Ginebra es el lugar de las ideas nuevas. Ubicada al oeste del país es la capital del cantón suizo del mismo nombre. Cuna del protestantismo, fue declarada por Calvino una República Protestante hacia fines del XVI, un hecho que no pasó desapercibido en la historia de Ginebra, al contrario: la ciudad todavía conserva marcas de lucha y resistencia. Ginebra también fue el bastión de los exiliados de los países católicos en pleno funcionamiento de la Inquisición.
Es justamente por el papel que ha jugado en la historia de la humanidad que sus calles encierran diferentes edificaciones de tinte religioso. Se puede decir que hay algo esperanzador en sus calles. Se respira a libertad y bienestar.
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Ginebra siempre ha sido un punto clave del comercio europeo y un centro de transacciones económicas. Posee muchos edificios pertenecientes a la administración pública, a las finanzas y a diversos sitios de interés general.
Si nos remontamos aún más atrás en la historia, hallamos que al momento en que los romanos llegaron a estas tierras en el siglo I a.C., y la convirtieron en parte de la Provincia de la Galia Narbonense, sus habitantes eran alóbroges. Recién hacia los s. IV-V d.C., con la desintegración del Imperio Romano de occidente, los burgundios ingresaron y se instalaron en el territorio que compartirían con los francos.
El tiempo la puso en distintas posiciones hasta llegar a ser lo que es actualmente.
Lo más impactante de Ginebra es el bello paisaje que la circunda: los Alpes Suizos van pintándose a medida que el lago abre su ojo en medio de la altura, y entre praderas verdes emergen los castillos que dejó el feudalismo. Ginebra fue sin duda levantada en uno de los lugares más bellos del planeta.
Pero no todo es placer y glamour en Ginebra, en esta ciudad funciona una de las principales sedes de la ONU y junto a ella otras organizaciones de ayuda comunitaria que utilizan la ciudad como base para luego viajar hasta los sitios de emergencia. Muy cerca de la Catedral, se halla el Ayuntamiento de la Ciudad, en una de cuyas salas se concertó la convención que dio nacimiento a la Cruz Roja, una de las organizaciones mundiales más significativas en cuanto a ayuda humanitaria. Ginebra es además el sitio en el que se hallan gran parte de las sedes de las Organizaciones Mundiales, además del principal centro de Europa en investigación nuclear.
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Además de ser el lugar de nacimiento de Calvino, fue el hogar donde Voltaire eligió vivir y la casa de Jorge Luis Borges para morir, quizá por esto también es que Ginebra ha ganado tanto prestigio.
Es de destacar, además, que es una de las ciudades más limpias del mundo; entre sus peatonales y sus tranvías se vive de lo más cómodo y lo que es aún mejor, acompañado por el ambiente natural que sólo esta ciudad hija de los Alpes puede ofrecer.
Para describirla tal vez falta evocar la atmósfera romántica de la segunda mitad del s. XVIII. Contrastan con el cemento de los grandes edificios, plantas y flores que se trepan por los enrejados de las ventanas y los balcones. A sus pies circulan los tranvías y se extienden las calles peatonales en las ondulaciones del suelo ginebrino. Más allá, bellas estatuas habitan los parques. No dudes en emprender caminatas por la ciudad; es una de las actividades favoritas de los viajeros que la visitan. Un paseo se puede transformar en una sorprendente experiencia descubriendo maravillas a cada paso. Mantente atento y con tus ojos en permanente búsqueda.
Ginebra para admirar
Los que eligen Suiza como destino encuentran una constante en todas las ciudades que visiten: lujo, pulcritud, cultura, sofisticación y paisajes impresionantes. Ginebra es parte de ese mundo donde resalta "lo europeo". Descubre lo mejor de Ginebra:
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El Leman
El lago es uno de los detalles más bonitos de la zona y se lo puede recorrer caminando alrededor de su perímetro o embarcándose en uno de sus puertos para pasar un excelente día en el agua. Además estas embarcaciones se acercan al chorro de agua, lo que es una experiencia realmente divertida e impactante.
Desde allí parten excursiones para conocer las islas Pont des Berques y Rosseau.
Le Jet d''''eau
El chorro de agua es uno de los emblemas de Ginebra; en medio del lago emerge de una fuente un asombroso chorro de agua que se eleva más de 140 metros. Sobre la costanera hallarás un paseo atractivo y pintoresco: los puentes para cruzar el río Rhone, desde los cuales se puede ver la cresta de agua ascendiendo desde el lago, siempre que el viento se mantenga a una velocidad normal.
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Naciones Unidas
La sede de las Naciones Unidas cuenta con un horario de visitas para que conozcas las salas donde se llevan adelante las conferencias y donde se organiza la ayuda comunitaria. Es un paseo educativo para descubrir cómo es la organización por dentro.
Jardín Botánico
El Jardín Botánico es uno de esos paseos obligados para aquellos que quieran pasar una tarde entre el verde y la meditación, alejados de los ruidos de la ciudad. Es uno de los tantos lugares hermosos que ofrece Ginebra, además de otros parques como la Promenade de la Treille –un extenso sector sombreado por árboles muy antiguos que brindan un refugio reparador– o el Parc des Bastion: sitio ideal para ir con los más pequeños y enseñarles que esas moles esculpidas que observan el parque desde las alturas son los padres de la Reforma, dispuestos sobre el denominado Muro de los Reformadores.
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La Catedral
Denominada Catedral de San Pedro, este templo data del siglo XII y XIII. Las vistas panorámicas más logradas de la ciudad sólo serán posibles desde sus alturas. Por otra parte, a unos pasos de allí podrás visitar el Museo de la Reforma.
Place du Marché e iglesia Sainte Croix
Este templo católico contrasta por la ornamentación muy discreta en relación con el templo protestante pródigo en colores y efectos.
Rue de la Cité
Este es el nombre que se le da a la parte más vieja de la ciudad, donde se hallan los principales edificios, desde restaurantes típicos, hasta la afamada catedral. Es un placer perderse entre las callejuelas que forman el trazado del casco histórico y cuyas obras de restauración en las fachadas requieren la permanente presencia de andamios dispuestos aquí y allá destinados a preservar el patrimonio histórico de la ciudad.
Las relojerías
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Las relojerías en Ginebra son un mundo aparte. Tiendas que nos hacen ver como niños frente a una juguetería. Es que los relojes que se ven en esta ciudad no se ven en ningún otro lugar del mundo. Estos negocios antiguamente funcionaban como talleres en los que un maestro artesano enseñaba a un aprendiz durante siete largos años el arte de la relojería hasta que el joven se hallaba en condiciones de presentar una obra cúlmine que lo habilitaba para suceder a su maestro.
Hoy en día no puedes perderte un paseo por las grandes relojerías artesanales y ver en una de ellas un récord apuntado en el libro Guinness: un reloj de péndulo de más de 30 metros de largo.
Cuentas además con la posibilidad de pasar por el Museo del Reloj y los Museos de Arte e Historia donde verás varios objetos especiales del mundo de la relojería suiza.
De compras
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Hay una parte de la ciudad dispuesta sobre la costanera que bordea el lago destinada a las grandes tiendas, pero para realizar compras allí es indispensable tener un poder adquisitivo muy alto porque se trata de las tiendas más caras de Europa. Aún así vale la pena una visita a sus lujosas vidrieras y ver lo que está en boga en una de las capitales más cotizadas del viejo continente.
Ginebra es una ciudad muy atractiva para quien gusta de la literatura. Aquí se pueden obtener ejemplares de lujo, ediciones especiales, obras casi discontinuadas de escritores célebres. Todo un mundo alrededor de los libros en un sitio que ha sabido acoger a algunos de los mejores escritores de todos los tiempos.
Para saciar el sentido del gusto
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Los establecimientos gastronómicos de Ginebra se destacan por su calidad. La comida hispana se ha impuesto en el último tiempo, por lo que podrás hallar gran variedad de tapas y mariscos. Pero si lo que quieres es degustar sabores regionales, nada mejor que visitar las panaderías artesanales que te ofrecerán verdaderas exquisiteces originales que han sido premiadas mundialmente.
La gran especialidad de la ciudad de Ginebra –y de muchas otras ciudades suizas– son lógicamente los chocolates. No trates de luchar contra el impulso de zambullirte en una de esas pequeñas tiendas de apetitosos escaparates.
A la hora de elegir un restaurante es bueno saber de antemano la gran oferta de establecimientos de lujo que se pueden encontrar en la ciudad. Ginebra posee además una amplia gama de restaurantes de comida típica e internacional. Lo verdaderamente bueno de cenar en Ginebra es la atención intachable de los camareros y la absoluta pulcritud de los locales de comida.
Transportes
Como toda ciudad europea de importancia, Ginebra cuenta con un muy buen aeropuerto denominado Cointrin. La empresa es compartida entre el estado suizo y el francés debido a que está ubicado sobre la frontera de ambos países. Desde allí podrás conectar con el servicio de trenes de alta velocidad TGV que cuenta con un servicio excepcional para alcanzar otras regiones del país, incluidas Ginebra. Podrás llegar a París en un lapso penas superior a las tres horas, cubriendo un recorrido de más de 500 km. |