
El Danubio en bici (II)
Passau - Schlögen | 0 comentarios.
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Día 1: Passau - Schlögen
La tónica en todo el viaje va a ser madrugar, así que a las 7:30 ya estamos frente al desayuno, que es todo lo opíparo que cada uno decida que sea, pues hay donde elegir. Dejamos nuestras maletas en recepción y partimos con las alforjas vacías en busca de nuestras bicicletas.
Salimos del hotel y nos dirigimos al lugar donde teníamos que recoger las bicis para hacer la ruta. Nos costó un poco encontrarlo, pero al final lo conseguimos después de preguntar a varias personas. La lengua para hacernos entender es el inglés. Regina y Flori, cuyo dominio y arrojo en el uso del inglés supera al de Eli y al mío propio, son rápidamente investidas como las intérpretes oficiales del viaje.
El lugar en cuestión se encuentra enfrente de la estación de tren de Passau, pero en una calle un poco escondida. Como llegamos más tarde de lo previsto, a las 9 ya había una cola de personas de diferentes países esperando recoger sus bicis. Sólo había una persona encargada para atender el negocio.
Después de rellenar una hoja con los datos personales de cada uno y esperar casi media hora, por fin nos toca el turno. La persona que nos atiende es simpática y nos va entregando y ajustando las bicis (altura del manillar y del sillín, cuenta kilómetros, etc.), nos explica el funcionamiento general, cómo cambiar de marcha y cómo frenar con los frenos de mano o con los pedales, además nos apunta los códigos de los candados de las bicis y toma nota de las referencias de cada una de las bicis que llevamos, para luego comprobarlas cuando las dejemos en Viena.
Las bicicletas, tanto las de hombre como las de mujer, son de la marca KTM (cómo no!) y de muy buena calidad. Nos las entregan con cuentakilómetros, un pequeño candado de seguridad (más simbólico que otra cosa), bombín y un pequeño kit de herramientas que, afortunadamente, nunca llegamos a usar :)
Una vez probadas las bicis emprendemos el camino por el carril bici, perfectamente señalizado, que se encuentra nada mas salir del local donde hemos recogido las bicis.
Vamos casi un kilómetro por el lado derecho del río Danubio, cerca del muelle donde atracan los buques que recorren este río. Cruzamos por primera vez el Danubio atravesando un puente que cruza uno de los dos brazos y luego por otro puente más pequeño. Seguiremos por el lado izquierdo el resto de la etapa. Encontramos al principio bastante gente de todas las edades realizando el mismo recorrido que nosotros, pero a los 5 kilómetros, nada mas pasar la frontera entre Austria y Alemania, el trafico de bicis es menos denso.
El tiempo es fantástico. Luce un sol radiante y nos acompaña una suave brisa de cola. Voy peleando con la bolsa del manillar, que se cae hacia adelante y familiarizándome con la bici. El hecho de no estar acostumbrado al sistema de frenado con pedales (se frena al invertir el sentido del pedaleo) pronto me pasa factura. A los pocos km., al tratar de pasar una página del mapa en marcha, hago un movimiento brusco con los pedales y casi provoco una colisión en cadena. Finalmente todo queda en un susto, una página arrancada del mapa y una bronca de mis compañeros.
Después de recorrer algo más de 6 Km. de un carril bici que discurre paralelamente a la carretera, y justo antes de llegar a Obernzell, éste desaparece teniendo que circular durante aproximadamente un kilómetro por carretera normal, aunque eso sí, con poca densidad de tráfico. En todo momento podemos disfrutar del río y de los bosques a su alrededor. Antes de llegar a Niederranna, entramos en un carril exclusivo para bicis y atravesamos diferentes granjas.
Durante la ruta, nos cruzamos con otros ciclistas y patinadores, lo cual resulta muy agradable. El paisaje no se hace nunca monótono, aunque el río es una presencia constante en cada km. Campos de maíz, de trigo, granjas, casitas con jardines, todo se va sucediendo de forma aleatoria, formando un paisaje nuevo cada poco. La temperatura, fría al comienzo, se convirtió en primaveral a las pocas horas.
Debido a mis constantes solicitudes, paramos en lo que parece un merendero muy bonito. Tiene un gran jardín con mesas de madera, incluso un cercado con cabritas. Tiene toda la pinta de una granja reconvertida en merendero para turistas. Allí nos tomamos 4 enormes cervezas.
El francés con el niño de cara triste que vimos en el momento de alquilar las bicis, lo encontramos ahora en un recodo. Creemos que es un padre que se acaba de divorciar y que lleva a su hijo de vacaciones para que no esté triste. Pronto abrimos un debate sobre cuál será su verdadero estado civil. No nos ponemos de acuerdo.
A unos 7 kms. de Niederranna y siguiendo siempre el curso del Danubio, llegamos a un recodo donde el río traza una curva de casi 180 grados. Es el único punto de todo el recorrido del Danubio en el que, durante unos centenares de metros, fluye en dirección contraria, hacia su nacimiento. También es el momento de cruzar a la otra orilla, en la que ya se divisa la pequeña población de Schlögen.
Para cruzar al otro lado del río utilizamos un pequeño ferry junto con otras 15 personas y sus respectivas bicicletas. El precio del trasbordo es de 2 euros. Llegamos a Schlögen a las 14 horas, dispuestos a comer y descansar para reponer fuerzas para la etapa siguiente.
En el hotel Donauschlinge disfrutamos tanto de la comida tradicional austríaca (probamos la popular tarta apfelstrudel) como de las instalaciones del hotel, entre las que destaca una magnífica piscina climatizada con jacuzzi.
Tras descansar un poco, damos una vuelta por los alrededores comprobando que Schlögen prácticamente se reduce al hotel, una pensión, un camping y un puerto deportivo. Vemos varios senderos forestales, uno de los cuales conduce a un mirador que promete unas vistas estupendas. Tras convencer a Regina, que se muestra algo contraria a hacer senderismo a esas horas, subimos todos (unos 20 minutos de ascensión) y disfrutamos de la maravillosa visión del meandro.
Cenamos en la pensión (tampoco había más oferta donde elegir). La camarera, una joven muy simpática, nos enseñó cómo se pronuncian algunos topónimos. La pobre no podía reprimir la risa ante nuestros infructuosos intentos de hacerlo bien. Siguiendo los dictados del horario europeo, al que vamos acostumbrándonos, nos fuimos pronto a la cama. |
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