PROLOGO
Si imaginas carreteras que te llevan al fin del mundo, llenas de ovejas campando libremente por ellas…
Si imaginas paisajes increíbles…
Si imaginas lagos que aparecen de la nada…
Si imaginas castillos fantasmagóricos surgiendo en medio de verdes islotes…
Si imaginas un buen Whisky, apoyado en la barra de un concurrido Pub., escuchando música tradicional celta…
Si amas un paseo en silencio por playas de arena blanca y agua cristalina…
Si te imaginas habitando un castillo y compartiendo tu vida con caballeros, clanes y doncellas…
Si te preguntas el porque son tan bellas unas simples ruinas…
Si quieres saber lo que es la hospitalidad…
Si te seduce zambullirte en el caos de una ciudad en pleno festival de teatro…
Si no le temes a conducir diferente…
Si quisieras perderte en un pueblo oculto y compartir con ellos sus juegos tradicionales…
Si las leyendas de fantasmas te causan más admiración que desconcierto…
Si en cada pueblo esperas encontrar una estampa digna de la mejor postal…
Si el sonido de las gaviotas sobrevolando por encima de tus cabezas no te causa temor…
Si deseas sentirte mejor que en tu propia casa….
Entonces tu destino es Escocia…
Su vida, su agua de vida…
Tan lejos y tan cerca…tan distintos y tan iguales…
Escocia te sorprenderá…te atrapará… como me atrapó a mi.
SABADO 30 DE JULIO…….DIA 1º BARCELONA-LONDRES
LONDRES: CIUDAD POLICIAL.
Por mucho que viaje, nada me salva de que la noche antes de partir, se me apoderen unos terribles nervios y me pase la mitad de la noche en vela, mirando el reloj y deseando que suene cuanto antes. Y esta vez no iba a ser la excepción.
De nuevo, nuestro chofer particular, Carmen, se nos ofrecía voluntariamente para llevarnos al aeropuerto. Y ya van….
Antes de lo previsto ya estábamos haciendo cola en el mostrador de Easyjet que permanecía cerrado, y como éramos los segundos en la cola, supusimos que la facturación y embarque serian rápidos. Easyjet no te da billetes, y los primeros que facturan son los primeros que embarcan, tan solo después que las familias con niños. El avión era nuevo, casi se podía respirar el olor de recién estrenado y después de elegir donde nos apetecía sentarnos, nos dispusimos a esperar la hora de partida.
Debíamos de despegar a las 10.40 y estuvimos más de una hora dentro del avión esperando a que nos dieran la orden de despegar. La mañana soleada, se había convertido en una mañana lluviosa y gris, como si el tiempo que nos esperaba en Londres, hiciese ya acto de presencia en Barcelona.
Las anécdotas de los viajes suelen producirse en cualquier momento del mismo, pero pocas veces, suceden en las primeras horas.
Mientras por las ventanillas se empezaba a divisar la ciudad de Londres, Encarna me hizo la pregunta clave: ¿llevas el carné de conducir, verdad?....
Todo perfectamente organizado, meticulosamente preparado y repasado hasta la saciedad, pero aún así, mi permiso de conducir, que nos debía de servir para recoger el coche que teníamos reservado en Glasgow, se quedo dentro de mi cartera, y dentro de un armario del salón.
¿Y ahora que?...sin carné no hay coche, y sin coche no hay ruta por Escocia….
Después de recoger las maletas que salieron casi más rápidas que nosotros, en un banco de la terminal de Gatwick, empezamos a arreglar el desaguisado. Llame al Racc, y conseguimos una solución. Un taxi se desplazaría hacia el domicilio de mis suegros. El padre de Encarna que vive a 5 minutos de nosotros, recogería el carné, se lo entregaría al taxista y este lo llevaría al aeropuerto, a la terminal de Iberia Cargo, y desde allí en un vuelo a Londres Heathrow. Nosotros tan solo debíamos de ir a recogerlo a la terminal.
Había margen de tiempo pues era sábado y nosotros necesitábamos el carné el jueves siguiente….
Después de hacer un montón de llamadas entre el Racc, nosotros y mis suegros, conseguimos dejarlo todo atado, (o casi) y salir del aeropuerto.
Para dirigirnos al centro de Londres, y a la zona donde teníamos nuestro hotel, la mejor opción era el Gatwick Express, un tren que sale cada 30 minutos y que te deja en Victoria Station, una mega estación de tren y con varias líneas de metro que también llegan a ella. Compramos los billetes en unas maquinas de autoventa, pues las colas en las ventanillas eran enormes y después de pagar 13 libras por cada billete, (19.50 euros) nos fuimos hacia el tren. Puntualidad británica y unos trenes súper confortables.
En el aeropuerto ya nos dimos cuenta de la cantidad de policías que había, pero eso era poco con la cantidad que encontramos en Victoria Station.
Decenas de parejas de policía estaban por toda la estación, algunos empuñando sus armas en actitud vigilante. Y a uno de ellos que parecía mas un informador que no un guardia de asalto, le preguntamos por la calle del hotel, que debía de estar y estaba cerca de la estación. Nos indicó bien, pero se le olvidó un detalle que nos hizo dar varias vueltas inútiles con las maletas a cuestas. Algunas calles cambian de nombre en algunos lugares y la nuestra no la supimos ver, pues al llegar a ella, el rotulo de la calle, no correspondía con la que buscábamos.
Después de varias vueltas, llegamos al Hamilton House, en la calle Warwick Way, casi esquina con una calle principal, la Belgrave Road, llena de hostales y de B&B.
El hotel no era precisamente una monada, además no tenía ascensor y tuvimos que subir las maletas dos plantas por las escaleras enmoquetadas. Encontrar hotel en Londres céntrico y barato me costo bastante y el Hamilton House era lo mejor que encontré. Limpio pero algo cutrecillo.
Dejamos las maletas y nos fuimos de nuevo hacia la Victoria Station pues a la llegada vimos que en el piso superior de la estación había varios lugares para comer. Los precios, bastante más elevados que en Barcelona y al final después de mirar varias opciones nos quedamos en Kentucky Fried Chicken. Mientras comíamos, una llamada del Racc me confirmo que mi carné llegaría esta misma noche a Londres. La policía paseaba por los locales de la estación, mirando a todo el mundo y sobre todo a sus mochilas.
Después de comer, en las ventanillas de la estación compramos los billetes de tren para irnos a Glasgow el miércoles. El tren salía de la estación de King Cross a las 9 o a las 11 y llegaba casi a las 3 de la tarde o a las 5, pues hacia toda la ruta por la costa, y además paraba en Edimburgo. El billete de tren carísimo, 100 euros por persona.
En la estación hay una oficina de turismo donde conseguimos los primeros planos de la ciudad y del metro.
Decidimos dirigirnos hacia el Big Ben a pie, pues estábamos a poco menos de 15 minutos andando, por lo cual enfilamos la Victoria Street en medio de buses, taxis, y un montón de policías. En los cruces, hay en el suelo unas letras que advierten de que antes de cruzar se mire a la derecha….o a la izquierda… A veces cuesta acostumbrarse a mirar al revés que en Barcelona.
Caminando por Victoria Street nos encontramos con la catedral de Westminster, donde en su exterior, estaban haciéndose fotos los invitados de una boda. Entramos en ella sin intentar molestar a los invitados y antes de que alguna foto nos tomara como extras, seguimos hacia el Big Ben. La silueta del London Eye, emerge imponente flanqueada por las cabinas de teléfonos rojos que decoran la calle. En poco rato estuvimos ya en la Abadía de Westminter. Era tarde, y ya no dejaban entrar a visitarla; tan solo nos detuvimos a contemplarla desde el exterior. Imponente. Lugar de funerales, de reposo final de reyes y de coronaciones reales, su silueta exterior es impresionante.
Levantando la vista, la silueta del reloj más famoso del mundo, asomaba desafiante entre los nubarrones que amenazaban lluvia, y debajo de él una concentración pacifista contra todas las guerras posibles le ponía un toque de color en una tarde gris.
El Big Ben, parece mas pequeño cuando se esta frente a el. El nombre de Big Ben es el que se le da a la campana que suena al tocar las horas, pero siempre el Big Ben es para todos el reloj. Cruzamos el Támesis por el puente de Westminster que esta en obras, y a la derecha van apareciendo las siluetas de las Casas del Parlamento, y a la izquierda la impresionante London Eye, que a primera vista da la impresión de que esta parada, pues su movimiento es muy lento.
Nos acercamos hacia el London Eye, que no estaba demasiado concurrido. Su encanto es poder disfrutar de unas vistas excepcionales de todo Londres, y como el día estaba nublado y con momentos de lluvia, no era el mejor momento para subirse a ella. Al lado de la noria una exposición sobre el universo de Dalí atraía más público que el London Eye. El acuario que también esta en la misma zona, estaba ya cerrando.
Con algún pequeño rodeo y sorteando las obras que nos encontrábamos, llegamos a la estación de Waterloo, que es donde salen los trenes que van a Salisbury. Y a Salisbury queríamos ir para poder visitar Stonehenge. Comprobamos los horarios de los trenes, vimos otra vez la omnipresencia policial por toda la estación y después de utilizar los baños de la estación, de pago, volvimos por donde habíamos venido.
De nuevo el Big Ben nos recibía, ahora que la lluvia había cesado y el sol mostraba sus últimos coletazos del día, más radiante que antes y caminando un poco mas nos adentramos por el parque de Saint James: Patos, cisnes, pájaros y ardillas se acercaban a saludarnos. Eran las 8 y media de un sábado noche, y las calles adyacentes al parque, estaban desiertas. Tan sólo la Piccadilly Sreet, mostraba algo de vida. Cenamos en el Garfunkels, mientras la noche se iba apoderando de las calles y las luces de neón de los letreros luminosos de Piccadilly Circus empezaban a congregar a cientos de turistas.
Durante la cena, el Racc me llamó para comunicarme que mi carné de conducir ya estaba en Londres.
Cogimos un autobús para que nos llevara a Victoria Station. El billete de autobús vale 1.20 libras (1.80 euros). Atravesamos la estación pues era la manera mas rápida de llegar a nuestro hotel, y después de zapear algo la televisión dimos por concluido nuestro primer día de viaje… mañana debíamos recoger el carné y explorar mas Londres.
DOMINGO 31 DE JULIO……..DIA 2º…….LONDRES
LOS CUERVOS Y LAS JOYAS
El desayuno en el hotel era tan solo aceptable. Cereales, tostadas con mantequilla y mermelada, zumo de naranja de pote de mal sabor y bollería fresca de hace diez días. Todo ello servido por dos chicas rusas que eran las que atendían a los huéspedes.
Desayunamos rápido para poder emprender la excursión al aeropuerto de Heathrow, para recoger mi carné.
El metro de Londres, el Tube, es caro, y si se viaja en hora punta más. Un abono diario vale 9 euros si se compra antes de las 9 horas (hora punta). Si se compra después de las 9 horas vale 2 euros menos. Un billete sencillo cuesta 3.5 euros. La presencia policial en el metro era aun mas exagerada que en las estaciones de tren, y aunque era domingo el trasiego de gente es grande. Para ir a Heathrow teníamos metro aunque tuvimos que cambiar de línea. La línea circular o amarilla que da vueltas por todo el centro de Londres permanecía cerrada desde los atentados y algunas estaciones de otras líneas también. En cada estación había paneles que indicaban que líneas o estaciones estaban parcialmente fuera de servicio.
Llegamos a la inmensidad de Heathrow y después de preguntar en la oficina de Iberia donde estaba la terminal de carga, nueva excursión. Debíamos ir a la terminal 4, coger un metro desde donde estábamos para dirigirnos a la terminal y desde alli un autobús que nos llevaría a un polígono que es donde están las oficinas de Iberia Cargo. Nadie sabía que autobús era y después de preguntar a varias personas y con la ayuda de unos paneles informativos nos arriesgamos a subir a uno, sin saber muy bien en que lugar debíamos bajarnos.
El conductor del autobús no sabia muy bien en que dirección estaban las oficinas de Iberia Cargo y con la ayuda de otro pasajero que estaba en el autobús, nos indicaron que bajásemos en una parada y preguntásemos…preguntásemos….aquello era como un polígono industrial en festivo…desierto.
Tuvimos esa suerte que solo ocurre a veces, pues a un camionero que estaba por ahí le preguntamos por la dichosa oficina, y milagro…estaba a 50 metros de nosotros, oculta por un inmenso trailer.
Después de rellenar un formulario, pagar una pequeña tasa y hacer cola en el muelle de carga, al fin, tenía mi carné conmigo. Problema resuelto
Regresamos con el autobús al aeropuerto para desde allí coger de nuevo el metro que nos llevara al centro de la ciudad y concretamente a la torre de Londres que era nuestra nueva parada.
Por error bajamos una estación de metro antes, aunque ello nos permitió caminar por la ribera del Támesis, observando la silueta del puente de Londres que teníamos enfrente.
Compramos las entradas para la Torre, que también son algo caras, 21.75 euros cada una. En la mayoría de sitios el carné de estudiante te permite obtener descuento en las entradas. La entrada de estudiante vale 16.50. Antes de entrar comimos un bocata en la cafetería que esta en el exterior y antes de que los inmensos grupos de turistas que hacían cola entraran, entramos nosotros.
La torre de Londres es un inmenso recinto con varios edificios para visitar. Sirvió de prisión para varios personajes ilustres y ahora es famoso por que en su interior están las joyas de la corona. La entrada principal es por la puerta oeste, y en el interior se tiene la impresión de estar en un pequeño pueblo medieval, lleno de turistas eso si. Subimos al paseo de la muralla viendo todo el recinto desde las alturas. El paseo se va alternando con entradas a las torres y a las diferentes salas que se encuentran a su paso. El palacio medieval que fue residencia de algunos reyes y reinas se nos iba mostrando a nuestro paso.
Luego nos encaminamos hacia la sala donde están las joyas de la corona inglesa: sus coronas, diamantes y espadas que aún son usadas por la familia real. Para que la gente no se amontone, la visita a las joyas se hace por encima de una pasarela que a ritmo lento se va moviendo impidiendo que las personas se amontonen por largo espacio de tiempo. Vaya joyas y vaya pedruscos…
Al salir de la exposición, en medio del recinto, la torre blanca…la más famosa de todas las torres de Londres, aunque el blanco que tuvo en sus tiempos, ha dejado paso a un color más grisáceo. Entramos en el museo de Fusileros, pero como había que pagarlo aparte, lo vimos desde la entrada y rechazamos la visita.
En el campo de la torre, están los habitantes más famosos... Los cuervos.
Cuervos exageradamente gordos. Supongo que la profecía lanzada por Carlos II, de que el día que los cuervos abandonen la torre, la monarquía se vendría abajo, es motivo suficiente para tenerlos contentos y bien alimentados. En un lateral del campo están las jaulas de los cuervos, con más de ellos dentro.
Mientras descansábamos en un banco a pleno sol, vimos el cambio de guardia de la torre. Más pequeño que el de Buckhingham, pues tan solo se realizaba con 3 guardias, pero cambio de guardia al fin y al cabo.
Quisimos ver la capilla real, pero esta tan solo se abre a partir de las 5 de la tarde y siempre que los vigilantes lo permitan. Esperamos un poco y entramos a verla. Preciosa pequeña capilla.
Otro de los personajes más famosos de la torre de Londres son los guardias alabarderos, también llamados Beefeeaters. Vestidos con una especie de traje túnica gris con ribetes rojos, un sombrero en la cabeza y una corona bordada en el pecho, son los encargados de atender a todos los turistas que les pregunten, mantener el orden y realizar visitas organizadas a los turistas.
La torre de Londres me gustó. Más de lo que me esperaba, y además estaba haciendo buen tiempo, cosa que en Londres es casi un premio.
Al salir de la torre nos dirigimos hacia el puente de Londres. Espectacular. Previo pago se puede subir a el, pero tan solo nos dedicamos a pasear por debajo de el, y alcanzar la otra ribera del río. Paseando por el riverside nos hicimos innumerables fotos con él puente al fondo y pasamos por la City Hall, donde había una exposición en la calle de la contaminación del planeta y un poco mas adelante una sobre la tierra vista desde el cielo...
Nos adentramos por unas galerías comerciales cubiertas preciosas, las Hays, y a través de ellas alcanzamos la calle para tomar un autobús hacia Piccadilly Sreet y desde alli caminar por el Green Park. Un chico estaba recogiendo las tumbonas que a modo de alquiler hay esparcidas por todo el parque. La lluvia empezaba a mostrarse y aun así la gente seguía tumbada en el verde del parque, inmensisimo parque.
A través de el, llegamos a Buckhingham Palace. Lo mejor del palacio, la estatua que esta situada frente a el, y en la que todos los turistas nos subíamos para hacernos una foto al pie de los caballos de mármol.
La presencia policial seguía siendo abundante y tanto en el exterior del palacio como en el interior de el, la policía super armada iba controlando el lugar.
Volvimos de nuevo por el parque, sorteando las gotas de lluvia que caían de los árboles para acercarnos a una pequeña fuente, donde un chico con una guitarra, alegraba el paisaje. De pronto una chica se sentó junto a el, y empezaron los dos a cantar, mientras los turistas que estábamos alrededor lo mirábamos con un cierto aire bucólico.
De fondo la música, el cielo gris amenazando lluvia y una extensa manta verde nos sirvió de apoyo para tumbarnos en el suelo y reposar de la caminata, escuchando los ecos de unas notas de guitarra.
Seguimos nuestra ruta, algo más descansados y nos dirigimos hacia el Soho. Y sorpresa. En el Soho se estaba desarrollando el día del orgullo gay. Los carteles de Soho Pride, tapaban los carteles de las calles. Ambiente de fiesta, de libertad, de reivindicación. Pasear por las calles del Soho era un espectáculo para los ojos.
Con tanta multitud nos costo encontrar un sitio que tuviera mesas libres para cenar, y al final en un italiano en medio del bullicio encontramos un pequeño hueco.
Los Hare Krisna también hacían acto de presencia mientras los olores de orégano inundaban todo el restaurante.
Al terminar la cena, dimos una nueva vuelta por el Soho, con todas las calles cortadas y policías impidiendo el paso a los coches. Mucha algarabía si, pero daba la impresión de que estaba todo bien organizado y controlado.
Regresamos al hotel y a descansar. Los pies echaban humo. Y mañana teníamos una nueva excursión. Pero eso seria mañana.
LUNES 1 DE AGOSTO……DIA 3º…..LONDRES-SALYSBURY-LONDRES
STONEHENGE
A la hora del desayuno no había tanta aglomeración como ayer, aún así la bollería seguía siendo dura. De nuevo en Victoria Station cogimos el metro para irnos hacia la estación de Waterloo, y al ser día laborable el metro iba hasta los topes, como una hora punta en Barcelona. En el andén, frente a cada puerta del metro, un policía controlaba a todo el que salía o entraba. Llegamos a Waterloo sin problemas, compramos los billetes a Salisbury (36 euros cada uno) y subimos al tren. Los trenes partían cada 30 minutos y el trayecto dura hora y media. A las 9.45 nos fuimos.
Salisbury es una bellísima ciudad con aire medieval, con calles peatonales, edificios bajos y bien cuidados. Y aunque está cerca de uno de los monumentos más visitados en todo el mundo, por sus calles se respira un ambiente de paz. Había turismo sí, pero sin aglomeraciones. Cuando llegamos a la estación, nos fuimos a la oficina que hay dentro de ella, para comprar los billetes de bus (9.50 euros cada uno), pues Stonehenge está a unos 20 minutos en bus. Los buses salen cada hora, por lo que es mejor tomar el tren de Londres a la hora y 20, pues se llega siempre a menos 10 y casi se empalma con el bus. Como teníamos tiempo, dimos una pequeña incursión por la calle principal de Salisbury.
A las 12 vino otro bus y después de unos 20 minutos de viaje, llegamos a Stonehenge. La entrada vale 8 euros, (6 con carné de estudiante). Si no se quiere pagar también se puede optar por verlo desde la carretera, aunque tan solo se puede observar desde una única perspectiva. Con la entrada te dan un audio guía gratuito.
Stonehenge impresiona. Al entrar se va siguiendo un camino marcado por el cual se va dando la vuelta a todo el conjunto arquitectónico.
Megalitos, Menhires,…para algunos tan solo piedras. Para otros un conjunto monumental prehistórico, el más antiguo de Inglaterra. Con una antigüedad de más de 3500 años, aún no se sabe a ciencia cierta para que servia ni quienes lo construyeron. Diversas teorías sobre si era de pueblos celtas, druidas….
Hay varios círculos de piedras dentro del monumento, algunas de un color azulado, y aunque tan sólo se puede pasear a 20 metros de distancia, se aprecian bastantes detalles que el audio guía nos iba narrando. Los agujeros por donde se filtra el sol en los solsticios de verano o invierno son perfectamente visibles.
Algunas interpretaciones dicen que era un calendario solar, otros que una especie de mapa astronómico, otros que era un templo…muchas conjeturas….
En los aledaños de Stonehenge, se ven montículos en la llanura que son tumbas prehistóricas.
Hace años, los habitantes de Salisbury, alquilaban martillos y hachas a todos los que querían llevarse un trozo de piedra, o también piedras enteras. Es por ello que muchas de las piedras de Stonehenge están rotas, más por esto que no por el paso del tiempo.
En el exterior de Stonehenge, en la carretera, un chico estaba sentado en posición de yoga, con los brazos extendidos y los ojos cerrados…meditando. Durante los solsticios se celebran aquí ceremonias y ritos en base a una supuesta energía del entorno.
Stonehenge también cuenta con su tienda de souvenir, su bar. y servicios y como que el día estaba ya de nuevo amenazando lluvia, regresamos al autocar que nos llevara de nuevo hacia Salisbury.
Salisbury tiene una catedral que data del 1220, de estilo gótico y en lo alto de ella hay una aguja de 123 metros de altura, la mayor de todo el país. Para visitar la catedral, hay que pagar entrada, pero merece la pena. La entrada vale 6 euros (5 los estudiantes).
Dentro de la catedral está la sala capitular, un lugar que anteriormente era de reunión para el clero, pero que esta preciosamente decorada: sus ventanales, capiteles, columnas, aunque la joya del lugar es la Carta Magna.
La Carta Magna fue el documento que el rey Juan de Inglaterra (conocido como Juan sin tierra) ,se vio obligado a firmar y en la que reconocía los derechos de las personas, que nadie podría ser encarcelado sin juicio previo, que la iglesia sería libre y que tendría sus libertades enteras, etc..Una manera de abolir el poder absoluto que disfrutaban los monarcas en la antigüedad. De esta carta tan solo sobreviven 3 ejemplares. Está escrita a mano en latín, con muchas palabras abreviadas, y en la sala hay información sobre todo el contenido de ella en varios idiomas. Merece la pena visitarla, de veras.
Saliendo de la catedral y después de tomar un café y un trozo de tarta en la cafetería de la catedral, recorrimos algo más el encantador pueblo de Salisbury. Regresamos a la estación y de nuevo hacia Londres.
Ya en la city, cogimos un metro, para irnos a pasear por el popular barrio de Notting Hill. Parecía que estuviéramos en otra ciudad. Sus calles tranquilas, casi desiérticas. Paseamos por la calle Portobello, donde por las mañanas se realiza un mercado callejero. Y es cierto. Notting Hill tiene un encanto especial. Cenamos en un restaurante brasileño, Rodizio, donde comimos más de lo que debiéramos…carne y más carne de todo tipo, que los camareros traían sin parar.
Después de cenar, un paseo por las calles mas transitadas de Notting Hill, donde los turistas (muchos españoles) habían tomado por su lugar de paseo. Tiendas abiertas hasta las 10 de la noche, y mucho bullicio, mucho…
Un autobús y a dormir. Mañana más.
MARTES 2 DE AGOSTO…….4ª DIA……LONDRES
LOS OJOS DE LONDRES….
Hoy a priori teníamos el día completo, y sin movernos de la ciudad. Optamos por coger el pase diario de bus, más barato que el de metro, (4.50 euros) y nos fuimos hacia el museo Británico que además es gratis.
Desde siempre todo lo relacionado con Egipto me ha fascinado y si algún lugar tiene la colección más inmensa de arte egipcio, este es el museo Británico. Mucho control en la entrada, te revisan hasta el monedero. Al entrar, primera duda… ¿por donde empezar?
Con la ayuda de un plano decidimos empezar por mi debilidad. Egipto.
El museo tiene 3 plantas, y en cada planta un montón de salas con diferentes estilos y países.
Lo primero que vimos, fue la piedra roseta, descubierta en 1799 y que data del año 195 a.c. Está protegida por un cristal, para que nadie la toque, y todos los turistas que accedíamos al museo nos fotografiábamos con ella.
Una especie de escalofrío se apodero de mí, mientras me paseaba por aquellas salas llenas de esculturas, de sarcófagos, de imágenes, robadas, compradas o expoliadas de Egipto.
En la sala de las momias y sarcófagos, se queda uno con la boca abierta. En cada sala, una exclamación más de asombro. Impresionante todo lo que hay alli. Al llegar a la zona de Grecia, el asombro es mayor. El Partenón griego se haya en una sala inmensa en el museo. Recorrer sus estancias es realizar una clase práctica de culturas, civilizaciones, arte….se empacha uno de arte.
Grecia, Mesopotania, Roma, Egipto, Asia, América…..todo el mundo tiene su lugar en el museo. Hay además salas pequeñas con colecciones de relojes, de armas…
El museo es para estar todo un día, y otro, y más…y volver cada día a contemplar una sala, o un país…pero el tiempo no era de lo que mas teníamos, y con mi curiosidad algo más calmada, nos fuimos del museo hacia el Hyde Park.
Queríamos entrar por el Speak Corner, pero esta algo complicado acceder directamente. En esa esquina, pero fuera del parque se encuentra el Marble Arch, y para verlo de cerca o acceder al parque, hay una serie de pasos subterraneos, que te llevan al lugar.
No se puede acceder por la calle, el tráfico es intenso y no hay semáforos que cedan el paso.
En el Speak corner, un chico de color, subido a una caja, intentaba captar la atención con poco éxito de los que por ahí pasabamos.
Paseando por la inmensidad del parque, nos tumbamos a la sombra de unos árboles a descansar un poco, y a intentar divisar las ardillas.
Mas al sur del parque hay un lago, donde los patos, cisnes y demás aves, se te acercan buscando que les des algo de comida. Poco antes de salir del parque, conseguí dar de comer a las ardillas que se te acercan tranquilamente. Como un chiquillo.
Salimos por la Kensington road, encontrándonos de lleno en una zona llena de embajadas y de oficinas. Comimos en un bar restaurante, y nos fuimos hacia el London Eye.
Antes de llegar a la noria, nos detuvimos en Downing Street, la calle en la que está la residencia del primer ministro Británico. El famoso número 10, tan solo es visible por las rendijas que dejan las enormes vallas de seguridad que flanquean la entrada a la calle. Con el estado en que se encontraba la ciudad por los atentados, la entrada a la calle estaba protegida por una tanqueta policial y varios agentes armados hasta los dientes. Sin embargo a los turistas que curioseábamos en la entrada, no nos dijeron nada.
Subir a la noria vale 18 euros, y el viaje dura 30 minutos, a paso lento, muy lento. Tan solo hicimos 10 minutos de cola, pasamos por dos controles y entramos en una especie de cabina ovalada, en la que cabían unas 20 personas.
Poco a poco te vas elevando, y ante ti aparece Londres en su inmensidad, en su plenitud. Disfrutamos de un día de sol, y las vistas eran increíbles. El parlamento, el Big Ben, Buckhingham, los parques, el río… la vista es impresionante y de veras, que aunque sea una turistada, vale la pena el subirse.
Al salir del ojo, unas chicas entran con unos detectores de metales, a inspeccionar la cabina.
Seguimos paseando por la ribera del río, donde las estatuas humanas y los showman callejeros daban color al paseo.
Cruzamos el puente de Hungerford para adentrarnos en la zona de Times Square, contemplando la imponente columna de Nelson. En el centro de la plaza, un grupo de bailarines estaba ensayando una actuación. Nos adentramos por la zona del Covent Garden, lugar donde se ubican la mayoría de teatros de Londres.
El mercado estaba cerrado, pero en su exterior una multitud de terrazas, casi todas llenas, le daban un ambiente de fiesta eterno.
Londres tiene un encanto especial. Es diferente de todas las ciudades europeas que conozco. Quizás es por su magia, por el encanto de la mezcla de culturas, por la fama de sus espectáculos…no se muy bien el que…pero tiene algo especial.
Y estar en Londres y no ir a un espectáculo, es casi un pecado. Hace meses escuché en un programa de radio que el musical El Rey León era espectacular en su puesta de escena. Y como la cartelera de Londres era extensísima, y no sabía por cual musical decidirme, opté por hacer caso de la radio y encargar dos entradas para el Rey León.
No me equivoqué…
Como el argumento es fácil de seguir, pues la película es tremendamente popular, es un musical tremendamente recomendable. Las entradas me costaron 72 euros cada una, y a pesar de reservarles con mas de 2 meses de antelación, un sobre con mi nombre me esperaba en la taquilla del Lyceum Theatre. Padres con niños en su mayoría, eran el público predominante, y nada mas empezar el espectáculo, con la famosa escena de la presentación de Simba, se me puso la piel de gallina. Los animales están milagrosamente bien representados, los decorados, las canciones en directo,… todo es un espectáculo…UN GRAN ESPECTACULO.
A la salida, caminamos un rato, hasta que decidimos tomar un autobús, para regresar a nuestro hotel.
Mañana partíamos hacia Escocia, hacia Glasgow, y la parada que hicimos en Londres, se transformó en un deseo. Volver. Londres merece más de una visita
MIERCOLES 3 DE AGOSTO…..5º DIA….LONDRES-GLASGOW
NERVIOS EN EL TUNEL
Este miércoles fué el día que más madrugamos en Londres. Nuestro tren a Glasgow, salía a las 9 de la mañana y como que teníamos que recogerlo todo, pagar el hotel, coger un metro hasta King Cross…etc., pues nos levantamos pronto y con tiempo para todo.
Pero ese día, pasé, pasamos algo de miedo.
Al llegar a la estación de Victoria Station, a las 8 menos 5, nos encontramos que la estación estaba cerrada, y un montón de gente hacia cola en el exterior para entrar. ¿Que ocurría?...
Pensamos en tomar un taxi, pues aunque en metro tan solo teníamos que hacer 5 paradas, si este no abría, un taxi era lo más rápido.
Ojalá lo hubiéramos hecho.
De repente las puertas se abren y de su interior salen 2 policías que dan acceso libre a todos a la estación. Entramos, sacamos nuestros billetes, cargados con las maletas a cuestas y subimos al metro. Eran las 8 y 5 minutos.
El metro tardo 5 minutos en ponerse en marcha, y en la estación siguiente, estuvo detenido 5 minutos más. Eran las 8.15.
Quedaban 4 estaciones para hacer en 45 minutos. Suficiente.
En la siguiente estación, estuvimos detenidos en el andén 5 minutos. Empecé a ponerme nervioso…pero no podíamos hacer ningún tipo de trasbordo en esa línea. Faltaban 3 estaciones.
A las 8.30 minutos salimos de nuevo y entonces….el tren se detuvo dentro del túnel….
Los pasajeros no se inmutaban, la mayoría iba realizando Sudokus, el juego de moda de este verano. Las 8.40…y seguíamos dentro del túnel. Empezaba a pensar que por qué narices no cogeríamos un taxi, y veía muy lejano el poder llegar a tiempo a la estación.
A las 8.45, al fin, llegamos a la siguiente parada….quedaban 2 paradas mas, para el final…. ¿que hacer?... ¿seguir en esa línea, o hacer trasbordo en la estación de Warren Street con la línea negra?...la respuesta nos la dió un vigilante del metro, cuando nos obligó a bajarnos a todos del metro, por causas que no nos dijo…¿una amenaza de bomba?, ¿una avería técnica?... a la carrera, con las maletas a cuestas buscamos la línea negra…la encontramos… nos subimos a ella, pero en los carteles interiores no figuraba el nombre de la estación de King Cross. Preguntamos a una mujer y nos dijo que si, que esa línea llegaba a la estación pero otra chica nos comentó que no, que debíamos bajarnos en Euston, y coger la misma línea pero en otra dirección, pues la línea negra o línea Northem tiene 2 direcciones.…nos habíamos subido en la dirección equivocada….teníamos que hacer un nuevo trasbordo y otra parada más en menos de 7 minutos….
Por un milagro, pudimos hacer el cambio de seguida, y esta línea parecía que iba bien….Encarna ya daba por perdido el tren, pues la puntualidad británica existe, y a las 9 en punto salía nuestro tren a Glasgow, y de perderlo no podíamos cambiar los billetes….llegamos a la estación de metro de King Cross, a las 8.57, pero teníamos que subir un montón de escaleras, pues depende de que líneas, estas van muy por debajo del suelo….a la carrera, con golpes, pidiendo perdón a cada paso, sudando, resoplando llegamos a la estación de tren…el reloj de la estación marcaba las 8.59….nos faltaba encontrar el tren en una estación inmensa….pero la fortuna nos sonrió…le preguntamos a dos policías si sabían cual era el tren de Glasgow, y por una bendita casualidad estaba enfrente de nosotros….corrimos hacia el tren,… uno de los revisores nos hacía señales para que subiéramos….subimos al primer vagón que pudimos….deje la maleta en el suelo….miré a Encarna y le dije…! Ya estamos dentro!...justo en ese momento…el tren cerró las puertas y partió….
Estaba chorreando, sudando, me faltaba el aire, y mi respiración era como la de un asmático…pero lo habíamos logrado…cruzamos todo el tren para encontrar nuestros asientos…y los encontramos…
Creo que bastantes personas perdieron ese tren, pues en cada uno de los asientos, hay una etiqueta que pone si esta reservado o no, y que trayecto realizan las personas que en el se sientan, y en el de detrás nuestro, habían 2 sillones que debían de haberse ocupado también en Londres…
Teníamos casi 6 horas por delante…para descansar, dormir, contemplar el paisaje…a mitad de viaje, subieron 2 mujeres en Lancaster, que nos hicieron compañía en nuestros asientos de 4 personas.
Al mediodía nos dirigimos al vagón restaurante para comprar algún bocadillo y bebidas y casi no quedaba de nada….
Aunque 6 horas son muchas, no se nos hicieron excesivamente largas, y a las 2.35 horas, un poco antes de lo previsto, llegamos a Glasgow….
En la estación no había oficina de turismo, para pedir un plano de la ciudad, o mirar que transporte nos podía llevar lo mas rápido a nuestro hostal, por lo cual salimos de la estación y con una pequeña indicación de la zona que llevábamos, le preguntamos a un policía como llegar. Nos indicó el metro, y en que estación bajarnos y a él nos fuimos.
El metro de Glasgow, es de lo más curioso que he visto. Es una sola línea, circular que va dando vueltas por todo el centro de la ciudad. Tiene dos sentidos de marcha y los trenes parecen de juguete, super pequeños. Un billete de metro vale 1 libra.
Hicimos 4 paradas y llegamos a la que nos dejaba más cerca de nuestro hostal. Le preguntamos al taquillero como llegar y estábamos tan solo a 5 minutos a pie, aunque con las maletas, parecían más.
Al final nuestro hotel estaba al lado mismo de una de las arterias principales de Glasgow y cerca de un área de residencia de estudiantes.
Belgrave Guest House, en Belgrave Terrace.
Nuestro hotel era una casa de huéspedes, sin ascensor donde la habitación tenía 3 camas algo más grandes que las individuales. Un baño con ducha, televisión, tetera, cafetera, nevera, plancha…tenía de todo, pero si algo teníamos claro es que no íbamos a disfrutar demasiado de las habitaciones.
Después de cambiarnos de ropa y guardar las maletas, volvimos de nuevo al centro, para recorrer un poco la ciudad.
Glasgow es una ciudad gris. No tenia ni mucho menos el encanto de Londres y a pesar de ser la segunda ciudad importante de Escocia, su pasado industrial ya en declive, le conciernen un aire mitad gris, mitad esperanza. Ha sido nombrada capital europea de la cultura en 1990, y ciudad de la arquitectura del Reino Unido. Su centro es parecido al eixample Barcelonés, con un dibujo muy bien organizado de calles paralelas entre si. Nos acercamos a George Square, una preciosa plaza presidida por una torre con la estatua de Walter Scott en lo alto. En un lateral de la plaza el edificio del Gallery of Modern Art, le da un toque de majestuosidad al lugar. En la oficina de turismo preguntamos por el pase del Explorer, pedimos planos de Glasgow y nos dispusimos a caminar por las calles peatonales del centro.
La Buchanan Street es la calle más comercial de todo Glasgow. Tiendas de ropa, alimentación, cafeterías, pero eso si…a las 5 o como muy tarde a las 6, todo cerrado.
Seguimos caminando por la Argyle Street, casi al lado del río Clyde, y a medida que nos alejábamos del centro, una imagen de solitud, de tranquilidad y sensación de ciudad fantasma, se iba apoderando de nosotros.
Decidimos volver al centro y las calles que minutos antes estaban atestadas de gente, ahora eran como si un rayo misterioso las hubiese dejado vacías.
Buscamos un lugar para cenar, y nos decidimos por el Pub Ingrams. En Escocia casi siempre en los pubs debías de acercarte a la barra, pedir, pagar y luego te lo servían. Aquí probé por primera vez el Haggis, que son las vísceras de cordero hechas con muchas especias y que tienen un sabor buenísimo. Probé el pollo a la Balmoral que era pollo con Haggis y queso, y que fue el mejor plato típico que probé en toda Escocia.
El encargado del pub era español y nos recomendó algunos lugares para visitar. La mayoría ya los teníamos previstos, pero otros que dudábamos, los acabamos incorporando a la ruta.
Después de cenar, un paseo y al hostal. En la televisión de la habitación, zapeando un poco, vimos el Gran hermano de Inglaterra, que se acercaba a su final.
Mañana debíamos de recoger el coche que tantos quebraderos de cabeza nos había causado.
Pero eso sería mañana.
JUEVES 4 DE AGOSTO…..6º DIA……GLASGOW
DESCUBRIENDO GLASGOW
Como siempre nos acostábamos pronto, el madrugar no era demasiado problema, pero hoy fue el día que más tarde nos levantamos. A las 8 de la mañana.
Primer contratiempo. En la ducha no salía agua caliente, y como las temperaturas de Agosto, no son como en Barcelona, no estaba dispuesto a ducharme en agua fría. Por lo cual, como vi. que en la primera planta, había una ducha comunitaria, me fui hacía ella y la utilicé.
A la hora del desayuno se lo comentamos a la mujer que atendía los desayunos, y ella se encargo de pasar nota a su “fontanero”. Por primera vez desde que salimos de Barcelona, probamos el desayuno escocés: huevos, beicon, salchichas, tomate, champiñones….una dosis completa de colesterol…
Después de desayunar, cogimos un autobús y nos fuimos hacia el centro de la ciudad, El bus en Glasgow es más barato. 1.20 euros el billete sencillo. El autobús nos dejó en la calle Buchanan y desde allí fuimos a la oficina de turismo, para comprar el Explorer pass. La adquirimos por un periodo de 10 días, valido durante 30 días. Los días que se utilizaran no tenían por que ser consecutivos, con lo cual teníamos bastantes días de maniobra. El precio del Explorer era de 28 libras (42 euros) pero la amortizamos con creces. Todo lo que vimos con el Explorer, nos hubiera costado 72 libras (108 euros) por lo cual nos ahorramos 66 euros cada uno. Claro que también muchas de las cosas que vimos, si no hubiera sido por que teníamos la entrada gratis, no las hubiésemos visitado, pero todo lo que vimos, valió la pena…sobre todo si gustan las ruinas de abadías y castillos.
Después de comprar el Explorer, nos fuimos andando hacia la catedral de Glasgow, que está al lado de la zona universitaria. Dentro de la catedral, hay folletos en todos los idiomas que por 10 peniques, te explican la historia de la catedral y lo que merece ser vista en ella.
Por el exterior, su aspecto gris, como sucio, como si las obras de restauración de la piedra no se hubiesen realizado, si es que alguna vez se hicieron. Esta rodeada por un cementerio, sembrado de verde, y con numerosas lápidas sobresaliendo.
La catedral de Glasgow es la mayor iglesia de toda Escocia. De culto presbiteriano, esta se fundó durante el siglo siete.
Lo más hermoso de la catedral, es la cripta o iglesia baja, en la cual está enterrado el patrono de Glasgow San Mungo. En la iglesia se venden como si fuera una tienda más de recuerdos, souvenirs de Glasgow. La entrada es libre, aunque en el Explorer nos figuraba como de pago.
Al salir dimos una vuelta por su exterior, pisando decenas de tumbas de su cementerio, y contemplando una inmensa necrópolis que está situada en la ladera de enfrente de la catedral. Mientras paseábamos por el cementerio, una música de gaitas llegaba a nuestros oídos. Como si siguiéramos el sonido de Hamelin, conseguimos averiguar de donde procedía la melodía. A escasos metros, en un edificio que era una residencia universitaria, un grupo de unas 30 personas, estaban ensayando para el festival de música de gaitas que tenia lugar a mediados de mes en Glasgow. Sin el traje típico, pero si con todos los instrumentos necesarios, (gaitas y tambores) iban ensayando sobre todo el desfile, la marcha. Una y otra vez repetían el inicio de la melodía, mientras una decena de personas, les fotografiábamos como si fueran una atracción turística.
De vuelta hacía la catedral, entramos en Provand´s Lordship, la casa más antigua de Glasgow. De entrada libre y perfectamente ambientada, esta casa fué fundada en 1456 como un hospicio.
Sus tres plantas recrean como era la vida en la Escocia de mitad del milenio anterior. La catedral y esta casa, se salvaron de la destrucción que hubo en toda Inglaterra de las iglesias católicas con motivo de la reforma protestante de 1560.
La casa pasó por varias vicisitudes, destrucción, reconstrucción, abandono…etc.
Fue una visita agradable, donde al salir, se invita a dar unas monedas como donativo.
En frente de la casa, se encuentra el museo San Mungo de vida y arte religioso.
Como la entrada también era libre, entramos. Y fue una de esas pequeñas agradables sorpresas que se encuentran en cualquier viaje.
Pensaba que estarían sus tres plantas, llenas de pinturas religiosas. Y no.
Es un recorrido por todas las religiones y por todas las fases de la vida, a través de objetos cotidianos y de fotos. Cada etapa de la vida enfocada desde el punto de vista de cada religión. Y además perfectamente ordenado y con sentido. En algunas vitrinas incluso se puede probar a adivinar los conocimientos que tenemos de cada religión. Sinceramente, hay que visitarlo.
La joya del museo no obstante es un cuadro. El Cristo de Dalí, que la ciudad de Glasgow le compró al artista en 1951.
Observando el cuadro y con la ayuda de unas explicaciones que se encuentran en la sala, se puede observar la restauración de la que fué objeto el cuadro, con motivo de los ataques que sufrió como protesta por su venta a Glasgow. En la misma sala hay otras obras preciosas. Discos mortuorios de la China neolítica de 2000 a.c., dibujos de aborígenes australianos, vidrieras escocesas impresionantes.
La planta superior está dedicada a la religión en Escocia, y en un lateral hay una pequeña sala en la que unos monitores dan juego y entretienen a los niños pequeños.
En un par de horas, habíamos visto tres edificios históricos en Glasgow, y lo que es mejor de todo. Gratis.
Volvimos andando hacía el centro, y nos sentamos a comer en una cafetería con aires americanos que estaba a reventar.
Después de comer, caminando por el paseo que discurre en paralelo por el rió Clyde, nos fuimos hacía la zona más nueva de Glasgow. Una estructura metálica que recuerda a la ópera de Sydney, preside todo el lugar. Cruzando el río, un cine Imax, en forma de gusano metálico y un museo de la ciencia lleno de chiquillos, decoraban una zona bastante desértica y con mucho aire….pasé mucho frío, con la brisa del río y el aire golpeándote la cara.
Cerca de allí, la oficina de Hertz, donde debía recoger nuestro coche.
Tuvimos que esperar casi 20 minutos que la chica terminara de atender la reclamación de otro usuario, cuando por fin nos tocó a nosotros.
Primera sorpresa. Había pedido un coche pequeño, un Ford fiesta, un Opel Corsa, etc.) Pero como no tenían, nos dieron por el mismo precio un Ford Focus del modelo nuevo que es algo más largo que los anteriores. Demasiado coche para mí, pero en fin.
Después de que un miembro de la oficina nos explicara los mandos del coche, todos al revés que en Barcelona, por supuesto, arranqué mi flamante focus de color azul chillón.
Primeros metros con él, y ya me puse en dirección contraria. Y es que el subconsciente te traiciona más de una vez. Tranquilo. Volver a empezar. Me introduje en una especie de polígono industrial, para intentar cogerle confianza al coche, y cuando creí que más o menos lo dominaba, me dispuse a conducir por el centro de Glasgow, pues para ir a nuestro hostal, necesitaba atravesar toda la ciudad. Y con más facilidad de la prevista, aparqué nuestro focus en el parquing del hostal.
Después de comprobar que la ducha seguía sin dar agua caliente, y de volver a avisar en recepción, nos fuimos por los alrededores del hostal para buscar un sitio donde cenar.
Casi enfrente del hostal, el pub Hembros nos acogió y unos platos de ternera con patatas y cervezas fueron nuestra cena. El pub estaba a rebosar, y las jarras de cerveza se vaciaban a una velocidad increíble. Llevaba 6 días en tierras Británicas y aún no había probado el agua de vida, el agua de Escocia.
Un breve paseo hasta el hostal, preparar las maletas y dejarlo todo listo para emprender nuestra aventura motorizada. Pero eso sería mañana
VIERNES 5 DE AGOSTO…..7º DIA…..GLASGOW-KELSO
LA RUTA DE LAS ABADIAS
Nos habíamos propuesto una mega super ruta, con un montón de sitios por ver y no siempre cerca unos de otros. Y eso que era el primer día con coche. Pero no importaba. Éramos valientes. Nos levantamos pronto y a las 9 de la mañana ya estábamos en ruta. Cogimos la A-77 con dirección al Culzean Castle, aunque antes hicimos una pequeña parada en otro.
Cerca de la ciudad de Kilmarnock, se encuentra el Dundonald Castle. Llegamos antes de las 10 de que era la hora de apertura y tan solo nos conformamos en visitarlo por fuera. Era nuestro primer castillo. Construido en el siglo XIII, en la actualidad tan solo se conserva en pie, parte de la torre del que durante algún tiempo fue residencia de los primeros monarcas escoceses.
Cada castillo, cada ruina, tiene una historia, su historia. Historias llenas de batallas, de conquistas, de traiciones, de pagos por servicios, de destrucción, de esplendor… ¿si es una visita prescindible? Pues si…
Sin más tiempo que perder nos dirigimos ya al Culzean Castle, cerca de Maybole.
La entrada se hace por un camino que da acceso a los jardines, previo pago de 15 euros por cabeza. Los jardines son increíblemente hermosos, PRECIOSOS.
El césped de un verde brillante, adornado por fuentes engalanadas con flores, maceteros rebosantes de color, flores y más flores por doquier. Es una delicia el pasear por ellos y sentarse en uno de sus muchos bancos y dejar recrearse la vista, tan solo contemplando el jardín, tan solo eso.
Y el castillo no podía ser menos. Una fortaleza del siglo XVI, erigido sobre un vertiginoso acantilado que domina el estuario del Clyde.
Al entrar en él, su primera estancia esta decorada por una colección de trabucos, la mayor de toda Escocia. Cada habitación esta decorada como si estuviera habitado, como si el paso del tiempo no hubiese hecho mella en él y sus habitantes aún se sentaran en sus grandes sofás. En cada estancia, unas hojas en varios idiomas, te explican que es aquella habitación y lo más sobresaliente de ella: que objetos no deben dejar de mirarse, la historia de cada sala y pequeñas dosis sobre la historia del castillo.
Una única pega. No pueden hacerse fotos. En cada habitación, una persona del castillo vigila que la norma se cumpla. Todas las habitaciones son bellísimas, pero si hemos de resaltar una, ésta es la escalera oval que da acceso a las habitaciones y sobre todo al salón principal, con un piano y con unas vistas increíbles de su acantilado.
Según nos contaron los vigilantes de las salas, que siempre amablemente te responden a cualquier duda, el castillo estuvo habitado hasta hace poco, pero sus dueños, la familia Kennedy, como no podían soportar el elevado coste de mantenerlo abierto, lo donaron a la The National Trust for Scotland. Un organismo que posee varios castillos y lugares históricos y que se encarga de rehabilitarlos para que se puedan visitar.
Salimos del castillo, y caminando por sus jardines posteriores, encontramos un pequeño caminito que permitía acceder a la playa, y por ende tocar por primera vez el agua del mar del norte. Fría.
Cerca también de Maybole, esta la Crossraguel Abbey. Como nos iba de paso y teníamos la entrada gratis, nos acercamos.
Al llegar, vimos que éramos los únicos visitantes del lugar. El vigilante, un hombre de unos 50 años, tan solo estaba acompañado de su perro, un pastor escocés. Entramos en la Abadía, que aunque semidestruida, era preciosa. Al subirse en lo alto de la torre, comprobamos la perfecta sonoridad del lugar, pues nuestros gritos resonaban con fuerza por todo el lugar.
Siempre nos preguntamos porque algunos lugares están masificados y otros casi desiertos como este. El cielo se puso caprichoso y empezaron a caer unas finas gotas de lluvia. Fuimos hacia el coche, pero antes nos detuvimos a jugar con el perro. Sin que le dijéramos nada, nos trajo una pelota de tenis, y nos la dejó en los pies para que se la tirásemos. Y así lo hicimos. Varias veces. Y siempre nos la traía para que se la volviéramos a tirar. Supongo que a pocos turistas vería aquel perro.
Proseguimos nuestra ruta hacia Melrose. Cruzamos casi toda Escocia por el sur, para llegar cerca de las 4 de la tarde a Melrose Abbey. Pensando que cerraban a las 5 y aun queríamos ver un par más, tuvimos una alegría, cuando la mujer de la taquilla nos dijo que no, que todas cerraban a las 6 y media.
La abadía de Melrose, es la más hermosa de todas. Por espectacular, por grande, por sus ruinas rosáceas bien conservadas, por su emplazamiento. Forma parte de la ruta de las abadías, una serie de abadías de los “Borders”, y que se encuentran todas en estado ruinoso. Constituyen todas ellas una muestra de las turbulentas relaciones entre Escocia e Inglaterra en el siglo XVI.
Esta fue construida para los monjes cistercienses, y fue saqueada una y otra vez por los ejércitos ingleses. La destrucción definitiva se produjo en 1545, con la política destructiva de Enrique VIII y la reforma anglicana.
En la abadía, flanqueada por su cementerio, se guarda en una caja el corazón de Robert the Bruce, personaje adorado en toda Escocia, pues fue él, el que recogió el testigo de William Wallace y derrotó a los ingleses.
Es una visita imprescindible.
Cerca de Melrouse está un monumento a William Wallace, que no visitamos.
El pequeño pueblo de Melrose, también merece ser visitado pero preferimos irnos hacía la Dryburg Abbey, algo más pequeña que la anterior, pero con un encanto especial.
En su interior esta enterrado Sir Walter Scott. En una capilla bien conservada de la abadía, se estaba ensayando una boda. Los novios y los testigos obedecían las ordenes que el oficiante les iba dando, mientras dos mujeres estaban engalanado con flores la capilla.
Cerca de la abadía, está un mirador al que subimos, y que la tradición dice que era el preferido de Walter Scott. Según la leyenda el escritor solía venir aquí varias veces, pues desde él se obtiene una esplendida vista de todo el valle. El mirador lleva su nombre.
Además, el perro de Walter Scott, cuando este ya había fallecido, seguía hiendo al mirador.
Ahora teníamos que decidir, entre acercarnos a la tercera abadía en importancia, que nos quedaba algo lejos, o acercarnos a nuestro lugar de destino Kelso, pueblo en el cual también había otra abadía que visitar. Y optamos por irnos hacia Kelso, pues hubiésemos tenido que correr mucho para llegar hasta Jedburgh.
Mi primer día conduciendo por la derecha, estaba resultando bastante aceptable. Algún golpe de retrovisor por el lado izquierdo, algún despiste con las marchas, pues alguna vez aún buscaba la palanca de cambios a mi derecha, pero en fin, bastante aceptable.
En Escocia no se conduce muy rápido, afortunadamente, pero lo que si te saca de los nervios, es que en las carreteras estrechas que cruzan los pueblos, sus habitantes aparcan los coches en plena carretera, sin miramientos….y siempre tienes que sortear los coches aparcados, con los que te vienen de frente, y como las distancias aun nos las dominaba, pues algún bordillazo si que le di al coche… pero nada grave.
Llegamos a Kelso y nos costó encontrar la casa. Estaba algo apartada del pueblo y aunqué me pasé el desvio una vez, al final dimos con ella. El alojamiento de Kelso lo había reservado directamente con su dueña por Internet, y por las fotos que teníamos de la casa, era la que con más expectación esperaba. Era la de más categoría y a la vez la más económica. Y no nos defraudó.
Mrs Christina Moffatt, era un encanto de mujer. Nos enseñó nuestra habitación que era enorme, de más de 30 metros cuadrados y el baño contiguo era casi tan grande como la habitación. Con una bañera grandiosa y una chimenea, que aunque no estaba encendida, le daba un encanto especial. Todo enmoquetado, pero una monada. Después de mostrárnosla y de de decirnos que teníamos toda la casa a nuestra disposición, nos ayudó a buscar un sitio donde cenar, a pesar de que también nos ofreció el cenar en su casa.
Dimos una vuelta por su jardín que era tanto o más precioso que su casa y nos fuimos hacia Kelso. Aparcamos un poco alejados del centro, y caminando llegamos a la Abadía de Kelso, que estaba abierta, a pesar de que eran más de las 7 de la tarde. Aunque no lo parecía, esta abadía había sido en tiempos la más grande de todas. Fue fundada en 1128 y también estaba destruida.
Kelso es un pueblo de unos 6000 habitantes, con calles adoquinadas, edificios victorianos y que es famoso por la pesca del salmón. En octubre hay un campeonato de pesca de salmón y algunas personas llegan a pagar ¡!!!!1600 euros!!!!!!! , por una ubicación concreta. En Kelso confluyen dos pequeños ríos, y en el lugar donde se juntan, el pescar en ese sitio, vale esta enorme cantidad.
Paseamos por Kelso, por sus calles solitarias, por las vistas de sus ríos, por las escaleras que conducen a los miradores del río….
Cenamos en un pub que nos recomendó nuestra anfitriona: The Black Swan (el cisne negro). Probé de nuevo el Haggis, pero no estaba tan rico como en Glasgow.
Después de cenar, dimos de nuevo una vuelta por el pueblo….creo que éramos las dos únicas personas que estaban caminando por sus calles…de nuevo el desierto.
Regresamos a nuestra “casita” y a una cama altísima y confortable…balance de nuestro primer día en coche…335 kilómetros…. 4 abadías, 2 castillos…y muchas fotos hechas….
Lo mejor que podíamos hacer ahora, era probar esta inmensa bañera, para relajarnos después de tantos kilómetros….Y lo hicimos….
Mañana más. |
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