Roald Engebrecht Amundsen: el conquistador de los polos

Roald Engebrecht Amundsen: el conquistador de los polos

Entre la constelación de exploradores que arriesgaron su vida por arrancar a la Naturaleza sus secretos, pocos, tal vez ninguno, tan audaz y perseverante como este noruego insigne, nacido en Bjorne y desaparecido, cincuenta y seis años después, cuando pilotaba un hidroavión de rescate en busca del dirigible Italia, perdido en las regiones árticas. Había acometido repetidas veces la conquista del Polo Norte, pero seria el Sur el que coronase su gloria el día 14 de septiembre de 1911, en pugna con el inglés Scott.

Escribe: Viajeros.com
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El 14 de diciembre de 1911, el explorador noruego alcanzó la meta por tantos soñada. Por primera vez en la Historia, voces humanas rompían el impresionante silencio del extremo meridional de la Tierra.

Amundsen y sus compañeros alcanzaron la fama con su hazaña. Sin embargo, el verdadero objetivo del ambicioso explorador noruego había sido la conquista del Polo Norte. En una carta donde expresa sus sentimientos de entonces, admite abiertamente: "no creo que haya existido jamás alguien que se encuentre en un lugar tan diametralmente opuesto a la meta deseada". Amundsen siempre atisbaba nuevos desafíos en la lejanía. Él mismo describía su vida como "un continuo avanzar hacia la meta final".

Roald Engebrecht Amundsen: el conquistador de los polosRoald Amundsen nació en 1872, en Borge, localidad cercana a la ciudad de Sarpsborg, en la región sudoriental de Noruega. Desde los años mozos, su meta en la vida era evidente y ninguna duda lacerante logró hacer mella en su inconmovible determinación de ser explorador polar. Amundsen devoraba cuantos libros sobre expediciones polares llegaban a sus manos, especialmente los que narraban la desventurada expedición de Sir John Franklin, que con los buques Erebus y Terror partió en 1845 en busca del paso del Noroeste, para no regresar jamás. Amundsen dedicaba mucho tiempo a fortalecer su físico y a entrenar el cuerpo para hacer frente en su día a las duras pruebas que le esperaban.

Con todo, Amundsen se portó como buen hijo cumplidor de su deber, cediendo al deseo materno de estudiar medicina. Pero a los 21 años cumplidos, ya huérfano de padre y madre, vendió enseguida todos sus libros de medicina, puso a buen recaudo la calavera que había usado en sus estudios y proclamó su intención de ser explorador polar.


Experiencia en aguas boreales

Estudiando con atención la bibliografía sobre expediciones polares, Amundsen llegó a darse cuenta de una debilidad muy corriente; a saber: que los exploradores polares no habían aprendido a navegar. Con su habitual minuciosidad sistemática, Amundsen decidió obtener el título de capitán de buque y, en 1894, se embarcó a bordo de un cazador de focas.

Roald Engebrecht Amundsen: el conquistador de los polosTres años más tarde fue de segundo oficial a bordo del Bélgica, buque de una expedición a la Antártida financiada con capital belga y dirigida por el explorador polar Adrien de Gerlache de Gomery. El objetivo del viaje era reconocer el litoral de la Antártida, pero la expedición estuvo a punto de terminar en catástrofe: la embarcación quedó apresada por los hielos cerca de la isla de Pedro I, debido a la falta de experiencia del jefe de la expedición en las zonas circumpolares. Los expedicionarios vivirían trece meses de inseguridad y aislamiento hasta conseguir el Bélgica liberarse de los hielos y salir a mar abierto. Fueron meses de pruebas durísimas. Prácticamente toda la tripulación llegó a padecer de escorbuto y, al caer enfermo el capitán del barco, Amundsen se hizo cargo del mando.

Pronto se haría dueño de la situación, poniendo a los tripulantes a cazar focas y pingüinos y a hacer ropas de abrigo con mantas de lana. El Bélgica seguía bajo el mando de Amundsen cuando logró liberarse de los hielos en marzo de 1899. Así fue aquella la primera expedición que jamás invernase — aunque fuera involuntariamente — en la Antártida.

Ya con el título de capitán de barco en el bolsillo, Amundsen empezó a planear su propia expedición a las regiones árticas. Pretendía ir en busca del paso del Noroeste, la ruta marina que se creía iba del Atlántico al Pacífico bordeando la costa de América del Norte, y que muchos habían intentado descubrir. Amundsen comprendía que, para lograr apoyo económico, la expedición debería tener una finalidad científica, y pensó que el Polo Norte magnético sería un proyecto adecuado. Así las cosas, se trasladó a Hamburgo, donde estuvo estudiando magnetismo terrestre y, a la vez, haciendo preparativos concienzudos de la expedición.

Por el paso del Noroeste

La nave elegida por Amundsen para la expedición fue el Gjøa, especie de balandra de 70 pies de eslora y 47 toneladas de arqueo neto. Cargada hasta la misma regala, la embarcación zarpó del puerto de Cristianía (hoy Oslo) en junio de 1903. El Gjøa cruzó el Atlántico norte, bordeando después la costa occidental de Groenlandia antes de dirigirse al extremo septentrional de la isla de Baffin. La nave se adentró por el estrecho de Lancaster, donde cautelosamente fue hallando su rumbo entre el laberinto insular de la costa noroccidental del Canadá. Enormes témpanos de hielo, fuertes vientos, niebla y aguas poco profundas constituían una amenaza constante. Hacia el fin del verano, los expedicionarios hallaron un puerto natural en la isla del Rey Guillermo, al NO. de la Bahía de Hudson.

El lugar era favorable también porque, estando tan cerca del Polo Norte magnético, se podían efectuar exactas mediciones científicas. La expedición permaneció dos años en el lugar, que llamaron Gjøahavn (Puerto Gjøa), erigiendo observatorios equipados con instrumentos de alta precisión y realizando estudios que no sólo determinaron la posición del Polo Norte magnético, sino que también abarcaron observaciones de tal exactitud que proporcionaron a los expertos en magnetismo polar suficiente material para trabajar durante veinte años.

Roald Engebrecht Amundsen: el conquistador de los polosDe los esquimales aprendió Amundsen a conducir tiro de perros. También se fijó en la vestimenta, alimentación y modo de vida de los esquimales. Todo lo guardaba en su memoria privilegiada, pensando en que podría ser de utilidad en posteriores viajes por las regiones polares.

En agosto de 1905 se concluyó la labor científica, y el Gjøa prosiguió rumbo al oeste, a través de nieblas y hielos flotantes. Las aguas del estrecho eran tan poco profundas que, en cierto lugar, sólo había una pulgada de agua bajo la quilla.

Mientras que el Gjøa, lentamente, iba surcando las traidoras aguas, Amundsen y sus hombres se daban cuenta de que iban acercándose a zonas conocidas y cartografiadas por navegantes que habían partido desde Alaska hacia el E. De no surgir más impedimentos, cubrirían la última etapa de la travesía del paso del Noroeste. Un día, al cabo de tres semanas con el alma en un hilo, la expedición divisó un ballenero de San Francisco. El Gjøa había alcanzado su objetivo: era el primer barco que conseguía atravesar el paso del Noroeste. Poco después, empero, la nave quedaría aprisionada por los hielos, permaneciendo inmovilizada todo el invierno.

Amundsen ardía en deseos de dar a conocer al mundo la gran hazaña. En octubre partió en un trineo de perros, junto con un compañero norteamericano. Recorrieron 800 kilómetros atravesando las masas heladas hasta llegar a Eagle City, en Alaska, donde había comunicación telegráfica con el mundo exterior. Este viaje, el primero de larga duración que realizaba con trineo de perros, le llevó a traspasar montañas de 2.700 metros de altura. El cinco de diciembre llegó a Eagle City y la noticia de su proeza fue difundida por el mundo.

De una punta a la otra

Roald Engebrecht Amundsen: el conquistador de los polosConvertido en un famoso descubridor, Amundsen dio varias conferencias por todo el mundo para cubrir los gastos de la expedición al paso del Noroeste y reunir fondos para el más arriesgado proyecto que aún quedaba por realizar en las regiones árticas: la conquista del Polo Norte. Con su recién ganada fama reuniría pronto el capital necesario, procediendo enseguida a efectuar sus planes, que consistían en ir atravesando el Polo a la deriva en una embarcación aprisionada por los hielos. Amundsen había incluso conseguido el barco. Se había puesto en contacto con Fridtjof Nansen, pidiéndole que le dejara el Fram, buque utilizado por éste y sus hombres durante tres años, de 1893 a 1896, y en el que habían ido a la deriva con los hielos desde Siberia hacia al Polo Norte. El mismo Nansen tenía proyectado emplear el Fram, pero su generosidad le hizo acceder a la petición de Amundsen.

Los planes del explorador noruego, empero, quedaron desbaratados al llegar, en abril de 1909, la noticia de que el norteamericano Robert Peary había alcanzado el Polo Norte. Enseguida, Amundsen viró en redondo, cambiando el objetivo de la expedición. Y ello sucedió "con la misma rapidez que la noticia (la proeza de Peary) había circulado por el hilo", según palabras del mismo Amundsen. Los preparativos siguieron su curso, pero ahora con un nuevo destino: el Polo Sur. Era bien sabido que el inglés Robert Falcon Scott estaba preparando su segundo intento de alcanzar el extremo meridional de la Tierra, y Amundsen — empujado por la ambición de ser el primero — decidió aceptar el desafío. Hasta la llegada del Fram a la isla de Madera, en el verano de 1910, Amundsen no hizo saber al mundo que pretendía la conquista del Polo Sur.

Un telegrama con la noticia fue recibido por Scott justamente cuando su expedición estaba a punto de abandonar Nueva Zelanda. En enero de 1911, el Fram anclaba en la Bahía de las Ballenas. Amundsen había elegido cuidadosamente esta base antártica debido a su situación: 100 km. más cerca del Polo que la base de Scott, en el Cabo Evans. En el curso de febrero y marzo los expedicionarios dispusieron siete depósitos de víveres y carburante a lo largo de las primeras etapas de la ruta que habrían de seguir. Con su espíritu práctico, Amundsen mandó marcar el itinerario con pescado seco, que luego pudiera servir de alimento.

Roald Engebrecht Amundsen: el conquistador de los polosEl 19 de octubre se inició la memorable marcha hacia el Polo Sur: Amundsen al frente de cuatro hombres y cuatro trineos ligeros, tirados cada uno por trece perros. La primera parte del viaje transcurrió, sorprendentemente, sin dificultades. A veces hasta podían dejar que los perros tirasen de los trineos mientras los hombres, sujetando las riendas, iban esquiando a remolque placenteramente. Pero esto terminaría bruscamente al surgir obstáculos poderosos en forma de grietas sin fondo e interminables crestas heladas en el glaciar Axel Heiberg.

La resistencia y el valor de los bien entrenados expedicionarios fueron puestos ahora realmente a prueba. Mas, una vez superados estos impedimentos, atravesaron con relativa rapidez la vasta meseta en dirección al Polo Sur. La tensión iba en aumento según se iban acercando los expedicionarios al Polo. Temían, naturalmente, que Scott les hubiera ganado la partida ante la misma línea de meta, aunque, no obstante, Amundsen albergaba la esperanza de que la rapidez de su marcha les hubiera asegurado la victoria. Al fin, el 14 de diciembre alcanzaron el extremo austral de la Tierra.

El triunfo de Amundsen en la carrera hacia el Polo Sur no había, en modo alguno, colmado sus ansias de nuevas metas que conquistar. A su regreso de la Antártida, comenzó de seguida los preparativos de una nueva expedición. Las regiones árticas seguían acaparando su interés principal y se propuso explorar las zonas desconocidas y emular la tentativa de Nansen de pasar a la deriva por el Polo Norte. La I Guerra Mundial hizo retrasar la ejecución del proyecto. Al fin, en junio de 1918, la expedición partía de Noruega. El Fram ya no servía, por lo que Amundsen se hizo construir su propia embarcación, el Maud, que no fue bautizado con champaña, sino — peculiarmente, en verdad — con un bloque de hielo.

Decepción tras decepción

La expedición del Maud fue equipada con instrumentos para realizar observaciones oceanográficas, meteorológicas y del magnetismo terrestre, y era la expedición geofísica de exploración polar más importante y mejor pertrechada hasta entonces. Sin embargo, el viaje sería causa de muchas decepciones. Al adentrarse el Maud por aguas árticas, quedó aprisionado por los hielos, permaneciendo los expedicionarios abandonados a su suerte durante dos largos inviernos. El barco necesitaba grandes reparaciones urgentemente, que fueron llevadas a cabo en la ciudad de Seattle, donde fue equipado y abastecido para pasar varios años en los hielos.

En junio de 1922 el Maud ponía rumbo al norte de nuevo, para quedar otra vez aprisionado por los hielos junto a la isla de Wrangel, frente el extremo nororiental de la URSS. Durante tres años, la embarcación fue a la deriva con los hielos a lo largo de las costas de Siberia nororiental. De este modo, la ambiciosa expedición no alcanzaría su meta geográfica, pero los datos geofísicos reunidos, sobre todo por el meteorólogo y oceanógrafo Harald Ulrik Sverdrup, han dado fama a la expedición del Maud de ser uno de los proyectos de exploración ártica más importantes de todos los tiempos. El viaje proporcionó nuevos conocimientos. De eso queda constancia, pese a todas las decepciones sufridas.

Viajando por avión

Roald Engebrecht Amundsen: el conquistador de los polosDesde época temprana, Amundsen había mostrado interés por los aviones como medio auxiliar de exploración polar. En su último viaje a las regiones árticas, el Maud llevaba dos pequeños aeroplanos a bordo. El uno sería empleado para realizar observaciones. Con el otro, que era de mayor tamaño, pensaba Amundsen volar hacia el norte desde Alaska. Sin embargo, ambos aviones sufrieron averías bastante pronto, aunque los pilotos sobrevivieron a los accidentes.

Después de los intentos fracasados del Maud por alcanzar su primer objetivo, pocos creían que fuera posible conquistar el Polo Norte desde el aire. Amundsen despertaba poco interés al tratar de reunir fondos para su última temeraria aventura: ser el primero en volar sobre el Polo Norte.

Cuando, descorazonado, llegó a Nueva York, tras una malograda gira de conferencias, fue contactado por Lincoln Ellsworth, un norteamericano a la sazón totalmente desconocido para el explorador noruego. Para gran alegría de Amundsen, Ellsworth se ofreció a financiar la adquisición de dos hidroaviones y cubrir los demás gastos a cambio de participar en la expedición. Amundsen consiguió pilotos y mecánicos y el 21 de mayo de 1925 despegaron de Spitsbergen rumbo a Alaska.

Roald Engebrecht Amundsen: el conquistador de los polosA la mañana siguiente, empero, el depósito de gasolina de uno de los vehículos aéreos sufrió una fuga, y el otro tenía problemas con el motor. A unos 150 kilómetros del Polo, aterrizaron ambos hidroaviones en los hielos y sólo uno de ellos pudo utilizarse después. Luego de haber aplanado los seis hombres la superficie helada con herramientas manuales, hasta hacer una primitiva pista de despegue, el piloto, Hjalmar Riiser-Larsen, realizó la proeza aeronáutica de despegar con todos a bordo. El avión llevaba exceso de peso, pero, con las últimas gotas de gasolina, lograron llegar a Nordaustlandet, isla del archipiélago de Svalbard, donde los seis expedicionarios fueron rescatados del mar y llevados de regreso a Noruega.

Contra todo lo que se esperaba, el viaje despertó admiración por doquier, a pesar de que fue la expedición polar más desafortunada de Amundsen y otra vez sería el héroe recibido con
entusiasmo a su regreso a Oslo. El explorador noruego describió la bienvenida como el recuerdo más feliz de su vida.

Y por dirigible

Por entonces estaba convencido Amundsen de que el avión no era todavía vehículo apropiado para viajes aéreos sobre el Polo, pero pensó que sí sería factible volar de continente a continente en dirigible. En muy breve tiempo consiguió los medios necesarios para su atrevido viaje. El 11 de mayo de 1926, el infatigable explorador abandonaba Spitsbergen a bordo del dirigible Norge. Con Amundsen iban el norteamericano Lincoln Ellsworth, el italiano Umberto Nobile, que había construido el dirigible y que también lo mandaba, así como el hábil piloto Hjalmar Riiser-Larsen, que iba de navegante. Había, además, una tripulación de doce hombres.
Al cabo de sólo 16 horas de vuelo, los expedicionarios, radiantes de alegría, pudieron dejar caer las banderas noruega, estadounidense e italiana sobre el Polo Norte, y el 14 de mayo aterrizaba el Norge en Teller (Alaska).

Roald Engebrecht Amundsen: el conquistador de los polosSus tripulantes habían recorrido 5.456 kilómetros en 72 horas, siendo los primeros en volar de Europa a América. La ruta seguida por el Norge había atravesado regiones polares desconocidas, y Amundsen pudo hacer constar que no existían territorios en aquellas latitudes. La última zona en blanco del mapamundi había sido eliminada.

El homenaje rendido al explorador noruego alcanzó cotas inéditas. Especialmente en los Estados Unidos y el Japón, su nombre inspiraba gran respeto. Sin embargo, la enojosa disputa entre Amundsen y Nobile arrojaría oscuras sombras sobre esta época. Nobile trató de menospreciar el papel de Amundsen en el viaje del Norge, mientras que éste, por su parte, criticaba la construcción del dirigible.

Con todo, Amundsen no dejaría de mostrar su espíritu magnánimo al recibirse la noticia, en mayo de 1928, de que el nuevo dirigible de Nobile, el Italia, había sufrido un accidente en las regiones árticas.

Sin dudarlo, Amundsen se ofreció voluntario para una tentativa de salvamento, siendo uno de los seis hombres que, en junio, despegaban de Tromsø en el avión francés Latham. Nobile y sus hombres fueron salvados el 22 de junio. Pero el aeroplano de Amundsen transmitiría sus últimas señales tres horas después de despegar. El avión no regresaría jamás.

Visiones

Amundsen era un hombre sencillo, afable, que no gustaba en absoluto de ufanarse de sus triunfos. En cierta ocasión, sin embargo, hubo de satisfacer la curiosidad de cierta dama, interesadísima en conocer las impresiones del afamado explorador. Amundsen, cortés, se extendió en toda clase de detalles, cuando he aquí que la señora, como remate del interrogatorio, rogó al explorador que le dijese cuál había sido el acontecimiento personal más singular que recordaba. Abrumado por la pregunta, Amundsen reflexionó un instante y al cabo dijo:

-Ah, sí, ahora recuerdo... Fue una vez, que en el solo espacio de una noche, me creció la barba más de quince centímetros.

Visiblemente mortificada, la dama replicó:
-¡Cómo! Usted bromea, sin duda. ¿Quince centímetros en una sola noche? Eso es imposible.

Y Amundsen, regocijado, respondió:
-Pues es cierto, créame. Claro que el hecho ocurrió en el Polo Norte, y allí, ya se sabe, la noche dura seis meses.


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