Expedición al Yemen

Expedición al Yemen

José María y Sofía, dos viajeros españoles, decidieron viajar a un territorio aún virgen y poco conocido: Yemen, un país de contrastes, emplazado entre arenas desérticas y poblaciones de muy bajos recursos. Mientras, la curiosidad de muchos viajeros nos abren las puertas a un país exótico y alucinante.

Descubre los rincones antiquísimos y aún poco conocidos de Yemén através del recorrido de estos viajeros.

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Preparados lo mejor posible para cualquier contingencia, José María y Sofía viajaron a Yemen. Luego de controles exhaustivos en los aeropuertos llegaron a Sana'a, donde conocieron al que iba a ser su guía durante toda su estancia: Khaled, moreno y delgado, de mirada triste, tocado con el clásico shal árabe. Todo estaba listo para comenzar un viaje incierto.


Los primeros días

El tráfico de Sana'a asusta. Hay pocos semáforos y los que hay, apenas se respetan. Cada uno circula por donde puede, los adelantamientos son de espanto, los cruces de peatones por la calzada temerarios y casi todos los automóviles estaban abollados.

Luego de un descanso en no muy buenas condiciones (los hoteles suelen ir del máximo lujo al mayor descuido, sin intermedios donde poder descansar a buen precio) salieron rumbo a la ciudad vieja: sus casas, encerradas en el recinto amurallado recientemente reconstruido, se elevan en muchas plantas. Lo más impresionante son sus fachadas, decoradas artísticamente, adornadas con vidrieras multicolores, ventanas de madera finamente talladas, puertas de filigrana y mezquitas a tono con el estilo general de la ciudad. Se nota la acción de la UNESCO tras ser declarada la ciudad Patrimonio de la Humanidad.

Expedición al YemenLuego de pasear por el gran mercado entre especias y artesanías de todo tipo fueron a cenar. Allí les valió la ayuda del guía para conseguir unos buenos platos, con el cierre final del qat, una hierva que es el vicio nacional. En ningún otro país se consume y es realmente una rareza. El qat se suele mascar en compañía, bien en casa (hombres y mujeres aparte) o en locales destinados a este menester. Se van introduciendo los brotes tiernos en un carrillo, mientras se masca para absorber su jugo ayudándose con buenos tragos de agua. Todo el mundo, a la hora de sobremesa, suele tener el carrillo hinchado, rumiando plácidamente la hierba y acompañándolo de una apacible conversación. Los conductores lo mascan al volante, los tenderos, los funcionarios... es el vicio nacional.

Al día siguiente salieron en contingente rumbo a las rutas del país. Muchas fotocopias con la documentación y mucho control militar obligatorio –e incluso escoltas de seguridad–, ya que aún quedan rastros de la guerra civil que Yemen sufrió en la década del 90.

Abandonaron Sana'a en una camioneta de soldados por unos suburbios donde a ambos lados de la carretera, se sucedían sin interrupción tiendas, puestos, cafetines, basuras, chiquillos, vendedores, transeúntes, vehículos que se apartaban o se incorporaban a la caravana que avanzaba lentamente... la vida en la calle. Al poco, el tráfico se hizo más fluido y atravesaron los campos de qat, cada uno con su torreta de vigilancia. El paisaje comenzó a hacerse más árido.

El reino de Saba

Al día siguiente recorrieron los recién rescatados restos del mítico reino de Saba. El reino de Saba existió algunos años antes de que estas tierras fueran bautizadas como la Arabia Felix por los romanos. José María y Sofía pudieron comprobar hasta qué punto fue una civilización desarrollada para los tiempos que corrían.

Expedición al YemenFueron de los primeros europeos en contemplar –recién rescatado de la arena del desierto– el magnífico templo del Sol, del que las postales turísticas sólo retrataban los pilares que sobresalían de la arena. El templo es digno de una película de Indiana Jones: majestuoso, en un estado de conservación que sólo puede proporcionar el abrigo de la seca arena del desierto. Un peristilo majestuoso, un recinto circular construido en sillares con adornos perimetrales e inscripciones en escritura que puede considerarse en un estadio más evolucionado que la demótica egipcia, con su propio alfabeto. Un altar de sacrificios con sus canalillos para que corriera la sangre de las víctimas... Todo un decorado digno de las minas del Rey Salomón.

La irresistible atracción del desierto

Totalmente de noche se encaminaron al siguiente destino por una carretera hacia el nordeste. La escolta había sido relevada esta vez por tres o cuatro potentes todo terrenos de los beduinos, que acompañan para preservar a los viajeros de posibles ataques de otros beduinos y porque son los únicos que realmente conocen el desierto: los erg, extensiones inmensas de arena, como olas del mar petrificadas, son cambiantes. Sus caminos varían porque las dunas avanzan con el viento, y lo que antes era transitable, se convierte en una trampa para los vehículos.

Expedición al YemenSu primera parada fue para deshinchar los neumáticos y también como el primer contacto con la arena. Iba a amanecer, mientras la vista se perdía en la negrura de la noche o en el brillo espectral de la luz matutina, sin dejar de ver otra cosa que olas de arena. Después, una realmente veloz carrera subiendo y bajando montículos, con la sensación de vuelco en el estómago al llegar a las cimas y la extraña sensación de bajar a tumba abierta por el seno de las dunas, como si fuera una montaña rusa. Muy cerca de ahí les llamó la atención un resplandor naranja, una hilera de luces de sodio mezcladas con grandes llamaradas: era la refinería más importante del país.

Shabwa, antigua y abandonada

El camino siguió lleno de sorpresas. Ya desde lejos se veían unas formas puntiagudas del mismo color de la tierra que los rodeaba; era Shabwa, la antigua y abandonada capital de Hadramut, ubicada en medio del desierto con la cúpula de barro de su mezquita como primera visión y sus casas, edificadas también en barro sobre losas, columnas y basas de piedra finamente talladas, algunas con inscripciones.

Era el momento del desayuno. José María y Sofía se dedicaron a husmear entre las ruinas; al lado, el rústico cementerio y más allá, dos pozos anchos y poco profundos de donde se extrae sal. Dentro de uno de ellos había una mujer excavando y machacando la sal con un palo para depositarla en una tela. Su marido y su hijo, ambos con rasgos árabes, pero con una piel extremadamente oscura, los abordaron para mostrarles algunos fósiles, piedras talladas y monedas.

Camino a Tarim

La siguiente etapa discurrió por una llanura polvorienta e interminable. Cruzaron un par de carreteras en construcción, eternamente rectas y siguieron por la monótona llanura con la vista puesta en las montañas del fondo, que nunca acababan de llegar.

Expedición al YemenEn Tarim recorrieron la zona de venta de pescados salados y pudieron ver desde fuera varias mezquitas con acabados maravillosos, aunque nunca los dejaron entrar a alguna. Los yemeníes son muy conservadores con su religión. También conocieron la biblioteca de Al Ahqaf, la segunda más importante del país con 3 mil manuscritos antiguos, algunos de ellos antiguas versiones del Corán, tratados de álgebra, medicina y otras ramas del saber. Tras descalzarce, Sofía y José María pasearon sobre la moqueta deslizando la vista con asombro ante las filigranas bibliográficas abiertas bajo el cristal del expositor. Se respiraba allí una atmósfera especial: la de los lugares, ya sean templos, tumbas o bibliotecas, donde se concentran los causantes de los grandes acontecimientos que han marcado la Historia de la Humanidad.

Seiyun

Expedición al YemenVolviendo a Seiyun, doce kilómetros antes de llegar, es obligatorio apartarse de la carretera para contemplar los rústicos y encantadores edificios: blancos de una cal cegadora, que escalan la montaña, albergando las tumbas de Ahmed bin Isa Ali al-Uredi bin Jafar as-Sadiq bin Mohammed al Baqr bin Za'in al-Albidin bin Hussein bin Ali bin Abu Taleb (es una sola persona), conocido popularmente como Ahmed bin Isa al-Muhajir (el emigrante) y también las tumbas de su familia. Se trata de un descendiente directo de Mahoma, que arribó a la región en el año 951, tras peregrinar a la Meca. Fue el primer Sayyid de la provincia, tras el inicio de la Héjira. El lugar es objeto de la máxima veneración, y se celebran romerías todos los años.

Ya a las puertas de Seiyun, José María y Sofía entraron en un centro de artesanía con numerosos puestos para comprar souvenirs y todo tipo de productos: los más acreditados son los altos sombreros cónicos de paja usados por las campesinas de la zona, cuya misión –además de proteger de los inclementes rayos solares– consiste en poder guardar, bajo el sombrero y sobre la cabeza, la comida del día; de ahí su longitud. Había también ingeniosas cerraduras de madera, abanicos y talleres de reciclaje de materiales usados, principalmente envases de hojalata que se desmontaban y se convertían en otros utensilios. En este país no se suele tirar nada, salvo las bolsas de plástico que “embellecen” las afueras de las poblaciones, y aún esas bolsas han sido utilizadas varias veces.

La visita al palacio del sultán, convertido en museo nacional, fue breve. Igualmente alcanzó para contemplar los antiquísimos objetos que se exponían con toda la simplicidad del mundo, algunas veces sin vitrina protectora, donde se alineaban las piezas con una descripción al lado que en algunas era manuscrita.

Shibam-Hadramut, ciudad de barro

De allí se encaminaron la ciudad de los rascacielos de barro, Patrimonio de la Humanidad: la incomparable Shibam-Hadramut. Está construida sobre un rectángulo de terreno bien delimitado por una muralla baja de la que sobresalen todos sus edificios de barro, con sus seis u ocho plantas, pintados de cal en las terrazas.

Expedición al YemenVisto desde la colina de enfrente parece un pastel de chocolate coronado de nata. El por qué Shibam creció en altura lo explica Khaled: por el miedo a las avenidas del río, que determinó que la ciudad se asentara en una planicie algo elevada, pero de reducidas dimensiones. Al no tener posibilidad de crecer en extensión, lo hizo en altura, conformando la singularidad que es hoy y que le ha hecho merecedora de la atención de la UNESCO.

Perdidos en la ruta

De allí siguieron camino a Al Hajjarain, una antiquísima ciudad, sede de una belicosa tribu, la de Kinda, que plantaron cara al Islam en sus primeros tiempos. Una inmensa mezquita en construcción y restos de las viejas cisternas preislámicas, que dejan ver la antigüedad de la población.

Expedición al YemenDe nuevo en ruta, pasaron de largo al lado de poblaciones similares como Sif, con sus palacetes construidos por emigrantes venidos a más; Qarn ben Majid, con sus torres-vivienda y Bhuda, donde yace la tumba del santón Ma'rouf Bajamal.

Por estos caminos Alí, nuestro conductor de turno, en su intento por tomar sendas distintas a las que recorre su colega Mohammed, parece que se perdió. Así, anduvieron errantes un largo trecho, teniendo incluso que recurrir a la ayuda de unas campesinas tocadas con el cónico sombrero, a un vejete que tomaba la sombra y a un rapaz que cuidaba ganado, hasta dar de nuevo con el con la ruta.

Por fin la playa

Arriba, en la meseta, el aire es más fresco y la llanura monótona e interminable. Ya en la ruta de Al-Mukalla; unos policías los siguen a modo de escolta hasta llegar a la ciudad. Al Mukalla es la capital administrativa de Hadramut. Una ciudad con mucha vida gracias al importante tráfico de su puerto, pero con pocas atracciones para nuevos visitantes.

Expedición al YemenSu próxima parada fue un pequeño poblado pesquero, donde pudieron ir por fin a una playa cercana y meterse al agua, entre arenas blancas y vírgenes, aún lejos del turismo masivo. Allí pasaron la noche para seguir al día siguiente con su itinerario.

Ya en el aeropuerto de Ar Riyan, a 26 kilómetros al este de Al MuKalla, improvisaron un almuerzo y luego de una espera y retraso en el vuelo llegaron a Sana'a, donde pasaron un día de compras en el zoco. Es un sitio verdaderamente recomendable para hacerse de algún souvenir típico de Yemen.

Las Tierras Altas: Wadi Dhahar, Thula, Hababa y Shibam-Kawkaban

A tan sólo quince kilómetros de Sana'a, entre bancales cultivados principalmente de qat, Sofía y José María pudieron contemplar la majestuosa mole de Dar al Hajjar, el Palacio sobre la roca que es –junto con los rascacielos de barro de Shibam-Hadramut– el principal símbolo del Yemen. Se trata de un imponente palacio construido sobre una roca, ocupando toda su superficie.

Expedición al YemenSobre la antigua fortaleza del Imam Al Mansur, en 1930 el Imam Yahya construyó su residencia de verano. Actualmente, su interior acoge exposiciones fotográficas sobre la antropología del país, mientras desde la terraza se tiene una hermosa panorámica de todo el wadi.

Nuestros viajeros pasaron por varias aldeas, como Qaryat al Qabil, situada en la base de un inmenso farallón rocoso, donde se encuentran numerosas cuevas con inscripciones realizadas por tribus protoárabes hace tres mil años.

Y luego, a Thula, uno de los ejemplos más representativos de la arquitectura en piedra de las ciudades fortificadas de la Tierras Altas yemeníes. Está rodeada totalmente por una muralla de piedra de 2 kilómetros de perímetro, la misma piedra con la que están hechas las casas. Entre sus leyendas figura que es inexpugnable.

La fortaleza del Imam Mutahar bin Sharaf Udin fue el único lugar de Yemen que no fue conquistado en el siglo XVI por los otomanos; allí fueron derrotados durante la primera ocupación. Se penetra en la ciudad por la puerta de Bab al Hadi, una de las siete que dan acceso al recinto. La entrada no es recta, sino con forma de S con el objetivo de detener a los atacantes que penetraban por este paso.

Cuando se llega a su interior, aparece una hermosa e irrepetible visión con una ciudad que parece un museo vivo, llena de escalinatas de bajada a la alberca. También se ven las cúpulas de los templos, que dominan el paisaje de Imam Mutahar bin Sharaf. Las más populares son la de la Gran Mezquita, de estilo otomano; la de Al Imam Sharaf, que contiene una escuela coránica; y los veintitrés lugares de oración. Todo parece digno de una fotografía: desde sus calles empedradas, hasta las fachadas con artísticos trabajos en piedra, las qamariyas –ventanas en forma de arco artísticamente decoradas con molduras– y las puertas talladas. En el sur podrán encontrar muestras de todo: piezas de alabastro grabadas con caracteres judíos o preislámicos, preciosas telas, cerraduras e incensarios de madera y jambias, graciosas figurillas de piedra imitando perfectamente las antiguas del reino Hymarita. Sin embargo, Sofía y José María ya se sentían agobiados ante el acoso de los comerciantes.

Por tierras de Manakha

En el último día del gran viaje, Sofía y José María recorrieron Al Hajjarah, que se cuelga sobre un valle empinado donde abundan las terrazas de cultivo, rodeada en todo su perímetro por una muralla. La muralla tiene una sola puerta que está enfrentada al barrio nuevo de la población, donde los reciben los ya cada vez más habituales recepcionistas-vendedores.

Expedición al YemenComo otras ciudades de la zona, Al Hajjarah fue fundada en el siglo XI por la dinastía de los Saluyidas de Ali as-Sulayhi. El recorrido por la población es corto: apenas una hora. Se nota un cierto abandono y algunas de sus casas están arruinadas por falta de mantenimiento; pero aún pueden admirarse las magníficas torres-vivienda de hasta ocho plantas.

Los niños aquí –y en todo el Yemen– merecen una reflexión aparte. Niños alegres, muy despiertos, de hermosos rasgos, como la mayoría de las gentes del Yemen, y muchos, muchísimos niños; toda una promesa de futuro para un país.

En el camino de Al Hajjarah a Manakha hay un desvío que conduce a Husn al Haymi por una tortuosa y traqueteante pista de piedra. Pero el recorrido dura tan sólo diez minutos. El trayecto valió la pena y pudieron contemplar un ejemplo excepcional de fuerte (husn) propio de estas Tierras Altas. Al final del camino se encuentra la aldea de Bayt al Amir –las casas del emir–, llamada así por albergar dos vistosas residencias de un jeque. Sólo por la contemplación de los profundos valles merece la pena la visita.

Volvieron a la capital para descansar y despedirse de Yemen. Una vez en el aeropuerto, las demoras y contratiempos innecesarios fueron su último recuerdo de este gran país. Pero quién podría olvidarse de todo el resto: lugares increíbles, ciudades imposibles, caminos eternos, gente amable...

Comentarios de los viajeros

Habíamos decidido ir al Yemen pese a las reticencias de familiares y amigos y a los avisos de la página web del Ministerio de Asuntos Exteriores. Pensamos que no sería tan fiero el león y allá fuimos.

Nunca, en los ocho días que duró nuestro trayecto, tuvimos sensación de peligro ni tuvimos que inquietarnos por nada. Escoltas militares al norte, beduinos por el desierto, policías por el sur y muchos controles por las carreteras; todo ello nos pareció mera rutina y casi una especie de reclamo turístico o más bien una forma más de repartir el dinero que nuestro viaje había costado.

Nada de lo anterior enturbió nuestra visión de gentes amables y acogedoras, de su arquitectura única, de sus horizontes abiertos o de sus impresionantes montañas. Unos conductores seguros y amables; un guía entrañable entregado a su trabajo: una nueva amistad en la distancia.

Extraído de “Viaje al Yemen”. © J.M. Barbado. Málaga, España.


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