Ibn Battuta: El peregrino incansable

Ibn Battuta: El peregrino incansable

Viajero tenaz, desde su ciudad natal, Tánger, recorrió el mundo islámico del Norte de África hasta la India. Posteriormente se dirigió al sur de Rusia, China y las costas de Malabar y Sumatra. De vuelta a Tánger, recorrió los reinos negros subsaharianos, llegando al Níger y a la ciudad de Tombuctú. De Mil y un placeres conoció este hombre que peregrinaba a La Meca y viajó el triple que Marco Polo. Su fama sólo es grande en el Islam: transportes, calles y hasta hamburguesas llevan su nombre.

Escribe: Viajeros.com
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Por instigación del Sultán de Marruecos, Ibn Battuta dictó un relato de sus viajes a un estudioso llamado Ibn Juzayy, a quien había encontrado mientras estaba en la Península ibérica. Mientras que obviamente es ficticio en algunos lugares, el Rihla (traducido sin exactitud como "Mis viajes") aún da el relato más completo que existe de algunas partes del mundo en el siglo XIV.

En algunos puntos, las cosas que pretende que vio o que hizo son probablemente fantásticas, pero en muchos otros no hay modo de saber si está informando o contando historias. El relato siguiente asume lo primero donde no es obviamente lo último.

Ibn Battuta: El peregrino incansableNacido en Tánger, Marruecos en algún momento entre 1304 y 1307, a la edad de aproximadamente veinte años, Ibn Battuta fue en peregrinación a la Meca. Una vez hecho esto, sin embargo, continuó viajando, cubriendo con el tiempo más de 120.000 kilómetros por lo largo y ancho del mundo musulmán.

Su viaje a la Meca fue por tierra, y siguió la costa norte de África hasta que alcanzó El Cairo. En este punto estaba en territorio mameluco, que era relativamente seguro, y se embarcó en el primero de sus rodeos. Existían tres rutas comúnmente usadas a la Meca e Ibn Battuta escogió la menos frecuentada: un viaje río arriba del Nilo, y luego al este por tierra al puerto del Mar rojo de 'Aydhad. Sin embargo, según se acercaba a esa ciudad, se vio obligado a volverse debido a una rebelión local.

De vuelta a El Cairo inició un nuevo rodeo, a Damasco, (controlado entonces también por los mamelucos), al haber encontrado un hombre santo durante su primer viaje que profetizó que Ibn Battuta sólo alcanzaría la Meca tras un viaje por Siria. Una ventaja adicional del rodeo fue que otros lugares santos estaban a lo largo de la ruta -Hebrón, Jerusalén y Belén, por ejemplo- y las autoridades mamelucas hacían un especial esfuerzo en mantener el viaje a Jerusalén seguro para los peregrinos.

Tras pasar el ramadán en Damasco, Ibn Battuta siguió con un viaje caravanero las 800 millas desde Damasco a Medina, lugar de entierro de Mahoma. Tras cuatro días, siguió viaje a la Meca. Allí cumplió los ritos habituales de un peregrino musulmán, y habiendo adquirido el grado de al-Hajji como resultado, afrontaba ahora su retorno a casa. Tras reflexionar, decidió en cambio continuar viajando. Su próximo destino era el Il-Khanato, en la actualidad Irak e Irán.

Una vez más, asociado a una caravana, cruzó la frontera a Mesopotamia y visitó al-Najaf, el lugar de enterramiento del cuarto califa Alí. Desde allí viajó a Basora, luego Isfahan, que sólo unas décadas atrás había sido casi destruida por Timur. Los siguientes sitios fueron Shiraz y Bagdad, el último de los cuales estaba en malas condiciones tras ser saqueado por Hulagu Khan.

Ibn Battuta: El peregrino incansableAllí encontró a Abu Sa'id, el último gobernante del Il-Khanato unificado. Ibn Battuta viajó con la caravana real por un tiempo, luego giró al norte a Tabriz en la Ruta de la Seda. La principal ciudad en la región en abrir sus puertas a los mongoles, había llegado a ser un importante centro comercial tras que la mayoría de sus rivales más cercanos fueran arrasados.

Después de este viaje, Ibn Battuta regresó a la Meca para un segundo hajj, y vivió allí durante un año antes de embarcarse en un segundo gran viaje, esta vez hasta el Mar Rojo y la costa este Africana. Su primera parada importante fue Adén, donde su intención era hacer fortuna como comerciante de los bienes que fluían a la Península arábiga desde todo el Océano Índico. Antes de hacerlo, sin embargo, se determinó a tener una última aventura y se apuntó a un viaje siguiendo la costa de África.

Pasando alrededor de una semana en cada uno de sus destinos, visitó Etiopía, Mogadiscio, Mombasa, Zanzíbar y Kilwa, entre otros. Con el cambio del monzón, él y el barco en que estaba embarcado volvieron al sur de Arabia. Habiendo completado su aventura antes de establecerse, inmediatamente decidió ir a visitar Omán y los Estrechos de Ormuz. Hecho esto, viajó a la Meca otra vez.

Tras pasar un año allí, se decidió a buscar empleo con el Sultán de Delhi. Necesitando un guía y traductor si iba a viajar allí, fue a Anatolia, entonces bajo el control de los turcos seleúcidas, para unirse a una de las caravanas que iban desde allí hasta la India. Un viaje por mar desde Damasco en un barco genovés lo llevó hasta Alanya en la costa sur de la Turquía moderna. Desde allí viajó por tierra a Konya y después a Sinope en la costa del Mar Negro.

Cruzando el Mar Negro, Ibn Battuta tomó tierra en Kaffa, en Crimea, y entró en las tierras de la Horda de Oro. Allí compró un carro y de manera fortuita se unió a la caravana de Ozbeg, el Khan de la Horda de Oro, en un viaje hasta Astrakhan en el río Volga.

Tras alcanzar Astrakhan, el Khan permitió a una de sus esposas embarazadas volver a dar a luz en su ciudad de origen: Constantinopla. No es una sorpresa que Ibn Battuta persuadiera a alguien para poder viajar en esa expedición, la primera de las suyas más allá de los límites del mundo islámico.

Tras llegar allí hacia el final del 1332, encontró al emperador Andrónico III y vio el exterior de Santa Sofía. Después de un mes en la ciudad, volvió sobre su ruta hacia Astrakhan, continuó más allá del Mar Caspio y el Mar de Aral a Bujara y Samarcanda. Desde allí viajó hacia el sur hasta Afganistán, cuyos pasos de montaña usó para cruzar a la India.

El Sultanato de Delhi era una adición relativamente nueva a Dar al-Islam (la tierra del Islam), y el sultán había decidido traer tantos estudiosos musulmanes como fuera posible para consolidar su dominio. Con la fuerza de sus años de estudio mientras estaba en la Meca, Ibn Battuta fue empleado como cadí ("juez") por el Sultán Muhammad Tuguluq.

Ibn Battuta: El peregrino incansableEl Sultán era errático incluso para los niveles de su época e Ibn Battuta pasó de vivir la cómoda vida de un subordinado de confianza a estar bajo sospecha por una variedad de razones. Con el tiempo se decidió a irse con el pretexto de hacer otra peregrinación a la Meca, pero el Sultán le ofreció la alternativa de ir como embajador a China. Dada la oportunidad tanto de alejarse del sultán como de visitar nuevas tierras, Ibn Battuta la tomó.

En ruta hacia la costa, él y su grupo fueron atacados por rebeldes hindúes y separado de los otros le robaron y casi perdió su vida. No obstante, logró alcanzar a su grupo en dos días y continuó su viaje a Cambay. Desde allí navegaron a Calicut. Pero, mientras Ibn Battuta visitaba una mezquita en la costa, se desencadenó una tormenta y dos de los barcos de su expedición resultaron hundidos. El tercero, entonces, partió sin él y terminó requisado por un rey local en Sumatra unos meses más tarde.

Temeroso de volver a Delhi como fracasado, permaneció un tiempo en el sur bajo la protección de Jamal al-Din, pero cuando este hombre justo fue derrocado, se hizo necesario para Ibn Battuta abandonar completamente la India. Se decidió a continuar hacia China con un desvío a las Maldivas cerca del comienzo del viaje.

El las Maldivas pasó nueve meses, mucho más de lo que se proponía. Como cadí sus habilidades eran muy deseables en las anteriores islas y fue medio sobornado medio secuestrado para quedarse. Nombrado juez en jefe y casado dentro de la familia real, se llegó a ver embrollado en la política local, y terminó por marcharse, cansado de las intrigas políticas. Desde allí, continuó a Ceilán para visitar el Pico de Adán.

Al empezar a navegar desde Ceilán, su barco casi se hundió en medio de una tormenta, pero la suerte quizo que un barco lo rescatara, para luego ser atacado por piratas (y nosotros que nos quejamos si la comida del avión no es buena!). Desembarcado en la costa, Ibn Battuta una vez más rehizo su camino de vuelta a Calicut, desde donde navegó a las Maldivas de nuevo antes de embarcar en un junco chino y tratar otra vez de alcanzar China.

Esta vez tuvo éxito, alcanzando en rápida sucesión Chittagong, Sumatra, Vietnam, y finalmente Quanzhou en la provincia de Fujian, China. Desde allí fue al norte hasta Hangzhou, no lejos de la moderna Shangai. También pretendió haber viajado incluso más al norte, a través del Gran Canal a Beijing (Pekín), pero se cree que es uno de sus cuentos, no un hecho real.

Ibn Battuta: El peregrino incansableDe vuelta a Quanzhou, Ibn Battuta decidió volver a casa, aunque dónde exactamente fuera "su casa" era un pequeño problema. Volviendo a Calicut una vez más consideró acogerse a la piedad de Muhammed Tuguluq, pero lo pensó mejor y decidió seguir a la Meca otra vez. Volviendo vía Ormuz y el Il-Khanato vio que el estado se disolvía entre la guerra civil, habiendo muerto Abu Sa'id desde su anterior viaje allí (y esto, a pesar de que el tiempo ha pasado, demuestra que la historia muchas veces se repite...

Volviendo a Damasco con la intención de trazar otra vez la ruta de su primer hajj, supo que su padre había muerto. La muerte fue el tema del año siguiente porque la Peste negra había comenzado, e Ibn Battuta estaba a su alcance según se extendía por Siria, Palestina y Arabia. Tras llegar a la Meca, decidió volver a Marruecos, casi un cuarto de siglo después de salir de allí. Durante el viaje hizo su último desvío hasta Cerdeña (si esto no es pasión por viajar, entonces qué!), luego volvió a Tánger para descubrir que su madre también había muerto, pocos meses antes.

Habiéndose establecido en Tánger por unos pocos años, Ibn Battuta comienza un viaje a al-Andalus -- España musulmana. Alfonso XI de Castilla amenazaba con conquistar Gibraltar, e Ibn Battuta se unió con un grupo de musulmanes que salían de Tánger con la intención de defender el puerto. Por la época en que llegó, la Peste negra había matado a Alfonso y la amenaza había retrocedido, así que Ibn Battuta decidió hacer de su visita un viaje por placer. Viajó por Valencia y terminó en Granada.

Ibn Battuta: El peregrino incansableAl dejar España decidió viajar por una de las pocas partes del mundo musulmán que nunca había explorado: Marruecos. En su vuelta a casa se detuvo un poco en Marrakesh, que era casi una ciudad fantasma tras la reciente epidemia y el cambio de la capital a Fez.

Una vez más retornó a Tánger, y una vez más siguió viajando. Dos años antes de su primer viaje a El Cairo, el rey del Imperio de Malí, Mansa Musa había pasado por la misma ciudad en su propio hajj y había causado sensación con sus extravagantes riquezas (algo así como la mitad del suministro mundial de oro en ese tiempo venía de África Occidental). Mientras Ibn Battuta nunca menciona esto específicamente, el oír eso durante su propio viaje debió haber plantado una semilla en su mente, porque decidió partir y visitar el reino musulmán en el extremo lejano del Desierto del Sahara.

Al término de 1351, Ibn Battuta partió de Fez, alcanzando la última localidad marroquí (Sijilmasa) poco más de una semana después. Cuando las caravanas de invierno comenzaron pocos meses más tarde, él estaba con una, y en un mes estaba en la localidad de Taghaza, en el Sahara Central. Un centro del comercio de sal, Taghaza estaba inundada de sal y oro de Malí, aunque Ibn Battuta no tuvo una favorable impresión del lugar. Otros 800 km a través de la peor parte del desierto lo llevó a Malí, en particular, la localidad de Walata.

Desde allí viajó al suroeste a lo largo de un río que el creía ser el Nilo (pero que era, de hecho, el Río Níger) hasta que alcanzó la capital de Imperio de Malí. Allí encontró a Mansa Sulayman, rey desde 1341. Dudoso sobre la miserable hospitalidad del rey, permaneció sin embargo durante ocho meses antes de volverse hasta el Níger hacia Tombuctú. Aunque en los siguientes dos siglos llegaría a ser la ciudad más importante de la región, en la época era pequeña e insignificante, e Ibn Battuta pronto siguió adelante. En algún sitio de su viaje a través del desierto recibió un mensaje del Sultán de Marruecos ordenándole volver a casa. Así lo hizo, y esta vez, por fin, se quedó.

Tras la publicación de la Rihla, se conoce poco de la vida de Ibn Battuta. Ibn Battuta murió en Marruecos en algún momento entre 1368 y 1377. Durante siglos su libro fue desconocido, incluso dentro del mundo musulmán, pero en el siglo XIX fue redescubierto y traducido a varios idiomas europeos. Desde entonces Ibn Battuta ha aumentado su fama y es ahora una figura bien conocida en el Oriente Medio.

Sus relatos

Ibn Battuta: El peregrino incansableEl relato de sus andanzas, una especie de diario de viaje o rihla en su versión árabe es una fuente fantástica de información sobre el Mediterráneo y Oriente en el siglo XIV: cultura local, costumbres, personajes, paisajes, y en especial mercancias y todo tipo de productos de comercio tiene cabida en su rihla. La peculiar manera de viajar de la época, valiéndose de la hospitalidad musulmana para con quienes peregrinan a los lugares santos, su gran adaptación a los sitios que visita y la expansión del Islam le permitieron recorrer lugares tan distantes como la India y Tombuctú, alcanzar la remota Samarcanda y costear la orilla oriental de África hasta más al sur de Mombasa. Su viaje hasta el río Níger sigue siendo aún hoy una de las principales fuentes de información sobre la mítica ciudad del Sahel, Tombuctú, y del reino de Malí. Cuando alcanza el Níger, que él confunde con el Nilo, le llaman la atención unos curiosos animales acuáticos.
Y así lo cuenta en su libro:

"Una vez llegados al canal contemplé cerca de la ribera dieciséis bestias, de naturaleza enorme, que me dejaron asombrado y pensé que se trataría de elefantes, los cuales abundan por allá, pero luego vi como entraban en el río y dije a Abû Bakr b. Ya'qub: -¿Qué animales son estos?-. Él me respondió: - Se trata de caballos de mar que salieron a pacer a tierra-. Son más gruesos que los caballos, tiene crines y colas y las cabezas semejantes a las de los equinos, pero las patas se parecen a las del elefante. En otra ocasión pude ver a estos animales, cuando navegamos por el Nilo desde Tombuctú hasta Kaw-Kaw [Gao]; nadaban en el agua, levantaban las cabezas y resoplaban, hasta el punto que los remeros se asustaron y se acercaron a la orilla para no terminar hundiéndose.

Por allá usan de una treta ingeniosa para cazarlos: disponen garrochas agujereadas por cuyos huecos se pasan sólidas cuerdas y con ellas golpean al hipopótamo, Si el golpe coincide con la pata o el cuello, lo enlazan y arrastran tirando de la soga hasta que llega a tierra, donde los matan y comen su carne. A lo largo de la ribera hay muchos huesos de hipopótamo.

Desembarcamos cerca del canal en una aldea grande, cuyo jefe era un negro distinguido llamado Farbâ Magâ que había hecho la peregrinación cuando la cumpliera el rey Mansà Mûsà."

Ibn Battuta: El peregrino incansableAlcanzó Tombuctú, ciudad en la que se habían establecido gentes de lugares tan remotos como la Península Ibérica o Alejandría, y luego siguió por el Níger hasta la actual Gao, usando el río como vía de comunicación y viajando casi tal como aún se hace.

"Luego continuamos hacia Tombuctú, ciudad que se halla a cuatro millas del Nilo y cuyos habitantes son en su mayoría massûfies, de los que se velan. Su jefe es el llamado Farbâ Mûsà. Cierto día en que estaba yo con él nombró a uno de los massûfies almocadén. Para ello le invistió con una ropa, turbante y zaragüelles, de color todo. Luego le sentó en un escudo que los principales de su tribu levantaron en alto sobre sus cabezas. En este lugar se halla la tumba del señero poeta Abû Ishaq as-Sahili el granadino, conocido en su patria chica por at-Tiwayyin. También está allí sepultado Sirây as-Din b. al-Kuwayk, comerciante muy principal y alejandrino de nación." (...)

"Desde Tombuctú embarqué en el Nilo en un barquichuelo vaciado en un solo tronco. Por las noches bajábamos a tierra en las aldeas para comprar lo que necesitábamos, tanto víveres como manteca, que trocábamos por sal, especias y adornos de vidrio. Y arribamos a un poblado cuyo nombre se me ha borrado pero que tenía pro jefe a un hayy distinguido llamado Farbâ Sulaymân, famoso por su bravura y fuerza, hasta el extremo de que a nadie le era dado tensar su arco. (...)
Me trasladé a la gran ciudad de Kaw-Kaw [Gao] en la ribera del Nilo, una de las mejores, mayores y bien abastecidas del país de los negros. Disponen allá de arroz abundante, leche agria, gallinas y peces, así como de la variedad de pepino llamada ìnânî que no tiene parejo. Los habitantes suelen comprar y vender sirviéndose de conchas, al igual que los de Mâllî".

Ibn Battuta: El peregrino incansableDestaca en el libro una descripción del faro de Alejandría, una de las siete maravillas del mundo, que él encuentra muy deteriorado, mientras que la ciudad le impresiona por resplandeciente y luminosa. "Una doncella fulgurante con sus aderezos, cuya belleza alumbra el Magreb".

Pero si Alejandría le parece una doncella, de El Cairo dirá que es toda una señora, de enorme belleza y esplendor: "Punto de reunión de caminantes y viajeros, lugar de débiles y fuertes, donde puedes hallar lo que gustes en ignorantes y sabios, serios y risueños, indulgentes o necios, modestos o nobles, linajudos o plebeyos, desconocidos o famosos. Sus habitantes se agitan como las olas del mar y casi no les basta la estrechez de su extensión, pese a ser amplia y con gran capacidad. Goza de juventud eterna y jamás la estrella de la felicidad la abandona. Quienes la señorean han vencido a las naciones. Sus reyes dominan a los puntales de árabes y extranjeros. Dispone para sí del Nilo, con lo que acrecienta su fama y le exime de impetrar la lluvia. Recorrer sus territorios, generosos y acogedores ante el forastero, requiere un mes de marcha para un caminante incansable".

Más adelante podemos disfrutar de su relato de las Maldivas:
"Casarse en estas islas es fácil, por lo exiguo de la dote y lo agradable que resulta el trato carnal con las mujeres de aquí. La mayoría de los hombres ni siquiera mencionan la dote, sino que pronuncian la sahada (profesión de fe musulmana) y entregan la suma estrictamente legal. Cuando atracan los barcos, sus tripulantes se casan con las isleñas y, a la hora de partir, las repudian, pues ellas no salen nunca de su país; es decir, que se trata de una especie de casamiento de placer. No he visto en el mundo mujeres mejores que éstas, en lo que se refiere a cohabitar con ellas. La maldiveña no encomienda a nadie el cuidado del marido, sino que ella misma le pone la mesa y se la quita, le lava las manos, le trae el agua para las abluciones y le tapa los pies cuando duerme. Tienen la costumbre de no sentarse a la mesa con su esposo, para que éste no sepa lo que come su mujer. Yo me casé en las Maldivas con varias mujeres, algunas comieron conmigo, después de engatusarlas; pero otras no lo hicieron y no conseguí verlas comer, por más artimañas que urdí".

Se cree que sus matrimonios deben haber sido muchísimos, si le creemos a su propio relato. Las islas Maldivas, dijo él, son "una de las maravillas del mundo":

Ibn Battuta: El peregrino incansable"Las mujeres, incluida la sultana, llevan la cabeza descubierta y los cabellos peinados y recogidos a un lado. Casi todas se visten con un solo paño, que les llega del ombligo a los pies, quedando desnudo el resto del cuerpo, y de esta guisa andan por los zocos y demás sitios. Cuando fui designado para el cadiazgo [cargo de cadí, juez que entiende en las causas civiles] de estas islas, me esforcé en cortar tal costumbre, ordenando a las mujeres que se vistieran, pero no pude conseguirlo; todo lo que más logré fue que, cuando vinieran a verme para presentar una querella, entraran completamente vestidas. Algunas llevan, además del dicho paño, unas camisas de mangas cortas y anchas. Yo tenía unas jóvenes esclavas que vestían como las mujeres de Delhi y llevaban cubierta la cabeza, pero esto las afeaba más que embellecerlas, ya que no estaban acostumbradas a ello".

La ausencia de datos biográficos exactos ha hecho difícil para los estudiosos trazar un retrato fiel de este viajero llamado Ibn Battuta o Batutta, lo que nada tiene de raro, pues hasta el propio Cristóbal Colón no dejó ninguna imagen confiable, hecha por algún contemporáneo. Pero de Battuta se pueden decir al menos dos cosas con seguridad: tenía una firme voluntad de cambiar permanentemente de domicilio, y cierto delirio de grandeza, que contrasta con su mucho más probable y gris realidad de peregrino.

La gran cantidad de citas literarias que figuran en su libro son obra de quien hizo la redacción final, Muhammad ibn Yuzay. El propio Battuta era medianamente culto, parece, si bien constantemente presume de letrado y de haberse formado en numerosas disciplinas. Junto a sus declaraciones de los recibimientos magníficos que le habrían dispensado reyes y mandatarios, aparecen las líneas que revelan su hábito de cobijarse en albergues para caminantes pobres.
Proclama su ardor por combatir en el camino de la religión, aunque luego confiesa que se desmaya al ver sangre.
Fuera quien fuese, lo cierto es que su nombre integra la lista de los más extraordinarios viajeros, y quizás la de los más injustamente ignorados. Hoy, no cualquiera en su nativa ciudad de Tánger sabe dónde se encuentra la tumba que guarda sus huesos o el polvo de ellos.

Cómo lo hizo

Ibn Battuta: El peregrino incansableEn los días de Battuta, el peregrino podía viajar durante años sin mayores penurias. Dos factores que permitieron su larga peripecia fueron, por una parte, la unidad de las naciones y pueblos islamizados, si bien ya en esta época el idioma árabe comenzaba a perder terreno con el persa. También existía la hospitalidad de los pueblos pastores. En el mundo islámico se había desarrollado una red de conventos, ermitas musulmanas (morabitos) y hospitales, que acogían a viajeros, faquires y pobres, y cuyo fundamento era el fomento de la hermandad musulmana, financiada con fondos públicos y a través de donaciones piadosas.

Entre quienes lo recibieron, por ejemplo, se cuenta el jeque Abu Abdullah Al Murshidi, hombre santo que le impresionó visiblemente. Fue en su morabito, cerca del pueblo de Fuwwa, que Battuta tuvo un sueño que calificó de milagroso:

"Me sentí como transportado en alas de un enorme pájaro que volaba en dirección a La Meca, después hacia el Yemen y a continuación enderezaba para el oriente, tras lo cual marchaba al sur y luego se alejaba volando hacia el este, descendía en una tierra verdinegra en la que me abandonaba".

Al amanecer se dirigió a su reverenciado jeque, quien le anunció:
"Harás la peregrinación a La Meca, visitarás el sepulcro del Profeta y recorrerás el país del Yemen, el Irak, el país de los turcos y la India, donde permanecerás un largo período...".
Desde entonces, nunca un impedimento le detuvo. Y viajó por todos esos países, donde la vasta población musulmana le acogía y hasta le encomendó tareas de gobierno.

Qué son los rihlas

El género rihla aparece en el siglo XII, de la mano de árabes occidentales (andaluces y marroquíes), cuyo objetivo era peregrinar a La Meca o "adquirir la ciencia" en las grandes ciudades orientales. El primer gran autor fue el granadino Abu Hamid (1080-1169), quien visitó el norte de África, Siria, Irak, Persia, Transoxiana y toda la región centro y sur de Rusia, titulando su obra Regalo de Corazones.

Otro autor, de más relevancia, fue el famoso valenciano Ibn Yubayr (1145-1217), cuyo relato ha sido considerado no sólo un valioso documento histórico y etnográfico, sino, además, una joya literaria. Sin embargo, los continuadores de Yubayr irán soslayando las facetas pintorescas y maravillosas, para dar más importancia al ensalzamiento de sus maestros, los títulos adquiridos en los viajes y toda otra suerte de enumeraciones poco sustanciosas. Será Ibn Battuta el tercer y último gran autor del género.


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