Álvar Núñez Cabeza de Vaca: caminos errantes

Álvar Núñez Cabeza de Vaca: caminos errantes

Conquistador español (Jerez de la Frontera, 1507 - Sevilla, 1559). De familia noble, era hijo de un conquistador de Gran Canaria. Su primera aventura en las Indias transcurrió en el sur de lo que hoy son los Estados Unidos y el norte de México.

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Cabeza de Vaca será uno de los primeros exploradores hispanos que llegaron al sur de Norteamérica. Su primer contacto con las Indias fue de la mano de Pánfilo de Narváez, en cuya expedición del año 1527 tomó parte. 

En las costas de Florida la expedición naufragó y Núñez de Vaca fue apresado por los indígenas. Tras seis años preso consiguió huir y recorrió Texas, Chihuahua y Sonora, llegando a México para unirse a los españoles que allí vivían. El gobernador de Nueva Galicia recibió con entusiasmo las noticias de Cabeza de Vaca, poniendo en marcha una expedición al llamado "Reino civilizado de Chibola".

Cabeza de Vaca regresó en 1537 a la península Ibérica, recibiendo una capitulación para explorar las tierras de los guaraníes, en el actual Paraguay. En marzo de 1542 se estableció en Asunción y puso en marcha una serie de campañas militares contra los nativos. Bajo la acusación de mala administración y abusos fue arrestado y conducido a España (1544) siendo condenado al destierro en África. El perdón real le llevó al nombramiento como Juez del Tribunal Supremo de Sevilla, falleciendo en esta ciudad en fecha desconocida. Buena parte de sus aventuras serán recogidas en "Relación y Comentarios de lo acaecido en las dos jornadas que hizo a las Indias" (Valladolid, 1555) y "Naufragios".

Un viajero con poca suerte... o no?

Explorador español, nacido en Jerez de la Frontera (Cádiz). En 1527 fue nombrado tesorero de una expedición real compuesta de 300 hombres y capitaneada por Pánfilo de Narváez, cuyo objetivo era la conquista y colonización de la península de Florida. La expedición llegó a la bahía de Tampa hacia el mes de abril de 1528, desde donde inició el recorrido por tierra hasta la bahía de Apalache, en un intento de llegar a México. Durante los dos años siguientes murieron más de la mitad de los hombres y Cabeza de Vaca se convirtió en el líder de la expedición. Con el pequeño grupo de supervivientes llegó a una isla, probablemente la de Galveston, a la altura de la actual Texas, donde fueron capturados por los indígenas.

A principios de 1535, Cabeza de Vaca y otros tres supervivientes lograron huir y emprendieron un largo viaje a través de lo que es ahora el suroeste de los Estados Unidos y el norte de México. En el año 1536 consiguieron llegar a un asentamiento español en el río Sinaloa, en México.

Durante aquel viaje recogió las primeras observaciones etnográficas sobre las poblaciones indígenas del golfo de México, que serían publicadas en 1555 bajo el título de Naufragios.

Cabeza de Vaca regresó a España en 1537 y consiguió que se le otorgara la gobernación del Río de la Plata. Para hacerla efectiva inició en 1540 su segundo viaje, que le llevó al sur del continente americano. Descubrió las cataratas de Iguazú, exploró el curso del río Paraguay y sometió a algunas tribus indígenas. Pero pronto entró en conflicto con los colonos españoles establecidos con anterioridad que, encabezados por Irala, rechazaban la autoridad del gobernador y sus proyectos de organizar la colonización del territorio olvidándose de perseguir los quiméricos tesoros de los que hablaban las leyendas indígenas.

Los descontentos se sublevaron en 1544 (rebelión de los comuneros) y enviaron a Cabeza de Vaca a España acusado de abusos de poder en la represión de los disidentes (como el incendio de Asunción en 1543). El Consejo de Indias le desterró a Orán en 1545. Ocho años después fue indultado y se estableció en Sevilla como juez.

Su relato de la expedición de Narváez, Relación (1542), y sus narraciones sobre la ciudad de Zuñi y sus pobladores, una de las legendarias Siete Ciudades de Cibola, sirvió de aliciente para otras expediciones al continente americano, en especial las de los exploradores Hernando de Soto y Francisco Vázquez de Coronado.

El otro yo de Álvar

Este Álvar Núñez es el conocido por la historia oficial. Lo que nadie sabía de este conquistador español, es que estuvo siete años viviendo con los indios y formando parte de ellos. Formo parte de ellos ya que se integro a la comunidad indígena, casándose con Amaría, integrante de la tribu y sobrina del cacique Duljan, con quien tuvo dos hijos, Amadis y Nube.

Se mantuvo callado durante años, ya que en esa época el perfil de un conquistador era muy marcado. Por empezar se tomaba a los indios como esclavos, conquistaban las tierras, se las adueñaban y nunca establecían una relación con los conquistados. Además no era bien visto por la sociedad española de la época, el hecho que un conquistador allá entablado una relación como la de Álvar con los indios, y más aún con Amaria. Esto ocurría porque existían muchos prejuicios en esa época, y realmente eran muy duros a la hora de juzgar a alguien.

Cuando viejo, Álvar comenzó a escribir su vida durante esos siete años de cautiverio con los indios, impidiendo que nadie lo lea mientras él vivía.

En un momento, se enteró que su hijo Amadis había sido tomado como esclavo por los conquistadores. Este estaba enfermo, entonces, Álvar dejó de lado todo lo que tenía para ocuparse de lleno a su hijo. De este momento en adelante, su vida iba a cambiar, como así su historia, saliendo a la luz todas sus anécdotas y templanzas con los indios durante siete años de su vida, quizás los más gratos en toda su vida.

Relato de Álvar Núñez Cabeza de Vaca por Florida

”Dos horas después llegamos a Apalache, los indios que de allí habían huido vinieron a nosotros de paz, pidiéndonos a sus mujeres e hijos, y nosotros se los dimos, salvo que el gobernador detuvo a un cacique de ellos consigo, que fue causa por donde ellos fueron escandalizados; y luego otro día volvieron de guerra, y con tanto denuedo y presteza nos acometieron, que llegaron a nos poner fuego a las casas en que estábamos; mas como salimos huyeron, y acogiéronse a las lagunas, que tenían muy cerca; y por esto, y por los grandes maizales que había, no les pudimos hacer daño, salvo a uno que matamos. Otro día siguiente, otros indios de otro pueblo que estaba de la otra parte vinieron a nosotros y acomentiéronnos de la misma arte que los primeros, y de la misma manera se escaparon, y también murió uno de ellos. Estuvimos en este pueblo veinte y cinco días, en que hicimos tres entradas por la tierra, y hallámosla muy pobre de gente y muy mala de andar, por los malos pasos y montes y lagunas que tenía. Preguntamos al cacique que les habíamos detenido, y a los otros indios que traíamos con nosotros, que eran vecinos y enemigos de ellos, por la manera y población de la tierra, y la calidad de la gente, y por los bastimentos y todas las otras cosas de ella. Respondiéronnos cada uno por sí, que el mayor pueblo de toda aquella tierra era aquel Apalache, y que adelante había menos gente y muy más pobre que ellos, y que la tierra era mal poblada y los pobladores de ella muy repartidos; y que yendo adelante, había grandes lagunas y espesura de montes y grandes desiertos despoblados.

Preguntámosles luego por la tierra que estaba hacia el sur, qué pueblos y mantenimientos tenía. Dijeron que por aquella vía, yendo a la mar nueve jornadas, había un pueblo que llamaban Aute, y los indios de él tenían mucho maíz, que tenían frísoles y calabazas y que por estar tan cerca de la mar alcanzaban pescados, y que éstos eran amigos suyos. Nosotros, vista la pobreza de la tierra, y las malas nuevas que de la población y de todo lo demás nos daban, y como los indios nos hacían continua guerra hiriéndonos la gente y los caballos en los lugares donde íbamos a tomar agua, y esto desde las lagunas, y tan a salvo, que no los podíamos ofender, porque metidos en ellas nos flechaban, y mataron a un señor de Tezcuco que se llamaba don Pedro, que el comisario llevaba consigo, acordamos de partir de allí, e ir a buscar la mar y aquel pueblo de Aute que nos habían dicho: y ansí, nos partimos a cabo de veinte y cinco días que allí habíamos llegado”.

De puño y letra del viajero

“El primero día pasamos aquellas lagunas y pasos sin ver indio ninguno; mas al segundo día llegamos a una laguna de muy mal paso, porque daba el agua a los pechos y había en ella muchos árboles caídos. Ya que estábamos en medio de ella nos acometieron muchos indios que estaban abscondidos detrás de los árboles porque no los viésemos; otros estaban sobre los caídos, y comenzáronnos a flechar de manera, que nos hirieron muchos hombres y caballos, y nos tomaron la guía que llevábamos, antes de que de la laguna saliésemos, y después de salidos de ella, nos tornaron a seguir, queriéndonos estorbar el paso; de manera que no nos aprovechaba salirnos afuera ni hacernos más fuertes y querer pelear con ellos, que se metían luego en la laguna, y desde allí nos herían la gente y caballos. Visto esto, el gobernador mandó a los de caballo que se apeasen y les acometieran a pie. El contador se apeó con ellos, y ansí los acometieron, y todos entraron a vueltas a la laguna, y ansí les ganamos el paso. En esta revuelta hubo algunos de los nuestros heridos, que nos les valieron buenas armas que llevaban; y hubo hombres este día que juraron que habían visto dos robles, cada uno de ellos tan grueso como la pierna por bajo, pasados de parte a parte de las flechas de los indios; y esto no es tanto de maravillar, vista la fuerza y maña con que las echan; porque yo mismo vi una flecha en un pie de un álamo, que entraba por él un geme. Cuantos indios vimos desde la Florida aquí, todos son flecheros; y como son tan crecidos de cuerpo y andan desnudos, desde lejos parecen gigantes. Es gente a maravilla bien dispuesta, muy enjutos y de muy grandes fuerza y ligereza”.

(*) Florida, desde su descubrimiento por Juan Ponce de León (1513), recibió numerosísimas expediciones españolas sin ningún éxito, hostigados por los elementos naturales y por los nativos, hasta el asentamiento definitivo realizado por Menéndez de Avilés, en los diez años que ejerció el cargo de gobernador y adelantado de la Florida (1564-1574).


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