Sydney: la joya austral del Pacífico
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Sydney es una maravillosa quimera humana de razas y culturas, sonidos y aromas que movilizan de forma agradable los sentidos del viajero. La seguridad y comodidad que ofrece la infraestructura de la ciudad, y la cordialidad de sus habitantes, además del crisol de opciones para todos los gustos y gastos, hacen de este destino un lugar perfecto para el viajero.
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Impresiones agradables
La primera impresión que produce Sydney al llegar es la de una ciudad muy agradable para vivir; tiene más de 340 días de sol al año, una bahía muy hermosa, playas extraordinarias cerca de la ciudad, bosques y parques por todas partes, y a pesar de tener 4 millones de habitantes, no es una ciudad ruidosa ni sucia.
Sydney es la capital de Nueva Gales del Sur, la ciudad más grande y más antigua de Australia, establecida por los primeros colonos en 1788.
Los transportes públicos son muy limpios, seguros, eficientes y relativamente económicos. Cuenta con una red de buses, ferries, metros, trenes, monorail, e incluso taxis acuáticos, que facilitan moverse por la ciudad en cualquier día y hora. Además tienen oficinas de turismo muy completas donde se pueden encontrar todos los folletos necesarios para disfrutar de los incontables atractivos de la ciudad sin perderse.
El Glebe
El barrio donde la mayoría de los viajeros prefiere alojarse es el Glebe, que tiene una actividad ininterrumpida durante las 24 hs. del día. Aquí la diversión y la vida nocturna van de la mano. Por todos lados, casas de cambio y tiendas de souvenirs se entremezclan con restaurantes de los más variados menúes. Sin embargo, son los cientos de cafés, pubs, nightclubs y sex shops los que terninan extraviando la atención del transeúnte, aunque siempre este bien guiado por los carteles indicadores.
Un recorrido recomendable
Para moverse por la ciudad, lo más rápido es el metro, pero se disfrutan mucho más los lentos ferries que navegan por la bahía. Desde Miltons Point, situado en la bahía norte, se tiene una de las mejores vistas de Sydney, con el Harbour Bridge en primer plano, y la Opera al fondo. Luego es recomendable cruzar el puente caminando y subir a la torre Sur, desde donde la vista sobre toda la ciudad es espectacular. El puente de la bahía fue un hito de la ingeniería cuando se inauguró en 1932, y hoy sigue siendo el puente más largo del mundo de un sólo arco.Al final del puente se llega a The Rocks, el barrio que alberga la zona más antigua de la ciudad.Pasando la Opera, otra de las extraordinarias vistas es desde los Reales jardines botánicos, que nos llevan en un paseo delicioso hasta Macquaries Point.
Caminando desde The Rocks, pasamos por Circular Quay, punto de encuentro de ferries, buses y trenes. Ya en la Opera House uno no puede quedarse más que boquiabierto con la osada arquitectura que su diseñador, un arquitecto finlandés, plasmó como si el edificio fuera un barco con las velas desplegadas y a punto de zarpar.
En detalle
El Jardín Botánico
Fundado en 1816, el jardín ofrece una colección tan variada que permite encontrar especies de todo el mundo. Aquí se encuentran hermosas vistas de la ciudad y su bahía, especialmente a la luz del crepúsculo.
Opera House
Indiscutiblemente, éste es el ícono más reconocido de la ciudad de Sidney. Su famosa figura, que conforman principalmente los distintos techos, fue inspirada en hojas de palmera, según lo dicho por el arquitecto que la proyectó, Jorn Utzon. Fue construida entre 1959 y 1973. Posee cuatro salas para conciertos, teatro y cine. A su alrededor restaurantes, bares, centros aborígenes, librerías y galerías de arte forman un punto de encuentro entre los artistas que simbolizan a este lugar como su principal fuente de inspiración. Artesanías con cerámicas, batik, máscaras, pinturas y variedad de artículos regionales se podrán conseguir a buen precio en este punto de la ciudad.
Harbour Bridge
Y cuando aún no se puede salir de la fascinación producida por la silueta del Opera, otro ícono imponente de Sidney surge del poniente. el Harbour Bridge.
Inaugurado en 1932, con el objetivo de unir el norte y el sur de la ciudad, fue durante mucho tiempo el puente en arco más largo del mundo. Hoy una de sus torres tiene un mirador desde donde se puede disfrutar de una panorámica excelente de la ciudad.
Sidney Harbour
Sus múltiples acantilados, islas rocosas, fantásticas playas y bahías lo convierten en una de las más bellas fronteras con el mar. Oficialmente llamado Port Jackson, el puerto entra unos 20 kilómetros en la tierra para unirse a la boca del Río Parramatta. El área de mejor vista se encuentra en el lado oceánico del puente. El Sidney Harbour National Park (Parque Nacional del Puerto de Sidney) protege los espacios llenos de vegetación alrededor del puerto y ofrece bellos senderos por los que caminar.
The Rocks
He aquí el centro histórico de la urbe. En 1788 el Capitán Arthut Phillip llegó con casi un millar de presos para colonizar desde aquí todo el interior del continente. En la década del 70 fue prácticamente reinventado por los visionarios de la industria de la construcción y por el movimiento del comercio. Se ha convertido en el precinto histórico turístico por excelencia, con calles adoquinadas y edificios coloniales. Las atracciones de este barrio incluyen la feria de fin de semana, el museo geológico y minero conocido como el Earth Exchange, y gran cantidad de locales de artesanías así como galerías de arte. Los antiguos edificios, los pasajes y las fachadas históricas constituyen, sin duda, una gran atracción. Después de un paseo por aquí, es recomendable recorrer la zona menos desarrollada del contiguo suburbio de Millers Point, que no ha sido todavía explotado por el turismo. Hay que estar atentos porque en este paseo se encuentran dos de los más antiguos pubs de Sidney: Lord Nelson Brewery Hotel (19 Kent St.) y The Hero of Waterloo (81 Lower St).
Circular Quay (Muelle circular)
Circular Quay está construido alrededor de Sidney Cove (la ensenada de Sidney) y muchos lo consideran el punto más importante de la ciudad. Consistente en un monoraíl aéreo, forma un circuito cerrado alrededor del Darling Harbour, con siete detenciones en lugares estratégicos: con frecuencia de 4 minutos y precios especiales con descuentos, este medio de transporte se convierte en una atracción irresistible.
Durante muchos años, éste fue el centro más importante para las embarcaciones, pero ahora, además de ser uno de los ejes de la ciudad, es un espacio recreacional que combina estaciones de ferry, terminal de Pasajeros Marítimos y el monoraíl, con caminos que recorren el puerto, restaurantes, parques, el Museo de Arte Contemporáneo, la Sidney Opera House y el acuario. Este último es considerado uno de los mejores del mundo, ya que allí es posible observar la flora y fauna marinas que habitan en la Gran Barrera de Coral, hasta los ejemplares que habitan en los ríos más grandes de Australia. Sin embargo, el detalle del acuario es su túnel de cristal transparente submarino, que al pasar por él, se puede ver a los tiburones navegando sobre nuestras cabezas...
The Domain, Art Gallery
El Domain es un área parquisada que fue reservada para la recreación pública. Hoy es utilizada por quienes trabajan en la ciudad para practicar deportes a la hora del almuerzo y también como un lugar para escapar del bullicio del centro. Los domingos a la tarde, artistas entretienen al público y también es escenario de eventos gratuitos que se llevan a cabo durante los Festivales de Sidney de enero y durante las Navidades. La Art Gallery de New South Wales está ubicada en la esquina nordeste del Domain y tiene excelentes exhibiciones permanentes de arte australiano, europeo, japonés y tribal además de otras bien inspiradas exposiciones temporales.
Sobre calles, parques y playas
Macquire St.
La calle Macquire mantiene la gracia que le otorga el haber sido uno de los primeros lugares de concentración de edificios públicos comisionados por el entonces Gobernador Macquire y diseñados por el arquitecto convicto Francis Greenway. Los edificios más impresionantes son el Parlamento, el Sidney Hospital, el Mint Building, el Hyde Park Barracks, la Iglesia St. James y la State Library (la biblioteca estatal). El Barracks y el Mint son hoy museos, la biblioteca generalmente ofrece exhibiciones y hay tours que permiten visitar el hospital y el parlamento.
Oxford Street
Y para demostrar el contraste y fusión de ideas en la ciudad, así como la calle anterior ofrece un recorrido bastante típico, Oxford street ofrece un festival atípico: en febrero de cada año se celebra el Mardi Gras, fiesta que congrega a gays y lesbianas del mundo entero, y en ese momento la calle vibra. Son cuatro semanas de intensa actividad, con festivales de cine y eventos culturales que concluyen con un desfile , que siempre congrega a más de medio millón de personas.
Royal National Park
Con 15000 hectáreas es también el más grande de todos los parques de la ciudad. Impresionantes acantilados, una gran variedad de caminatas con distintos niveles de dificultad, la posibilidad de practicar buen surf y las playas para ir a nadar se mezclan con la fauna de aves nativas y con la vida silvestre, haciendo del parque un favorito para aquéllos a los que les gusta pasar un día al aire libre o incluso un campamento de fin de semana. Proclamado en 1879, el Royal National Park de Sidney es el segundo parque nacional más antiguo de los protegidos en el mundo.
Allí puede realizarce avistamiento de aves con guías especializados, remar por el Río Cangaroo o realizar picnics en las áreas especialmente dedicadas a ello. Bundeena, en el extremo norte del parque, es un pequeña barrio rodeado por el parque y, por lo tanto, quedado en el tiempo. Dada la posibilidad de que se expanda, se convirtió en un enclave ideal para todo tipo de artistas. Bundeena tiene su propia playa y varios cafés, restaurantes y clubes.
Si se quiere recorrer el parque con un grupo, es sugerible hacerlo con uno de los guías para lo que realizar una reserva es esencial. El RNP es muy accesible por auto como por transporte público. Si se va desde el sur de Sidney por la Autopista Princes, la entrada se encuentra bien marcada. Si se entra en auto, debe abonarse 9$. Caminantes y ciclistas pueden tomar el tren hasta Loftus, Heathcote, Waterfall, Helensburgh, Lilyvale o Otford. También pueden ir en tren hasta South Cronulla y desde allí tomar el Cronulla National Park Ferry hasta Bundeena.
El National Parks and Wildlife Service tiene información detallada acerca de las distintas actividades que pueden realizarse en el parque y de sus atracciones. Hay una oficina de información cerca de la entrada (abierta de 8.30 am a 4.30 pm todos los días) en la que puede obtenerse mapas, libros, souvenirs y consejos.
Bondi Beach
Bondi Beach es la playa más visitada de todas las que bordean Sidney. Tiene una arena muy limpia bañada por inacabables series de enormes olas. El suburbio de Bondi Beach es un lugar ecléctico en el que se mezclan heladerías, cafés de diseñadores, espacios donde saborear pescado y papas fritas, locales kosher y negocios de moda y de accesorios de surf.
Manly
Es un centro turístico sobre el mar en el extremo noreste del puerto de Sydney: tiene playas en el océano y en el puerto. Desde Circular Quay se puede llegar a Manly en ferry o JetCat, un ferry rápido; también se puede visitar Manly como parte de un crucero del puerto. Cerca del muelle de esta playa encontrará restaurantes, boutiques y el acuario Oceanworld. Se pueden hacer excursiones de día o visitas especiales de los “fantasmas” por la noche. La zona de los alrededores de Manly es ideal para caminatas panorámicas y la famosa playa ofrece toda una gama de actividades acuáticas.
Una metropólis modelo
Cuando se transita por sus calles, Sidney representa una Babel moderna que desafía al cosmopolitismo de Nueva York o Londres. Negocios, restaurantes, cafés, magos, payasos, malabaristas, acróbatas, bailarines o músicos de todo tipo estimulan los sentidos al máximo.
Sidney es una urbe mundial que nos permite disfrutar y vivir una libertad y seguridad difícil de encontrar en otros lugares.
Resulta casi imposible conocer Sidney de una sola vez, y habría que regresar varias veces para llegar a compenetrarse con su infinita magia. Su crisol de gentes, con deseos de renovación, de encuentro y de tolerancia hacen de esta metrópoli un ejemplo para el resto de la Humanidad.
La Guía
Visas: A toda persona que desea entrar en Australia se le exige un pasaporte válido. Asimismo, los visitantes de todas las nacionalidades (salvo los poseedores de pasaportes de Australia y Nueva Zelanda) deben obtener también un visado antes de llegar. Para estancias de tres meses o menos no han de pagarse tasas.
Moneda: Dólares australianos. (1,50 dólar australiano, 1 U$)
Alojamiento: por su excelente infraestructura turística, hay opciones para todos los bolsillos. El valor de los alojamientos va de los 10 U$ a ñps 50 U$.
Gastronomía: La ciudad ofrece menúes para todos los bolsillos y gustos. Hay muchísima comida tradicional de diferentes lugares del mundo, especialmente oriental, debido a la gran cantidad de inmigrantes. Por 5 U$ se consigue una comida básica y buena.
Que comprar: Son muy llamativas las artesanías en hueso tallado (bone carving). También son atractivas las artesanías aborígenes, especialmente las textiles.
Dónde salir: Se puede escuchar algo de jazz en Soup Plus, The Basement o Harbourside Brasserie, o bailar toda la noche en The Cauldron, Retro o DMC. Para los amantes de la música rock, Woolloomooloo Bay Hotel, y para los que buscan comedia, Kaos, el restaurante más popular de comedia en Sydney.
Playas: Hacia el norte y sur de la ciudad encontrará playas de arenas blancas, a minutos en autobús, ferry o taxi. Dentro de la bahía misma encontrará las playas de Balmoral, Nielsen Park y Camp Cove. Para surfing, Bondi, Bronte o Coogee en el sur, y Manly, Collaroy o Palm Beach en el norte.
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