Javier Reverte: letras viajeras

Javier Reverte: letras viajeras

Periodista y escritor, Javier Martínez Reverte ha viajado por los cinco continentes, en un intenso trabajo que lo conectó con la crónica de acontecimientos políticos y bélicos pero que también le permitió la recopilación del valiosísimo material y el descubrimiento de paisajes y gentes diferentes.

Material que luego ha trasladado a sus textos, algunos de ellos, libros de viajes. Reverte es, quizá por esto, uno de los autores más leídos actualmente en Hispanoamérica.

Escribe: Viajeros.com
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Este madrileño nació en 1944 y desde muy joven se sintió atraído por la expresión literaria. Estudió filosofía y periodismo, profesión que ejerció como corresponsal de prensa en Londres, París y Lisboa. Hoy es colaborador de periódicos y revistas, aunque también se dedica a la indagación de un género cuya escritura considera un don “de dios o del diablo”: la poesía. Dos de sus libros que dan cuenta de esa búsqueda son Metrópoli y El volcán herido. De sus ficciones de viajes podemos mencionar: El sueño de África, Vagabundo en África y Los caminos perdidos de África, sin olvidar otros títulos como Corazón de Ulises, Bienvenidos al Infierno y Billete de ida.

Javier Reverte: letras viajerasReverte también participó en la escritura de guiones para radio y televisión, y, puesto que pide por allí que no lo recordemos sólo como escritor de literatura de viaje, haremos bien en mencionar sus novelas: Muerte a destiempo, La dama del abismo, Campos de fresa para siempre y Todos los sueños del mundo.

Vale destacar, además, la Trilogía de Centroamérica (Los dioses debajo de la lluvia, El aroma del copal y El hombre de la guerra) que nació de un viaje llevado a cabo con el fin de concretar una labor periodística. Conoció por ese entonces Guatemala, Honduras y Nicaragua. El material recavado lo fascinó de tal manera por su riqueza que decidió volver. Permaneció unos meses en cada uno de estos países, y en el período 1986-1992 ya había escrito los tres libros. El hilo que los conecta es el trabajo sobre el paisaje y la realidad social centroamericana.


Escritor que viaja

Javier Reverte se considera, por sobre de todo, un escritor que viaja. De este modo, mide el viaje a través del calibre de la escritura, es decir, de su necesidad de llevar sus experiencias al papel para luego someterlas al juego de darles forma literaria. En este sentido sostiene que sus viajes son muy baratos porque viaja tres veces al precio de uno; esto es: mientras lo planea, durante el viaje en sí mismo y nuevamente al regreso, al momento de escribirlo y pasarlo por el tamiz del recuerdo. El libro empieza a gestarse en el instante en el que anota las impresiones de aquello que sucede, lo que sus ojos registran, la diversidad de experiencias de dialogar con las gentes que enriquecen su camino y sus anotaciones, las emociones que originan los diversos paisajes. Emoción que luego, a diferencia de la labor periodística cuya meta es brindar información despojada de emoción, él buscará precisamente hacerla texto. Brindar el panorama más completo de sus impresiones con la mayor carga emotiva posible para que el lector se convierta en su compañero de viaje en el acto de lectura.

Para sus aventuras no necesita más que unos pocos elementos que completan su afán de conocimiento y su curiosidad: cuadernos y bolígrafos, la ropa indispensable, un pequeño botiquín y una cámara.

Destinos. “La pasión por la aventura es tan vieja como el hombre”

África cautivante

Hacia 1992 Javier Reverte realizaría su primer viaje largo a África. Sin embargo ya la legendaria figura de Tarzán había sido para él, cuando niño, la primera pócima que inauguró el hechizo. Sencillamente, quedó prendado del aura de misterio que desprendían esas páginas. Ese sentimiento que Reverte ha tratado de no dejar en lo inefable dio sus frutos en Dios, el diablo y la aventura, Libro en el que relata la última de sus aventuras por estas tierras y en el que resignifica para el lector la figura del jesuita Pedro Páez, explorador español que arribó al Nilo Azul hacia comienzos del s. XVII.

Javier Reverte: letras viajerasLos numerosos viajes por África le han permitido empaparse de su cultura y su historia, la gente y los paisajes. La preparación que antecede sus viajes incluye la documentación acerca del lugar elegido y la lectura de autores que han conocido y escrito acerca de esos lugares. Esta información se suma a las guías y las notas de los datos pertinentes que ha recopilado en lo que constituye también una tarea de investigación.

Sin embargo, sostiene que para adentrarse allí donde somos extraños no hay mejor recurso que hablar con la gente. Es en este sentido que prefiere ser viajero en soledad porque la soledad le permite la escritura y el contacto con los lugareños, el material indispensable.

De la inmensa gama de posibilidades por conocer y de los tantos lugares que Reverte ha conocido, África parece ser el sitio por excelencia, aquél que se ha instalado en su corazón de viajero y de aventurero. Europa en cambio se encuentra entre los destinos que menos le atraen debido a que la globalización ha generado un efecto de producción en serie que hace que las características idiosincráticas de cada lugar se hayan disuelto en una semejanza que los empobrece.

Es interesante su concepción acerca del viaje porque, más allá de la idea inmediata que lo vincula al afán de conocimiento, es considerado una pieza clave para derribar las bases del racismo. En tanto uno conoce a ese otro cuyas diferencias y semejanzas nos hermanan y también nos dan una identidad única, uno puede destruir prejuicios, puedes acercarte a través de la empatía. Ese conocimiento de uno mismo y del otro abre la posibilidad de ser consciente de que lo fundamental para palpar la felicidad se reduce a pocas cuestiones: gente que te quiera, un sitio para dormir y un plato de comida.

La libertad

Para Reverte “Viajar es un acto de libertad”. “Escribir es un modo de ser libre”

Ambas citas dejan bien en claro cuál es la concepción del escritor acerca de ambas cuestiones. Detrás de ambos actos se halla la necesidad de experimentación. Ambos implican el compromiso de adentrarse en un sitio en el que deberemos despojarnos de nuestros ropajes culturales si queremos de verdad dejarnos envolver por esa realidad otra: "Viajar acaba con los dogmas que arrastramos a lo largo de la vida".

Javier Reverte: letras viajerasY puesto que se considera a sí mismo un escritor que viaja y no un viajero que escribe, necesita de alguna manera conocer a fondo aquello que lo motiva. Captar su esencia, la forma de hablar, de moverse, los lazos íntimos que unen sociedades que pertenecen a culturas diferentes.

Desde la misteriosa inmensidad africana a la crudísima realidad de Sarajevo (que nos deja contemplar en Bienvenidos al infierno), la mirada no es la del turista que registra el mundo a través del lente de la cámara, siempre desde lejos, aunque las contingencias del territorio que pisa lo toquen como el viento que lo despeina. Tampoco es una labor sociológica la suya. Se parece de alguna manera, al Gauguin enamorado que desplazó el prototipo de belleza clásico con las morenas desnudeces de la América que lo impactó. Su mirada es la del viajero que no se atiene a un itinerario preestablecido ni se siente acuciado por las fechas de retorno, ni satisfecho con la realidad recortada de los circuitos más comerciales.

Cambio de enfoque

Conservar la capacidad de sorprenderse, rehuir de lo previsible, estar atento para descubrir lo nuevo en aquello que ya ha sido mirado, considerarse un pequeñísimo peso en el inmenso juego de equilibrios de la naturaleza es el tipo de experiencia a la que apunta Reverte. El hombre inserto en la vorágine de la vida de las grandes urbes ha perdido la capacidad de maravillarse ante la Naturaleza porque se siente su absoluto dominador. El afán de posesión con su correlato en el consumo ha logrado que se sienta controlador de los fenómenos naturales, como desde hace tanto ha creído ser propietario de la tierra.

Javier Reverte: letras viajerasReverte llama la atención sobre semejante insolencia y menciona los efectos devastadores de los tsunamis para ilustrar aquello a lo que apunta y sostiene que su atracción por África surge precisamente de esa matemática perfecta por la cual La Tierra se hace presente ante la mirada atónita del hombre en su pequeñez. Recién ahí recuerda el lugar que ocupa en la vastedad del universo.

De alguna manera la enorme infraestructura producto de la ciencia y la técnica han insensibilizado, o restado consciencia en el sentido en el que los fenómenos naturales aparecen banalizados. Percibirlos en su magnitud real, es un verdadero paso hacia la aventura. Sólo aquél que logre dimensionarlo desde el respeto y la admiración está capacitado para salir a su encuentro de un modo que nada tiene que ver con lo temerario.

Una tendencia

Los libros de viaje han hecho que la obra de Reverte conociera una “fama” que no había tenido hasta ahora. En la condiciones actuales de desarrollo tecnológico, los libros de viajes no sólo son, como antes eran, la posibilidad de viajar imaginariamente a lugares recónditos, a sitios misteriosos que estaban alejados en el espacio pero también en el tiempo, sino que se constituyen como verdaderos disparadores, puertos desde donde zarpan los lectores en viajes reales que los llevan tras los pasos de los protagonistas. Así como circula la información casi sin limitaciones, el hombre se ha lanzado a trasponer sus propios límites en una búsqueda que parece inagotable. Un postulado a priori sostendría que no se nace viajero, se hace. Y, si bien es cierto que el atractivo que representan el conocimiento y la aventura es tan antiguo como el hombre, nunca como ahora la movilidad ha gozado de los facilitadores con los que cuenta en la actualidad.

En la captación de lo inmediato, que es justamente aquello que hace que el lector se adentre en la realidad, está operando el entrenamiento al que lo sometió la labor periodística. Ser rápido, aprehender el sentido de las cosas aunque estas se muestren en su mínima expresión. La capacidad de síntesis es fundamental para no perder la esencia de la maravilla. Mantener la mirada atenta y desautomatizadora tal vez sea un buen recurso para atravesar el espejo como Alicia y volver para narrarlo. En este sentido, Llevar adelante un viaje en absoluta soledad viene a ser la base sobre la cual la experiencia de libertad puede sustentarse. La libertad de estar con uno mismo y ejercer cada pequeño acto de decisión que le da forma al camino. Reverte sostiene que la soledad ha sido una elección y es un derecho que ha ganado, y que la disposición del tiempo de acuerdo a su deseo ha sido un logro posterior a sus cincuenta años.

Javier Reverte: letras viajerasEl acervo de lecturas de Reverte incluye a narradores tales como Hemingway, Joseph Conrad o Graham Greene. Sus obras y sus pensamientos se palpan en su escritura, porque han calado hondo en el hombre. Cabe mencionar también a Henry Miller y a André Gide, como así también a Manu Leguineche.

El otro y yo

Siempre se habla del otro desde sí mismo. El eje que vertebra la mirada es la cultura a la que pertenecemos y que aparece determinada por las coordenadas espacio-temporales que nos tocan. Entonces, hablar de uno mismo es también hablar del otro aunque no se lo nombre. Ahí donde está su ausencia, está presente. Y por lo tanto, hablar del otro es hablar de mí mismo, en tanto lo revisto con las palabras que mi concepción de mundo me habilita.

Para Reverte el viajero busca lo que no imagina. En ese acto, el otro aparece dimensionado como único. Dirá también que ningún lugar puede defraudar cuando se ha llegado a él guiado por la emoción. Y esa misma emoción es la que lo lleva a seguir buscando nuevos caminos y nuevas personas para conocer y crecer. Al fin de cuentas, de eso se trata el viajar.


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