DOMINGO 15 DE AGOSTO 14º DIA KO SAMET
MOTOS Y BICIS POR LA ISLA
El sábado noche pasó, y después de la particular fiesta de cada uno, el domingo llegó como llegan todos los domingos cualquiera. Nos levantamos con la inercia propia vacacional y nos fuimos a desayunar frente al mar…Hummmmm…casualidad o no, todos los miembros del grupo habíamos tenido la misma idea, y poco a poco fuimos ocupando las mesas libres que quedaban. Lo único que rompía la magia era el aire molesto que se empeñaba en acompañarnos. El desayuno del hotel era muy completo, como casi todos los que tuvimos en el viaje; la fruta nunca escaseaba y si queríamos nos hacían una tortilla con multitud de ingredientes al momento.
Este domingo habíamos decidido que alquilaríamos unas motos e iríamos a conocer la isla, pues al ser tan pequeña, creíamos que tendríamos tiempo de sobra de verla entera, y además podríamos aprovechar para detenernos en cualquier cala que nos apeteciera y tomar el sol como si estuviéramos en una isla desierta.
A uno de los trabajadores del hotel que siempre estaba por ahí, le dijimos que nos consiguiera 5 motos, pues al principio todos queríamos ir en moto, aunque nos diera un poco de respeto.
Poco a poco fueron llegando unos chicos con unas motocicletas de color azul y rojo, con marchas, de bastante buen aspecto, pero si he de ser sincero me daban más miedo que otra cosa. Me apetecía mucho ir con ella, pero como llevaba más de 13 años sin subirme a una, y además siempre me habían causado un miedo importante, pues no las tenía todas conmigo. Enric fue el primero en subirse y dar una pequeña vuelta para familiarizarse con ella. Luego Jordi y después lo hice yo. Primero sólo, pero luego le dije a Encarna que se subiera, pues ir con un pasajero no es lo mismo que ir solo…
Aunque me costó girar la moto, me atreví… ¿cómo no iba a atreverme?…Pilar One dudaba entre coger una moto, o una bicicleta, y creo que a raíz de lo mucho que le insistí se decidió por la moto…-¿cómo no te vas a atrever Pilar?…Tú nuestra valiente capitana…una vez más, Pilar, fue aquella mujer valiente y atrevida que nos había enseñado que era en el trekking.
Carmen se decidió por ir en bicicleta, pues no sabía ir en moto, y las dos Martas también optaron por pedalear. Hacer todo el recorrido que hicimos pedaleando, con las constantes subidas y bajadas, con los baches…creo que se ganaron el reconocimiento de todos por el cansancio que les iba a representar.
Despues de inmortalizar el momento con una foto, empezamos la excursión. Siempre les dejábamos a las ciclistas algo de ventaja, pues nosotros con un golpe de gas, nos poníamos a su altura.
Nos dirigimos hacia el sur de la isla, hacia la punta, a través de la misma carretera sinuosa que habíamos hecho la noche anterior. No había planing hecho. Donde nos apeteciera nos pararíamos, y tomaríamos el sol, el agua, o lo que fuera. Y en Thailandia se conduce por la izquierda.
Poco a poco fuimos dominando la moto, y lentamente nos íbamos atreviendo a cambiar de marchas, a adelantarnos, etc. en algunas subidas, y al ir dos en la moto, si no tomábamos empuje, o poníamos marcha corta, se nos paraba la moto en medio de la subida, como nos paso a Jordi y a mi alguna vez.
A veces teníamos que decidir hacia que dirección ir, pues la carretera se dividía en dos caminos; parábamos y esperábamos a las ciclistas, pues no queríamos separarnos mucho de ellas, y como las paradas eran frecuentes, todos teníamos la sensación de que íbamos muy despacio. Al cabo de un buen rato de subidas, bajadas, baches, coches que aparecían en medio de la carretera, justo cuando te parabas, y alguna caída sin consecuencias, optamos por parar en una pequeña playa que parecía bastante desértica. Lo único que la playa estaba al final de una fuerte bajada, y había que hacerla con los cinco sentidos.
En aquella excursión estaba echando de menos a Jossel y Silvia, sobre todo por las risas y comentarios que me imaginaba que hubiera hecho Jossel….Un poquito no más!!!!
Llegamos a la arena, y al agua. Después del esfuerzo motero, la recompensa fue un baño en unas aguas limpias, transparentes y con una playa casi desértica. Quienes de verdad se merecían una recompensa eran las Martas, y sobre todo Carmen, pues su cara roja, extasiada, era un poema.
Al cabo de unos instantes decidimos beber algo y acercarnos al bar, al chiringuito playero que estaba detrás de nosotros. Jordi y Marta One me acompañaron, y lo mejor del bar, sus camareros.
El bar estaba regentado por dos Ladys Boys, dos travestis que a Jordi le desnudaron con la mirada; Y eso que de ropa llevábamos poca. Yo también me lleve alguna mirada, pero Jordi acaparo el interés de los dos…
Y claro, las risas de la situación, fueron la comidilla del día con el grupo. Terminado el paréntesis, de nuevo a las motos, o a las bicis, y a seguir. Queríamos llegar al final de la isla. En circunstancias normales, supongo que en media hora se podía hacer todo el recorrido, pero con tantas paradas que hacíamos, el tiempo paso más rápido de lo normal. A ratos mientras íbamos en moto, veíamos a ambos lados el mar, señal de que el final de la isla estaba cerca y nosotros íbamos por el pedazo de tierra que separaba las dos partes de la isla.
Después de alguna peripecia más llegamos a una bajada impresionante, y que optamos por bajar sin nuestra pareja, pues además de lo empinada que era, el terreno no estaba precisamente llano. Al final de la cuesta, había un restaurante, donde despues de preguntar si nos daban de comer, nos quedamos a hacer el avituallamiento del día. Seguíamos estando en un ambiente de relax total. Ahora íbamos a comer al lado del agua, y despues a hacer la siesta en la arena. En el bar tenían una televisión en la que estaban transmitiendo pruebas de natación de las Olimpiadas.
Mientras nos preparaban la comida, Encarna y yo paseamos un poco por la playa donde descubrimos un columpio sujeto con unas largas cuerdas en la rama de un árbol.
Despues de comer, la siesta. Un mini baño, y a descansar…pero no había que confiarse, pues aún queríamos hacer un montón de cosas, y ver muchos sitios. Dejamos las bicis y las motos aparcadas y nos fuimos andando hacia la punta de la isla, bueno todos no, pues Mª Carmen se quedó tumbada en la arena, haciendo la siesta, o buscando su momento de tranquilidad.
En el restaurante nos dijeron que no se podía hacer en moto, porque el camino era peligroso, o sea que en vez de ir en motito, tocaba ir a patita. Pero al cabo de unos minutos de andar, el camino se empinaba y no parecía que la punta de la isla estuviera cerca, por lo cual dimos media vuelta. Bueno, todos no, pues Encarna se empeñó en que quería ver el final de la isla, y yo un poco a regañadientes la acompañé. Quedamos con el grupo en no entretenernos demasiado y ellos mientras empezaron a volver hacia el hotel.
Varias veces estuvimos Encarna y yo tentados de volver hacia atrás, pero más por su empeño que no por otra cosa, al final, al cabo de unos 15 minutos de andar, llegamos a una caseta que parecía un puesto de guardia, y despues de saltar la verja que impedía su acceso, detrás de la caseta, estaba nuestra recompensa: El final de la isla…respiramos con un aire de satisfacción, nos hicimos unas fotos, aunque el lugar no era quizás lo idílico que hubiéramos podido suponer. Unas rocas y un acantilado parecido a cualquiera de la Costa Brava, era el paisaje que vimos, pero si algo lo hizo más interesante fue él hecho de que por nuestra tozudez, o quizás más por la de Encarna, llegamos a la punta de la isla.
Despues de unos instantes de contemplación, emprendimos el camino de vuelta hacia las motos. Mientras caminábamos una motocicleta con gente del lugar, subía por aquella cuesta tan empinada que antes, nada más verla a todo el grupo se nos quitaron las ganas de subirla en moto.
El camino de vuelta fue mucho más rápido que el de ida, pues en principio no debíamos paramos para nada. No obstante si que hicimos alguna parada, algo forzosa. Nos fuimos encontrando a todo el grupo. Uno tras otro.
Primero vimos a Angels y Enric parados en un lado de la carretera. Se habían quedado sin gasolina. Según parece su indicador no funcionaba bien, y no tenían el deposito lleno como la mayoría. Ya habían pedido ayuda. Unos chicos del lugar, se ofrecieron para irles a buscar gasolina. Insistí varias veces en quedarme con él, pero Enric me dijo que no, que a no ser que se hiciera de noche, y no regresara, no le hacía falta ayuda.
Al cabo de un rato encontramos a Carmen. Ella se había parado en un bar para pedir un taxi para regresar al hotel. No podía más. Estaba roja como un tomate. Sin embargo más adelante encontramos a las Martas, que se habían propuesto llegar al hotel en bici, y creo que tuvieron un malentendido con Carmen, pues no se vieron y no sabían si Carmen había pedido un taxi o no.
Luego vimos a una furgoneta que de carga llevaba a Jordi. Él iba a buscar a las Martas y estaba sentado en la parte de atrás de la furgoneta.
Más adelante, en el pueblo que estaba mas cerca del hotel, nos encontramos a las dos Pilares, sentadas en un bar, tomando un refresco, esperando a la reorganización del grupo. Despues de contarles las novedades, y de esperar a Jordi, emprendimos los cinco regreso al hotel. Aunque como la carretera estaba en mejor estado, e íbamos algo embalados, nos pasamos del sitio.
La llegada al hotel fue más rápida que la ida; sin embargo no habíamos visto la parte norte de la isla, pues nos había faltado tiempo. Y eso que creíamos que lo veríamos todo. Poco a poco fuimos llegando todos. Enric y Angels también llegaron bien, y nos contaron que el chico que les trajo la gasolina, no se la quiso cobrar…ni tampoco quería propina…aunque lógicamente se la dieron…hospitalidad Thailandesa.
Despues de dejar las motos, nos fuimos a pie, hacia las afueras del hotel, pues queríamos encargar una excursión en lancha para mañana. La encargamos, y después Encarna y yo nos fuimos a un local donde había conexión a Internet, pues queríamos saber si el hermano de Encarna, ya había sido papa, y también mandar algún email más a la familia.
En nuestra habitación, el servicio de lavandería había echo su encargo, y nos habían devuelto toda la ropa perfectamente lavada y planchada, ropa que por error, no quisimos dejar que nos limpiaran en Chiang Mai. Toda la ropa asquerosamente sucia del trekking, volvía a estar lista para usar de nuevo.
Para cenar habiamos decidido ir al pueblo que estaba mas cerca del hotel, y en alguno de los muchos lugares que había, buscar uno que nos gustara para comer. El pueblo se llamaba Ao Hin Krong, y estaba a unos cinco minutos a pie de nuestro hotel.
Decidimos cenar en un restaurante donde lo más llamativo del lugar, eran los pinchos enormes que hacían. El restaurante de los pinchos lo llamábamos.
Todos nos pedimos uno o dos de ellos; había de cerdo, ternera, pescado, salchichas y todos ellos con verdura, salsas y como no cerveza.
Después de la cena, alguien dijo de ir a bailar, o mejor dicho, primero a tomar algo en uno de los locales que había cerca del restaurante y que daba aspecto de estar más animado. Y entramos en el Naga. Aquel disco bar de playa estaba bastante bien. Se podía estar sentado en una mesa, frente al mar, o bailar, o simplemente contemplar a los numerosos especímenes raros que pululaban por el sitio.
A Enric no le apetecía mucho el quedarse, pues no le gustaba demasiado bailar, pero como a Angels si, al final accedió a quedarse, aún que se pasó la mayor parte del tiempo sentado en la barra, contemplando un partido de fútbol que se emitía por la televisión del bar.
El resto nos pusimos a bailar; la música no es que estuviera mal, pero tampoco era para echar cohetes. Varias veces le pedí al DJ. música española, y él lo más parecido que nos puso, fue la Shakira y en inglés. En el bar, había un personaje particular. Un chico del lugar, vestido de negro, con unas gafas de sol puestas, y sin decir ni una palabra, se nos ponía en medio de nosotros, intentando imitar a algún movimiento de Michael Jackson. Si al menos hubiera tenido gracia… Mas que nada, nos provocaba risa, y hasta algo nos molestaba, pero como él iba y venía sin que nadie le dijera nada, pues le dejamos hacer. Si intentaba impresionar a alguna de las chicas, creo que no lo consiguió. Poco a poco, el local se fue animando más y muchos turistas se dejaron caer por el local. Los que más llamaban la atención eran unos enormes chicos de color, que iban acompañados de unas rubias igual de altas que ellos.
Al final Enric se unió a nosotros y también se puso a bailar un rato. Pero poco a poco el cansancio fue haciendo mella en nosotros y decidimos regresar al hotel. Dejamos el bar en el momento en que había más gente y lentamente emprendimos el camino de regreso al Sai Kaew.
El día había sido intenso: motos, arena, playa y baile. Todos regresamos sanos y salvos, a excepción de Pilar One, que tenia la pierna algo estropeadilla; entre las quemaduras que se dio con el tubo de escape, y los arañazos de la caída con la moto, fue la que peor lo paso.
Pero siempre se puede rematar el día, con una buena noche…y mañana más.
LUNES 16 DE AGOSTO 15º DIA KO SAMET
POR LAS CERCANIAS DE KO SAMET
Era lunes. Señal inequívoca que estabamos en la última semana del viaje, o mejor dicho, en los últimos días de nuestra aventura. Y de nuevo lo primero era desayunar, frente al mar, con la brisa marina azotando las tostadas de mantequilla…
Hoy tocaba excursión en barca. Enric y Angels no quisieron venir. A Enric el tema de la navegación no le atraía demasiado y además no podía mojarse los oídos, por lo cual el atractivo del Snorkel, que íbamos a realizar, tampoco lo podía disfrutar. Se les echo de menos. Acostumbrados a las peripecias de los 12, ahora íbamos a ser 8. Angels y Enric no tenían plan establecido para ese día, y no sabían si alquilar una moto, descansar, o pasear por la isla.
A la hora acordada nos dirigimos hacía el lugar de embarque, que estaba muy cerca del hotel. De hecho todo estaba siempre bastante cerca. Tuvimos que esperar unos minutos a que viniera la lancha a buscarnos, y mientras nos dedicamos a curiosear las tiendas que estaban abiertas, llenas de souvenirs, de comida, de bañadores y sobre todo de pareos.
En la lancha no íbamos solos. Aparte de nosotros 8 nos acompañaban un grupo de japoneses, que siempre querían ser los primeros en todo; en subir a la lancha, en coger los equipos de Snorkel, en comer, y en ser impertinentes. Como no, ellos se sentaron en la parte delantera de la lancha, y nosotros nos quedamos en la de atrás, y como teníamos más espacio, también nos reímos bastante más.
Dirigiéndonos a la isla, desde el mar, la imagen que veíamos, era preciosa. El agua verde, muy verde, mezclada con el blanco de la arena, y con las palmeras y la vegetación detrás…era la típica imagen de playa paradisiaca que todos habíamos visto alguna vez. Y lo que era mejor…estábamos prácticamente solos.
Nuestra primera parada al cabo de unos 30 minutos de navegación fue otra isla, en la que íbamos a practicar Snorkel, y más tarde comer. Cuando los japonesitos terminaron de coger los equipos, nosotros nos apropiamos de lo que quedaba, y menos mal que había para todos. El equipo por así decirlo, no era más que unas gafas de buceo con su correspondiente tubo de aire.
Teníamos un aspecto de risa. Ataviados con las gafas de buceo, y los tubos de respiración, nos dirigimos a “inspeccionar” el fondo marino y a ser aprendices de buceadores. Primero había que tener cuidado con los erizos. En las rocas que era lo que más cerca y con más cantidad estaban de nosotros, se encontraban unos erizos negros, con unos pinchos larguisimos, y que en algunos casos sus púas median más de 40 cmts. Había que tener bastante cuidado, pues en una roca inofensiva, podía aparecer un pincho en el momento más inoportuno. De peces, no es que viéramos muchos. Cuando alguien avistaba unos cuantos, chillábamos como si hubiéramos encontrado un tesoro, y si la cantidad vista era enorme y encima de colorines, aquello ya era una fiesta.
Algún pequeño pez, de color azul, o de rayas blancas y negras; otros transparentes, otros de color verde…pero sin abundar demasiado. Si esperábamos la imagen de bancos de peces pasando por nuestros ojos, esa no llegó. Si queríamos ver algo, debíamos alejarnos bastante de la orilla, y como a casi todos, el agua se empeñaba en entrar por donde no debía, abandonamos pronto la practica acuática.
Quienes se llevaron la peor parte fueron Mª Carmen y Pilar One. A Carmen, un erizo se empeñó en juntarse con ella de souvenirs, y tuvo que ir a ver al guía, él cual golpeándole el dedo donde tenía la púa clavada y aplicándole después una pomada, le solucionó el percance. Pilar One, al nadar, se rozó la pierna en una roca, y llevaba toda su pierna llena de arañazos…ayer se lastimó la pierna con la moto, y hoy se la volvió a machacar con las rocas…aún así, ni un reproche salió de sus labios, tan solo los gestos espontáneos de dolor, juntados con el cachondeo que ella hacía de sí misma, fueron las únicas quejas que dijo sobre las excursiones. Era nuestra valiente capitana.
Todos tomamos la opción de dejar el buceo y dedicarnos al vagueo…a hacer el vago…tumbarse a tomar el sol, o como mucho a darnos algún bañito sin aventuras. Las dos Martas, juntamente con Encarna y yo, nos fuimos hacía unas rocas para hacernos unas fotos e intentar divisar algún paisaje encaramados en lo alto de unas rocas.
Hacía el mediodía, tocaba comida. Nuestro guía nos llamó a la mesa, y en ella aparte de los de nuestra lancha, estaban los de otras embarcaciones. La mesa larguisima, estaba llena de piña, sandía, unos pocos calamares y arroz, aparte de agua claro. Y estaba preparada para que a todos nos llegara de todo, un plato de cada cosa para 3 o 4 personas. Lo más asombroso, fue ver a los japoneses, que despues de terminarse su comida, fueron a buscar más a los extranjeros que teníamos a nuestro lado. Pero que no se atrevieran a acercarse a nosotros!!!!!. Y no se acercaron…. ¿notaron que les miramos con cara de asombro y desprecio?
Después de la comida, nos montamos de nuevo en la lancha, para dirigirnos hacía otra isla. La barca, daba unos botes en el agua impresionantes. A veces parecía como si por unos segundos se despegara del agua para volar por encima del mar. Lastima que los golpes que daba cuando se posaba de nuevo en el mar, eran igual de espectaculares, y o nos agarrábamos fuertes, o alguna vez nosotros mismos hubiésemos volado por los aires. Eso sin contar, con los golpes que nuestro trasero iba soportando. Supongo que en un intento de fanfarroneo, y de asombrarnos, el guía, que llevaba unas gafas de sol negras, y que no se quitaba para nada, se dedicaba a subirse por los palos de la lancha y a dejar que su cuerpo fuera azotado por el viento, como una veleta, como un trapo…a veces se apoyaba en el exterior de la lancha y se movía colgado de la embarcación, por el exterior, como si estuviera haciendo Sky acuático. Imagino que lo habría hecho cientos de veces, aún así nos sorprendió.
Paramos en una pequeña islita, en la que había un pequeño monte, que todos nos empeñamos en subir. Unos tras otros, fuimos siguiendo a los que iban delante de nosotros, sin saber muy bien para que, o que íbamos a encontrar en la parte más alta de la roca, y después de estar unos 10 minutos subiendo, llegamos a lo que se suponía que era la parte más alta e hicimos algunas fotos de las panorámicas que veíamos. Ciertamente, no valía mucho la pena, pero bueno, al menos caminamos un poco, observando, las hormigas de diferentes colores que íbamos encontrando a nuestro paso.
Al bajar, encontramos unas vistas preciosas y todos nos fuimos hacía un rincón donde había una buena perspectiva de dos pequeños islotes unidos por un pedazo de tierra, y que desde donde estábamos hacían una foto preciosa.
De nuevo a la lancha, a los botes, a los golpes, y a las risas. Ahora la excursión nos llevaba a una piscifactoría en la que debíamos ver crías de tiburón, tortugas y peces varios. Caminar por aquel lugar era sinónimo de tener muy buen equilibrio. Los estanques estaban protegidos por unas mallas, pero para caminar por entre ellos, había unas maderas de unos 40 cmts de ancho, y en la cual tan solo se podía caminar uno tras otro, y si venía alguien por la misma dirección, había que hacer marcha atrás, y buscar un cruce, para desviarse y dejar pasar al resto. En la piscifactoría vendían comida para los peces por si alguien quería darles de comer.
Nos subimos de nuevo a la lancha, con cuidado, pues tanto para subir como para bajar, se tenía que vigilar un poco, y nos dirigimos a otra piscifactoría cerca de la primera. Aunque lo descubrimos más tarde, estábamos en Ko Samet, en el otro lado de la isla y de nuestro hotel. Lo mejor del lugar, era el bar en el que nos sentamos a tomar algo. No cabíamos todos juntos y nos sentamos en dos mesas. Mesas de madera con unas colchonetas que tenían un cojín en la espalda, y con los pies colgando por el agujero que había debajo de nuestras mesas. Realmente se estaba super relajado. De fondo se escuchaba música actual, y nos entreteníamos charlando y contemplando a todos los turistas que por ahí se acercaban.
Pero el relax se terminó y de nuevo a la lancha. Antes el guía se acercó a una de las “peceras” y extrajo un pez globo…lo cogió con la mano, se lo puso en la boca, y simulando que lo hinchaba, aquel pez que era de un tamaño normal, se convirtió en una pelota de baloncesto. Su aspecto era similar a un gran erizo de color blanco, pero el tacto era parecido al de una esponja, no pinchaba, y cuando lo dejó de nuevo en el agua, se deshinchó y volvió a perderse entre las aguas
La excursión llegaba a su fin; nos volvimos a subir por última vez a la lancha y nos dirigimos ya hacía la playa de nuestro hotel, a la que llegamos en unos 5 minutos.
Al caminar por la arena de regreso al hotel, tuvimos una sorpresa. El grupo de Fletcher, que habíamos visto en Chiang Mai, nos vieron llegar y una de las chicas se dirigió a nosotros. Parecía que hubiera encontrado a unos amigos que hacia años que no veía, y más por educación que no por otra cosa, estuvimos un rato hablando con ella; luego se acercó una más del grupo para contarnos lo bien que se lo habían pasado en el Treking, y lo “super, super Guay”, que había sido todo….
¿Que hubiese ocurrido si en vez de ir con el grupo actual, hubiésemos ido con el de los “pijos”?…Creo que todos estamos convencidos de que no hubiera sido igual. Si este viaje estaba siendo tan especial, era por la buena sintonía que todos teníamos, y aunque siempre podíamos encontrar más afinidad con uno que con otro, nunca tuvimos ninguna desavenencia con nadie. Y eso era importante.
Despues de la excursión tuvimos tiempo libre, de relax, o de playa. Por la noche íbamos de nuevo al mismo sitio que ayer, a comer de nuevo pinchos. Angels y Enric, se habían dado un día de relax total. Sol y playa…y piscina… porque descubrieron la piscina del hotel.
De camino al restaurante, nos encontramos a todo el grupo de Flecher que estaban cenando en otro restaurante. Solo con mirarlos se intuía una diferencia abismal con nosotros.
Mientras les íbamos contando a Enric y Angels las aventuras del día nos dirigíamos hacía la cena. Los camareros del lugar se acordaban de nosotros, y volvimos de nuevo a comer pinchos, como ayer.
Luego decidimos tomar de nuevo una copa, en el mismo lugar que la noche anterior, pero esta vez no nos íbamos a quedar todos. Las dos Martas, Mª Carmen, Pilar One, Encarna y yo nos quedamos. Enric, Angels, Pilar Two y Jordi, se fueron hacia el hotel…se perdieron la noche más… ¿digamos sexy? de todas.
Nos sentamos en una mesa los 6, escuchando la música, hablando y bebiendo. Por primera vez desde que estaba en Thailandia probé una bebida con hielo. Me pedí un Chivas, que me supo a gloria, tanto por la compañía, como por el lugar. Observaba el agua, y me entraron unas ganas locas de bañarme en el mar, y así lo comenté…estoy seguro que si alguna de las chicas se hubiera apuntado nos habríamos bañado en ese momento.
Encarna tuvo que ir al baño, y para ir a los servicios, era toda una odisea. Se tenía que salir del bar, caminar unos metros por la calle completamente oscura, hasta llegar a otro bar que estaba cerrado, y en el cual los baños también estaban algo faltos de luz. Además las cámaras frigoríficas y las sillas que estaban en medio del paso, eran los obstáculos que a oscuras, nos empeñamos en tropezarnos con ellos.
Un poco más tarde de la medianoche, decidimos regresar al hotel, dando un paseo por la playa. En el camino nos encontramos a parte del otro grupo de Flecher que se estaban bañando en la playa. Una de las chicas del otro grupo, (la más pija) nos contó lo bien que se lo habían pasado en un restaurante, y que toda la noche les pusieron música española. Mientras hablábamos con ella, parte de los chicos de su grupo, vinieron a saludarnos mientras salían en calzoncillos del agua.
Los dejamos a todos en otro bar, y seguimos paseando hasta el hotel. Al llegar frente a él, en la arena, Marta Two dijo la frase…. ¿Nos bañamos o que? ….mientras lo decía se iba descalzando…a mi me sobraron segundos, para aceptar, y antes de que todos dijéramos algo, yo ya estaba desnudándome….¿ pero en pelota picada?, preguntó Marta One….Cada uno como quiera, respondí yo, aún que mis palabras se perdían por la velocidad en la que yo me estaba dirigiendo al agua, completamente desnudo…si he de ser sincero, soñaba con un baño nocturno, solo o en compañía, pero me apetecía muchisimo.
Poco a poco, todas las chicas fueron llegando al agua….y yo era el único chico. Ellas se bañaron en ropa interior, menos Mª Carmen, que dejo que sus pechos fueran observados por la luna...
Apenas se veía nada, y como estábamos dentro del agua, ninguna parte “íntima” quedó demasiado al descubierto…la sensación de completa libertad, estando dentro del agua desnudo, es única.
Al cabo de unos minutos de olas, baños, bromas, etc.…tocaba salir…y aunque reconozco que suelo ser bastante atrevido en todo, también conservo mi dosis de timidez, por lo cual a la que decidimos salir, emprendí una veloz carrera hacía la ropa, para vestirme el primero, y no tener demasiadas cosas al aire libre durante mucho tiempo….
La ropa interior mojada, insinuaba algunas formas, pero aunque todo tuvo su dosis de picardía, en ningún momento nadie se sintió incomodo. Ahora tocaba otro gesto de valentía…Había que ir a recepción que estaba frente a nosotros, a buscar las llaves de las habitaciones…. ¿Pero quien iba, tal como íbamos? …Por votación popular a dedo, me tocó a mí, y con tan solo una camisa que me llegaba justo para tapar la mitad de mis slips me fui a recepción. El pantalón puesto por encima de los hombros, y todo yo empapado de agua y arena…una pareja ya mayor, que estaba sentada en una mesa en el bar, nos miraba y se reía, mientras todas las chicas fueron desfilando sigilosamente hacía las habitaciones, y un chico con un aspecto horrible, pedía las llaves de las Ladys…
Fue un broche de oro a nuestra última noche en la isla, y lo mejor sería él contárselo mañana al resto del grupo…aún nos quedaba un poco más de agua que recibir; ahora había que ducharse para que toda la arena se quedara en la ducha, aunque por toda la habitación dejamos restos de ella…
Una ducha y relajados a la camita….mañana regresábamos a Bangkok…el viaje estaba tocando a su fin…aunque aún tuvimos tiempo para hacer más cosas…en los días que nos faltaban claro…
MARTES 17 DE AGOSTO 16º DIA KO SAMET-BANGKOK
…Y DESPUES DE LA CALMA…
La estancia en la isla tocaba a su fin, y ahora venían dos días de regresos…regreso a Bangkok, regreso a Barcelona, regreso a la cotidianidad de cada día…pero aún nos quedaban horas de viaje, por lo cual había que aprovecharlas al máximo. Preparamos las maletas, y nos fuimos a desayunar…creo que todos los que participamos en el baño nocturno, teníamos ganas de contarlo al resto…y también de observar si alguien nos señalaba con el dedo…. Pero no, nadie nos señaló.
En el restaurante estaban desayunando también los del otro grupo de Fletcher, y poco a poco todos nosotros nos incorporamos a la mesa. El baño de la noche anterior, fue el tema de conversación durante todo el desayuno y las bromas y las ironías sobre ello, fueron constantes.
Como no había mucho tiempo para organizar nada, decidimos pasar un último día de sol y playa. Primero nos fuimos a la arena frente al hotel. Enric y Angels decidieron ir a pasear un rato los dos solos, y se fueron hacía el pueblo. Mª Carmen se dirigió hacía la piscina ella sola.
Mientras estábamos tumbados en la playa, vimos algo extraño. En la arena de la playa cada mañana aparecían unos agujeros en el suelo, como si estuvieran hechos con palos, profundos, rectos, y bien elaborados, y se veían por toda la playa…los agujeros los hacían unos pequeños cangrejos blancos, que salían de ellos, y correteaban por la arena…Jordi fue el primero en verlos y todos nos levantamos de la toalla, para irnos hacia ellos y verlos más de cerca, pero cada vez que nos acercábamos, estos se escondían en los agujeros y por mucho que esperábamos, no salían. Tan solo cuando nos alejábamos de los agujeros, volvían a salir. Quizás al oír las vibraciones de la arena de nuestros pasos, estos no salían, y solo cuando notaban que no estabamos cerca, volvían a salir. Varias veces intentamos él verlos de cerca, pero nunca los alcanzábamos.
El sol no quemaba…ardía, y decidimos irnos hacía la piscina del hotel, para al menos verla unos minutos…teníamos aún tiempo de estar chapoteando en el agua sin prisas…sin prisas…eso creíamos.
La piscina del hotel, está justo detrás de todas nuestras habitaciones. Andando se tardaban unos escasos 5 minutos, aunque también había un cochecito parecido al transporte que hay en los campos de golf que te llevan cómodamente sentado. La piscina no es que fuera muy grande, pero era una piscina. Nos metimos en el agua, y nos dedicamos a jugar con una pelota que había en el agua, pasándola del uno al otro. Mª Carmen estaba sentada en una mesa escribiendo postales. Al cabo de unos instantes de jugar, chapotear, reír y demás, todos decidieron irse a duchar tranquilamente, excepto Encarna y yo que nos quedamos aún un rato más en el agua. Mª Carmen también seguía escribiendo.
Al cabo de unos minutos, vimos aparecer a Marta Two, corriendo. Teníamos que irnos ya…. Marta One se había confundido de hora, y el transporte para coger el barco, salía en breve tiempo… empezaron las prisas…dejamos el relax de la piscina, para ir corriendo a ducharse, recoger, y hacer el Chek-out…pero empecé a preocuparme por Enric y Angels. Ellos estaban de paseo, y debían de aparecer más tarde…¿y si no conseguíamos avisarlos? …Por fortuna, a veces las casualidades existen y habían decidido regresar antes del paseo y entre unos y otros les avisamos.
Con algo de prisas, pero lo hicimos… a la hora acordada pero antes de lo previsto, ya nos estábamos dirigiendo hacia la lancha que nos debía de llevar a Bang Pe. El trayecto fue el mismo que a la ida, sin embargo, un cierto aire de tristeza flotaba sobre las olas…
Llegamos a tierra sin problemas y después de dejar nuestros equipajes en la oficina del Ferry, nos fuimos a comer, pues nuestro transporte a Bangkok, aun no había llegado. Marta One, se dio cuenta que con las prisas, o por un descuido de los botones del hotel, le faltaba una bolsa con unos zapatos. Se llamó al hotel, pero nadie sabia nada y como íbamos a comer, pues le dejamos el encargo a la chica de la oficina para que averiguara donde estaban los zapatos de Marta.
Fuimos a comer al mismo sitio que cuando llegamos a Bang Pe, pero esta vez todos pedimos un “bocata”…creo que nos apetecía probar un simple bocadillo…¿o es que estabamos ya pensando en Barcelona?.
Nos tuvimos que poner en dos mesas, pues no cabríamos todos juntos; el local era algo pequeño y además estaba todo lleno; Después de comer, al regresar a la oficina, tan solo tuvimos que esperar unos minutos, pues nuestro transporte enseguida llegó…de los zapatos de Marta, nada de nada.
Nos distribuimos en el coche, aunque esta vez fue Mª Carmen la que le tocó delante con el chofer y emprendimos el camino de regreso a Bangkok. Paramos a mitad de camino, en el mismo sitio que a la ida, y al cabo de unas 3 horas mas o menos, llegábamos al caos de la capital.
Las calles estaban llenas de tráfico, de coches, de gente…volvíamos a sentir el caos de una gran ciudad.
Bangkok estaba llena de carteles; de carteles con las imágenes de los candidatos a las elecciones a la alcaldía de la capital del próximo día 29 de agosto. El sistema electoral Thailandes es complejo. El estado está dividido en 76 provincias; cada una de ellas subdividida en distritos; cada distrito en grupos de poblaciones y en municipalidades. El alcalde de Bangkok es excepcionalmente el gobernador de la provincia, pues en el resto los elige el gobierno.
Para la alcaldía de Bangkok se presentaron 23 candidatos, de los cuales tan solo dos eran mujeres.
Los carteles electorales eran distintos que en Cataluña. Por lo pronto no vimos ningún cartel pegado en ninguna pared. Los carteles se colgaban en unas planchas como de madera y que eran atadas a los árboles o postes de la ciudad.
Cada cartel tenía la foto del candidato y un número, aparte de su nombre en Thailandes y alguna frase que lógicamente no supimos traducir.
El candidato que más veces se veía o más carteles tenía era el número 15: Chuwit Kamolvisit. Nuestro primer guía, Martín, me aclaró que no es que fuera el favorito o el más popular, sino que era el que tenía más dinero pues tenía tratos con la mafia Thailandesa y estaba permanentemente en disputas con el gobierno.
El ganador de las elecciones fue el número 1: Apirak Hosayodhin. Un chico joven que aparecía siempre en sus carteles con unas imágenes de rascacielos a sus espaldas. Ser alcalde de Bangkok era administrar una gran cantidad de dinero y tener bastante poder. El sueldo de un alcalde era de 102.000 baths. (Unos 2000 euros brutos al mes), bastante más de los 60 euros que era el salario base en el país.
Ahora tocaba zafarrancho de compras, pues era la última noche que teníamos para ello. Pilar One quería ir a unos almacenes que nos habían dicho que vendían ropa de calidad a buen precio, y pensamos que seria una buena opción, pues podríamos comparar precios, y también ver tiendas diferentes de la ciudad. Y así lo hicimos. Nos dividimos en tres taxis e intentamos ir hacía los almacenes…
En la puerta del hotel, había un señor que se encargaba de parar los taxis en la calle, para que así no tuviéramos que pararlo nosotros, pero también se encargaba de negociar el precio a nuestras espaldas y de establecer una tarifa fija, sin utilizar el taxímetro que llevaban. Enric, Angels, Carmen y Pilar One, se fueron en el primer taxi. Las dos Martas y Encarna se fueron en el siguiente. Jordi y Pilar Two, y yo nos fuimos en otro.
Bangkok era un caos. Un enorme caos. Con el taxi atravesamos una gran avenida. La Th Sathon Thai, que es una inmensa calle en la que están casi todas las embajadas de Bangkok. Mucha policía en ellas, y semáforos…comprobé lo que debe ser la paciencia Thailandesa. Nos detuvimos en un semáforo de 15 minutos de duración. Supongo que por algún tipo de ordenación del trafico que desconocemos, en esta avenida, hay un semáforo que esta en rojo más de 15 minutos, mientras los coches de los otros cruces, tienen el verde permanente. En algunos semáforos de Bangkok, también hay unos relojes digitales, que van marcando el tiempo que lleva el semáforo en verde…no el que falta para que cambie, si no el tiempo que lleva en ese color. A pesar del caos circulatorio que se respira, rara vez, muy rara vez oímos un claxon de algún coche…o se han adaptado muy bien al caos de circulación, o han comprobado que no por mucho hacer sonar el claxon, se avanza más rápido.
Al final de esta avenida se llega al Lumphini Park, un parque inmenso que tuvimos que rodear para llegar a los almacenes que queríamos. Jordi y Pilar estaban arrepintiéndose de haber decidido ir a los almacenes, y yo casi también…pero ya estaba hecho…ahora lo importante era localizar al resto del grupo.
En una esquina de los almacenes divisamos a Encarna y a Marta Two…su taxi no les quería cobrar por taxímetro, sino que les dijo que había pactado el precio con el del hotel y quería más…Marta One fue más hábil, y tan solo les pagó lo que ponía el taxímetro. Pero habíamos perdido al resto del grupo, pues su taxi les llevó a otros almacenes.
El centro comercial era como un Corte Inglés, pero asiático. De precios infinitamente más caros que en los mercadillos y al cambio con muy poca diferencia con Barcelona. Subimos rápidamente por todos los pisos, detendiendonos a veces en algunas prendas de ropa, pero con unos precios que no nos atraían. Por ultimo llegamos a la planta de electrónica e informática, en la que los precios eran a veces incluso más caros que en Barcelona. Creo que estábamos en los almacenes más caros de todo Bangkok, o bien no nos habían llevado al lugar correcto, o quizás tan solo nos habían tomado el pelo.
Creo que lo mejor era regresar, ir a cenar y después de compras por la zona que ya conocíamos. Y así lo acordamos. Esta vez Encarna y yo nos fuimos en un taxi y las Martas, Jordi y Pilar en otro. Debíamos de quedar en una esquina que conocíamos para irnos los 6 a cenar…pero tampoco pudo ser. Los dos taxis nos dejaron a cada uno en un sitio diferente, y no nos encontramos. Por el camino de regreso, Encarna y yo, pasamos por delante de otro mercadillo, de aspecto más Hindú, y al cual deberíamos de haber ido, pues desde dentro del taxi se veían algunos puestos preciosos, y con mercancías muy distintas a las que veníamos viendo.
Durante todos los días que estuve en Thailandia no vi en ningún lugar ningún grafiti en ninguna pared. Supongo que los habría, pero o bien estaban muy escondidos, o quizás la cultura artística callejera no había arraigado tanto.
Al llegar al puesto acordado, ni rastro del grupo. Fuimos arriba y abajo, nos metimos por callejuelas, y no los encontramos, y mientras decidíamos hacia donde irnos a cenar nosotros dos, en el mercadillo nos encontramos con Angels, Enric, Pilar One y Carmen, y con ellos nos fuimos a cenar.
Cenamos en el mismo restaurante que la primera noche en Bangkok; el Mango Tree…a nuestro lado teníamos a una familia de japoneses que nos miraban y nos sonreían. Eramos tan solo la mitad del grupo, y eso se nota. Acostumbrados a ser un montón, ahora tan solo éramos seis. Pero la cena fue agradable. Después de la cena, sin tregua, sin respiro, a las compras. Encarna y yo, podíamos dejar algo para mañana, pues pasábamos el último día en Bangkok, pero el resto, no. Ellos se iban de excursión al mercado flotante y al Río Kwai.
Empezamos a caminar por la Th Silom, llena de puestos; La mayoría ya vistos, pero esta vez, íbamos tan solo a coger cosas concretas. Y cargamos, vaya si compramos cosas…mientras estábamos paseando nos encontramos con las Martas, Pilar Two y Jordi…su taxi les había dejado en otro lugar y al no vernos, optaron como nosotros en cenar y buscarnos después por el único lugar donde sin duda estaríamos. El mercadillo.
Volvimos a pasar por la calle de los bares de alterne, y esta vez al ir los dos solos, pudimos contemplar más detenidamente el triste espectáculo.
Casi sin darnos cuenta, las manos se nos empezaron a llenar de bolsas y más bolsas…y empezaban a pesar…de regreso al hotel, nos encontramos a Pilar One y Carmen e hicimos el último trozo los cuatro juntos…pero aún hubo tiempo de que Pilar y Encarna compraran alguna cosa más…
Llegamos al hotel, y debíamos de hacer las maletas, pues las habitaciones las teníamos que dejar a las 12 en punto, y como nadie estaría al mediodía en el hotel, teníamos que dejar los equipajes en la consigna, y el hotel, más tarde, nos facilitaba una habitación de cortesía para cambiarnos, ducharnos, etc. pues el avión no salía hasta la medianoche.
Preparar todo el equipaje intentando que nada se rompa, que todo llegue en buen estado…dando casi por finalizado un viaje encantador…en aquella habitación, también dejamos una maleta rota…y algún momento especial…
Mañana nos iríamos solos por la ciudad de los ciruelos.
MIERCOLES 18 DE OCTUBRE 17º DIA BANGKOK
LOS DESCUBRIMIENTOS DE ÚLTIMA HORA
El miércoles amaneció de una manera especial. No por el clima que era el habitual en Bangkok, sino por la sensación de fin de algo, mezclado con la ilusión de estar caminando por última vez por la ciudad. Y esta vez íbamos a estar solos. En ningún momento en todos los 16 días que llevábamos de viaje, la presencia y la compañía del resto del grupo nos molestó o incomodo. Pero hoy casi teníamos ganas de estar solos, a nuestro aire y recorrer los últimos recodos que merecían ser vistos de Bangkok.
Sin madrugar tanto como el resto del grupo, nos levantamos también pronto y cerramos maletas. Las compras estaban hechas y los equipajes preparados para regresar a Barcelona. Antes de dejar la habitación y aprovechando la altura de la misma, aún hicimos alguna foto al paisaje que nos ofrecía nuestra ventana, sobre todo a la estación del Sky Tren, que teníamos justo enfrente de nosotros.
Bajamos nuestras maletas a recepción, y mientras nos daban un resguardo por ellas, le pedimos al conserje, que nos las juntaran con las del resto del grupo; en ese momento uno de los conserjes nos preguntó si le podíamos cambiar monedas….¿¿¿???. En un perfecto envoltorio, tenía 10 euros de diferentes monedas y quería que nosotros se lo cambiásemos por un billete de 10 euros, pues era la única manera de que en el banco se lo cambiasen por Baths. Supongo que algunos clientes le iban dejando monedas a modo de propina de céntimos y de euro, pero a él si no era con un billete no le servían de nada.
La alegría del conserje fue para verla. Aquellos 10 euros representan casi 500 Baths… el sueldo medio de tres días en Thailandia.
Teníamos previsto coger un tuk-tuk e irnos con al apeadero fluvial, para coger el barco y que navegando a través del Chao Praya, nos dejara en las cercanías del Grand Palace. Pero no fue así. Paramos a uno de los muchos que pasaban por delante del hotel y cuando ya nos habiamos subido en uno, después de enseñarle y de hacerle comprender a donde queríamos ir, pues al cabo de un par de calles después, se detuvo y nos dijo que no nos llevaba al embarcadero, pues las barcas ya habían salido, y que no llegaríamos al Grand Palace hasta muy tarde…o lo hizo muy bien, o nos dejamos engañar muy fácil, pero lo cierto es que le creímos y entonces el se “ofreció” a llevarnos al Gran Palace pero subiendo la tarifa primera que nos había dicho claro…nos negamos y nos bajamos; Entonces supongo que por no perder la carrera, el chofer aceptó y nos condujo hasta el recinto…o casi… como muestra de su enfado porque no le quisimos pagar más, nos dejó en la parte posterior de la entrada principal y tuvimos que dar un rodeo de varios metros para entrar. A su manera se había vengado…no deberíamos haber bajado hasta que no nos dejara en la entrada…
El recinto del Grand Palace esta rodeado por una imponente muralla. En la actualidad el palacio solo se utiliza en ciertas ocasiones ceremoniales, aunque alberga a más de 100 edificios, muchos de ellos cerrados y que no pudimos visitar. Tiene una extensión de 945.000 metros cuadrados y fue construido en 1782.
No tuvimos ningún problema para entrar y después de asegurarnos que la capilla del Buda esmeralda estaba abierta, penetramos en el recinto por la puerta Viseschaisri, la puerta principal. Todo turista que viaje a Bangkok debe visitar el Grand Palace.
Nada más entrar, un montón de gente en la entrada nos prevenía de que aquella visita sería la más multitudinaria que realizaríamos en todo el viaje; había que pedir turno para fotografiar cualquier cosa, sin que ningún turista despistado se cruzara entre la cámara y el objetivo de la foto.
Dos imponentes estatuas, parecidas a los Samurais, pero con cara de dragón, flanqueaban el acceso al interior del recinto. Enormes palacios, templos con sus techos dorados, ligeramente curvados hacia el cielo en sus extremos, parecidos a los que habíamos visto en varios lugares, pero si algo los hacían, especiales era su magnitud. No era un templo solitario, sino un conjunto de preciosos templos, unidos por el espacio…unidos por la multitud que los contemplaba.
Quizás las estatuas de los guerreros de la entrada, estaban puestas en ese lugar por un motivo simple, o por un motivo estratégico, o quizás tan solo eran para proteger alegóricamente al Buda más venerado, respetado e idolatrado de toda Thailandia. El Buda esmeralda. Sin ninguna duda el Wat Phra Kao, el templo del Buda esmeralda, es el santuario más venerado, con sus Chedis dorados, los relucientes tejados, pilares de mosaico y fachadas de pedrería, y todo ello rodeado por una galería cubierta de más de un kilometro con impresionantes murales, inspirados en pasajes de la vida de Buda. Cuando el Rey Rama I, convirtió a Bangkok en la capital del reino, ordenó levantar un templo para instalar la imagen del Buda esmeralda que había recuperado en una guerra con Laos. Este Buda, de 66 cm de alto y 48 de ancho es de jade, y ha tenido una historia muy agitada. También se le conoce por el Buda viajero. Se halló en 1434 en el norte del país, en Chiang Rai, fue robado por Laos y recuperado más tarde. Antes de que el rey Rama I lo recuperara, también estuvo en Vietnam, y por varias ciudades Thais. El monarca actual del país, es el encargado al inicio de cada estación de cambiarle el vestido que lleve puesto.
Al llegar a la capilla del Buda esmeralda lo primero que había que hacer era sortear a la gran cantidad de personas que sin ningún tipo de orden intentaban entrar. Descalzarse, dejar los zapatos en unos interminables estantes blancos llenos de todo tipo de calzados, mojarse los pies con la humedad del suelo y por fin, buscar un hueco entre el enorme gentío y entrar en la sala. El Buda esmeralda visto neutralmente no es gran cosa; pequeño, parecido en tamaño a la imagen del Pilar que esta en Zaragoza, sin embargo la devoción que despierta no es proporcional a su estatura. No sentamos en el suelo contemplando aparte de todo el retablo, recargado de varios Budas las imágenes de la vida de Buda que adornaban las paredes del recinto. Un grupo de escolares estaba haciendo una visita y el maestro les iba narrando y enseñando cosas del lugar. El trasiego de gente era enorme, sin embargo un mezcla de bullicio y paz inundaba el lugar. En un descuido mío me senté con los pies mirando al Buda. Inmediatamente un vigilante uniformado con un reluciente traje blanco vino hacía mi y me corrigió la postura. Nadie debe mirar a un Buda con los pies hacía él. Se considera una gran falta de respeto y desaprobación.
Salimos de la capilla y proseguimos nuestra visita al Grand Palace. Una muchedumbre cada vez más numerosa hacía cola para entrar y cola para salir. Nos dirigimos ahora hacía unos enormes Chedis que eran visibles desde el exterior del recinto. Sobre los Chedis y las Stupas siempre me hacía un lío. Al final aprendí que un Chedi es cualquier recinto, casi siempre torre, en la que se alberga la imagen de un Buda; como una capilla del Catolicismo. Los Chedis podían tener numerosas formas, pero cuando terminaban con un techo en forma puntiaguda, como si de una boya se tratara, pues eso era una Stupa. La mayoría de Stupas que vimos en todo el país eran de color blanco, con algún ribete de color dorado en lo alto.
Muchas de las Stupas están llenas en su interior de ofrendas, textos, huesos y cenizas de algún monje que haya vivido en el lugar y al que se le quiera rendir un recordatorio.
Había Stupas de varios colores, pero con un dorado predominante, azul y mármol…mucho mármol…la mayoría de los templos estaban cerrados y tan solo podíamos hacernos fotos en los exteriores de ellos. En uno de los más grande y que estaba rodeado de columnas de mármol, habían unas estatuas doradas preciosas, mitad mujer, mitad pájaro: eran las Kinaris…directamente aceptadas en el budismo pero que provienen de China. En algún momento tenía la sensación de que volvía a estar caminando por el Wat Pho, el primer templo que vimos en Bangkok. Sus torres ornamentadas de mosaico, me recordaban a ese templo.
Descubrimos en la parte más occidental del recinto una maqueta inmensa de un templo que nos recordaba a los que habíamos visto en Ayutthaya. Tuvimos que encaramarnos en una torre sin que nos vieran para poder hacer una foto del lugar. Por una de las pequeñas “callejuelas” del recinto llegamos a un edificio precioso y que era el Panteón Real: el Prasat Phra Dhepbidorn. Estaba su exterior casi vacío de visitantes y en una de sus esquinas estaba un pedestal con la imagen de Buda, rodeado de varios elefantes de piedra.
Poco a poco fuimos llegando a lo que se podría considerar el centro del lugar y en el que esta el salón del trono o salón de las audiencias reales: el Dusita Phirom Hall. Para acceder a él se entraba por una puerta que estaba flanqueada por dos estatuas de mármol de aspecto chino, con largas barbas y forma intimidante. No sé de donde salieron pero un camión con jóvenes militares pasó por delante de nosotros, mientras algunos más que iban a pie, desfilaban en una especie de desfile.
Una de las imágenes extraordinariamente más bellas de todo el Grand Palace, es el Chakri Maha Prasat Hall, el gran vestíbulo Chakri… el más amplio de todos los edificios.
Su belleza era más por su exterior, que no por el edificio en sí. Una plaza perfectamente cuidada, con unos arboles en cuyas ramas estaban exquisitamente elaboradas, unas enormes bolas verdes…de un verde parecido al césped…como si en la punta de cada rama, unos frutos gigantes hubiesen brotado de sus extremidades para adoptar una forma verde ovalada y se hubiesen empeñado en rivalizar con el colorido del blanco del edificio…la imagen era precisa, linda, inédita…los arboles estaban dentro de unos pequeños jardines de césped, invitando a descubrir las cientos de tonalidades que se albergaban en todo aquel recinto…
Unos guardas uniformados, como si estatuas fuesen, se encargaban de dar un toque distinto al palacio. Acercarse a una de aquellas estatuas vivientes, para hacerse una foto, y comprobar que ni pestañeaban, era algo curioso. Rodeando a los jardines y a los los árboles estaban unas macetas enormes en las que había una figura recortada de seto, de aspecto humano pero sin sexo definido.
Este recinto contiene todas las cenizas de los reyes de la dinastía Chakri, la actual, y también la de sus príncipes…anteriormente una de aquellas salas era utilizado por los monarcas para la ubicación de sus harenes, mujeres entrenadas para el combate…y para el placer.
Entramos en la parte del edificio que se podía entrar, y vimos un pequeño museo de armas…sables, espadas, fusiles, pistolas y espadas de corte oriental, que estaban expuestas en las vitrinas.
Saliendo del edificio nos encaminamos hacia la parte final de nuestro trayecto, el Dusit Maha Prasat Hall y que lo más destacable de él, es que sus paredes exteriores estaban todas llenas de figuras alegóricas, de imágenes de ejércitos luchadores contra demonios, de dibujos de hombres pájaro, de cientos de dibujos a cuál más extraño y que formaban parte de toda una tradición milenaria llamada Ramakien; una especie de leyendas importadas de China, pero que sé habían mezclado en una especie de sincretismo con las tradiciones y leyendas Budistas.
Recorrer todo el Grand Palace, es una labor ardua y cansada. Si hubiesen estado abiertos todos los recintos, necesitaríamos un día entero para verlo todo, pero al estar la mayoría cerrados, pasear por el exterior de ellos es un digno sucedáneo de la visita.
Salimos del recinto intentando esquivar a las decenas de vendedores que te asaltaban al salir…a uno de ellos le compramos una especie de paraguas hecho de papel, y adornado con dibujos occidentales. Empezamos a caminar por la Ratchadamnoen Nai Rd, atravesando un enorme parque, mientras otro de los vendedores de paraguas nos empezó a ofrecer otro más, pero a mitad de precio del primero…
Y nos fuimos con dos paraguas…aunque como unas gotas de fina lluvia empezaron a caer, no nos vinieron mal aquellos paraguas.
Siguiendo por la Ratchadamnoen, una cosa curiosa nos atrajo…en la acera, en la ancha acera estaban unos puestos de venta ambulante. Bien hasta aquí nada extraño…lo curioso es que había decenas, creo que más de un centenar, y unos puestos al lado de otro…y todos vendían lo mismo…LOTERIA…
Vendían unos cupones parecidos a los de la Once, con un numero, y que formaba parte de algún tipo de lotería estatal…todos vendiendo lo mismo… ¿pero como preguntar que era? Aquellas personas no creo que dominasen otro idioma que no fuera el Thailandes…
Siguiendo por la avenida, nos dirigíamos hacía el monumento a la Democracia, y antes de llegar a él, a escasos metros hay una galería abierta con imágenes de periódicos sobre un acontecimiento importante en la reciente historia de Thailandia.
En 1997 se aprobó la constitución del país: la constitución del pueblo como se la conoce, y es la primera que se aprueba por un gobierno civil. Establece la obligación de votar y dotó al país de una calma política que hasta entonces no tuvo….unos años antes, en 1992 y con varios años de golpes de estado, juntas militares, corrupción, compra de votos, etc, se produjeron en el país y especialmente en Bangkok varias manifestaciones que se terminaron con más de 50 muertos y cientos de heridos…a raíz de estos incidentes, varias dimisiones y presiones internacionales condujeron a un periodo de calma democrática…en esta galería están varias fotos de periódicos y artículos a modo de recordatorio para que nunca jamas se vuelvan a producir semejantes situaciones.
El monumento a la democracia que esta formado por cuatro estilizadas figuras, simulando a las alas de un ángel, fue erigido en 1932, para conmemorar el paso de la monarquía absolutista a la monarquía parlamentaria…en su interior están enterradas 75 balas de cañón.
Como el mediodía ya se acercaba quisimos entrar en un restaurante frente al monumento para comer. El local era de los que podríamos considerar de lujo. Los camareros iban vestidos con un uniforme que recordaba al de los marineros y de fondo se oía a una cantante de música, que interpretaba sus melodías con la compañía de un pianista. Eramos los únicos occidentales en el lugar, y la seriedad del restaurante causaba una cierta incomodidad. La comida, genial, como siempre en Thailandia.
Después de comer, nos dirigimos a pie hacia la montaña de oro, contemplando una vez más que las calles de la ciudad permanecen más limpias que algunas ciudades occidentales…tampoco vimos demasiada gente fumando en las calles, ni publicidad de tabaco…
Pero la picaresca si que está en todas partes. Preguntamos a un grupo de personas, de conductores de Tuks-Tuks, por la montaña de oro, y nos dijeron que estaba cerrada, que los monjes estaban haciendo sus rezos y no se podía ir, y por ello se nos ofrecieron para llevarnos a otro lugar por poco dinero…pero c |
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