Souvenirs: una cuestión de peso

Souvenirs: una cuestión de peso

Para la mayoría de los viajeros la vuelta al hogar luego de un viaje es un tanto agobiante... Siempre nos quedamos con ganas de estar un tiempo más entre montañas o playas.

Ya sean pequeños, grandes, brillantes o sutiles, los souvenirs representan un grato recuerdo de nuestro viaje. Pero muchas veces resultan una molestia. Como presente para la familia o como un recuerdo de unas vacaciones inolvidables, entérate cómo hacer para escoger los mejores souvenirs, a buenos precios y sin tener que cargar con maletas de más.

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Souvenir y viaje son inseparables. El viaje es siempre un momento único y especial en la vida. Por eso muchos viajeros tienden a volver de sus viajes con algún trofeo que les recuerde los destinos que visitaron y lo bien que la pasaron.

Para algunos son pequeños símbolos del viaje, para otros son simples mercancías para ser aprovechadas en la cada vez más grande industria del turismo. Pero la cuestión es que los souvenirs son siempre objetos que atraen a muchos viajeros, y más allá del gusto de cada uno, la mayoría de las veces se guarda un lugar en la mochila o la maleta para llevar de vuelta a casa, tanto para tener como recuerdo propio como para regalar a los seres queridos.


Un poco de historia

En la actualidad los souvenirs parecen algo común, pero ¿cuándo surgió la idea de regalar recuerdos de viaje? Se tiene memoria de estos artículos desde el Impero Romano, aproximadamente desde el siglo I d.C. Y fue el artesano Caius Valerius Verdullus quien descubrió un gran negocio con los “vasa potoria”, los únicos vasos pornográficos que cumplían una doble función: servían para beber y también resultaban perfectos para guardar como recuerdo, ya que en ellos figuraba una leyenda alusiva a lo representado en el vaso además de la firma del autor.

Desde allí hasta la clásica bola de cristal con nieve dentro ha transcurrido el tiempo suficiente para que los franceses le pusieran nombre al asunto –al recuerdo– y le llamemos ahora souvenir.


Formas y estilos

Cada lugar de visita cuenta con su propio arsenal de recuerdos, que pueden ir de piezas mínimas –piedras pintadas, madera tallada o alguna vasijita– hasta grandes y pesados recuerdos –alfombras, ponchos o enormes vasijas de barro o metal–. Y dependerá de cada viajero el presupuesto y espacio que le dedique a estos elementos.

Existen cuatro tipos de souvenirs: los puramente estéticos, como tazas de porcelana pintadas con un paisaje del lugar visitado, imitación del lugar en pequeña escala o una pequeña pintura en azulejo, por citar algunos. Luego están los souvenirs religiosos que se pueden encontrar en ermitas y basílicas, y abarcan un sinnúmero de cruces, estampitas y posters.

Uno de los “recuerdos” preferidos son las especialidades gastronómicas de cada sitio: cualquier persona recibirá feliz un delicioso fiambre o alguna galleta o dulce artesanal del lugar que hayas visitado, y siempre es una invitación para brindar y festejar el viaje una vez más.

Finalmente se encuentran los recuerdos que son bonitos pero a la vez cumplen una función: reproducciones de edificios o barcos que sirven como ceniceros o portalápices, una remera con un dibujo del lugar visitado y quizá alguna frase graciosa. Dependiendo del gusto de cada viajero, en la mayoría de los sitios turísticos podrá encontrar varios de estos tipos de recuerdos.


Dónde comprarlos

Lo cierto es que a la mayoría de los viajeros, los souvenirs les resultan una cuestión secundaria en el viaje. En esta época de cámaras digitales donde uno puede sacar fotos a todo sin dejar nada registrado, el souvenir es más un artículo que sirve para regalar a amigos que como un símbolo del viaje.

Para no gastar demasiado tiempo –ni dinero– lo recomendable es aprovechar alguno de los paseos o ferias que se dan sin excepción en todos los destinos, y que resultan ideales para comprar todo tipo de recuerdos a buen precio mientras sigues con tu recorrido. También puedes visitar las tiendas especiales de recuerdos: aunque suelen ser más costosas, poseen todo tipo de objetos asegurando que encuentres lo que quieras obsequiar.

Siempre aconsejamos adquirir objetos artesanales confeccionados por los lugareños, pero también vendidos por ellos mismos. No aceptes sobreprecios o intermediarios que no sean representantes de la comunidad. En África y América Latina es muy frecuente encontrarse con bellas artensanías creadas por comunidades aborígenes. En Asia, los artistas de alfarería consiguen impresionantes creaciones. En Europa podrás comprar verdaderas obras de arte en vidrio. Bueno, la lista es interminable. Lo importante es saber que con la compra de un recuerdo estás favoreciendo el desarrollo de una comunidad.


Tips para que no sean un peso

Siempre resulta recomendable llevar los souvenirs más pequeños y en lo posible de materiales que no sean frágiles, ya que muchas veces recuerdos como tazas o cerámicas llegan hechos trizas a su destino final.

Algo que puede ahorrar mucho espacio son los recuerdos colectivos. La gastronomía regional es siempre una rareza que tus amigos y familiares querrán probar. Por eso, en vez de llevar un obsequio individual para cada persona, una gran idea es comprar algunos productos y organizar luego una reunión en casa para agazajar a todos.

Otro dato a tener en cuenta es que la ropa, aunque parezca liviana y fácil de acomodar en tu maleta, resulta un bulto pesado. Los libros son prohibitivos por lo increiblemente pesados que resultan. Un souvenir ideal son los discos de música: se acomodan fácil y no ocupan mucho espacio.

Hágalo usted mismo

Una opción interesante es buscar y armar tu mismo los souvenirs, ya sean para ti o para tus amigos, con los materiales que los mismos artesanos del lugar utilizan para armar los souvenirs y dejar a tu imaginación volar creando recuerdos personalizados para tus seres queridos.

Éstos tienen un valor extra para quienes los reciben y de seguro al viajero le puede dar más satisfacciones que el comprar un souvenir producido en serie. Por ejemplo, si te encuentras en una playa puedes dar una caminata por la orilla del mar y buscar pequeñas piedritas o caracoles que pueden servir de recuerdos. Si te encuentras en la montaña, escoge trozos de madera que encuentres en el piso o algunas hojas de diseños hermosos y adhiérelas a alguna tarjeta de salutación con algún mensaje sobre el sitio: quedarás de maravillas.

Para objetos frágiles

Si entre tus recuerdos hay objetos frágiles, una buena idea es acomodarlos todos juntos en un rincón de tu maleta donde sepas que no se romperán ni perderán. Tampoco resulta de más darles una envoltura extra con papel de diario o varias bolsas.

A pesar de que a veces parecen ser molestos, los souvenirs pueden resultar también una buena excusa para pasar soleados días de tus vacaciones juntando caracoles en la playa o buscando piedras brillantes para luego regalar o dejar de recuerdo de aquel lugar que tanto te ha gustado.


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