Viaje a Perú, enero 2001
Arribé por autobús a la ciudad de Lima, en el terminal Sur. Ya que también hay mas terminales, ubicados en cada punto de la ciudad. Iría a pasear unos días, a un hostal ubicado en la periferia, sobre la avenida Tupac Amaru. Pero como era temprano para registrarme, decidi ir a dar un paseo. Averigüé por una casa de cambio, y que tenia dólares y la moneda oficial en Perú es el Nuevo sol, llamado popularmente los soles. En ese momento el cambio estaba, 1 dolare por 3, 50 soles, dependiendo de adonde vallan a cambiar.
Yo tenia travel cheques, y me cobraron una comisión por el cambio, eso fue en la zona vieja de Lima, cerca del centro histórico, donde se puede llegar a conseguir 4 soles. Tengan cuidado con los que cambian en las calles. Si ven turistas, tratan de embaucarlos, lo mejor las casas de cambio.
Con mapa en mano, trate de ubicarme por donde andaba y a donde queria ir. Me habian hablado muy bien del exclusivo zona de Miraflores, San Isidro. Estaba lejos de donde yo estaba, pero preguntando, preguntando se llega a Roma, pues yo llegue a Miraflores.
El area es arbolada, fresca, con una gran infraestructura, los edificios, casas, negocios son muy modernos. Sus calles son amplias. Camine por la avenida principal, hasta dar con la costa. El paseo no me decepciono para nada, es mas, me sorprendió lo bonito que es ese lugar, sin saber, que lo mejor estaba por venir.
Mi camino se termino, al toparme con un gran y lujoso hotel, ubicado frente a un shopping mail. Me crucé para sentarme a tomar algo y descansar, cuando veo el impresionante fondo natural que tiene el mail. Un celeste, limpio y maravilloso Océano pacifico. Las olas eran el sonido del lugar, los surfistas con sus tablas, y algunos bañistas, completaban el panorama. Queria bajar corriendo al mar, pero estaba a muy arriba y las escaleras de piedras que conducen a la playa, están como a dos calles de distancia. Nunca había estado tomado una gaseosa en un mail, con el increíble pacifico detrás y haciendo compras en las modernas tiendas.
En ese momento pensé, que ahí me queria quedar, buscar un trabajo y no moverme más. Creo que eso nos pasa a todos los viajeros alguna vez. Viajamos para conocer, y a veces nos encantamos con un lugar, pero sabemos que debemos partir, igual no esta mal soñar por un rato.
Para llegar al hostal, tuve un largo regreso en autobús, como dos horas, ya que estaba ubicado en el lado opuesto de donde yo estaba. Una señora que conoci mientras viajaba, me comentó que hay gente que no conoce la playa, porque viven un poco retirados, hasta ella misma, hacia un año que no-venia al mar.
Al otro día fue al centro histórico, donde me advirtieron que tuviera cuidado, porque hay muchos pillos que roban a los turistas. En la plaza de Armas, tomé fotos a la catedral, el palacio de los Virreyes, actual Palacio de Gobierno conocido como la casa de Pizarro, y la Municipalidad sede del Cabildo conserva en el centro una pila de bronce que data del siglo XVII.
Hacia mucho calor ese día, los vendedores ambulantes, estaban de para bien, porque todos los turistas, le compraban agua helada o helado. A las 12 del día, cambia la guardia del Palacio de Gobierno, ubicado en diagonal a la Catedral. Es toda una ceremonia, vale la pena observarla, dura como una hora, ya que tocan sus instrumentos, desfilan, hasta rotar con la próxima guardia.
Tome un tour para recorrer el resto de la zona, nos llevaron a la plaza de los toros, con contaron el origen del nombre de Lima, que es sinónimo del vocablo indígena Rimac, que traducido al español es “hablador”. Seguimos al Santuario de Santa Rosa, lugar donde vivió la santa limeña. Se conserva el santuario que es un modesto oratorio del siglo XVIII. Iglesia y convento de San Francisco, uno de los mejores conjuntos arquitectónicos coloniales del siglo XVIII.
Esa ciudad muestra un enorme contraste, desde el sur hasta el norte. Se pasa de una cultura más turística y futurista, hasta otra mas latina y tercer mundista. Por eso será que me atrajo y me atrapo, de programar quedarme una semana, estuve en el país un mes. Creo que cada ciudad que recorrí merecé una nota aparte, porque hay tanto que contar y aprender que no me alcanzan las hojas.
Ines, Buenos Aires |
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