
De los Valles a la Quebrada - Parte 5
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(continúa de Parte 4)
Llegamos a Maimará muy cansados, pero igualmente me fui con Diego a hacer un recorrido de la zona. Vimos la hermosa “Paleta del Pintor” (así se llama la montaña que se encuentra detrás del pueblo, por sus fuertes y variados colores).
Llegando la noche, decidimos ir a comer a Tilcara, para luego presenciar el primer día del “Enero Tilcareño” (festividad de vísperas del carnaval en esa localidad), pero tuve que acompañar a Karina al hospital, por el apunamiento. Por suerte no pasó a mayores y pudo seguir, aunque de ahí se fue a dormir hasta el día siguiente.
Cuando volvemos a la pensión, los chicos ya se habían ido para Tilcara. Sólo quedaban Bruno y Matías, con quienes, a pesar de las moscas, cenamos unas muy buenas empanadas que hizo la dueña de casa.
Luego fuimos los 3 a Tilcara, en un remis que nos costó 50 centavos a cada uno, al encuentro de los demás y nos quedamos en la plaza central para ver los festejos.
Ahí fue cuando me llevé mi primera (y única) decepción del viaje. Lejos de ser una fiesta con tonos folklóricos y regionales, la plaza estaba llena de chicos porteños, cordobeses y rosarinos borrachos y en el centro una murga...
A algunos les gustó, pero a mí me pareció que no tenía nada que ver con el lugar donde estábamos, por lo que me fui, con Eva y Laura temprano.
A la mañana siguiente decidimos que para conseguir lugar iba a ser mejor separarnos y después ver si nos juntábamos, por lo que temprano salimos con Bruno y Matías en la búsqueda de un alojamiento accesible en Tilcara para nosotros 3, y finalmente conseguimos una habitación muy grande, con camas como para todo el grupo.
Seguimos juntos, pero decidimos separarnos un poquito, para estar más “relajados” y quedamos en encontrarnos a las 16.30 en el ombú histórico (un árbol de más de 1000 años de edad) de Purmamarca.
Yo decidí pasar el día en esa localidad, para lo que viajé después de comer a dedo.
Luego de esperar unos 20 minutos, me levantaron unas chicas tucumanas muy simpáticas que me llevaron hasta Purmamarca.
Mucho más tranquilo que el día anterior, quedé asombrado por la belleza de ese pequeño pueblo, y más aún por la belleza de los cerros que lo rodean (entre ellos el famoso Cerro de los Siete Colores, llamado así por la cantidad de colores que tiene, entre los cuales está el colorado, verde, blanco, y hasta tonos de violeta!). Cuando “bajé a la tierra”, recorrí la hermosa feria de artesanías que hay en el centro del pueblo.
Cuando llegaron los chicos, fuimos a recorrer el Camino de los Colorados, un IMPERDIBLE del noroeste, es un camino por detrás del Cerro de los Siete Colores, entre 2 cerros colorados, y termina saliendo por la parte violeta del Cerro.
A la noche, ya de vuelta en Tilcara, fuimos a la placita, que estaba bastante más tranquila (y linda) que el día anterior y tomamos unas cervezas y nos dormimos temprano.
Al día siguiente, luego de despedir a Karina que volvía a casa, visitamos el museo de arqueología de esa localidad (uno de los más importantes del país) en el que se pueden ver vasijas, herramientas, momias, máscaras y varios materiales de una gran riqueza arqueológica de lo que era el imperio Inca y los demás aborígenes que habitaban la región.
Además estuvimos viendo la feria de artesanías de la placita central.
Por la tarde fuimos a la Laguna de los Patos (no es gran cosa, pero es un recorrido al fin), guiados por unos perros. Después fuimos para el Pucará (una reconstrucción de lo que era un pucará de los indios Tilcara, muy buena que consiste en piedras encajadas formando pequeñas habitaciones) y el jardín botánico de altura, donde tocamos la “piedra campana” (a simple vista, una piedra común y corriente, pero al golpearla con un palo, hacía un sonido como de una campana).
Se repitieron las cervezas en la plaza y a la noche fuimos a un pequeño pub donde tocaba una banda de unos chicos que habíamos conocido antes en el viaje y que nos invitaron, al encontrarnos ahí en Tilcara.
Al otro día visitamos la Garganta del Diablo (la de Tilcara), un cañón bastante alto, donde algunos de los chicos practicaron rappel. Yo me fui con otros a hacer un trekking por ahí y llegamos a una pequeña cascada.
Otra vez, tomamos unas cervezas en la plaza y a la noche visitamos una peña folklórica. Además le hicimos la despedida a Matías que también nos dejaba.
A la mañana siguiente salimos para Humahuaca, para hacer la combinación hacia Iruya, pero fue bastante complicado levantar a los demás...
Luego de mucho esfuerzo, logré levantarlos y llegamos justo para tomar el micro!
(continúa en Parte 5) |
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