Amazônia 2005: 35 días de ensueño.
Hola a tod@s:
Es la tercera vez q intento escribir un párrafo y no sé qué contar ni por donde empezar, me resulta muy difícil poner sobre el papel lo vivido en esos lugares tan lejanos de mi tierra natal.
Lejanía a la q decidieron ir un joven matrimonio, Rubén y Asela y a quienes con el tiempo acompañó el nacimiento de una pequeña criatura llamada Esaí. Nacido allí y que con tres meses de vida es un brasileño más. Amablemente nos invitaron a aventurarnos en el mundo en el que viven. Un mundo diferente, grande y cargado de sentimientos, donde la concepción de la vida no discurre entre asfalto y desarrollo. Donde se vive con lo justo y se es feliz, y quienes con nada, te lo ofrecen todo. La individualidad europea queda eclipsada por el mayor grado de solidaridad que jamás pude ver. Es ese lugar conocido por todos pero (por suerte y todavía) visitado por muy pocos, sin turistas transportados por doquier.
El viaje fue largo, cargado de anécdotas y grandes momentos. De Valladolid salimos en tren y con destino Paris el bueno de Roberto y yo. La visita por la capital francesa dio paso a un tour aéreo de más de 20.000 kms, con un itinerario un poco demoledor: París – Sao Paolo – Brasilia – Manaos – Santarém. 4 aviones y muchas horas de vuelo para acabar en un lindo lugar llamado Alter do Chão, lo más parecido al paraíso en un inhóspito lugar.
Situado en la gran cuenca amazónica se encuentra uno de tantos ríos que forman esa red fluvial. El Tapajós es un señor río de 30 kms de ancho, un mar de aguas claras y cálidas que genera cientos de playas de arena blanca y fina que dan ganas de quedarse a vivir.
Y por allí estuvimos viajando, 11 días por diferentes ríos, en un pequeño barco llamado Boanares y capitaneado por Gilberto, un gran pescador y aún mejor persona. Todas las horas que pasamos con él fueron de lo mejor de este viaje, ya que en cada momento estabas aprendiendo y siempre desde su sincera humildad. Comiendo de lo que pescábamos, sin ducha diaria pq estábamos todo el día a remojo, sin preocupaciones y sabiendo que los días comenzaban con la salida del sol y finalizaban con increíbles puestas de sol en las que participaban todos los elementos de la naturaleza y que daban paso a una luna y un cielo estrellado increíble.
De los paisajes de ensueño, pirañas, cocodrilos, iguanas, tortugas y grandes árboles de la selva virgen pasamos a conocer la otra realidad amazónica, el interior. No muy lejos de los ríos las nuevas “carreteras” (pistas de tierra) se han encargado de ir acabando con la selva hasta el punto de que en muchos momentos, las explotaciones ganaderas, campos de arroz y de soja hacen parecer el lugar un paisaje de cereal castellano. Resulta muy triste y desolador ver como el afán de progreso que llega desde el sur del país arrasa con todo bajo la bandera de la prosperidad económica.
Es un dicho en boca de todos que la selva se muere, pero hasta que no ves una muestra en persona, no se puede uno hacer la idea de que, aparte de la tala indiscriminada que allí se produce también se está acabando con las comunidades, con un modo de vida y con una cultura que en muchos lugares había sobrevivido el colonialismo europeo. Ese cambio a golpe de excavadora implanta explotaciones que abastecerán los mercados internacionales y los productos que tranquilamente nosotros compramos en el supermercado de la esquina o esos muebles macizos que adornan nuestro salón.
Personalmente, este viaje me ha llenado mucho, me ha enseñado más y me ha hecho cambiar muchas cosas sobre la vida que tengo actualmente e intentar explicarlo con palabras es prácticamente imposible porque los paseos por la playa, las largas horas navegando por los ríos, las siestas en hamaca y sobretodo la naturaleza en estado puro hace que tus sentidos se comporten de manera totalmente diferente que en cualquier ciudad.
Por ello, sólo me queda que algunas fotos pongan algo de color a este -espero que no- aburrido relato. Mil gracias a mis compañeros de viaje.
Besos. Raúl.
http://es.pg.photos.yahoo.com/ph/rauldelrio80/my_photos
“ Cuando el último árbol sea cortado, pescado el último pez y contaminado el último río, solamente así, el hombre se dará cuenta de que el dinero no se puede comer” (proverbio indígena) |
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