
De los Valles a la Quebrada - Parte 1
Provincia de Tucumán | 1 comentarios.
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Acá les voy a comentar mi experiencia en lo que fue mi viaje por el noroeste argentino, el cual fue mi primer viaje de “aventurero”. Además esta fue mi primera vez en viajar solo, por lo que salí con el nerviosismo lógico ante esta situación.
Para hacerlo comprensible para todo el mundo, voy a ir incluyendo, oportunamente, referencias históricas, en los lugares que las merezcan.
“El viaje” comenzó en Buenos Aires, el 30 de diciembre cuando fui a tomar el micro que salía para San Miguel de Tucumán.
La estación era un caos. Miles y miles de personas empujándose unas a otras para intentar llegar al micro. Claro, había muchos que querían viajar, pero también había muchísimas personas despidiendo o recibiendo gente por lo que era casi imposible transitar.
A las 21.30 salió el micro, de la empresa Chevallier. El viaje duró unas 16 horas de las cuales pude dormir sólo 2, dado que un bebé no paraba de llorar...
Finalmente, luego de kilómetros y kilómetros de campos interminables se empiezan a ver las montañas y debajo de ellas la ciudad de San Miguel de Tucumán.
Cuando llegué me estaba esperando mi amiga tucumana Stefanía, con quien pasé el día. La pasamos muy bien, me mostró toda la ciudad y me invitó a comer, a pesar de que el clima estaba insoportable: muuuuucho calor y muuuuucha humedad.
Fuimos a la Casa Histórica, lugar donde fue firmada la Independencia argentina el 9 de julio de 1816, allí funciona un museo, pero no pude entrar porque estaba cerrado.
También estuvimos en la Catedral, la Iglesia La Merced (donde se encuentra una figura de la Virgen sosteniendo el bastón de mando que fuera de José de San Martín, entregado a ella por el mismo prócer).
A la noche, en vísperas del año nuevo, se organizó una cena en el hostel (La Posta del Viajero), donde conocí a unos chicos, entre ellos Gustavo, de Trelew, una parejita del Tigre, 2 chicas canadienses y el personal del lugar. Comimos y a las 12 brindamos. Después se armó una fiesta (pequeña, pero muy divertida).
Al otro día me levanté bastante tarde (lógico). El clima estaba horrible también.
Me volví a encontrar con Stefanía y fuimos a pasear por la ciudad. A la tarde me encontré con Gaby, otra amiga tucumana.
Y a la noche el clima explotó y vino la lluvia. Hubo una gran tormenta. El hostel se llenó de agua y las calles de Tucumán parecían ríos!!!! Al final paró y tuvimos una noche bastante fresca (por fin!!).
El 2 de diciembre partí para Tafí del Valle. Es hermoso el camino. Todas montañas verdes, llenas de vegetación. Hasta que llegué a este hermoso pueblo, donde lo único que hice fue caminar por las montañas y apreciar el paisaje.
Llegando la noche, voy para el hostel (El Cardón) y me encuentro compartiendo la habitación con 5 chicos: Gustavo, Matías y Diego (de Buenos Aires), Joel (de Israel, viviendo en Córdoba) y un californiano que no recuerdo el nombre.
Pegamos muy buena onda desde el principio y fuimos a comer todos juntos.
Luego, después de fracasar en nuestra búsqueda de “movida nocturna”, compramos unos vinos pateros y los tomamos en la terraza del hostel.
Al otro día nos levantamos relativamente temprano y salimos (con Matías) a una especie de museito que se llama “La casa del duende”, a unos 12 kilómetros de Tafí, para lo cual hicimos dedo.
Muy interesante ese lugar, ya que consiste en una charla de una persona muy idónea de los mitos y leyendas de la zona los cuales fueron pasando de generación en generación.
Después de eso llegamos justo a tiempo para tomar el colectivo que iba para Amaicha del Valle, un encantador pueblito muy pequeño y tranquilo. Viajamos casi todos juntos (Matías, Joel, Diego, Gustavo y yo) y conocimos a Eva, Karina y Laura (unas chicas de Luján) y Fede y Laurita (una parejita porteña también). Ese iba a ser básicamente el grupo de todo el viaje.
De ahí partimos en una traffic para las Ruinas de Quilmes, donde pasamos el día.
Son unas ruinas de unos fuertes donde habitaban los indios Quilmes, construidos para resistir las invasiones españolas. El clima y la superficie son inhóspitos, lo cual los ayudó para su resistencia.
A pesar de eso fueron vencidos y en castigo fueron llevados a pie a lo que hoy es una localidad muy cerca de la Ciudad de Buenos Aires que lleva el nombre de estos indios.
Finalmente, vencidos, decidieron no procrear más hasta su desaparición.
El lugar en sí son unas paredes de piedra construidas en las montañas. Es uno de los lugares que si recorren esta zona NO PUEDEN dejar de ir!
De vuelta en Amaicha, nos reunimos a hablar un poco de nosotros, vino de por medio.
Al otro día salimos para Cafayate, donde pisaríamos territorio salteño!
(continúa en Parte 2) |
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