Atenas es una ciudad antiquísima que transitó por variadas etapas a través de la historia. Pasó de ser un pueblo de pastores a ser el centro del mundo helénico, donde se sentaron las bases de la cultura occidental.
Su eje como potencia cultural y económica fue en el siglo VI a. C., cuando el gobernador Pericles se encargó de transformarla en un faro de conocimiento y riqueza, transformando a la ciudad en un gran centro artístico, comercial e industrial mediante grandes construcciones.
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A partir de allí, y gracias a la colaboración y la fama de muchos de sus ilustres habitantes, Atenas se mantuvo como el epicentro de la cultura clásica griega durante siglos siendo el territorio deseado por muchas otras fuerzas. Ese deseo llevó a que la ciudad fuera arrasada varias veces por diferentes pueblos. A pesar de las invasiones, en Atenas triunfó su esencia espiritual e intelectual como punto de referencia para las ideas y pensamientos en todo Occidente.
Luego de varias idas y venidas en las luchas entre los griegos y el impero turco otomano, finalmente la ciudad resurgió de sus cenizas tras la independencia de Grecia. Una vez que los griegos formaron su estado, Atenas volvió a asumir su lugar central, esta vez como capital del país. A partir de entonces fue creciendo de forma ininterrumpida, lidiando entre los requerimientos de la vida moderna y vertiginosa y los recuerdos de su pasado esplendoroso. Logró unificar pasado y presente para ser una ciudad multiétnica y cosmopolita.
Su población fue desde siempre una mixtura de razas llegadas del Mar Mediterráneo y del interior del continente eurasiático. Por eso, la expansión de la ciudad junto a las diferentes oleadas de inmigrantes se ve reflejada entre las calles de los diferentes barrios que van surgiendo entre las colinas y sendas de la ciudad. Este cóctel cultural es lo que le da más color y vivacidad a la capital griega. Así, entre su centro comercial siempre agitado y lleno de turistas, también podrás encontrar pequeños rincones históricos que conservan el aire calmo y pensativo de la Grecia clásica.
Luego de los juegos
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No había muchas personas en la ciudad ni en toda Grecia que creyeran que los Juegos Olímpicos de 2004 fueran a ser un éxito. Los propios habitantes de esta gran ciudad tampoco confiaban demasiado en los ambiciosos planes dispuestos para esas fechas, que pretendían transformar a Atenas en una renovada ciudad cultural para encontrar su rumbo nuevamente como polo de ideas... Pero lo que era un proyecto hoy es una hermosa realidad: entres sus calles hoy se puede ver un ambiente más limpio, con más árboles y muchos de los edificios y plazas renovados por completo. El resultado es para muchos otra Atenas.
Para comprobar esto, nada más llegar al aeropuerto de la ciudad: una construcción contemporánea con lo mejor en servicio y atención. Este lugar está a unos treinta kilómetros del centro ateniense, conectado a través de un nuevo servicio de metro recorre esa distancia en apenas veinticinco minutos, lo que te permite hacer una pasada rápida por toda la ciudad para luego decidir qué lugares quieres visitar. Mientras viajas irás descubriendo todos los espacios verdes renovados y con aires realmente innovadores.
Todas estas construcciones eran simples proyectos antes de los juegos de 2004, pero hoy son la demostración de una ciudad que busca su camino al futuro. Y es que este evento le dio un nuevo impulso a la ciudad: vayas por donde vayas verás que Atenas se ha transformado para bien. Los antiguos depósitos del gas de Rouf se convirtieron en un futurista centro cultural llamado Tecnópolis, con salas multimedia, espacio para exposiciones de arte de todo tipo y muestras de los nuevos artistas atenienses con todas las tendencias de esta región del planeta.
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Si te das una vuelta por las calles del viejo barrio obrero de Psyrri encontrarás montones de bares de todas las formas y estilos: desde los más clásicos con música ancestral griega hasta modernos bares de música electrónica. Detenerse en alguno de estos bares clásicos es ideal para relajarse un poco luego de una larga caminata o una expedición a los sitios históricos de la ciudad.
Un poco más lejos del centro de la ciudad, el barrio de Kifissia puede confundirse tranquilamente con Beverly Hills por la opulencia de sus casas y la belleza de sus parques.
Por las calles
Ya por la calle Athinas –la calle más tradicional de la ciudad– podrás vivir en carne propia el vértigo y el ambiente multicolor del centro de la ciudad, que por momentos es muy ruidoso, pero que resulta irresistible por su ambiente vital y alegre.
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Cuando llegues al Mercado Central pensarás que volviste en el tiempo: allí nada parece haber cambiado desde hace por lo menos un siglo. Entre tiendas de recuerdos y vendedores de todo tipo se recrea el auténtico ambiente de una feria de antaño. Algunas de las cosas que podrás traer de recuerdo: pinturas impresionistas y clásicas, pequeñas esculturas en mármol y todo lo demás que una ciudad clásica como Atenas puede ofrecerte.
Pero si lo que estás buscando es el aire vibrante y más ruidoso de Atenas, entonces tienes que darte una vuelta por la calle Adrianou, que está repleta de bares y cafés con panorámicas hermosas de toda la ciudad y la antigua ágora y la biblioteca de Adriano como telón de fondo. Además esta calle es el punto de partida del nuevo paseo peatonal arqueológico que rodea los restos de la antigua Atenas. Desde alguno de los tantos cafés que se encuentran por esta zona se puede tener un atardecer con vista a la Acrópolis, mientras saboreas un buen café o quizá un trago.
Y para amenizar este recorrido y conocer otra faceta de la ciudad, nada mejor que llegar hasta Plaka, que es donde mejor se entremezcla lo nuevo con lo tradicional. Este barrio no es sólo un barrio turístico lleno de tiendas de recuerdos y tabernas con la clásica música de sirtaki para amenizar las cenas de los viajeros. También es el hogar de muchos de sus antiguos caserones del S.XIX que fueron reciclados como centros culturales y como museos. La movida cultural vibra por estos lados y es su máxima atracción.
La maravillosa Acrópolis
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La Acrópolis es el sector turístico por excelencia. Y no es tanto por sus imponente ruinas como por su valor histórico: fue aquí donde se desarrolló lo más notable del pensamiento griego. Ese pasado de esplendor convoca hoy en día a millones de viajeros que cada año se maravillan frente al aire melancólico y vibrante de los recuerdos de estas ruinas.
No importa la fecha en que llegues, la Acrópolis siempre está llena de curiosos y fanáticos de la historia clásica. Las puertas para conocerla se abren a las ocho de la mañana y se cierran a las seis de la tarde. Tienes diez horas para recorrer sus piedras, escaleras, sendas, columnas y demás estructuras que esconden entre sus rincones historia desde la edad de Bronce. Por esta época ya hay datos de que había asentamientos humanos. Sin embargo la Acrópolis como tal fue mandada a hacer por Pericles a Fidias en el 447 aC.
A simple vista se puede decir que el conjunto histórico es una colina que se extiende sobre unas tres hectáreas de superficie cubierta de enormes e impresionantes edificios clásicos que cuentan entre sus escalones, frisos y columnas la historia y evolución de toda Grecia.
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Apenas ingresas al lugar caminarás por la Vía Sacra, para llegar a la Puerta Beulé. Esta puerta, descubierta por el arqueólogo francés Ernest Beulé en 1852, está formada por dos torres de nueve metros de altura que hacen sentir diminuto a cualquiera que pase por su umbral. Después de la monumental entrada, se accede a una gran escalinata que sube hasta los Propileos, que son la entrada principal para llegar a la zona de los templos. Subiendo un poco más a través de una rampa se llega al Templo de Atenea Niké: un edificio reconstruido con los materiales originales que estaban desparramados en los alrededores y los arqueólogos se encargaron de reconstruir. Este templo sigue los cánones del estilo jónico donde se destacan las esculturas del friso que recorre los cuatro costados del templete.
Un poco más adelante y del otro lado de la senda principal se encuentra el Monumento de Agripa, del que sólo se conserva un pedestal inmenso de más de trece metros de altura tallado en mármol de un color entre azul y gris... Imagina el tamaño y el esplendor de este monumento si el pedestal solo mide eso. Y es que los atenienses de la época dorada hacían y pensaban todo en escalas increíbles, tan increíbles como los logros de su cultura durante siglos.
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Para seguir con el recorrido verás el Santuario de Artemisa Brauronia. Este lugar tiene su mística propia ya que en la Grecia clásica las jóvenes casaderas tenían que danzar siguiendo un ritual para obtener los favores de la diosa. En este lugar generalmente se toma un descanso para prepararse a ver la estrella del lugar: El Partenón. Esta estructura es el objeto más visto en las postales y fotos de la Acrópolis. Es considerado como la obra maestra del arte griego: se construyó en honor a la diosa virgen Atenea, que es la protectora de la ciudad.
Dentro del Partenón y durante el apogeo de esta ciudad se encontraba una fabulosa escultura de la diosa de la sabiduría, de las artes, de las ciencias y de la industria. La estatua tenía doce metros de altura y estaba realizada con marfil y oro, pero fue llevada a Constantinopla en algún momento de las luchas y conquistas y lamentablemente nunca más se supo de ella.
Construido en mármol, el enorme templo conservaba en su interior imágenes alegóricas de la lucha de los griegos contra los persas y la victoria de Atenas contra otros dioses. También algunas imágenes de la lucha de los dioses contra los titanes. A fin de cuentas todos representan la victoria de la civilización sobre la barbarie.
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Lamentablemente no se conserva nada de estas imágenes, ya que durante las investigaciones arqueológicas muchas de estas pinturas fueron llevadas a museos y galerías de particulares. En el museo de la ciudad podrás ver algunas de estas reliquias locales.
Otro edificio interesante es el Erecteion, considerado el modelo del estilo jónico. Este santuario fue edificado en honor a varios dioses relacionados con la mitología fundacional de Atenas. El pórtico de las Cariátides es de lo más recordado en las visitas, llamado así porque son esculturas de jóvenes mujeres las que soportan el peso del techo del edificio.
En la ladera norte de la Acrópolis podrás disfrutar del peripatos: es un sendero que rodea la Acrópolis y desde el que se pueden ver varias cuevas excavadas en una parte inaccesible de la colina. Allí se esconden antiquísimos santuarios prehistóricos que determinan la carga mística de este lugar desde hace cientos de años. Ya en una zona accesible verás el santuario rupestre de Apolo Hipacráios con varias cavernas a su izquierda dedicadas a Pan, Eros y Afrodita; dioses griegos que también dieron forma al carácter de la ciudad de Atenas.
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En la ladera sur de la Acrópolis está el Santuario de Dionisios Eleutheros en honor al dios del vino y la naturaleza, por el que en Atenas se llegaron a realizar fastuosos festivales. El Teatro de Dionisios fue construido en su mayor parte por Licurgo en el 330 aC. En el teatro había un sector para la orquesta que complementaba las historias que se desarrollaban ahí y que aún se conserva muy bien. También permanecen las gradas para el público. En los mejores momentos del teatro griego clásico se juntaban unas diesiciete mil almas a ver las comedias y tragedias desarrolladas en la Acrópolis.
Finalmente, a la derecha del Teatro se alza el Odeón de Pericles. Aquí se acogía a los músicos y atletas durante las celebraciones de las fiestas Dionisíacas en honor al dios Dionisio, donde se probaba el nuevo vino junto con danzas, teatro y mimos principalmente en la primavera.
Así, entre la monumental Acrópolis y otros rincones llenos de magia, la historia y los mitos están a cada paso en la sección clásica de Atenas. Pero aunque los viajeros lleguen con la promesa de ver las ruinas de la gloriosa civilización griega, Atenas es mucho más que ruinas: sigue siendo un gran centro cultural con miles de actividades para hacer y miles de secretos por descubrir. |