
SURAMERICA EN BICICLETA II (RECORRIENDO ECUADOR)
SURAMERICA | 0 comentarios.
|
Colombia quedó atrás... pedalear hasta la frontera con Ecuador con muchos curiosos preguntándose de dónde veníamos y para dónde íbamos nos motivaba aún más a ponerle toda nuestra energía a un camino que aunque lejos de casa, apenas comenzaba.
En nuestro paso por la frontera, las autoridades Ecuatorianas se mostraron muy amables interesándose por nuestra ruta y por indicarnos cual era el mejor camino a seguir, y fue así como llegamos a Tulcán por un camino alterno mucho más suave para nosotros que viajamos en bicicleta.
Tulcán es una ciudad bastante comercial, en parte influenciada por la cercanía con la frontera Colombiana; después de tomarnos la noche para descansar allí continuamos hacía el sur por la vía Panamericana. Salimos muy temprano acondicionados con nuestra ropa para frío extremo, pero valla sorpresa la que nos llevamos cuando un terrible aguacero combinado con el fuerte viento que se siente al bajar, literalmente congelo nuestros huesos. Afortunadamente encontramos un pequeño sitio dónde pudimos tomar café y cambiarnos las medias. De esta experiencia aprendimos una de las primeras lecciones: altura + viento + lluvia = congelamiento total; lo anterior nos hizo entonces evaluar hasta donde la ropa térmica que cargábamos necesitaba complementarse, no eran muchas prendas porque igual habíamos estado conscientes de los lugares por los que pasaríamos, pero igual las que faltaban eran de vital importancia como: guantes de primera capa o internos y medias térmicas. Y es que cuando vas en bicicleta y se te congelan los dedos de las manos sientes un entumecimiento que hace que tu bicicleta se quede sin frenos porque tus manos físicamente no responden, y ni hablar de los dedos de los pies.
Después de la tormenta viene la calma, llegando al valle del Chota el sol nos hizo desear quitarnos todo la ropa. El verde de este valle combinado con la aridez de las montañas que lo rodean hacen de este un lugar único; es así como decidimos quedarnos en una de las hosterías que se encuentran en este sitio y disfrutar de un agradable chapuzón.
Al día siguiente madrugamos para emprender de nuevo nuestra ruta, en el camino conocimos la laguna de Yaguarcocha justo antes de llegar a Ibarra, la capital del departamento de Imbabura que es una ciudad colonial y después de reponer fuerzas con un almuerzo económico continuamos hasta Otavalo; allí nos encontramos con el mercado de artesanías más grande de Ecuador, hay infinidad de prendas de vestir de lana hechas a mano, camisetas con logotipos alusivos a Ecuador, instrumentos musicales típicos, entre muchas otras cosas.
Entre Otavalo y Quito bordeamos la laguna de San Pablo que se halla en la base del volcán Imbabura un sitio perfecto para detenerse y tomar una foto. Encontrarnos con Cayambe en el camino fue muy agradable, pues es un sitio con un paisaje bastante bonito y además en cada esquina hay una fabrica de bizcochos que hacen que tu apetito aparezca.
Continuamos nuestro camino subiendo, afortunadamente el viento estaba a nuestro favor, para luego hacer un buen descenso hasta Guayllabamba. Llegamos a Quito a las 7 pm sin aire porque para alcanzar dicho destino nos tocó subir otros 15 km, este día si que estábamos cansados y sin fuerzas pero finalmente lo logramos.
En Quito tienes para visitar las calles coloniales de la vieja ciudad, la plaza y el Monasterio de San Francisco.
Salir de Quito fue un completo martirio, empezando por el caos vehicular y la gran contaminación arrojada por estos mismos que nos hicieron sentir asfixiados completamente y es que parece ser que a los carros todavía no les exigen su certificado de gases, lastima por el medio ambiente y quienes lo habitamos. Para rematar el viento en la región del Cotopaxi estaba en contra y no nos dejaba avanzar a más de 4 km/hora. Y he aquí nuestra segunda lección: el viento puede ser tu mejor o tu peor enemigo montando en bici.
Después de haber recorrido 50 km y estar cansados de pelear con el viento, nos hospedamos en una espectacular hacienda llamada Papagayo en donde nos atendieron muy bien.
Nuestros días siguientes estuvieron acompañados por asombrosos volcanes como el Cotopaxi, Los Ilinizas, el Chimborazo y a lo lejos el Altar y el Sangay. Entre todos estos grandes volcanes se siente uno tan pequeño y maravillado que hacen de esta ruta una de las más agradables para pedalear. Pasamos por Latacunga y Ambato para luego llegar a Riobamba donde su principal atractivo es un tren que sale desde allí hasta Alausí, cruzando por el Nariz del Diablo (lo interesante es que uno se puede ir en el techo y disfrutar el paisaje).
Desde allí (Riobamba) también se puede subir al Chimborazo; por ir en el tren se paga un costo de aproximadamente 11 dólares y para ir al Chimborazo depende del guía turístico, la entrada al parque para los extranjeros es de 10 dólares.
En Riobamba tuvimos nuestro primer contratiempo, a raíz de la contaminación y de la comida de los días anteriores Johann sufrió una fuerte infección que nos hizo parar totalmente por 5 días.
Una vez recuperado nos pusimos en marcha hacia Cuenca, un trayecto bastante complicado por la altura y los ascensos pero compensado por el paisaje.
Cuenca es una ciudad colonial de calles adoquinadas por donde es muy agradable caminar.
Salimos de allí hacia Loja realizando tres etapas, el primer día solamente nos pinchamos 3 veces lo cual hizo retrazar nuestro recorrido. Es un camino bastante frío, donde la soledad marca la diferencia con respecto a otro lugares; llegamos a Loja el tercer día en la noche y nos encontramos con una hermosa entrada donde hay una gran estatua de Don Quijote y Sancho. Es una ciudad organizada con gente muy amigable y colaboradora, probamos el rico te de horchata y las empanadas de verde que por cierto eran bastante grandes.
Todavía nos hacían falta algunos días para salir de Ecuador.
Conocimos Vilcabamba que es un pueblo bastante turístico y denominado la ciudad de la longevidad, donde se tiene el mito que las personas allí no mueren, y es que en realidad en sus calles se ven personas de bastante edad. Es un pueblo tan tranquilo que provocarle la muerte a alguien es bastante difícil.
El día que pasamos en este sitio lo disfrutamos bastante en una hostería donde nos relajamos por completo con hidromasajes, sauna, turco y piscina... y es que si hubiéramos previsto lo que nos esperaba para salir de Ecuador nos habríamos quedado en Vilcabamba una semana.
Saliendo recorrimos 6 kilómetros en ascenso y hasta allí llegó la dicha del asfalto. Fueron cuatro días de piedras, polvo, pinchazos, ascensos con alto nivel de dificultad para nosotros, kilómetros y kilómetros sin nadie a tu alrededor pedaleando por la inmediaciones del Parque Nacional Podocarpus, la comida escaseaba y el frío era tremendo.
Nuestras frías noches fueron en pequeños pueblos desolados como Yangana y Valladolid, para después encontrarnos con más población en Zumba, en donde un pequeño descuido buscando hospedaje nos costo la pérdida del velocímetro, y es que en todos lados no faltan los amigos de lo ajeno.
De ahí en adelante perdimos nuestro registro en cuanto a kilómetros recorridos y tiempo; pero bueno la tristeza de haber perdido algo importante se vio opacada por el hecho de saber que solo nos faltaba un día para entrar en territorio peruano.
Realizamos nuestro último camino en Ecuador por una carretera que cada vez se ponía peor, hasta tal punto de tener que bajarnos de la bici y arrastrarla para poder continuar, pero ese día nada importaba alcanzaríamos nuestra segunda frontera sin importar el terrible agotamiento y el azotante calor.
Llegamos a la Balsa al medio día con ganas de un delicioso almuerzo, el menú en los últimos días había sido Mechado de Pollo (arroz con una presa) y allí no fue la excepción, lastimosamente era lo único que había; entonces pues tocó pedir eso y vaya sorpresa cuando nos trajeron arroz con hueso, porque de carne no tenía nada y cuando hicimos el reclamo nos contestaron que así se servia, no quedo más remedio que comernos el arroz y dejar el hueso.
Pero como nada importaba este día pasamos por alto el hecho y estábamos felices de cruzar la frontera, nos alojamos en el primer pueblo que hallamos en el Perú: Namballe. Fueron aproximadamente 1000 kilómetros de recorrido, estábamos asombrados de estar tan lejos de casa.
Ecuador debido a la dolarización nos pareció un poco costoso, al menos para nosotros que somos colombianos. Los alojamientos más económicos están entre 6 y 10 dólares y no son muy buenos, pues las camas son incómodas y los baños no muy limpios; a partir de 15 dólares por persona se pueden encontrar hospedajes confortables y con baños más decentes. El menú, no muy bueno, está entre 2.5 y 3 dólares, pero si quieres ordenar a la carta te puede costar de 4.5 para arriba. Como es un país tan turístico por todos lados se puede encontrar un alojamiento y un lugar donde comer.
En este país se hallan paisajes realmente alucinantes que valen la pena explorarlos ¡ANIMO A LOS VIAJEROS QUE ESTEN PENSANDO VISITAR ECUADOR!
Como siempre gracias por leer nuestro diario y esta historia continuará.... en Perú |
Publicar en
|
¿Qué te pareció este diario? |
|
|