
ENTRE PHNOM PENH Y BANGKOK POR TIERRA Y MAR
De Phnom Penh a Camboya via Sihanouk | 0 comentarios.
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ENTRE PHNOM PEHN Y BANGKOK POR MAR Y TIERRA
He estado varias veces en Tailandia, dado mi trabajo en Camboya desde 1999 y he podido ver el gran contraste entre los dos países, aunque comparten una historia común y bastante controvertida. En general, Camboya ha sido una nación sufrida desde la desaparición del Gran Imperio de Angkor hacia el siglo XV y el comienzo de la hegemonía en el Sudeste Asiático del antiguo Reino de Siam (Tailandia) y el Imperio Vietnamita. Si no es por el ingreso colonialista de los franceses en la región hacia mediados del siglo XIX, la Camboya de hoy no existiría, sino que hubiese sido repartida entre estas dos naciones: Vietnam y Camboya.
En febrero de 2001 realicé un inolvidable viaje entre Phnom Penh y Bangkok que quiero compartir. Tenía una reunión de mi organización en la capital de Siam y decidí que el viaje no sería por avión, que me dejaría en 45 minutos en Bangkok (la misma distancia que hay entre Medellín y Bogotá), sino que sería por tierra y mar. Hay otras rutas: por ejemplo de Phnom Penh se puede ir hacia el oeste, hacia la segunda ciudad camboyana llamada Batambong, que queda muy cerca de la frontera. Pero la pobreza de Camboya es tan grande, que la carretera es un auténtico desastre. Hay un proyecto regional que pretende unir el Sudeste Asiático desde Birmania hasta Vietnam con la que sería una gran autopista, pero estamos lejos de ese sueño. Después de llegar a la frontera en cambio, bastaría ir en auténticas pistas hasta Bangkok, pero el trayecto camboyano sería de al menos dos días en medios de transporte desastrosos. El otro es la vía férrea. Si en Colombia nos lamentamos del deplorable estado de los Ferrocarriles Nacionales que otrora fueron nuestro orgullo en transporte y la manera en que nuestra Patria entró en cualquier manera de progreso, en Camboya el tren no es más que un irrisorio gusano de chatarra que va a una tal velocidad, que la gente se puede subir y bajar sin necesidad de que frene. Por otra parte, al cruzar las zonas forestales, todavía subsisten grupos de rebeldes, cuando no asaltantes, que podrían divertirse con este peculiar medio de transporte. Por otra parte en Camboya está prácticamente prohibido viajar de noche por la seguridad, dada que las condiciones de pobreza lo hacen peligroso.
Entonces queda la opción más emocionante: el mar. De hecho es la que usan los turistas viajando dentro del bello Golfo de Siam entre Tailandia, Vietnam, Malasia, Camboya e Indonesia. Embarcaciones de todo tipo cruzan la región con gente de todos los continentes, turistas que van y vienen en el disfrute de playas blancas, islas encantadas y buenos precios.
Salí temprano de la capital, Phnom Penh, en un minibús que terminó excediendo el número de pasajeros (porque en Camboya eso se puede hacer sin la protesta de ninguno y en las narices de los policías de tránsito). Entre los pasajeros, además de mis simpáticos y sonrientes amigos camboyanos, pude distinguir un joven francés, una señora china y varias gallinas atadas por las patas de la mano de un muchacho de rostro de bronce. Por dos horas me senté entre un señor obeso que sudaba como un grifo y un anciano de sombrero vietnamita que fumaba una pipa ¡en el microbús! Hasta que le hice entender que era asmático (gracias a Dios no lo soy… pero fue la salida de emergencia). El puerto camboyano queda al sur de Phnom Penh, cruzando una serranía no muy alta llamada “Montañas de los Cardamomos” y casi deshabitada, porque los camboyanos piensan que las montañas son “para que vivan los simios” (se ríen cuando les digo que nací a 1650 metros sobre el nivel del mar). Los paisajes camboyanos son siempre de llanura, arrozales, palmas de coco altísimas, jungla tropical, bohíos al pie de la carretera con ventas de frutas, restaurantes en donde el arroz es el rey y niños que se bañan en los charcos. Por fortuna entre Phnom Peng y Sihanouk Ville hay una buena carretera, que nada tiene que ver con una grande autopista, pero ya eso es mucho.
Sihanouk Ville recibe el nombre en honor del rey Norodom Sihanouk, el Padre de la Patria, quien guió diplomáticamente la independencia de Francia y sufrió el suplicio del tiempo comunista. Hace poco abdicó a favor de su hijo. La ciudad fue bastión del Khmer Rouge, pero hoy es un lugar tranquilo, menos atestado que Phnom Penh, con playas e islas para el turismo y la zona franca.
Desde allí tomé la embarcación que me llevaría a la frontera con Tailandia. El control de pasaporte se hace en el mismo puerto, en la estación de policía y, como es normal en el país, al final –no todos, por supuesto- te piden una “colaboración”. La razón es simple: un policía camboyano recibe un sueldo aproximado de ¡40 dólares mensuales! Pero a buen colombiano no hay camboyano: le dije cuán corto de dinero estaba y que yo no era europeo y demás (disculpen los europeos, pero sepan que en general en el resto de los continentes, la gente trata de aprovecharse para sacarles dólares o euros de más). El uso de la lengua nacional es una ventaja pues los camboyanos cambian su actitud frente al extranjero que la puede manejar (en general en todas partes es así).
Temía que la nave fuese un desastre, como casi todo lo que es transporte en el país, pero en cambio era una mediana, con un bar, el lugar para los pasajeros, cubierta completamente y un poco de música, sin la fuerza de aquellas naves de nuestro Caribe que, como una discoteca flotante, llevan los turistas al encanto de las islas del Rosario u otros sitios. Los pasajeros eran casi en su totalidad extranjeros. Algunos venían desde el Vietnam y otros de algunas playas camboyanas más al este. Se sentó a mi lado un hombre maduro de Miami que, con algunas copas en la cabeza, me empezó a contar que era un veterano de la Guerra de Vietnam y que vivía justamente allí desde entonces. Me dijo que no le gustaba Camboya para nada, debido a tanta pobreza y tanto pedigüeño y que prefería mil veces Tailandia. En mi opinión personal eso depende mucho de lo que se venga a buscar en Camboya: pienso que su gran riqueza, desde el punto de vista turístico, es su arqueología y sus zonas agrestes, pero no se puede buscar allí modernidad, grandes metrópolis y cosas excelentes como hay en Tailandia. Visitar Camboya es una aventura que puede resultar fascinantes si se sabe apreciar la naturaleza y la gente. Es algo, simplemente, distinto. Eso sí, es mejor obtener una gran información previa.
Primero de llegar propiamente a la frontera, la nave deja a todos los pasajeros en una isla, Phumi Lamdom, que es otro centro turístico importante. Pero estuve allí solo esa vez y de paso. Se debe tomar una chalupa que te lleva de la isla al continente en unos 15 minutos por U$ 25 entonces. Se está pues justo en una diminuta península que parte del territorio tailandés y se extiende por escasos kilómetros hacia el este camboyano. Nuevamente la estación de policía camboyana que no tiene servicios sanitarios (el bosque) y después se camina hacia la línea internacional. En la parte camboyana hay un hotel ¡tailandés! (pienso que tendrá que ver con los bajos costos en impuestos y demás… pero al menos muchos de sus empleados son camboyanos, si bien un buen número son tailandeses). Llegando a la puerta internacional personas minusválidas pidiendo algún aporte a los turistas que pasan y un policía tailandés que habla camboyano, de lentes oscuros, alto y serio, que mira atentamente aquel lugar tan particular del mundo en donde se encuentran dos pueblos que por muchos siglos estuvieron enfrentados y hoy están divididos no sólo por la línea internacional, sino por una grande diferencia social. Un soldado revisó atentamente mi morral de caminante y trató de hacer memoria de dónde estaba ubicada esta Colombia en el mapa de su geografía elemental. Después las normales asociaciones que hacen los extranjeros que no conocen nuestro país: “¡Ah, Colombia, Pibe Valderrama y mafia!”, y mi usual respuesta de “Colombia, sí, café, flores, muchachas lindas, esmeraldas y gente buena”. Y he aquí la diferencia. En Tailandia. Parece que hubiese pasado de un mundo primitivo y natural, a otro moderno completamente. Empieza allí una carretera amplia, cuyos autos se conducen por la izquierda (sistema inglés) y en microbuses amplios, bien controlados, sin gallinas y sin ancianos con pipas encendidas que fuman como si estuviese en mitad de los arrozales. Y, sin embargo, miré el horizonte camboyano con nostalgia: el lugar en donde tengo tantos amigos que me esperan, una historia por contar y una mano por dar.
Por último se va en microbús hasta la hermosa ciudad de Chantabury y allí se coge un bus grande, nada distinto de los que viajan por las carreteras colombianas, hasta la inmensa y fascinante Bangok. Salí de Phnom Penh a las 6 de la mañana y a las 11 de la noche estaba entrando en la capital del antiguo reino de Siam.
Seguiré contando más de estos viajes: nos quedan Vietnam, Filipinas, Malta, Italia, Irlanda, Israel, Egipto y Jordania.
El Viajero Paisa |
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