Los Valles Calchaquíes son para el cielo estrellado, el lugar donde vive la luz de los ojos que miran, de noche, el techo del mundo desde arriba. Porque en Cacha, los Valles Calchaquíes están bien altos y los cielos mas transparentes que nunca.
El viajerito entro a Cachi por el camino de cornisa, camino caracol, camino de tierra que desde Salta sube a la cordillera y al cielo. Por eso, después de una semana oliendo la grasa y la tristeza, la bella pobreza de sus calles, el gran Salta que rodea a Salta la linda, el viajerito rumbeo al sur y busco los caminos que lo llevaran otra vez a los míticos valles donde la resistencia Calchaquí se hizo sentir hasta la mitad del siglo XVII. Y el relato del camino a Cachi es tan valioso como el mismo pueblito a la vera del río.
El trayecto Chicoana/Cachi que por la ruta de tierra dura unos 30 kilómetros le permitió al viajerito ver como de la exuberante yunga se pasa sin notarlo al valle calchaquí seco, de cardón y sol. De la humedad extrema del bosque al seco y frío de la altura en apenas una curva, en un doblar la esquina.
Trepa el bus la quebrada por el río, serpeando mientras se eleva, lamiendo la falda de las montañas busca el paso al otro lado. Abandona el camino, solo y al fondo de la quebrada, al río triste mientras salta entre cardones y piedras de colores. En un ratito el viajerito se encuentra tan de repente en una calesita de curvas y derrapes, subiendo y subiendo la seca cuesta de la montaña por un camino inverosímil de angosto, de precario
Y las montañas se aparecen enormes, crecen de tamaño como gigantes y toman los colores del sol. El bus trepa por cornisas estrechas, algunas crucen jalonan el borde del camino en recuerdo de los muertos, en recuerdo de accidentes pasados. En un tramo el camino tiene por techo la montaña, en una especie de túnel al que le falta una pared; otras veces la caracola que describe el bus nos lleva por parajes extraños con las rocas semejando monstruos, gigantes. Y la altura trae el viento frío, la vegetación escasa, la piedra y el cardón. A la Quebrada del Escoipe le sigue la Cuesta del Obispo, y a este el abra que nos da paso al Valle Calchaquí.
Una recta infinita atraviesa el Parque Nacional Los Cardones, el cielo y la tierra enteros también. Una recta trazada con fogatas por los lugareños, en la noche, para que vialidad se guíe en la construcción de una recta perfecta que corta el abra con una velocidad envidiable y nos lleva directo al cruce Cachi/La Poma, donde algunos pactan con el demonio sus cosas.
El viajerito invoco a Ala, el único, el misericordioso.
El pueblito de piedra
Los techos de las casas de Cachi tienen decenas de caños de desagote del agua que raramente cae sobre Cachi, porque la paja, la caña y el adobe son los materiales de las casas del pueblo y la forma de construcción de las mismas exigen paredes mas altas. Para que no se hagan piletas en los techos desagotan rápido por los numerosos caños. Cachi es un pueblito de piedra de construcciones coloniales mezcladas con materiales y concepciones de los pueblos originarios, de calles estrechas y anárquicamente dispuestas en relación al damero español. La plaza principal esta profusamente arbolada y tiene seis portales de piedra en todos sus accesos. Una plaza de piedra y hojas.
La vida en Cachi circula por la plaza porque muchos van allí a dirimir desacuerdos, tejer amoríos y verse las caras nuevamente. Los empleados públicos de Cachi trabajan cerca de la plaza, los negocios de venta están allí, los hotelitos, las pocas calles asfaltadas, la iglesia y el cine cerrado. Los turistas disponen allí de los únicos pubs occidentales frente a la plaza y los locales de los locales juegan la competencia casi sin mirarse las caras.
En Nevado de Cachi
El camino por las chacras hasta las pailas y el acceso al nevado de Cachi fue también un viaje dentro de un viaje. El bus urbano saltaba en el caminito de tierra vomitando gente que se escondía en los costados de la senda. Subía el bus entre plantaciones discutidas al desierto, a la sequía que se había llevado de Cachi hasta las nieves eternas de sus cerros. |
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