
LOS VIAJES DE SIMONA: Cortar la raiz
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“Un buen combatiente es aquel que deja las comodidades de su hogar y se va con valentía a pelear a otros lugares”
Che Guevara
Culturalmente, los latinoamericanos, somos apegados a la tierra y a nuestra familia y a pesar de que a veces sentimos la necesidad de irnos por una cuestión de oportunidades (como ha pasado en países como Colombia, Ecuador y Argentina) siempre deseamos regresar lo mas pronto posible, porque a diferencia de los Europeos o los Estadounidenses que desde pequeños les enseñan a irse, a nosotros nos enseñan a quedarnos, entonces la consagración del individuo, esta en el trabajo estable cotizando semanas que nos permitan asegurar una pensión para la vejez, una familia numerosa y una deuda de quince años por un casa (¿suena trágico?)
Quienes desean viajar deben comenzar por cortar la raíz, en el buen sentido de la palabra, entender que el mundo esta cerca, que las culturas son versátiles y ricas en costumbres y que el aprendizaje también esta en la percepción que logramos cuando nos atrevemos a dar el paso, obviamente también existe el sacrificio pues cuando tomamos la decisión de irnos nos vemos obligados a guardar nuestros recuerdos, soltar los lazos de familiaridad y amistad (sin querer decir que se rompan) y nos arriesgamos a construir otro tipo de relaciones, pero la ganancia es la posibilidad de ver el mundo con otros ojos.
Quienes viajan adquieren una sensibilidad diferente que al principio duele y después nos gusta (como en el sexo) y llega al extremo de que no nos sentimos conformes en un solo sitio.
Esto obviamente es para quien desea una vida así, quien tiene dudas o compromisos ya asegurados (como hijos por ejemplo) debe tomar con mucha medición la posibilidad de convertirse en un viajero.
La vida esta en aprender a valorar las pequeñas y las grandes cosas con su valor verdadero, siendo lo suficientemente auto críticos a la hora de los triunfos y valiente en las derrotas, un viajero se enfrenta constantemente a eso aprendiendo a dialogar consigo mismo, agudiza los sentidos, se vuelve invisible y solitario, inquieto, curioso y observador, desarrolla el músculo del pensamiento y asume riesgos con valor y a veces hasta con gracia, transforma los espacios en aventuras y la lúdica se hace presente a cada paso y principalmente, acepta el paisaje como su hogar, desarrolla habilidades de si mismo que muchas veces desconocía, escribe, dialoga sobre lo cotidiano y lo extra cotidiano, confronta la realidad de un lugar con la de otro y asume la responsabilidad directa de si mismo.
En el caso de los viajeros mochileros: los que no sabían cocinar, aprenden, el que no lavaba ropa, le toca, el que es demasiado consentido se conciente solo, es que habla mucho, calla, también el que calla habla mucho e incluso algunos alardean mas de lo debido (peligroso eso) dibuja mapas en su cabeza y desarrolla una increíble habilidad de negociante, busca la compañía y es capaz de hacerse querer, valora algunas cosas como sagradas (el préstamo de un espacio para dormir, una invitación a comer, una buena charla) los mochileros aprenden a medir sus riquezas y minimizan sus necesidades, le da dramaturgia a cada lugar, descubre cosas en apariencia imperceptibles, ve la soledad como una fortaleza y no como una debilidad, etcétera.
Lo importante es comenzar por cortar la raíz de la misma forma como al recién nacido se le corta el cordón umbilical que lo une a lo seguro.
Simona
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