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Como el verano se hace corto en España, para alargarlo, viajamos al comienzo de nuestras breves vacaciones a otro lugar que nos ofrecen sus contrastes paisajísticos, climatológicos y monumentales. El 2002 tocaba Rusia, donde el verano es un poquito febreril, y donde dicen que a veces nieva en pleno agosto. Nos equipamos con chubasqueros y alguna ropa de entretiempo, como cuando viajamos a Galicia, y nos lanzamos decididos a la agencia de viajes, decidiéndonos por un crucero que, a través de los ríos Neva, Svir, Kovzha, Sherksna, Volga y Moscova, los lagos Ladoga, Onega y Beloe, pasando las represas y canales que los unen, nos ofrecen llevarnos desde San Petersburgo hasta Moscú (1.369 Km.) atravesando los parajes naturales y las aldeas del Noroeste de Rusia. Este viaje ruso va a resultar fascinante y hermosamente grato, aunque sólo veremos un trocito mínimo de tan inmenso país, que en estos años vive cambios galopantes de adaptación al mundo occidental y de retorno a las viejas tradiciones que allí permanecían en rescoldos... |
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