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París Francia  

La luz de París

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LWRENCE
24/05/2005


LA LUZ DE PARIS


Paris, viene casi siempre acompañada con infinitud de calificativos:
Ciudad de la luz, ciudad del amor, capital de la moda, de la cocina, refugio de artistas, bohemios…todas pueden ser ciertas, o no, pero todas tienen algún momento de veracidad.

Quise comprobar el porque de su luz, de donde obtiene Paris tanta luminosidad para que sea el adjetivo principal que acompaña a su nombre. ¿Dónde esta la luz de Paris?

Quise empezar esta búsqueda en uno de los lugares más altos de la ciudad: la cúpula de la Basílica del Sacre Coeur, en lo más alto del barrio de Montmartre. Al final de varias decenas de peldaños, serpenteantes, oscuros y angostos peldaños, se llega a una pequeña terraza circular donde las imágenes de las nubes se mezclan con las formas de la torre Eiffel y la torre de Montparnasse, mas cerca en el horizonte, que en la realidad.
La cúpula del Sacre Coeur, es el segundo lugar mas alto de Paris, y lo “económico” del peaje para subir a pie, la hacen el lugar idóneo para deslumbrar Paris en su inmensidad… ¿seria la casi ausencia de rascacielos, uno de los motivos para contemplar la inmensa superficie de la ciudad, llena de luz?
Al descender se accede directamente a la Cripta de la Basílica, repleta de pequeñas capillas y estatuas.

Pasear por las calles de Montmartre, es como colarse dentro de una pintura, y recrearse con el colorido que ofrecen sus plazas, llenas de pintores. Quizás esta sea una de las luces de Paris, o quizás tan solo sea el olor a oleos y pinceles, rivalizando por el espacio, con las terrazas de las cafeterías que se empeñan en decorar las calles.
Cientos de personas, paseando por el mismo lugar, y una atmósfera de calma se respira por las calles que algún día fueron testigos de los paseos de Picasso o Dalí.

Estuve tentado de pensar que la luz de Paris, se debía a todos los neones de tiendas, espectáculos y bailes eróticos que a primera hora de la tarde ya iluminaban sus fachadas en la avenida Pigalle. Descubrimos que el famoso Moulin Rouge, era mejor verlo por fuera, que por dentro, pues sus 140 euros de cena y espectáculo, no eran el mejor reclamo para visitarlo.

La luz de Paris, podía estar en la impresionante cúpula de los Inválidos, con un dorado brillante que el sol expandía por sus verdes jardines de alrededor. Napoleón, descansa en su interior, y los patos que navegan por el estanque exterior, se acercan al visitante buscando unas migas de pan.
Paris no conoce los lugares diminutos, y cada monumento o lugar de culto, esta flanqueado por una mas grande plaza aun.

Amplias avenidas nos acercaron hacia el monumento mas fotografiado de todo Paris.
La torre Eiffel. Y para contemplarla inmensa, completa, imponente, nada mejor que hacerlo desde el memorial a todos los muertos en la segunda guerra mundial que preside el paseo de los campos de Marte.

Para encontrar la luz de la ciudad, nos tumbamos en la moqueta de césped verde, aun llena de los restos de las fiestas nocturnas de la juventud parisina, y dejamos volar la imaginación hasta lo alto de la torre, llena de turistas que han tenido que soportar largas colas para subir a lo mas alto de Paris.
Cuanto mas nos acercamos a la base de la torre, más impresiona su imagen, y más difícil es el captarla con una cámara de fotos. Sortear los turistas, pedir fotos a cualquiera de las personas, que como nosotros buscan el mejor ángulo que llevarse en la memoria digital, hacer fotos a todo el que te lo pide, contemplar una y otra vez mas los hierros de la Eiffel y cruzar el siempre presente Sena, para obtener una nueva y diferente toma de la luz mas conocida de Paris.

Siguiendo la búsqueda de la luminosidad por toda la avenida Kleber, llegamos a la plaza Charles de Gaulle, final de 12 avenidas que desembocan en ella y como queriendo rendir pleitesía, obsequian a la ciudad con el Arco de Triunfo, encargado en su día por Napoleón, y hoy símbolo y recuerdo a todos los franceses fallecidos en cualquier movimiento bélico a lo largo de la historia.

Para llegar al Arco de Triunfo, hay que cruzar un paso subterráneo, y lógicamente también se puede subir a lo alto de el, y contemplar los Campos Eliseos.

Las nubes aparecían amenazantes, pero aun así, toda aquella plaza desprendía una luminosidad espectacular.
Al adentrarnos en los Campos Eliseos, creí descubrir lo que andaba buscando…Los escaparates de las marcas mas caras y elitistas, rivalizaban en ostentación con los concesionarios de coches más exclusivos y las terrazas de comida rápida. Era difícil abrirse paso en todo aquel gentío. Turistas despistados, turistas llenos de bolsas de las firmas más exclusivas, camareros esquivando a la muchedumbre y en medio de todo ello, dos kilómetros de paseos y jardines.

En el tramo final de los Campos Eliseos, se sustituyen las tiendas por los árboles y las cadenas de Fast-food, por los solitarios bancos de madera.

El paseo termina en la plaza de la Concordia, y en el centro de ella un obelisco secuestrado del antiguo Egipto. Para que no se sienta solo, dos fuentes que simbolizan a varias ciudades francesas lo flanquean. Costaba imaginar que en esta plaza, de nuevo colosalmente extensa, hace años, las multitudes pidieran a gritos la guillotina para Luís XVI y Maria Antonieta.

Todo Paris me resultaba luminoso, brillante, espectacular, grandilocuente…¿ pero donde estaba la luz? ¿Quizás en la suntuosa fachada del teatro de la opera?...las imágenes de fantasmas y de tenores aclamados se fundían en las escaleras que daban paso al anfiteatro, y de nuevo tuve que ganarme un espacio para poder contemplar un edificio reconstruido a finales del siglo XIX.

Las piernas, después de tan largo paseo empiezan a quejarse, y sentarse en cualquiera de las centenares de cafeterías es un buen motivo para descubrir otra faceta de la vida parisina: Sus cafés… y sus precios.

En la plaza de la Vendome, otro imponente obelisco que recuerda en forma y grabados a la columna de Trajano de Roma, se alza en mitad de la calzada, cerca ya de los jardines de las Tullerias y del museo del Louvre.

Paris esta llena de parques y jardines, de amplios paseos, y chiquillos correteando en sus arenas, de espacios para niños, de flores, de setos, de una sensación de amplitud, de luz…de nuevo de luz….

Supongo que debería entender que para visitar el Louvre, con una mínima sensación de haber aprovechado el tiempo, le debería de dedicar mas de un día, pero aun así, quise acercarme al edificio y contemplar por fuera lo increíblemente grande que debía ser por dentro, y consolarme al menos, en visitar su ya famosa pirámide de cristal tanto por fuera, como por dentro. Seguía buscando la luz de Paris, a pesar de que cada vez más, entendía que la luz me acompañaba en todos los lugares.

Una de las mejores opciones para comprender un poco más Paris, es embarcarse en cualquiera de los barcos que surjan el Sena, y contemplar, aparte de los edificios a ambos lados del río, sus puentes…sus preciosos puentes…
Modernos, antiguos, de hierro, de piedra o de madera; con estatuas o sin ellas; con leyendas o con tan solo su nombre…los puentes de Paris, podrían dar lugar a cientos de historias…

Navegamos por el Sena, recreándonos en otros edificios que tan solo desde el agua se pueden contemplar en su majestuosidad: El museo de Orsay, el ayuntamiento, la asamblea nacional, la prefactura de policía, o la Conciergerie.

Tan solo me quedaba por encontrar la luz en la más famosa de todas las catedrales de Francia. La Notre Dame. Comprobé que las Gárgolas que sobresalen en las alturas, no son tan aterrorizantes desde el suelo, y a pesar de que la tarde estaba llegando a su fin, para traspasar el testigo de la vida a la noche, la luz de Paris, también se encontraba en el reflejo soleado de su fachada.
Dentro de Notre Dame, unos cánticos acompañados por las notas del órgano, resonaban por todos los rincones de la Catedral.

En los acristalados rosetones de Notre Dame, la luz del exterior se atenúa por los colores mayoritariamente rosados.

Nos introducimos en el bullicio del barrio latino, donde la oferta gastronómica era abundante. Sin embargo los restaurantes griegos sobresalían en número a los restantes. Intentar encontrar un sitio en medio de la calle, donde sentarse a cenar, era tarea difícil, tanto por la oferta, como por la cada vez menor disponibilidad de mesas. Aun en la oscuridad de la noche, la luz del barrio latino, la vida, sobresalía por encima de otros distritos de la ciudad…Hay que visitarlo y sobre todo perderse por sus calles…

Paris no se puede visitar en tan solo un fin de semana, pero para tener una primera impresión, es suficiente.

Al sobrevolar Paris, al despedirme de la ciudad, lo entendí, al final lo comprendí…Paris es toda luz…Paris es la luz…Buscarla en cualquier rincón…La encontrareis.
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Ultimos comentarios:

crissant dijo:

Precioso tu diario!!!!... y una invitación a disfrutar de la ciudad soñada por tantos... Cariños Cristina

jueves, 30 de agosto de 2007, a las 07.43

MONIARGENTINA dijo:

MUY BUENO, COMO VERAS YA LEI EL PRIMERO !!

viernes, 18 de julio de 2008, a las 21.43

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