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México: Mil mexicos, un mundo

Escribe: Quela
MEXICO: Mil Méxicos, un mundo.Inicio el primer diario de mi viaje a México. Este era un viaje soñado por mi desde hacía más de dos años, y ahora que ha pasado, me parece un sueño haberlo...

 
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México: Mil mexicos, un mundo

Chiapas, México — viernes, 26 de agosto de 2005

MEXICO: Mil Méxicos, un mundo.


Inicio el primer diario de mi viaje a México. Este era un viaje soñado por mi desde hacía más de dos años, y ahora que ha pasado, me parece un sueño haberlo realizado.
Muchas veces me he preguntado el porqué de mi deseo de viajar a este país, siendo así que ya había estado varias veces. Conocía la Península de Yucatán y algo del centro del país. Pero México no sólo son playas maravillosas, es un crisol de razas, culturas, paisajes, climas, todo mezclado con un halo de misterio que me embrujó y de sedujo desde la primera vez que lo visité. Y yo, tan española, tan orgullosamente madrileña, tenía que descubrir por qué me enamora ese país, por qué esa relación amor-odio entre lo español y lo mexicano me crea un morbo tan especial. ¿Lo descubrí? Pues claro que si, pero la respuesta la guardo para mi, perdonadme por ello, aunque si os digo que amo ese país, casi tanto como al mío propio.

CHIAPAS O EL EMBRUJO DE LO INDIGENA

Chiapas es absolutamente maravilloso y sorprendente. Es una explosión de luz, color, y agua. Selva espesa o monte bajo. Verde, intensamente verde. A cada vuelta una cascada, un río, un manantial, una laguna. Sus majestuosas ruinas arqueológicas son exponentes pétreos de un pasado glorioso que nos recuerdan que una vez fueron poderosos y sabios, que su civilización y conocimientos nada tenían que envidiar a la nuestra.

Llegué a Tuxtla-Gutierrez desde la Ciudad de México una calurosa mañana de julio. Allí me encontré con mi gran amiga Patty, natural del Distrito Federal, pero chiapaneca de corazón. A primera vista, Tuxtla no me pareció una ciudad bonita, pero sí acogedora. Fue en la noche, durante la cena en un restaurante típico, con actuación de un grupo de baile regional, que me di cuanta de que por fin estaba donde queria.

Al día siguiente comenzamos nuestra aventua. Salimos de Tuxtla hacia el Cañón del Sumidero, y ante mis ojos comenzó a aparecer la imagen de este estado. No daba crédito a lo que veía, estaba en lo alto del Cañón, en medio de la selva, y ahí abajo, el río serpenteaba, y yo me sentía tan pequeña! Pero fue paseando en la barca por el río, en el Cañón cuando me di cuenta de la magneficencia de la naturaleza. La selva se rompe en una pared rocosa, de donde surgen cascadas que caen estrepitosas hacia el rio. Pero como digo, por cualquier lugar que se vaya, se topa uno con lagunas, lagos, cascadas. Yo conocí las Lagunas de Colón, Lagunas de Agua Azul, pero me quedaron infinidad de lugares bellísimos por conocer por falta de tiempo, como Montebello.

San Cristóbal de las Casas mezcla la tradición y el colorido. Casas rojas, azules, amarillas que compiten con el colorido de las vestimentas de sus habitantes. Porque en Chiapas cada grupo indígena se distingue no sólo por sus rasgos raciales, sino también por su ropaje: mayas, tzotziles, lacandones, quiches. Mantienen su idioma, costumbres, incluso sus propias leyes y su religión.
San Cristóbal es una ciudad alegre, multicolor, llena de vida, que me invitó a sonreir y también a admirar a aquella gente que con una ínfima parte de lo que yo tengo, sguramente son más felices.

Patty vive en Comitán, entrañable y acogedora ciudad, con casas coloniales de grandes portones y ventanas enrejadas que recordaron a las ciudades andaluzas. Fue allí donde volví a extasiarme. Visité el meercado. Es absolutamente increible. Puestos alineados formando infinidad de callejuelas. Los productos que se venden son tan variopintos, que me transportó a un mercado maya o azteca. Frijoles rojos, negros, bayos. Frutas y verduras desconocidas en Europa, como el apazote, las tunas, caimito, huayas, zapote, mamey, nanche, pitaya, etc. Múltiples clases de chiles de todos los colores como el guajillo, mirasol, habanero, miraparaelcielo, ancho, etc. Me llamó especialmente la atención los "tizines", hormigas gigantes que se cocinan y dicen los del lugar que son deliciosas. Allí también hay taquerias donde la gente desayuna antes o después de hacer la compra. Los tacos, absolutamente deliciosos.

Para los reticentes a este estado, diré que no encontré rastro de zapatistas, ni gente que asalte por los caminos, nada de inseguridad, todo lo contrario, gente encantadora, y extremadamente amable.
Chiapas me enamoró, no hubiera salido de allí, pero tenía que seguir mi camino, Guadalajara me esperaba..

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publicado el 26/ago/2005, 05.59
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