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Egipto, impresiones de un País 1/3

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Egipto, impresiones de un Pais 1/3

Desde El Cairo hasta Sudan | 0 comentarios.

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JoseEnrique
09/08/2005


Egipto, impresiones de un Pais

Egipto, impresiones de un País 1ª parte de 3
ARTICULOS Y FOTOS EN: www.JoseEnriqueGonzalez.tk

Desde pequeños soñábamos con un país lleno de sorpresas, grandes descubrimientos, enigmas, construcciones monumentales con coincidencias matemáticas y astronómicas, lleno de misterios y exotismo, tanto en sus costumbres como en su gastronomía, en sus olores, en su luz.
Con una cultura milenaria y situado en la cuna de la civilización, Egipto, con sus 55 millones de habitantes, es África, es un sueño que ahora podemos sentir y vivir como en un cuento de las mil y una noche.
Nuestro vuelo nos llevó a Luxor, cuyo aeropuerto se cobija bajo una gran carpa en la que miles de personas intentan ordenar sus trámites, sin conseguirlo, dentro de un caos en el que es imposible moverse. La confusión es general e impide el traslado de los equipajes y la obtención de los correspondientes visados. A duras penas, sobre las maletas, rellenamos unos formularios que nos sirven para pasar por la inspección de aduanas, no estando correctos por faltarle unos pequeños sellos pegados en los pasaportes.
Nos esperan con un microbús en cuyo techo ponen el equipaje que, antes, unos árabes intentaron coger para trasladarlo unos metros a cambio de una propina (un euro) por la gestión.
Bajo un cielo luminoso y radiante, y mientras gozamos con la vista de las siluetas de palmeras recortándose en el horizonte, nos trasladan directamente a nuestro barco en el que realizaremos un crucero por el Nilo, el mayor río del mundo, con mas de 6.600 Km., representando la mayor vía de comunicaciones de Egipto.
Nos recibe nuestro guía, hablando bastante bien nuestro idioma, y entre vasitos de cárcade (licor refrescante de color rojo intenso y perfumado paladar), y de té con menta, nos explica los planes próximos, las costumbres locales y las recomendaciones básicas para los siguientes días.
Nuestro camarote es de tamaño normal, tiene un baño completo, Tv., frigorífico, caja fuerte, aire acondicionado y, sobre todo, un balcón al exterior que nos ilusionó mucho.
Nuestro primer día en Luxor transcurre levantándonos bien temprano y, tras un abundante desayuno que incluye frutas, frutos secos, tostadas, bacón, etc. comenzamos con la visita al templo de Karnak, llamada Tebas por los griegos, impresionándonos la majestuosidad y el tamaño de su acceso (Pilón) y, tras el que se encuentra la sala hipóstila, con una dimensión de 104 x 52 metros que alberga un bosque de 134 robustas columnas de 24 metros de altas, profusamente decoradas y con artísticos capiteles papiriformes que soportan pesados techos de piedra.
Aún es de noche pero pronto empieza a aclarar el día hasta presentar un cielo limpio e intenso. El primer rayo de sol nos sorprende penetrando exactamente por el vértice de la puerta, iluminando el templo en toda su extensión, es algo misterioso, tal vez místico, que nos descubre los innumerables mensajes esculpidos en la piedra representando escenas, tanto cuotidianas como divinas o de iniciación, así como escrituras en jeroglíficos (utilizada desde hace unos 5.000 años), y aquellas que quedan enmarcadas en una especie de lazo rectangular denominadas cartuchos y que, atendiendo a las explicaciones, podemos interpretar en algunos casos.
En su esplendor, todo el recinto llegó a tener una extensión de 1.230.000 metros cuadrados, estando protegido y aislado por altos muros de adobe, pudiéndose acceder por nueve puertas, dos de ellas, las principales, definiendo el eje Este – Oeste. La construcción de todo el complejo se llevó a cabo a lo largo de 2.000 años, llegando a albergar en su interior hasta 20.000 personas.
En realidad, todo el conjunto está constituido por tres recintos – templos que se encontraban unidos por avenidas de hasta cuatro kilómetros, flanqueadas de esfinges, bien con cabeza de carneros o humanas, conservándose algunos tramos.
También quedamos admirados por la grandiosidad del templo de Luxor, constitutivo del conjunto anterior, cuya configuración corresponde a la estándar con la zona de acceso, poseyendo una colosal puerta con una estatua y un obelisco a cada lado, uno de los cuales se encuentra hoy en la pza. de la Concordia de Paris, la zona para el culto y la magnificencia del bosque de grandes y gruesas columnas. Ambos templos se encontraban unidos por la avenida de esfinges sentadas antes referida, de las que quedan una representativa muestra Gran admiración nos produjo la contemplación de los famosos Colosos de Meno, mandados a construir por Amenofis III, solitarios en medio del campo, parecen contemplar el paso de las personas que admiran su gran tamaño y majestuosidad.
Las esculturas son muy altas y, al parecer, custodiaban la entrada a un templo que, con el paso del tiempo, desapareció.
Cuentan que uno de ellos, al amanecer emitía sonidos parecidos a lamentos que, incluso provocó que se nombrara una comisión de traductores para interpretar los extraños sonidos por los que se tomaron muchas decisiones basándose en las interpretaciones que se les daba. Posteriormente se comprobó que, al estar esculpidos en dos tipos distintos de piedras (gres y granito), las dilataciones por diferencia de temperaturas al recibir los primeros rayos de sol, eran las responsables de los enigmáticos sonidos que habían sido interpretados como el pronunciamiento de un oráculo.
Impresionante y sobrecogedora fue la visita al Valle de los Reyes. El sol radiante agotaba nuestras fuerzas que nos impulsaban a contemplar tan maravillosas obras realizadas tantos siglos atrás, y que perduran debido al clima tan extremadamente seco, pudiéndose apreciar perfectamente la policromía original.
De las tumbas conocidas nos recomiendas ver tres de ellas, las “más vistosas”, siendo común a la mayoría su configuración básica, consistente en un pequeño acceso a una galería que, en las que visitamos, estaba ricamente adornada con figuras y cartuchos esculpidos en la piedra y policromados, con algunos cámaras laterales, en rampa descendiente hasta llegar al recinto funerario donde se suele conservar el sarcófago más externo, que suele ser de un gran bloque granítico donde se esculpió el hueco y la tapa, y destinado a albergar los siguientes, hasta el que contenía la momia. Normalmente, tanto esta como los sarcófagos más ricos, se encuentran en los museos, muchos fuera de Egipto.
El acceso al corazón de la montaña es cómodo, mediante pasillos con tarimas de madera que permiten observar las bellas decoraciones laterales, mientras la temperatura sube por la gran cantidad de personas que hacen la visita.
La tumba de Tutankhamon, descubierta por Carter en 1.922, no es la más rica en decoración.
Al anochecer se realiza el intento de salvar el desnivel del agua mediante el acceso a la esclusa de Esna, pero debido al elevado número de barcos, tenemos que esperar hasta media noche, contemplando mientras, desde nuestro balcón, un cielo concurrido por miles de estrellas centelleantes y una gran luna que empieza a elevarse sobre el horizonte, reflejándose vivamente sobre la superficie del Nilo.
En el primer instante del amanecer, nos requieren para visitar en Edfú el templo dedicado al dios Horus, igualmente grandioso y con grandes esculturas a las que no nos resistimos fotografiar situándonos junto a ellas para referenciar su tamaño y el material en el que fueron esculpidas (granito).
En este templo, la conservación es perfecta, apreciándose incluso la policromía original, y los cartuchos y escenas son de extrema claridad, enturbiada solamente por las zonas picadas por otras religiones que se ensañaron especialmente con los rostros y las divinidades.
El gran barco hace una parada en Kom Ombo para visitar el templo dedicado a los dioses Sobek y Haroeris. Mas modesto que los anteriores, se encuentran decorados con enigmáticos jeroglíficos y poseen robustas columnas para soportar pesados techos de piedra.
Cuando descendimos a tierra, nos recibió un enjambre de coches de caballos (calesas), en los que, entre gritos y discusiones entre los cocheros y con los guías, y entre la confusión, nos fueron situando en las calesas que se encontraban como entrelazadas las unas con las otras en una maraña de la que parecía imposible salir. Entre voces y carreras empezaron a circular como en un frenético recorrido hacia el templo.
Igualmente de insistentes eran los vendedores que se aproximaron al barco en precarias lanchas, y que lanzaban el género hacia nosotros para que les pagáramos introduciendo el dinero en los botes de los carretes fotográficos, y se los lanzáramos a sus barcas.
Tras unas horas de plácida noche, nos desplazamos en autocar para conocer otra faraónica obra, la presa de Aswan, realizada con tecnología y mano de obra rusa y que constituye un elemento fundamental para la producción de energía y para el almacenamiento de una inmensa cantidad de agua en el mayor lago artificial, que es el lago Nasser con sus 540 Km. de longitud, y cuyas compuertas regulan las crecidas del río Nilo que tanta fertilidad suministraron a todo Egipto.
Posteriormente nos dirigimos a una cantera de granito donde se puede ver un gran obelisco inacabado y que nunca abandonó su lecho, no se sabe muy bien porqué, tal vez se rompió antes de ser trasladado, pero no deja de ser impresionante por su tamaño y la fineza de su talla.
Tras un abundante y especial almuerzo en la cubierta, en la que instalaron una barbacoa que invadió de buenos olores todo el entorno, a carbón y a carnes ricamente especiadas, nos trasladamos a una motora que se deslizó por el Nilo entre grandes rocas graníticas, zonas de abundante vegetación y otras de homogéneas dunas que nos recordaban que pasábamos por pleno desierto. El extraño paisaje nos absorbía y nos tenían que llamar la atención para que tomáramos frutas de una gran cesta que nos obsequiaron situándola en el centro de la embarcación.
En el río observamos pequeños puntos obscuros que, al aproximarnos, identificamos como niños nadando o en cajas con forma de barcas que, incomprensiblemente, se aproximaban a nuestra motora, asaltándola en marcha y quedando enganchados a los neumáticos laterales de la embarcación y con voz alegre y ante nuestro asombro, cantaban desafinados: Poron pon pón...
Sin salir del asombro, se les dio algunos euros y caramelos, y así se desprendieron de la motora mientras nos ofrecían las mejores de sus sonrisas.
Al atardecer pasamos junto al hotel en cuyo café escribió Agata Cristi su famosa obra “Muerte en el Nilo”. ¡Todo es historia!
Llegamos a nuestro punto de destino. La motora se aproxima lo máximo posible a la orilla y, para salvar los 4 o 5 metros que nos separan de la tierra firme, se coloca una estrecha tabla con algunos travesaños para que, haciendo equilibrio, llegásemos sin mojarnos. Para ayudarnos a no caer, un hombre en la motora se apoya en el hombro un largo rollizo y que sustenta otro hombre en tierra, creándose una improvisada baranda por la que deslizamos nuestras manos, dándonos seguridad en el descenso.
Nos reciben, como siempre, cientos de vendedores que nos quieren vender desde estatuillas hasta cocodrilos embalsamados, a toda costa. Los esquivamos mientras hacíamos un gran esfuerzo para subir la gran duna hasta un punto donde había un buen rebaño de camellos esperando, entre los gritos y discusiones de sus cuidadores con los guías, los posibles clientes para trasladarse hasta un pueblo Nubio, para conocer sus costumbres y hábitos.
A la vivienda se accede por un patio de entrada, en él nos reciben ofreciéndonos diferentes bebidas locales, frías y calientes, y otras multinacionales.
Son muy amables, nos ofrecen asiento y queso con miel de elaboración propia, mientras contemplamos un recipiente con varias crías de cocodrilos que después nos dejan tocar y coger con cuidado, (tienen afilados dientes, mucho nervio y mal carácter), y con los que nos hacemos algunas fotos.
A las mujeres nubias, les llamó mucho la atención las joyas, interesándose por las pulseras y los anillos de tan distinto diseño. Amablemente, una de ellas, se ofreció a dibujarnos unos tatuajes (gena, especie de tinta china hábilmente usada con una punta de madera)que suelen durar unas tres semanas sin borrarse. Con gran habilidad dibujó diferentes motivos a todo el que se lo requirió, entre los que había escorpiones, cobras o pulseras y brazaletes florales, y también los nombres personales escritos en árabe.
A continuación nos ofrecen visitar su casa, compuesta por habitaciones techadas con grandes bóvedas de las que cuelgan recipientes, tal vez de adorno o como despensa inaccesibles a los animales. La cocina es pequeña y los dormitorios muy precarios. A pocos metros, curioseando, encontramos otra parte de la vivienda con habitaciones con solerías de terrazo, enfoscadas, pintadas y con un gran “mamotreto” de aire acondicionado aún sin desembalar. ¡Ah! Y una gran antena parabólica en la azotea.
También visitamos la escuela local, haciendo el camino paseando por la aldea, llena de niñas y niños preciosos, con grandes ojos y bellas facciones y con unas caras de agradecimiento y alegría difíciles de olvidar cuando se les regalaba algunos bolígrafos o bolsitas de caramelos.
En el camino, algunos puestos de especies nos deslumbran con sus ricos coloridos y olores. Nos interesamos por la utilidad de una cantarera de madera, con tres grandes cantaras de barro que observamos en la calle (o mejor, campo) y nos explican que se trata de agua para beber, para lo que, amarado con una larga cadena, un jarrillo de lata sirve de vaso común para los viandantes. Un grupo de mujeres seleccionan hierba buena sentadas en la calle. La escuela es un edificio de una planta, con un alto minarete, un gran patio y clases pequeñas.
Como recibimiento nos sientan en una de las clases y una bella y enérgica profesoras nos da una lección sobre el alfabeto Nubio, vara en mano y repetitivo soniquete. Nos agradecen mucho la entrega de material escolar para la escuela y la profe posa con nosotros para hacerse algunas fotos para recordar aquellos momentos.
Cansados, ya de noche a las 17,30, regresamos en la motora deslizándose lentamente entre falucas de blancas velas y las luces de las edificaciones próximas, bordeando el extraño aspecto granítico de la isla Elefantina, hacia nuestro barco para prepararnos para la cena de gala anunciada como despedida de este crucero.
Servida con la amabilidad habitual, se nos completa con carnes a la barbacoa y grandes pescados al horno.
Un espectáculo con la danza del vientre y el baile de los derviches, nos amenizan la velada que se acaba con la admiración y sorpresa al ver las esculturas realizadas con las colchas y las toallas, en nuestros camarotes.
El transcurrir de nuestro barco a lo largo del río Nilo ha sido, en estos días, lento y relajado, dándonos la oportunidad de contemplar es sus orillas, pequeños poblados, animales, palmerales, algunas barcas pescando con artes tradicionales, y alguna que otra faluca dibujando su forma sobre el rojizo sol del atardecer.
Las noches son propicias para admirar el blanquecino cielo desde la cubierta, echados en las tumbonas hasta que, el pensamiento en la hora de levantarnos, nos hace razonables y descendemos a los camarotes, no para descansar, sino para hacer los equipajes para partir a las pocas horas. Quedamos admirados al abrir las puertas de nuestro camarote y contemplar las esculturas realizadas con las colchas y toallas : cisnes, cobras, flor de loto, etc. adornadas con nuestras gafas y algún que otro pañuelo. Una cesta con frutas variadas y dátiles nos tentaba desde la mesa del escritorio y una de las camas estaba adornada con el año nuevo realizado con pétalos de rosas.
La partida no se hace esperar, y a las 2,15 de la noche, nos dirigimos hacia el punto de encuentro de los autocares que tienen que desplazarse por el país, pues tienen que ser escoltados por un convoy militar obligatoriamente.
Tras esperar que todo se organice, nos ponemos en marcha y el sueño nos vence mientras circulamos en caravana la mayor parte del tiempo, pues en ocasiones se interrumpe por vehículos que adelantan, a veces por la derecha, otras por la izquierda, dependiendo por el carril que nuestro autobús ocupe.
Frecuentemente abrimos los ojos al interrumpirse la marcha y comprobamos que se tratan de paradas por controles policiales situados cada cierta distancia y que hacen circular a los vehículos en zigzag entre vallas, para reducir la velocidad y controlar la circulación. Estos puestos de control, poseen incluso garitas en alto, donde se resguardan militares armados. En tierra la protección está constituida por robustas planchas de acero, con ruedas, que protege al militar que se oculta tras la negra y robusta protección.
En alguna ocasión, al abrir los ojos y mirar a través del parabrisas delantero, no podíamos contener una exclamación al observar la circulación que, lo mismo se desarrolla por un carril, como por el otro, dando igual que venga otro vehiculo de frente o no, que se esté adelantando o que se cruce alguno proveniente de algún camino lateral.
En los poblados que atravesamos, las personas, literalmente, se metían debajo del autocar, siendo frecuente las exclamaciones involuntarias de los que veíamos la situación y que nos temíamos atropellos y accidentes , cosa que no vimos ni uno, y ni un solo embotellamiento de importancia.
El amanecer en el desierto, fue un espectáculo sublime. Un sol inmenso y rojizo empezó a aparecer tras las doradas dunas, segundo a segundo, hasta que iluminó con luz y sombras, la inmensidad del mar de arena por el que nos encontrábamos.
A primera hora de la mañana llegamos a Abu Simbel, nos dirigimos hacia nuestro nuevo barco, el segundo crucero de este viaje, que nos esperaba atracado en el Lago Nasser.
La decoración interior es mas agradable que la del camarote anterior, y la calidad y limpieza del baño también nos satisface, sólo el color grisáceo de las toallas nos disgusta pero, tras comunicarlo, nos ponen a diario toallas sin estrenar.
Repetimos la potabilización del agua en una botella de litro y medio, para la higiene bucal, y nos proveemos de agua embotellada para nuestro consumo.
Aprovechamos para descansar y ordenar las maletas y, a la 1 del mediodía, acudimos a la cita en el restaurante que nos sorprende con un esplendido buffet, bastante abundante y de mayor calidad que los anteriores.
Algo más descansados, nos proponen visitar los grandes templos de Abu Simbel, a lo que no nos podemos negar por la importancia de los templos y nuestros deseos por visitar esas maravillosas obras realizadas hace unos 3.300 años, rescatadas de ser inundadas por las aguas del nuevo lago, para lo que fueron desplazados, piedra a piedra, a otro nivel superior, a solo unas decenas de metros de su ubicación primitiva.
El camino desde el barco hasta unas escalinatas es primario, en realidad es una pequeña senda en la montaña, llena de piedras, por las que casi hay que escalar, con mucho polvo y dificultades.
Subimos los 280 escalones hasta alcanzar el nivel superior, no sin hacer pausas intermedias y, bordeando la montaña, fuimos paseando hasta que nuestros ojos empezaron a ver, de perfil, la majestuosa obra.
Así sentí Egipto. Autor: José Enrique González Palma (J.Enrique@telefonica.net) SIGUE CON LA 2ª PARTE.
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Ultimos comentarios:

samarkanda301 dijo:

Egipto es una fuente inagotable, espero volver a navegar por el nilo,donde el tiempo se detiene i la vida fluye como el mismo rio, que es i da la vida... Me gustó ver Egipto con tus ojos!

jueves, 12 de julio de 2007, a las 12.58

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