Ella Maillart: destino viajero

Ella Maillart: destino viajero

Gran viajera, también fue una deportista que fundó a los 16 años el primer club suizo de hockey femenino y práctica de esquí. El recorrido de Ella Maillart no deja de ser espectacular: fue la primera mujer en participar en los Juegos Olímpicos (los de París) en disciplinas náuticas, lo que adquiere un significado curioso pensando que su país de origen no tiene salida al mar. Fue navegante a vela solitaria por el golfo de Gascogne y los mares del Sur, lo cual le valió el seudónimo de "vagabunda de los mares".

Escribe: Viajeros.com
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El 20 de febrero de 1903, nace Ella Maillart en Ginebra. Su padre, hombre liberal y bien informado, es comerciante de la piel. Su madre, mujer independiente y encariñada con los deportes, la lleva cada domingo a las montañas para practicar esquí, que en aquella época era mirado como una excentricidad. Incluso de niña, Ella adora los mapas de la lectura y los libros de aventuras.

En 1913 sus padres se trasladan a la aldea de Creux-de-Genthod, a orillas del lago Ginebra. Ella descubre el lago y esquiando en invierno, nadando en el lago en verano, y leyendo libros todo el año pronto encuentra amigos inseparables.

Ella MaillartYa en 1922, su mejor amiga Miette compra un pequeño velero en el cual navegan juntas hasta Córcega, y más adelante animadas por el éxito realizan un nuevo viaje rumbo a Córcega, a Cerdeña y a Sicilia, y entonces, siguiendo las pistas de Ulises, a las islas y al Ithaca jónicos. Más adelante, en el "Atalante", un barco sólido, procuran repetir el viaje épico de Alain Gerbault. Pero a la semana, aún cerca de la costa de Bretaña, tienen que volver: Miette, que es la dueña del barco así como su capitán, cae seriamente enferma y debe abandonar la aventura.

Ella representa a Suiza en la competición de navegantes solitarios en los juegos olímpicos de 1924. La única mujer entre competidores de 17 naciones, y llega novena. Ella se describirá más adelante a estos años como "una nómada debajo de la vela" en su vagabundeo por el mar.
Asimismo, participó activamente en cine como guionista y asistente de dirección, pero se destacó por las descripciones de periplos absolutamente insólitos que también realizó por tierra.

No sabiendo qué hacer, ella intenta diversas profesiones: Mecanógrafo, viajero comercial, modelo para el escultor Raymond Delamare en París, actuando en el estudio dramático de los artes en Ginebra. Ella escribe: "excepto cuando era navegante o practico el esquí me siento perdida, sin rumbo…”.

Ella MaillartElla también trabaja como profesora de francés en Gales, hace de doble de riesgo en varias películas de montañismo. Durante este período (1931-32) es también capitán del equipo de hockey femenino de Suiza. Y, como miembro del equipo nacional suizo de esquí, ella defiende los colores de su país en los campeonatos del mundo en Mürren (1931), en el d'Ampezzo (1932), en Innsbruck (1933) así como St. Moritz (1934). En su libro, travesías y caravanas autobiográficas que ella escribirá más adelante: "creo a veces que el esquí es responsable de mantenerme en equilibrio. Tan pronto como llegara el invierno las visiones de los esquís deslizándose a través de nieve nueva me llenan de una ansiedad por esquiar que dondequiera que estuviese- en Berlín o París, o aún a bordo de mi barco- yo interrumpía lo que hacía y partía a las colinas. Cada domingo en Ginebra me levantaba a las cuatro de la mañana para coger el tren especial a las montañas. “

Durante una estancia en Berlín en 1929, un encuentro con inmigrantes rusos le dan la idea de escribir algunos artículos periodísticos acerca de la juventud en Rusia y en el cine ruso. Decide irse para Moscú. Esto decide a su sino.

A la edad de 30 años, junto a una enferma Annemarie Schwarzenbach, escapó al terror hitleriano en un viejo Ford recorriendo Italia, Yugoslavia, Bulgaria, Turquía, Tukestán, Irán y Afganistán, en lo que después resultaría una de las más fascinantes obras de viaje, La ruta cruel.

Ella MaillartEn la obra, Maillart no sólo describe el insólito paisaje que encuentra, sino el doloroso camino que va dejando atrás: la destrucción paralela de Europa y Annemarie (quien en la obra es rebautizada como Christina), dos de sus mayores amores. Ella nunca detuvo su andar ni su literatura. Siguió por caminos inexplorados a través de China y Cachemira, e incluso le quedó tiempo para, en 1986 -cuando ya contaba 83- llegar hasta el Tíbet. Una hazaña que se equipara a la de su coetánea (y en muchos aspectos alma gemela) Freya Stark, quien a los 88 años fue capaz de participar en una última expedición al Nepal.

Su primer libro fue la narrativa de un viaje en 1932 desde Moscú a las fronteras del Turkestán Ruso, donde vivió entre los miembros de las tribus Kirguiz y los Kazak. Fue nombrada en 1934 corresponsal para el periódico francés Petit Parisien y fue a Manchuria, donde conoció al periodista y explorador inglés Peter Fleming, hermano de Ian Fleming, el escritor de las novelas de James Bond.

Cada uno por su lado, ellos habían planeado regresar a Europa por tierra, a través del terreno imposible del Turkestán Chino (imposible por razones políticas así como físicas), pero cuando supieron de los planes del otro, decidieron viajar juntos. No fue por motivos románticos, Peter estaba prometido a la actriz Celia Johnson y de todos modos, Ella no era del tipo sentimental. Se trataba simplemente de que tenían más posibilidades juntos que por separado. Eran compañeros de viaje dispares: el atractivo viajero con su lánguido acento de Oxford y la obstinada deportista suiza. Sus respectivas narrativas (Forbidden Journey de Ella Maillart y News from Tartary de Peter Fleming) del viaje de ocho meses a través de los desiertos de Gobi y Takla Makan son narrativas interesantes.

Ella MaillartLa siguiente narrativa de viajes de Ella fue lo mismo de ardua a su manera; se trataba de guiar a un amigo drogadicto en un coche Ford desde Ginebra (y a través de un ataque de nervios) hasta Kabul y Peshawar en 1939. En India, al comienzo de la segunda guerra mundial, Ella comenzó a encontrar lo que estaba buscando. Se quedó en Tiruvannamalai, al sur de Madras, y pasó allí los próximos cinco años viviendo simplemente y meditando. Hizo viajes ocasionales hasta Tíbet o Nepal (a menudo con su amado gato Ti-puss), pero la mayor parte del tiempo Ella se contentaba con sentarse a los pies de su gurú Ramana Maharishi, explorando el "territorio sin mapas de mi propia mente". Aunque vivió en Suiza hasta su muerte, donde esquió mientras pudo, Ella visitó Asia asiduamente.


Su primer libro: Oasis Prohibidos

En enero de 1935 Ella Maillart sale de Pequín hacia el interior con su compañero, Peter Fleming, corresponsal del Times, con quien acaba de recorrer el Manchuku. Fleming es bueno con el fusil y un hombre de ingenio, sabe algo de chino y domina el difícil arte de embaucar a los funcionarios provinciales. Ella Maillart conoce bien la vida de caravana por haberla vivido en el Turquestán soviético, habla bastante bien el ruso y puede preparar, en un fuego de leña, cualquier pieza de caza, de pelo o de pluma. Ambos son tozudos, están acostumbrados a arreglárselas solos y de vez en cuando rezongan contra la dependencia reciproca en que les ha puesto su asociación; pero no cabe duda de que siendo dos tienen más posibilidades de llevar a cabo el proyecto que han forjado. Se trata de atravesar China de este a oeste, llegar a los oasis "prohibidos" de Sinkiang, cuna hace mil años de una vieja cultura de origen iraní, y pasar desde allí a Cachemira, en la otra vertiente del mundo, por los collados de herradura del Pamir y el Karakorum. Clandestinamente, pues el Turquestán chino, cuya población es de mayoría musulmana, está en pleno levantamiento. Este es el punto de partida de este relato, sin duda uno de los más bellos que ha escrito la autora de La ruta cruel: Un viaje por Turquía, Persia y Afganistán.

Fragmento de "La ruta cruel"

Ella MaillartHabíamos convenido en observar ciertas reglas que facilitarían el viaje. La tienda y la cena debían estar preparadas antes de oscurecer. La fatiga debía declararse con toda sinceridad, ya que nuestra salud no era muy buena. (Yo padecía de dolor en las vértebras.) Las etapas previstas eran siempre susceptibles de una modificación radical: lo más importante era viajar de modo inteligente, observando las transformaciones que diferenciaban un país del inmediato.

Nuestra pretensión era poder detenernos por cualquier pretexto; para ello había que dominar con mano firme nuestros dieciocho caballos. La mayoría de los automovilistas conducen como si fuese un crimen interrumpir el éxtasis causado por el impulso continuo de los 80. Llegan a un estado en que pierden toda iniciativa, excepto la de seguir adelante. Es pedir la luna pretender que retrocedan 300 m., el silencio con que responden a vuestra petición, no sería más reprobatorio si les propusierais empujar el coche a fuerza de brazos.

Ella MaillartTampoco queríamos permitir que la velocidad elevase un "muro" aislador entre nosotros y la vida en torno: rumor de voces, aroma de nuevas especias que salía de una granja, frescor de una brisa tímida junto a una fuente. Este viaje iba a ser nuestro, no del coche. Describí a Cristina el asombro que experimenté al encontrar en Kabul a la baronesa Blixen-Finecke. Acababa de llegar de Suecia, sola. (Debo decir de paso que, incluso para una mujer que viaja sin compañía, hoy no es peligroso en absoluto recorrer el Afganistán, a condición de que vaya vestida decentemente; y mi relato desilusionará a quienes les agraden las aventuras.) Después de dejar con un palmo de narices a los gendarmes persas que trataban de detenerla, había cubierto el trayecto en un tiempo récord. Pero había visto muy pocas cosas, no deteniéndose en ningún sitio, y en sus fotografías no se veía más que su Ford en la arena, en el agua, entre el gentío, en el desierto. Por eso rehusé cuando me invitó a acompañarla. Críeme obligada a soltarle un discurso: ¡Qué lástima que, con un automóvil tan magníficamente adaptado a los viajes por Asia, no fuese a los recónditos rincones donde tribus casi desconocidas están a punto de extinguirse! Eva Biixen-Finecke viajaba con una carta de presentación que decía, poco más o menos: "Yo, Sven hledin, quedaré muy agradecido por la asistencia que se quiera prestar a mi ahijada, la portadora de estas líneas, la cual se halla en ruta con destino a China, pasando, si es posible, por el Turquestán soviético. En recompensa, me comprometo a expedir una carta de gratitud de mi puño y letra ".


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