
VIAJE POR LA SELVA
REQUENA Y TODO LORETO | 0 comentarios.
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Bienvenidos a disfrutar de un viaje por la selva alucinante a qui comensamos diciendoles que alrededor de la Plaza de Armas hay varias agencias que te llevan con un guia a conocer la selva amazónica. Por 90 dólares yo té recomiendo q lo hagas x te llevaría a conquistar y conocer las maravillas de mi tierra
Día 13 Viaje al campamento base
Viaje de ida hacia el campamento. Salimos a las 5 de la tarde un grupo de 5 personas con dos guias en un barco lleno de gente que iba hasta Requena remontando el Amazonas y durmiendo en hamacas. Llegamos a la zona en la que nace el rio, justo donde se juntan el Rio Marañón y el Ucayali. Nos desviamos por este último hasta llegar a la altura de Puerto Miguel donde bajamos a eso de las dos de la madrugada. Cargamos agua, víveres y demás cosas que íbamos a usar esos cuatro dias. Caminamos unos cinco minutos hasta otro rio, el Yarapa donde subimos en unas canoas que nos llevaron en veinte minutos al campamento base.
Día 14 paseos por la selva y por Puerto Miguel
Al despertar pudimos ver donde habíamos llegado. Un campamento llamado Curaca en medio de la Selva y al otro lado del rio se encontraba Puerto Miguel , un pueblito maravilloso donde viven unas 300 personas. Dimos un paseo por la zona tanto del campamento como de Puerto Miguel adentrándonos ya en la selva con todos los peligros que os podéis imaginar. Andubimos por zonas pantanosas buscando anacondas y Victorias Regias. Las plantas las encontramos tras unas horas de esfuerzo por la complejidad del camino y la anaconda la encontramos, pero muerta (versión avi, 5.000 kb). Una anaconda de cuatro metros que acababan de matar porque se había quedado strapada en la red de unos pescadores. Maravilloso animalito!
Día 15 Viaje a la acampada en medio de la selva, en la Quebrada de Cumaseba
A las nueve de la mañana salimos en canoa remontando el rio Yarapa. Vimos delfines rosados por el camino, delfines que poblan estas aguas amazónicas. Tras 3 horas remando nos encontramos con la primera gran aventura: el rio estaba cortado por plantas y árboles que habían caido por las tormentas. Solución: subir la canoa a tierra y empujarla por el fango hasta la zonas donde se pudiera arrastrar entre las plantas, metiendo el cuerpo entero en el agua para empujar entre arañas y pirañas. No apto para gente que gusta de estar limpia y sin sobresaltos... Tras otra hora llegamos al sitio de acampada donde montamos las hamacas y el fuego para cocinar unas gallinas con arroz. Por la noche salimos a cazar caimanes. Cazamos uno de medio metro, que se nos escapó por la mañana. No puede hacer fotos porque segun salíamos de caza cayó una tormenta de truenos y relámpagos con una cantidad de agua que no se veía a más de tres metros. Maravillosa experiencia!
Día 16 Paseo por la selva y vuelta al campamento base
Por la mañana nos levantamos todos bastante mal dormidos. La lluvia mojó las hamacas donde dormíamos, cosa nada agradable.
Desayunamos pirañas y salimos a dar un paseo de cuatro horas en busca de pájaros, arañas, serpientes, Monos, plántas árboles... Vimos vegetación impresionante y conseguimos ver monos cuando ya pensábamos que nos íbamos sin verlos. No conseguimos ver anacondas ni tarántulas ya que no se dejan ver con facilidad. A las 5 regresamos hacia el campamento con la habitual empujada de canoa a tavés del fango y las plantas.
Día 17 Regreso a Iquitos
Salimos a las seis de la mañana a ver pájaros. A las 8 desayunamos y a las 9 salimos de vuelta hacia Iquitos. Primero en canoa, luego andando cruzando Puerto Miguel, luego en barca de motor hasta Nauta donde vimos de día la zona en la que nace el Amazonas. En Nauta, e una hora por el rio Marañón tomamos un bus hasta Iquitos.
Por el camino, Comando nos iba enseñando árboles y plantas y sus utilidades. Fue todo bastante tranquilo, sólo distinguimos un par de veces el olor de las anacondas, pero probablemente huyeran al oir gente. Vimos Victorias Regias por varios sitios y nos tiramos como Tarzan por lianas. El objetivo pricipal era ver monos, ya que lo demás parecía bastante improbable de encontrar. Los oimos como a doscientos metros de nosotros. Habría por lo menos 30 monos de casi un metro de alto jugando en las copas frondosas de los árboles. En cuanto nos sintieron salieron corriendo, igual que hicimos nosotros para perseguirles y poder verles más de cerca. Naturalmente en un minuto nos habían dado esquiazo y ahí se acabó la aventura con los monos, los únicos que vimos en los cuatro días. Una pena. La vuelta al campamento fue casi como estar en una jaula de pájaros exóticos.
Llegamos agotados y Dani nos tenía preparada la cena: la otra gallina que tuve a mis piés todo el camino. Tras la cena nos metimos en las hamacas a dormir la "siesta" hasta las ocho más o menos que ya de noche profunda nos subimos en las canoas en busca de caimanes. ¡No veáis qué sensación!: en medio de la selva amazónica, remando por zonas pantanosas viendo con la linterna que estábamos rodeados de caimanes, ya que se les ven los ojos rojos rojos mirándote fíjamente. Y se puso a llover un poco. Seguimos remando hasta que Comando nos dijo que íbamos a cazar uno de ellos pequeño que había visto fácil agarrar. Nos acercamos a el mientras empezaba a llover bastante. En un movimiento ágil sacó la mano fuera de la canoa y la levantó con un bebé caiman de unos 60 centímetro de largo que sin más se le ocurrió girarse y dármelo para que lo sujetara mientra huíamos de la zona. Ahí estaba yo, en medio del amazonas, en una tormenta alucinante y con un caiman en la mano. Creo que la sonrisa que tenía en ese momento podía tocar mis dos orejas. ¡¡Qué sensación!! Sin duda el mejor momento de todo el viaje por el amazonas. Remaron lo más deprisa que pudieron de vuelta al campamento y de la que estába cayendo nos pamos la entrada. Tuvimos que vovler unos cincuenta metros. Corriendo cada uno se metió en su hamaca. Yo estuve como diez minutos descojonado de risa y de alegría absoluta oyendo la pedazo tormenta que tenía sólo encima de un pequeño plastico atado con cuerdas sacadas del tronco de un árbol. ¡El ruido era impresionante! Me quedé felizmente dormido.
Al día siguiente nos levantamos a la 6 de la mañana para ir a ver pájaros desde la canoa. Teníamos pensado dormir otra noche en el campamento, pero la tormenta lo fastidió todo y decidimos volver ese mismo día a la base de Puerto Miguel. Antes de eso desayunamos unas pirañas que Dani y Comando pescaron y deshicimos todo el campamento mientras volvía a llover. Salimos de vuelta e igual que a la ida llegamos a la parte bloqueada por la vegetación. Costó lo suyo pasar la zona, pero lo hicimos muchísimo mejor que la ida. Ya no importaba el ponerte de barro hasta las orejas o el meterte entre miles de arañas que había entre las plantas.
Ayudamos además a otras tres barcas a cruzar y seguimos remando hacia la base. Llegamos justo al anochecer y agotados cenamos y nos metimos en las mosquiteras a despedirnos del ruido de la selva.
Salimos en las canoas sobre las 8 de la mañana camino de una zona donde no hubiera ruido ni gente. Un sitio cerca del rio, pero en un lugar por el que no pasara nadie. De esta forma pretendíamos que al ser un sitio tranquilo poder encontrar anacondas, monos, tarántulas y más animales que no gustan de estar cerca de poblados. Remamos unas trés horas agotadoras bajo un sol abrasador.
Paramos un rato a ver al veterinario de la zona, amigo de Comando y Dani que tenía jaulas con monos. Estuvimos bien entretenidos con ellos.
Durante todo el viaje podíamos ver diferentes pájaros, algunos de ellos tan gandes como el que se ve en la siguiente foto.
Y llegamos a la gran sorpresa del viaje. ¡El rio estába cortado! Había caído un árbol al rio, el cual paraba todo lo que el río arrastraba hasta formar una zona de unos 60 metros por los que no se podía navegar. Ahí nos ves a todos limpitos, con las cámaras en la mano, los bolsillos llenos de cosas y las mochilas todavía impolutas. Pues bien, nos toca bajar todo y ponerlo en una montaña de barro. Subir la canoa a la orilla, y no creáis que vacía pesaba poco. Tuvimos que ampujarla unos 30 metros por un barrizal que en cada empujón se hundían las piernas hasta las rodillas y además teniendo que empujar todos porque si no no había forma. Después llegábamos a un lugar en el que se podía meter la canoa en el agua, pero con tánta planta llena de arañas alrededor que había que hacer palanca bien fuerte para avanzar. A ratos se tenía que tirar Comando al "agua" para empujar. Increible experienca. No os la recomiendo a nadie, aunque una vez pasada se te pone una cara de aventurero que no veas. Lo conseguimos y seguimos camino unos vaiente minutos más hasta llegar a la zonas de acamapada.
Llegamos bien cansados a la zona en la que íbamos a acampar. Nada más llegar montamos las hamacas con su mosquitera. Fuimos a buscar troncos pequeños que con lianas uníamos para construir bancos para sentarnos, ya que estaba todo embarrado por las lluvias constantes.
Cocinamos una de las dos gallinas que nos acompañaban en el viaje con arroz y plátano.
Y tras impregnarnos de repelente de mosquitos nos metimos en busca de aventura |
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