
diarios de una aventurera
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Solo quedando horas para emprender nuevamente otro largo viaje, caen mis lágrimas de remordimiento y dolor por no pensar. Remordimientos que sacuden cada neurona. Cada espacio de mi alma y mi espíritu se arrastran por los confines de mi mente. No sabía que toda aquella experiencia era parte de una enseñanza más para vivir. Reí y lloré, más eso no me detuvo para llegar a donde llegué. Con mis sueños en las manos y llena de energía pisé una tierra nueva y me lanze a caminar, fueron kilómetros de esperanza, una nueva vida y sueños que una vez más me ponían a prueba. Santíago de Chile, 31 de Julio de 2004, (3:45 am)... un frío me cortaba la respiración y al mismo tiempo el recuerdo cálido de otra tierra lejana...Puerto Rico. Una nube de alegría y nuevas expectativas cambian la angustia antes sentida y empieza la aventura. Al fin llegó, Hostal Amazonas Calle Rosas entre alguna esquina de Cammings con Maturana. Mi rostro cae en la almohada que por algunos días será mi nueva compañera de cuarto. Duermo con la idea de ver y caminar siempre a mi norte y así despierto, con el norte en el espaldar de la cama. 1 de Agosto de 2004 (2:08 pm) salgo y camino por aquellas calles donde se derramó tanta sangre y dolor. Sus rostros cabizbajos gritan su historia en silencio, aquellas de Víctor Jara, Salvador Allende, de los tantos desaparecidos que el recuerdo enmarca, de aquellos que sus voces opacan y que aún son llamados. Gritan: Revolución!, Odio!, Guerra!, Muerte!. Voy aprendiendo que todo tiene solución, en muchos casos. Pasan las horas y yo continúo peregrinando entre la historia de aquella gente para así entrar a mi propia historia. Observando continúo en silencio con mil preguntas de un porque? Justo de un bolsillo de mi mente brincan y corren a lo extenso de las calles, perdidos entre kioskos y mas gente. Yo entre tanto con mapa en mano dirigiendome hacia todos lados y a ningúno al mismo tiempo. Perdida entre el pasado y el presente comienzo a preguntar. Donde está...? Como llego a...? Nuevas direcciones llovían sin parar de norte a sur en Santíago de Chile. 2 de Agosto (Alguna hora de ese día...) al caer la noche, el ambiente se torna de ritmos e historia. Cánticos y coros se sienten en un extremo de la avenida. Del \"Bali Hai\" salían notas rústicas y fuertes sonidos se hacían escuchar. Los cuerpos se extremecian de lado a lado con brincos, saltos y danzas sensuales. Bellas mujeres bailaban al ritmo de Rapa Nui, movían sus caderas llenas de flores y sus miradas hipnotizaban todo aquel que a su vista llegaba. Hombres corpulentos, marcaban el ritmo con fuertes pisadas y voces nativas cantaban sus coros. Allí en Bali Hai, conocí a la gente más bella de la isla Rapa Nui, no precisamente en ella. Los ancestros llamaban por su sangre y el ritmo llamaba por su danza. Makarina y la isla bella de Rapa Nui, una bella historia o una misteriosa leyenda, quizas ambas..
3 de Agosto de 2004, los ritmos bajaron, pero los sentidos se activaron y llegaba a su paso mucha gente de quien aprender. Desde otro lugar muy tropical, bellas playas me traían en una ola a toda velocidad a un surfista muy divertido. Cris, era un chico de Malibú, California que llevaba tres meses en Santiago quizás jugándose la vida como yo me juego la mía. Cada uno con diferentes culturas, costumbres y barreras, pero con igual sentido de explorar. De explorar lo que sea! claro subir montañas, esquiar, caminar por los volcanes, hacer trekking en los glaceares o exponerse al frío largas horas...todo ese tipo de exploración extrema. Asi compartimos pasados los días entre fríos, lluvias y muchas luces, caminando de calle en calle, de bar en bar, de muchas fotos y mucho hablar. Los dias se fueron y Cris tambien, los recuerdos de un buen amigo se guardaron en un cajón y con el mismo frío y la misma lluvia había que continuar. Los días traían más frío y muchas almas exploradoras por rincones desconocidos, yo entre ellos.
Buscando entre las calles mojadas un lugar donde dormir encontré a Graciela, la chica que trabajaba en el proximo lugar donde la almohada iba a compartir junto a mí sus mas atrevidas historias. Graci, como muchos la llamaban abrió a la puerta ese miércoles lluvioso y entre dulces y ricos olores que desde la cocina se filtraban me dio la bienvenida al Santiago Hostal. Cuantos dulces, cuantos pastelitos y galletitas nos preparaba la Graci para que la tristeza de no resgresar no osara en el camino. Pero en el camino osó Julia Schneider la instructora de sky, Jaime, Miguel Noruega el peruano, Felipe el hermitaño entre tambores de madera y países, la americana, los tres de Inglaterra, la tanta gente de Alemania, el grupo de sky de Colombia y los tantos que antes y después dejarian su huella. Un verdadero potpurri de nacionalidades que edificaba todas las naciones en un solo continente, Sur America. 6 de Agosto de 2004, En el vuelo 921 de Lan Chile a las 9:00 am, yo iba rumbo a Buenos Aires. Pasó por aduana, migración, el chequeo, las maletas, gente que deja mil historias y se llevan mil lágrimas, unos que vuelven y otros que vuelven solo en sueños o angustias. Mil anécdotas en un terminal. Yo monto mis deseos en el avión y hasta horita, te veo! Dan las 11:00 de la mañana y ya estoy muy cerca de la tierra gaucha, el tango comienza a hacerse sentir y un acordeon bien tocao saca notas regalao. Es Buenos Aires, con sus calles enormes, carriles de sueños y tres pesos. Milongas sueltas, ritmos y acordeones es lo que se disfruta de una cultura y su gente. Camino fuera del terminal con bulto a cuestas y una pregunta. A dónde voy? Tomo un taxi con rumbo al centro. Milonga, milonga, milonga que haces con esa milonga. Dame comida, dame agua, échame un cuento y muéstrame mi cama. Si, allí dormí en un lugar del centro llamado Milonga, una antigua casa estudiantil, con un aire colonial y de antiguedad que albergaba jóvenes, Ayacucho 921, Bs AS. Más almas se destinaban a conocerse y a ser parte de la historia de Buenos Aires... William de Australia, más gente de Alemania, el chico de USA, Gabriela la argentina, de Brazil con sus ritmos venía un chico a hacernos mover, un chico de Finlandia, tambien desde México con Frida llegaban y se iban, Francia con mucho caché y una lengua exquisita tambien nos visitava. Rompiendo las fronteras, de Chile tambien llegaban 3 chicas, que curiosamente compartirían el cuarto conmigo. Miles eran albergados durante el año y ahora ese grupo formaba la jornada de ese verano. Con muchas ganas tomé otro taxi ya instalada en el hostal y pedí que me llevara a las oficinas de \"Buquebus\", una compañía que da servicios a Uruguay, asi fue como conocí Colonia, montando por tres horas en un bote de camino hacia allá. Fue en Colonia donde conocí a Eduardo, un madrilecho muy \"buena onda\" que viajaba igual que yo. Juntos compartimos todo ese día, otra vez entre calles frías, bellas fotos y mucha comida. Me conto de sus viajes por Africa y Egipto, de las corridas de toros de San Fermín, las famosas Tomatinas y porsupuesto de la \"Boda Real\", como olvidar a Doña Leticia y Felipe de Borbón. Cenicienta personificada, es como ver que la novela mas patética que hayas visto se vivió en tu pueblo! Cuentos de Hadas que eran solo en Disney, ahora quedan mejor en España. Entre tanto en Buenos Aires se tomaba el \"mate\" con la bombilla, yerba, agua tibia y el embace. En Colonia el \"mate\" es también como el café de la mañana, sin duda todos los días. Eduardo y yo, escuchábamos cada historia de lo que se vivió en aquel pueblito, comparábamos casas de aspecto colonial con aquellas de ladrillos portugueses. Se cree que primero llegaron los portugueses a Colonia, a eso mismo, colonizar y luego los españoles, a rematar. Se podía observar las casas una junto a otra características de cada epoca(siglo 18) la del lado derecho de ladrillos y colores pasteles significativo de la cultura, al otro extremo se levantaba una arquitectura sencilla donde el blanco te hacía achicar la mirada. Caminando un poco más al sur podias ver como los árboles se abrazaban a cada extremo de la carretera formando un túnel que justo daba a orillas del majestuoso rio la Plata. Allí en las orillas de ese Río se sentían las divisas, no en este caso hipotéticamente. Las fronteras se podían ver, por que el mar de la Plata separa la igualdad físicamente, pero se veía florercer en algún lugar el apego cultural del famoso \"mate\". Así entre grandes mares de fe y abrazos de árboles atunelados, volvimos a Buenos Aires. Una vez en la gran cosmopolíta fuimos hasta la Recoleta, zona muy típica, donde se encuentran los más populares restaurantes y bares. Allí entramos a un restaurante que para mi sorpresa, un acordeon se hacia llorar, aquellas fueron las notas más sensuales de un tango que pronto iba a ser bailado. Aquellas piernas se deslizaban por el piso ya marcado con una impecable postura, dos cuerpos de frente totalmente erguidos derramaban a sudor la pasión de un baile de burdel. Eso era el tango. Comimos, reimos, hablamos, observamos cada cosa a nuestro alrededor, pagamos y nos fuimos. Pasado las 10:00 pm, era hora de partir cada uno por su lado y que Dios nos acompañe. Un fuerte abrazo y el beso a lo Madrid, mejilla izquierda, mejilla derecha, fue por la mallorca, la tortilla española unas castañuelas, varios zapatazos y me fui. 8 de Agosto 2004 ( 9:00 am). Despierto rápidamente por los gritos del gallo que guardo en mi reloj y comienzo a ordenar porque esta noche será larga y de guagua. Me doy un duchazo en un baño tibio cuando en ocasiones el calefactor no está cansado y emprendo una gira solitaria por 3 lugares típicos de Buenos Aires. Luego de unos minútos estoy frente a colores expresivos, gente caminando en manadas, pintores, artistas que exponen sus grandes piezas que lamentablemente solo ellos conocen y que solo ellos son dispuestos a pagar porque la trabajan, parejas baliando tango, más acordeones sonando, turistas con rollo y cámara en mano, kioskos, restaurantes y más bares era lo que se observaba en el famoso \"Caminito\". Sí aquello tenía nombre y apellido, Caminito y la Boca de Buenos Aires, una estrecha calle que albergaba mil cosas que ver y disfrutar. Caminé sin prisa pero concisa en mi tiempo y vi tantas cosas, tantos bellos colores que aún recuerdo y los puedo expresar, eran rojos, muchos verdes, tantos azules y amarillos, violetas, naranjas mezclados con las ramas de árboles secos que combinaban un perfecto matiz. Era como si todo fuera tan perfectamente armonioso, una verdadera obra de arte. Impreganda mi alma de mil colores y caras monté y llegué a la famosa feria domingal de San Telmo. Una Gran feria que solo tenía lugar los domingos en esa calle, donde las cosa más extraña y antigua que buscaras de seguro la hallabas. Era como tener una gran feria en el patio de tu abuelita mas anciana. Podías ver ropa colgada en estantes, zapatos mostrándose en el piso, los collares y aretes más antiguos que jamás imaginabas encontrar, a solo pasos del proxímo kiosko, sortijas de diamantes y piedras preciosas esparcidas por todos lados, lámparas, mesas, relojes,
chaquetas de lentejuelas, fotografías, pinturas en marcos, verdaderamente una feria de añejamientos antiguos. Mientras en un lado se podía ver toda esa gama de cosas de la abuela, al otro lado podías ver personas pintadas de cuerpo completo que ni tan siquiera se tocaban la nariz, no se movían. Apenas respiraban o parpadiaban, trepados en un estante de madera estaban horas observando los cientos de personas que caminaban y escupían uno que otro \"oh\" de fasinación y en otro cajón, algunas monedas entraban de gratitud o compasión. Llegando al final de la calle, varios restaurantes con un aire europés, abren sus puertas a los miles de turistas que cada año desean probar sus suculentos platos. Frente a sus puertas, mesas se esparcen por la acera con sombrillas y sillas para bautizarles el estilo. Transeuntes caminas frente a sus puertas, unos con rostro de hambre solo miran de reojo, mientras que otros entran, mordisquean, olfatean y se van. Los pájaros brincan a tu mesa después de intentos furtidos por un pedazo de pan, y un hombre se acerca a compartir su poema. Allí conocí a Eugenio Majul, un escritor, poeta, caminante e historiador de su propio dolor que a sus sesentaipico aún continuaba un viaje por los suburbios del olvido con libros y papeles en manos para no olvidar que aun vive. Me presento a Llovíznas y me dedico:
\" Para la espléndida juventud de Jocelyn. Eugenio Majul, 08/08/04 - Buenos Aires, Argentina\". A mis hijos, A la vida, A mis horas felíces, A mís lágrimas calladas, A la gente, a la tan ansiada paz, A partir de ahora mis íntimos pensamientos, llovíznas de algunas de mís nubes... curiosamente no gríses.
--Eugenio Majul
6:00 pm, entro a la estación de buses para buscar mi anden (salída). \"Anden entre el 37 y el 41\" avisa el micrófono desde algún lado de la estación. Espero la llegada de mí bus para montar por 17 horas en él y aventurarme al Iguazu . Justo al mínuto 28 llega el Expreso Trigre Iguazu, una couch classic color morado con díbujos de selva alusivo al destino que se detiene frente al número 40. Mi corazón se impacienta por entrar y tomar asiento en tan cómodo vehículo. Deposito mi equipaje, un pequeño bulto de espalda y subo al bus. Ocho asientos calificados tipo Coche-Cama estaban esparcidos por la parte inferior del auto bus. Mi asiento número 37 justo detrás de los sanitarios, sería mi trono por unas horas. Tres jóvenes de Inglaterra me acompañarían el recorrido intercambiando algúnas palabras, mientras el sueño no nos ganara la batalla. Las horas pasaron lentamente pero constantes, apenas se escuchaban susurros de voces intercambiando algún argumento. Estaba cansada y con hambre, a eso de las 10:00 pm el mesero trajo con junto vandejas con arróz y papas en guisado, jugo y una galleta. El silencio fue interrumpido con sonidos de cubiertos y abrir de botellas. Se podía escuchar a la persona más lejana saborear su plato de comida. Todos estábamos contentos de recibir semejante manjar, después de todo teníamos hambre. Las bandejas fueron recogidas y las migajas sacudidas de las sabanitas que nos arropaban. Hicimos digestión entre velocidades de 70 millas por hora, películas, palabras compartidas y sueños esparcidos que seguramente llegaban flotando desde el norte. 17 horas más tarde ya estábamos en el distrito de Misiones, Puerto Iguazu norte de Argentina. Allí nos esperaba a cada uno solitariamente una aventura que vivir y un recuerdo que llevar a casa. Tomé un taxi al salir, dirigiéndome al hostal que había reservado, al llegar vi una casona de madera estilo rustica rodeada de árboles y flores con un letrero en frente que leia \"Sumaj Youth Hostel\". Sin espectativas ni prejuicios entré y para mi sorpresa estaba Diego a mi espera en el cálido y humilde counter de la casa con llave en mano para mostrarme mi cuarto. Caminé por el pasillo y doblando a la derecha encontré dos cuartos uno de ellos ya habilitado por 2 chicas que hablaban entre sí un idioma enredado y rápido proveniente de algun país del norte de Europa, mientras que en el otro cuarto estaría yo compartiendo con una cama vacía en espera de algún transeunte explorador. Una ventana a mis espaldas daba vida al sonido del viento y al silbido de los pájaros que por los alrededores volaban. No habían cuadros, teléfonos, televisores, revistas, no había nada que nos distrajera de nuestro viaje mental por aquellos confines inexplorables de la tierra solo la naturaleza en su plena presencia. Durante los próximos días estaría en un paraiso compartiendo con la madre tierra y almas solitarias todo en armonía, en perfección. Una vez instalada en el cuarto decidí salir a conocer Misiones, precisamente el mismo pueblo que le dio cuna al famoso Ernesto \"Che\" Guevara, cuadras más abajo. Bajé varias cuadras y esperé el microbus regional que viaja a foz du Iguacu, zona brasileña de las cataratas, fue un recorrido de 30 minutos. Al llegar pude ver la impresionante entrada que tenía el parque, miles de árboles se levantaban y sus grandes raíces se incrustaban en la tierra pidiendo sangre y almibar. Caminé a la fila y me detuve detrás de una chica delgada y pati larga, tenía un aspecto amazónico, su piel era cobriza y radiente, su pelo eran largos mechones color ambar y azabache que jugaban de lado a lado en su espalda mientras se dezplasaba por la fila, junto a ella un chico también delgado, sus músculos definían cada rincón de su cuerpo y sus ojos color amarillento hipnotizaban mis sentidos, sus cabellos caían suavemente por su rostro radiante y sensual. Tenía una camiseta de hilo color blanca que se movía suavemente por el viento y unos pantalones que le hacían un perfecto juego. Sin duda alguna, ellos eran brasileños. Frente al counter de compra de boletos estaba otra chica, esta era de aspecto robusto con su pelo corto, un tanto tez obscura y de mirada fija. Le pagé con unos billetes argentinos, mientras ella sacaba de su gaveta el cambio en reales y me daba el ticket de entrada. Sonrientemente me despedí. Algunos minutos luego y montada en un tren comenzaba el recorrido por la selva de Iguazu. Aquella flora daba refugio a un sinnúmero de pequeños animales que a cada minúto se dejaban sentir. Pájaros volaban entre las nubes, cotorras cantaban para todos sus visitantes, coatíes corrían en busca de algún snack que un buen turista le obsequiara. Miles de mariposas nos acariciaban la piel con bellos colores, nos rodeaban como en un torbellino de sensibilidad ante tal belleza. Aquellas mariposas se sonreían al vernos, sabían que respetariamos su habitat y que no las matariamos, se posaban en las manos, el rostro, los hombros, el pelo, se dejaban fotografiar. Eran bellas adas en miniatura volando sin parar que venían de lejos y lejos se destinaban a llegar. Entre las mariposas y los altos árboles y palmeras se escuchaban caer los cristales de agua que rompían el fondo del caudal, crujian con potencia, se hacían escuchar... Miles de toneladas de agua caían en fracción de segundos y se sentía ese vapor de agua causado por la gran caída. No sabía de que lado estaba, norte o sur era lo mismo: agua, fuerza y belleza natural. En la confusión, me perdí y cuando cobré la noción de donde me encontraba, el lado
argentino me rodeaba. Miles de caídas me rozaban la frente y cada vez era más la belleza que se experimentaba. Arcoiris cortaban el agua con sus colores entre palmeras y flores mientras un gran tucán alzaba su vuelo en el horizonte. Más y más fuerte se escuchaba rujir el agua y mi sangre marcaba el paso de su corriente. Al fondo se expandía el panorama tal y como lo habíamos soñado desde el inicio. La Garganta del Diablo, como llamaban la caída principal era un brazo de agua torrencial que se desplazaba con fuerza desde el horizonte total del altiplano terrenal con dirección vertical a una altura de 80 metros. Una vez parada allí como una simple gota de un gran océano solo me quedaba una cosa por hacer: Dar gracias a Dios por darme la oportunidad de simplemente estar ahí. Y medité en el más dulce silencio y realizé que un día, muchos...toda una vida.
Mientras corrían las horas a velocidad en alguna gran ciudad, las nuestras se paseaban delicadamente entre verdes y flores pensando en la belleza de una tortuga. Entonces se unió William, un chico australiano de unos trenta y pico que era un vagabundo de sus ideas, forastero de su ansiada sed de conocer. En Iguazu compartimos fotos, vistas, panoramas, risas, opiniones y alguna que otra gota de agua. Junto con nosotros se unieron dos chicas, esta vez desde muy lejos cruzaban mares y continentes tanto Susan como Cristin quienes saludaban desde Suiza. Dos chicas totalmente blancas con sus pieles delicadas y cabellos color oro pulido sonreían y caminaban con nosotros. Fueron lindos momentos el compartir con personas que desde países distantes, rompían barreras de limitaciones y miedos solo por aprender una inolvidable experiencia. Se hizo de noche y en el pueblo de Iguazu reinaba la tranquilidad y el silencio, solo una que otra esencia humana caminaba por sus calles. Nosotros nos dirigiamos a comer algo y a platicar un rato. Más adelante nos encontramos con un restaurante llamado Pizza Color a cuadras de la casa donde todos nos hospedábamos, allí sentados Cristin y William de un lado de la mesa y Susan y yo de otro lado, compartimos por varias horas. Cada uno ordenó una pizza personal, Susan, Cristin y William la ordenaron Napolitana la cual tiene Queso, Tomates, Jamón y Aceitunas Verdes mientras que yo la ordené de solo vegetales, Queso, Tomates, Pipiento Rojo Dulce y Aceitunas Verdes. Luego de unos minutos las bandejas no cabían en la mesa y no sabíamos por donde empezar, cada uno agarró un pedazo y se lo llevó a la boca, el queso se estiraba como hilos por todo el plato y las aceitunas rodaban por el área, realmente no podíamos contener el equilibrio entre la pizza y la distancia de la boca. El queso caliente mezclaba los sabores de los ingredientes que nos disponíamos a degustar y el sabor de la pizza era evidente. Así devoramos el primer trozo, el segundo, el tercero y ya para el cuarto no podíamos casi respirar. Apenas nos costaba hablar de lo llenos que nos sentíamos y las barrigas empezaban a expandir su contenido. Pasaron algúnos minútos y decidimos pagar, luego nos despedimos satisfechos y contentos, nos colocamos nuestros jackets, bufandas y guantes para salir a la calle. Caminando paramos en un kiosko de un ciudadano humilde y compramos varias municiones, unos empaques de galletas, jalea, jugos, frutas y porsupuesto un litro de algún rum, pagamos y nos fuimos al Hostal. Sacamos el rum, 4 vasos y un brindis hechado a la suerte por cuatro exploradores del mundo que juntos compartían esa noche para nunca más volverse a ver. Al día siguiente William y yo decidimos aventurarnos nuevamente a otro confín muy cerca de nosotros el Puente de las Tres Fronteras, Ciudad del Este, Paraguay. Aquella ciudad de Paraguay era verdaderamente un festival de mil cosas para encontrar, camisetas, pantalones, zapatos, calculadoras, relojes, peines, un sin fin de chucherías ambulantes esparcidas por las mesas. Conforme al ambiente, habían animales correteando por el lugar, cientos de carros desesperados por pasar, gente gritando, un caos total, un Japón Hispano. Caminamos entre todo aquel avispero cansados y calurosos, la temperatura subía a unos 68 ó 70 F y experimentábamos un fuerte dolor en las piernas de tanto caminar. Luego de buscar entre todo un lugar para descansar y comer algo, encontramos un pequeño local abarratado de gente y decidimos entrar. Dentro pudimos ver muchas mesas y personas comiendo en ellas, entonces desidimos comer allí también. Le hechamos una dudosa ojeada al menú y luego de argumentar ingredientes y salsas ordenamos. William ordenó arroz con salsa de una carne que nunca vimos y yo tallarines con arroz en salsa de seguramente la misma pobre carne. Para nuestra sorpresa terminamos llevándonos los dedos a la boca porque las porciones eran un manjar en tierras lejanas. Montamos el autobus de regreso a la ciudad de Iguazu para ya no regresar. Atravéz de la ventana del autobus podíamos ver como los edificios del viejo mundo se achicaban y los otros del nuevo mundo se volvían imponentes ante nuestros ojos, estábamos pasando la frontera. Dos horas con algunos minútos más tarde ya nos encontrábamos en la ciudad caminando para el Hostal y comenzar a empacar ya que esa misma tarde saliamos a Buenos Aires.
Un fugaz baño me enfriaba el cuerpo y sacudia la mugre del atareado dia, para vestirme y correr al terminal de autobuses y montarnos. Así sucedió, corrimos varias cuadras con bultos y bolsas a espalda para poder llegar a tiempo. El reloj marcaba las 5: 25 pm, 5 minutos más y nos teniamos que poner a mendigar en Iguazu por encontar un lugar más, pero afortunadamente al conteo de esos 5 minutos ya teníamos un pie en un escalón de la impresionante guagua de la comañía Expreso Tigre Iguazu y el otro peleaba por quedarse en aquellas tierras quizás mendigando o quizás soñando, quizás viviendo o quizás muriendo, pero, allí definitivamente... presente o ausente. Nueve horas habían transcurrido desde entonces y todos dormían tranquilamente en sus asientos, solo se escuchaba el sonido de los calefactores trabajando arduamente para mantener la temperatura en balance. Todos en silencio dormían entre cabezasos deliberados que sin querer se escapaban del control de los asientos. Durante las próximas tantas horas todo permaneceria igual, poco a poco el alba daba sus primeros álitos de vida e intensos rayos de sol filtraban las densidades de los cristales y ventanas para darnos un nuevo día lleno de fuerza . Un leve olor a café nos despertaba y nos endulzaba la boca, para hacerle desear como cuando un niño desea tanto abrir su regalo de nuevo año. 17 horas ya habían pasado y el bus se detenía ante su terminal una vez más rutinariamente para despedir a sus pasajeros y saludar tantos otros que seguramente se aventuraban a experimentar la fuerza de la naturaleza y la purificación del agua en el pueblo de Iguazu. William aún estaba en escena y estaría en el mismo Hostal que yo por unos días más. Caminamos muchísimas cuadras, cruzando enormes avenidas llenas de carros, motoras y personas hasta llegar al mismo Hostal del principio de la temporada. Abrimos la puerta y una amable chica estaba en el counter esperandonos y las notas de una alegre musica de fondo animaban el salón. Atravezé el pasillo para dirigirme a mi dormitorio asignado, darme un baño y salir a cambiar algo de dinero. Entré a un local de cambio de monedas cuadras más arriba y luego de intercambiar los dolares por pesos, salí con bolsillo lleno de vuelta a la calle. Precicé un gran teatro de películas frente a una de las avenidas y vi que promocionaban una película de la vida del Che Guevara llamada \"Diarios de Motocicleta\". Entré, compré el boleto y me sente a verla, trataba de su vida durante un viaje que él y un amigo habian dado atravéz de Argentina y Chile con destino a Venenzuela cuando tenían algunos 17 años. Fue tremenda experiencia ver como su vida era para aquellos años, ver como contra vientos, frios y mareas él lograba lo que deseaba y sobre todo era la voz de los que no hablaban. Defendió los derechos humanos y era un liberalista, un guerillero de la paz y la esperanza. Combatía el discrimen y la explotación humana, además que apoyaba contra la injusticia estatal. El tipo fue héroe de la patria argentina para el mundo. Resumí que dentro de cada uno de nosotros hay un Che gritándonos \" Seamos realistas, hagamos lo imposible\". Cuando se hace lo imposible, ya nunca jamás imposible será, entonces: qué es lo imposible? Salí del teatro con el \"Che\" encendió y entré al hostal decidida a dejar mi huella en ese lugar, entré a una de las salas de estar y entre computadoras y muchas huellas, anoté en la pared \"Desde países hermanos, mezclando culturas vivas entre muchas vidas, he caminado por estos confines y no me quejo\". Las almas de todos los forasteros que por allí pasaban , quedaban incrustadas en aquellas manos que en la pared se dibujaban. Más tarde esa misma noche compartíamos en un bar de la ciudad, curiosamente el último.
14 de agosto 8:00 am, con mis ojos cansados y con sueño tuve que salir de la cama para prepararme y encaminarme de regreso al aeropuerto, allá dejaba yo los sueños gauchos, el sensual tango y la milonga para regresar al valle del vino y el pisco soure. Más adelante las montañas de nieve separaban y las fronteras eran reales a los 4 puntos cardinales, donde al norte un desierto derretía al más fuerte gladiador, al sur el frío austral paralizaba la vida a su alrededor, al oeste las costas expandían grandes mares y al este esas grandes montañas se levantaban para nunca más caer. Anunciaba a Chile. Solo me restaban 5 noches más y era preciso sentir como la nostalgia se adhería con fuerza en el espíritu por no salir de ese paradisiaco lugar. Entonces la cuenta regresiva comenzó lenta pero muy esperada lamentablemente al final. Nuevamente aterrizan mis pies en la tierra y llego al mismo hostal en Providencia, para mi sorpresa me recibe la dulce Graciela nuevamente con aromas exquisitos que una vez más filtraban a tientas por una rendija de la cocina. Budines, más tortas, una galleta por aquí y otra a la boca. Graciela era parte del recuerdo de cada transeunte que allá depositaba sus recuerdos en la almohada. Siempre con una sonrisa bien marcada, ese acento argentino que no soltaba y su pelo alborotado como en destellos solares la hacían unicamente auténtica. Siempre me contaba de los chicos que conocía y de las experiencias de su vida, afortunadamente nos hicimos muy amigas y pudimos compartir muchos fríos, cuentos y teses muy calientes.
Graci, siempre sera recordada no importa el tiempo ó la distancia que separen a cada uno de los viajeros, ella estará viva en el recuerdo universal de cada vida.
Sentada en una de las salas del hostal, recordaba la experiencia explosiva que fue caminar sobre las montañas de nieve y subir alguna parte de su altura. Recuerdo que fue quizás la primera semana del viaje. Ese día me acompañaron varrias personas en un bus privado que nos recogia a cada uno en la puerta del hostal. Eran las 9:00 de la mañana y apenas tomando los primeros sorbos del té escuché la bocina del bus que sonaba en frente. Good morning , me aventuré a decir en el único idioma que conocía, esperando una amable respuesta, claro las respuestas son inesperadas en esos rostros extraños... bonjour! comment allez-vouz? Je m\" applez Rina, Comment t\" appelz? contestando sin ton ni son: Je m\"applez Jocelyn, je viens des caraibes!! Puerto Rico. El resto de la conversación fue entre mímica que a veces se perdía por las vistas panorámicas que se apreciaban a nuestro alrededor y un mal inglés que mascullabamos las dos. Además nos acompañaban 3 chicos de Brazil y uno de Colombia junto a dos chicas locales. Luego de presentarnos por nuestro nombre y reír por las diferentes lenguas que nos separaban solo un poco, nos integramos de lleno en el circuito preparado para el día. Nuestra misión era subir a los centros de Sky para fotografiar las vistas naturales, osarnos al deporte voluntariamente si alguien quería y vivir la experincia de subir por las montañas de los Andes. El subir a los centros de sky no fue fácil, fueron unas 78 curvas casi redondas que experimentamos para poder llegar a Farallones, El Parva y el más importante Valle Nevado. Se escuchaba un silencio ensordecedor en ese bus, uno que otro quejido de naúseas y colícos a causa de las curvas y un flash que en ocasiones hacia de las sulyas. Al llegar al primer centro, el bus se detuvo y nos bajamos con cámara en mano temblorosos y pálidos. Caminamos hacia el interior del complejo de sky, personas entraban y salían, jóvenes con sus perfectos equipos de snow board se preparaban para sentir un poco de adrenalina, mientras que otros solo observaban ya cansados de tanto practicar. Niños jugaban y se revolcaban en la nieve. El grupo caminaba entre las personas con sus palitos de esquiar en el campo de práctica. Unos se caían, otros forsejeaban entre si para no caer, mientras que otros se deslizaban con perfecta coordinación, era todo un espectáculo. Eso mismo se vio en todos los centros de Sky donde cada invierno eran visitados por manadas de personas desesperadas por experimentar una tirada desde algún punto alto de la montaña y gritar no precisamente \" I\"m the king of the world\". Para nosotros aún lo mejor estaba por darse; Bajando de los centros, lo único que se podía ver eran blancas montañas impresionantes que se levantaban a lo alto sin piedad a ningún osado y nosotros frente a ellas como pigmeo nos aventurariamos a desafiarlas con nuestros sentidos. El autobus se detuvo y nosotros bajamos a brincos de alegría y ansias. El cielo se veía totalmente despejado y desde algún lugar un frío viento nos recordaba el desafío, por el aire se paseaban dos cóndores que sin dudas nos observarían desde el firmamento. Nos preparamos para empezar a ascender con nuestros bultos, cámaras, gafas de sol y botellas de agua. Un sentimiento de temor nos intimidaba, pero el paisaje nos daba fuerzas para seguir adelante y no mirar atrás. Las pisadas se enterraban a unas 8 ó 9 pulgadas de profundidad y cada vez se hacía más incomodo caminar. La Montaña estaba localizada a unos 2, 745 metros sobre el nivel del mar, algo no tan alto en comparasión a sus vecinas montañas. La más alta de todas es el Aconcagua con 6,960 metros sobre el nivel del mar, pico donde se encontró un entierro Inca de un niño sacrificado por su tribu hace años atras. Junto con el Aconcagua se encuentran el conocido Nevado Ojos del Salado con 6,880 metros, el Tupungato 6,800 metros y el Mercedario con 6,770 metros. Esta cordillera se considera la más grande del mundo fuera del grupo del Himalaya y separa a Argentina de Chile. Seguimos nuestro ascenso un poco más cansados que antes pero con las mismas ganas y empezamos a ver el panorama desde lo alto. Era impresionante lo que a nuestra vista se expandía, al fondo el gran valle de la ciudad de Santiago de Chile y del otro lado la Cordellera de los Andes en su maxima expresión. Los cóndores daban vueltas sobre nuestras cabezas espiando los restos muertos de algún sentimiento de miedo que quedaba en el lugar, al final nunca hayaron nada! Con el aliento que casi se escapaba y una última pisada llegamos a la cima de nuestra misión con una mirada de reverencia. Sentados en la cima del pico, cada uno inmerso en sus pensamientos dimos gracias al creador y disfrutamos aquella inolvidable experiencia. De regreso el descenso fue lento y precavido.
Otra de las vivencias que aún recuerdo fue la visita al valle del vino, alegre visita llena de música, naciones y muchas uvas. Conocí la Viña Undurraga, linda Viña que producía un 50 % del poducto del país, sus bodegas recordaban la realidad pasada en donde sus trabajadores pasaban largas horas trabajando su ansiado producto. Aquí nos dieron vino para catar y rienda suelta al mud del día. La otra viña fue la impresionante Concha y Toro, una hacienda del siglo 18 con bellos jardines, lagos, arboles y pinos y su siembra de uvas ya recojida. Aqui conoci el proceso que utilizan para darle sabor, olor y textura al vino, además de mostrarnos los barriles importados desde Francia que utilizaban para dicho proceso. Nos contaron de la famosa leyenda de su caba \"El Casillero del Diablo\". Según la leyenda, se cree que fue un pacto que hizo su creador Don Merchor de Concha y Toro con el Demonio para que las plagas no se comieran la cosecha. De todos modos sea cierto o no el espíritu misterioso de sus almacenes es evidente y oscuro. Nos explicaron que la Viña es la mayor exportadora de Chile, la cual vende a más de 100 países y porsupuesto otras 3 copas de vino se hacía parte del recorrido del día. Fuera de los Viñas en el Valle del Maipo nos detuvimos a comer algo, comimos acompañados de una suave guitarra que un chileno tocaba y canciones que contaban la historia de su país. \" Sambarando, Sambarando, que tienes tu que no tenga yo\".
Volviendo al día 14 de agosto, esa noche la pasaría en el Santiago hostal, hacia un frío cortante y lluvioso y las tasas de Té caliente no amortiguaban el frío que se sentía. En los cuartos se podía ver el humo que salía de la boca cuando uno intentaba decir algo ó suspiraba por el frío, ni los mantos y savanas de lana a veces ayudaban a calmar esos calambres. Se descontrolaba todo el cuerpo y temblaba hasta el último rincón de tu interior. Así cada uno fue echándose a su suerte de poder dormir y se fue quedando la sala despejada. La noche siguiente tome el Metro en la estación Manuel Montt con destino estación Universidad de Chile para comprar un boleto a Osorno ubicado a 913 km al sur de Santiago. Esta vez yo me lanzaría un viaje en bus 11 horas sin reserva, completamente improvisado que me llevaría a Bariloche, sur de Argentina 245 km de Osorno, 7 horas aproximadamente. Luego de que el metro parara como lo hace rutinariamente en cada una de sus 10 estaciones, llego a la que yo esperaba. Me baje y camine con mi bulto a espaldas, ese mismo que durante todo mi recorrido fue testigo de tanta belleza. Compré el boleto 11,000 pesos chilenos, unos 8 dolares americanos y espere a que llegara. A las 9:30 pm llegaba el autobus coach class nuevamente, pero esta vez de la compañia Condor Travel. Entre miradas tristes y otras ansiosas subi y con la vista rodie el panorama nostalgico que se veia alrededor. Miles de personas cuentan historias y dejan historias mientras Doña Blanca Caeseres subía los escalones del bus con sus 87 años. Doña Blanca era una ancianita chilena de tes blanca y ojos claros que a su larga edad aún se aventuraba por estos mundos sola como yo. Ella iba a visitar a unos de sus tantos hijos al sur se Santiago, específicamente a Puerto Montt aún más lejos de lo que yo esperaba. Así transcurrierón las horas lentas y frias entre cuentos y anecdotas de la vida de Doña Blanca hasta que al llegar a Osorno en la mañana ella me desperto con una caricia tierna y delicada en la cabeza, abrí mis ojos y me dí cuenta que seguramente nunca más la volvería a ver ya sea por la distancia ó por la realidad fisiologica de su larga edad. Le abraze y con un beso en la frente y su vendición me despedí para siempre. En Osorno el frio era más cortante, Su ubicación al sur lo hacia casi inhabitable. La gente casi parecian esquimales del Polo Sur andando con grandes abrigos de que se yo que textúra. Entré a la estación y busque un baño, al entrar tube que pagar 1.00 peso chileno, osea francamente era una falta de respeto darle a alguíen 1.00 peso chileno cuando el cambio era 620 por dolar. Pero así fue, les dí el peso que ellos pedían por usar el baño y luego salí. Compré un café y me sente a esperar a que llegara el autobus. Justo a las 10:20 am el autobus hizo su aparición en uno de los andenes y como es de costumbre la gente ansiosa comenso a pararse para montarse, sin esperar bien que se estacionara. Yo tratando de manterner mi calma y no desesperarme caminé por los alrededores y espere a que el tráfico de pasajeros bajara para poder entrar. Pasado unos minútos todo se calmo y logre llegar hasta la puerta del autobus, entregar mi ticket y subir.
Luego de 6 horas de curvas y senderos completamente blancos de nieves llegamos a Bariloche. Una pequeña ciudad encantada por los frio lagos y bosques localizada en el sur, Patagonia Argentina. Era una belleza todo a su alrededor, casas de Arrayan color rojo a orillas del lago Huapi y unos montes misteriosos que apenas se podían ascender. Bariloche era todo lo que cualquier persona esperaria ver. Verdes pinos por doquier, bellas personas exparsidas por sus calles y kioskos de artesania precolombina. Tiendas de camisetas y lámparas, ah! y como olvidar sus populares y únicas fabricas de chocolates...era delicioso digustar un solo pedazo de chololate cremoso hecho de mil ingredientes como avellanas, almendras, dulce de leche o arroz. Esos chocolates tan solo se derretían de gusto en tu boca. De llegada me fui en busca de un lugar donde dormir, ya que aún no tenía. Aún recuerdo que era una tarde lluviosa en el pueblito y estaba abarratado de gente, ningún hostal ni alberge estaban disponible, todo estaba lleno pero yo aún continuaba buscando bajo la lluvia un lugar donde dormir solo esa noche. Así caminando fue que llegue a dar con el Albergue Hosteling International, una centrica cabaña ubicada a solo tres cuadras del centro. Entré con esperanza y para mi tranquilidad mi cuarto estaba disponible pero no solo para mí. Un joven apuesto abrío a la puerta del hostal y me recivio con una sonriza, ( todos sonreian ) entonces me hablo: _\" Che! como te puedo ayudar\"? contestandole:_ \"Necesito un lugar donde dormir esta noche\". El chico me condujo a la habitación y abrio la puerta mostrandola: \" Che, la cama de abajo esta disponible\". Lo que veia no era muy de mi agrado pero así tenia que ser, era parte de la experiencia. Dos literas, una junto a la otra y en el centro solo una pequeña mesa de noche que cargaba una lámpara que apenas alumbraba. Mi cama era la de la izquierda ya que a la derecha tenía a una pareja española junto a mí... sí así lo recuerdo justo a pasos de donde yo estaría durmiendo, estarían dos personas completamente extrañas compartiendo el cuarto conmigo. _ \"Es un poco incomodo, no lo puedo negar\" pense para mi, pero que más da una noche se pasa como quiera. A final de cuenta la experiencia fue mucho más especial. Para mi tranquilidad resultaron ser dos jovenes muy enamorados y amables que rapidamente entablaron conversación conmigo. Les explique mi travesía en bus por esos lados y de la experiencia de Iguazu la cual ellos reconocierón sin yo terminar. Me contaron de su travesía por el área y de lo que esperaban hacer en los próximos días. Luego de intercambiar unas empanadas y algúnas palabras identicas pero con diferentes acentos nos dijímos buenas noches y nos echamos a dormir. A la mañana siguiente apenas los rayos del sol entraban por las rendijas de madera que habían esparcidas por el cuarto. Estaba aún muy oscuro y no quería despertarlos así que deje mís cosas en una sala ya que tendría que dejar el cuarto antes de las 12 del medio día y mis planes eran no presisamernte estar ahí a esa hora. Fui al baño y me abrigue para a eso de las 8:00 am estar frente a algúna parada de buses para recorrer ese misterioso pueblo. Tomé el bus, recuerdo que era el # 21 con destíno al Cerro Campanario, para poder ver la bella vista que allí se apreciaba y poder fotografiar los alrededores desde la altura. Luego de algúnos minútos alargados llegó el bus. Pagando 2 pesos con .50 busque un asiento y me sente hasta llegar. Fueron 30 minútos viajando entre paradas, gente que sube y gente que baja. La vista era siempre igual, los bellos pinos a un lado de la carretera y a sus orillas un hermoso lago los bordeaba. Al llegar el bus se detiene en seco y me avisa que es mi parada yo trato de bajar y apenas pongo mis pies en la tierra el manejador del bus arranca sin piedad ni precaución. Yo un poco alterada trato de calmar mi impulso de decirle algo y lo dejo pasar. Camino hacia la entrada del cerro y veo como unos carritos te trasladan hasta la cima lentamente mientras tu disfrutas de la vista y el paraiso que hay alrededor . Pregunto el costo de la atracción y dedúsco que son unos 15 pesos argentinos. Teniendo en cuenta que mi presupuesto allí no era muy amplio, decidí tomar el cendero y caminar hasta la cima por unos 35 minutos. El caballero de la entrada me muestra el camino y yo empiezo la trabajosa caminata. Era un camino marcado con pisadas de otros caminantes previos que el viento y la lluvia intentaban borrar. Los alrededores eran autenticos árboles secos que decoraban con un color gris plateado. Otros árboles rojos y bellas flores espercidas por el campo le hacían compañía. Habían muchas piedras en el camino que hacían dificultoso el sendero, cada ves era más incomodo subir. Mis rodillas temblaban por la fuerza que estaba ejerciendo sobre ellas y mi aliento se acortaba y se hacía más rapido, era evidente que estaba trabajando. La vista a mis espaldas se escondía entre los arboles, mientras yo intentaba seguir. Durante el camino me detenia pensando que lado tomar ya que no se veia nada que te ubicara solo aquellas olvidadas huellas en la tierra. Entonces mis sentidos se impulsaban solo arriba sin mirar atras, así fue como pude llegar. El frio era cada vez mas cortante, las manos las sentia congeladas y ni tan siquiera los guantes las protegian, al punto que dolian. En la cima turistas fotografiaban montañas de nieves rodeadas de despejados cielos. Las imagenes quedaban grabadas en las camaras de viedos, en las fotos de algún aparato digítal y en la memoria de esta morocha por toda una eternidad.
Era un paraíso como si estubiera pintado a mano con un fino pincel, cada cosa en un perfecto y armonioso meditar. Los arboles, algunos verdes y otros grises se hacian dansar por el soplar del viento y los pajaros cantaban una mañanita angelical. No importaba a donde mirara el arte era el mismo, era el mismo lienso sobre un pedazo de cielo esparsido de mil colores y agradables sonidos.
Luego de algunos brebes minútos, decidi comensar a desender la cima por el mismo sendero. Con mucho cuidado baje la primera parte, unas grandes piedras blancas regadas a kilometros, luego el camino era casi a cabalgata. El cuerpo era impulsado desde lo alto por la gravedad y bajaba como una gasela por el camino. Las piernas aún me temblaban y el corazón palpitaba fuertemente hasta que 35 minútos más tardes pude llegar a bajo. Una vez abajo, tome el bus de regreso a la pequeña localidad y anduve unos minútos por el área. Recuerdo entrar a un kiosko de artes y observe artesania indigena. Camisas alucivas a Bariloche que decian \"amo la patagonia,\" \" pase por la patagonia,\" \"quedate en Patagonia\" esa me encanto!! pero tenia que seguir y tomar mi bus de regreso a Osorno, aquel largo viaje de regreso pasando por imigraciones y aduana. Continue los minútos que restaban por las calles y vi una fabrica de chololates a la cual casi instintivamente entre. Me desplaze por el cauntel de la tienda, viendo como aquellos chocolates más que una delicia eran un fenomeno turistico. Observe cada uno de esos pequeños cuadritos chocolatosos y no podia desidir cual comprar, luego de unos minútos la vista desidio por mi y cuatro chocolates entraron en un bolsito de plastico, acto seguido a mis manos fueron a parar. Finalmente pague y sali comiendo uno de aquellos suculentos chocolates. Unas cuadras mas arriba pude distinguir un supermercados y decidi entrar para comprar algúnas cosas. Busque unas botellas de agua, un conteiner de jugo de manzanas y unos crousant de azucar para el viaje de regreso. Ya no tenia nada más que hacer, entonces camine dos cuadas arriba para poder tomar un baño caliente tranquilamente, recojer las cosas y poder partir a la estación de buses. Una vez en el albergue tome el ansiado baño caliente por unos minútos y medite en todo lo que hasta ese entonces habia logrado hacer. El baño estaba todo en vapor y del espejo resvalaban gotas de agua que marcaban un espacio claro que apenas se podia ver. Al abrir la pueta un soplo de aire frio invadio el area y el vapor se escapo por todos lados. Camine rapidamente por el pasillo hasta llegar a la sala, tomar mis cosas, dar las gracias y dejarlo todos atras. Justo cuando levantaba mis cosas para despedirme, entro un joven apuesto de ojos claros y cabellos de color rojiso. Su nombre era German, un chico de Buenos Aires que estaba en Patagonia practicando el snow board por algúnos días. Intercambiamos unas miradas intrigantes y unas sonrisas fugases. Hablamos por unos segundos e intercambiamos direcciones. Con una sonisas y una mirada muy bien dirijida nos dimos un abrazo y me acompaño a la puerta ayudandome a salir. Por el camino buscanto un taxi, pensaba en ese brebe encuentro que habia presenciado al salir. Verdaderamente era un lindo chico cuyos ojos me inundaron y lamentaba el hecho de no haber podido compartir más junto a el. Afortunadamente más adelante estariamos en contacto. Paré él taxi y llegue a la estación de buses, para ese entonces ya eran las una de la tarde y en media hora saldria el autobus con destino a Osoro. Me sente en uno de los bancos y espere tranquilamente. Al cabo de algúnos largos minútos la impaciencia comenso a ser presisa y mi tranquilidad desaparecia. El frio empesaba a transitar, me pare para ver si los minútos así avansaban y compre una taza de café. Al instante en que me lleve la taza a la boca aparecio el auto bus. Espere a que la gente se organizara para poder subir y hayar mi asiento mientras aquel caliente liquido cafeinado quemaba mi garganta a toda velocidad. Cada pasajero perfectamente acomodado en su asiento esperaba partir de Bariloche en pocos minútos. Algunos leian libros y revistas, otros conversaban por los moviles intercambiando palabras y algunas sonrisas mientras que otros solo se entregaban a si mismos. Así pasaron aquellas 6 horas de vuelta entre caminos de perfecta blancura y bellos arboles bañados en nieve. Eran curvas que te dejaban sin aliento y montañas que apenas alcanzabas a ver con la vista. Entre tanto algún llanto de niño se disparaba angustiosamente mientras su madre le acarisiaba tiernamente su cuerpito para calmarlo. A eso de las 6:35 pm ya estabamos frente a un gran volcan que se levantaba con gran fuerza. En Osorno todo transcurria igual, las calles humedas por la lluvia y el frio cortante te recordaban que estabas en la Patagonia. Al llegar el bus a la estación cada pasajero tomo sus cosas calladamente y bajo. Yo me diriji a comprar el boleto de regreso a Santiago y espere a que el bus llegara. Di varias rondas buscando el anden de salida pero no lo halle, así que me dispuse a preguntar a algún asistente y confirmar mi boleto. El asistente me mostro el anden, una vez localizado me sente en frente a esperar sin tener sospechas de que un susto pronto se colaria por la entrada. Justo como decia mi boleto, a las 7:20 pm llego una gran coach class color vino y blanca con destino a Santiago. Dejando mi bulto en el compartimiento inferior del bus, busque mi asiento y me acurruque repasando todo lo que habia vivido en mis últimos dias del viaje. 30 minútos más tarde estabamos en carretera a una velocidad de 70 mph cuando de repente el asistente me pide mi confirmación de compra y al darsela para mi sorpresa me informa que no era mi bus. Equivocadamente habia subido a otro bus con destino tambien a Santiago y resultaba ser que todos los asientos estaban vendidos. Yo desesperada y molesta por la falta de orientación le pedi que me ayudaran y ellos me informaron que pararian en la proxima estación para intersecatar mi bus de regreso. Así trataron de hacerlo pero desafortunadamente nunca encontramos el bus. Acto seguido y conclusion: Volver a pagar por el servicio y estar más alerta no valla ser que para otra ocasion me dejen en Uganda, Continente Africano. Al llegar a Santiago al otro dia, decido tomar otro bus con destino a Valparaiso, entonces me acerque a los boost de promociones de las agencias y compare precios. Luego de una meticulosa desición escojo, compro y me voy. Todo el camino a Valparaiso me lo disfrutaba de lo lindo...dando bandasos de lado a lado de mi asiento porque el sueño era imposible controlar. Sentia las manos de alguna desafortunada aguantando mi cabeza para que no diera con la suya, hasta que desperte sobresaltada por un frenaso que dio el autobus. Abochornada me jire del lado derecho de mi asiento y trate de ver un poco el paisaje. Una hora más tarde estabamos entrando a la ciudad de los mil colores y sus carritos telesfericos. Asi de simple era Valparaiso, una ciudad rodeada de costa y barcos que la historia siempre recordaba. En sus lomas mil colores se aliniaban en cementos y balcones que daban un caluroso saludo a sus tantos visitantes interesados en subir. Valparaiso, era asi! sencillo y colorido con su viejo puerto comercial extendido a su larga forma vertical. De las calles bajaban y subian sus pintorescos y unicos carros de madera colgados electricamente de la nada que dia a dia eran testigo de tanta historia. Yo alli, caminaba sus callejones y observaba su gente para así siempre grabarlos en mi mente. Los colores se fueron dispersando de sus lomas para dar paso a las verdes aguas de Viña del Mar. Así una vez mas acababa mi recorrido caminando entre grandes ciudades llenas de historia y recuerdos. Entre miles de almas que definian un sentir, una forma de vivir. Civilizaciones de autentica disiplina que no necesitaban nada del exterior, nada irreal. En esos paises conoci las bellas culturas que fomentaron sus antepasados..vi los ojos de un Aymara, los del Mapuche revelde por su tierra y los de los tantos exploradores que como yo buscaban su razón de ser por esas tierras. Más que un viaje fue una vivencia fraternal entre naciones unidas mucho más fuertes y potentes que aquellas del norte... |
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