyllachy.
Algunas veces, un pequeño lago, aparecía por arte de magia en una esquina de la carretera, y si no fuera por la cantidad increíble de mosquitos que había cuando parábamos, contemplar el paisaje hubiera sido una nueva preciosidad.
Paramos en el pueblo de Foyers, bueno en sus cuatro casas mal contadas, y después de una caminata a través de un descenso de unos 20 minutos, llegamos a las cascadas de Foyers, cuyas aguas, en caída libre van a parar al lago…al lago Ness.
Desde el más inferior de los miradores, se podía seguir por un camino, que iba a pie del lago, pero eso hubiera sido ya mucho camino, y la tarde tenía ya pocos minutos de vida.
Llegamos a Inverness, y nos dispusimos a buscar sitio para cenar. Tarea difícil. La mayoría de restaurantes estaban ya llenos y había que esperar de 30 a 45 minutos. Terminamos cenando en el Bella Italia, después de haberlo descartado primero, y luego nos fuimos por las calles del centro a pasear, bordeando el río, buscando nuevas imágenes de una ciudad que aunque poco vista, me encantaba.
A pesar de hacer poca distancia con el coche, los 140 kilómetros no nos los quitó nadie.
Mañana recorreríamos la bahía de Moray: delfines y cañones, guerra y paz…
MIERCOLES 10 DE AGOSTO….12º DIA….INVERNESS
ANIMALES Y BATALLAS.
Intentamos levantarnos pronto para no tener que esperar mucho en el desayuno, y lo conseguimos. Antes de las 9 de la mañana, ya estábamos en ruta, con dirección a Fort George.
Fort George es una gran obra de arquitectura militar. Se alza encima de un pequeño promontorio que se adentra en la bahía de Moray. Terminado en 1769, el fuerte lo construyeron las tropas inglesas a raíz de los alzamientos jacobitas, para evitar nuevas insurrecciones de los Highlanders.
Con un sol de justicia nos adentramos en el cuartel, aún en uso como viviendas militares y con la ayuda de una audioguía, empezamos a caminar por dentro del complejo.
En Fort George hay varios barracones que siguen siendo usados como viviendas militares. Su ubicación es perfecta para controlar toda la bahía, y aunqué resulta esencial para defenderse por el mar, está pensada para repeler los ataques terrestres. Paseamos por sus murallas, por sus grandes plazas de armas, visitamos las guaridas de los centinelas, su museo armamentístico….
Durante el recorrido vimos a numerosas personas vestidas con traje militar y que se acercaban a visitar el recinto…
El edificio más bonito es la capilla, situada casi al final del fuerte.
De pronto, un grupo de 6 chicas, vestidas con traje militar, subieron por las escaleras que dan paso a la muralla más exterior, la que limita con el mar….
Se sentaron en el exterior y empezaron a mirar el mar… ¿que miraban?, ¿que buscaban?...
DELFINES…
Mirando el mar y su bahía, los delfines hacían saltos en el agua, y no se si era el mismo o eran varios, pero los saltos se producían con bastante rapidez….y claro los gritos de exclamación de ellas, empezaron a atraer a mas gente y el ruido de los saltos, se mezclaba con el sonido de las cámaras fotográficas.
Abandonamos Fort George para dirigirnos hacia Culloden.
Culloden es un campo…un desolado campo que permanece casi intacto desde el 16 de abril de 1746, fecha de la última batalla librada en suelo británico. Esta en el centro del Glencoe…el valle Coe.
Es en este lugar, donde fracasó la causa jacobita encabezada por Bonnie Prince Charlie. Carlos Estuardo vino desde Francia para intentar acceder al trono. Fue derrotado en Culloden y perseguido durante 5 meses, huyó de nuevo a Francia.
La derrota en Culloden del movimiento jacobino, supuso el fin de los católicos en Escocia, el fin de los sistemas de clanes, y la supresión de la cultura de las Highlands durante más de un siglo.
Los clanes eran un sistema de reconocimiento de las distintas clases de tribus de las Highlands. Cada tribu, cada clan, vestía un dibujo distinto. Los cuadros se alternaban con las rayas y los diferentes colores eran los que diferenciaban a unos de otros. Todos los miembros del clan llevaban el nombre del jefe, aunque no todos tenían lazos de sangre con el. El jefe del clan era el patriarca, juez y señor de la guerra. A cambio de su protección, exigía una lealtad absoluta además de servidumbre militar….en Escocia hay decenas de clanes, aunque los más importantes no llegan a una docena: Mc Donald, Mc Leod, Mc Campbell, los Estuardo, etc. Etc.
En Culloden, hay un centro de visitantes donde se proyecta un video de la batalla. Para ello hay que pagar. Para acceder al campo, que se hace a través de la tienda de souvenirs, es gratis.
Hay unos caminos marcados, para que al caminar se puedan apreciar los monumentos en recuerdo a los clanes que lucharon allí. Cada clan, una piedra con su inscripción, y a la mitad del campo, una pequeña construcción en memoria de todos los caídos.
La importancia del lugar, es relativa…. Fue un campo de batalla, en el que los Escoceses perdieron su independencia….pero a simple vista es un campo inmenso, lleno de vegetación y donde los estandartes de los distintos ejércitos ondean en los limites del terreno….
Después de Culloden, nos dirigimos hacía Inverness, para cruzar el largo puente que nos llevaba a la Black Isle.
La belleza del paisaje, salpicado por las plataformas petrolíferas le daba una imagen inusual hasta entonces. Pasamos por infinidad de pequeñas agrupaciones de casitas, pueblos diminutos donde el inicio y el final se solapaban, carreteras estrechas y ovejas que las compartían….puertos pesqueros con un encanto increíble….
Nos acercamos hacia Cromarty, precioso pueblo pesquero, lleno de vida, donde comimos contemplando el mar. Cromarty está en la punta de la isla, y su acceso es complicado por las inevitables y estrechas carreteras.
Dejamos la isla y conectamos con la A-835 que nos llevaba hasta Contin, y desde allí cogimos un desvio para acercarnos al victoriano pueblo de Strathpeffer, de 1400 habitantes. A 8 kilómetros están las cascadas de Rogie. Para acceder a ellas, se deja el coche en un pequeño parking, donde varios carteles avisan de la presencia de ladrones de coches, y después de caminar unos 10 minutos, se llegan a unas pequeñas cascadas. Lo mejor del paisaje, el puente de madera sujetado por gruesos hierros y que al caminar sobre él, se balancea en exceso. Si uno se queda un buen rato mirando la cascada, puede verse “el salto del salmón”….grandes salmones que con su intento de subir río arriba, saltan espectacularmente para ganar el siguiente tramo de agua….varias veces los vimos saltar…enormes saltadores de agua. Precioso de veras…siguiendo por el mismo camino, se llega a la parte más alta de la cascada, donde hay un banco de madera, que te invita a sentarte y contemplar el paisaje.
El pueblo de Strathpeffer, conserva el encanto refinado que le hizo famoso como balneario en épocas victorianas. La realeza europea acudía a Strathpeffer a disfrutar de los manantiales y de los grandes hoteles.
Paseando por sus calles llegamos hasta la antigua estación de tren, ya abandonada, pero perfectamente conservada, con aires victorianos, y que se utilizo para algunas escenas en la primera película de Harry Potter.
Strathpeffer, tiene también su pequeña leyenda, mitad fantasía, mitad realidad. Cuando nos adentramos por sus calles, descubrimos una ruta que nos indicada hacia la piedra del águila. Esta piedra es una roca de 1 metro y medio de altura, con un grabado de un águila en ella. Corresponde a lo que se denomina como símbolos “pictos”. Los Pictos fueron los primeros pobladores de las tierras altas de Escocia. El nombre de Pictos se les da, porqué en las batallas que libraban contra otras tribus, estos iban completamente desnudos, tan solo tatuados con sus símbolos…sus pinturas…y de allí deriva el nombre de pictos, o los pintados. Uno de los descendientes Pictos es St. Columbus, el primer hombre que vió “al monstruo del lago Ness”….pero eso ya es otra historia…
La piedra del águila, llego al pueblo hace muños años, después de una batalla en la zona, y un adivino local, que era famoso por sus predicciones y aciertos, predijo que el día que la piedra cayera al suelo por tercera vez, los barcos podrían llegar hasta el pueblo….Strathpeffer está a unas 15 kilómetros del mar.
Se tiene constancia de que la piedra ha caído 2 veces….
Nos dijeron que entre las 5 y las 6, es la mejor hora para ver focas y delfines desde Chamonry Point, que es el lugar más cercano a Fort George, desde la otra punta de la bahía, y hacia alli nos fuimos…pero era más de las 6 de la tarde…
Nos acercamos al agua, a las frías aguas del mar, y tan solo un par de veces pudimos ver la cabeza de una foca que sobresalía del agua….mucho frió, pues el aire era intenso….pájaros buscando comida en el mar, sobrevolando las aguas y en unos segundos clavar su pico en el agua y volver a salir de ella con un pez en su pico….olas que rompían en alguna roca en alta mar e invitaban a hacer volar la imaginación sobre lo que estábamos viendo….pero sobre todo, aire, mucho aire….
Regresamos a Inverness y nos dispusimos a buscar un lugar donde cenar, pero esta vez enfrente del río. Inverness tiene un puente colgante que se balancea mucho cuando se cruza, y si a eso le añadimos que el aire soplaba con fuerza, la sensación de mareo era importante.
Encontramos un restaurante precioso, muy pequeño en la ribera del Ness, cerca de la Catedral. Lo más ocurrente para cenar, es pedir cerveza, o agua, pues el vino en Escocia es caro, muy caro, además la procedencia de los vinos es de Uruguay, Chile, Nueva Zelanda, Sudáfrica, alguna vez algún italiano y algún español, pero pocos.
Terminaba nuestra ruta por el corazón de las Highlands. Mañana teníamos maratón de coche, para llegar hasta la cabeza de Escocia, a su punta. Aun así, los 220 kilómetros de hoy, fueron un buen aperitivo de lo que nos esperaba mañana…preparar de nuevo las maletas, y a dormir….mañana más.
JUEVES 11 DE AGOSTO….13º DIA….INVERNESS-ULLAPOOL
RUTA AL FIN DEL MUNDO
Sabíamos que la jornada de hoy sería maratoniana, pero lo que no sabíamos es que lo fuera tanto, y sobre todo que tuviéramos problemas con el alojamiento… pero eso sería más tarde.
Con una buena dosis de colesterol en el cuerpo, pues los huevos y el bacon diarios no faltaban, tomamos la A-9, para subir bordeando toda la costa en dirección hacia Duncansby Head… el extremo más al noroeste de la Escocia Peninsular.
La carretera seguía siendo singular. Alternaba trozos de un asfalto firme y ancho, con otros de no tan buen estado y estrecho.
Podíamos estar decenas de millas, sin encontrar ni una triste casa, sumergidos en una solitaria carretera, parajes gélidos pero intensamente coloristas, solitud, tranquilidad, cuervos que reclamaban su derecho a pasearse tranquilamente por la carretera, y ovejas…cientos de ovejas que nos acompañaron casi desde Inverness.
Algunas veces, la vida, la civilización se abría paso y delante de nosotros aparecían algunas casas. Pequeños pueblos que se iban sucediendo en nuestra ruta, pueblos de difícil pronunciación y cuanto más al norte nos dirigíamos, más palabras en Gaelico nos íbamos encontrando. En la radio del coche, la emisora de la BBC Gaelic, nos ofrecía música celta ininterrumpidamente.
En los verdes campos que nos acompañaban, conseguimos divisar a las vacas de las Highlands, enormes vacas de cuernos y pelaje largo.
Casi al mediodía llegamos a nuestro destino, y después de aparcar el coche en un espacio habilitado para ello, empezamos a caminar para avistar los impresionantes acantilados de la costa superior escocesa. Montañas cortadas al viento y un intenso aire frió era lo que nos encontramos…
En el agua, 3 agujas montañosas surgían del mar, para como 3 chimeneas, y en sus alrededores, las focas, varias cabezas de focas, asomaban su hocico como queriendo saludarnos…algunas veces se sumergían y su enorme silueta nadando a ras del mar, era bien visible. Caminamos un buen rato observando las entradas del mar en la tierra, los rectos acantilados, ahora conquistados por las gaviotas y otros pájaros…habiamos alcanzado el primer objetivo: el extremo oriental de Escocia, ahora nos dirigiríamos hacia otra punta.
Seguimos bordeando la costa, ahora por el norte, y llegamos al Castillo de Mey. Este castillo fue el único que tuvo en propiedad la Reina madre Inglesa. Alli, paso su infancia y algunas temporadas anuales. Ahora pertenece a un patronato dirigido por su nieto, el Príncipe Carlos.
No entramos en él, tan solo observamos sus jardines y su silueta desde el exterior y proseguimos camino hacia Dunnet Head.
En Dunnet Head, una piedra indica que se esta en el punto más al norte de la tierra principal Británica.
Tuvimos una pequeña satisfacción al llegar a este punto. Fue como un reto, estar en el punto más al norte de Escocia, y mientras mirábamos al horizonte, las siluetas de las islas Orcadas aparecían ante nuestros ojos.
Partimos de Dunnet Head y seguimos bordeando la costa; pasamos por Thurso, pueblo importante de donde parten los Ferrys hacia las islas, pasamos por Amadale, Tongue, Durness y empezamos a descender para dirigirnos hacia Ullapool. A veces, detrás de un pequeño páramo, aparecía un lago, o un río…o a veces rebaños de carneros y ovejas avanzaban por las solitarias carreteras del Oeste de Escocia.
Siguiendo por la A-894 pasamos por delante de una solitaria casa…enfrente de ella, una cabina de teléfonos…Y como turistas que éramos, nos detuvimos en la cabina. Nos sorprendió que en un lugar tan solitario y remoto, hubiera ese teléfono. Al descender del coche, un par de perros pastores se acercaron a nosotros… Querían jugar con nosotros.
Supongo que bastante aburridos debían de estar.
Seguimos la carretera, bordeando la costa, deteniéndonos a cada instante para fotografiar islotes en el mar, lagos llenos de vegetación, paisajes idílicos, playas solitarias de arena blanca y agua resplandeciente y constatamos que la costa oeste es algo más abrupta, más salvaje que la costa este.
Nos detuvimos cerca del pueblo de Inverkirkaig, donde había unas cascadas y una gruta con agua, en la que se hacían pequeños paseos con barca por su interior. La gruta iluminada y llena de estalactitas, ofrecía desde el exterior una imagen gris, austera, pero después de cruzar por un puente de madera y de saltar por el pequeño riachuelo que había en el exterior de la cueva, se llegaba a una nueva entrada en la que previo pago de 6 euros te daban un paseo por su interior.
La cascada estaba sin agua, por lo cual, como empezaba a llover no nos entretuvimos mucho tiempo en averiguar si había alguna más por el lugar, y antes de que nos empapásemos demasiado seguimos la excursión.
Pasamos por Kylesku, que tiene un puente precioso que cruza por encima de dos lagos, y nos detuvimos más adelante en las ruinas del castillo de Ardvreck….Castillo con leyenda de fantasmas….pero la visita de estas ruinas, la dejamos para mañana.
Eran algo más de las 7 cuando llegamos a Ullapool. Desde la carretera, la imagen de la ciudad de poco más de 2000 habitantes, es preciosa. Rodeada de montañas y con el Loch Broom bañando su litoral. Pueblo pesquero pero cuya mayor actividad son los ferrys que conectan con la isla Lewis. La mayoría de las calles, estaban rotuladas también en Gaelico.
Supongo que Ullapool daba lo bastante de sí, como para caminar por sus calles, pero siempre recordaremos este pueblo por un pequeño percance que tuvimos.
Cuando conseguimos encontrar nuestra casa, en el 3 de Castle Terrace, al llegar a ella, no nos tenían la habitación reservada. Se la acababan de dar a otras personas….
Las reservas de los alojamientos, los hicimos a través de Visit Scotland. Eliges una casa, las fechas y después de comprobar la disponibilidad de fechas, Visit Scotland te hace una pre-reserva. Para confirmarla hay que hacer un depósito del 10% del valor de la reserva, mediante tarjeta de crédito. Posteriormente se te envía un email con la confirmación, el importe abonado y lo que queda pendiente…. Así lo hicimos, pero la totalidad de los B&B, los reservamos en 2 veces. La primera vez recibimos el email correcto, pero en la segunda vez, en el email de confirmación, no figuraba el importe de la reserva abonado. Llamamos a Visit Scotland y nos aseguraron que no había ningún problema y que todo estaba bien reservado...OK.
De momento no habiamos tenido problemas, pero la espabilada de nuestra casera en Ullapool, había dado nuestra habitación a otras personas. ¿El motivo? , no lo sabemos, pero la intuición nos decía (como averiguamos posteriormente) que ese 10% de reserva no va a parar nunca a las casas, sino que es una comisión de la empresa. Por lo cual alquilando directamente con los huéspedes, las casas cobran como mínimo, un 10% más.
Mrs. Penny Browne nos hizo pasar a su casa, mientras nos comentaba y enseñaba que en su libro de reservas, tenia nuestro nombre apuntado con un interrogante, y que ella no había cobrado ningún 10%...!claro! ese anticipo nunca lo cobran las casas. Ella vio que eran más de las 6 de la tarde, no aparecía nadie y alquiló nuestra habitación a otros.
Mas adelante nos enteramos de más cosas de este sistema de reservas…pero bien, ¿y ahora que hacíamos?...la mayoría de casas que habiamos visto mientras buscábamos la nuestra, estaban con el letrero de completo…Mrs Penny, nos pidió que la esperásemos en su salón, mientras ella se fue durante unos cuantos minutos. Mientras estábamos esperando, dos personas mas se acercaron buscando alojamiento. Empezábamos a pensar que esa noche dormiríamos en el coche.
Al cabo de 20 minutos, vino Penny y nos comentó que nos había encontrado una casa, e incluso nos dio bacon para que se lo diéramos al dueño de la casa, puesto que él, era vegetariano. Nuestra nueva casa estaba unas 5 millas antes de llegar a Ullapool, en lo alto de una pequeña colina, cerca del faro…
Nos costó muchísimo encontrarla, y lo que encontramos fue de película cómica, o trágica, según como se mire.
Encarna se fue a ver la habitación mientras yo esperaba en el coche…pero pasaba el tiempo y ella no venía…al cabo de unos 15 minutos cuando ya estaba entrando yo en el jardín de la vivienda, apareció Encarna….su frase fue: No te asustes de lo que veas.
La casa era una vivienda, en pésimo estado, poca luz, sucia, y atendida por una especie de rompetechos inglés. Un señor bastante mayor, bajito, con unas gafas de tubo, y con un aliento de coñac mareante, iba a ser nuestro anfitrión. Ronnie, se llamaba. Pero eso no era todo. Nuestra habitación aún tenía la cama deshecha de las personas de la noche anterior. En el baño, las toallas eran las mismas que alguien había usado, sucias y algunas por el suelo. Pero eso, si…todo ello con vistas al lago….
Ronnie nos dijo, o así también intentamos nosotros que nos hiciera, que mientras íbamos a cenar, el nos haría la cama, pero por si acaso, Encarna ya sabía donde estaban las sábanas y las toallas limpias, por si acaso.
Nos fuimos a Ullapool a cenar, maldiciendo a Mrs Penny, y algo cabreados con la situación, pero bueno, era una noche, y no había más remedio que pasarla.
En la calle principal de Ullapool, cenamos en un restaurante de comida típica de la zona, muy elegante, y bastante bien de precio. Además compartimos la cena con una pareja de Barcelona que estaban a nuestro lado.
Después de la cena, tocaba volver a “aquella casa”….esperábamos que Ronnie nos hubiera adecentado la habitación….al llegar vimos que todo estaba a oscuras, y después de llamar varias veces, nos abrió, a oscuras…aquello era de película de terror…
Se había quedado durmiendo en el sofá, en compañía de su perro. ¿Y la habitación?...sin hacer por supuesto.
Cogimos las sábanas, toallas limpias, o parecidamente limpias que encontramos, y nos hicimos la cama nosotros….era tan solo una noche…en un lugar alejado de la civilización, con un ser extraño, y una habitación incomoda y sucia….
Curiosa manera de terminar el día más maratoniano de todos. 500 kilómetros de coche nos habían llevado hasta Ullapool…
Al acostarnos, unas cuantas preguntas nos rondaban por la cabeza…. ¿tendríamos desayuno preparado mañana?, ¿estaría el dueño de la casa? ¿Conseguiríamos dormir?...
Mañana, las respuestas. |
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