De algo se puede jactar la geología: da explicación sobre la cultura.
Michoacan: los Escalones de la Tierra para bajar al Mar.
En el principio de su terriorio, -entrada por el norte-, las Alturas son el entorno de los hombres. La civilización mesoaméricana en todo su esplendor y adelanto. La construcción de Morelia: impresionante; el movimiento humano es rápido y aclimatado. Luego, -decía Nietzsche-, "El Lago de la Patria", el descanso, para plasmar la Paz en Zaratustra. Patzcuaro.
Surge el Descenso.
Viene el desierto a prevenir del mar, que en ruda crepitación se inclina para siempre.
El terreno de Michoacan tiene la forma de escalones, las montañas hacen de pasamos para el hombre.
Abajo, nada: no más el mar. El acento de la lengua cambia (encuentra un clima tropical).
El recorrido recomendable es la llegada por Cd. Morelia. Los museos abundan -el de Arte Contemporáneo es muy bueno-, luego a Patzcuaro y sus islas.
De ahí, o hacia Uruapan -Paricutín queda muy cerca- o al Sur, la Mar. La carretera pasa por Nueva Italia, "Cuatro Caminos", Lombardía, etc., Al final, en el puerto de Lázaro Cárdenas se bifurca hacia el poniente mediante la consecusión de muchas playas. Cada alejamiento en esa dirección indica igual aumento en la virginidad de la tierra.
Llegamos a la antigua Vallalodid desde Cd. Chihuahua, después de veinticuatro horas de viaje en carretera. Era el amanecer y alguna voz rezaba en los asientos de adelante; una mujer budista que hablaba sobre la iluminación. Leía algo a una niña, mientras sostenía un cuadro con tres divinidades muy exóticas.
Definitivamente era la entrada al país de la religiosidad, incluso antes de bajarnos del camión.
La Catedral tiene sus muertos en los bloques, “cada llavesita pintada, es un muerto” –nos decían algunos lugareños; que durante su construcción “se habían perdido muchas vidas”. Fue la primera impresión. Lo que observamos en un primer plano, como fundamento y centro de toda la ciudad.
El recorrido por los museos siguió durante tres días.
De ahí partimos a Patzcuaro. La Procesión del Silencio, las máscaras. Desde un callejón, al día siguiente, subimos para ir al lago. Había un iglesia derruida que funciona ahora como biblioteca.
Sin palabras. El lago es más y aún después de tanto tiempo, misterio. A pesar de los motores, de las lenguas extrangeras, a pesar de todo lo que ha hecho el turismo contra la individualidad de los pueblos.
Seguimos a Uruapan. Bajando en el calor de cerros secos que se incendiaban con la hierba.
No supimos cuando atravesamos la cortina del trópico marino; nos recibió una iguana en medio de la carretera, pero nuestro “taxista” decidió ser un guía de turistas espontáneo. La estampó en el parabrisas, y me mandó a recogerla.
En Playa Azul vimos el mar definitivo, Arrogante, Mítico, Inexorable. |
Publicar en
|
¿Qué te pareció este diario? |
|
|