Pese a lo dicho en los libros de viajes respecto a lo atractivo y maravilloso de Bulgaria, he pasado en ese país uno de los mas grandes desencantos de mi vida, jamás había estado en un lugar en el que la gente fuera tan hostil e indiferente por naturaleza (vamos ni siquiera Rusia con sus tintes xenofóbicos).
Es obvio que cualquier persona que pretenda viajar al este debe asumir desde antes de salir, que se encontrará con un choque cultural ante regiones en dónde existe realmente diversidad de actuar y pensar, sin embargo esto no debe significar el asumir que dicha diversidad tendrá como consecuencia la hostilidad hacia las personas.
Los Búlgaros son ensimismados, violentos y por demás indiferentes de los problemas de los demás. No existe forma alguna de comunicarse con ellos ni para pedir lo mas elemental, no solo es por el hecho de que nadie en la calle habla otra cosa mas que el intelegible búlgaro, si no que las señas parecen no funcionar hasta el grado que uno llega a entender que el problema es que no se piden las cosas por su búlgaro nombre y que ello es causa suficiente para no intentar ayudar al confundido interlocutor.
Todo es un problema, los taxis, restaurants, trenes, migración, comprar agua o sentarse en una computadora para Internet, en todo se recibe tratos relativos a los que se les daría a un siervo que pide préstamos.
Todo empieza desde el momento de solicitar una visa, el trámite es largo y absurdamente caro ( es la visa mas cara de todas las que he pagado mas aún que la China, mas de 120 dlls), a la llegada al país, agentes de migración que hacen recordar a los estados totalitarios solicitan en búlgaro y de forma agresiva visas, haciendo preguntas que son imposibles de responder, al ser hechas en un idioma ajeno a cualquiera que no sea de ese lugar. Al tomar fotos desde un tren la policía intento quitarnos las cámaras y al final se conformó con los rollos de película sin jamás haber entendido el problema de tomar una foto a una vista campirana.
Rescatable de este lugar es la belleza increíble de sus mujeres, tan o mas hermosas que las húngaras con la ventaja de que se arreglan hasta para ir al mercado, haciendo de cualquier caminata un paseo inolvidable. En los bares es en el único lugar en el que al calor de las copas uno puede entablar una conversación ( si así se le puede llamar) con la gente del país.
Sofía no tiene nada trascendente en si, alguna iglesia ortodoxa que la hace majestuosa por el solo hecho de haber sido construida por rusos, fuera de eso es poco menos que cualquier otro lugar.
Las playas, por supuesto que valen la pena, siempre y cuando uno no tuviera que tratar con los búlgaros que por su pésima atención esperan una enorme gratificacióm, aunque la actitud cambia un poco, el trato sigue siendo igual de hostil.
Otro punto rescatable de este horrible país son los precios, los cuales sin ser bajos sin son bastante accesibles, pero no es un lugar barato si se le compara con otros países del este. |
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