Todos sabemos o creemos saber muchas cosas sobre Thailandia, y cuando llegamos a ella, nos damos cuenta de que es infinitamente mejor de lo que nos hubiéramos imaginado.
El bullicio de sus calles, la sonrisa siempre presente en la cara de sus gentes, el contraste de sus creencias milenarias al abrigo de la modernidad imperante, sus imponentes templos, su comida, sus mercadillos, pero sobre todo,
su sonrisa…
Thailandia es mucho más que un destino turístico,
es mucho más que unas vacaciones.
Thailandia es el nombre que nos transmite miles de sensaciones.
Pero hasta que no se visita, nadie puede saber lo que es el antiguo reino de Siam.
Thailandia es una sonrisa, es un templo.
Llorenç Estella i selva
Barcelona, Febrero 2005
LUNES 2 DE AGOSTO. DIA 1º. BARCELONA-HELSINKI
EL VIAJE
¿Cuándo empezó nuestro viaje? Lógicamente este empezó en el momento de tomar el avión, o quizás cuando llegamos, al aeropuerto, o porque no, quizás en el momento en que la agencia nos facilito la documentación…o cuando decidimos visitar el Sudeste Asiático… ¿o cuando?
Siempre que tengo que emprender un viaje, la noche anterior me cuesta dormir, y la excitación por partir hace que no necesite ningún despertador para levantarme de la cama. Y esta vez no iba a ser diferente.
Carmen, nuestro “chofer” particular, fue más puntual de lo acordado y unos minutos después de las 8 de la mañana ya nos llevaba hacia el aeropuerto.
Barcelona amanecía de lunes, de lunes de agosto, pero para nosotros era como un inmenso día festivo que nos iba a durar más de 400 horas.
Al llegar a la terminal nos pusimos a buscar el mostrador de Finnair, y nos recorrimos todos los mostradores de facturación para al final no encontrarlo. Preguntamos en la casilla de información y nos dijeron que era en los mostradores 11 y 12, al principio. O sea que vuelta para atrás. Al llegar a ellos reconocí a una de las parejas que iba a realizar el viaje con nosotros. Eran Enric y Angels, una pareja que ya conocimos la semana anterior en la agencia de viajes cuando nos dieron la documentación. Intercambiamos algunas palabras y poco a poco, detrás de nosotros la cola empezó a crecer. También vimos al resto del grupo esperando para facturar y a Jossel, que buscando la ventanilla, nos saludo y como iba algo perdido le dijimos que esperara en esa fila.
Facturamos las maletas y primer pequeño contratiempo. No teníamos asientos contiguos. En el vuelo a Helsinki sí, pero en el de Bangkok no. La chica nos comento que estaba reservado como grupo y que no sabía si las parejas estaban en asientos contiguos o no. Siempre nos quedaba la opción de cambiarnos con alguien del grupo, si es que fuera posible. Tomamos un café con Carmen y despues de despedirnos de ella, nos fuimos ya hacia la sala de embarque.
Nuestro vuelo número AY-906 destino Helsinki, tenía su hora de salida a las 11.35 y mientras hacíamos de nuevo cola para embarcar, empezamos a hablar con Enric y Angels. Lo primero fueron las preguntas típicas, ¿cómo os llamáis? ¿De donde sois? Etc.
Nuestro vuelo salió puntual y además teníamos asiento de ventanilla, concretamente los asientos 17 E y 17 F, y si no pasaba nada debíamos de aterrizar en Helsinki a las 16.25 ( hora local, una mas que en Barcelona). Dentro del avión habían instaladas unas pantallas en las que se veía todo lo que ocurría bajo el aparato. Una cámara nos mostraba el suelo de la pista, y al despegar veíamos como poco a poco el suelo se hacía cada vez mas lejano y las figuras se empequeñecían a la misma velocidad que el aparato ganaba altura.
Era curioso ver desde la pantalla como el avión despegaba y como poco a poco las cosas se iban empequeñeciendo hasta desaparecer de nuestros ojos y tan solo observar los distintos colores de los suelos.
Durante el vuelo nos dieron de comer y las 4 horas de viaje, pasaron bastante rápidas. El periódico, las revistas que llevábamos, las que había en el avión, etc. hicieron bastante soportable el viaje y antes de que el aburrimiento empezara a llegarnos, vimos las primeras imágenes de Helsinki desde el aire. Desde arriba se veía una ciudad muy verde, con numerosas islitas pequeñas alrededor de lo que suponíamos seria el centro de la capital del país.
Aterrizamos puntuales y como teníamos 7 horas antes de volver a embarcar, nos dispusimos a ir hacia el centro de Helsinki.
Helsinki es una ciudad de más de 550.000 hab. Y que fue fundada en el año 1550.
En la agencia nos facilitaron un pequeño plano de lo que podíamos ver y como llegar a ello. El plan era tomar los autobuses que salen del aeropuerto cada 20 minutos y que en unos 30 minutos mas nos dejaban en el centro de Helsinki, con el tiempo suficiente para ver “alguna cosilla” y tomar una cerveza.
A la salida del aeropuerto fue la primera vez, en que coincidimos ya todo el grupo, y lógicamente lo primero fue el interrogatorio de los nombres.
Eramos 12 personas. Todas muy diferentes, pero todas muy iguales. Jordi y Pilar, eran una pareja que venían con dos amigas suyas, Marta y Marta…Marta Diez y Marta Prados, aunque más tarde las bautizamos de otra manera. Ellos ya se conocían de un viaje anterior. Luego estaba Pilar y Mª Carmen, dos chicas que venían solas las dos. Enric y Angels, Jossel y Silvia y Encarna y yo.
Antes de salir del aeropuerto, en la taquilla de información del mismo, pedimos los horarios de los autobuses y un plano de Helsinki. Encarna y Marta Prados que eran las que más dominaban el inglés, nos hicieron las primeras gestiones y más tarde nos fuimos a tomar el bus. Teníamos 2 posibilidades para ir hacia el centro. Uno de los buses salía ya, pero era algo mas caro, puesto que no hacia paradas y el otro ( el que al final cogimos) tardo unos 10 minutos en venir y nos costo 3.40 euros por persona, haciendo siete y ocho paradas.
De camino al centro de la ciudad íbamos comprobando como era Helsinki, con muchas zonas verdes, numerosos tranvías e inmensos carriles bici.
El bus nos dejo en una plaza que era el punto final del trayecto y empezamos a andar por la ciudad. 12 personas en que la mayoría no se conocían empezaban a formar un grupo, a hablar entre sí, a conocerse, a preguntar…que tímidos empezamos y que desinhibidos terminamos.
Por el trayecto algunos compraron helados y yo una enorme bandeja de moras rojas que un puesto ambulante vendía.
Caminando por calle Pohjoisesplanadi, nos detuvimos en una travesía para dirigirnos hacia la plaza del Senado, donde un edificio imponente, blanco inmaculado presidía la plaza. De frente la Catedral, y a su lado el edificio del Senado; en el otro extremo de la plaza, estaba el Consejo de Estado. En la calle un restaurante bautizado con el nombre de Dali, exponía sus menús con los nombres en castellano.
Tras las primeras fotos nos dirigimos hacia el mar, nos apetecía tomar una cerveza mirando al Báltico, pero no pudo ser. Tras cruzar lo que parecía el fin de un mercado, llegamos al final del paseo y como la vista no era demasiado buena, volvimos hacia atrás, subiendo por el mismo paseo de antes, con música en directo y muchas zonas ajardinadas. Nos sentamos todo el grupo en un bar a tomar una cerveza que valía su precio en oro. Seis euros cada una. A nuestro lado algunas personas bebían la bebida típica del país, la sidra. En aquella tertulia cervecera ya empezamos a preguntarnos algo mas a todos, sobre todo de donde éramos y a hacer ya alguna broma. El grupo pintaba bien, nadie daba ninguna nota discordante y eso lo comprobamos ciertamente cada día.
Terminada la tertulia regresamos hacia la estación de autobuses pero como aun faltaba tiempo nos dedicamos a pasear por las calles de Helsinki. Edificios enormes, grises, de influencia soviética, poca vida en las calles. Parecía que los comercios también estaban de vacaciones, y caminando llegamos a otra zona del puerto, donde una chica nos pidió fuego. y nadie de los 12 fumaba…alguna foto mas y ya si de vuelta para coger el bus…Carmen se detuvo en un baño publico, y en el que tan solo se podía acceder previo pago de 50 cts.
Regresamos al aeropuerto para coger el vuelo AY 091 que debía partir a las 23.35 hacia Bangkok. Algunos compraron algo de cena en un puesto de hamburguesas. El aeropuerto estaba casi desierto, con las tiendas cerradas y en los paneles de información vimos que nuestro vuelo era el penúltimo en salir y que despues de las 23.50 horas y hasta las 6 del día siguiente, no había ninguno más. El aeropuerto permanecía cerrado.
Sala de espera, nuevo embarque y ya por fin, dentro de un aparato enorme en el que debíamos de pasar mas de 9 horas. Tal como nos dijeron estabamos mezclados y como al menos estaba el grupo junto, pues entre nosotros nos apañamos para que todas las parejas pudieran estar juntas. Jossel y Silvia, estaban juntos pero bastantes filas mas atrás, cosa que no entendimos.
Yo estaba al lado del pasillo, Encarna a mi derecha y a mi izquierda Marta Diez..
-No te preocupes ( le dije a Marta) , ya te daré conversación para que no te duermas…je..y me pase casi toda la noche durmiendo..
En el avión nos dieron de cenar, nos pusieron 2 películas. “50 primeras citas” y “Scooby 2”…pero 9 horas y media en un avión dan para mucho..O sea que como era de noche, lo mejor que podía hacerse era dormir... y eso hicimos la mayoría…
Antes de cerrar los ojos, nos facilitaron unos papeles que debíamos de rellenar para poder entrar en Thailandia. Un visado de turista.
Nuestra primera noche juntos la pasamos a 10.000 metros de altura, sobrevolando Europa y Asia..La aventura había empezado.
MARTES 3 DE AGOSTO. 2º DIA. HELSINKY-BANGKOK
LLEGADA A LA CIUDAD DE LOS CIRUELOS
Dormir en un avión es lo mejor que se puede hacer cuando se tienen que soportar mas de 9 horas de vuelo, y aunque algunos nos cuesta mas que a otros, todos terminamos haciendo alguna que otra cabezada.
Con los primeros rayos de sol (las 7 de la mañana en nuestros relojes pero las 11 sobre Bangkok) nos sirvieron el desayuno y casi sin darnos cuenta nuestro inmenso avión se poso sobre suelo Thai. Eran las 13 45, hora local. El aeropuerto de Bangkok está rodeado de campos de golf; enormes campos de golf.
Thailandia tiene 62 millones de habitantes, y casi la tercera parte vive en zonas urbanas. Tiene una esperanza de vida de 70 años (la mayor de todo el sudeste asiático). El 75% de la población es de la etnia Thai, que a la vez se subdivide en varios grupos. Un 11% son chinos, y el resto se reparte entre varias etnias más como malayos, vietnamitas, mon, y varias tribus de montaña,
Creo que todos teníamos una cara mitad soñolienta mitad satisfacción pues ya habiamos alcanzado el primer objetivo y tan solo esperábamos que nuestras maletas también hubieran viajado con nosotros. Entregamos un primer papel rellenado sobre nuestros datos y enfilamos un largo pasillo para efectuar el control de pasaportes y entrada al país.
Había varias colas para los trámites y como iban bastante lentos decidí ir a cambiar algo de moneda local, para tener dinero fresco para las primeras compras.
En el aeropuerto había una oficina del Thai Military Bank en el que hice cola, y más tarde Pilar Visper se quedo conmigo, pero como tenia su documentación con Carmen, me dejo un billete de 500 euros para que se lo cambiara yo. Mientras tanto el resto del grupo se fue acercando para cambiar y lo que era una sola persona, se convirtió en 4 más, mientras el asiático de detrás de mí nos miraba con cara de desespero y de que se le estaba colando todo el mundo.
El cambio estaba en 49.88 Baths por un Euro, y no era mal cambio, pues generalmente en todo nuestro viaje lo cambiamos sobre los 50 Baths por Euro.
Volviendo a la cola de inmigración, Marta Diez, se dio cuenta de que le faltaban 1000 Baths, y aunque fue a protestar la chica no les hizo demasiado caso, recontó los billetes que tenia y despues de decirles que porque no lo habían repasado antes, ella se escudo diciendo que sus cuentas le salían bien…todos teníamos bastante claro donde estaba ese billete de 1000 baths que faltaba.
Pasamos los trámites de inmigración y bajamos al piso inferior a buscar las maletas. Ya estaban allí y el personal del aeropuerto se encargó de sacarlas de la cinta transportadora y apilarlas todas juntas. Recogimos las nuestras y esperamos a que el resto del grupo bajase, y tardaron un poco aun, además los policías del aeropuerto les llamaron la atención por las risas que hacían…el reír es la práctica que más hemos practicado en este viaje.
El aeropuerto de Bangkok esta situado al norte de la ciudad, en el barrio de Don Muang, a unos 20 minutos del “centro de la capital” y esta previsto que en el año próximo otro aeropuerto más grande sustituya a este, que parece ser que sé esta quedando pequeño. De todas formas el de Bangkok ocupa el puesto 18 en la escala mundial de aeropuertos por número de pasajeros.
Recogidas las maletas por todo el grupo, salimos de la terminal, para localizar a nuestro enlace de Fletcher. Había un gentío enorme de personas con carteles de diferentes agencias, nombres escritos en inglés, otros en tailandés, etc., pero al final de todo, a mi izquierda aviste a un señor con el cartel de Fletcher. Era Martín, nuestro enlace/guía, el cual llevaba una camisa estampada de tonos rosas y que hablaba un curioso castellano que más de una vez nos provocaba risa. En Thailandia nuestra agencia era E.T.C.: Education Travel Center. Salimos de aquel caos de personas y tuvimos que esperar unos diez minutos que apareciera el transporte que nos debía de llevar al hotel.
Bangkok es una ciudad de 560 Km cuadrados y de más de 7.5 millones de personas, aunque si se incluye su área metropolitana la cifra no oficial se eleva hasta los 13. Una inmensa mole urbanística llena de autopistas que la surcan por arriba y por abajo. Calor asfixiante, humedad altísima y lluvia, mucha lluvia. Todas las tardes, (aunque a veces también por la mañana) suele llover unos 20-30 minutos, a veces con alguna cierta intensidad y ello es debido a su clima y a la época en la que estabamos.
Bangkok, que está al sur del país, padece las lluvias durante todo el verano, y los monzones hacen que en Agosto y Septiembre sean los meses de más precipitaciones. Y cuando nosotros llegamos, como no, estaba lloviendo.
Los guardias de tráfico del aeropuerto llevaban puesta una máscara, para mitigar los efectos de la contaminación, y en todo Bangkok más de una vez vimos a conductores de Tuk-Tuk, taxistas y simples viandantes con las máscaras puestas.
Se conduce por la izquierda y la densidad del tráfico era parecida a Barcelona en hora punta. Inmediatamente cogimos una autopista con su correspondiente peaje mientras Martín nos iba contando cosas sobre Bangkok con su peculiar castellano. Inmensos edificios alternados con templos, casas humildes de una sola planta con estructuras de madera y todo ello “adornado” por los carriles de la autopista que se adentraban en la ciudad.
Muy pronto llegamos a nuestro hotel, el hotel Narai situado en 222 de la Silom Road, en el distrito de Thanom Silom. Narai fue un rey Thai que reinó a finales del siglo XVII.
Nos sentamos en la recepción del hotel, mientras Martín nos iba dando documentación sobre el viaje, billetes de tren para Chiang-Mai, los papeles para el siguiente hotel, etc. Marta Prados, fue “por votación popular” la encargada de guardar todo ese papeleo. Y supero con muy buena nota el encargo.
Nos dieron las habitaciones y quedamos al cabo de hora y media (sobre las 6 de la tarde) en recepción para dar un paseo por los alrededores del hotel y empezar por nuestra cuenta a descubrir la ciudad.
La habitación era bastante correcta con una amplia cama de matrimonio, Tv, mueble bar y 2 botellas de agua gratis por día, que te facilitaba el hotel. En todos los hoteles siempre tuvimos las dos botellas de agua diaria gratis.
Bangkok fue erigida capital de Thailandia en 1782, por el fundador de la dinastía Chakri, ( la que aun gobierna) Rama I y su nombre deriva de Bang Makok, que significa lugar de ciruelos, que era el antiguo emplazamiento de la ciudad, un campo de ciruelos, aunque otras versiones más modernas la hayan rebautizado como ciudad de ángeles. Orientarse en esta urbe es difícil, y las distancias que un plano parecen pequeñas, en la realidad son de más de 2 horas a pie.
Preguntamos en recepción para ir a Chinatown y nos dijeron que se tardaba mas de una hora y media en llegar por lo cual decidimos salir del hotel e ir paseando tranquilamente y despues ya decidiríamos. Tan solo nos fuimos Enric y Angels, Jossel y Silvia y Encarna y yo, pues el resto del grupo dijeron que bajarían mas tarde y que ya nos encontraríamos. En ese momento pense que esta seria la tónica habitual del grupo: las parejas por un lado, y el resto por otro. ¿Me equivocaría?
Andando por la calle, nos detuvimos en un puesto callejero de comida. Un chico con un hornillo con brasas, ofrecía sus pinchos, hechos al momento. Quizás como una muestra de curiosidad y de algo de hambre, nos animamos a probarlos y los 6 decidimos comprar uno cada uno, al precio de 10 baths el pincho: (Unos 2 euros). Había pinchos de bolitas de carne, de pollo, otros de pequeñas salchichas, de bolitas caramelizadas y unos de pescado. Al final de cocinarlos el chico te añadía si querías salsas que tenía a su lado. Como éramos 6 y creo que con el idioma teníamos algún problema, se le acerco para ayudarle o para vigilarle un señor que quizás fuera su padre, o familiar. Estaba bueno el pincho y seguíamos cumpliendo las advertencias sanitarias que nos dijeron. No comer nada en la calle, a no ser que este cocinado, pelado o lavado.
Seguimos andando unos cuantos metros mas, luego torcimos a la derecha y más tarde por otra calle paralela a nuestro hotel. Los carteles de los comercios estaban casi todos escritos en Thai, por lo cual, no nos enterábamos de nada.
Las calles de Bangkok eran las de cualquier gran ciudad, llenas de tráfico, ruido, calor, y olores…unos olores a especies y otras veces a alcantarilla. En algunas esquinas, pequeñas y diminutas construcciones parecidas a un templo en miniatura, le daban un toque exótico a lo que íbamos viendo.
En otros lugares de Tailandia también vimos numerosos pequeños templos como los que estábamos viendo en ese momento, y estos son “casas de los espíritus”.
Muchos hogares y edificios de Thailandia poseen una casa de los espíritus, que son los lugares donde viven las almas. Si no hubiera esta estructura, los espíritus convivirían con los inquilinos, y ello ocasionaría varios inconvenientes. Su forma habitual es parecida a una jaula de pájaros, colocada sobre un pedestal. Además se debe procurar que los espíritus vivan en estas casas y no en la casa familiar. Para ello, y para que los espíritus estén “cómodos” en su residencia, se les debe hacer diariamente una ofrenda de alimentos, flores, velas e incienso. Tienen que estar decorados y no deben quedar ocultos por ninguna forma ni ensombrecidos por el hogar principal. Algunas casas de espíritus tienen también figuras y adornos…toda una costumbre que en Occidente costaría de entender. Pero esto era Thailandia.
Decidimos dirigirnos hacia Chinatown, pero había antes que negociar el precio de los Tuk-Tuk, y para ello siempre hay que regatear. Siempre. Nos dividimos en 2 Tuk-Tuk y nos fuimos hacia el barrio chino de Bangkok. Estaba anocheciendo y el espectáculo de neones luminosos en Chino, junto con unos pocos en ingles, el tráfico incesante, el calor, el gentío, y nuestra capacidad de asimilación y asombro hicieron los primeros instantes deliciosos. Las tiendas iban cerrado y sus aceras eran ocupadas por vendedores ambulantes de todo tipo, aun que los que más prodigaban eran los de comida y restaurantes a pie de calle. Patos caramelizados colgados de unos ganchos, pinchos de diferentes formas y colores, frutas, bebidas. Las tiendas dejaban su espacio a las comidas y bebidas.
No es que nos desilusionara lo que veíamos, pero tampoco estaba dejándonos muy maravillados, y al final de una calle, cuando la luz empezaba a escasear, decidimos volver por nuestros pasos y buscar algún lugar para cenar, quizás en los innumerables puestos de comida rápida que habiamos visto antes. Y no fue tarea fácil. Ninguno nos convencía: o bien faltaba espacio, o bien faltaba higiene
Cruzando la calle avistamos unas terrazas muy concurridas, llenas de turistas y en las que en la mayoría servían pescado: Cangrejos, Langostas, Gambas, Peces de varias formas y…olores…Enric dijo que el último día en Bangkok, no se iría sin probar unas gambas a la brasa…Y las probó, aunque no el último día.
Caminamos un poco más por esa calle llena de restaurantes de pescado y al final entramos en uno, que parecía muy nuevo y con aires más occidentales. Mesas amplias, con mucha luz, carta en la puerta, y sobre todo mucha gente en el interior. De cortesía nos ofrecieron una especie de té helado, pero con hielo. Y como acabábamos de llegar, no convenía tentar a la suerte. Lo rechazamos por el tema del hielo, y pedimos cervezas y coca colas. Encarna pidió una soda con limón y como se la trajeron llena de hielo picado, también la devolvimos.
Empezamos a probar la cocina Thai, rica en platos y también en picantes. Siempre debíamos advertir que no queríamos picantes en los platos, e incluso nos aventuramos a comer con los palillos. A nuestra derecha había una mesa de comensales en la que estaban preparando un plato típico del país y ante nuestras miradas de curiosidad, “ nuestros vecinos” nos miraban y nos sonreían. Iban echando dentro de una especie de gran olla, con agua o caldo, varias verduras, carnes, etc., y todo ello se iba cociendo en esa olla familiar.
Despues de comer, volver a negociar los Tuks-Tuks y de vuelta al hotel. ¡Vaya velocidades que cogen estos cacharros!. Provistos de una batería que suele ir a los pies del conductor, su temeridad al volante es digna de elogio…o de imprudencia…pueden ir cómodamente dos personas sentadas atrás, aunque tres personas tampoco es difícil de ver a veces Como era pronto quisimos dar una vuelta por los alrededores del hotel, donde habían ya instaladas algunas tiendas de artesanía, aunque pocas en comparación con las que vimos en días posteriores. El cansancio estaba venciendo a la excitación de estar en Thailandia, y nos enfilamos más rápido de lo normal hacia el hotel. Antes Encarna y yo, nos despedimos del grupo por que entramos en una sala de Internet, para poner un email a nuestras familias diciendo que estábamos bien, etc.
También aproveché para comprarme unos pantalones de Treking, que había esperado para comprármelos en Thailandia. Me los tuve que probar en medio de la calle, en una especie de vestidor al aire libre. ¿Lo hubiera hecho en Barcelona?
Habiamos empezado a explorar, tímidamente la capital del reino de Siam. Mañana nos esperaba la visita guiada al Bangkok inédito…e inédito fue…
MIERCOLES 4 DE AGOSTO 3º DIA BANGKOK
TEMPLOS, SONRISAS Y PASEOS POR LA CIUDAD
“Gran ciudad de los ángeles, repositorio de gemas divinas, gran tierra inconquistable, grande y prominente reino, deliciosa capital de las nueve gemas, la morada real más elevada, divino refugio y residencia de espíritus reencarnados”. Todo ello es lo que significa el nombre de la ciudad. Krung Thep o Ciudad de los Angeles como se la conoce más cotidianamente. Pero para nosotros era Bangkok, la inmensa capital del antiguo reino de Siam.
Habíamos avisado la noche anterior en recepción que nos despertaran a las 8 de la mañana, y cuando faltaban unos minutos para las 7, nuestro teléfono sonó. Y también el de los demás compañeros de viaje. Alguien pensó que debía de despertar a todo el grupo y más pronto de lo que habíamos pedido. Eficiencia Thailandesa.
Bangkok amaneció, como amanecen la mayoría de las enormes ciudades: Gris, ruidosa, caótica a veces, y con un aire de impaciencia por parte de todos nosotros.
Desayunamos con parte del grupo en un abundante buffet libre. Si se era previsor se podía comer casi para todo el día.
Martín fue puntual. Y a las 9 en punto nos vino a buscar para realizar lo que en el programa del viaje se llamaba “Visita al Bangkok inédito”. Salimos del hotel y andando unos 5 minutos llegamos a nuestra primera visita: El Templo Sri Mariamman.
Para entrar en un templo hay que descalzarse, y éste no iba a ser menos. El templo hindú fue construido en 1860 por emigrantes indios y desde fuera muestra una fachada de unos 6 metros llena de colores, rematada en el centro por una cúpula de varios colores. Está prohibido hacer fotos dentro, por lo cual tan solo pudimos reflejar la visita en fotos desde la calle. Esta abierto a todas las personas sea cual sea su religión, pero, los musulmanes y los judíos asiáticos, no está bien visto que entren en él.
El suelo estaba mojado, pero nos descalzamos y entramos. Una especie de guardián de la entrada, comprobaba a uno por uno, que nos hubiéramos quitado los zapatos. Dentro del recinto el suelo estaba más caliente. Había un sacerdote Hindú, vestido con una túnica verde y el pecho descubierto, que era el guardián del templo y la persona encargada de darte paso o no, a la capilla principal. En esta capilla están las tres divinidades principales. Shaki, el esposo de la diosa Shiva; Subramanian, hijo de ellos y Ganesh, otro hijo de Shiva con cabeza de elefante. También hay algunos pequeños Budas. Las imágenes de Budas, y divinidades Hindúes, se entremezclan con figuras que recuerdan a la iconografía china; dragones y seres deformes, grandes serpientes y todo ello ornamentado por piedras de distintos colores y formas…en el exterior una imagen de Buda con sus cuatro hijos…Según una leyenda, cada hijo dio origen a una de las cuatro grandes religiones mundiales.
Me acerqué al sacerdote y le pregunté por el ritual que celebraba a todas las personas que se le acercaban. En medio ingles, medio Thai y con la ayuda de Encarna me contó que era una bendición de la Diosa Shiva, para todo el que la pidiera. Te rociaba las manos con una agua bendita, y esa agua había que bebérsela, acto seguido mojaba sus dedos en unos cuencos con distintos polvos de colores. Uno gris, parecido a las cenizas, otro ocre, y un tercero granatoso que era el que te ponía en la frente. Supongo que al ver mi curiosidad me ofreció “su bendición” y más por no ofender si la rechazaba, y como una bendición no hace daño, pues salí del templo con una bien visible marca en mi frente.
Salimos del templo y andando nos dirigimos a la estación de Chong Nonsi, para coger el Sky Train, o tren elevado. Caminar por la Silom Road, podía ser frenético. Puestos de comida, de bebida, de flores, cabinas telefónicas que aparecían a cada paso, tiendas que sacaban sus productos a la calle, gente andando a correprisa, turistas despistados, y humedad, mucha humedad. Parecía que estuviéramos dentro de una gran pecera.
El Sky Train de Bangkok, consta de dos líneas y está prevista una prolongación que llegue hasta al aeropuerto, y otra que salga de la ciudad hacia el área metropolitana. Aunque de momento el proyecto está aparcado por falta de dinero, y aunque en algunos lugares de la ciudad se ven las torres ya enderezadas, que deben de sujetar las vías, Martín me comentó que había un gran déficit económico en la ciudad y no creía que en un futuro próximo se pudiera llegar a terminar la construcción. También hay un metro subterráneo, que no vimos, y Martín me comentó que solo funciona en algunos tramos, pues el resto del trayecto está detenido por las mismas necesidades económicas. Subir al Sky Train, es además de cómodo y rápido para desplazarse, una manera de observar Bangkok desde otra perspectiva. En todas las estaciones hay planos de la ciudad. Si no se compra billete, no se puede salir, pues para abandonar el Sky Train, se debe introducir el billete que se ha comprado en las maquinas de salida, sino estas no se abren. Además un guardia controla a todas las personas que salen…
El aire acondicionado del Sky Train, estaba muy fuerte y aunque solo fueron 3 paradas, la diferencia de temperatura fue acuciante.
Salimos del tren elevado y nos dirigimos a la estación del Ferry para coger un barco que nos llevara hacia Chinatown. El río de aspecto sucio y color marrón, está repleto de embarcaciones con quillas pintadas de colores, transbordadores, diminutos remolcadores arrastrando pesados e interminables buques de carga, lanchas fueraborda, restaurantes flotantes y muchos turistas, muchos. El río Chao Praya debe su nombre al primer rey de la actual dinastía. Chao Phraya Chakri o Rama I, el mismo que estableció la capital en Bangkok, allá por el 1782. El Chao Phraya cruza todo Bangkok y es muy utilizado para desplazarse por la ciudad. Los taxis fluviales son económicos y suelen ir atiborrados de personas. El barco apenas se detiene; unos silbatos anuncian su llegada, se para unos segundos tan solo para que suban y bajen los que lo deseen y vuelve a surcar las sucias y atestadas aguas para volver a parar unos metros mas adelante. Martín nos había indicado ayer que en Bangkok, se multa a las personas por ensuciar la calle, o por verter basura al río…viendo el aspecto del río, creo que easa multa no debe aplicarse nunca.
El viaje en el barco fue curioso, por que había unos monjes con sus túnicas azafranes, apoyados en un lateral del barco, como ausentes, con la mirada fija en el horizonte, sin moverse y casi todos nos las ingeniamos para poder realizarnos una foto a su lado.
El barco se paro en “el apeadero” de Tha Ratchawong y ello significaba que ya estábamos en el barrio chino de Bangkok, en Chinatown. La visita a Chinatown creo que a todos nos desilusionó un poco. Esperábamos otra cosa, o más tiempo para pasear por aquellas callejuelas, estrechas, llenas de personas y productos, llenas de calor y humedad asfixiante, de olores, de malos olores, de colores, de curiosidad…Nos introducimos por unas calles que a Enric y a mí, nos sonaban de la noche anterior, pero ciertamente, no afirmaría que fueran las mismas, ¿o quizás si?. Si un producto era la estrella de las tiendas este era, los enormes rollos de cuerda de distintos colores y también las bolsas de asas de plástico, en distintos tamaños y colores. Se veían en todos los puestos, a la vista, como el mayor reclamo de unas tiendas oscuras, y atiborradas de mercancía. Martín nos dejó tiempo libre para que pudiéramos ir a nuestro aire, y al torcer por una de las callejuelas nos adentramos en una especie de barrio dentro de otro barrio donde el producto estrella eran enormes y rebosantes sacos de gambas secas, desecadas, de distintos colores y tamaños; Gambas secas de varias formas y colores, cortezas de cerdo fritas o similares, sacos con frutos secos, y unas chiquillas preciosas que nos miraban con cara de extrañeza y curiosidad.
Seguimos visitando Chinatown, y ahora le tocaba el turno a la zona de las telas, de las ropas, de los hindús, que eran los acaparadores del comercio textil. Visitamos las callejuelas repletas de tiendas de oro y joyas, los regalos, la artesanía, las loterías, las flores…todo tenía su lugar en Chinatown, barrio fundado al mismo tiempo que la ciudad por una colonia de chinos que estaban dispersados por otras zonas de Bangkok. Unos se integraron fácilmente, otros no tanto pues la sociedad china siempre se ha caracterizado por ser muy poco abierta. El gobierno thailandes, aprobó una ley por la cual, todos los ciudadanos de Chinatown, debian de poseer un nombre Thai.
Despues de la orfebrería, frutos y adornos le toco el turno al mercado de las verduras, enormes puestos de todo tipo de verduras, calles mojadas por la lluvia o por el riego, chicos con pesados remolques llenos de viandas, que te atropellaban a su paso y alguna dependienta durmiendo encima de sus mercancías…Seguía siendo Chinatown.
Martín entonces nos detuvo varios Tuks-tuks para que nos llevaran a un lugar que él había acordado antes con los conductores. Nosotros tan solo sabíamos que era frente a la estación de policía. Pero como unos salimos antes que otros, y además Martín se detuvo antes y nos fue parando a todos, Jossel y Silvia que si fueron al lugar acordado se perdieron y tardamos bastante tiempo en encontrarlos.
Paseamos por el mercado de las flores, calles estrechas y que a ambos lados de la acera estaban los puestos de flores y adornos. Si un adorno sobresale por encima de todos este es el Malai. El Malai es una especie de collar con distintas flores entrelazadas en un trabajo muy laborioso. Este collar debe llevar siempre un capullo de jazmín, o de rosa para darle aroma. Es el símbolo de la fugacidad de la vida para los budistas. Todo lo bello y elaborado, perece y es muy habitual encontrarlo en altares, y sobre todo en los salpicaderos de los taxis o de los Tuks-Tuks. Los Malais de color blanco eran la flor estrella de estos puestos y de otros muchos que encontramos en todo nuestro viaje.
Reencontrados de nuevo todos juntos, se puso a llover y mientras esperábamos a que vinieran los buses a buscarnos, nos detuvimos en una equina donde un lugareño ofrecía agua para limpiarse las manos, a cambio de una limosna…
Según nuestro plan de viaje, nos deberíamos dirigir a la isla de Rattanakosin, y aunque hubo bastante cachondeo sobre la visita a la “isla” si hemos de ser realistas, estabamos en una isla; Quizás no en el concepto que todos pudiéramos tener de una isla, pero una isla era. Rattanakosin es un pedazo de tierra de Bangkok, separado de “la península” por el río Chao Praya y el canal o Khlong, Phadung Krungkasem.
Después Martín nos llevo a la turistada del día y quizás también del viaje. A una fábrica y tienda de joyas.
La Gems Gallery, que tenía varias tiendas por todo el país.
Thailandia es el mayor exportador de piedras preciosas del mundo y aunque la mayoría de las fuentes naturales de piedras han disminuido considerablemente, en la actualidad muchas de ellas se exportan de Australia y Sri Lanka, aunque se cortan y se comercializan en Thailandia. El 40% de todas las piedras preciosas que se exportan son diamantes.
Atravesando grandes avenidas y contorneando el Palacio del Rey, enorme recinto con unos impresionantes e inmensos jardines, llegamos a la joyería. Nos dieron una bebida de cortesía y nos pusieron un vídeo en castellano sobre la extracción de las esmeraldas y de las piedras preciosas, y sobre la riqueza de Thailandia en esta joya. Acto seguido nos llevaron a la tienda, enorme, en la que al entrar un vendedor te seguía a todas partes que te dirigieras, y siempre era el mismo. Cada uno de nosotros tenia a su “vendedor particular”.
Encarna y yo miramos las joyas más con curiosidad que no con ganas de comprar, y aunque había algunas cosas realmente preciosas, nada nos interesó lo suficiente como para decidirnos. Pilar Visper, si que se compro unos preciosos pendientes redondos con una llamativa piedra verde en el centro.
Martín nos había comentado una anécdota que durante todo el viaje la recordábamos y nos reíamos con ella. Mientras pasábamos por el exterior de la residencia del Rey, nos comentó que el soberano gozaba de gran popularidad y cariño en todo el país y mucho más desde que el monarca empezó a construir pantanos por todo el país, puesto que los que se construían antes, los realizaban obreros algo “chapucillas” y que Martín bautizó como “Xilipollas”. “- y ahora ya no haber Xilipollas en Thailandia, porque las obras las hace el Rey”. La palabra Xilipollas, pronunciada en labios de Martín, siempre nos hacía reír cuando la recordábamos.
La visita programada tocaba a su fin, y entonces debíamos decidir a donde nos dirigíamos. Sí al hotel o a otro lugar. Decidimos que los buses nos dejaran en el Gran Palace, y así proseguir la visita a la ciudad por nuestra cuenta. Y ello hicimos.
EL Gran Palace. Enorme recinto lleno de templos, chedis, murales, museos, y gente, mucha gente. Primer contratiempo. Algunos de nosotros no llevábamos la vestimenta adecuada para entrar. Camisetas de tirantes, pantalones excesivamente cortos, sandalias sin la cinta de atrás…ropas no apropiadas para los vigilantes del templo, que en la entrada del mismo te vetaban el paso o no. Como solución de emergencia también se podía alquilar ropa en la entrada, dejando un depósito que se retornaba al salir. Otros optaron por taparse con pareos o chubasqueros.
Segundo contratiempo: la capilla del Buda Esmeralda, estaba cerrada. Decisión, volver otro día al templo y volver a planificar el resto del día. Tras un breve intercambio de opiniones nos decidimos a ir al Wat Pho, que estaba a unos 10 minutos del Gran Palace. Caminamos por un paseo donde parte de su acera estaba en construcción y sin ningún problema todas las personas que íbamos por la acera, pisábamos la arena en la que los operarios arreglaban el suelo. Dirigiéndonos al Wat Pho, pasamos por una terraza de un bar, donde muchas personas ofrecían sus servicios de numerologia, lectura de manos y ciencias adivinatorias. Muy pocos tenían las cartas del Tarot. Un pequeño bazar de esoterismo. Al otro lado de la calzada los puestos de comida rápida, los pinchos, los puestos de bebidas y tan solo unos pocos de prendas o artesanía, competían por ganarse un espacio en la calzada. En uno de los puestos de pinchos, hicimos un “vermut”. Un pequeño tentempié hasta la hora de comer.
Llegando al Wat Pho, había un puesto de insectos fritos: gusanos, saltamontes y otras especies varias que un chico vendía a peso en pequeñas bolsitas transparentes. Nadie se atrevió a probarlos.
La entrada al templo nos costó 20 Baths por persona y lo primero que vimos fue una imagen gigantesca del Buda reclinado más grande que hay en toda Thailandia. Mide 46 metros de largo y 15 de altura y está recubierto de pan de oro. Circulamos alrededor del Buda, observando que en los espacios que dejan libres las columnas, se ubican unos pequeños altares con Budas más pequeños, y velas encendidas a modo de ofrenda. En algunas de ellas hay también incienso y flores, los malais típicos. Al final del Buda, en sus pies es donde mejor se ve toda la amplitud y grandiosidad de la imagen.
Por la espalda del Buda, hay una mesa donde donando 20 baths, le dan a uno una bandeja con 100 monedas que deben depositarse en los ciento de ollas que hay preparadas. Una ofrenda que según nos contaron representa una tradición budista, de repartir limosna pidiendo la gracia del Buda en cuestión.
Marta Prados, realizó la ofrenda. Marta, tal como fui descubriendo a través de los días, era una chica de una sensibilidad especial. Ella fue la primera en acercarse a mí, en bromear, en entablar una conversación conmigo… Sagitario, de noble corazón, de carácter alegre, moderna y vanguardista era de aquella clase de personas que inspiran confianza nada mas verla. A lo largo de nuestra ruta, nos fuimos haciendo confidencias mutuas, abriendo nuestros corazones y contándonos cosas bastante particulares de cada uno. Trabajaba de Adjunta de Dirección para una empresa de suministros informáticos y junto con la otra Marta, formaban un dúo muy interesante.
Saliendo del Buda reclinado nos adentramos por el recinto del Wat Pho, que es el templo más grande y antiguo de todo Bangkok. Posee la colección de imágenes de Buda más numerosa de toda Thailandia y alberga también el centro para la conservación y enseñanza de la medicina Thai tradicional, que incluye el masaje. Un curso completo dura de 1 a 3 años.
Pasamos por un arco con 2 guerreros adornados con sombreros de copa y entramos en un gran patio lleno de Chedis, torres, y edificios singulares. En ese momento y como siempre nos deteníamos para hacer fotos, el grupo se disperso y solo hacia el final, nos volvimos a encontrar.
En uno de los Chedis, (que son los edificios donde se albergan las imágenes de Buda) había uno grandioso sentado sobre una gran serpiente, una cobra que enrollada en los pies de Buda, alzaba su cabeza por detrás de Él. No se podían hacer fotos dentro, pero me las ingenie para hacer una sin que lo notaran. Unos monjes se acercaron para recoger las limosnas que habían depositadas en los cajones de la entrada, y otros se turnaban para hacerse fotos entre ellos en la puerta de dicho Chedi.
Pasamos por patios preciosos, adornados por decenas de Budas, fuentes y figuras que parecían de todo menos humanas. Leones, dragones con formas semihumanas, estatuas con grandes bigotes y de aspecto aterrador, los tejados recargados de piedras de colores, predominando el color dorado en las cúpulas y con diferentes tonalidades rojizas y verdes en los laterales, paredes de recintos todas cubiertas de mosaicos de colores, una explosión de formas y colores que daban al lugar un aspecto más que precioso, increíble. Patios y más patios, y al fin dentro de otro templo donde había una gran imagen dorada de un Buda, nos reencontramos con el resto del grupo.
Muchos fieles ofrecían sus ofrendas y sus rezos ante una imagen de un Buda sentado, meditando. Para el Budismo, cuando alguien hace una ofrenda no lo hace como un acto de devoción divina, sino que es un medio de ganarse méritos para poder llegar a ser lo más parecido a un Buda y alcanzar la iluminación, el Nirvana.
Salimos del templo y proseguimos la visita al Wat Pho, pasando aun por otros lugares. Subimos a lo alto de unas escaleras para contemplar la panorámica de todo el recinto, mientras por la parte de atrás, unos niños, vestidos con los trajes típicos de los monjes, nos observaban, mientras hablaban con su móvil.
En uno de los patios estaban desmontando lo que parecía ser el rodaje de una película o de un anuncio.
Salimos del templo y había que buscar un lugar para comer. Volvimos por donde habíamos venido y preguntamos en un par de sitios, pero ninguno nos atrajo, hasta que al final cerca del Gran Palace, entramos en un bar bastante occidental para comer. Eramos 12 y hacíamos bastante escándalo, aunque las camareras nos miraban y nos sonreían. En esa comida Enric tuvo la ocurrencia de pedirnos que para el día 12, día del cumpleaños de la Reina, y como estabamos en el barco, podíamos preparar alguna especie de fiesta, los chicos por un lado y las chicas por otro. Todos aceptamos aunque en ese momento nadie se puso a pensar en que hacer y como hacerlo. Aun quedaba tiempo.
El comer con los palillos era un placer, y el ver que era capaz de dominarlos yo a ellos, aún me hacia sentir mejor. La lluvia de la tarde hizo su presencia, y se prolongo por algo más de los 20 minutos de costumbre. Mª Carmen, que estaba a mi lado, me contó a que se dedicaba; un trabajo muy vocacional.
Saliendo del restaurante, quisimos buscar una embarcación para dar un paseo por los canales de Bangkok, por los Khlong, y aunque tuvimos que negociar bastante el precio, al final nos subimos en una pequeña embarcación en la que tan solo nos podíamos sentar de dos en dos, y nos fuimos de paseo por las aguas del Chao Praya y canales adyacentes.
Nuestra primera parada fue en un templo con una gran torre de color oscuro, y donde en la sala contigua, se estaba oficiando una ceremonia. Como se puso a llover y tampoco pudimos acceder al templo, la visita se hizo rápida y despues de ello nos adentramos por los canales de Bangkok.
Casas de madera en la rivera del río, casas humildes pero muchas de ellas con aparatos de aire acondicionado, se alternaban con otras de gran belleza y esplendor. Gente muy humilde bañándose en aguas de color marrón, llenas de cualquier cosa…el recorrer aquellos canales, adentrándose en el corazón mismo de Bangkok, era una experiencia increíble, educativa si cabe…
Algunos templos con sus primeras luces encendidas, nos invitaban a entrar, pero la barca no se detuvo hasta el final del recorrido, ya de noche, y con las luces de la ciudad encendidas.
Detuvimos a 3 Taxis y después de enseñarles la dirección del hotel, nos llevaron hacía el. Los taxis de Bangkok son de color amarillo y verde, o rojo y azul y generalmente suelen ser más económicos que los Tuk-Tuk, al menos si se va en grupo. Son más fiables pues siempre obedecen al taxímetro, aunque no hay que fiarse, pues también tuvimos alguna mala experiencia con ellos.
Llegamos al hotel, y tiempo libre; algunos descansamos y otros se fueron a ver las tiendas del mercadillo nocturno que ya se estaba montando. A la hora indicada nos encontramos en el hall del hotel para ir a cenar.
Cenamos en el restaurante Mango Tree, uno que también tenía delegaciones en Londres y Tokyo, y al ser un poco tarde, el encargado casi se alegro de que tan solo quisiéramos un plato y no dos. En la cena nos fuimos preguntando por las edades de todos. Pilar Visper era la mayor y Silvia la benjamina del grupo, pero la media de edad era de unos 32 años. También nos enteramos de las ocupaciones de cada uno. Las comidas o cenas siempre nos venían a costar entre los 200 a 300 baths por cabeza. ( unos 4 o 6 euros)
Despues de cenar, y muy bien por cierto, nos fuimos hacia las calles de atrás del restaurante, donde había algunos bares de alterne, de prostitucion, aunque en ese momento, no fue donde más vimos, y sí en otros días y otros lugares.
Llegamos al hotel y a dormir. Jossel, Silvia, Encarna y yo teníamos que madrugar al día siguiente para irnos a Mae Hong Son. A las 6 nos venían a recoger, con todo el equipaje preparado, puesto que despues de la visita a las mujeres jirafas, nos reencontrabamos con el resto del grupo en Chiang Mai.
Se hizo tarde, muy tarde, pero una pequeña aventura nos esperaba. Y valía la pena el esfuerzo.
Preparar ropa, maletas…dormir…o no…Mañana sería otro gran día.
JUEVES 5 DE AGOSTO 4º DIA BANGKOK- MAE HONG SON
LAS MUJERES JIRAFA
Hay imágenes que todos tenemos en la retina, sin haberlas visto al natural: El Machu-Pichu, el Taj Mahal, las cumbres del Himalaya, las mujeres jirafa…Tan solo unas fotos de cualquier revista o imágenes de televisión nos han permitido tener conocimiento de semejantes maravillas. Y hoy íbamos a conocer a una de ellas.
A las 5 de la mañana…Arriba. Ducha rápida, desayuno y a las 6 en punto Martín nos recogió a los 4 en el hotel. De camino al aeropuerto fui interrogando a nuestro guía, sobre un montón de cosas de la sociedad Thailandesa. Bangkok, sé depertaba con un ritmo ya frenético y las calles estaban completamente abarrotadas de tráfico. Nuestro vuelo salía a las 8.15 de la mañana hacia Chiang Mai, para enlazar con otro a las 9.25 que nos llevaría a Mae Hong Son.
El trayecto se hizo corto y además nos dieron de desayunar y todo. Llegamos a Chiang Mai, puntuales y nos subimos a otro avión muy pequeño. Un avión de dos hélices y en el que la mayoría éramos españoles.
Desde el aire, a poco de aterrizar, el paisaje era abundantemente verde, ríos que surcaban los bosques y mucha humedad que lentamente se despegaba de los arboles para alcanzar el cielo en forma de nubes.
El aeropuerto de Mae Hong Son, era pequeño, como pequeña es la ciudad con tan solo 7500 habitantes. Es una ciudad que vive lisa y llanamente del turismo, con un par de calles que la atraviesan y que están llenas de tiendecitas, bares y restaurantes. Hay también una abundante presencia de tiendas que organizan Trekkings, caminatas por los bosques próximos, y visitas a las aldeas cercanas de las mujeres jirafas.
Al salir del aeropuerto estaba nuestra guía, Pranee se llamaba y ella nos acompaño hasta el hotel. Nuestro hotel era el Rooks Holiday Hotel Resort y estaba casi a las afueras del pueblo, pero a tan solo 10 minutos andando del centro del mismo. Despues de inscribirnos y de darnos una bebida de cortesía, Pranee, nos cito en la pequeña oficina que tenia en el hall del hotel. La excursión la haríamos con otra empresa que era la que nuestra agencia había contratado, y ella era la encargada de “llenarnos” opcionalmente el tiempo libre con otras actividades en la zona: paseo con elefantes, visitas a unas cuevas, trekking, etc. Rose Garden Tour, era la responsable de conducirnos hasta las mujeres jirafa.
A las 12 nos recogieron en el hotel y con una furgoneta nos llevaron hasta una especie de embarcadero donde con una barca rápida, acercarnos a la aldea de las mujeres Padong.
Jossel y Silvia, formaban una más que encantadora pareja. Él era ecuatoriano y llevaba ya mas de 10 años en España, dando clases de informática y en una de las cuales conoció a Silvia, la que hoy es su esposa. Jossel tenía el aspecto de serio, a veces como ausente del momento, sin embargo nada mas lejos de la realidad. Su aspecto serio se transformaba en risueño y bromista a la menor ocasión, y su aparente despiste no era si no la manera de pensar que broma poder gastar. Ya nos advirtió Silvia…cuando coge confianza!!!!!…
Silvia, siempre estaba sonriendo y bromeando de cualquier situación, además tenía una sonrisa contagiosa. Trabajaba en la administración de urgencias de un centro médico y era una fan de los regateos con los comerciantes. Formaban los dos una muy buena pareja, y en todo el tiempo que estuvimos juntos los 4, en esta excursión, tuvimos la oportunidad de conocerlos más a fondo e intimar incluso más de lo planeado, como pasó después. Si algo me encantaba de Jossel era su forma de hablar, mezclando graciosamente palabras o dichos, en acento ecuatoriano…”un poquito no más”.
Nuestro guía para la excursión era un chico joven con unos dientes al estilo Ronaldo, llamado Cattoon. Muy bromista y que con su inglés y su risa nos hicieron la excursión más agradable.
Nos pusieron unos chalecos salvavidas de un naranja fluorescente y una especie de alfombra en la barca para que no nos ensuciáramos. Teníamos un conductor delante, nuestro guía, nosotros cuatro y detrás manejando el motor un chico con una pierna ortopédica.
Navegamos por así decirlo por el río Pai, con aguas del ya familiar color marrón, vegetación abundante que a veces parecía que se echara encima de nosotros; el paisaje recordaba a las películas rodadas sobre la guerra del Vietnam, con estrechos ríos y frondosa vegetación. Los lugares estaban habitados por monos, serpientes, pájaros y escandalosos insectos. No era el mejor lugar para perderse, pues a buen seguro que no sabríamos salir de aquellos bosques.
Al cabo de unos 20 minutos llegamos a nuestra primera parada. Creíamos que era el poblado de las mujeres, pero no. Estabamos literalmente en la frontera con Birmania. Al bajar de la barca, caminamos unos metros, hasta llegar a una especie de cobertizo al aire libre, donde tuvimos que dejar nuestros datos en un libro; Cattoon nos aclaró que era para la policía fronteriza. A escasos metros se veía una casa muy bien cuidada, elegante, con un suelo cuidado, con cesped, que desentonaba con el contorno y que Cattoon nos dijo que era la oficina de frontera de Birmania. Cattoon nos enseñó los restos de una barca que era con la cual, la reina actual viajó a aquel lugar y se guardaba como recuerdo. Caminando por aquel inicio de bosque, Cattoon se detuvo en una fruta que estaba en el suelo devorada por las hormigas. Cogió una de ellas y se la comió, ante nuestro estupor. Viendo la cara de sorpresa de nosotros cogió otra y se la puso en la boca a Jossel, que se la tragó. –“tiene gusto a limón”, dijo Jossel. Nadie más tomo aperitivo.
De fondo se oía un ruido que a mí me sonaba familiar. Era el parecido a una maquina de alijar madera, una rebanadora y me extrañó que en ese lugar tan apartado hubiera fábricas de madera, pero por que no…al fin y al cabo había muchos arboles, y de algún sitio se tenían que talar…. Cattoon nos explico el ruido. Era el de unos insectos, parecidos a los saltamontes pero el triple de grandes, que vivían en las copas de los árboles y que emitían estos ruidos como defensa. El ruido era ensordecedor y si tan grande era el estruendo…¿cómo seria el bicho?.
Cattoon nos enseñó también varias hierbas y hojas que se comían y el mismo nos hizo la demostración práctica. Lo más curioso, fue ver a una anciana mujer, que nos estaba esperando en su cabaña para vendernos bebidas, frutas o hierbas. No se la cantidad de personas que se acercaran a aquel lugar, pero no creo que fueran muchas. Aquella mujer, sin dientes, tan solo sonreía y nos mostraba sus productos, uno tras otro…con nosotros no se ganó el jornal.
Volvimos a la barca para dirigirnos ahora sí a la aldea de las mujeres jirafa.
Existen territorios en nuestro planeta donde las culturas tradicionales luchan por conservar su espacio y sus tradiciones. Algunas veces esta lucha deriva hacia un acercamiento al turismo, como fuente de ingresos. Y las mujeres jirafas, eran uno de estos casos.
Son refugiadas de Birmania que huyeron a Thailandia tras la guerra con este país. Thailandia y Birmania son unos vecinos que disfrutan de una calma tensa, alternados con periodos como el actual de buena amistad, y otros de disputas fronterizas.
Lo primero que vimos de la aldea Ban Nam, fue un niño de unos 5 años con las piernas llenas de hematomas de color morado, producidos por las picadas de los mosquitos de la malaria. Sinceramente nos aterró el ver aquel chico, rodeado por sus padres, en una choza de madera, al lado del río, y que corría con alguna dificultad. Estábamos en Long Neck tribe. La tribu del cuello largo.
La aldea es una gran calle de arena, donde a ambos lados se ubican diferentes casas de madera, de una sola planta, con techos mitad de paja, mitad de hojas secas mezcladas con madera. Parecía una aldea desierta, apenas se veía vida en sus calles, tan solo al acercarte una a una a sus casas, veías en la entrada la figura de una mujer, ataviada con un traje de color blanco, pantalones morados en algunos casos…y los collares, los collares de cuello de jirafa.
Hay varias versiones sobre el porque de estos atuendos. Una dice que era para protegerse de los ataques de los tigres, que siempre mordían en el cuello; otra versión es que era para resaltar la clase social a la que se pertenecía, y otra que tan solo era como símbolo de belleza. Cartoon nos contó una más y que era por que al ser diferentes, no eran codiciadas por los miembros de otras tribus.
No todas las mujeres ostentan el “honor” de llevar los collares, tan solo las niñas que nacen los miércoles de luna nueva, pueden llevar los adornos. Lo que en tiempos fue una tradición, ahora lo sigue siendo pero ya mas enfocada al turismo. En la aldea vimos a niñas saliendo del colegio, de 6, 8 o quizás 10 años llevando el collar.
Nos acercamos a la primera mujer que llevaba los aros y casi con temor, nos acercamos a ella. Ella nos invita a sentarnos a su lado, y a hacernos fotos con ella. Y no nos pidió nada a cambio. Nos enseñó un aro solo e incluso nos animó a que nos lo pusiéramos. Debía de pesar un kilo más o menos, y ella llevaba unos 15 en su cuello. Tenía varias figuras de artesanía y de pañuelos de colores que vendían como recuerdo. El guía nos aclara que antes la artesanía la hacían en otros sitios y ellas solo las vendían con lo que tan solo recibían una parte de la venta, y que ahora la mayoría la hacen ellas, y así se ganan un poco de dinero más. En una de las viviendas, vendían postales de las mujeres jirafa y en una de ellas, estaba fotografiada la mujer que vimos en la entrada.
A su lado otra mujer estaba sentada pero sin nada que vender, tan solo posando, con los ojos sin mirada fija, esperando a que nosotros nos acercáramos para hacernos una foto con ella.
Siguiendo camino arriba, recorriendo el poblado, nos enteramos que los maridos trabajan en el campo, en arrozales básicamente y que ellas utilizan su cuello como otra forma de ganarse la vida. Creíamos que la aldea estaría llena de gente, como una turistada mas, y no; nos equivocamos; estabamos tan solo nosotros 4 y el guía.
Había otras mujeres que también llevaban aros en las rodillas o en los codos, y también vimos a otra mujer, diferente de todas, con un aro más pequeño, de unos 7 u 8 centímetros de diámetro, colocado en el lóbulo de la oreja, deformándolo y como si la parte final de la oreja, fuera una cinta que rodeaba el aro. Increíble.
Algunas mujeres tenían marcas en la cara, como de un maquillaje mal puesto, y además su cara expresaba una mezcla de tristeza o quizás de enfermedad. Pero ellas nos seguían invitando a que nos sentáramos a su lado y nos hiciéramos fotos con ellas, o con sus niños.
En medio de la calle, con las gallinas, pollitos, perros y arañas cruzándola un chiquillo de unos 2 años jugaba con una especie de azadón, a arreglar la calle. Su madre, estaba quitando los pedruscos que había en mitad del camino, y el pequeño ayudaba con sus pequeñas manos. Otro bebe de meses dormitaba en una cuna, balanceándose con unas cuerdas atadas al techo, y completamente tapado, manos y pies incluidos. ¿Serian para evitar picaduras?
Estaba disfrutando enormemente del lugar, del caminar tranquilo por la aldea, deteniéndome tan solo a observar a las mujeres que deseaban ser observadas, hablando con nuestro guía, comentando lo que veíamos con Jossel…por un momento me parecía que el tiempo no existía, y la calma y tranquilidad que se respiraba en lo que a priori era una atracción turística me envolvió.
Casi al final de la aldea, en la parte más alta, una chica joven y muy hermosa me llamo para que me acercara a hacerme una foto con ella. Chica de grandes ojos negros, mirada tranquila y unos gruesos labios, de tez fina y sonrisa, mucha sonrisa. Me contó que tenia 17 años y como todas las mujeres que había visto antes eran ya mayores, la juventud de esta chica, atrajo mi atención. Ella se reía de oírme a mí, intentando pronunciar correctamente, gracias en Thailandes, que Cattoon, me acababa de enseñar.
En la parte más alta del poblado estaba la escuela; una escuela para niños de todas las edades y que al llegar a ellas, vimos algo que no cambia en ningún lugar del mundo. La salida impetuosa de los chicos de la escuela, cuando suena el silbato de fin de las clases. Entramos en la escuela, mientras Cattoon, le comentaba al profesor de donde éramos.
En la aldea había también una iglesia cristiana, una pequeña iglesia en la que Cattoon nos dijo que él era Católico, y nos pregunto por nuestra religión. Nos enseño luego una especie de granja, con un enorme cerdo.
La visita se terminaba pero antes nos llevamos una sorpresa. La aldea no tenia luz, ni agua corriente, pero si había una cabina de teléfono…Y es que una pequeña antena con una parabólica, y alimentada con placas solares, llevaba la comunicación a una pequeña aldea Thailandesa fronteriza con Birmania.
Creo que jamás en la vida, encontrare una visita turística con tanta paz, con tanta tranquilidad como se respiraba en la aldea de las mujeres jirafa.
Regresamos a la barca y con ella de nuevo a Mae Hong Son.
Cattoon nos dejo en el hotel y a petición nuestra nos recomendó un lugar para comer. Le dimos una buena propina, que creo que a el hasta le sorprendió y despues de cambiarnos rápidamente nos fuimos caminando hasta el lugar que nos había dicho Cattoon.
Y lo agradable que fue, el encontrar la carta del restaurante en castellano. Despues de tanto ingles y Thai, apetecía leer y entender lo que uno se iba a comer. Comimos mas que bien y por un precio total de 225 baths entre los cuatro, o sea que a un euro y poco más por cabeza, y todo ello con postre y café.
Salíamos de comer cuando la gente ya entraba para cenar, pues eran casi las 6 de la tarde y se nos ocurrió ir al hotel para disfrutar de la piscina del mismo. De camino al hotel, había unos chicos que tenían un puesto ambulante de venta de zapatos y deportivas, todas ellas a 200 baths ( unos 4 euros); Había cientos de pares alineados en el suelo, unos al lado del otro, y creo que algunos de ellos eran de segunda mano, pues se veían algo usados, aunque hubieran intentado limpiarlos.
La piscina del hotel estaba casi vacía. La poca gente que había se marchaba cuando nosotros estabamos llegando y disfrutamos como críos del agua, sobre todo haciéndonos fotos con el automático de la cámara y salir y entrar continuamente del agua para prepararlo.
Anochecía y los mosquitos hacían acto de presencia, o sea que tocaba retirada. Siesta, relax y despues salir a cenar. Con tanto tiempo de estar los 4 juntos, aprendimos muchas cosas de cada uno, y cada vez nos sentíamos más a gusto con ellos. Cenamos en otro lugar diferente del mediodía y despues dimos una vuelta por las escasas tiendas que quedaban abiertas. Entramos en una tienda de deportes, donde había un montón de camisetas del R. Madrid, tanto de las viejas como de las nuevas, y pósters de sus jugadores. El Madrid, está más introducido que el Barça. De puestos callejeros tampoco había muchos y ni siquiera el único pub con música más occidental que estaba abierto, tenia animación suficiente.
O sea que lo mejor que podíamos hacer era irnos a dormir, pues el día había sido largo e intenso.
En el hotel preguntamos el precio de los masajes en el local que había dentro de el, y también nos acercamos hasta el karaoke que estaba en la planta baja del mismo y donde unos españoles monopolizaban las canciones, con poca gracia por cierto.
Nos fuimos a dormir y a descansar; el madrugón había valido la pena, y ahora tocaba disfrutarlo en la memoria de cada uno. Mañana veríamos la ciudad y regresaríamos con el resto del grupo.
VIERNES 6 DE AGOSTO 5º DIA MAE HONG SON-CHIANG MAI
UN MASAJE ANTES DEL TREKKING
A las 9 de la mañana, golpearon en la puerta. Era Silvia que nos avisaba y nos despertaba, puesto que en el hotel se olvidaron de hacerlo. Otra vez a la carrera, ducha super rápida, recoger maletas, desayunar y todo ello sabiendo que Cattoon, ya nos estaba esperando para visitar la ciudad y sus templos. Le dijimos a Cattoon, lo que había pasado y con su sonrisa particular, nos dijo que no había problema: “Mai Pelai”, y nos fuimos corriendo a desayunar.
Aunque no estaba mal, comparado con el de Bangkok, este parecía más pobre. Había bastante menos donde elegir. Con el café aún en los labios, nos subimos a la furgoneta para ver la ciudad.
Enseguida nos fuimos a ver el primer templo. El Wat Phra That Doi Kong Mu…Este templo está ubicado en lo alto de una pequeña colina, desde la cual se podían ver una vistas de la ciudad, su aeropuerto, los campos de arroz, el lago…Primero entramos en el recinto principal, cuyo exterior estaba todo hecho de madera. Había un Buda alto, en posición erguida y bastantes ofrendas de incienso y velas. Al otro lado de la colina, pero enfrente del recinto principal, dos grandes torres donde estaban las cenizas de algunos monjes del estado vecino de Birmania, ocupaban casi la totalidad de la plaza del templo. Una enorme hilera de campanas, que los cuatro nos empeñamos en tocar, le daban el toque de distinción del lugar.
Un Wat, siempre es un templo, pero un Wat es también el recinto budista donde se ordenan monjes y monjas. El termino Wat deriva del lenguaje sánscrito “morada para pupilos”. En todas las ciudades hay al menos uno. En Bangkok hay más de 300 y en todo Thailandia mas de 32000.
En los Wats, están las zonas de culto, las zonas abiertas de reunión comunitaria, bibl |
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