DIA 11º JUEVES 17-07-03 CUSCO-VALLE SAGRADO-YUCAY
Me gusta él despertarme y al instante poder ver las noticias de mi país, de Cataluña, y aún más cuando se está tan desconectado, pero a la vez tan a gusto. Aquella mañana me enteré que el Barça, aún andaba detrás de Ronaldinho, y que parecía que estaba casi hecho…je!!!. En todos los hoteles que estuvimos, siempre pedíamos que nos depertaran cuando había que madrugar, y aunque llevábamos despertador, este no lo utilizamos. En los hoteles Posada del Inca, el teléfono sonaba a la hora que se les decía, pero solo sonaba, cuando lo descolgabas nadie contestaban. En Chivay, nos dieron unos golpes en la puerta, y en Cusco, si que una voz nos dio los buenos días.
El baño del hotel era un poco “voyeur”. Como no se tuviera cuidado en tener la cortina bien cerrada, por la rendija entre la cortina y la pared, se le podía ver a uno, tal como su madre lo trajo al mundo. La ducha del hotel de Cusco, era la mejor de todas, la más grande. Otra cosa curiosa de los baños de todo Perú, es que la cisterna del baño, no tiene el típico tirador que se estira hacia arriba, sino que en un lateral hay una manivela pequeñita que se baja y acciona el agua. En todos los baños de los hoteles, también había siempre jaboncillos, gel de ducha, en algunos pañuelos y gorros de papel y otros como en Cusco, agua y 2 bombones gratis en la mesilla a la llegada.
Bajamos a desayunar y en el comedor había 2 chicas que hablaban catalán entre ellas, y que luego más tarde, me puse a hablar con ellas. Eran de Lérida y formaban parte de un grupo, la mayoría de los cuales se habían quedado haciendo el camino Inca, y ellas como no lo hicieron pues regresaron a Cusco. La camarera le llamó la atención a una de ellas, por que estaba fumando en el salón y no estaba permitido.
Desayunamos mucho, sobre todo fruta y esperamos que nos vinieran a buscar. En la recepción del hotel, había una pequeña mini sala de espera, y en un rincón estaba un ordenador que los clientes podían utilizar gratis durante un máximo de 30 minutos para acceder a Internet, o lo que fuera. Enseguida vino Yasmira y después de recoger a todos los pasajeros nos fuimos hacia el Valle Sagrado, y hacia Pisac primero.
En nuestro grupo estábamos nosotros dos, el matrimonio chileno con sus 2 hijos y una pareja que tan solo los habiamos visto el día que nosotros salíamos del barco Yavari en Puno y ellos entraban. Él era Francés, ella Española de Asturias, aunque había vivido mucho en Zaragoza y su hija Sophie de unos 9 ó 10 años. El de aspecto alto y fuerte, con un acento lógicamente francés muy gracioso de unos 40 y pocos años de edad y ella más bajita, con el pelo siempre muy repeinado, rubia y supongo que de la misma edad que su esposo. Siempre aparecía super maquillada y muy repeinada; me dio la impresión de ser de esa clase de mujeres que necesitan 2 horas para arreglarse todos los días. Además llevaba puesto siempre un chaquetón de color amarillo que la hacia muy llamativa. Era gracioso oírlos hablar en francés y español a la vez. Como se sentó delante de nosotros, nos contó que vivían en Buenos Aires, que se habían casado en Francia y que su esposo tenia un muy buen trabajo y que a ellos, la crisis argentina no les había afectado para nada. Como comprobamos más adelante, tenían un buen nivel adquisitivo. Desde Arequipa, este fue el grupo menos numeroso que tuvimos, y la verdad es que el viaje y el trato con todos fué encantador.
Primero paramos en una especie de mirador, donde se veía una bonita perspectiva del valle Urubamba, nombre también del río que cruza todo el valle sagrado y en la parada, como era de esperar compramos alguna cosa, con las mujeres que allí habían. Me hizo gracia una tira de plástico, larguisima y que contenía 25 clases de semillas de maíz, puestas cada una de ellas dentro de una bolsita y juntadas todas, formando una gran hilera.
Despues paramos en un gran mercado de artesanía, pero muy bonito y sobre todo muy bien organizado. Era de aspecto cuadrado, con sus calles indicadas por colores, y números. Había de todo, pero como estaba tan bien organizado, daba gusto pasear por sus calles. Compramos un tapiz precioso para colocar en el salón, además de algún mantel, jerseys y cosas de artesanía, ya pensando en nosotros y en nuestras familias. Regresamos al autobús y la pareja de franceses, pidieron que si nos podíamos quedar un rato más, y despues de consultarlo con los demás, como a nosotros nos daba igual y a los chilenos también, pues nos quedamos más rato en aquel megamercado. Dimos otra vuelta, y ya casi no quedaban turistas, la mayoría de autobuses se habían ido ya, con lo cual vimos los puestos, con mucha tranquilidad y sin apenas agobios.
Despues de vueltas y más vueltas, ya si, nos dispusimos a ir hacia Pisac, que estaba de fiestas por la Virgen del Carmen. Antes de llegar a Pisac, nos detuvimos en otro mirador, en el que se veía una vista panorámica de todo el pueblo, y ahí aprovechamos para compramos una bolsa de tela de color rojo, pues estabamos viendo que con la cantidad de objetos que estabamos comprando nos haría falta una bolsa más.
En Pisac hay también un mercado de artesanía muy importante que se visita siempre, pero como estaban en fiestas, pues no lo vimos del todo, además estaba reubicado en otro lugar, por culpa de los bailes que se celebraban en el centro del pueblo. Y además, de mercadillo, ya tuvimos ración extra con el de antes.
Pisac esta a tan solo 32 Km de Cusco y es como la puerta al valle sagrado y los jueves y los domingos se celebran unos inmensos mercados de artesanía, que son visitados por un montón de turistas, además de por los lugareños de los pueblos de alrededor.
El lugar estaba lleno de autocares, y nos costo un buen rato llegar al centro del pueblo para poder ver los bailes, y además la guía, tan solo nos dejo 30 minutos, pues decía que “íbamos mal de tiempo”. A través de mucho gentío, llegamos a lo que se suponía que era el centro de Pisac, y subidos a un banco, pudimos ver las danzas que se representaban. Los vestidos eran de colores rojos y verdes, con la cara tapada por unas máscaras y las músicas folclóricas Peruanas, muy alegres, pero como ya me había pasado otras veces, a mí me parecían siempre los mismos bailes. Entramos en la iglesia de Pisac, que estaba a nuestro lado y vimos que de dentro de ella, salía una compañía, o grupo folclórico, con su imagen a cuestas, pero que salían de ella de espaldas, sin dejar de mirar el altar. En esta iglesia las misas se celebran en Quechua. Al salir de la iglesia nos topamos con otro grupo que llevaban los trajes más bellos que vi ese día. No era un grupo muy numeroso, quizás de tan solo unas 20 chicas, con una túnica blanca, y en el pecho un bordado todo de color de oro, en forma de corazón, y con la imagen de una santa ( creo que era Santa Rosa de Lima) en él. Una capa en tonos negros y amarillentos, como de adornos de oro, sujetada por su cuello y en la cabeza una gran visera con el mismo dibujo que en el pecho y también en color oro. Además tenían puestas encima de la visera, unas plumas de varios colores. Todo su aspecto era una mezcla de vestido Incaico pero que en algunos momentos recordaba a los egipcios. Al frente del grupo un señor llevaba un estandarte del grupo.
Cambiamos algo de dólares en una casa de cambio que había en la plaza y que también servia de tienda de comestibles.
Regresamos al autobús, y aún tuvimos que esperar a la mujer del Chileno, que se había quedado un rato más en el mercadillo y al cabo de un rato nos fuimos ya hacia Yucay.
En el autobús, el señor chileno, nos hizo una pregunta curiosa; nos dijo que si La Rioja estaba muy lejos de Barcelona y que por que zona de España estaba, puesto que sus abuelos eran de allí, y querían visitarla, pero no tenían ni idea de donde estaba…
Por el camino comprobamos una costumbre o tradición de muchos pueblos andinos y que Yasmira nos fue contando: el sincretismo, la mezcla de ideas, costumbres, ritos, de los indígenas con tradiciones ancestrales y de los españoles, de los conquistadores.
En muchos lugares andinos se cree que el toro es símbolo de protección, de fertilidad, y esta tradición que aún se conserva, dice que cuando alguien se va a vivir a una casa, debe poner en lo alto de ella, en el tejado, en el exterior, una pareja de toros, en señal de protección. Vimos muchas parejas de toros, en los tejados de casi todas las casas, y además con ellos, cruces cristianas, juntando los dos “símbolos” de protección. Este sincretismo, lo pudimos observar en varios lugares del Perú. Los autóctonos, los descendientes incaicos, conservaban sus costumbres, sus ritos, pero también abrigaron los ritos y creencias de los nuevos habitantes.
En aquella zona, había grandes plantaciones de maíz y de cebada, pero toda ella, toda, ya estaba comprada de antemano, por la más poderosa de las cerveceras del Perú: la Cusqueña. Además la empresa tenia una muy particular manera de negociar. A los campesinos les facilitaba todo lo necesario para que labraran la tierra, todo, pero a cambio, los dueños de la cervecera, ponían los precios de la cosecha, de modo que el campesino, se convertía en una especie de trabajador a sueldo, y mal pagado por la industria. Tenia la seguridad de que su trabajo se vendería, pero al precio que le obligaban.
Los campos en Perú, están labrados en su mayoría a la antigua usanza, arado, y manos.
Algunas veces, pero pocas estos arados eran tirados por animales como burros, yeguas o parecidos. Apenas vimos tractores en todo nuestro viaje, y eso que pasamos por numerosas tierras de cultivo, pero creo que en todos los días que estuvimos, tan solo vi un par de ellos. Ver a mujeres, y algunas veces de edad avanzada, o chiquillos, arando la tierra con la azada, a mano, daba un poco de tristeza.
Estabamos cruzando los Andes, por el centro; A nuestra izquierda, quedaban los andes que daban al mar, con los picos más bajos y a nuestra derecha, los andes que daban al Machu-Pichu primero y a la selva amazónica despues, con mayor altitud, y mayores cumbres. Enormes montañas a nuestros lados, y nosotros por en medio, como en un inmenso valle flanqueado por rocas, por montañas que surgieron hace miles de años, cuando las dos placas tectónicas sobre las que está Latinoamérica chocaron. El impacto fue tan grande, que los mares, se secaron y los terremotos y volcanes, salieron por doquier. Los andes, la columna montañosa más larga de la tierra.
Llegamos a Yucay, y nos dejaron en el hotel, Posada del Inca Yucay, pero tan solo dejamos la maleta en recepción, la habitación hasta la noche, no nos la daban y nos fuimos enseguida hacia el comedor. El comedor estaba al aire libre, y protegido tan solo por una especie de techo de madera, pero como no había paredes, y soplaba mucho aire, pues hacia bastante frío; Además nos olvidamos los polares dentro del autobús.
La comida era buffet libre y como estaba incluida en la excursión, pues ni que decir tiene que al menos yo, comí muchisimo…Había de todo, pasta, verduras, ensaladas, carnes, pollo, una gran variedad de postres y de infusiones. Para alegrar la comida, un chico encima de un caballo, con un sombrero y aire cordobés, hacia malabarismos con el caballo. Resultaba curioso pero a los turistas que no eran españoles, les encantaba; el resto lo mirábamos con desgana. Había también un señor tocando la Quena, que es como una flauta pero más gruesa y entonaba melodías populares que un aparato musical, iba reproduciendo. En ese restaurante entable por primera vez conversación con una mujer que iba en el grupo de los 5 catalanes y que en todos lados nos encontrábamos, pero casi siempre los esquivábamos. Despues de comer de nuevo al autobús para dirigirnos al yacimiento inca de Ollantaytambo.
En esta fortaleza los españoles sufrieron una dura derrota y aunque las guerras no son bellas de contar, esta lo merece por el lugar. Cuando Manco Inca se retiro aquí, despues de su derrota en Sacsayhuaman, Hernando Pizarro, hermano del conquistador en 1536 intentó conquistar la fortaleza con 70 hombres a caballo y un gran numero de indios y soldados de infantería. Querían capturar al Inca. Pero como la fortaleza está llena de terrazas agrícolas y no las podían escalar, los españoles tuvieron que soportar una lluvia de flechas, lanzas y piedras. Además el jefe inca, tuvo la idea de inundar la llanura, con agua aprovechando unos canales que tenían construidos. Los españoles se tuvieron que retirar y los incas, fueron persiguiedoles por todo el valle. Al cabo de unos meses, los españoles, 4 veces más numerosos volvieron a la carga y entonces si, que consiguieron derrotar a Manco, y este se vio obligado a retroceder hasta Vilcabamba.
Cuando llegamos a las ruinas, empezaba a llover, una lluvia fina, pero molesta y los vendedores del lugar, ya estaban ofreciéndonos unos plásticos a modo de chubasqueros. Resultaba curioso ver por las ruinas, capas de varios colores, dando a aquel recinto marronoso un aspecto de arco iris muy surrealista, con personas con chubasqueros amarillos, rojos, azules…etc.…
En la entrada hay una gran piedra puesta a modo vertical en la que se ven claramente una de las técnicas empleadas por los Incas para la construcción. La técnica del macho-hembra. Cada piedra tenia unos enormes agujeros, que servían para encajar con otra, en la que había las protuberancias exactas para que las piedras encajaran perfectamente. Empezamos a subir escaleras, muy lentamente, pues se cansaba uno con facilidad, y en cada pausa, se podía comprobar, ya desde las alturas, que no dejaban de llegar autobuses y que la entrada estaba llena de colorines andantes. Las terrazas agrícolas que tantas veces habiamos visto en otros lugares, aquí, eran como maxiterrazas, y además estabamos dentro de ellas, tocando sus muros de contención, y viendo el pueblo desde las alturas.
Para los incas, Ollantaytambo fue un templo más que una fortaleza y la zona sagrada se haya en la parte superior de las terrazas, y que no visitamos. Hubiéramos querido subir un poco más, pero Yasmira, nos llevo por otros lugares. Las piedras para esta construcción se extraían de una cantera situada a 6 Km de distancia, en la orilla opuesta del río Urubamba. Y para transportar bloques de cientos de toneladas, los incas depositaban las piedras en la orilla del río, y despues lo desviaban, desde más arriba, para así no tener que cruzarlo. Una vez llevada la piedra a su destino, volvían a desviar el río a su cauce natural.
Enfrente de nosotros había una enorme montaña, muy vertical, y en una de sus laderas, había unos graneros, o depósitos de alimentos, en lo alto de la montaña, y que mirándolos sé hacia casi imposible el imaginar como subirían hacia aquel lugar y porque estaban ubicados en la ladera, tan alta y no en la base, en el suelo. La respuesta es que los incas, descubrieron que en ese lugar, solo en ese, los alimentos se conservaban mejor y que los aires del lugar, hacían una perfecta conservación. Aunque para subir a ellos, hacía falta tener ganas, y soportar muy bien el cansancio. Al lado de estos “almacenes”, había un relieve montañoso que parecía realmente una cara humana de perfil, con sus ojos, nariz, boca, etc., y sobre ello hay 2 teorías: Una que representa la imagen del dios Viracocha, echo por los Incas como ofrenda u homenaje a su dios y otra que el relieve es una forma caprichosa de la naturaleza. Sea lo que sea, viendo esa imagen, realmente es una cara humana.
Seguimos por aquellos caminos y empezamos a descender, mientras la lluvia nos seguía acompañando. El descenso era un poco peligroso, escaleras estrechas, empinadas y con el suelo húmedo. Pasamos por una fuente de la que manaba un agua fresquísima, pero que no probamos puesto que no era potable. En Ollantaytambo se puede también observar la pulidez de las construcciones incas.
El autobús nos llevo hacia Yucay, donde estaba nuestro hotel, y en el camino se pasa por el pueblo de Urubamba, del mismo nombre que el río que nos acompañaba. Al cabo de 4 Km, ya estabamos en Yucay, un pueblo pequeño, por el que cruza la carretera y que lo parte en dos, pero en el que apenas se ve vida, a no ser por los hoteles que están en él. Nos dejaron en el hotel donde habiamos comido por la mañana y ahora si que nos dieron ya la habitación.
La habitación era preciosa, y tenia unas vistas al patio interior del hotel, y a la pequeña iglesia que había dentro de todo aquel complejo. Al hotel se entraba por un edificio con más de 300 años de antigüedad y que antes fue un monasterio, además en la entrada, hay una inscripción en la pared, que recuerda un poco la historia del convento/hotel. La pequeña capilla, con tonos amarillentos en su fachada, estaba siempre abierta para el que quisiera verla y frente a ella, había una enorme plaza ajardinada, donde las mujeres que vendían su artesanía ponían sus puestos. Por la parte trasera del hotel, había un pequeño campo con una cerca donde estaban unas 4 o 5 llamas, que al acercarnos nosotros a verlas, estas se mostraron más curiosas que nosotros y se encaramaban a las maderas para vernos.
El hotel tenia al fondo de todo un pequeño paseo que subiendo unas cuantas escaleras y tramos empinados, se llegaba a lo alto de una pequeña cima, donde había unos establos con sus caballos dentro. Un chico bastante joven, estaba en aquellos establos, serrando maderas, supongo que para acondicionar algo las “habitaciones” de los caballos. Había algunos de preciosos, negros, con su crin tan negra como la noche, y otros amarronados, de cuerpo más delgado…. Desde aquella cima, sé tenia una vista increíble de todo el recinto, que era bucólico, y además, las montañas frente a nosotros, y el cielo semi nublado, daban para una bella postal.
Antes de salir del hotel, visitamos su pequeño museo. Un museo con algunas piezas interesantes y que no tenía ninguna vigilancia, es más, la luz la tenia que encender la persona que se acercaba a verlo. Hacia gracia visitar aquel mini museo, dentro del hotel. Salimos al exterior y enfilamos hacia nuestra izquierda, siguiendo la carretera y con el propósito de poder ver, o mejor dicho pasear por Yucay, puesto que de ver, poco había. La iglesia estaba cerrada, y una cerca, impedía además entrar hasta la misma puerta. Cuando nos habiamos alejado ya unos 100 metros, oímos unos gritos dirigidos hacia nosotros: -“ parejita”…-“ que está abierta”…Eran el grupo de 5 catalanes que aún no habiamos hablado con ellos, pero que ahora si, que ya no quedaba más remedio…Nos acercamos a la iglesia y nos estaban esperando en la puerta…-“ es que nos la abre, para que la veamos, y como hemos visto que también queríais entrar”…Les dimos las gracias y entramos en aquella iglesia, muy pequeña, dedicada a la Virgen del Carmen y una cosa sorprendente es que dentro había una estatua de un caballo. Y lo que es más curioso, es que con aquellos 5 catalanes, pues había una de ellas, que con Encarna se conocían, aunque solo fuera de vista, pues las dos estudiaban en la misma facultad…-“ si es que a mí me sonaba tu cara”…- “ y a mi también me lo parecía”…total que Encarna y aquella chica, se pusieron a hablar, mientras el cura, nos hacia una pequeña explicación y nos pedía el donativo correspondiente para la conservación de la iglesia…
Salimos de ella, y seguimos caminando pero ahora ya no íbamos solos; con el grupo de los catalanes fuimos andando mucho rato, tanto que la noche empezó a caer, y Encarna y yo decidimos dejarlos y volver al hotel…Antes por eso, uno de ellos me contó la aventura de otra pareja joven que vinieron con ellos, de luna de miel y que tuvieron que regresar rápidamente a Barcelona, puesto que a él le dio un ataque de apendicitis, se operó en Lima, pero cuando ya parecía que podía seguir su viaje, empeoró y tuvo que irse precipitadamente.
Al caminar por la calle de Yucay, pudimos ver algunas casas, con poca luz, y otras con ausencia total de ella, y tan solo iluminadas por velas. Casas humildes, con personas humildes, pero que haciendo corro delante de sus portales, mantenían alegres conversaciones.
Llegamos al hotel y nos fuimos un rato a la habitación a descansar. Más tarde, bajamos a cenar al hotel, con una cena que aunque estaba amenizada con música, por un Peruano con una arpa, nos pareció muy cara.
Comí una vez más, Palta rellena, que no es más que un aguacate, relleno de una especie de ensaladilla, pero que de veras que está riquisimo. La mezcla de verduras con el sabor del aguacate, era bastante exótico.
Despues de comer, salimos a pasear un poco, por fuera del hotel porque como la noche estaba estrellada, nos apetecía ver estrellas. El grupo de catalanes, estaba en la entrada y nos quedamos hablando con ellos un buen rato. Uno de ellos, me comento que parecía que él
Barça, ya casi tenia fichado a Ronaldinho, que lo había visto por las noticias…Salimos al exterior y el cielo fue generoso, pues estaba abarrotado de estrellas, llenisimo. Aunque hacia frío, él quedarnos un largo rato, abrazados, mirando las estrellas, fue uno de los momentos más románticos que tuvimos en todo el viaje, y eso que hubo muchos.
Regresamos a la habitación y nos dispusimos a dormir. Mañana viernes por fin, íbamos a ver el tan ansiado Machu-Pichu, y a pesar de que nos apetecía mucho, el ver el Machu-Pichu, era la primera señal de que nuestro viaje estaba llegando a su recta final….
Pero valía la pena.
DIA 12º VIERNES 18-07-03 YUCAY-AGUAS CALIENTES
Otro madrugón. A las 6 sonó el despertador del hotel, aunque ese día estaba más que justificado el madrugar, y mucho más, para ver lo que íbamos a por fin conocer: el Machu-Pichu.
A las 6 y media ya estabamos desayunando en el salón del hotel, y éramos casi los primeros, aunque poco a poco, nuestros conocidos fueron incorporándose: Los chilenos, los franceses, los catalanes…Además pudimos ver desde nuestra mesa que daba a una ventana, como una empleada del hotel, sacaba de dentro del comedor, donde comimos el día anterior, unos enormes sacos en los que estaban las cosas que las vendedoras de artesanía y textil, se ponían luego a vender. Aquellos sacos enormes, debían de pesar una barbaridad y aquella camarera los llevaba como si nada, y los depositaba ordenadamente en los aledaños de la plaza que había dentro del hotel.
A las 7 nos tenía que recoger un autobús, para llevarnos a la estación de tren que estaba a unos 20 Km, del hotel. El tren salía de Cusco a las 6 de la mañana, paraba en la estación de Ollantaytambo sobre las 8 de la mañana y a eso de las 10 más o menos debíamos de estar ya en Aguas Calientes.
La primera sorpresa no tardó en venir. En medio de una carretera, sin estación de ningún tipo ni señal de nada, con la vía a nuestro lado, y tan solo un pequeño espacio entre carretera y vía, pues en ese lugar nos dejo el autobús…. Nos dijeron que con las lluvias, los autobuses no podían acceder a la estación de Ollantaytambo y aquel punto era el lugar ya previamente acordado como “estación”.
El chofer de nuestro traslado se quedó con nosotros a esperar el tren, para que no hubiera ningún problema, y poco a poco fueron llegando todos los demás pasajeros que ya conocíamos. El grupo de 5 catalanes bromeaba sobre el apeadero y no era para menos, pero ellos tenían un tren que venía después del nuestro. Supongo que depende de la agencia en la que viajas, tienes unos horarios, y trenes distintos. A las 8 menos 20, paso una maquina, que se la conoce como la de reconocimiento, una maquina que va comprobando que la vía este en condiciones, sin cortes de vía, o piedras, etc. El día se avecindaba gris, como así fue, una finísima lluvia empezaba a caer, sobre aquel lugar, en medio de la carretera, al lado de una vía, y con un montón de personas esperando a un tren, que debía de parar en aquel lugar…
Y a las 8 más o menos, oímos la sirena del tren, su silbato característico de cualquier tren, y como nosotros estabamos en una recta, que salía de una espesa curva llena de vegetación, ver asomar un precioso tren azul, de 5 vagones, lentamente, como si quisiera que nos recreáramos en aquella imagen, fue de verdad precioso. El tren de lejos, se adivinaba bastante nuevo, y así era. El Perú Raíl, que así se llama en Perú, el servicio ferroviario, había cumplido su horario, y al parar en aquella “estación”, un chico bajo al andén para ayudarnos a colocarnos. Nosotros debíamos de preguntar por un tal señor Darwin Camacho que era nuestro enlace y buscar el coche C, que estaba un poco más atrás. Nos subimos al tren y nos dirigimos a nuestros asientos que teníamos ya reservados, el 59 y 60, en la parte trasera del vagón, de un tren que parecía nuevísimo, con asientos cómodos, y mucha iluminación. Antes de partir el tal Darwin vino a nosotros y nos saludó. En los asientos, encontramos un folleto en el que se nos daban una serie de instrucciones para el viaje, tales como a donde dirigirse al salir de la estación, como coger los buses para subir al Machu-Pichu, etc. Daba la impresión de que todo estaba super organizado, y en verdad que era así. Todo parecía tener un guión perfectamente escrito y las dudas que cualquier persona pudiera tener, ya estaban resueltas en aquel papel y en otro que nos dieron el primer día en la agencia.
Arrancamos y a nuestro lado se sentó la francesa con el guía, mientras que su marido y su hija iban detrás. Hicimos tan solo dos paradas, una en la estación de Chilca, inicio del camino inca y otra tan solo, para dejar pasar al tren que venia en sentido contrario. Por el camino Darwin nos iba enseñando puntos de inicio del camino inca, o de las etapas que se empezaban en aquellos puntos, puesto que el camino inca entero dura 3 o 4 días, depende del ritmo que se lleve. El camino inca, es quizás la más popular de todas las caminatas que se realizan en todo el continente americano y aunque su distancia no es muy grande, tan solo 33 Km, él hecho de pasar por varias altitudes, algunas de ellas superiores a los 4000 m. la hacen un poco difícil.
El camino inca empieza en el llamado Km 88 a 2.200 m. de altitud, cerca de un pueblo llamado Chilca, y el tren que viene de Cusco, y en el que nosotros íbamos, para en este punto, el Km 88. Hay que pagar uno 17 dólares para hacer el camino, y ello incluye además la entrada al Machu-Pichu; También te dan una especie de control de paso, en la que se van anotando los lugares por los que uno pasa, y que sirven luego como justificante de haber realizado el trayecto. Hay que llevarse todo lo necesario, saco de dormir, tienda, comida, ropa, etc. y todo lo que uno crea que puede necesitar, para una excursión de 4 días. Se va subiendo y bajando constantemente, y en algunos puntos de camino, hay servicios, y en algunos lugares hay también un albergue, por el que hay que pagar claro. Hay quien contrata porteadores para que le lleven todo el equipaje; un porteador suele cobrar unos 40 soles por día y mochila ( 1600 pts). Al cabo de los 4 días, se llega al Intipunku, o puerta del sol, donde por primera vez se ven las ruinas del Machu-Pichu. A partir de aquí, y con tan solo 1 hora más ya se llega al final del trayecto. Hay una ruta más corta, de un solo día y que sale del Km, 104. Aguas calientes, está en el Km 110, y desde ahí hasta las ruinas hay que subir por una carretera de unos 8 Km más.
El tren se detuvo en el inicio del camino inca, y era increíble ver la gran cantidad de personas que estaban en el exterior con sus mochilas, sacos, etc. era un bonito colorido ver todas aquellas personas, en aquel lugar muy frondoso, con un gris día de lluvia…
Al cabo de unas 2 horas y despues de 42 Km llegamos a Aguas Calientes. Este pueblo llamado también ciudad hotel esta compuesto en un 90% de bares, restaurantes y hoteles y era el trayecto final en tren para nosotros. Cogimos las maletas y teníamos que buscar en la estación a unas personas con el nombre de nuestro hotel, para que así nosotros les diéramos las maletas, y nos las llevaran al hotel sin tener que preocuparnos de ellas, durante la excursión. Entregamos las bolsas a aquellos desconocidos, en medio de un caos de personas y bultos, y ellos después de comprobar nuestro nombre en una lista, nos dieron un resguardo para recogerlas más tarde.
Inmediatamente, pues el tiempo era oro en aquellos momentos, cruzamos todo el pueblo, a través de innumerables puestos de artesanía, y caminando a ratos por la vía del tren y nos dirigimos hacia la estación de autobuses, que esta al final de Aguas Calientes, y además casi al lado de nuestro hotel, el Hatuchay Tower. Había que ir rápido pues todos los que llegamos en el tren, debíamos de coger el autobús para subir a las ruinas y el que primero llega, primero sube, y con la aglomeración que se suponía que habría arriba, pues había que ir ligero.
Nos subimos en un bus, que estaba a punto de salir y emprendimos el ultimo escollo hacia el Machu-Pichu. Hay un montón de autobuses que suben y bajan continuamente, siempre que estén llenos de pasajeros, creo que había más de 20 autobuses para los escasos 8 Km de trayecto. El camino era de tierra, con curvas cerradísimas, y unas vistas preciosas, deslucidas por las nubes y la lluvia. En 15 minutos llegamos a la entrada, y yo estaba buscando la imagen típica de las ruinas… y no la veía…no estaba…deseaba contemplar esa imagen mil veces vista en postales de unas preciosas ruinas con su imponente montaña al fondo.
La entrada al parque nacional estaba llena de gentes, de grupos escuchando a su guía, otros buscándolo, gente con mochilas saliendo de las ruinas despues de realizar el camino inca, personas haciendo cola en los servicios, pues dentro del Machu-Pichu, no los hay, personas sentadas en las mesas del único bar que hay en la entrada…Aquello era como un día de feria, lleno de bullicio. En la entrada hay también un hotel, que además de ser carísimo, por su situación claro, tenia la oportunidad de al estar tan arriba, poder disfrutar de las salidas o puestas del sol, antes que nadie. Encarna fue al baño, y en ellos había que pagar, para que te dejaran entrar. Al cabo de unos 15 minutos apareció nuestro guía Darwin, y en la entrada de las ruinas nos dividimos en dos grupos. Los que hablaban español se iban con otro guía llamado Aldo, un tipo simpático, con gafas, regordete y con una gorra y una banderola azul; éramos los del grupo La Unión. Los de habla inglesa seguían con Darwin.
Aldo nos previno de que las mejores fotos, se hacían al final de una subida, corta pero intensa que teníamos que hacer ahora, y mientras Darwin y su grupo se encaminaron hacia las ruinas por abajo, nosotros empezamos a subir durante 10 minutos unos 18 tramos de escaleras empinadas, y llenas de gente que bajaba o que subía más rápido que nosotros…
Nuestros lados estaban flanqueados por un montón de árboles, hojas, vegetación de todo tipo y algunas finas gotas de agua…Llevábamos 12 días en Perú y tenía que llover precisamente hoy…
De pronto se hizo un pequeño claro, y el camino se fue despejando de los lados, para al final de unos 30 m. poder observar la imagen que mi retina tenía ya después de haberla vista en miles de fotos. El Machu-Pichu!!!!!…
Nos olvidamos del guía, de sus explicaciones, y tan solo nos dedicamos a contemplar, a grabar en lo más profundo de nuestra memoria, aquella imagen, aquella foto…el Machu-Pichu….
Aldo nos dejó tiempo para realizar nuestras fotos, y después de un tiempo prudencial, empezó a explicarnos, donde estabamos y por que… Machu-Pichu esta situada a 2400 m de altura y al norte de Cusco, a 120 Km de la capital del imperio.
Para empezar puedo decir que Machu-Pichu, significa montaña vieja, y la montaña que siempre aparece en todas las fotos de las ruinas, detrás de ella, es el Huayna-Pichu, o montaña joven.
Las ruinas del Machu-Pichu, no son a nuestro modo de ver, las más hermosas que vimos, ni las más conservadas, pero lo que las hacen incomparables es su situación, su lugar y quizás también la aureola de misterio que las rodean.
En 1911 un historiador americano Hiram Bingham, descubre por azar, el lugar. Este americano iba en busca de la ultima ciudad inca Vilcabamba, y al llegar a Machu-Pichu, unos campesinos le hablan del lugar. El hijo de uno de ellos, lo acompaña hasta las ruinas que estaban cubiertas de maleza y hierbas. Al principio no le da la importancia que tiene en la actualidad y tan solo regresó en 1912 y 1915, para empezar a limpiar de vegetación la superficie y empezar a trazar mapas. Además también empezó a descubrir algunos trozos del camino inca. En 1934 un arqueólogo Peruano Luis Valcarcel emprende una investigación más minuciosa y fue descubriendo más ruinas, hasta que en 1940-41 una expedición conjunta estadounidense-peruana descubrió ya toda su grandeza.
Actualmente está restaurada un 20% de la ciudadela original pues la UNESCO, no admite más restauraciones, para poder contemplar las ruinas tal como se quedaron. El lugar esta rodeado de terrazas agrícolas y se cree que los campesinos que las trabajaban cuando llego Bingham, vivían en semi clandestinidad, sin pagar tributos al estado, pero cultivando unas tierras que el gobierno desconocía por completo.
Sobre lo que era o es Machu-Pichu, hay varias teorías, pero ninguna con la suficiente fuerza para ser considerada verdadera. En una primera exploración se encontraron más de 100 esqueletos, la mayoría de ellos de mujeres según se creyó al principio y por eso una teoría decía que era un templo dedicado a las vírgenes del sol. Otra teoría decía que fue una ciudadela que ya estaba abandonada antes de la llegada de los españoles, pues estos nunca la mencionaron en sus crónicas.
Bingham sin tener conocimientos de arqueología lo calificó como la ciudad perdida de los incas y se proclamó como la gran autoridad mundial sobre el yacimiento, y pocos arqueólogos intentaron comprobar si lo que decía era cierto o no; Pronto sé convirtió en una inmensa atracción de turistas, y empezó a decaer el interés científico ya que estos se dedicaron a estudiar otros emplazamientos.
Según nuestro guía Aldo, él también tenía su teoría. Los restos de cerámica encontrados son del siglo XV, por lo cual no puede ser la ciudad fundadora del imperio inca. La ultima resistencia inca, se realizo en Vilcabamba, a unos 30 Km de allí, por lo cual tampoco pudo ser la ultima ciudad inca, y además los últimos estudios sobre los esqueletos encontrados allí, demuestran que hay igual numero de hombres que de mujeres, por lo cual no podía ser una templo dedicado a las vírgenes del sol. Aldo creía que Machu-Pichu, era una ciudadela inca mandada construir por Pachacuti, un gran conquistador inca, para él y su familia, una ciudadela construida cerca del cielo, y por lo tanto más cerca del sol, su dios; Una ciudadela rodeada de montañas, semi oculta, y por lo tanto al abrigo de enemigos, y una ciudadela rodeada de terrazas fértiles y con unos sistemas de regadío que la hacían rica en agricultura.
Se cree que habitaban el Machu-Pichu unas 300 personas pero que en algunos momentos pudieron tener casi 1000 habitantes.
Despues de toda esta explicación y de tomar infinidad de fotos, y de hacer de fotógrafos para los demás, empezamos a descender por el lado opuesto donde habíamos subido, para adentrarnos ya en las ruinas en sí. Se entra por una puerta principal, de piedra lógicamente, y que esta coronada por una hilera de piedras muy bien talladas y encima de ellas, muchas más puestas sin mucho orden. La Entrada principal deja atrás, la zona llamada de campesinos, puesto que todas las terrazas agrícolas, están fuera de lo que es la ciudad en sí.
Siguiendo por el camino se va pasando por un montón de construcciones como si fueran antiguas casas que debieran de estar habitadas por la clase más baja, y que son bastante pequeñas, con una sola ventana y poca luz.
Inmediatamente se llega al templo del sol, y que no es más que una pequeña estancia con forma de herradura, y donde en una de sus ventanas, se filtraban los rayos del sol el 21 de junio; dentro del templo hay una gran piedra bastante ennegrecida y que Aldo nos comenta que encima de ella, los incas elaboraron todo un mapa solar, con todas sus constelaciones. En la pared del templo hay varias ventanas trapezoidales, destacando frente al altar una mucho más grande que recibe el nombre de ventana de las serpientes, pero no se sabe él porque de ese nombre.
Siguiendo por unas escaleras se llega a una pequeña plaza en la cual hay también enormes bloques de piedra desperdigados. En esta plaza se ubican varias cosas interesantes. A nuestra izquierda, y siempre teniendo el Huayna-Pichu delante nuestro, teníamos una vista impresionante de todo el valle, con el rió Urubamba en el fondo, y con una pequeña presa que casi no se distinguía en la lejanía. Por encima de este valle, la cordillera Vilcabamba, lejos, pero no lo suficiente como para poder observar sus picos nevados. Frente nuestro estaba el Gran Templo, o templo principal, con 7 ventanas en lo alto de lo que queda de la construcción. En una de las paredes laterales de este templo, Aldo nos enseña una cruz grabada en la pared y que apuntaba hacia la cruz del sur, y que constituía uno más de los alineamientos astrológicos del Machu-Pichu. Cada vez llegaba más gente al lugar, y a veces los guías tenían que hacer turnos para poder hablar y reinaba una especie de pacto no escrito, donde el que primero llegaba, primero explicaba, y los demás se limitaban a esperar sin interferir en las explicaciones de nadie. A veces me quedaba escuchando a otros guías, y más o menos todos decían lo mismo, con otro vocabulario o resaltando cosas que nuestro guía tan solo había nombrado, o al revés. Imagino que había un guión, y cada cual lo interpretaba a su manera. De todas maneras, las explicaciones de Aldo eran más que correctas y siempre nos dejaba tiempo para que le preguntáramos cualquier duda que nos quedara. A la derecha de aquel templo, estaba lo que se denominaba el templo de las tres ventanas, y que no era más, que una enorme pared, con sus 3 ventanas trapezoidales, y desde las cuales se divisaba una gran vista, de la plaza interior del recinto. Por el camino por donde llegamos a la plaza, estaba la Casa del Sacerdote, pero al llegar no nos fijamos en ella, nos la tuvo que enseñar Aldo, y nos aclaro que con certeza absoluta aún no se sabe quien la habitaba.
Avanzamos un poco más, y detrás de la pared principal del Gran Templo, estaba la Sacristía y que dentro de ella, además de haber numerosas ventanas en las piedras, y que quizás servían para albergar objetos, había 2 piedras muy famosas. En la entrada a la Sacristía, a cada lado de la puerta, había unas piedras y cada una de ellas, tenia 32 ángulos, pues exactamente 32 piedras eran las que de alguna u otra manera, colindaban con la primera. Me entretuve en contar las piedras colindantes y llegue a 28, puesto que las que me faltaban, supongo que eran las que quedaban ocultas por la parte interior.
Subimos despues un montón de escaleras, para llegar al altar mayo del Machu-Pichu, el llamado Intihuatana, ( poste donde se amarra el sol). Era una enorme piedra, trapezoide y encima de ella, otra más pequeña de forma alargada. Estaba protegida por una cuerda, en todo su perímetro, para que nadie la tocara. Aldo nos habló de la enorme energía que poseía aquel lugar y que muchas personas, queriendo tocar la piedra con sus manos, dejaban restos de su sudor, o microbios y esto perjudicaba a la piedra. Esta piedra la utilizaban para determinar la época del año en la que se estaba, y así predecían los solsticios. De esta manera, el jefe Inca, que se consideraba hijo del sol, podía decir a su pueblo que controlaba la duración de los días, y a una orden suya, podía hacer regresar el sol. Esta piedra además tiene una historia curiosa muy reciente. Una marca de cervezas, intuimos que la Cusqueña, aunque nunca se nombró, quiso rodar un spot en lo alto de aquel recinto, y con la Intihuatana de fondo, pero una de sus grúas de filmación se rompió, y cayó sobre la roca, rompiéndola un poco por un lateral. A día de hoy, está en pleitos el gobierno Peruano, con la fabrica cervecera, pues estos últimos afirman que la piedra ya estaba rota…continuará…
Bajamos de nuevo por las escaleras y Aldo nos llevó por otra zona del recinto; llegamos de nuevo a la parte más baja, que está llena de casas, y después de cruzar por un camino que atravesaba una enorme plaza con un césped verde increíble, llegamos a la parte más oculta de las ruinas, y que solo se puede ver descendiendo un poco. Pasamos por una pequeña puerta y despues de hacer cola, en la entrada, pues estaba todo super abarrotado de gente, llegamos a lo que se llama el Templo del Cóndor. Dentro de aquel laberinto de piedras, había en el suelo y con una cuerda, para que nadie lo pisara, una figura que se asemejaba perfectamente a la cabeza de un cóndor, animal sagrado de los incas, con su pico, su cresta, y en la pared, detrás de la cabeza, dos enormes piedras verticales que hacían de alas del cóndor. Todos los turistas, como cortados por un mismo patrón, nos hacíamos la foto bajo las alas/rocas del templo, y con nuestros brazos extendidos simulando un cóndor…
Seguíamos avanzando, y casi no me dediqué a contemplar el paisaje, tan solo estaba absorbido en las explicaciones de Aldo…Quería enterarme de todo, sin lagunas, y casi memoricé matemáticamente todos los datos que nos iba diciendo nuestro guía.
Llegamos a una zona que tan solo pasamos de largo y que estaba más debajo de nosotros, donde se ubicaban las prisiones y otras dependencias. Aldo nos condujo a través de una explanada que conducía a la salida del recinto y allí cada uno decidía lo que quería hacer. La gente que sube al Machu-Pichu, suele bajar ya con el primer autobús que puede, puesto que el tren hacia Cusco, sale a las 15.30, y la visita había terminado sobre las 13.30. Los que como nosotros, dormíamos en Aguas Calientes, teníamos dos opciones, o bajábamos a comer, puesto que la comida de aquel día, la teníamos pagada, o nos quedábamos toda la tarde en el recinto, y cambiábamos la comida por el día siguiente.
Encarna y yo decidimos quedarnos un rato más, y volvimos a subir el tramo empinado de escaleras del principio, para llegar a lo que era la vista increíble de aquel lugar. Por el camino de subida, le hice una pregunta en catalán, y una chica que bajaba, se detuvo, y se nos quedo mirando, luego nos preguntó en catalán …¿Sois Catalanes? … Iba con un chico, y nos quedamos hablando un rato, me comento que había visto a muy pocos catalanes en Perú, y que le hacia gracia al fin, encontrar a alguien del país…Llegamos de nuevo arriba del todo y como no había casi nadie, nos sentamos en el suelo, tan solo a recrear la vista con la imagen del Huayna-Pichu, y sus ruinas a nuestros pies. En ese instante si que respirábamos paz, relax…No sé cuanto rato estuvimos, pero como empezó a lloviznar más fuerte, volvimos a bajar a las ruinas de nuevo, para hacer un recorrido a nuestra manera. En una de las casas que nos detuvimos, un hombre nos saluda y nos ofrece unas fotos hechas por él, del sol entrando por el templo del sol, de los días 21 de Junio y 21 de Diciembre; Ni siquiera le preguntamos el precio, pero le dijimos que no...
Empezaba a llover con más intensidad, y decidimos regresar a Aguas Calientes e intentar aprovechar el vale de la comida, para aquel día.
No nos costó mucho salir del Machu-Pichu, además sabíamos que mañana volveríamos, por lo cual, la despedida no fue muy ingrata. Cogimos el autobús, que por cierto no tuvimos que esperar mucho, y en 15 minutos estabamos ya en Aguas Calientes. Como nuestro hotel está a menos de 5 minutos de la estación de autobuses, a las 15.15 llegamos al Hatuchay Tower y despues de registrarnos, nos fuimos directamente al comedor. Estaba vacío, tan solo la pareja de franceses, estaban terminando ya, y por lo tanto teníamos todo el comedor para nosotros. Despues de comer, subimos a la habitación un rato, y a cambiarnos de ropa, pues queríamos ir a los baños termales que había en el pueblo.
El hotel estaba bien, con una gran cama de matrimonio y con toda la pared lateral a modo de gran ventanal, y por la que se veía toda la calle, llena de puestos de mercado y el río Urubamba a nuestros pies. Eso sí, el agua del río, que bajaba rápida, y chocaba con un sinfín de piedras, hacia un ruido enorme, y por las juntas de la ventana entraba un buen chorro de aire. A las 5 de la tarde, despues de una pequeña siesta, nos fuimos hacia los baños termales de Aguas Calientes. Tuvimos que atravesar todo el pueblo y subir por una enorme calle empinada, llena de restaurantes, y que cuanto más alejados del centro estaban, más baratos resultaban. El camino para llegar a los baños sé hacia en unos 20 minutos, a paso normal. A medida que nos acercábamos había bastantes puestos donde alquilaban toallas. La taquilla está al final de la calle, pero para llegar a los baños, aún hay que caminar un poco más, por una especie de sendero montañoso y con el río a nuestro lado. Las taquillas para cambiarse, son un poco cutrecillas y al salir, se debe dejar todo lo que se lleva, bolsas, zapatos, etc. en un guardarropía de madera que hay, pero en el que no te dan ningún resguardo, ni numero ni nada. Hay que darse una ducha previa primero, con un agua caliente también, y despues uno ya se puede sumergir en aquella piscina de unos 40 m. cuadrados. El color del agua de un tono verdoso no invitaba sinceramente al baño, además las paredes de la bañera estaban en algunos tramos cubiertas de una especie de moho, pero como estaba la piscina llena, pues nosotros nos hicimos un hueco y entramos. Se estaba como en el cielo…el agua caliente, no sé de donde manaba, pero la temperatura era ideal, además, estabamos al aire libre, con las montañas a nuestro alrededor, rodeados de vegetación y en algunos instantes con una pequeñas gotas de lluvia cayendo… A 2500 m. dentro de una piscina al aire libre, en plenos andes, anocheciendo y rodeados de montañas…¿se puede pedir más? …
Poco a poco la piscina se fue vaciando, y tan solo empezaron a quedarse un grupo de jóvenes que me imagino que residían allí, y además iban acompañados por una chica que era la que les hacía como de maestra o vigilante. Al cabo de un rato, descubrimos que en un lateral el agua aún salía más caliente, y nos quedamos un buen rato allí, abrazados, disfrutando del lugar, y del momento. Como empezó a caer lluvia con algo más de fuerza, decidimos salir de allí, y regresar al pueblo, además ya era de noche. Esperamos a que la lluvia aflojara un poco y nos fuimos directos al guardarropía, y si, nos dieron todas nuestras cosas, sin ningún problema, y sin ningún ticket ni nada. Salir de los baños era algo difícil, pues como estaba oscuro, y sin ninguna luz, el camino era un poco angosto y complicado. Nuestro cuerpo estaba super relajado, los baños nos habían dejado como en una nube, estabamos bien, muy bien…Al llegar al hotel para dejar la bolsa y las toallas, vimos que toda la zona del hotel y alrededores, estaba a oscuras, como si hubiera habido un apagón. Dejamos las cosas en la habitación y al regresar hacia el pueblo, aún habían zonas en las que no había luz. Teníamos que cambiar soles y el cambio en Aguas Calientes, era más caro que en cualquier parte. A 3.38, el peor cambio que nos ofrecieron en todo el Perú, pero claro, había que cambiar algo, así que entré en una farmacia muy pequeña, de apenas 2 m. cuadrados y tuve que esperar a que la chica terminara de atender. Delante de mí, una joven pareja Peruana, muy joven, y con una niña en brazos, quería comprar ¡Una pastilla!, para su hija, pero solo una. Pregunto el precio de otra marca, pero como era más cara, cogió la que había pedido primero. En ese momento pensé en la cantidad de medicamentos que a veces tiramos a la basura, o se nos caducan, y aquella humilde pareja, quería comprar, quizás por que no podía más, una sola pastilla. Mientras la dependienta se la facilitaba, la chica le preguntó por el precio de un desodorante que estaba expuesto en una mini vitrina…realmente eran muy humildes. Despues me cambió mis dólares y Encarna y yo seguimos paseando por Aguas Calientes. Compramos también algún objeto en alguna de las ya pocas tiendas que quedaban abiertas, pues la actividad comercial va ligada al trajín de los autobuses y de los trenes al Machu-Pichu.
Enfilamos de nuevo aquella inmensa calle, que iba hacia los baños termales para buscar un lugar para cenar, y entramos en un sitio que parecía agradable pero que eran lentos, muy lentos. Creo que tardaron más de 40 minutos en servirnos un par de pizzas. Mientras estabamos esperando, entraron en el mismo lugar la abuela argentina con sus nietos. Cenamos bien aunque lentos; las pizzas que las hacían allí mismo, eran buenas, y después de cenar nos dirigimos ya hacia el hotel para finalizar el día. Avisamos en recepción de que nos avisaran al día siguiente a las 6 de la mañana, por que queríamos subir de los primeros de nuevo al Machu-Pichu…
La televisión no se veía bien, y apenas la miré, además siempre había mejores cosas que hacer que ver la televisión, en aquella habitación, a los pies del Machu-Pichu, y con el río Urubamba a nuestro lado…
DIA 13º SABADO 19-07-03 AGUAS CALIENTES-CUSCO
Y seguíamos madrugando otra vez. De nuevo a las 6 de la mañana sonó el teléfono despertador del hotel y nuevamente a desayunar casi a la carrera. Queríamos coger el primer bus para subir de nuevo al Machu-Pichu, y estar allí de los primeros, sin gentío, sin bullicio, sin aglomeraciones.
Desayunamos solos, dejamos las maletas en consigna del hotel y fuimos a comprar primero el billete de autobús, en la taquilla que esta al lado mismo de los autobuses. El billete para subir al Machu-Pichu, vale 4.50 dólares por trayecto. Se puede subir y bajar a pie, pero es una excursión un poco heavy a primeras horas del día. A las 7 menos 15 minutos, ya estabamos dentro del autobús, y yo creía que teníamos que esperar a que se llenara, pero no, no fue así, y con un poco más de medio coche lleno, subimos hacia la ciudadela.
Lógicamente el aspecto cambiaba bastante con el día anterior. Mucho menos bullicio, y pocas personas. La entrada a la ciudadela, cuesta 20 dólares por persona. A mí me parece excesiva, pero como lo que hay dentro, merece la pena, pues casi no te importa pagarlo.
Subimos de nuevo el trayecto empinado de escaleras y cuando llegamos al final, a mi vista favorita, esta vez si que nos sentamos en una piedra, largo rato, contemplando una vez más, un paisaje que te relajaba muchisisimo…¿Sería esta la magia del Machu-Pichu? …
El cielo seguía nublado pero un poco menos que el día anterior, y en algunos fugaces instantes, conseguimos ver el sol, iluminando parte de la ciudadela.
Queríamos hacer una excursión por alrededor de las ruinas, de las varias opciones que había. Una de ellas era subir al Huayna-Pichu, una excursión de unas 2 horas de subida, pero que en sus últimos tramos, es muy vertical, además hay que ayudarse con unas cuerdas que hay puestas en el tramo, y que junto con la estrechez del lugar, y la humedad, la hacen una ruta de las más difíciles que se podía realizar. Aún así, hay un montón de personas que lo hacen, pero nosotros optamos por algo más fácil. Detrás de donde estabamos sentados, partía un sendero que tras una hora de caminata, de subida, conducía al Intipunku, o puerta del sol, lugar por el cual los que hacen el camino inca, avistan por primera vez la ciudadela y que puede ser, dada su ubicación considerado como el tramo final del trayecto. Armados de ilusión y de ganas de caminar, empezamos la subida, y nos íbamos encontrando con montones de personas, de toda clase que descendían con sus sacos y mochilas; Eran los que venían de hacer el camino inca. La subida, no era difícil sí sé hacia a un ritmo normal; a nuestra derecha un montón de vegetación, de plantas, de arbustos…y de mosquitos…fue la primera vez que nos picaron en todo el viaje, y me vino a la cabeza la frase de Alex, nuestro primer guía de Puno, que nos dijo que en el lago Titicaca, no había mosquitos, pues con el frío se congelaban todos…Pues allí, los había, y muchos…A veces el sol mostraba algún tímido rayo, momento que aprovechábamos para realizar una foto a todo el Machu-Pichu, iluminado por los débiles destellos del astro rey.
Tras una hora y poco más llegamos al final del recorrido, al Intipunku. Se le queda a uno, una especie de cara de satisfacción al llegar, inmensa. Era un lugar pequeño, y compuesto de una especie de mirador con el suelo de piedras y detrás una pared con ventanas, que separan este mirador de una sala más grande, y desde la que partía el descenso por la otra cara de la montaña, el descenso al camino inca, y si sé venia de él, esta sala era la puerta de llegada.
En el mirador nos sentamos un buen rato, contemplando la vista increíble, otra perspectiva de todo el complejo del Machu-Pichu, visto desde la lejanía. Las ruinas parecían aquí diminutas, y el colorido de las personas que bajaban o subían a donde estabamos nosotros, le daba un toque maravilloso.
Pero también se empezó a llenar de personas que venia de hacer el camino inca y que se sentaban allí, a descansar, y algunos a chillar también. Entonces Encarna y yo decidimos bajar un poco por el camino inca, por la parte posterior de donde estabamos y bajamos por un tramo con escaleras unos 10 minutos. El camino se hacía más angosto, más estrecho y la espesa vegetación que ahora cubría ya ambos lados de la calzada, en algunos momentos no te permitía ni siquiera ver las montañas que había a ambos lados. Llegamos a un punto, a unas pequeñas ruinas, que daban la impresión de ser, como un puesto de vigilancia. Era una pequeña construcción en forma cuadrada, y que estaba situada en el único punto donde la vegetación daba una tregua. Hicimos fotos al paisaje que era precioso, con unas montañas verdes, esplendorosas y las nubes jugueteando por sus laderas, iniciando el camino hacía las alturas. Hacía frío, y también se notaba mucha humedad, pero respirar aquel aire, con olor a hierba mojada, le daba a uno fuerzas para subir la empinada cuesta que nuestra curiosidad nos había empujado a bajar. De nuevo en la cima, en el mirador, nos sentamos una rato, abrazados, disfrutando del paisaje, y de la calma, de la tranquilidad, de la solitud.
Al cabo de unos instantes, una chica llegó a la cima, era alta, rubia y de fuerte constitución. Se puso a hablar con nosotros y nos contó que era de California, pero hablaba un más que perfecto español; nos dijo que su padre era estadounidense pero su madre Peruana, y por eso hablaba tan bien el castellano. Al cabo de un rato llegaron sus padres, y ella aprovechó para que le hiciéramos una foto a ella con sus padres, y nosotros que nos la hiciera a los dos juntos claro.
Siguiendo en la cima, llegó la argentina con sus nietos, y era admirable, que aquella mujer que debía de tener casi 60 años, o quizás incluso más, la vitalidad y energía que tenia para subir por aquellos lugares. Pero ellos se fueron más pronto que nosotros, y a pesar de que Encarna y yo nos quedamos un rato más en la cima, luego en el descenso los atrapamos y los rebasamos.
Cuando llegamos de nuevo a la base de las ruinas del Machu-Pichu, decidimos subir por otro caminito que llevaba a lo que se llama como Casa del Guardián, y que es una casa inca, restaurada completamente con su techo de paja y desde la que se tiene aún una mejor vista de todo el complejo, pues esta algo más arriba.
Desde este lugar, también se puede hacer otra excursión que va a parar a las ruinas de un puente inca, en el que no se puede pisar, pues está medio destruido, y que lo más interesante del paseo, es el echo de estar en medio de las terrazas agrícolas y cubierto en gran parte del trayecto, por una espesa vegetación.
Decidimos volver a adentrarnos en las ruinas, antes de que los autobuses de la mañana empezaran a llenar de nuevo todo el lugar, y visitar por nuestra cuenta los lugares que no pudimos ver el día anterior, y los que nos gustaron más, volverlos a ver. Nos encontramos a parte del grupo de catalanes y que nos contaron que una parte había subido al Huayna-Pichu, pero que era muy cansado, y que la otra parte del grupo no sabían por donde estaban.
Fue el último momento en que los vimos, después ya no coincidimos en ninguna parte más de todo el viaje.
Cruzamos toda la ciudadela para terminar saliendo al otro extremo de las ruinas, justo donde empieza la subida al Huayna-Pichu.
En esta parte, se tiene lógicamente otra perspectiva de todo el recinto, y hay una pequeña plaza en la que a ambos lados, se ubica |
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